Revista Sin Permiso

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Michael C. Behrent, doctor en Historia por la Universidad de Nueva York, especialista en el pensamiento francés de los siglos XIX y XX, es profesor en la Appalachian State University (Carolina del Norte).

Brian Rosenwald, historiador de los medios de comunicación, es investigador residente y profesor de la Universidad de Pensilvania, en la que estudió antes de doctorarse en la Universidad de Virginia. También es investigador de la sección “Whistlestop” de la revista Slate, y editor de la sección “Made By History” del diario The Washington Post.
Jiore Craig, es vicepresidenta y directora de prácticas digitales de la empresa de sondeos políticos Greenberg, Quinlan y Rosne. Está especializada en ámbitos como el análisis comparado de la opinión pública y la opinión digital, la detección y respuesta rápida a la desinformación o la adopción de estrategias convencionales de campaña a plataformas de difusión digital
Tommasso Grossi, periodista italiano especializado en el análisis del mundo digital, colabora el diario "il manifesto" y en el semanario "L´Espresso".
Giacomo Antonelli, periodista italiano especializado en el análisis del mundo digital, colabora el diario "il manifesto" y en el semanario "L´Espresso".

01/11/2020



«Joe Biden no será el presidente de un giro a la izquierda». Entrevista

Michael C. Behrent

A pocos días del escrutinio norteamericano y mientras el desenlace parece todavía muy por decidir, el historiador Michael C. Behrent repasa el duelo entre esas dos Américas, la de Donald Trump y la de Joe Biden.

Rara vez una elección se ha visto tan escudriñada hasta este punto en todo el mundo. Detrás del duelo entre Donald Trump, actual presidente de los Estados Unidos, y Joe Biden, antiguo vicepresidente de Barack Obama, está en juego el enfrentamiento entre dos Norteaméricas probablemente irreconciliables. Michael C. Behrent, historiador norteamericano que enseña actualmente en la Appalachian State University (Carolina del Norte), nos desvela su análisis de la situación. Recoge sus declaraciones el periodista Kévin Boucaud-Victoire para el semanario francés Marianne.



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¿Hasta dónde llegarán los medios conservadores para ayudar a Trump la noche de las elecciones?



Brian Rosenwald

Esta semana hemos estado analizando en The Gist [“El meollo”, sección de la revista digital Slate] la cuestión de lo que sucederá si la noche electoral se convierte en quincena electoral. Pero una buena parte de ello se cifra en quiénes estarán tratando de lograr que no te creas los resultados de las elecciones. Para proporcionarles una guía como espectadores y oyentes de lo que pudiera ocurrir, hemos hablado con Brian Rosenwald, autor de Talk Radio’s America: How an Industry Took Over a Political Party That Took Over the United States [“La radio de tertulias: como un sector económico se apoderó de un partido político que se apoderó de los Estados Unidos”]. Una parte de esa entrevista es la que figura transcrita a continuación, editada y condensada por razones de extensión y claridad. - Mike Pesca, Slate.

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Depresión del votante, depresión del voto. Entrevista

Jiore Craig

Jiore Craig es vicepresidenta y directora de prácticas digitales de la empresa de sondeos políticos Greenberg, Quinlan, Rosnera. Se ha especializado en diferenciar entre el sentimiento expresado en el mundo digital y la opinión pública más general. La entrevista, realizada por Molly Boigon, periodista de investigación de la revista judía norteamericana Forward, se ha editado por mor de la extensión y claridad.

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Así favorece Facebook a la derecha

Tommasso Grossi, Giacomo Antonelli

e acercan las elecciones norteamericanas y está claro a favor de quién se alineará Facebook. En los pisos altos de Menlo Park, las relaciones políticas y personales con los republicanos parecen confirmar la intención de Facebook de promover no sólo la victoria de Donald Trump, sino de toda la derecha norteamericana. El “prejuicio conservador” de Facebook denunciado por los demócratas está dando ventaja a las burbujas de información de derechas, permitiéndoles incluso actividades consideradas ilícitas por la misma plataforma. Lo sugiere el análisis de los mensajes que han recibido más interacción en Facebook en los Estados Unidos: calculando la frecuencia con la cual las páginas de derechas acaban en lo más alto de la clasificación se puede tener una idea de quién domina la plataforma. La página del comentarista político Ben Shapiro ha estado entre las primeras diez en 110 ocasiones, mientras que la CNN, la página no conservadora que ha tenido más éxito, sólo en 22 ocasiones. Existe una explicación del resultado de Shapiro. Su sitio digital, antaño responsable de contenidos racistas, recibe apoyo y patrocinio de páginas extremistas que Facebook debería controlar, por no decir eliminar.

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Revista Sin Permiso. La autora y activista Naomi Klein nos habla de su vida en la izquierda, de la emergencia climática y de cómo la Covid-19 está exponiendo los límites del neoliberalismo –y creando oportunidades para organizarse en su contra–. Esta entrevista tuvo lugar en el podcast de Grace Blakeley A World to Win, es posible suscribirse en iTunes y dar soporte al programa en Patreon. Fue entrevistada por Grace Blakeley.

Naomi Klein es una de las escritoras de izquierdas más prominentes del mundo. Sus libros No logo y La doctrina del shock se convirtieron en críticas definitorias de nuestro sistema social durante los consumistas noventa y de las desastrosas consecuencias del crac económico de 2008.

Durante los últimos años, Klein ha estado más asociada a la lucha contra el cambio climático. Sus libros de 2014 Esto lo cambia todo: el capitalismo contra el clima y de 2019 On fire: The Burning Case for the Green New Deal han buscado llevar a la actualidad la cuestión de la urgencia de la crisis que afronta el planeta y la necesidad de soluciones políticas radicales para hacer frente al desafío.

En esta entrevista habla de ambos temas con Grace Blakeley de Tribune y también deja entrever su camino hacia las políticas de izquierdas, su punto de vista sobre las elecciones presidenciales de Estados Unidos del 2020 y la cuestión de la reconstrucción del movimiento laborista frente a la crisis de la Covid-19.



Clima y elecciones en Estados Unidos

En CNBC News, esta semana había una noticia donde se contaba que el hemisferio norte habrá pasado el verano más cálido registrado. El período de junio a agosto fue 2.11 grados Fahrenheit, más o menos un grado Celsius, más cálido que la media del hemisferio norte, cosa que lo hace el segundo agosto más cálido desde que se empezó a registrar ese dato en 1880. Da bastante miedo la noticia ¿no?

Da mucho miedo porque estamos perdiendo el hielo del Ártico a un ritmo alarmante. Creo que donde es más preocupante, en relación a donde hay más calentamiento, es cuanto más al norte vamos. Solamente vemos temperaturas asombrosamente cálidas en el Ártico. Y obviamente cuando se pierde hielo, el nivel del mar sube y eso tiene un impacto global enorme y no lo recuperamos.

Como dice mi amigo Bill McKibben, hemos roto una de las características más importantes del mundo, el Ártico. O sea que sí, vamos mal. Y obviamente, los incendios forestales son un síntoma de ello. Las tormentas, este puño de huracanes simultáneos que están golpeando la costa sur de Norteamérica son otro signo de ello y el Caribe también. Así que ya estamos en ello. Definitivamente ya estamos en ello.



Había otra parte del artículo, donde se mostraba que la temperatura en Death Valley había alcanzado los 130 grados Fahrenheit [54 ºC], una de las temperaturas más altas jamás registradas en el planeta.

Sí, estuve en esa zona el verano pasado y a 118 grados [48º C] hacía un calor insoportable. Además, estamos perdiendo ecosistemas realmente únicos. Los árboles de Josué, otros paisajes mundiales, están ardiendo en llamas. Esa temperatura récord está en el contexto en que estamos viendo esos incendios descontrolados. Solamente en los últimos días, cinco de los incendios forestales más grandes de la historia de California estaban activos al mismo tiempo. Es decir que el calor tiene mucho que ver. No es el único factor. Hay otros factores implicados en la razón del descontrol que se está dando, incluido cómo se han gestionado los bosques.

Eso es lo raro de Donald Trump, a menudo acierta un poco. Fue a California y dijo que no era por el aumento de las temperaturas. No es por el cambio climático. Es por la gestión de los bosques. Es absolutamente por las temperaturas cálidas y por la falta de humedad, pero parte de lo que lo empeora es que se ha borrado y se ha dejado de contar con el conocimiento indígena en California y en tantas otras partes del mundo.



Los pueblos indígenas solían involucrarse en lo que se llama fuegos culturales o fuegos controlados –es una manera de cuidar el bosque permitiendo que haya algo de fuego que formaría parte de un ecosistema sano–. El ecologismo ha tendido a mirar al bosque como si de un museo se tratara, que no cambie nada de nada. Y ha habido mucho miedo al fuego también, al tiempo que ha habido más desarrollo descontrolado. Así que si asusta perder hogares, que en primer lugar nunca deberían haber sido construidos en zonas de fuego, entonces no se puede tolerar ningún tipo de fuego.

Ha habido un aumento de lo que llamamos combustible. Lo que en realidad es solamente madera muerta, escombros. Según como lo veo, si estás haciendo una hoguera, tienes que tener pequeños pedacitos de leña menuda o astillas, quizás algo de papel, los leños pequeños, y enciendes el fuego con una cerilla. Se enciende y añades los leños más grandes. Así que hay un fallo en dejar que el fuego se lleve los escombros.

Hay insectos vinculados al cambio climático que no mueren de manera cíclica, han estado comiendo madera, han estado comiendo árboles y dejando tras ellos muerte. Ahora hemos tenido una plaga de polillas que hacen eso. Así que hay mucho combustible. Eso es lo equivalente a los pedacitos de leña menuda o astillas si imaginas cómo preparar una hoguera. Y entonces el calentamiento es la cerilla, el calentamiento llega y todo estalla. Y así es como estamos ahora.

¿Cuánto crees que se va a tener en cuenta la cuestión en la campaña electoral presidencial? Crees que la escala de desastres que estamos viendo este año, incluso con Trump descartando la idea de que tenga nada que ver con el colapso del clima, va a afectar básicamente a que la gente empiece a prestar atención y a influenciar su comportamiento de voto.

Creo que si Biden sigue con el mensaje que ha estado transmitiendo solamente estos últimos días podría tener mayor impacto porque las encuestas señalan que los votantes están muy preocupados por el cambio climático.

El mayor cambio de los últimos dos años, pero especialmente del último año y medio, lo vemos al preguntar a los votantes del Partido Demócrata que dijeron que les importaba el cambio climático como para que estuviera en la lista de cuestiones que les preocupan. Es un poco raro hacer encuestas de ese tipo, preguntarle a la gente qué les importa más, la atención sanitaria o el empleo, ¿el empleo o el cambio climático? Así la gente hace esas listas ridículas como si todas esas cuestiones no estuvieran relacionadas entre sí, pero en esa encuesta, cuando se les pidió a los votantes demócratas que dijeron que les importaba el cambio climático que pusieran las cuestiones que les preocupaban en una lista por orden, lo pusieron al final confiadamente, en el puesto 19 o 20. Eso ha sido así desde hace ahora ya una década.

Pero los últimos dos años ha ido subiendo sigilosamente hasta el punto de que al llegar las primarias de los demócratas se disputaba ser el tema de principal preocupación junto con la atención sanitaria. Y también está en una posición muy alta en la lista de los independientes y de muchos republicanos. Así que es un tema importante. Definitivamente hay una sensación de urgencia y especialmente cuando las personas están teniendo que vérselas con algo nunca antes visto. Recuerdo estar en Misisipi, un estado republicano como el que más, después de que el huracán Katrina golpeara la Costa del golfo de Estados Unidos y encontrarme con republicanos que decían “Claro que esto es por el cambio climático. Construimos nuestra casa aquí porque sabemos dónde está la altura máxima de la marca de agua y el agua nunca había llegado a esa altura antes.”

Así que cuando la gente lo vive, cuando saben que nunca ha habido un incendio como ese antes, saben que nunca ha habido una tormenta que haya aumentado de ese modo antes, está causando impacto en sus vidas, entonces evidentemente que tienen una sensación de urgencia respecto al tema. Creo que ha habido un mensaje inteligente por parte de la campaña de Biden en comparación con el mensaje muy enfocado en los suburbios de Trump: Antifa viene a por los suburbios, quieren destruirlos. Y, mientras tanto, lo que realmente está destruyendo los suburbios no es el movimiento Antifa, son los incendios forestales por toda la zona del Noroeste del Pacífico. Son esas marejadas ciclónicas.

Creo que se está mandando un mensaje inteligente. Espero que siga adelante con él. A menudo se ven algunos mensajes buenos de los demócratas centristas y entonces se asustan y lo dejan. Les dicen que están politizando los desastres y entonces pierden el coraje y reculan. Espero de verdad que no lo pierdan nunca porque es un mensaje ganador.

¿Y qué sucede con la política actual? Biden tiene ese plan de 3 millones por el clima que está acaparando los titulares, y he visto alguna referencia en positivo en los medios progresistas e incluso de gente que daba apoyo a Bernie y a otras candidaturas. ¿Crees que va a ser tan transformador como parece?

Creo que la respuesta corta es no, no si se les deja que hagan lo suyo. Y si te soy sincera, no les he prestado muchísima atención tampoco. Obviamente que estoy siguiendo lo que se dice desde la campaña de Biden, pero supongo que llevo suficiente tiempo viendo campañas electorales como para saber que hay una gran diferencia entre lo que un central demócrata va a decir durante la campaña electoral y lo que hará una vez elegido.

Miran las mismas encuestas que yo. Entienden que es un tema ganador que atraviesa las divisiones partidarias, que resuena en los suburbios enriquecidos y al mismo tiempo en las comunidades y ciudades empobrecidas. También entienden que hay un ala joven muy movilizada de su partido representada por el Sunrise Movement, entre otros, que van a hacer de sus vidas un infierno si no dicen algunas de las cosas que tocan.

¿Quiere decir eso que nos traerán el Green New Deal de nuestros sueños? De ninguna manera. No significa eso. Quiere decir que entienden que ese es un mensaje electoral ganador, que es peligroso no ofrecer algo al ala progresista del partido, pero lanzan mensajes contradictorios. Biden también está dando discursos sobre cómo de ninguna manera va a prohibir el fracking porque se han autoconvencido de que es la manera de ganar Pennsylvania.

Y creo que la medida real de lo que podemos esperar se ve en de quién se rodea Biden y a quién acaba nombrando. En mi opinión, un signo de esperanza es que el movimiento de la justicia climática no ha tomado una posición de esperar y ver, cosa que fue uno de los grandes errores que cometimos con Obama.

Con Obama creo que hubo un consenso muy fuerte alrededor de un ala en el Partido Demócrata que apoyaba lo que yo llamo “démosle al tipo una oportunidad”. Por muy escandaloso que fuera lo que hiciese Obama –ya fuere hacer campaña hablando de cómo iba a rescatar Main Street de Wall Street y entonces se ve claro que le está aconsejando Larry Summers– incluso así había esa idea de “Démosle una oportunidad; quizá en ese juego de ajedrez tridimensional que está jugando, está lanzando el mensaje de ‘mantener a Wall Street tranquilo’, pero es que en realidad va a hacer eso”.

Y creo que hemos aprendido la lección a las malas: no se le puede dar ninguna oportunidad. Debemos seguir presionando en todos los sentidos. Se han mandado cartas firmadas por una gran cantidad de líderes medioambientales, avisando a la administración de Biden de que no nombre a gente con lazos con el sector de los combustibles fósiles para cargos clave en la energía, que es lo que hizo Obama.

La gente está intentando adelantarse y dejar claro que no estaremos satisfechas con que simplemente se digan cosas bonitas durante la campaña, que nos importa a quién nombre, de quién se rodee. Sea como sea esa va a ser la presión a la que va a estar sometido. Pero estoy del todo convencida de que es imperativo que nos deshagamos de Trump, de que lleguemos a un terreno en que esos debates importen.

Ni siquiera nos molestamos en presionar a Trump porque sabemos que no es posible presionarlo. Y evidentemente no en relación a un Green New Deal, es un callejón sin salida. Así que necesitamos llegar a un terreno en el que podamos tener algo de poder y necesitamos aprender de los errores de los años de Obama, en que sinceramente, malgastamos la primera parte de la presidencia de Obama dándole una oportunidad a sus varios amigos. No fue hasta la segunda parte que empezamos a ver desobediencia civil masiva, ya fuese en el movimiento contra el cambio climático con la campaña Anti-Keystone XL y la campaña de Dakota Access Pipeline en Standing Rock o el movimiento de Black Lives Matter, el movimiento de los Dreamers y el movimiento de los derechos de los migrantes.

La gente salió a las calles y se manifestó contra la administración de Obama, ejerció la desobediencia civil y mostró alternativas fuertes. Fue cuando empezamos a ver algo de movimiento y a obtener políticas medio decentes. Obviamente ahora ya no tenemos tanto tiempo. Así que lo que obtengamos de Biden va a depender de lo que exijamos en el período de transición y desde el primer día. Eso asumiendo que acabemos en lo que ahora representa la mejor posibilidad que es que Biden gane.

Una vida en la izquierda

Tu libro No Logo fue como un oasis en el desierto neoliberal que había antes de la crisis financiera, durante el movimiento altermundista. En esa época, hiciste un documental, The Take, sobre una fábrica tomada por los trabajadores en Argentina. Luego vino La Doctrina del Shock, que salió en vísperas de la crisis financiera y que probó que su tesis principal era correcta. Desde entonces has publicado varios más, incluidos Esto lo cambia todo y tu libro más reciente: On Fire: The burning case for the Green New Deal.

¿Nos puedes contar un poco sobre cómo te ves implicada en todo eso? ¿De dónde salió tu decisión de querer empezar a escribir, de querer adentrarte en el activismo?

Bueno, yo siempre escribí. Me vi a mí misma como escritora o quise escribir antes de verme como activista. De niña escribía mucho. Escribí mucha poesía mala, llené muchísimas libretas, me encantaba escribir, me encantaba leer y crecí en una familia de activistas. Mi madre se dedica a hacer documentales. Ella formó parte del primer estudio de películas de mujeres, creo que del mundo, llamado “Studio D” en Canadá. Mis padres eran activistas contra la guerra. Vinimos a Canadá porque mi padre no quería ir a Vietnam. Mi abuelo entró en la lista negra por ser sindicalista. Trabajó para Walt Disney como animador, ayudó a organizar la primera huelga de animadores y entonces lo echaron y lo metieron en la lista negra.

Resumidamente así es como crecí. Además, mis abuelos formaron parte del movimiento Back to the Land en New Jersey, donde formaron parte de la creación de ese tipo de comuna llamada Nature Friends, donde Paul Roberson, Pete Seeger y Woody Guthrie actuaron. Nos fue una cultura muy presente mientras crecíamos. Aunque yo personalmente me avergonzaba muchísimo de ello porque crecí en los 80. Pensaba que en general era algo horrible.

Pero de alguna manera me caló, a través de la familia y demás. Luego cuando fui a la universidad, empecé a escribir para el periódico del campus y me impliqué en la política por lo que iba sucediendo. En mi primer año en la universidad hubo una masacre espantosa en una universidad de mi ciudad, Montreal. En ese momento, creo, fue el peor tiroteo masivo de la historia de Canadá, con un tirador que entró en una escuela de ingeniería donde creía que se le había discriminado por ser hombre. Era como un incel antes de tiempo. Eso fue en 1989, separó a los hombres de las mujeres en la escuela de ingeniería, puso a las mujeres en fila frente a una pared y les dijo “sois todas una panda de malditas feministas” y mató 14 mujeres y luego se pegó un tiro.

En ese momento, en estado de shock, encendimos las radios y televisiones y oímos un mar de comentaristas hombres diciendo que no tenía nada que ver con el feminismo ni con las mujeres ni con la misoginia. Fue una locura. ¿Os suena? Ese tipo de acontecimiento te da una patada en el culo, sobre todo a mí, porque crecí en ese contexto y hasta entonces realmente había intentado no participar. Mi hermano era el gran activista. Yo solamente quería ser escritora y no destacar demasiado y de repente me encontré a mí misma moderando reuniones y recurriendo a esas capacidades que no era consciente que poseía, pero que sí que tenía porque crecí en un hogar donde había reuniones políticas en la sala de estar. Así fue como empezó todo para mí.

Tu carrera empezó como crítica de la globalización neoliberal. Nos puedes contar un poco sobre cómo tu crítica sobre lo que los liberales llamarían el orden mundial bajo el mandato de la norma se ha desarrollado desde los años 90 y concretamente, ¿crees que estamos entrando de alguna manera en una fase de des-globalización?

No sé exactamente en qué fase nos encontramos. No creo que nadie lo sepa. Pero estamos en una nueva fase y creo que Trump ha marcado una era diferente en la que ciertamente ha nacido un nuevo tipo de proteccionismo. Pero no creo que esté ni mucho menos en conflicto con el orden de mercado neoliberal como a él le gustaría que creyéramos. Del mismo modo creo que a Johnson le gusta posicionar al Partido Conservador como una incomodidad para los globalizadores y demás.

Creo que han aprendido a beneficiarse de la profunda crítica que el régimen del mercado representa en términos de desindustrialización, el vaciado de economías y la precarización del empleo. Y entienden que su base electoral piensa en eso. Por eso encuentran maneras de, en general, hacer ver, diría yo, que hacen cambios en esa economía de mercado mundial. Dicho eso, creo que están habiendo cambios reales en los conflictos con China. Desconozco si realmente hay una razón detrás más allá de la voluntad de Trump de aferrarse al poder.

Pero para mí, en los 90, llegué a ello porque tenía una columna en un periódico de Canadá, el Toronto Star y edité una revista de izquierdas llamada This Magazine y estábamos haciendo muchos artículos sobre el impacto de ese régimen comercial en el empleo. Escribía tanto sobre los talleres en Indonesia, en las Filipinas, otras partes y eventualmente en China donde se fabricaban nuestros productos, como sobre el aumento de los McEmpleos. Todo eso aparece en No Logo.

Realmente surgió de tratar de entender cómo se fabricaban las cosas ahora, los objetos de nuestra vida y el aumento de lo que yo llamaba marcas vacías, esas marcas que no tienen sus propias fábricas. Entendiendo que no solamente se trataba de productos que estaban siendo fabricados sino que era una manera de concebirse de las corporaciones, principalmente no como productores de cosas sino como productores de ideas, de identidades, de tribus. Ese era el modelo de Nike y fue revolucionario en su momento –tener una empresa que parecía una empresa pero que se dedicaba básicamente a fabricar y vender zapatillas sin una sola fábrica de su propiedad–. Eso fue un nuevo modelo de negocio porque toda su competencia tenía su propia línea de producción y dio tanto beneficio que todo el mundo empezó a imitarlo.

Pero lo que trataba de retratar era cómo ese modelo de negocio cambió ambos el empleo y la cultura. Obviamente cambió el empleo porque lo precarizó y hace que la gente que hace las cosas sea menos importante para los actores poderosos porque se les emplea a través de una red de subcontratas. Si hay un problema en una fábrica, simplemente finalizan el contrato y se lo dan a otra, así los empleados tienen menos poder. Pero también cambia la cultura porque el producto es tu idea, tu identidad, así que se produce a través del marketing. Produces devorando esas manifestaciones y expresiones de esas ideas en el mundo real con patrocinios corporativos y demás.

Era una joven periodista, interesada en cómo la cultura joven estaba siendo devorada en ese período y No Logo fue un libro tanto sobre el empleo como sobre la cultura, un libro sobre cómo nuestra cultura estaba cambiando y Trump es producto de eso. Eso es algo que creo que es importante que entendamos; que Trump es la primera marca vacía jefe de estado.

Se podría argumentar que Berlusconi fue un ejemplo temprano de eso, pero Berlusconi en sí mismo no era la marca ¿no? Él posee una red entera de medios de comunicación y equipos deportivos y otros. Estaba metido en esos negocios pero la marca no era Berlusconi. En el caso de Trump, la marca es Trump y giró en torno a eso. Tradujo eso a su carrera política como presidente. Es bastante extraordinario a decir verdad.

Es increíble que escribieras La doctrina del shock y que se publicara en 2007 y que entonces, un año después, por toda Europa y Reino Unido viéramos como los gobiernos usaban esa crisis para imponer los costes del crac de la crisis financiera a las personas trabajadoras con la austeridad…

El capitalismo es un creador de crisis, como sabes, ¡así que no es tan increíble que hubiese una crisis! En realidad ese método se había ensayado por todo el mundo después de la crisis financiera asiática, después del colapso de la Unión Soviética, de la crisis del peso. De eso escribía en La doctrina del shock. Finalmente llegó a casa, al centro de poder de Wall Street.

Obviamente eso tuvo un gran impacto en los movimientos en los que has participado desde entonces. Mucha de la energía detrás de los momentos de Corbyn y de Sanders se puede, de una manera u otra, trazar hasta el movimiento Occupy Wall Street y las manifestaciones que salieron de la crisis financiera. ¿Qué te parece que son los restos del impacto de esa crisis en la izquierda?

En cierto modo creo que hay una línea continua que se puede seguir en muchos de esos movimientos y cómo son contados y cómo se procesan como si fueran hechos independientes. Como si no hubiera una conexión entre los movimientos altermundistas de principios de los 2000 y finales de los 90 y el movimiento Occupy, pero claro que la hay y que hay conexiones entre el movimiento por la justicia climática y Occupy y Bernie y Corbyn.

Con un poco de suerte aprendemos de nuestros errores y creo que los límites de los movimientos de las plazas, uno de ellos, fue que muchos no propusieron alternativas a este sistema fallido. Había un cierto fetiche por no hacer demandas –era un no pero no había un sí fuerte a lo que queríamos para sustituirlo–.

Hay excepciones a eso, pero creo que entre las personas que estuvieron metidas en la plaza Tahrir o en las protestas masivas en Grecia hay una cierta autocrítica honesta en relación a la incapacidad de hacer más a parte de decir que no. Has mencionado que estuve vinculada a ellos. Lo estuve, les daba mi apoyo y fui a Occupy en varias ocasiones y me encontré con activistas y fui a reuniones pero la verdad es que después de que saliese La doctrina del shock y del hundimiento de la economía mundial tomé la decisión de que no iba a seguir yendo a los sitios a hacer lo que de broma llamábamos con mi compañero Avi, “la ruta de os lo dije”, porque ya me estaban invitando a varios lugares para hacerlo.

Me llegaban invitaciones del tipo “Ven a España. Ven a Grecia. Ven aquí. Ven aquí” y cuéntanos sobre La doctrina del shock. Simplemente me pregunté ¿para qué? Porque la gente claramente ya lo entiende. El grito en las calles era “no vamos a pagar vuestra crisis” y fue esa rebelión increíble de la gente diciendo lo que estaba pasando. Esa fue una crisis creada por las élites. Creada por los bancos. El coste estaba siendo sistemáticamente trasladado a las personas menos responsables y más vulnerables. Estaba pasando en un país tras otro y la gente estaba resistiendo y nombrándolo. Ya estaba claro que solamente decir “no” no los iba a parar.

Estaba pasando de todos modos y entonces fue cuando decidí escribir Esto lo cambia todo: el capitalismo contra el clima, porque tomé la decisión coordinada de mantener un poco la distancia. Sentí con fuerza que necesitábamos un “sí” arrollador, una visión realmente transformadora de qué tipo de mundo queríamos. No quiero usar la palabra “solución” porque no creo que sea así de sencillo. Sería un proceso de reparación de esas grietas interseccionales, las grietas del mundo físico, lo que le hemos hecho al mundo físico con el cambio climático, con tantas otras crisis ecológicas, el legado de 40 años de austeridad y las grietas de nuestras infraestructuras de atenciones y las grietas simultáneas del sistema penitenciario estatal, que está estrechamente atado a toda la falta de inversión en las partes del estado que de hecho ayudan a la gente.

Esa es mi manera de ver el New Green Deal y lo hemos nombrado de muchas maneras. Cuando escribí Esto lo cambia todo cité a la negociadora del cambio climático Angelica Navarro. Ella también era la embajadora de la OMC que pidió un Plan Marshall para el planeta tierra con la misma idea. Creemos empleos y luchemos contra las alteraciones del clima al mismo tiempo. Vamos a pagar de vuelta por el colonialismo y el esclavismo. Esas son las palabras que dan miedo pero eso es lo que tenemos que hacer.

Recuerdo estar en Europa cuando estaba investigando para Esto lo cambia todo y reunirme con Alexis Tsipras y gente de Podemos. Tsipras me dijo literalmente “A nadie le importa ya el medio ambiente. Solamente les importa la economía”, a lo que le respondí que “tu trabajo es hacer que les importe. No les importa porque creen que tienen que elegir y no tienen porqué hacerlo. Es posible. Necesitamos una visión para crear empleo y resolver la crisis del clima al mismo tiempo. Ese es el camino de salida de la crisis”. Lo descartó sin considerarlo.

Oímos un discurso similar en ese momento, recuerdo a Pablo Iglesias diciendo “La gente no se puede preocupar por el cambio climático cuando no tiene comida que llevar a la mesa”, y pensé: no les hagas elegir. Como sabes, Grace, la idea general de un Green New Deal o como lo quieras llamar es que se le diga a la gente “podemos crear trabajo que pueda mantener a las familias que al mismo tiempo cure al planeta y que nos permita dejar a un lado los combustibles fósiles”.

Eso fue una oportunidad perdida y una oportunidad perdida a nivel mundial pero hay que ser autocríticas y por eso creo que ahora hay una generación de organizadoras por la justicia climática y activistas y políticos insurgentes que comprenden la gravedad de ese error y están finalmente haciendo una campaña con esa visión interseccional. Lo que yo estuve haciendo en ese período era figurar lo que finalmente se convirtió en nuestro plan, que lanzamos inicialmente en Canadá, el Leap Manifesto, hace exactamente cinco años.

La crisis de la Covid

Estamos ahora en medio de esta crisis mundial masiva generada por el Covid-19. ¿Crees que estamos a punto de aprender otra lección de las políticas de La doctrina del shock? ¿o eres más optimista y crees que vamos a conseguir aprovechar este momento para propulsar un cambio real basado en el hecho de que tenemos unas políticas formadas más alrededor de la idea de lo que llamas más bien un sí y no tan un no?

¿Podría el Green New Deal ser nuestro “sí” en este momento que podemos luchar y promover en vista de una crisis que causará tanto sufrimiento y que requerirá de una completa resintonización en tantas partes de nuestros sistemas económicos y sociales?

Debería serlo y creo que necesitamos una visión tan expansivo como sea posible, que realmente aúne los movimientos porque también estamos en medio de lo que se está llamando un ajuste de cuentas racial, una revuelta por la justicia racial. Algunas personas empiezan a hablar de Black (negro) y Red (rojo) New Deal y Green New Deal. Me gusta ese marco porque creo que hay mucho trabajo que hacer para tejer redes entre esos movimientos y recoger las peticiones, las peticiones transformadoras de todos los movimientos incluido dejar de financiar la policía y restar del sistema penitenciario estatal e invertir en la infraestructura de las atenciones.

Necesitamos estar informadas por el movimiento feminista en esto para que tengamos un Green New Deal tan expansivo como sea posible, que realmente resuene en tanta gente como sea posible y que luche para que sea posible. No se trata solamente de ser políticamente correctas y de cumplir con todos los requisitos. Se trata de: ¿cómo se construye una coalición ganadora? ¿Cómo alentas a las personas para luchar por algo? Porque como hemos dicho al principio, hemos perdido luchas en que quizás tuvimos una oportunidad para tener gobiernos que lo entendieran. Nuestros mejores escenarios son un Partido Laborista centrista y un Partido Demócrata centrista en los gobiernos.

Necesitamos movimientos sociales unidos bajo ese “sí” y una base realmente alentadora, una población de gente para luchar por ello e implementarlo a nivel local. ¿Necesitamos fijarnos en qué ciudades controla el Partido Laborista? ¿Por qué no se puede hacer mucho más en ese sentido en Londres por ejemplo? ¿O en Manchester? Y lo mismo en Nueva York, San Francisco y Los Ángeles. Esas zonas donde no se puede culpar solamente a Johnson y a Trump.

Supuestamente tenemos algo de poder en esos sitios y no ha sucedido lo suficiente –y eso importa porque la mayoría de gente vive en las ciudades–. Así que si ven que su calidad de vida mejora cuando se aprueban algunas de esas políticas, entonces los argumentos de la derecha que tan poco ayudan al medio ambiente, empiezan a caer por su propio peso porque la gente ve y experimenta otra cosa en su día a día, no deben elegir.

¿Ahora que, como dices, estamos viendo candidaturas centristas recuperar los partidos de EUA y Reino Unido, ves más viable el camino a conseguir realmente un Green New Deal? Hemos hablado un poco sobre la importancia de que los movimientos sean más radicales en esos temas. Al final vamos a necesitar legislar. Eso es un problema de acción colectiva gigante. ¿Ves un camino a ese nivel tanto de cambio legislativo, como también con la habilidad de unir en un objetivo a nivel de recursos colectivos que vamos a tener que abordar el problema ahora que esas insurgencias de izquierdas han sido vencidas?

Bueno, es mucho más difícil. Pero hubiese sido difícil en cualquier caso porque la verdad es que lo que hemos vivido durante las campañas, en términos de las incansables campañas de desprestigio contra Corbyn y contra Sanders y la realidad de que una parte significativa del Partido Laborista claramente preferiría a Johnson antes que a Corbyn y de que una parte de los centristas democráticos prefieren arriesgarse con Trump antes que con un presidente socialdemócrata, significa que lo que obtuvimos fue solamente el más mínimo vislumbro de cuán dura hubiese sido la lucha si hubiesen ganado. No hubiese sido fácil e igual hubiese sido un fracaso.

Esa es otra ruta de la que estamos hablando que requeriría de una gran movilización mundial. Cuando hablamos de presión del movimiento social, si nos fijamos en lo que sucedió durante los años 30 cuando Roosevelt era presidente, lo que pasaba en la izquierda de Estados Unidos fue simplemente extraordinario. Hubo más huelgas año tras año. Una creería que, cuando ganas seguridad social y seguros de paro y rompes con los bancos, la gente no verá necesaria una huelga general, pero fue entonces cuando la hicieron.

Mi amigo Raj Patel montó un gráfico que muestra los paros laborales durante los años 30 y lo que se ve es que a medida que se desarrollaba el New Deal, el número de huelgas aumentó bruscamente. El punto más alto fue 1937, el New Deal empezó el 1933. En ese momento se estaban parando ciudades enteras y puertos y demás. No era una simple manifestación. Eran poblaciones movilizadas y por eso Howard Zinn diría “Sí, preocuparos por a quién votáis cuando estéis en el colegio electoral, el resto del tiempo, construid poder”.

Son legados complicados y tenemos que aprender tanto de los fracasos como de los éxitos. Sí lo veo posible. Es muy difícil y se trata de aprender que tenemos que construir a partir de los escombros del neoliberalismo. En cierta manera, creo que igual hemos sido demasiado ingenuas al pensar que podríamos haber hecho eso de arriba a abajo. Porque Corbyn y Sanders, si hubiesen ganado, no hubiesen tenido poblaciones organizadas como las tuvo Roosevelt porque no podemos reconstruirnos de 50 años de ataques contra los movimientos obreros tan rápidamente. Así que el paisaje es diferente y ese es un trabajo que tenemos que hacer desesperadamente.

Para volver a lo que preguntabas sobre la pandemia y cómo podemos potencialmente ganarla, creo que una de las cosas que la pandemia ha hecho es mostrar a millones de trabajadoras que han sido tratadas como lo más desechable, que ellas y ellos son, de hecho, las trabajadoras más esenciales de nuestra economía. Han sido etiquetadas como trabajadoras y trabajadores esenciales y si te fijas en quienes son, es la clase obrera, son las personas que mantienen las luces encendidas, las que reparten el correo, las que cuidan a las personas mayores. Sabemos de quién estamos hablando. Hablamos de la gente que hace que el mundo funcione.

Quiero ser cautelosa en cómo digo esto porque creo que muchas de esas trabajadoras sabían cuán importante era su trabajo. Pero mira, la ideología neoliberal es una fuerza poderosa. Así que ahora las trabajadoras y trabajadores de Amazon saben cuán importante son para mantener alimentada y vestida a la gente. Creo que ahí es donde no se va a parecer a los años 30, lo que significa el trabajo esencial. Se está organizando online y en persona, pero eso son nuevas herramientas que se están organizando.

Creo que hay distintas palancas en una era de capitalismo distinta, pero esa es nuestra esperanza; yace en las trabajadoras esenciales a las que tan mal se ha tratado. Ya sean enfermeros a quienes se ha mandado trabajar con pacientes con Covid sin lo que necesitaban para mantenerse a salvo a ellas mismas y a sus familias, hay tantas trabajadores encolerizados ahora mismo, con toda la razón y el derecho a estarlo. Y ahí yace poder si lo podemos movilizar.

Fuente:

https://tribunemag.co.uk/2020/09/naomi-klein-we-have-to-rebuild-from-the-wreckage-of-neoliberalism

Traducción:Júlia Sanchón Soler

Revista Sin Permiso

Carlos Abel Suárez es miembro del comité de redacción de 'Sin Permiso'.

Fue notable la repercusión mundial en la prensa y en las redes de la noticia de la muerte de Quino. No es fácil explicar en pocas líneas la universalidad del creador de Mafalda, un dibujante sencillo que rehuía las entrevistas y la promoción personal. Daniel Divinsky, su editor y amigo de décadas dijo estar conmovido por esa repercusión mundial, esa respuesta a la asociación de dos palabras - Quino y Mafalda – que cuatro generaciones de lugares tan diversos ven sacudidas sus neuronas. Divinsky recordó algo que muchos leímos o escuchamos de Joaquín Lavado, Quino. La vigencia durante décadas de Mafalda, de sus personajes y de la mayor parte de su obra era vista con cierto pesimismo, “porque implicaba que no habían tenido ningún efecto sus críticas y que todo seguía tan mal en el mundo como cuando había hecho sus dibujos originales”.

En 1998 en su modesto departamento de Buenos Aires me contaba “no se dibujar caricaturas, por eso me meto con temas políticos intemporales, pero que parecen ser eternos”. Leía los periódicos, observaba la realidad, dialogaba con la gente común y era capaz de sintetizar y expresar situaciones e ideas complejas “Deslumbrado de todo lo que puede salir de la punta de un lápiz”, repetía y lo puso en boca del más pequeño de sus personajes.

Hijo de republicanos españoles, relataba con nostalgia y tristeza cuando sus padres pinchaban alfileres en un gran mapa de España, pegado en la pared del comedor, las posiciones de las tropas según llegaban las noticias por radio.



La obra de Quino no es panfletaria, pero su autor mantuvo hasta el final sus convicciones socialistas, democráticas y laicas.

Una resumidísima autobiografía, de Quino fue publicada por la revista Intramuros (Nº50, Madrid, enero 2020), en un suplemento dedicado a Mendoza, en enero de este año.

Aquí sus palabras:

Hola, soy Joaquín Salvador Lavado Tejón, pero para diferenciarme de un tío, desde chiquito me llamaron Joaquinito, luego Quinito y conforme fui creciendo terminé siendo Quino. Nací en Mendoza el 17 de julio de 1932, aunque por razones domésticas me inscribieron en el Registro Civil un mes después. Soy el menor de tres hermanos y mis padres era andaluces: él de Fuengirola y ella de Mijas, provincia de Málaga.

El barrio de San José del mendocino departamento de Guaymallén, donde crecí, era lo que hoy llamarían un vecindario cosmopolita. El carnicero era gallego, libanés el que vendía telas, italiano el panadero y así completaban un mundo que no tendría mucho más que treinta cuadras. En ese barrio me crie rodeado de parientes y vecinos, muchos de ellos luego compusieron varios de mis personajes.



Fue Joaquín Tejón, hermano de mi madre, quien no sólo me legó el nombre, sino también la vocación por el dibujo. Cuando yo tenía unos cuatro años mis padres fueron al cine y me dejaron al cuidado de Joaquín, quien para entretenerme me enseñó a dibujar. Él lo hacía muy bien, ya que era un consagrado acuarelista y trabajaba dibujando las carteleras de los cines para un periódico local. Quedé deslumbrado al descubrir todo lo que podía salir de la punta de un lápiz, una fascinación que varios años después pude expresar en una tira donde Guille le comentaba esa misma experiencia a su madre.

Mi primer «choque cultural» lo tuve cuando ingresé a la escuela primaria, porque yo hablaba en andaluz y mis compañeros no entendían nada de lo que decía. Por ejemplo, cuando contaba alguna anécdota de mi barrio y les decía: «Un tío venía caminando por la calle con una maleta e ingresó en una tienda...». Ellos me preguntaba, « ¿pero cómo, ese señor era tío tuyo?...», ¿qué es una maleta?» Así transcurrieron mis primeros años en Mendoza, entre mi familia y la escuela.

En la primera viví muy de adentro los horrores de la guerra civil española y de la Segunda Guerra Mundial. En la escuela, si bien no me gustaba mucho asistir, no la pasaba mal con mis compañeros, quienes me apreciaban mucho porque los ayudaba a dibujar los mapas para las tareas de Geografía. Gracias a eso, hasta el día de hoy me acuerdo perfectamente de los ríos y las montañas que existen en el mundo.



Después ingresé a la Escuela de Bellas Artes de Mendoza y tuve la suerte de conocer a dibujantes y grabadores magníficos, la mayoría de origen extranjero que habían llegado a nuestro país huyendo del hambre y la guerra, como el italiano Sergio Sergi. Pero duré poco porque me aburría de tanto dibujar jarrones y modelos. Hasta el día de hoy lamento no haber completado mi formación artística. De haberlo hecho, mi esfuerzo para terminar dibujando de una manera «aceptable» hubiera sido más fácil.

Perdí a mis padres cuando todavía era un niño y continué la vida junto a mis tíos y mis hermanos. Luego de vender algunos dibujos para campañas publicitarias en mi provincia, a los diecinueve años probé suerte en la ciudad de Buenos Aires. Allí recorrí las redacciones de diarios y revistas con poco éxito.

Al año siguiente regresé a Mendoza para hacer “la colimba” ("la mili"). Ahí tampoco la pasé bien y, aunque disfrutaba las prácticas de tiro, mi mayor orgullo fue dibujar el banderín del equipo de polo del regimiento. Terminada esa etapa, volví a vivir en Buenos Aires, donde en 1954 comencé a publicar mis dibujos y me enamoré de Alicia Colombo, con quien me casé en 1960.

Allí «nació» Mafalda y la mayoría de mis páginas de humor. A mediados de los años 70 la situación se puso muy difícil: los episodios de violencia política eran cotidianos, comenzaron los asesinatos y las desapariciones. La imagen de Mafalda y algunas de mis páginas de humor fueron adulteradas y usadas por grupos antagónicos que no expresaban mi pensamiento socialista, democrático y pacifista.

Recuerdo que en setiembre de 1975, desde el Ministerio de Bienestar Social, comandado por el siniestro José López Rega, quien dirigía la temible «Triple A», me pidieron autorización para usar a Mafalda en una campaña de prensa. Yo se la negué y, a los pocos días, un grupo de hombres armados llegaron en plena madrugada y destrozaron la puerta de ingreso a nuestro departamento. Por suerte esa noche no estábamos en casa, pero no nos libramos del susto. Inmediatamente pensamos en Mendoza como refugio.

Durante un par de meses estuve «guardado» en la casa de mi hermano mayor, que vivía con su familia en la ciudad de San Rafael. Mientras tanto, Alicia preparaba nuestro exilio en Milán, donde vivimos hasta el retorno de la democracia en 1983.

Ese año comenzaron nuevas esperanzas, porque, pese a las dificultades que pueda atravesar un país, la democracia es el único camino aceptable…

Hoy tengo ochenta y siete años y paso mis días rodeado de afectos familiares y visitado constantemente por mis amigos de Buenos Aires. He vuelto a disfrutar del canto de los pájaros, de sentarme sobre la «chipica», de sentir el olor a lluvia e hinojo después de esas espantosas tormentas de verano. ¿Se puede pedir algo mejor? ¡¡¡¡¡Muchas gracias!!!!!

Revista Sin Permiso. Julio Rodríguez es científico, biólogo, doctor en medicina molecular, psicólogo, escritor y divulgador.

Un nuevo estudio sugiere que el uso de mascarillas podría estar reduciendo la gravedad del virus y creando inmunidad, al igual que hacen las vacunas.

El uso de mascarillas podría estar creando inmunidad a la COVID-19 de manera indirecta. También podrían favorecer el contagio de un menor número de personas, así como la aparición de síntomas más leves tras el contagio. Esta semana, la revista New England Journal of Medicine publicaba estas interesantes conclusiones.

La afirmación es sorprendente, pero la explicación es totalmente lógica. El SARS-CoV-2, el virus que provoca la COVID-19, tiene la capacidad de causar innumerables manifestaciones clínicas, que van desde la ausencia total de síntomas, hasta neumonía, síndrome de dificultad respiratoria aguda y muerte.



Los datos virológicos, epidemiológicos y ecológicos han demostrado que el uso de la mascarilla protege de la infección. Pero además, en el caso de que esta se produzca, hace que los síntomas de la enfermedad resulten más leves. Esto es así porque uno de los factores que condiciona la gravedad de la enfermedad es la carga vírica recibida. Es decir, la cantidad de partículas víricas que producen el primer contagio.

En las infecciones víricas en las que las respuestas inmunitarias del hospedador desempeñan un papel predominante en la patogénesis vírica, como es el caso del SARS-CoV-2, las dosis altas de inóculo vírico pueden colapsar y desregular las defensas inmunitarias innatas, hecho que aumenta la gravedad de la enfermedad e incluso provoca la muerte.

Así pues, como el inóculo vírico es importante para determinar la gravedad de la infección por SARS-CoV-2, las mascarillas, al actuar como un filtro que reduce la carga vírica que llega a las vías respiratorias, atenuarían el impacto clínico posterior de la enfermedad, en caso de contagio.

De confirmarse dicho supuesto, el uso universal de mascarillas podría contribuir a aumentar la proporción de infecciones asintomáticas por SARS-CoV-2 o bien que la infección cursara con una sintomatología muy leve. A mediados de julio, se estimó que la tasa de infección asintomática con SARS-CoV-2 era del 40%. Sin embargo, ahora parece que las tasas de infección asintomática son superiores al 80%, en entornos con uso de mascarilla. Ello confirmaría esta hipótesis. Asimismo, los países que han adoptado el uso de la mascarilla en toda la población han reportado menores tasas de casos graves, hospitalizaciones y fallecimientos, hecho que sugiere un cambio de infecciones sintomáticas a asintomáticas.

Otros ejemplos



En un brote ocurrido en un crucero argentino cerrado, los pasajeros recibieron mascarillas quirúrgicas y el personal mascarillas de tipo N95. La tasa de infección asintomática fue del 81% (en comparación con el 20% en brotes anteriores en cruceros sin mascarillas). Además, en dos brotes recientes en plantas procesadoras de alimentos en Estados Unidos, donde todos los trabajadores recibieron mascarillas todos los días y se les pidió que las usaran, la proporción de infecciones asintomáticas fue del 95%, con solo un 5% de contagiados con sintomatología leve o moderada. Finalmente, las tasas de letalidad en países con mascarilla obligatoria en de toda la población se han mantenido bajas, incluso con en aquellos que han sufrido la segunda ola.

Mientras esperamos los resultados de los ensayos con vacunas, las medidas de salud pública que puedan frenar las infecciones graves y hacer que la proporción de infecciones asintomáticas por SARS-CoV-2 sea mayor contribuirán a aumentar la inmunidad de toda la población, con un menor número de casos graves y muertes. Tras más de 8 meses de circulación en todo el mundo, la reinfección por SARS-CoV-2 parece ser poco común. Por consiguiente, es probable que esta inmunidad creada por asintomáticos o con síntomas leves acabe por tener el mismo efecto que la vacunación, hecho que constituye una gran noticia.

Al final parece que el uso de la mascarilla resultará mucho más importante que lo que parecía al inicio de la pandemia.



Referencias:
Facial Masking for Covid-19 — Potential for “Variolation” as We Await a Vaccine. Monica Gandhi, M.D., M.P.H. y George W. Rutherford, M.D en The New England Journal of Medicine, 8 de septiembre de 2020.

Científico, biólogo, doctor en medicina molecular, psicólogo, escritor y divulgador.

Fuente:

https://www.investigacionyciencia.es/blogs/medicina-y-biologia/27/posts/nos-estamos-haciendo-inmunes-al-coronavirus-gracias-al-uso-de-mascarillas-19023

Revista Sin Permiso. Carlos Girbau es concejal de Ahora Ciempozuelos y amigo de Sin Permiso..

Con un índice de contagios por SARS-CoV-2 de los más elevados de Europa, una huelga indefinida de médicos de atención primaria convocada para el 28 de septiembre y otra de educación para los días 22 y 23 del mismo mes, la presidenta Isabel Díaz Ayuso (PP) y su vicepresidente de C’s, Ignacio Aguado, se presentan esta semana al debate sobre el estado de la región en la Asamblea de Madrid.

Los efectos de la triple crisis sanitaria, social y económica provocada por la Covid están lacerando Madrid como nunca desde la muerte de Franco. Y es que ya no ha aguanta más la fragilizada y castigada costura social madrileña. 25 años de política neoliberal extrema son demasiados, incluso para la Comunidad más rica del reino.

Las consecuencias de esa política neoliberal son muy profundas y cada vez más insoportables para la inmensa mayoría de sus 6.662.000 habitantes. Citaremos solo cuatro de las más evidentes y que necesitan soluciones con mayor urgencia: sanidad, educación, desigualdad y modelo de administración pública versus corrupción.



Recordemos que la sanidad pública de Madrid gasta 147€ por habitante, la que menos dinero emplea de España y que a día de hoy, en los centros de atención primaria, cada médico recibe una media de entre 50 y 60 pacientes diarios. En consecuencia, resulta casi imposible llegar a los enfermos crónicos, ni a muchas otras dolencias. Los teléfonos no dan abasto; no hay líneas suficientes para poder dar entrada al flujo de llamadas que se producen, ni personal para responderlas. En muchas ocasiones, se atiende a los pacientes en la calle y se generan largas colas frente a los centros de salud; faltan todo tipo de recursos, empezando por los rastreadores que no alcanzan, 6 meses después del pico de la pandemia, los mil doscientos prometidos. En esta situación varios centros de salud se permanecen aún cerrados por las tardes. Dicho de otra manera: el gobierno de coalición PP- C’s aprovecha la pandemia para dar una vuelta de tuerca más a favor de la transformación del derecho a la salud en un negocio a través de la forzar, de facto, el colapso del sistema y empujar a la población por la falta de asistencia hacia los seguros privados.

En la educación, la línea anteriormente expuesta, procede aún de más atrás. La proporción entre centros públicos y centros privados y privados concertados se distribuye en un 52% de los primeros, frente a un 48% de los segundos. Venimos de años en los que se incrementaron por decreto las ratios en las aulas, se concentró a la población con menos recursos y con mayores índices de diversidad en una educación pública en la que se minoraron en miles el número de profesores y de apoyos escolares. Ante la falta de espacio, hubo que transformar en clases todo tipo de lugares, desde laboratorios a bibliotecas. Ahora, en plena pandemia y sin haber revertido los recortes mencionados, se espera con algo más de fondos (los que remitió el gobierno del Estado en mayo) lanzar titulares que adormezcan al conjunto de la población. La solución real de los problemas educativos no puede improvisarse ni encararse sin revertir, al menos en algo, los recortes.

Madrid es la comunidad más desigual y la más rica del reino. Antes de la pandemia la diferencia entre el 20% más rico y el 20% más pobre se situaba como la mayor de España. En los últimos 10 años, la renta media de la población madrileña se ha incrementado en un 2%, pero los más pobres han visto mermada la suya en un 30% mientras que los más ricos la ha aumentado un 3,6%.

El gasto autonómico y municipal por habitante (políticas sociales) estuvo y está dominado por el recorte y se encuentra entre los más bajos de todo el Estado. Solo 185 euros por habitante gasta la Comunidad frente a 288€ de la administración central, y 87€ por habitante frente a 120€ de la administración local. El riesgo de pobreza afecta a uno de cada cuatro ciudadanos, un porcentaje que se supera en el caso de mujeres e inmigrantes. El 26% de los habitantes de Madrid exponen tener problemas de acceso a la vivienda. La comunidad que absorbe la mayor parte de la inversión extranjera que recibe el reino, no puede evitar la pérdida contante del peso de su industria que ya no alcanza al 9% de su PIB o que el desempleo supere las 425 mil personas.

Madrid es también el paraíso impositivo del reino ejerciendo un evidente dumping fiscal a base de exenciones, bonificaciones y elusiones diversas. Gracias a ello, los cuatro mil superricos censados dejan de abonar unos 1.000 millones de euros a las arcas del común mientras la deuda pública continúa incrementándose hasta alcanzar, en 2018 (último ejercicio con presupuesto), la cifra de 33.448 millones.



En los últimos 25 años, todos los presidentes de la Comunidad de Madrid han pertenecido al PP: Ruiz Gallardón, Esperanza Aguirre, Ignacio González, Cristina Cifuentes o Díaz Ayuso y todos se han visto embarrados por asuntos de corrupción acabando algunos de ellos en la cárcel o fuera de la vida política. La última de la lista, Díaz Ayuso, se ha visto salpicada por el caso Aval Madrid. Tamayazo, Lezo o la rama madrileña de la propia Gürtel representan solo algunos nombres de un modelo que, tras la pantalla de la “colaboración público privada”, ha reducido a la administración a una agencia de acuerdo de contratos con las grandes empresas. Una agencia que no tiene ganas, pero tampoco medios legales o técnicos, y aún menos personal, para controlar grandes áreas de espacio público que escapan al examen ciudadano.

En los últimos días el anuncio, rápidamente desmentido por todos los interesados, realizado por el secretario general del PSOE de Madrid, José Manuel Franco, al manifestar su disposición, en caso de moción de censura contra el actual gobierno, a comprometer sus votos a favor de un candidato de C’s para desalojar al PP de la presidencia de la Comunidad no ha superado el rango de la ocurrencia.



El tándem Ayuso- Aguado llega al debate del estado de la región tocado, con discrepancias en su interior, sin presupuesto, sin intención de elaborar uno nuevo y sin otra propuesta que seguir profundizando su política de recortes. Sumado a ello, se encuentra su dependencia para existir del voto de los 12 diputados de Vox. Su debilidad numérico parlamentaria les obliga: 30 diputados del PP y 26 C’s deben sumar a Vox, como hicieron en la investidura, para poder alcanzar la mayoría.

A pesar de que la diferencia entre las izquierdas y las derechas en Madrid se sitúa en solo de 4 escaños (37 del PSOE, 20 de Más Madrid y 7 de Unidas Podemos, Izquierda Unida, Madrid en Pie) la izquierda no es capaz de presentar, más allá de la crítica compartida, una propuesta común en positivo. Nadie puede negar, a tenor de los lustros que lleva la izquierda sin resolver la cuestión, que no resulta una tarea sencilla presentar una propuesta alternativa a la política de austeridad neoliberal de la derecha. Y no lo es porque a otros elementos evidentes se suma que, a día de hoy, la cuestión no es solo de gobierno y mayoría parlamentaria, sino del propio régimen y su marco legal. Resulta más fácil deshacerse de Ayuso que deshacer el entramado de negocio e intereses existente y su consiguiente corrupción en un marco legal que los acaba normalizando.

Es mucho el poder del dinero y sus tramas en Madrid. Por ello, construir una alternativa a la austeridad pasa por la exigencia de mucha unidad de los múltiples actores políticos y sociales, de los partidos y de los sindicatos, de las asociaciones y del territorio a través de una parte de los ayuntamientos. Es obligado un considerable y profundo diálogo, así como el reconocimiento de su carácter policéntrico, además de una gran cantidad de modestia.

Por todo lo anterior, la construcción de esa alternativa tan necesaria aparece hoy como algo muy lejano. En todo caso, deberá apostar por un cambio del modelo productivo y por un avance hacia los principios recogidos, por ejemplo, en los 17 objetivos de desarrollo sostenible de NNUU (la agenda 2030). En otras palabras: deberá centrar sus exigencias en las necesidades de las personas y en la garantía democrática efectiva de sus derechos.

Ese esfuerzo de garantía de derechos aporta un elemento de régimen al debate. A día de hoy, es ya imposible separar la fractura social existente, la corrupción, la desigualdad, el empobrecimiento, la asfixia de la sanidad y educación públicas del marco legal que lo ampara y del mantra de la “colaboración publico privada” que lo adorna. Madrid, comunidad desnuda de otra referencia nacional que no sea la española, muestra muy a las claras como la estructura normativa actual incapacita la resolución de sus males. Dicho de otra manera, el plan modernizador del reino establecido en el régimen del 78 a través de la vertebración descentralizada del Estado de las autonomías no ha funcionado para la mayoría de la población no rica y sí, en cambio, para la minoría de los muy ricos. El mal no se halla, como quiere hacer creer la derecha, en la descentralización política-administrativa positiva e imprescindible, base de cualquier democracia republicana, sino en la forma neoliberal de su desarrollo. Bastaría con que Madrid pidiera un nuevo Estatuto de autonomía, algo a todas luces imprescindible para garantizar derechos como la vivienda o una renta básica, o que se reclamara más y mejor papel para los ayuntamientos para observar los obstáculos que el marco actual representa para lograrlo y, en consecuencia, la dificultad profunda para liberarnos de la corrupción.

Más allá de todo ello, esta semana hay una nueva oportunidad de que los 64 diputados de las izquierdas lancen de manera compartida, por ejemplo, alguna suma de medidas de urgencia reconocida para la mayoría de la población. Esperemos que no se deje de nuevo pasar la oportunidad que se presenta. En todo caso, ocurra o no, las movilizaciones anunciadas en sanidad o educación nos recordarán por enésima vez que sufrimos manera durísima los efectos de esa política neoliberal extrema que el Covid-19 y sus consecuencias sanitarias, sociales y económicas están dejando en carne viva.

Carlos Girbau es concejal de Ahora Ciempozuelos y amigo de Sin Permiso.

Fuente: www.sinpermiso.info, 12 de septiembre 2020

Revista sin Permiso. José Arreola. Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Sus líneas de análisis están basadas principalmente en la literatura cubana y el debate del campo intelectual de Latinoamérica Ha obtenido premios en narrativa y ensayo convocados por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Tus palabras son tu poderío: este es tu reto a la gran música del mundo. Fayad Jamís

“Dígale también, que quién quita y lo de ‘Marcos’ fue por El cumpleaños de Juan Ángel”. Con esas palabras, un 2 de mayo de 1995, el Subcomandante Marcos –el rostro de los sin rostro que un año antes sacudieron las montañas del olvido mexicano– le pedía a Eduardo Galeano que saludara y agradeciera a Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia por sus letras con las que surgían aquellos suspiros con los que la humanidad echaba a andar. El libro al que aludía el ya finado vocero zapatista fue publicado por vez primera en 1971. Cuando en la tierra de José Artigas se instaló la dictadura “cívico-militar”, la novela se colgó la honrosa medalla de la censura. No era para menos, en la dedicatoria llevaba la penitencia; en la historia, la prohibición.



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En sus ensayos sobre literatura, Günter Grass planteó que la forma de una obra literaria obedece siempre a lo caprichoso de su contenido. Entrevistado por Fernando Sánchez Dragó en 1999, Benedetti, “el más montevideano de todos los uruguayos” como lo definiera el también escritor Fernando Butazzoni, dijo que cada tema crecía con la etiqueta de su género y “muy pocas veces se equivoca”. Para poder contar y ser novela, El cumpleaños de Juan Ángel solamente supo y quiso narrar en verso. Cuando el autor llevaba cuarenta o cincuenta páginas en prosa, “como era lógico”, esas palabras no transmitían lo que los versos sí; tal vez porque la historia llevaba en sus genes un sustrato poético. La novela está dedicada a Raúl Sendic, el emblemático representante del movimiento Tupamaro que movió y conmovió al Uruguay entre 1965 y los primeros años de 1970. Más o menos en 1965, cuando Sendic huía de los canas que lo buscaban para llevarlo a prisión por considerarlo el culpable de las recias movilizaciones de los trabajadores del azúcar, Benedetti lo “guardó” durante tres semanas en un pequeño apartamento ubicado a dos pasos de una estación de policía. Quizá ambos pensaron, según aquella enseñanza de Allan Poe, que lo más cercano y evidente es lo que mejor se esconde. Entre mates y poesía –género del que el mismo Bebé Sendic era un apasionado– forjaron una amistad entrañable y sincera. En sus charlas se fortificó la sana locura de soñar y pelear por una Latinoamérica mejor.

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Cuando ocurrió la gran fuga tupamara del Penal de Punta Carretas, un 6 de septiembre de 1971, la ficción literaria y la realidad política se fundieron. A partir de entonces, El cumpleaños de Juan Ángel y la fuga se hicieron indisociables: apenas unos meses antes la novela vio la luz y aquel día de septiembre del 71 lo harían fuera de la cárcel los 111 militantes tupamaros. En el libro, además de la transformación de Osvaldo Puente –que “vicha por el ojo de la cerradura / para averiguar cómo eran sus miserias”– en Juan Ángel, el militante político para quien la revolución significaba “la vida exorcismo / la vida sacrílega que profana a la muerte”, se narra también la fuga de un grupo de guerrilleros por el sistema de alcantarillado. En el escape de Punta Carretas a través de las alcantarillas, la difícil realidad social del momento le rendía un homenaje a una novela que, sabiéndose militante de la vida, había brindado una elegante carga de futuro al paisito. A decir de Martha Canfield, el escritor nacido el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros fue acusado de ser el autor intelectual de aquel canto a la libertad de los tupamaros “por haberles proporcionado la idea para la fuga”. Entre aquellos artesanos del escape figuraban Raúl Sendic y el expresidente uruguayo Pepe Mujica.

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En la extensa lista de cantantes que han interpretado temas y poemas de Mario Benedetti figuran los nombres de Joan Manuel Serrat, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y, especialmente reconocida, Nacha Guevara. Es posible que las miles de personas que cantan poemas y recitan canciones del uruguayo ignoren que él fue el autor de los versos que se clavan en almas y gargantas; pero ello, lejos de ser un agravio, representa el mejor galardón para quien reconocía a César Vallejo, Antonio Machado y Baldomero Fernández Moreno como sus mayores y mejores influencias en la poesía. Cuando la voz del poeta hecha idea comulga con el clamor de miles de sueños, amores y dolores no hay posibilidad de olvido. El 26 de julio de 2004, en la Plaza de la Revolución de La Habana, celebrando un aniversario más del asalto al cuartel Moncada, el actor cubano Héctor Quintero dejó la que, muy probablemente, sea la mejor declamación existente de “Un padre nuestro latinoamericano”. A través de los versos de Mario Benedetti, doscientos integrantes de la Orquesta Sinfónica de Cuba, con música de Alberto Favero, bajo la orquestación de Leo Brower y la portentosa voz de Quintero, aquella capital de la dignidad latinoamericana vibró con José Martí, Fidel Castro, Camilo Cienfuegos y el Che como testigos. Era un merecido reconocimiento de la Revolución al poeta que tanto quería y defendía el socialismo a la cubana.

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Frank Delgado, el irreverente trovador cubano, canta en uno de sus temas “Y mientras Fukuyama repite iracundo que estamos ante el fin de la historia del mundo / mi amigo Benedetti abre el tomo segundo”. En esas líneas, el trovador da con una clave: al uruguayo se le siente cercano, como un compañero, como un amigo, como uno más que, codo a codo, grita y marcha con la firme convicción de transformar para bien al planeta. Así lo saben Los Chikos del Maíz, el dúo rapero conformado por Toni Mejías y Ricardo Romero Laullón que ha sabido llevar, con letras agudísimas de tan inteligentes, la militancia política a la escena artística española. En el álbum La estanquera de Saigón, del año 2014, hay un tema llamado, nada menos, “Defensa de la alegría”. El título es homónimo de uno de los textos del poeta de Tacuarembó. Con sus tonos y sus ritmos, el tema se sabe una muestra de respeto y de diálogo, es reivindicación y reinvención rapera de aquellos versos que no saben extinguirse. La canción culmina con la voz del propio Benedetti leyendo un extracto del poema “Por qué cantamos”. Donde esté, si es que está, si está llegando, el uruguayo disfruta y milita con el flow de los aguerridos raperos.



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Mientras iba forjándose como escritor, las profesiones de quien se disputa frente a Eduardo Galeano el título de mayor hincha del Nacional –el club de futbol de sus más fervorosos quereres– fueron taquígrafo, vendedor de libros y terrenos, cajero de banco, oficinista de diversos giros y bibliotecario. El hijo de Brenno Benedetti y Matilde Farrugia estudió solamente hasta la secundaria debido a una sostenida crisis económica familiar. Su padre, “que fue químico y buena gente”, tuvo un exceso de honestidad que los condujo a la quiebra. Su madre hizo pases de magia con los que hizo sobrevivir a los Benedetti Farrugia. Del viejo Brenno, Mario se quedó con la enseñanza de la honestidad por sobre todas las cosas. El mundo literario lo empezó a identificar como narrador fuera del Uruguay gracias a la publicación de La tregua en 1960, aunque ya en 1953 había escrito Quién de nosotros. Poemas de la oficina de 1956 que, a decir de Jorge Ruffinelli, logró que los uruguayos abrieran los ojos “al país gris y triste que éramos”, fue el primer libro de versos de gran impacto que Benedetti escribió, pero no fue el primero. Antes publicó unos poemas calificados por él mismo como “horrorosos” bajo el nombre de La víspera indeleble. El libro, malo como él solo, “verdaderamente malo”, no tenía “ningún mérito”, tanto así que jamás lo incluyó entre sus Inventarios. Y no mejor opinión tuvo de una obra de teatro titulada Ustedes por ejemplo, “mala, muy mala”. Quien ve en la honestidad un bien artístico y un componente de dignidad humana es capaz de valorar sus obras del modo en el que Benedetti lo hizo con las suyas, sin tapujos. Mejor la verdad antes que vender humo.

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Obligado a dejar la patria por culpa de la dictadura uruguaya que a partir de 1973 cometía horror tras horror, el autor de Primavera con una esquina rota conoció la vida del exilio en Buenos Aires, Perú, México, Cuba y finalmente España. Época dura para ser militante, la década de 1970 dejó un camino de muerte, cárcel y persecución en Nuestra América. Por entonces, Julio Cortázar le escribía a Roberto Fernández Retamar que “Mario es uno de los hombres más valiosos de nuestro continente y por tanto siempre en peligro”. El argentino sabía bien lo que su colega uruguayo representaba.

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El radical antiimperialismo de Mario Benedetti nació en el propio imperio, en 1959. “Lo que a mí me convirtió en antiimperialista fue mi visita a los Estados Unidos”. El trato racista hacia los latinos y los negros, lo superfluo de un estilo de vida basado en la expoliación de otras tierras y el cinismo de la clase política resultaron suficientes para poner tierra e ideas de por medio. Por ello, como cuestión ética, rechazó la codiciada beca Guggenheim. Sus andares y sus letras siguieron la ruta marcada por la Cuba que nació tras la victoria del Ejército Rebelde en 1959. Desde los primeros años de la Revolución hasta el 17 de mayo de 2009, cuando decidió irse de este mundo, Benedetti defendió no con obediencia ciega sino con crítico cariño la monumental obra del socialismo cubano. Su vínculo con la Isla rebasó sus estancias en ella y su labor de creación y dirección del Centro de Investigaciones Literarias de Casa de las Américas. Hubo un lazo aún más profundo: el de la firme convicción de que la transformación de la humanidad es posible a pesar de los tropiezos, los retrocesos y los reveses. En 1971, uno de los años más complicados si de cultura y literatura se habla en Cuba, escribió un texto titulado “Las prioridades del escritor”, originalmente publicado en Cuadernos de Marcha. Polemizando con algunas personalidades del mundo intelectual y literario que, debido al encarcelamiento de Heberto Padilla y su conocida autoconfesión, emprendieron una campaña contra Cuba acusándola de reproducir las viejas prácticas del estalinismo, Benedetti planteó que él era de los que asumía la Revolución y sus transformaciones con “su haz y con su envés, con su luz y con su sombra, con sus victorias y sus derrotas, con su limitación y con su amplitud”. Y señaló que no dejaba de parecerle paradójico que quienes amargamente criticaban a Cuba se mostraran “tan entusiasmados con la Revolución de Mayo, la de París, que fue una revolución frustrada, y tan agraviados con la Revolución Cubana, que es una revolución triunfante”.

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En 1999, en una entrevista con Luis Mariñas Lage, ese poeta con “cara de buena persona”, como caracterizó Joaquín Soler Serrano al uruguayo, dijo que “A Fidel Castro le pediría que se aboliera la pena de muerte en Cuba, así solamente Estados Unidos sería el único país que la tendría”. Cuando ya muchos habían guardado banderas y habían cambiado la camiseta del socialismo por la del posmodernismo, Benedetti seguía pensando que el socialismo era la única posibilidad de un futuro menos injusto y más igualitario para la humanidad. A J.J Armas Marcelo le señaló lo siguiente “Es preferible haber defendido una causa justa y haber sido derrotado en ello que haberse inclinado ominosamente ante el imperio. Eso sí que yo jamás lo haría”. Y dijo también algo que hoy resulta absolutamente válido “Nosotros tuvimos que elegir entre la Revolución Cubana con todos sus defectos o a Estados Unidos con todas sus virtudes”.

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Sobre la obra de Benedetti, Hortensia Campanella ha dicho que sus ensayos de crítica literaria son los menos reconocidos, a pesar de su agudeza y su calidad. En honor a la verdad, en los círculos literarios y las academias dominadas por las escuelas de moda en las que se escribe mucho pero se dice más bien poco, su obra es, cuando no apenas reconocida, bastante menospreciada. La razón no se finca en lo estético y lo artístico, sino en la absoluta honestidad del autor. Honestidad literaria y honestidad política. Sin conceder lugar a la mediocridad o lo panfletario, desde sus textos, con sus textos, le dio cabida a la realidad social y política. Lo hizo sabiendo que también así se hace la historia, que también así se hace literatura, buena literatura.

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Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia tenía una característica física particular: su oreja izquierda era prominente, mucho más grande que su oreja derecha. Muy probablemente por ello sabía escuchar lo que nadie más pudo, quizá por ello sabía escribir como nadie más lo hizo. En medio de tanta mentira actual, con osada honestidad, sus versos, sus novelas, sus ensayos continúan viviendo y ayudando a vivir “a prueba de derrotas y de olvido”.

José Arreola. Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Sus líneas de análisis están basadas principalmente en la literatura cubana y el debate del campo intelectual de Latinoamérica Ha obtenido premios en narrativa y ensayo convocados por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Fuente:

www.sinpermiso.info, 12 de septiembre 2020
Temática:

Revista Sin Permiso. Paul Street es Colaborador de Counterpunch, prepara actualmente un nuevo libro con el título The Passive Resistance: Obama, Trump, and Politics of Appeasement.

Los recientes acontecimientos en Kenosha, Wisconsin, han procurado pocas sorpresas dado:

+ La profundización de la crisis de la vida de la población negra con el COVID-19.
+ El persistente problema de una policía asesina y racista.
+ La posesión de teléfonos inteligentes con capacidad de video por parte de decenas de millones de estadounidenses.
+ La continuidad del movimiento de protesta para proteger las vidas de la población negra.
+ La creciente posesión de armas de estilo militar por gran parte de la población.
+ La presencia de milicias blancas de extrema derecha fuertemente armadas en todo el país.
+ El control tóxico del nacionalismo blanco eliminacionista de uno de los dos grandes partidos políticos en EEUU.
+ La existencia de un imperio mediático de derecha muy nocivo.
+ La prioridad desde hace mucho tiempo (posiblemente desde la fundación del país) de la propiedad por encima de los derechos humanos en la historia de Estados Unidos.
+ La presencia continua de nacionalistas blancos cristianos instintivamente fascistas (por ejemplo, Stephen Miller y William Barr) en la Casa Blanca,



Por supuesto, hubo disturbios locales en la empobrecida comunidad negra de la ciudad. Las protestas por el asesinato policial de George Floyd no han acabado con la opresión racial y la desigualdad en Estados Unidos. El racismo institucional sistémico y el salvaje apartheid racial siguen en plena vigencia, y la miseria que producen se ve agravada por el COVID-19.

Por supuesto, un joven negro involucrado en las protestas fue brutalmente agredido por un oficial de policía blanco que le disparó siete balas en la espalda. Las fuerzas policiales fuertemente armadas de la nación no han sido purgadas de la gran cantidad de racistas y autoritarios blancos propensos a la violencia que infectan sus filas. Los policías racistas son incitados regularmente a "reprimir" violentamente a los negros por el presidente de los Estados Unidos a través de FOX News, programas de radio de derecha, grupos racistas en los medios sociales y los jefes de los sindicatos de la policía local.

Por supuesto, el tiroteo de Jacob Blake y el asesinato de un manifestante fueron captados en un video gracias a un teléfono celular y publicado en las redes sociales. Maldita sea, casi todos los estadounidenses mayores de 10 años tienen actualmente un teléfono inteligente que puede grabar y cargar videos.

Por supuesto, Kenosha estalló a raíz del intento de asesinato policial de Jacob Blake. Los activistas y los ciudadanos no han salido a las calles en Kenosha y en otros lugares en cantidades sin precedentes este verano - al menos 27 millones en los Estados Unidos hasta finales de julio - para volver a sufrir como si no hubiera pasado nada la carnicería estatal de una policía racista como la grabada en video. Las protestas por el asesinato de George Floyd no tuvieron lugar para que el fascismo del estado policial neo-Jim Crow pudiera continuar como si nada.

Por supuesto, Kyle Rittenhouse, el demente adolescente blanco miembro de una milicia de derecha al que la policía local había agradecido sus servicios, mató a tiros a dos manifestantes en las calles de Kenosha con un AR-15 y luego pasó junto a la policía del condado de Kenosha con su arma alrededor del hombro. La nación está saturada de mortíferas armas de asalto alentada por la neofascista Asociación Nacional del Rifle.Psicóticos y sociópatas regularmente obtienen acceso a armas de destrucción masiva como los AR-15 en el “manicomio armado” que es la América contemporánea. Los gobiernos federal, estatal y local han tolerado durante mucho tiempo la existencia de grupos terroristas como las milicias nacionalistas blancas de extrema derecha, algunos de los cuales funcionan como aliados públicos y auxiliares de sus amigos racistas en la aplicación de la ley local, estatal y federal.

Por supuesto, Rittenhouse y sus camaradas de la milicia de la "Guardia de Kenosha" justificaron su presencia letal en las calles de Kenosha con el argumento de que intentaban proteger la propiedad privada. La propiedad privada se ha considerado durante mucho tiempo como sacrosanta y se ha identificada como la verdadera base de la "libertad" en los archicapitalistas EEUU.



Estimados líderes de Kyle: "Los comunistas están tomando el control"

Hombres jóvenes y adolescentes enfermos como el tirador callejero de Kenosha Kyle Rittenhouse, un fanático de Trump y devoto de la policía (su cuenta de redes sociales está llena de publicaciones de "Blue Lives Matter”, “la vida de la policía importa”) están siendo llevados hasta un frenesí fascista por un presidente fascista, un Partido nacionalista blanco (el republicano) y medios de comunicación neofascistas que les dicen que la Gran Patria Blanca está bajo el asalto existencial de comunistas totalitarios disfrazados de defensores de los derechos civiles y humanos y aliados con el otro gran partido de EEUU: los demócratas, supuestamente de "izquierda radical".

En su camino hacia la infamia, el asesino psicópata de 17 años Kyle Rittenhouse se convirtió en un gran chico MAGA, un fanático de Trump que viajó desde el noreste de Illinois a Des Moines, Iowa para escuchar a su “Querido Líder” hablar en enero pasado. Una foto de la cadena CSPAN muestra a Rittenhouse de pie en la primera fila del mitin del oligarca Trump, mirando con absorta adoración a la bestia indecente que le dice a la policía que "se quite los guantes" cuando trata con criminales negros y que fantasea con atacar a inmigrantes y manifestantes con "perros furiosos”.



Podemos estar seguros de que el joven Kyle escuchó atentamente la paranoica retórica del Elegido, cuando Trump hacía frente a la rebelión por la muerte de George Floyd este verano. Examinemos algo de lo que probablemente escuchó antes de entrar en acción durante tres noches en Kenosha. Lean este pasaje de la orden ejecutiva del 26 de junio con la que Trump respondió a las protestas por el asesinato policial de George Floyd ordenando el enjuiciamiento y la petición de penas de prisión contra quienes ultrajaran los monumentos públicos en honor de despiadados dueños de esclavos y asesinos de indios como Andrew Jackson y George Washington:

“Durante las últimas 5 semanas, ha habido un asalto sostenido contra la vida y propiedad de civiles, agentes del orden, propiedad del gobierno y monumentos estadounidenses venerados ... Muchos de los alborotadores, incendiarios y extremistas de izquierda que han llevado a cabo y apoyado estos actos se han identificado explícitamente con ideologías - como el marxismo - que piden la destrucción del sistema de gobierno de los Estados Unidos. Los anarquistas y los extremistas de izquierda han tratado de promover una ideología marginal que describe a los Estados Unidos de América como un país fundamentalmente injusto ... "

Léalo de nuevo. Es el presidente de los Estados Unidos tratando de criminalizar la noción de que Estados Unidos es un país "fundamentalmente injusto". [1]

Y ahora lea las siguientes líneas del discurso de la víspera del 4 de julio de Trump, pronunciado en medio de una estética abiertamente fascista en el entorno del altar patrio del Monte Rushmore, mientras que los activistas Lakota Sioux eran reprimidos con gases lacrimógenos en el perímetro. En una mala prosa escrita probablemente por el neofascista Stephen Miller, Trump proclamó que:

“Nuestra nación está siendo testigo de una campaña despiadada para borrar nuestra historia , difamar a nuestros héroes, borrar nuestros valores y adoctrinar a nuestros hijos ... Turbas indignadas están tratando de derribar las estatuas de nuestros Fundadores, ultrajar nuestros monumentos más sagrados y desatar una ola de crímenes violentos en nuestras ciudades… Creen que el pueblo estadounidense es débil, blando y sumiso. Pero no, el pueblo estadounidense es fuerte y orgulloso, y no permitirá que le arrebaten nuestro país y todos sus valores, historia y cultura. "

“… denunciaremos este peligroso movimiento, protegeremos a los niños de nuestra nación, pondremos fin a este asalto radical y preservaremos nuestro amado estilo de vida estadounidense. En nuestras escuelas, nuestras salas de redacción, incluso nuestras salas de juntas corporativas, hay un nuevo fascismo de extrema izquierda que exige lealtad absoluta. Si no se habla su idioma, se ejecutan sus rituales, se recita sus mantras y se siguen sus mandamientos, es es censurado, desterrado, incluido en la lista negra, perseguido y castigado. No nos va a pasar a nosotros ... No se equivoquen: esta revolución cultural de la izquierda está ... decidida a derribar cada estatua, símbolo y memoria de nuestra herencia nacional. La ideología radical que ataca a nuestro país avanza bajo la bandera de la justicia social. Pero, en realidad, demolería tanto la justicia como la sociedad ".

“Héroes estadounidenses derrotaron a los nazis, destruyeron los fascistas, derrocaron a los comunistas, salvaron los valores estadounidenses, defendieron los principios estadounidenses y persiguieron a los terroristas hasta los confines de la tierra. Ahora vamos a derrotar a la izquierda radical, a los marxistas, a los anarquistas, a los agitadores, a los saqueadores y a personas que, en muchos casos, no tienen ni idea de lo que están haciendo”.

¿Han comprendido? Los marxistas fascistas y los anarquistas de izquierda están tomando el relevo. Se han infiltrado en “nuestros” medios de comunicación, “nuestras” escuelas e “incluso en nuestras salas de juntas corporativas” (!). Se están apoderando de las mentes de nuestros hijos y borrando nuestra historia. El espectro de la izquierda radical acecha a Estados Unidos, presagiando un sombrío futuro totalitario. Pero el gran volk americano acabará con este demonio maligno porque los estadounidenses no son débiles. Bajo la dirección del Elegido teñido de mandarina, la silenciosa mayoría de Amerikaner se levantará para proteger la Gran Patria Blanca contra la Amenaza Roja y sus enjambres de trastornados y poliglotos secuaces en los aterradores y siniestros barrios de color, donde los débiles liberales han entregado el poder a animales comunistas que conspiran para saquear la cultura y la sociedad estadounidenses. (Supongo que Miller intentó, pero no logró, que Trump usara la frase "marxismo cultural").

Lea un reciente y enloquecido ataque de Trump a Biden: “Va a hacer cosas que nadie jamás hubiera creído posibles. Porque sigue la agenda de la Izquierda Radical. Quiere quitarles las armas. Destruir la segunda enmienda. Acabar con la religión. Dañar la Biblia, dañar a Dios. Están en contra de Dios. Están en contra de las armas. Está en contra de la energía, de nuestra energía ". (Así es, el republicano corporativista-imperialista estadounidense profundamente conservador Joe Biden es una herramienta tan peligrosa de la conspiración marxista-fascista radical atea que come niños, que tiene la intención de usar la presidencia para dañar a Dios. ¿Nuestra energía?: los combustibles fósiles renovables, el tipo de energía que está amenazando la existencia humana al convertir el planeta en una cámara gigante de gases de efecto invernadero).

Supongo que al joven Kyle le gusto la reacción tuiteada de Trump a las primeras protestas por el asesinato policial de George Floyd: "cuando comienza el saqueo, comienza el tiroteo". Quizás el asesino adolescente también escuchó el estallido desquiciado de neomacartismo racista de boca del secuaz de Trump, el fiscal general William Barr. Evil Buddha Barr recientemente apareció en el programa FOX News del loco delirante Marc Levin para decir que Black Lives Matter (BLM) está compuesto por "bolcheviques" que abogan por "alguna forma de socialismo, de comunismo". Barr calificó las protestas por la justicia social que han surgido desde el linchamiento de George Floyd como "una nueva forma de guerra de guerrillas urbana". Barr afirmó que BLM refleja el giro del Partido Demócrata hacia la "extrema izquierda" en busca de una "victoria política completa". El poder, dijo Barr, se ha convertido en la "religión secular de la izquierda ... Quieren gobernar la vida de las personas para diseñar una utopía para todos nosotros ... y es el ansia de poder". Según Barr, el Partido Demócrata encubre y es cautivo de una gran campaña estalinista para enviar a los estadounidenses a campos de trabajo y de reeducación. Barr le dijo a Levin que una parte considerable de los representantes del Congreso del Partido Demócrata son “verdaderos creyentes… esencialmente revolucionarios en su perspectiva; creen en derribar el sistema ". (El resto de los demócratas del Congreso ”, dijo Barr, son “simplemente unos cobardes”que “solo están interesados en ser reelegidos y temen el desafío de la izquierda. En su caso, es puro arribismo… ”)

Donald "White Power" Trump precedió la inauguración de la Convención Nacional Demócrata hace dos lunes con una salvaje perorata neomacartista de una hora de duración en la que dijo lo siguiente:

+ “Nadie va a querer apoyar a Sleepy Joe (Biden). Terminaríamos en un país socialista muy aburrido que se irá al infierno ... todos perderán sus redes de apoyo, todos perderán su riqueza, todo se habrá ido a pique”.
+ "A diferencia de Sleepy Joe Biden, nuestro enfoque de la pandemia se basa en la ciencia, no en la ideología de izquierda".
+ "Kamala Harris ... copatrocinó la toma socialista del programa de $ 32 billones de atención sanitaria y de nuestro país, porque así nuestro país sería arruinado, destruido ... Quieren dedicar $ 33 billones a atención médica y $ 93 billones para el Green New Deal socialista".
+ Los demócratas son "políticos típicos, pero de izquierda radical".
+ “Si Joe Biden y los demócratas radicales toman el poder, aprobarán una legislación que destripará todos los departamentos de policía en Estados Unidos ... Todos los votantes deberían hacerse una pregunta simple: ¿quieren que las políticas de izquierda radical de Chicago, Minneapolis, San Francisco se impongan a todo el país?”.
+ “Joe Biden es un títere de los extremistas de izquierda, que intenta borrar nuestras fronteras, eliminar a nuestra policía, adoctrinar a nuestros hijos, vilipendiar a nuestros héroes, quitarnos nuestra energía ... Destruir nuestra segunda enmienda, atacar el derecho a la vida y reemplazar la libertad estadounidense con el fascismo de izquierda. A la izquierda. Vamos a la izquierda por ese camino. Fascistas. Son fascistas”.
+ "Biden defiende el programa de extrema izquierda más radical jamás presentada por un partido importante ... el manifiesto de Biden-Bernie (Sanders) defiende el nombramiento de fiscales, jueces y magistrados de extrema izquierda en la Corte Suprema de los Estados Unidos".

Tropos fascistas

Este brutal neo-macchartismo del siglo XXI, completamente absurdo considerando la naturaleza profundamente conservadora e incluso de derecha de la candidatura presidencial de Biden-Harris, ha sido el tema central de agitación en la Convención Nacional Republicana (RNC) de esta semana. Un orador tras otro en la RNC vinculó de manera absurda la candidatura pro-empresarial e imperialista de Biden y el Partido Demócrata con el "socialismo" e incluso el "comunismo", ambos calumniados como enemigos "totalitarios" de la "civilización occidental". Especialmente divertida y (sin embargo) aterradora fue el fanático discurso del extraño imitador Gene Simmons y de la fascista buscador de oro Kimberly Guilfoyle (la aterradora novia de silicona de Donald Trump hijo). “Biden, Harris y el resto de los socialistas”, gritó Guilfoyle, “cambiarán fundamentalmente esta nación ... Como estadounidense de primera generación, sé lo peligrosa que es su agenda socialista ... Las mismas políticas socialistas que destruyeron a Cuba y Venezuela NO deben arraigar en nuestras ciudades y nuestras escuelas". (Hijo de puertorriqueños, Guilfoyle parecía no saber que los puertorriqueños son ciudadanos estadounidenses antes de que él emigrara al continente).

Una y otra vez, los oradores del RNC repitieron los mismo tropos fascistas y autoritarios: la amenaza del marxismo / socialismo; la falsa conspiración de moderados pro-empresarios y centristas (como Biden, Harris y el resto del establishment del Partido Demócrata) con "la izquierda radical"; la “debilidad” de los liberales y moderados ante la supuesta Amenaza Roja; el grave peligro para la “patria” que representan los barrios de color, llenos de políglotas y cosmopolitas; la disposición a usar la fuerza como arma política (el grotesco activista de derecha Charlie Kirk llamó a Trump "el guardaespaldas de la civilización occidental"); la obsesión por la ley y el orden; la asimilación de las protestas con los disturbios y la destrucción (sacrílega) de propiedad; la traición a la gran Nación de las élites liberales y de izquierda que están “adoctrinando a nuestros hijos”, destruyendo “nuestra cultura e historia” y convirtiéndonos a todos en esclavos de un gigantesco estado estalinista.

La noche de apertura de la convención contó con un discurso de Patricia y Mark McCloskey, la adinerada pareja blanca que blandió criminalmente un rifle de asalto y una pistola ametralladora ante los manifestantes de Black Lives Matter desde las escaleras de su mansión en St. Louis, Missouri, el 28 de junio pasado.

Los McCloskeys fueron acusados de "uso ilegal de armas", un delito grave, por el condado de St. Louis el pasado 10 de julio. ¿Y qué? Para el nacionalismo blanco se trata de medidas extralegales. El fascismo no está sometido al estado de derecho.

¿Esas cosas no pueden pasar en EEUU? Por el amor de Dios, está sucediendo ahora mismo y lo ha estado durante algún tiempo. Si Trump obtiene un segundo mandato, tal vez Kyle Rittenhouse pueda salir provisionalmente de prisión el tiempo suficiente para ser un invitado de honor en la ceremonia de presentación del rostro recién esculpido de Donald Trump en el Monte Rushmore. Don Lemon cubriría el evento desde un lugar no revelado al oeste de Canadá.

Mientras tanto, Tucker Carlson todavía conserva su trabajo después de decirle a sus millones de espectadores que las acciones asesinas de Rittenhouse estaban justificadas ya que el adolescente, con razón, "decidió mantener el orden cuando nadie más lo hacía".

¿Le sorprende que Carlson incite a más violencia al decir eso? No debería. Tucker también es un fascista. Hay un montón de ellos sueltos en el matadero armado en que se ha convertido EEUU.

Y "este monstruo" -Tucker Carlson-, es, escribe un amigo, “el presentador de noticias por cable más popular de EEUU".

Nota final

(1) Estados Unidos, por cierto, es fundamentalmente injusto. Incluso antes de que el virus Trump desencadenara una depresión y un rescate empresarial que profundizara la desigualdad en los EEUU, la riqueza combinada de los tres estadounidenses más ricos ya excedía la del 50 por ciento más pobre del país. La décima parte del uno por ciento más rico de EEUU ya tenía un patrimonio neto compartido mayor que el del 90 por ciento más pobre y la media de los hogares negros era de 6 centavos por cada dólar de los hogares blancos. La nación ha estado plagada durante mucho tiempo de desigualdades masivas e interrelacionadas de clase, raza, etnia, género y poder que suponen una burla abyecta de su afirmación de representar la democracia y la igualdad ante la ley. Una investigación empírica exhaustiva muestra que la opinión pública de la mayoría progresista es casi irrelevante en la elaboración de la política "pública", que refleja consistentemente las preferencias de la minoría rica y de sus gigantescas corporaciones e instituciones financieras. Puede aprender todo esto de investigadores y periodistas habituales que nunca se identifican con “ideologías como el marxismo” o reconocen que la importante disparidad socioeconómica y el dominio de clase de los más ricos son inherentes al sistema de beneficios capitalista.

Fuente:

https://www.counterpunch.org/2020/08/28/kenosha-unsurprising/

Traducción:Enrique García

Revista Sin Permiso

Gar Alperovitz ,autor de “The Decision to Use the Atomic Bomb,” es director del centro de estudios e investigación The Democracy Collaborative, de la Universidad de Maryland, y fue miembro del King’s College en Cambridge, Reino Unido.
Martin J. Sherwin, es profesor de Historia en la Universidad George Mason y autor de “Gambling With Armageddon: Nuclear Roulette From Hiroshima to the Cuban Missile Crisis”, de próxima publicación. Los historiadores Kai Bird y Peter Kuznick han colaborado en la elaboración de este artículo.

En un tiempo en el que los norteamericanos vuelven a evaluar tantos aspectos dolorosos del pasado de nuestro país, es el momento oportuno de tener un diálogo nacional honesto acerca de nuestro uso de las armas nucleares sobre ciudades japonesas en agosto de 1945. La fatídica decisión de inaugurar la era nuclear cambió de modo fundamental el curso de la historia moderna y sigue amenazando nuestra supervivencia. Tal como nos avisa el Reloj del Juicio Final [Doomsday Clock, un reloj que se acerca o aleja de las doce según la estimación del peligro de catástrofe nuclear y, ahora, climática] de la revista The Bulletin of the Atomic Scientists, el mundo se encuentra más cerca de la aniquilación nuclear que en ningún otro momento desde 1947.

La creencia admitida en los Estados Unidos durante los últimos 75 años ha sido que lanzar la bomba sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945, y sobre Nagasaki tres días más tarde, fue la única manera de acabar la II Guerra Mundial sin una invasión que habría costado cientos de miles de vidas norteamericanas, y quizás millones de japonesas. No sólo terminaron la guerra, sino que, según está lógica, la concluyeron de la manera más humana posible.

Sin embargo, las abrumadoras pruebas históricas de los archivos norteamericanos y japoneses indican que Japón se habría rendido en ese mes de agosto, aun cuando no se hubiera recurrido a las bombas, y los documentos demuestran que el presidente Truman y sus asesores más cercanos lo sabían.



La exigencia aliada de rendición incondicional llevó a los japoneses a temer que el emperador, al que muchos consideraban una divinidad, fuera juzgado como criminal de guerra y ejecutado. Un estudio del Mando del Sudoeste del Pacífico del general Douglas MacArthur comparaba la ejecución del emperador con la “crucifixión de Cristo para nosotros”.

“La Rendición Incondicional constituye el único obstáculo para la paz”, cablegrafió el ministro de Exteriores [japonés] Shigenori Togo al embajador Naotake Sato, que se encontraba en Moscú el 12 de julio de 1945, tratando de comprometer a la Unión Soviética para que mediase en unas condiciones de rendición admisibles en nombre del Japón. Pero la entrada de la Unión Soviética en la guerra el 8 de agosto lo cambió todo para los líderes de Japón, que reconocieron en privado la necesidad de rendirse sin demora.

La inteligencia aliada llevaba informando desde hace meses que la entrada soviética en la guerra forzaría a los japoneses a capitular. En fecha tan temprana como el 11 de abril de 1945, el Servicio de Inteligencia Conjunto de la Junta de Jefes de Estado Mayor había predicho: “Si en cualquier momento entrara la URSS en la guerra, todos los japoneses se darían cuenta de que la derrota absoluta es inevitable”.

Truman sabía que los japoneses estaban buscando una forma de acabar la guerra; se había referido al cable interceptado a Togo del 12 de julio como el “telegrama del emperador japo en el que pide la paz”.

Truman sabía también que la invasión soviética sacaría a Japón de la guerra. En la cumbre de Potsdam, en Alemania, el 17 de julio, tras las seguridades de Stalin de que los soviéticos se ajustarían al plan previsto, Truman escribió en su diario: “Estará en guerra con Japón para el 15 de agosto. Los japos estarán acabados en cuanto esto se produzca”. Al día siguiente le aseguró a su esposa: “¡Ahora acabaremos la guerra un año antes, y piensa en los chicos que no tendrán que morir!”.



Los soviéticos invadieron la Manchuria ocupada por Japón en la medianoche del 8 de agosto y destrozaron rápidamente al Ejército de Guandong [cuerpo del Ejército Imperial de Japón responsable del gobierno militar de Manchuria]. Tal como se había predicho, el ataque traumatizó a los dirigentes del Japón. No podían librar una guerra en dos frentes, y la amenaza de una ocupación comunista del territorio japonés representaba su peor pesadilla.

El primer ministro Kantaro Suzuki explicó el 13 de agosto que Japón hubo de rendirse rápidamente debido a que “la Unión Soviética no sólo ocupará Manchuria, Corea, Karafuto, sino también Hokkaido. Con ello se destruiría la base del Japón. Debemos concluir la guerra cuando podamos tratar con los EE.UU.”.

Si bien puede ser que la mayoría de los norteamericanos no esté familiarizada con esta historia, el Museo Nacional de la Marina norteamericana de Washington, D.C., lo deja de manifiesto sin ambages en una placa en su exposición correspondiente a la bomba atómica: “La ingente destrucción causada por las bombas de Hiroshima y Nagasaki, y la pérdida 135.000 vidas, causó poco impacto en los militars japoneses. Sin embargo, la invasión soviética de Manchuria… les hizo cambiar de opinión”. Pero en la Red, la redacción se ha modificado para mostrar las bombas atómicas bajo una luz más positiva, mostrando una vez más de que modo los mitos pueden arrollar a las evidencias históricas.



Siete de los ocho oficiales de cinco estrellas del Ejército y la Armada de los EE.UU. en 1945 se mostraron de acuerdo con la corrosiva valoración de la Marina. Los generales Dwight Eisenhower, Douglas MacArthur y Henry “Hap” Arnold, y los almirantes William Leahy, Chester Nimitz, Ernest King y William Halsey dejaron registrado que las bombas atómicas eran o bien militarmente innecesarias, o bien moralmente represensibles, o ambas cosas a la vez.

Nadie se mostró más vehemente en su condena que Leahy, Jefe de Estado Mayor de Truman. Escribió en sus recuerdos que “el uso de esta arma bárbara en Hiroshima y Nagasaki no fue de ayuda material en nuestra guerra contra Japón. Los japoneses ya habían sido derrotados y estaban dispuestos rendirse…. Al ser los primeros en usarla adoptamos un rasero ético común a los bárbaros de la Edad Obscura”.

MacArthur pensaba que el uso de bombas atómicas resultaba inexcusable. Le escribió posteriormente al expresidente Hoover que si Truman hubiera seguido el consejo de Hoover, “sabio y propio de un estadista”, de modificar sus condiciones de rendición y comunicar a los japoneses que podían mantener al emperador, “los japoneses lo habrían aceptado y no tengo duda de que gustosamente”.

Antes del lanzamiento de las bombas, Eisenhower había insistido en Potsdam que “los japoneses estaban dispuestos a rendirse y no era necesario golpearles con esa cosa horrenda”.

La evidencia muestra que estaba en lo cierto, y el Reloj del Juicio Final que va avanzando es un recordatorio de que la violenta inauguración de la era nuclear tiene todavía que consignarse al pasado.

Fuente: Los Angeles Times, 5 de agosto de 2020

Traducción:Lucas Antón