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25 Mayo 2022, Puebla, México.

Nopalucan: Aquí no hay cirujano, aquí no se atienden baleados, aquí te mueres en la calle.

Sociedad /Gobierno | Crónica | 22.MAR.2022

Nopalucan: Aquí no hay cirujano, aquí no se atienden baleados, aquí te mueres en la calle.

Sergio Mastretta

Morir en Puebla

Morir en Puebla. Mil maneras se encuentran. Ésta, en Nopalucan, sigue el dictado natural de los sicarios: dos tipos en motocicleta aparecen en una esquina de una comunidad rural a quince kilómetros de la cabecera municipal, y no hay alertas. La víctima sale de su domicilio al anochecer en una calle adoquinada de nombre Manuel Ávila Camacho, en un caserío del mismo nombre y no más de cien casas. Como tantos más ejecutados en México, Máximo no se espera encontrar con la muerte. Los balazos quiebran el silencio del monte, desgarran los tejidos y cumplen con su labor. Máximo Gutièrrez, un hombre de 44 años de edad,  queda tendido en la acera, y por los gritos de sus familiares que claman por el auxilio médico, se sabe todavía vivo. 

 

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Dos rutas hacia la muerte. La oficial --según el boletín que distribuye la Fiscalía del Estado de Puebla, y que los medios replican con la ligereza de canicas arrojadas por un niño al piso--, esperará a la auscultación de algún paramédico de la Cruz Roja que certifique la “ausencia de signos vitales” para declararlo formalmente muerto en el reporte que asienta que “los dos presuntos responsables huyeron a bordo de la misma motocicleta en la que llegaron, y hasta el momento, se desconoce el móvil del ataque”. El boletín policiaco deja en Máximo G, el nombre del ejecutado. No nos dice que es un hombre que ha ocupado el cargo de regidor de Agricultura y Ganadería en el Ayuntamiento de Félix Aguilar Caballero, alcalde electo de Nopalucan por el Partido Verde, asesinado el 4 de septiembre de 2018, según la Secretaría de Seguridad Pública entonces, "por un ajuste de cuentas, dado que hay indicios de que presuntamente se dedicaba a actividades ilícitas, como el robo de combustible y el robo de trenes". Máximo no es un alcalde electo. El escándalo por su muerte no alcanza para que la autoridad investigue causas y trayectorias.

 

La Cima, una comunidad ubicada a mitad de camino entre Acatzingo y Nopalucan.

 

El pueblo de Máximo es conocido en la región como La Cima, y se encuenta a mitad del camino de treinta kilómetros que une a Acatzingo con San José Chiapa-Lara Grajales-Nopalucan. Contemplo en el mapa la carretera que corta el monte que escurre desde el cerro del Pinal hacia la serranía de Soltepec en el oriente. En el extremo norte de la carretera, Nopalucan y sus vecinas Lara Grajales y San José Chiapa repegadas a la planta de AUDI; en el extremo sur, Acatzingo y El Trébol en la autopista Puebla Orizaba. Entre uno y otro punto, las comunidades: Santa María Ixtiyucan, Colonia Benito Juárez, Santa Cruz del Bosque, La Cima, La Ermita, Virreyes de Juárez, Hernández, Vicente Guerrero, Los Reyes de Ocampo, Carmen Serdán, Guadalupe Morelos, San Cristóbal Hidalgo, Nicolás Bravo, Ojo de Agua. En medio justo de este trazo pavimentado de 32 kilómetros está La Cima y su calle Manuel Ávila Camacho, donde contra toda posibilidad yace todavía vivo Máximo Gutiérrez al anochecer del sábado 19 de marzo.

 

La comunidad Manuel Ávila Camacho, conocida como La Cima, en el municipio de Nopalucan de la Granja.

 

En esta ruta se pierden uno tras otro los muertos cuya suerte arroja la estadística de la impunidad de los asesinos en Puebla en la región bautizada por la prensa como el Triàngulo Rojo. Es la ruta de uno de tantos territorios en los que el Estado mexicano ha perdido el control sobre el crimen organizado. En ella proliferan, desmenuzadas, letales, bandas que del huachicol han saltado al robo de autotransportes, secuestros, extorsión y cobro por derecho de piso; bandas que han convertido a la ciudad de Acatzingo en su capital, vinculadas siempre a las policías y políticos locales.

Me obligo a hacer un recuento de los últimos tres meses de la nota roja en Acatzingo, los cabezales en el portal Municipios, de e-consulta:

 

Lo dejan esposado, sin vida y con narcomensaje en Acatzingo. Secuestra a joven mujer en Acatzingo,  Tres muertos por otra balacera en Acatzingo, Lo torturan y le dan tiro de gracia en Acatzingo, Levantan a tortillero en calles de Acatzingo, Grupos delictivos en Acatzingo se pelean la plaza al estilo Culiacán, Balacera en campo de béisbol de Acatzingo deja dos muertos, Avientan granada a casa de El Topo en Acatzingo, Sicario de El Mamer, responsable de las últimas ejecuciones en Acatzingo, Hallan cadáver de un joven en pleno zócalo de Acatzingo, Matan a martillazos a albañil en Acatzingo, Lo dejan semienterrado en Acatzingo, Vamos a limpiar Acatzingo, advirtió Barbosa, Roban camión cargado con químicos en Acatzingo, Riña deja un muerto y un herido en Acatzingo, En intento de asalto asesinan a comerciante en Acatzingo

 

Reproduzco el arranque de la nota sobre el sicario de El Mamer: 

"Esto les va a pasar a todos los rateros de Acatzingo. Talin (este nombre está tachado con una X) siguen Bonais, Pato, Lalo, Chilillo, Bonaisa, Erik, Berna, Pelón y Pablo, Berna”. Lo anterior apareció escrito en una cartulina que fue colocada junto al cuerpo sin vida de un hombre de aproximados 25 años de edad, que presentaba huellas de tortura y al que le dispararon en cabeza con una escopeta.

 

Se puede ir a cada una de estas notas. La  última, la del sábado, es la del relato de la suerte de Máximo Gutiérrez: Le disparan y se muere por falta de atención médica en Nopalucan. Dificilmente sabremos algún día los motivos que llevaron a los sicarios a dispararle a Máximo Gutièrrez.

NI las notas de prensa ni el boletín de la Fiscalía contienen el trasfondo que se puede leer oculto en el mapa de la región de Acatzingo: el robo de combustible y territorio de cártel desde los tiempos de la implantación de la automotriz AUDI; economía y mercado de combustibles en territorio de pueblos agricultores; la añeja precariedad rural y la construcción de una base social para el crimen organizado; el colapso institucional y las autoridades civiles involucradas.

Al final de cuentas, un Estado ausente. La ruta directa a la muerte de Máximo Gutiérrez.

 

Entrada a la colonia Manuel Ávila Camacho, también conocida como La Cima, en el municipio de Nopalucan de la Granja.

 

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La otra ruta en Nopalucan es la que sigue Máximo Gutiérrez cuando sus familiares lo trepan en un pequeño Tilda y arrancan por la calle Manuel Ávila Camacho hacia el entronque de la carretera que comunica el valle de San José Chiapa con la autopista Puebla-Orizaba a la altura de Acatzingo. La colonia La Cima es un caserío formalmente llamado Manuel Ávila Camacho que ha crecido somnoliento al pie de la carretera desde hace unos cuarenta años. Queda al paso en la ruta del huachicol, la de las filas interminables de volteos que circularon desde las gasolineras habilitadas por el crimen organizado para abastecer con diésel el movimiento de la tierra para la plataforma Audi en los años 2012 y 2013. A Máximo no lo llevan hacia Acatzingo, pues probablemente de ahí provienen sus matones. Toman el rumbo de San José Chiapa y su Hospital Integral.

Máximo Gutiérrez, ex regidor de Agricultura y Ganadería en el Ayuntamiento de Nopalucan, no sabe cuántas balas perforaron su cuerpo. Sigo el sufrimiento del baleado en su búsqueda de un cirujano que lo rescate de la muerte. No tendrá la suerte de los tiroteados en otros lugares del mundo, tal vez la propia ciudad de Puebla, o claramente Filadelfia, en el Temple University Hospital, al norte de la ciudad. Pienso en las heridas de Máximo al leer una crónica en Huffington Post sobre el trabajo de la Cirujana en Jefe de ese centro al que acuden los heridos desde los barrios negros al norte de esa ciudad:

 

“Estas balas cruzadas son tan desafiantes”, dice la Doctora Amy Goldberg, Cirujana Jefe. “¿Dónde está la herida? ¿Está en el pecho? ¿Está en el abdomen? Estás ahí abajo, buscando, y a veces lo encuentras, y a veces no. Y a veces realmente duele mientras te abres camino”. Quería decir que duele cuando los pacientes sufren. Los lastima y la lastima a ella. Dr. Amy Goldberg en What bullets do to bodies (huffingtonpost.com)

 

Máximo Gutiérrez no tendrá oportunidad de que un cirujano averigüe dónde están las heridas, si es una sola, si son varias porque le descargaron la pistola, si una está en el pecho y si otra le pegó de lado y qué trayectoria pudo seguir, si le atravesó el hígado y se corrió a los intestinos... No lo dirá nunca un cirujano, porque en el Hospital Integral de San José Chiapa no hay cirujano que lo reciba en una camilla y lo traslade dando instrucciones hacia la sala de operaciones como en las películas gringas.

El Hospital Integral de San José Chiapa forma parte del tinglado que se construyó para la implantación de la armadora AUDI en el 2013. Se encuentra al pie de la carretera Amozoc-Oriental en el kilómetro 41, y según la información del sitio Hospitales de México cuenta con siete médicos generales, tres médicos especialistas, un ginecoobstreta, un cirujano y dos odontólogos, además de un equipo de veinte enfermeras. Toda esta carga apareció en el otrora apacible San José Chiapa, y qué bien, dirán muchos, es el Estado mexicano presente.

Mala suerte entonces para el herido Máximo Gutiérrez. La noche del 19 de marzo en el que sus familiares lo llevan al Hospital Integral de san José Chiapa, el médico cirujano está ausente.

 

En el Hospital Integral de San José Chiapa no hay un cirujano para atender a Máximo G.

 

Sus familiares no averiguan más. Corren en el Tilda hacia Lara Grajales, a la Clinica del Doctor Cabrera. Mala suerte también. Esta noche tampoco hay cirujano, les dicen.

 

En esta clínica de Lara Grajales tampoco se encuentra un cirujano que atienda al herido Máximo Gutiérrez.

 

Corren entonces con una esperanza última: el Centro de Salud de la Secretaría de Salud, el CESSA de Nopalucan de la Granja. Para entonces el Tilda se descompone. Pasan a Máximo a la patrulla de la policía municipal que les acompaña en el calvario del herido. En el CESSA son parcos pero directos: no tienen capacidad para atender baleados.

 

En el CESSA de Nopalucan de la Granja tienen la consigna: no aceptan baleados.

 

En algún momento del recorrido Máximo ha muerto. Lo confirma un paramédico de la Cruz Roja que ha aparecido ahí mismo en el CESSA.  Ya no tiene signos vitales, dice.

 

Fotografía aparecida en la nota publicada por el portal Municipios sobre la muerte de Máximo Gutièrrez.

 

Para Máximo Gutiérrez, baleado la noche del 19 de marzo pasado, el Estado mexicano ausente.