octubre 17, 2026, Puebla, México

octubre 17, 2026, Puebla, México

Paraíso de Abdulrazak Gurnah. Un sueño, una vivencia, una redención para Yusuf

“Cuando vio lágrimas en los ojos de su madre, se le encogió el corazón y sintió que el terror se apoderaba de él”

Leer el título del libro y sonreír es obligado: ¿quién no desea el paraíso?, pero, difuminado el gozo primero, surge la duda: ¿cuál es el precio a pagar para merecerlo?, más aún: ¿cómo es que se puede vivir sin aflicción, ni frío, ni dolor y en eterna felicidad sin sentir pena por los ausentes en él, aquellos que a los ojos del Creador no lograron merecerlo?

Sin embargo, en cuanto pasas las primeras páginas, te percatas que esta novela no es sobre el sitio aquel del Edén perdido sino de algo más íntimo y terrenal: del paso ineludible y obligado de la esperanza a la realidad, ¡vamos, de la esencia de la vida misma, cruda y descarnada, que te obliga a dejar de lado los sueños infantiles y crecer irremediablemente!

Los ritos de transición a la vida adulta son una ancestral constante humana. Los hay aquellos que se basan en las destrezas para la caza o la guerra y, en contraste, los que privilegian el conocimiento y apego a la fe y creencias de tu clan; pero el fin último es siempre el mismo: comprometerte en la salvaguarda y preservación de la forma de entender y vivir el modo de ser de tu tribu o grupo social.

Sin embargo, la propia diversidad, vastedad y realidad humana conlleva la obligación de crecer y madurar con rito o sin él. Y sobre esta verdad se desarrolla Paraíso, cuyo protagonista, Yusuf, vivirá una transición hacia la adultez inmerso en la decadencia del mundo de sus mayores y el surgimiento de un nuevo africanismo que terminará envolviendo al continente.

El mundo que le toca en suerte a Yusuf, tanto de adolescente como de joven, es el de una África encabalgada entre la magia y tradición y la incipiente (e inminente) irrupción del europeísmo y sus modernidades y barbaries presuntamente civilizadoras. Todo ello, en una sociedad donde la principal y más respetada actividad, no exenta de peligros, penurias, experiencias y recompensas, es el comercio trashumante en grandes y sorprendentes caravanas de hombres y mercancías.

“─¿A dónde van? ─preguntó Yusuf.

─A comerciar con los salvajes ─contestó Khalil─. Ésa es la vida del seyyid (señor). Para eso está aquí. Va en busca de los salvajes, les vende todas esas mercancías, luego compra lo que ellos tengan para ofrecerle…

─¿Cuánto tiempo estarán fuera?

─Meses, puede que años ─respondió Khalil con una sonrisa de orgullo y admiración─. Eso es comerciar. Nunca dicen cuánto durará el viaje. Se limitan a coronar las montañas en todas las direcciones y sólo regresan cuando dan por concluido el negocio.”

Yusuf llegará a ese mundo del comercio “con salvajes” debido a la deuda que su padre contrajo con el seyyid Aziz, de quien el propio muchacho creía ser su sobrino, y al cual admira y venera con aprecio y consideración.

Un día, ante la apabullante imposibilidad de su padre de cubrir su adeudo con el Tío Aziz, le entrega a su hijo en prenda. El hecho transformará la vida de todos aquellos a su alrededor.

Su madre primeramente, por la dolorosa perdida:

“Cuando su madre le preguntó qué estaba haciendo, él contestó que descansando. No lo hizo expresamente, pero sonó tan pomposo que ella sonrió. De pronto, lo cogió, lo abrazó y lo levantó en el aire, mientras él forcejeaba con denuedo para liberarse. Detestaba que lo trataran como a un niño pequeño y ella lo sabía… Ya tenía doce años. Para su asombro, en aquella ocasión no lo soltó. Normalmente lo dejaba ir apenas el forcejeo daba paso a la cólera, no sin darle una palmada en el escurridizo trasero antes de que él echara a correr. Sin embargo, aquella vez lo retuvo abrazado estrechándolo con creciente dulzura, sin decir nada y sin reír… Al cabo de un momento él dejó de debatirse y permitió que ella lo abrazase. Fue el primer presentimiento. Cuando vio lágrimas en los ojos de su madre se le encogió el corazón y sintió que el terror se apoderaba de él. Jamás había visto a su madre así. La había visto plañir en el duelo de un vecino como si de verdad estuviese desesperada, y la había oído implorar al Todopoderoso misericordia para los vivos, con un expresión de súplica en el rostro, pero nunca había visto aquellas lágrimas silenciosas.”

El padre, a su vez, vive así ante el peso de la culpa por el adeudo que lo obliga a ceder a su hijo y que busca enmascarar con los destellos iridiscentes de la aventura la tragedia:

“Su padre salió a buscarlo. Acababa de despertar de la siesta y aún tenía los ojos rojos de sueño… Miró a Yusuf  y le dirigió una sonrisa cada vez más amplia. El muchacho seguía sentado junto  a la puerta posterior, allí donde lo había dejado su madre. El padre se puso en cuclillas a su lado. Yusuf dedujo que su padre estaba tratando de parecer despreocupado y esto lo puso nervioso.

─¿Te gustaría hacer un viajecito, pequeño pulpo?─le preguntó el padre al tiempo que acercaba más su masculino sudor.”

Y así comenzó la odisea iniciática de Yusuf.

Para mi asombro, el viaje tiene un halo estructural (no sé si deliberado o incidental) con la Divina Comedia, pues primero se ha transitar por los distintos niveles de un terreno escabroso y terrible, infernal por momentos, antes de obtener un destello de esperanza glorioso en el retorno al único sitio paradisíaco de la novela: el portentoso jardín de la casa del seyyid Aziz.

El crecimiento de Yusuf conlleva varias etapas durante las cuales varios personajes marcarán la pauta de su desarrollo. El primero y más destacado después del seyyid Aziz, es Khalil, un joven con un pasado similar ─también es un “entregado” al seyyid en prenda de una deuda familiar─ que agregará a sus labores en la tienda de mercancías de Aziz, el adiestramiento de Yusuf a su nueva condición de vida.

“Yusuf pasaba todo el tiempo con Khalil que lo interrogaba sobre vida anterior… Pasaba de una tarea a otra con mirada ansiosa y hablando rápida y animadamente de las catástrofes que se abatirían sobre la tienda si él se detenía a tomar un respiro, y daba la sensación de que toda la energía y la fuerza de su se ser estaban entregadas a ella… El nuevo profesor de Yusuf no perdió el tiempo en enseñarle detenidamente demasiadas cosas. El día empezaba al alba y terminaba hasta que Khalil lo decía…

─Cuando un cliente explique un chiste, tú sonríe hasta quedar sin aliento si es necesario, pero sonríe, y no te atrevas a parecer aburrido. En cuando al tío Aziz, para empezar no es tu tío ─le dijo─. Esto es de vital importancia para ti. Escúchame bien, kifa urongo. No es tu tío. Así era como Khalil lo llamaba en esa época. Kifa urongo, muerto viviente.”

Khalil representa en la trama la realidad real de la vida en esa época, brutal y sin ambages, la cual debes entender de inmediato para sobrevivir.

“─Estás aquí porque tu padre debe dinero al seyyid ─le dijo Khalil─. Yo estoy aquí porque mi pobre padre también le debe dinero…, sólo que ya ha muerto, Dios se apiade de su alma…

─Tu padre debe ser un desastre para los negocios─ continuó.

─¡Nada de eso!─ exclamó Yusuf, que no tenía idea del asunto pero que no estaba preparado para aguantar semejante atrevimiento…

Yusuf no comprendía todos los detalles, pero no veía que fuese algo malo trabajar para el tío Aziz a fin de pagar la deuda de su padre. Cuando estuviese saldada podría irse a casa. Aunque de todos modos deberían haberle avisado. No recordaba que hubiesen mencionado tener deudas, y en comparación con sus vecinos parecían vivir bastante bien. Se lo dijo a Khalil, quien, tras permanecer en silencio un largo rato, dijo en voz baja:

─Voy a decirte una cosa. Eres un chico estúpido y no entiendes nada. Lloras por la noche y hablas en sueños. ¿Dónde tenías puestos lo ojos y las orejas cuando estaba organizándote la vida? Tu padre le debe muchísimo, en caso contrario no te encontrarías aquí. Si le hubiese pagado, ahora estarías en tu casa y comerías malai y mofa todas las mañanas, ¿entiendes? Y harías recados para tu madre y cosas así. El seyyid ni siquiera te necesita. No hay suficiente trabajo… ─Hizo una pausa y, con tono tan bajo que Yusuf supo que significaba que no debía oír o entender, añadió─: Seguro que no tienes una hermana, o de lo contrario se la habría llevado en tu lugar.”

Las crudas lecciones de Khalil al tiempo tuvieron un desenlace inesperado, ya que el seyyid Aziz no tenía un hijo y decide incorporar a la caravana de comercio a Yusuf. Esta decisión no sólo representará el clímax del momento iniciático de Yusuf, sino que tendrá un inesperado final para todos ellos.

La caravana comercial, sus antecedentes, preparativos, desarrollo y resultados son el alma de la novela. Ella representa no sólo la tradición, sino que es el tren humano en el cual la europeización del África encuentra su contraste y vocero, pues cuando los hombres regresan trae consigo los vislumbres del futuro que irremediablemente habrá de alcanzarlos.

Es en la narración de las caravanas donde Abdulrazak Gurnah despliega la magia narrativa que lo caracteriza.

Dos caravanas cursan la novela; en la primera ,Yusuf, ya entonces de dieciséis años, es un ávido espectador de su partida y regreso. En la segunda será el protagonista principal de ella.

“Unos meses después de la llegada de Yusuf ─que había aprendido a perder la cuenta, y a quien su éxito perverso le había hecho comprender que los días, cuando no se deseaban, podrían ser tan largos como las semanas─ comenzaron a hacerse los preparativos para un viaje al interior. Por las noches el tío Aziz mantenía largas conversaciones con Khalil, sentado en el banco de delante de la tienda que los ancianos ocupaban durante el día… Repasaban el cuadernillo en el que Khalil anotaba los movimientos del día, pasaban las páginas hacia atrás y hacia adelante y añadían cifras. Yusuf permanecía cerca, en cuclillas, y en sus voces percibía un tono de ansiedad, como si temieran por su seguridad…

Entonces los preparativos fueron en aumento y dieron origen al desorden. A cualquier hora del día se entregaban bultos y cargamentos que se llevaban a almacenes que había junto a la casa… Con los fardos llegaban unos criados silenciosos que se encargaban de vigilar, desplazando a los ancianos de su banco y echando a los niños y clientes que consideraban irresistible aquella misteriosa mercancía…

Y una mañana en que el caos que los rodeaba se había vuelto casi insoportable, se pusieron en camino.”

Los símbolos más elocuentes del ánimo que campea la partida y el regreso son los músicos, quienes ensalzan el espíritu de los porteadores, fuerza vital de la caravana que va:

“Un tambor, un cuerno y un tamboril tocados con alegría y entusiasmo irresistible acompañaron a los hombres en su marcha. Detrás de los músicos, una fila de porteadores que cargaban con bultos y sacos mientras bromeaban entre ellos y con los curiosos que habían acudido a verlos marchar.”

 Y que un día ha de regresar:

“A los pocos días de haber regresado Yusuf a la ciudad, el tío Aziz llegó de sus viajes. Como de costumbre, encabezaban la columna el tambor y el que tocaba el cuerno… Aparecieron a última hora de la tarde, durante ese rato agradable en que el sol declina y la humedad de la brisa y de las hojas empieza a elevarse de nuevo. Yusuf fue el primero que los vio; al principio sólo un revuelo en el aire por encima de la silenciosa carretera junto a la cual se paseaba, luego de una nube de polvo fino, el ruido del tambor y el zumbido del cuerno.”

Los noticias sobre el viaje eran excitantes y mágicas acaso:

“Los informaron que había sido un viaje duro, lleno de privaciones y peligros. Habían vivido momentos horribles, pero no se habían visto obligados a luchar. Dos hombres habían resultado heridos, uno por un león y el otro al ser mordido por una serpiente… Muchos porteadores y guardias habían caído enfermos en un momento u otro… A pesar de los infortunios y de que en todo momento eran conscientes de lo lejos que estaban de la costa, los negocios habían salido bien.”

En contraste con este viaje, aquel en que participará Yusuf será muy distinto, donde los peligros aumentarán, los encuentros con lo desconocido alcanzará niveles insospechados y los negocios no resultarán tan boyantes. Y eso, precisamente, hará que esta parte de la novela te atrape sin remedio:

“Kakanyaga (jefe de los barqueros contratados por Aziz para cruzar el río) llamó al viento por su nombre y se puso a llamar a voz en cuello a los hombres que estaban con él y a los que estaban  en las otras canoas. Todos supieron, por los gritos de los barqueros y la intensidad de los golpes de remo, que se encontraban en peligro. Las olas, que se habían vuelto más altas y empapaban las mercancías y a los hombres, quienes se quejaban nerviosamente, como si en esos momentos lo más importante para ellos fuera mantenerse secos. Algunos de los porteadores empezaron a llorar y a rezar a Dios que cambiase el tiempo. Kakanyaga, en la primera barca, cambió la dirección y las otras canoas lo siguieron. Los barqueros remaban con furia y se daban ánimos mutuamente, aunque en sus gritos había una nota de pánico.”

El momento más álgido de la expedición será también el climático en la iniciación de Yusuf,  ya que es a él a quien ambos grupos desconfiados entre ellos por acciones pasadas, proponen como portador de los obsequios de Aziz y emisario de concordia. Los resultados de este desafío influirán en el futuro de todos ellos, pues los comerciantes enfrentarán a una tribu abiertamente hostil a ellos, liderada por Chatu, un dirigente duro y cruel:

“Simba Mwene, que iría con Yusuf, se apresuró a reunir la mercancía y a seleccionar cinco porteadores para cruzar la explanada hasta la residencia de Chatu. Nyundo también tendía que ir en calidad de intérprete. La importancia de su misión hizo que el humor de Yusuf mejorara… Entraron en el patio cercado de la residencia de Chatu sin que nadie les pusiera impedimentos. Una vez dentro, esperaron a que alguien se acercara y se dirigiera a ellos, y no tardaron en llegar dos jóvenes que dijeron ser los hijos de Chatu… Los dos jóvenes los escoltaron hasta una de las casas, que se distinguía de los otras por la amplia terraza que tenía delante… Según se acercaban, se levantó de uno de los bancos un hombre delgado que permaneció de pie con un sonrisa en los labios…”.

Sería el último momento de paz entre los bandos. Lo siguiente fue de mal en peor, al grado de peligrar no sólo la mercancía y ganancias de la caravana, sino la vida de todos ellos.

El desenlace de la expedición resultará sorprendente, tanto por sus pormenores como por el atisbo que los expedicionarios harán del principio del fin de su mundo en la figura de un escuadrón de soldados alemanes.

Paraíso, es una de las novelas icónicas de Abdulrazak Gurnah que le merecerán obtener el premio Nobel de Literatura 2021.

Agradezco a Sergio Mastretta la sugerencia de esta obra.

Paraíso, Abdulrazak Gurnah. Penguin Random House Grupo Editorial. México, 2021.

 

Sucríbete al Patreon de Mundo Nuestro
para apoyar al periodismo independiente