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6 Octubre 2022, Puebla, México.

El Paradigma de la bioculturalidad: los pueblos originarios y la simbiosis entre naturaleza y cultura

Naturaleza y sociedad /Universidades | Investigación | 18.AGO.2022

El Paradigma de la bioculturalidad: los pueblos originarios y la simbiosis entre naturaleza y cultura

Carlos Figueroa Ibarra

Síntesis de algunas de las ideas expresadas en el IV Foro Medio Ambiente y Desarrollo organizado por la BUAP

 

Mundo Nuestro. Este documento fue elaborado por el Doctor Carlos Figueroa Ibarra para el cierre del IV Foro sobre Medio Ambiente y Desarrollo “El paradigma de la bioculturalidad”, celebrado en el Salón Barroco del Edificio Carolino de la BUAP y en la Casa del Libro “Gilberto Bosques Saldívar” los días 16,17 y 18 de mayo de 2022. El evento fue organizado por los cuerpos académicos Evaluación, Manejo y Conservación de  Sistemas Agroproductivos y Forestales del Instituto de Ciencias y el de Política y Desarrollo del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” de la BUAP.

 

 

El Paradigma de la bioculturalidad: los pueblos originarios y la simbiosis entre naturaleza y cultura

Síntesis elaborada por Carlos Figueroa Ibarra

 

Llegamos hoy al final del IV Foro sobre Medio Ambiente y Desarrollo con el tema de “El Paradigma de la bioculturalidad”. Han sido cuatro años en que la BUAP a través de dos cuerpos académicos del ICUAP y el ICSYH-AVP ha intentado  hacer un aporte al construir un espacio de reflexión sobre la acuciante problemática ambiental que enfrenta el planeta.

En esta ocasión al tomar el tema del paradigma de la bioculturalidad, esta cuarta edición ha hecho énfasis en recuperar   la cosmovisión, los saberes  de los pueblos originarios acerca de la simbiosis entre naturaleza y cultura.

 

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El paradigma de la bioculturalidad nace de un saber, primordialmente el de los pueblos originarios, el cual se ha acumulado a lo largo de miles de años de generación en generación. Nace de ese saber, calificado como no científico, en todo caso construido al margen de la ciencia dominante, saber convertido en una autorreflexión que se convierte en una visión colectiva acerca de la propia identidad, de la naturaleza, de la relaciones sociales comunitarias,  que también se vuelve resistencia.

 

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Un ejemplo de lo anterior lo vimos en este evento con la presentación del libro El Códice Masewal elaborado por la Unión Cooperativa Tosepan Tataniske. Esta organización fue calificada como el ejemplo más exitoso en México de las experiencias asentadas en la bioculturalidad. 

 

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El Códice Masewal expresa una reflexión colectiva que comunica de manera concreta lo que aquí se mencionó como elementos fundamentales de reflexión sobre un territorio desde la perspectiva de la bioculturalidad. Es una reflexión sobre la precedencia, la procedencia y la pertenencia como una manera de estar en un territorio.

 

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El territorio no solamente es un espacio sino es el ámbito en donde se construye una manera de ser y esa manera de ser también impacta en la naturaleza. La manera en que vive la gente en el territorio, asociada a una determinada espiritualidad, tiene un efecto vicioso o virtuoso sobre la biodiversidad. Lo dijo alguno de los participantes “¿por qué el jaguar puede vivir allí?”

 

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Así las cosas, El Códice Masewal sistematizó  lo que significa ser masewal: hombre y mujer libre, orgullosos de su identidad, libertad para crear nuevas formas de organización, honrar sus creencias, lo que implica una relación equilibrada con el Masewalyot,  es decir la articulación del sol, del agua, del fuego y de la madre tierra. Implica también un sentido ético a través del Yekmimilis, que no es más que la vida recta, la vida honesta, la vida buena.

 

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El Códice Masewal es de esta manera una obra sinfónica, una obra musical con la participación de muchos saberes, no es solamente  la reapropiación de un territorio, de una identidad, sino también de una temporalidad porque no solamente  hace un balance de los cuarenta años de experiencia de la Tosepan sino también visualiza  su quehacer en los próximos cuarenta años

 

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En el contexto de un diálogo de saberes, la bioculturalidad también se nutre de un giro epistémico que rompe con el saber positivista, que parte de la transdiciplinariedad y de la necesaria conjunción de diferentes lógicas del conocimiento, que asume paradigmas alternativos y tiende puentes entre distintos saberes.

 

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Ese giro epistémico se sustenta en la justicia ambiental, en la inseparabilidad de lo afectivo y lo racional, se nutre de la biopolítica, de la antropología, del feminismo, de la etnociencia, la biología, la lingüística, la neurociencia, la geografía humana, los estudios urbanos y ambientales entre otros muchos saberes.

 

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En el contexto de un mundo amenazado por la extinción debido al agotamiento del planeta por el productivismo y el mercantilismo que provoca la lógica de la acumulación de ganancias, el paradigma de la bioculturalidad se vuelve un referente de esperanza civilizacional porque le hace frente a la actual crisis civilizatoria provocada por el capitalismo.

 

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Se trata entonces de romper con la irracionalidad ecológica que se sustenta en la racionalidad económica de dicho capitalismo. Se trata de construir una nueva racionalidad ambiental que permita develar los círculos perversos, no se restringe a los partes de la ciencia dominante sino trata de recuperar los saberes surgidos de las otredades.

 

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La bioculturalidad también parte de la inseparable conjunción entre naturaleza y cultura, medio ambiente y sociedad, en suma la imbricación y retroalimentación de lo natural y lo social, también se asienta en tres diversidades: la diversidad ecológica, la diversidad cultural y la organización ciudadana.

 

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También en tres elementos indispensables que son la consecuencia de las tres diversidades antes mencionadas: la democracia participativa, las prácticas ecológicas adecuadas, las modalidades colectivas de organización  y la economía solidaria.

 

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La bioculturalidad parte  también del presupuesto de que el conocimiento surge de la lucha social no de un salón de clases o en un cubículo. El conocimiento surge también de la hibridación del conocimiento entre lo moderno y lo tradicional y en la noción de gobernanza en el sentido de una participación protagónica desde abajo para definir de manera autonómica el sentido del quehacer político y social.

 

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La bioculturalidad, como se ha dicho antes, es un tránsito de la multidisciplinariedad o interdisciplinariedad a la transdisciplinariedad. La bioculturalidad también es defensa del territorio y soberanía alimentaria. La bioculturalidad reivindica “el derecho cosmopolita a lo tradicional”, la conservación de la biodiversidad, la diversidad cultural empezando por  los idiomas.

 

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En diversas presentaciones se usaron las nociones de territorio biocultural o las reservas bioculturales. Estas fueron concebidas no solamente como meros ámbitos geográficos en los que vive población, sino como espacios de conflicto, procesos de resistencia en defensa de lo propio, búsqueda de respuestas comunes, expresiones de organizaciones de base.

 

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La observación de lo que acontece en el planeta y en el mundo revela que hay un traslape entre la diversidad biológica y la diversidad cultural, hay una convergencia entre la riqueza biológica y la riqueza cultural y lingüística. Como lo expresó  B. Nietschmann en una publicación de 1992: “La diversidad biológica y cultural son mutuamente interdependientes y geográficamente coexistentes”.

 

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Habiendo comenzado la multiplicación de las lenguas hace unos 15 o 20 mil años, en el mundo  hoy existen 7,000 lenguas  y el 98% de ellas son habladas por pueblos indígenas calculados entre 370 y 476 millones de personas ubicadas en 90 países. De esas 7,000 lenguas, la mitad de ellas se encuentran en peligro de extinción. Los pueblos indígenas habitan en unos 38 millones de kilómetros cuadrados que vendría a ser un 25% de la superficie terrestre aun cuando hay cálculos recientes que levan dicho porcentaje a 32%.

 

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La bioculturalidad entonces, expresa la necesidad de luchar en contra de la extinción de la diversidad cultural y la diversidad biológica. Parte también del convencimiento de que los pueblos originarios son los que se encuentran más capacitados para defender esas diversidades. La bioculturalidad parte de la concepción de la naturaleza que tienen los pueblos originarios, concepción en cual la separación entre lo natural y lo cultural resulta impensable.

 

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Pero esa lucha contra la irracionalidad capitalista que puede acabar con la vida en el planeta, debe extenderse y se está extendiendo a otros ámbitos sociales. Allí están “los pueblos en transición” que buscan vivir sin petróleo y con soberanía alimentaria y que hoy se contabilizan en 1,100 experiencias  en 22 países. También encontramos a la organización Local Futures que existe con 80 organizaciones en treinta países y que parte de la base de que la resistencia para construir el futuro es local y se sustenta en el trabajo a pequeña escala. Finalmente, el Consorcio TICCA que es una organización mundial de pueblos indígenas que busca convertir a los territorios de muerte en territorios de vida.

 

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Puede decirse que el espíritu del evento “El Paradigma de la Bioculturalidad” tema de este IV Foro sobre Medio Ambiente y Desarrollo se sustenta en el convencimiento de que la modernidad capitalista puede acabar con la humanidad debido a los efectos depredatorios sobre la naturaleza que provoca una economía dirigida a la ganancia en lugar de estar dirigida a la satisfacción de las necesidades sociales.

 

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La bioculturalidad  es así no solamente una manera de ver a lo natural y lo social, una manera de vivir, una concepción del mundo, sino también un programa de lucha que busca convertir a los territorios de muerte en territorios de vida, que busca desmantelar a esa economía de muerte que es la reproducción ampliada del capital.

 

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Razón de más para pensar de manera seria y como programa de lucha a la bioculturalidad. Razón de más para no banalizarla como ya se ha empezado a hacer, lo que termina quitándole su potencia subversiva.