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Mundo Nuestro tiene un objetivo prioritario: realizar un periodismo de investigación que contribuya en la construcción de una estrategia nacional de conservación, desarrollo y custodia de la biodiversidad y la agrobiodiversidad, lo que se llama el patrimonio biocultural de México.

Guatemala

El miércoles 13 de enero de 1971, en el Restaurante Alicante de la zona 9 de la capital guatemalteca, fue secuestrado y desaparecido Juan Luis Molina Loza. Lo acompañaba Rolando López Herrera (Constantino Ayala), comandante del insurgente Movimiento Revolucionario 13 de noviembre, también desaparecido. Fue mes aciago aquel enero de 1971, porque ya se sentían los rigores de la represión ejercida en seis meses de mandato presidencial del general Carlos Arana Osorio. Ese mismo día al final de la tarde, imprescindible recordarlo también, fue asesinado Adolfo Mijangos López un talentoso dirigente socialdemócrata. Su muerte fue antecedida por la ejecución de Julio Camey Herrera y el atentado del cual salió herido Alfonso Bauer Paíz, el 26 y 30 de noviembre de 1970. Junto a Rafael Piedrasanta Arandi, todos ellos habían integrado una comisión de estudio que denunciaba la entrega del níquel a la Exmibal, subsidiaria de una empresa canadiense.

Aquel enero de 1971, la dictadura de Arana Osorio realizó un cerco militar a la ciudad de Guatemala y cateó todas las viviendas de la ciudad desde la periferia hacia el centro. Logró asesinar a Marco Antonio Leoni, Rodolfo Gracias y a Julio Ovando Urquizú, militantes del Partido Guatemalteco del Trabajo. Realizó redadas que llevaron a la cárcel a varios militantes, hecho insólito porque la desaparición forzada era ya práctica común. La desaparición y asesinato de insurgentes y luchadores legales y pacíficos, muestra la catadura de la dictadura guatemalteca, artífice del terror anticomunista. La madre de Juan Luis, Doña Juanita Loza, después de protesta solitaria enfrente del Palacio Nacional, fue llevada al Neuropsiquiátrico y acusada de “loca”.

A lo largo de medio siglo me he preguntado cómo un muchacho que tenía 24 años en el momento de su desaparición, pudo dejar en su corta vida una huella tan indeleble como la dejó Juan Luis. Fui su alumno de filosofía en el Instituto Modelo en 1969 y por él supe de Sócrates, Platón y Aristóteles. También de Kant, Berkeley, Marx y aun de Sartre. Aprendí lo que eran las falacias y los silogismos. Me distinguió en mi graduación de bachiller con un regalo por haber sido su mejor alumno de filosofía: La rebelión de las masas de Ortega y Gasset. Era Juan Luis un personaje peculiar, medía casi dos metros, además de psicólogo y filósofo, fue actor de teatro, durante un tiempo llevó colgada al cuello una campana “de la libertad” y en el desfile bufo estudiantil de la “Huelga de Dolores” de 1969, marchó disfrazado de Che Guevara cargando una cruz que simbolizaba América Latina.



Le debemos a la dictadura guatemalteca evocar lo que fue y dolorosamente lo que hubiera sido. Porque su temprana desaparición truncó la carrera de un brillante filósofo, apenas atisbado en unos cuantos artículos en periódicos y revistas. Dos años y medio después, su viuda Thelma Grazioso Faillace también fue asesinada. A lo largo de medio siglo he tratado de ser congruente con la exhortativa a la lucha por los desvalidos que escribió en el libro que me regaló. Hoy, junto a Adolfo Mijangos López, lo rememoro como una de las grandes pérdidas que el oscurantismo le ocasionó a Guatemala.

Revista Sin Permiso

Alfons Bech es sindicalista de Comisiones Obreras en España

Reino de España: "Empezar a fusilar a 26 millones de hijos de puta"

Esta frase no es una provocación ni una noticia falsa. Es lo que ha dicho un militar retirado en un chat y descubierto y publicado por un periódico este 1 de diciembre. La frase se refiere seguramente a los 26 millones que votan o apoyan a los partidos del gobierno e independentistas catalanes y vascos (y que han aprobado los presupuestos de este año).

Días atrás, 73 militares de ejército de tierra retirados publicaban un manifiesto dirigido al rey Felipe VI en el que cargaban contra el gobierno “social-comunista, apoyado por filoetarras e independentistas”. Alertaban de la “descomposición de la Unidad nacional”, de que la “cohesión nacional” sufre un grave deterioro “tanto en su vertiente política como económica y social”.

En el chat de los militares retirados, publicado por el periódico digital InfoLibre, dicen cosas como:



–"Yo prefiero la República porque tendremos más oportunidades de repetir las maniobras del 36".

– Las “maniobras del 36” “proporcionaron unos cuantos años de progreso aunque algunos lo pasaron mal. España está llena de gente ingobernable y la única forma posible es culturizar a la gente cosa que es imposible con la izquierda. Es triste pero es la realidad española”

– “Tal como está la situación la única forma de atajarla es extirpado el cáncer!!!!!"

– “No [fueron las únicas sublevaciones] pero solo las de Primo de Rivera y la del Irrepetible [en referencia a Franco] trajeron paz y prosperidad a España”.

– "La sociedad española está dividida y los buenos son más cobardes que los malos en la actualidad. Solo queda (desgraciadamente) repetir la historia".



La descomposición del régimen del 78 se muestra cada vez más evidente. Las bravatas de esos militares muestran las ganas de repetir otro “alzamiento nacional” y llevar a cabo otro genocidio, si conviene. Hay más manifiestos recientes de exmilitares. Todos ellos se dirigen al rey Felipe VI pidiéndole que intervenga. Los militares han sido siempre parte del “núcleo duro” del poder, junto con la banca, la Iglesia y poderes económicos. Las promociones que ahora se expresan abiertamente como fascistas que son, fueron las de los años sesenta, en la época de Franco. Jamás fueron depurados.

La ultraderecha de Vox ha reivindicado a esos militares como “de los nuestros”. ¿Entienden ahora más porqué la policía y guardia civil que actuó el 1 de octubre en Catalunya salía de sus cuarteles al grito de “a por ellos”? Los dos millones cuatrocientos mil votantes del referéndum del 1 de octubre son “ellos”. Pero también estaba claro que quienes promovieron esa violencia contra pacíficos ciudadanos y ciudadanas, sobre todo contra mujeres, no se detendrían ahí. Las libertades son indivisibles: empezaron por los catalanes, pero el objetivo eran todos los (“hijos de puta”) favorables a la democracia. Catalunya sólo tiene 7 millones y medio.

El gobierno ha tomado distancias, tras la denuncia ante comisaria de la Ministra de Defensa, mandando a la fiscalía que investigue esos chats. El jefe del Estado Mayor de la Defensa, general del Aire, considera las “opiniones de ciudadanos particulares” que “daña la imagen de las fuerzas armadas” y “confunden a la opinión pública”. Pero las preguntas que surgen son ¿cómo es posible que esa clase de militares hayan estado dentro de un Estado considerado como democrático? ¿por qué no fueron depurados en su día? ¿por qué no hubo un Nuremberg en España, si precisamente fue el régimen fascista que más duró de Europa? Y, sobre todo, ¿se les juzgará en esta ocasión? ¿se considerará delito de odio opinar que “hay que repetir la historia (del alzamiento fascista)” y “empezar a fusilar a 26 millones de hijos de puta”? Será interesante ver qué pasará.



Mientras todo esto ocurre en las noticias y las redes, hay otro hecho importante, además de la aprobación de los presupuestos. Se trata de la decisión del Tribunal Supremo, que juzgó la causa del procés: ha acordado revocar el tercer grado penitenciario concedido por el departament de Justícia de la Generalitat a los nueve independentistas condenados a penas de prisión. Hasta ahora podían salir de la cárcel para realizar trabajos y volver, como ocurre con el resto de presos no políticos. A partir de ahora ya no. Los presos han contestado rápidamente diciendo que es una “venganza” y que “era previsible”.

Asimismo, el Tribunal de Justicia de la UE recuerda que “el 19 de diciembre de 2019 dictaminó que una persona elegida para el Parlamento Europeo adquiere la condición de eurodiputado en el momento de la declaración oficial de los resultados y goza, a partir de ese momento, de las inmunidades adscritas a dicha condición”. Es decir, que el Estado español mantiene ilegalmente presos a los eurodiputados Oriol Junqueras y Raúl Romeva desde el 19 de diciembre de 2019.

Militares y jueces. Dos de los orígenes del cáncer terminal del régimen del 78. Otro día hablaremos de la monarquía…

Revista Sin Permiso

Vijay Prashad, periodista, historiador y activista indio, es director ejecutivo del Instituto Tricontinental de Investigaciones Sociales y responsable editorial de LeftWord Books. Autor de una treintena de libros, el más reciente de los cuales es No Free Left: The Futures of Indian Communism (Nueva Delhi, LeftWord Books, 2015).

"Somos hierba. Crecemos en todo": Huelga General en la India

El campesinado y los trabajadores agrícolas del norte de India marcharon por diversas carreteras hacia la capital del país, Nueva Delhi, como parte de la huelga general del 26 de noviembre. Llevaban carteles con consignas contra las leyes anticampesinas y proempresas que fueron aprobadas por el Lok Sabha (cámara baja del parlamento) en septiembre, y que luego fueron aprobadas en el Rajya Sabha (cámara alta) con solo una votación oral. Los campesinos y trabajadores agrícolas en huelga llevaban banderas que indicaban su afiliación a diversas organizaciones, desde el movimiento comunista hasta un frente amplio de organizaciones campesinas. Marcharon contra la privatización de la agricultura, ya que consideran que debilita la soberanía alimentaria de India y erosiona su capacidad para seguir siendo agricultores.

Aproximadamente dos tercios de la fuerza de trabajo de India obtiene sus ingresos de la agricultura, que contribuye con cerca del 18% del producto interno bruto (PIB) del país. Las tres leyes anticampesinas aprobadas en septiembre socavan los programas de compra del gobierno al precio mínimo de sustentación, ponen al 85% de los campesinos que poseen menos de 2 hectáreas de tierra a merced de las negociaciones con los mayoristas monopólicos, y conducirán a la destrucción de un sistema que hasta ahora ha mantenido la producción agrícola a pesar de los precios erráticos de los alimentos. Ciento cincuenta organizaciones campesinas se reunieron para la marcha hacia Nueva Delhi. Aseguraron que permanecerán en la ciudad indefinidamente.

Alrededor de 250 millones de personas de toda India se unieron a la huelga general el 26 de noviembre, convirtiéndola en la huelga más grande de la historia mundial. Si quienes participaron formaran un país, sería el quinto país más grande del mundo después de China, India, Estados Unidos e Indonesia. Los cinturones industriales alrededor del país—desde Telangana a Uttar Pradesh— se paralizaron, ya que los trabajadores portuarios desde el Puerto Jawaharlal Nehru (Maharashtra) hasta el Puerto Paradip (Odisha) dejaron de trabajar. Los trabajadores del carbón, el mineral de hierro y el acero bajaron sus herramientas, mientras los trenes y buses permanecieron inmóviles. Los trabajadores informales se unieron, así como también los trabajadores de la salud y de la banca. La huelga es para oponerse a las leyes laborales que extienden la jornada laboral a doce horas y suprimen las protecciones laborales para el 70% de la fuerza laboral. Tapan Sen, el secretario general de la Central de Sindicatos de la India (CITU), dijo: “La huelga de hoy es solo el comienzo. Seguirán luchas mucho más intensas”.



La pandemia ha profundizado la crisis de la clase trabajadora y el campesinado en India, incluyendo a los campesinos más ricos. A pesar de los peligros de la pandemia, desde una profunda desesperación, trabajadores y campesinos se reunieron en espacios públicos para decirle al gobierno que perdieron la confianza en él. El actor de cine Deep Sindhu se unió a las protestas y le dijo a un policía “Ye inquilab hai. Esto es una revolución. Si le quitan la tierra a los campesinos, ¿qué les queda? Solo deudas”.

Nehal Ahmed (India), Cold Nights, High Spirits. Farmers from Punjab who have joined the movement against the farm laws passed by the Modi government. Delhi-Haryana border at Singhu, India, November 2020.

Nehal Ahmed (India), Cold Nights, High Spirits [Noches frías, buen espíritu]. Campesinos de Punjab que se unieron al movimiento contra las leyes agrícolas del gobierno de Modi. Frontera Dellhi-Haryana en Singhu, India, noviembre de 2020.

A lo largo de los límites de Nueva Delhi el gobierno posicionó a las fuerzas policiales, instaladas en carreteras y preparadas para grandes enfrentamientos. A medida que las largas columnas de campesinos y trabajadores agrícolas se acercaban a los piquetes policiales y apelaban a sus hermanos que habían dejado sus ropas campesinas para ponerse uniformes policiales, las autoridades utilizaron gases lacrimógenos y carros lanza agua contra los manifestantes.

Dharampal Seel, a senior Kisan Sabha leader from Punjab, uses his Red Flag to push a tear gas canister, 27 November 2020.

Dharampal Seel, líder de Punjab en el Kisan Sabha, usa su bandera roja para empujar una bomba lacrimógena, 27 de noviembre de 2020.

El día de la huelga general de campesinos y trabajadores, el 26 de noviembre, es también el Día de la Constitución en India, que marca un gran hito de soberanía política. El Artículo 19 de la Constitución de India (1950) claramente da a la ciudadanía india el derecho a “la libertad de discurso y expresión” (1.a), el derecho a “reunirse pacíficamente y sin armas” (1.b), el derecho a “formar asociaciones y sindicatos” (1.c), y el derecho “a moverse libremente por el territorio de India” (1.d). En caso de que estos artículos constitucionales se hayan olvidado, la Corte Suprema de India recordó a la policía en un caso judicial de 2012 (Ramlila Maidan Incident vs. Home Secretary) que “la ciudadanía tiene el derecho fundamental a reunirse y a protestar pacíficamente, que no puede ser arrebatado por una acción ejecutiva o legislativa arbitraria”. Los piquetes policiales, el uso de gases lacrimógenos y de carros lanza agua —que contienen una mezcla inventada por Israel de levadura y polvo de hornear que induce reflejos de ahogo y vómito— violan la Constitución, algo que los campesinos gritaron a las fuerzas policiales en cada uno de los enfrentamientos. A pesar del frío en el norte de India, la policía empapó a todos con agua y gases lacrimógenos.



Pero eso no les detuvo. La juventud valiente saltó sobre los carros lanza agua para cortar el suministro, mientras los agricultores manejaron sus tractores para desmantelar las barricadas policiales, y la clase trabajadora y el campesinado se defendieron frente a la guerra de clases impuesta por el gobierno. La carta de doce demandas que levantaron los sindicatos es sincera y logró capturar el sentimiento popular. Los puntos incluyen la anulación de las leyes anticampesinas y antipopulares impulsadas por el gobierno en Septiembre, la anulación de la privatización de grandes empresas estatales, y la ayuda inmediata para la población, que está sufriendo grandes dificultades económicos producidas por la recesión del coronavirus y años de políticas neoliberales. Son demandas simples, humanas y honestas; solo los corazones más duros se alejan de ellas, respondiendo en cambio con carros lanza agua y bombas lacrimógenas.

Estas demandas por apoyo inmediato, por protección social para los trabajadores, y por subsidios agrícolas resuena en la clase trabajadora y el campesinado de todo el mundo. Son demandas como esas las que provocaron las recientes protestas en Guatemala y que condujeron a la huelga general del 26 de noviembre en Grecia.

Estamos entrando en un periodo de la pandemia en el que puede haber más agitación social, ya que los pueblos en los países con gobiernos burgueses están cada vez más hartos del comportamiento aberrante de sus elites. Informe tras informe nos muestra que las divisiones sociales se están haciendo más extremas, una tendencia que comenzó mucho antes de la pandemia pero que se ha ampliado y profundizado como consecuencia de esta. Es natural que campesinos y trabajadores agrícolas estén movilizados. Un nuevo informe de la Iniciativa sobre la Desigualdad de la Tierra [Land Inequality Initiative] muestra que solo el 1% de las granjas mundiales opera más del 70% de las tierras agrícolas del mundo, lo que significa que las grandes granjas empresariales dominan el sistema alimentario y ponen en peligro la sobrevivencia de 2.500 millones de personas que dependen de la agricultura para subsistir. La desigualdad de la tierra, si se considera la carencia de tierra y su valor, es más alta en América Latina, Asia del Sur y partes de África (con notables excepciones como China y Vietnam, que tienen “los niveles más bajos de desigualdad).



Cuando joven, Avtar Singh Sandhu (1950-1988), leyó Madre (1906) de Maximo Gorki a comienzos de los años 70 en Punjab, desde donde muchos campesinos y trabajadores agrícolas han viajado a las barricadas en Nueva Delhi, se conmovió profundamente con la relación entre Nilovna, una mujer trabajadora, y su hijo Pavel o Pasha. Pasha se une al movimiento socialista, lleva libros revolucionarios a casa y, poco a poco, tanto madre como hijo se radicalizan. Cuando Nilovna le pregunta sobre la idea de solidaridad, Pasha dice “¡El mundo es nuestro! ¡El mundo es de los trabajadores! Para nosotros, no hay naciones ni razas. Para nosotros, solo hay camaradas y enemigos”. La idea de solidaridad y socialismo, dice Pasha, “nos calienta como el sol; es el segundo sol en el cielo de la justicia, y este cielo reside en el corazón de los trabajadores”. Juntos, Nilovna y Pasha se hacen revolucionarixs. Bertold Brecht retomó esta historia en su obra Madre (1932).

Avtar Singh Sandhu, inspirado por la novela y la obra, tomó el nombre “Pash” como su takhallus, su seudónimo. Pash se convirtió en uno de los principales poetas revolucionarios de su tiempo. En 1988 fue asesinado por terroristas. “Soy la hierba” es uno de los poemas que dejó como legado:

Bam fek do chahe vishwavidyalaya par
Banaa do hostel ko malbe kaa dher
Suhaagaa firaa do bhale hi hamari jhopriyon par
Mujhe kya karoge?
Main to ghaas hun, har chiz par ugg aauungaa.

Si quieres, arroja la bomba en la universidad.
Reduce su residencia a un montón de escombros.
Arroja tus fósforos blancos en nuestros barrios.
¿Qué me harás?
Soy hierba. Crezco en todo.

Eso es lo que campesinos y trabajadores en India dicen a sus elites, y lo que la clase trabajadora dice a sus elites en sus propios países, elites cuyas preocupaciones —incluso en pandemia— son proteger su propio poder, su propiedad y sus privilegios. Pero somos hierba. Crecemos en todo.

Fuente:

https://www.thetricontinental.org/es/newsletterissue/49-huelga-general-india/

Revista Sin permiso

Michael Roberts es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajado 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

La noticia de que una vacuna para el COVID-19 podría estar disponible a principios de 2021 hizo que los mercados de valores del mundo se dispararan a nuevos niveles récord. Sin embargo, la recuperación se vio atenuada rápidamente por el aumento vertiginoso de las infecciones por COVID-19 a medida que el hemisferio norte entra en su invierno. El aumento de casos se manifiesta con mayor intensidad en los EEUU y la mayor parte de Europa. La tasa de mortalidad por estas nuevas infecciones puede ser más baja que en la primera ola de marzo a abril pasado, pero las hospitalizaciones están alcanzando nuevos picos en los EEUU y partes de Europa.



Esto es grave para la sanidad, porque la capacidad hospitalaria ya era baja en muchos países después de las privatizaciones, los recortes del gasto del sector público y la subcontratación de servicios de salud llevada a cabo por la mayoría de los gobiernos capitalistas avanzados durante los últimos 30 años antes de la pandemia. India está al final de la lista de camas de hospital por cada 1.000 habitantes, lo que no es sorprendente, pero tengase en cuenta que, entre las 'economías desarrolladas', Suecia, el Reino Unido, Canadá, Nueva Zelanda y Dinamarca también están a la cola, mientras que EEUU está mejor.

Eso explica por qué estos países tuvieron que recurrir a "confinamientos" prolongados y severos en la primera ola. Nueva Zelanda y Dinamarca lo hicieron con relativo éxito, pero Estados Unidos, el Reino Unido y Suecia no lo hicieron en la primera ola, con un relativo fracaso a la hora de mantener bajas las muertes. Los países con tasas de mortalidad relativamente bajas en la primera ola de COVID también fueron los que tenían mucha capacidad de camas de hospital: Japón, Corea y Alemania.

En esta nueva "ola invernal", los sistemas de salud están mejor preparados y dotados de recursos, pero aun así, el número de pacientes está aumentando rápidamente. Y ahora, muchos sanitarios se han infectado y se han visto obligados a autoaislarse, lo que reduce la capacidad de los sistemas de salud para hacer frente a la ola invernal de COVID-19. Esto está obligando a muchos gobiernos de Europa y en EEUU a nuevos confinamientos de diversa gravedad. Al mismo tiempo, la gente vota con los pies y millones se quedan en casa, no viajan, ni compran, y tele-trabajan, no van a cafés, restaurantes, etc. Esta combinación de confinamientos y de autoaislamiento ha frenado la recuperación de la actividad económica que se inició en el verano. La actividad económica, medida por las tendencias de movilidad y gasto, está retrocediendo en las principales economías del hemisferio norte.



Es probable que la crisis del Covid empeore antes de mejorar. Las tasas diarias de infección, hospitalización y pruebas positivas apuntan en esa dirección. La tasa de R0 (infección) se mantiene muy por encima de 1,5 a nivel mundial y más cercana a 2,0 en Estados Unidos y Europa. Las historias sobre la vacunación no proporcionarán ningún paliativo en los próximos seis meses.

Las esperanzas de una mayor recuperación económica en el último trimestre de este año y en 2021 se están desvaneciendo. La Comisión Europea ha reducido su pronóstico del PIB de la zona euro para 2021 a + 4,2% desde + 6,1%. La Comisión recortó la previsión del PIB debido a la nueva ola de COVID-19 y la vuelta de los confinamientos. "En el futuro, se espera que la capacidad ociosa restante en los sectores intensivos en capital, la menor rentabilidad y la elevada incertidumbre influyan en las intenciones de inversión". La Comisión continúa: “El bajo impulso del crecimiento esperado implica un nivel de producción anual en 2022 que es ligeramente inferior al de 2019 tanto para la zona del euro como para la UE y, por lo tanto, muy por debajo de la tendencia de crecimiento prepandémica, como la derivada del pronóstico de otoño de 2019 ". Por lo tanto, no habrá recuperación en forma de V para Europa a medida que aumenta la ola pandémica.



Es un mensaje similar para EEUU, Oxford Economics reconoce que la "recuperación" se está estancando e, incluso con una vacuna, ¡no hay perspectivas de que la economía estadounidense vuelva a la senda del PIB anterior al virus (débil como ya era) en un futuro previsible!

Y eso incluso teniendo en cuenta las medidas políticas futuras de la nueva administración Biden para 'estimular' la economía con más gasto público. Tal como están las cosas, incluso el paquete de gastos paliativos de emergencia que se discute en el Senado republicano y la Cámara demócrata parece estar bloqueado para 2021.

La "recuperación" estancada real dejará cicatrices permanentes en el "mercado laboral" (es decir, en los medios de vida de las personas). Las últimas cifras de empleo en Estados Unidos para octubre sugieren que la esperanza de un regreso al trabajo de millones de personas ha comenzado a desvanecerse. En abril pasado, 22 millones de estadounidenses habían perdido sus trabajos o habían sido despedidos. Hasta ahora, menos de la mitad han regresado a esos trabajos.

El resto depende de prestaciones por desempleo y / o asistencia de emergencia.

El número de desempleados subestima el problema, ya que millones de personas han abandonado la fuerza laboral. Muchos se reincorporaron durante el verano, pero la fuerza de trabajo potencial total ha caído hasta reducirse más de cuatro millones de trabajadores que antes de la crisis, y se contrajo en septiembre, un inquietante estancamiento de la recuperación.

El número de personas que dicen estar en paro permanente también ha crecido considerablemente, de 1,5 millones en marzo a 3,8 millones en septiembre. Este aumento de los despidos permanentes es inusualmente rápido. En los primeros seis meses de la Gran Recesión, el número de despidos permanentes creció apenas en medio millón. Además, la investigación sugiere que las personas sobrestiman la probabilidad de volver a trabajar y cada mes que están sin trabajo se reducen las posibilidades de que su despido sea de hecho "temporal". A medida que pase el tiempo, las mejoras en el mercado laboral se harán más difíciles.

Un factor que ha mantenido a algunos a flote durante los despidos ha sido el aumento relativo de los ingresos reales de los hogares en los dos años anteriores a la pandemia en 2020. Según la Oficina del Censo de EEUU, los ingresos reales de los hogares medios de EEUU aumentaron un 6,8% entre 2018 y 2019. Este aumento puede cuestionarse ya que se basa en encuestas inadecuadas. Además, el aumento solo implicaba que los hogares habían recuperado su nivel de vida después de grandes pérdidas tras la Gran Recesión hace diez años. En 2019, la tasa de desempleo estaba en un mínimo histórico, mientras que la inflación también había caído a mínimos históricos. Como resultado, los hogares tenían dos o incluso tres asalariados, tal vez con salarios bajos pero que se sumaban, y eso mejoraba los niveles de ingresos del hogar.

También hubo un aumento en los niveles salariales a partir de los mínimos posteriores a la Gran Recesión, y en los dos años anteriores a la pandemia de 2020, que benefició más al cuartil peor pagado, aunque con aumentos salariales todavía muy por debajo del período anterior a la Gran Recesión.

Pero la pandemia ha puesto fin a esa recuperación relativa de los ingresos reales, especialmente para los peor pagados. Es el empleo de bajos salarios en servicios e industrias clave el que está sufriendo el mayor impacto, ya que los trabajadores técnicos y profesionales mejor pagados pueden quedarse en casa y trabajar y han sufrido menos pérdidas de empleo.

Con la oferta de las economías retrocediendo a medida que nos adentramos en el invierno y en 2021, la demanda de productos básicos aún fuerte y algo de 'demanda efectiva', ya que algunas personas agotan sus ahorros y otras continúan trabajando, también hay muchas posibilidades de que los muy bajos niveles de inflación de 2020 vuelvan a subir en 2021. Por ejemplo, Oxford Economics pronostica un aumento de la inflación anual hasta el 3% en EEUU a medida que suben los precios de los alimentos y de los productos básicos, porque la oferta irá por detrás de la demanda y el crecimiento del comercio internacional será débil. Incluso la 'inflación básica' (excluyendo alimentos y energía) podría subir al 2% en 2021. Esto coincide con un reciente pronóstico tentativo realizado en este blog utilizando un modelo marxista de inflación.

Por lo tanto, en 2021 el crecimiento de los salarios se desacelerará, se mantendrá un alto desempleo y la inflación se recuperará. Es un triple golpe para el nivel de vida de la familia estadounidense promedio y lo mismo se aplica a Europa.

Pero, ¿qué pasa con los miles de millones que viven en las llamadas 'economías en desarrollo' del llamado Sur Global? Muchos de estos países se han visto aún más afectados por la pandemia de COVID-19. Los países de América Latina lideran las tasas de mortalidad por COVID (Perú, Bolivia, Ecuador, Brasil, Argentina, México), porque sus sistemas de salud, en general privatizados, no pueden hacer frente y porque millones de personas con trabajo ocasional se han visto obligadas a ir a trabajar, si pueden, para sobrevivir. Solo una población relativamente más joven y más dispersa geográficamente (como en India, Sudáfrica, etc.) ha mantenido bajas las tasas de mortalidad.

Pero no hay escapatoria económica. Las economías del sur global han sido aplastadas por la pandemia de COVID cuando el comercio internacional se congeló (-10%) y la actividad económica nacional colapsó. Por primera vez en los registros, las llamadas economías emergentes sumadas sufrirán una contracción del PIB real, y ese promedio incluye al gigante chino, cuyo éxito a la hora de lidiar con el COVID ha significado que China es uno de los pocos países que crecerá en 2020 (aunque solo sea aproximadamente un 1,5%). Las más afectadas han sido las economías capitalistas emergentes, supuestamente dinámicas, como India (-10%), Brasil (-6%), México (-9%), Sudáfrica (-9%).

Inevitablemente, esto está dando lugar a incumplimientos por parte de varios gobiernos nacionales de las deudas contraídas con los acreedores del sector privado (bancos, fondos de cobertura, etc.). Y esto a pesar de las afirmaciones del FMI y el Banco Mundial de que salvarían a esos países de la carga de pagar el servicio de su deuda durante la pandemia. Esta semana se espera que Zambia incumpla sus pagos, sumándose así a una larga lista de países en quiebra en las "economías emergentes". Como he explicado antes, el desastre de deuda ya está aquí, no es una hipótesis.

Los tenedores de bonos del sector privado exigen sus pagos y hay poca ayuda de las agencias internacionales. La economista en jefe del Nuevo Banco Mundial, Carmen Reinhart, advirtió que el sur global se enfrenta a “una ola sin precedentes de crisis de deuda y reestructuraciones”. Según Reinhart: "en términos de cobertura, de qué países se verán implicados, estamos en niveles que ni siquiera se habían visto en la década de 1930". “Es impensable que en una pandemia mundial, los países más pobres del mundo tengan que elegir entre hacer los pagos del servicio de la deuda o mantener sus economías a flote”, señala Gayle Smith, presidenta de One Campaign against Poverty. Es impensable, pero está sucediendo.

Como expliqué en un artículo anterior, este desastre revertirá los pocos avances logrados en la reducción de la pobreza mundial, con cerca de 4 mil millones de personas viviendo con menos de 5$ al día (un umbral de pobreza más realista que el del Banco Mundial).

Y ahora tenemos el impactante informe que acaba de publicar UNICEF. UNICEF calcula que aproximadamente 150 millones de niños más viven en pobreza multidimensional, sin acceso a servicios esenciales, debido a la pandemia del COVID-19. Alrededor del 45 por ciento de los niños carecían gravemente de al menos una de esas necesidades críticas antes de la pandemia del coronavirus. Según UNICEF: "Es probable que la situación de los niños que viven en pobreza multidimensional empeore, a menos que los gobiernos nacionales y la comunidad internacional den un paso al frente para suavizar el golpe". 188 países han impuesto cierres de escuelas en todo el país durante la pandemia, lo que afectó a más de 1.600 millones de niños y jóvenes.

Al menos un tercio de los escolares del mundo, 463 millones de niños en todo el mundo, no pudieron acceder al aprendizaje remoto cuando el COVID-19 cerró sus escuelas. Los escolares de los países más pobres ya han perdido casi cuatro meses de escolaridad desde el inicio de la pandemia, en comparación con seis semanas en los países de ingresos altos. “Incluso las interrupciones breves en la educación de los niños pueden tener impactos negativos duraderos debido a factores que incluyen la falta de programas estructurados para ponerse al día. En el pasado, el cierre de escuelas ha provocado un aumento del matrimonio infantil y el trabajo infantil que a menudo impiden que los niños continúen su educación”.

Según un estudio que abarcó 118 países de ingresos bajos y medios realizado por la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg, podrían producirse 1,2 millones de muertes adicionales de menores de cinco años en solo seis meses debido a las reducciones en los niveles de cobertura de los servicios de salud habituales y de un aumento de emaciación infantil. Hasta 132 millones de personas pueden pasar hambre en 2020, de los cuales 36 millones son niños. Y 370 millones de niños pueden perder las nutritivas comidas escolares. La pesadilla del capitalismo global que ya sufren miles de millones en los 'países en desarrollo' se intensificará en los próximos años.

Pero ¿qué pasa con la vacuna? ¿No llega como un caballero blanco para salvar al mundo, o como una bala de plata para matar la enfermedad de los murciélagos 'vampiros'? La historia está plagada de vacunas que una vez introducidas tuvieron que ser retiradas porque fallaron y, la mayoría de las veces, causaron daño. Es más probable que las vacunas fracasen si se desarrollan bajo una gran presión del gobierno y la población, y los ensayos y aprobaciones se aceleran en nombre de la conveniencia. En el desarrollo de las vacunas para el Covid-19 cabe destacar que gran parte de las pruebas se están realizando en países pobres donde "la vida es barata". Además, gran parte de la ciencia original fue realizada por institutos financiados con fondos públicos, pero son los gobiernos los que pagarán millones por los precios exorbitantes que cobran las grandes farmacéuticas por las vacunas.

La intención de cualquier vacuna es lograr la "inmunidad colectiva". Esto requiere que la tasa de infección R0 caiga por debajo de 1,0 y que la pandemia desaparezca. En una suposición, la inmunidad colectiva podría lograrse con el 50% de la población (aunque algunos dicen que el 70%). Para lograr la inmunidad colectiva para los mil millones de personas en los países ricos, por lo tanto, se necesitarían 1.200 millones de inoculaciones si se necesitan dos dosis por persona, o 600 millones de dosis si solo se requiere una. Esto supone una tasa de eficacia del 80-90% para la vacuna. Una tasa de eficiencia cercana al 50% necesitaría el doble de personas a inocular y muchas más vacunas.

La extensión de la cobertura a los países de ingresos medios y pobres multiplicaría las dosis necesarias entre tres y seis mil millones. En teoría, sobre la base del desarrollo de cinco a seis vacunas con éxito para mediados de 2021, la inmunidad colectiva en la mayoría de los países ricos y de ingresos medios podría lograrse mediante la producción de mil millones de dosis de cada vacuna anualmente. Esto podría ser posible en 12 o 18 meses, según declaraciones de las compañías farmacéuticas involucradas. Todas las vacunas 'pioneras' se darán a conocer o se rechazarán en junio de 2021. Si tienen éxito, aumentar la producción a mil millones de unidades por vacuna podría llevar otros 6-12 meses.

Un desafío importante a la hora de pasar del laboratorio a la producción en masa es preservar la pureza y eficacia del producto. La distribución también es un gran problema. Algunas de estas vacunas necesitan una distribución y un transporte de larga duración y congelación. La vacuna de Pfizer-BioNtech, por ejemplo, debe mantenerse a temperaturas muy bajas antes de su uso (tan bajas como 70° C bajo cero).

Luego está la disposición de las personas a vacunarse. Aparentemente, el 30-50% de las personas en los EEUU y en Europa dicen que no aceptarán inocularse. ¡Hasta el 30% de las enfermeras estadounidenses han indicado que no se vacunarían! También está la cuestión de la eficacia de cada vacuna. Es más fácil lograr la inmunidad colectiva con una relación de efectividad del 80% al 90% que con el 50%. Y, por supuesto, también está la cuestión de cuánto tiempo es eficaz. Las indicaciones actuales para la mayoría de las vacunas pioneras en desarrollo es que duren de uno a dos años.

Y aquí está el gran problema. El COVID-19 surgió, como otros patógenos nuevos para los cuales los seres humanos no tenían inmunidad desde su transferencia de animales salvajes en partes remotas del mundo a animales que se 'crían industrialmente' y los mercados de alimentos para humanos. Todavía hay muchos otros patógenos por ahí, sin que se haga nada para detener el mecanismo de transferencia, porque no se está haciendo nada para frenar o detener las exploraciones de combustibles fósiles, la tala, la deforestación para plantaciones y ganado, todo en la búsqueda de más ganancias para la agricultura y las industrias de energía.

Además, igualmente preocupante es que parece que estos virus pueden mutar a medida que los humanos infectan a los animales en un círculo vicioso, lo que llevaría a más infecciones en humanos contra las que las vacunas actuales no pueden ser efectivas. El impactante ejemplo de la industria danesa del visón confirma este grave riesgo. Parece que los visones enjaulados (mantenidos en pequeñas jaulas para ser sacrificados para el comercio internacional de pieles) se contagiaron de un COVID-19 que luego mutó en una variante del virus, infectando a los trabajadores de las granjas peleteras. El gobierno se ha visto obligado, con la oposición de los productores de pieles, a sacrificar a más de 15 millones de animales, debido al temor de que una mutación del Covid-19 pase de los visones a los humanos y pueda poner en peligro futuras vacunas.

Por lo tanto, a medida que nos acercamos a 2021, la tasa de infección pandémica no muestra signos de detenerse o incluso disminuir. Los hospitales del hemisferio norte están bajo presión y la actividad económica está retrocediendo. Los niveles de empleo siguen siendo bajos y los ingresos reales están destinados a caer, especialmente para los peor pagados a medida que desaparecen los puestos de trabajo y aumenta la inflación. Para miles de millones de personas en el "sur global" se hará realidad el espectro de la pobreza, la enfermedad y la explotación. Las cicatrices serán a largo plazo.

¿Qué se puede hacer? Algunos han pedido una "economía de guerra" en la que el estado reemplace al sector capitalista y dirija y controle los recursos nacionales y globales en beneficio de las personas, sin fines de lucro. Prefiero el término "economía social".

Esto significaría: 1) medidas de emergencia para proporcionar fondos a millones del norte y del sur que han perdido sus medios de vida; y cancelación inmediata de las deudas "adeudadas" por los gobiernos del sur pobre; 2) planes nacionales e internacionales a través de proyectos estatales para emplear personas, restaurar sistemas adecuados de salud y educación gratuitos en el punto de uso e invertir en industria, en particular en la industria "verde"; 3) situar a las principales instituciones financieras bajo propiedad y control público, junto con las grandes farmacéuticas y otras compañías estratégicas de energía, alimentos, manufactura y comunicaciones y 4) a largo plazo, iniciar planes estatales coordinados internacionalmente para satisfacer las necesidades sociales y lograr objetivos ambientalmente armoniosos (es decir, detener la deforestación y la exploración de combustibles fósiles, etc.) en lugar de la expansión para obtener ganancias privadas que generarán aún más desastres.

Por supuesto, nada de esto está previsto que suceda en un futuro cercano, y mucho menos en 2021, por lo que seguiremos avanzando hacia más calamidades.

https://thenextrecession.wordpress.com/2020/11/15/covid-2021-more-calami...

Vacunas COVID: tomar la decisión

Antes de que la pandemia de COVID-19 se extendiera por el mundo, las grandes compañías farmacéuticas invertían poco en vacunas para enfermedades y virus globales. Simplemente no era rentable. De las 18 compañías farmacéuticas más grandes de Estados Unidos, 15 habían abandonado totalmente ese objetivo. Los medicamentos para el corazón, los tranquilizantes adictivos y los tratamientos para la impotencia masculina eran el grueso de sus ganancias, no el tratamiento de las infecciones hospitalarias, las nuevas enfermedades y los asesinos tropicales tradicionales. Una vacuna universal contra la gripe, es decir, una vacuna que se dirija a las partes inmutables de las proteínas de la superficie del virus, ha sido una posibilidad durante décadas, pero nunca se consideró lo suficientemente rentable como para ser una prioridad. Todos los años nos ponen vacunas que son solo un 50% eficientes.

Pero la pandemia de COVID-19 ha cambiado la actitud de las grandes farmacéuticas. Ahora se pueden ganar miles de millones vendiendo vacunas eficaces a los gobiernos y los sistemas sanitarios. Y en la mitad de tiempo ha surgido un lote de vacunas aparentemente efectivas con todas las perspectivas de que estén disponibles para las personas dentro de los próximos tres a seis meses, algo sin precedentes.

Las vacunas de Pfizer-BioNTech y Moderna pueden estar autorizadas a fin de año en la UE y el Reino Unido, con la producción de 10-20 millones de dosis iniciales cada una (5-10 millones de tratamientos) en marcha en un año. Es probable que la vacunación generalizada contra el COVID-19, más allá de los grupos de alto riesgo, se lleve a cabo en toda Europa antes de primavera, con una proporción suficientemente grande de poblaciones europeas vacunadas para fines del verano.

Según las noticias, la vacuna de Pfizer-BioNTech contra el COVID-19 tiene una eficacia superior al 90%. Moderna informó que su vacuna reduce el riesgo de infección por COVID-19 en un 94,5%. Entre otros desarrolladores líderes de vacunas, se espera que AstraZeneca publique los resultados de la Fase III de las pruebas para Navidad, y otras compañías también están realizando ensayos en fases avanzadas. A finales de año, la UE y el Reino Unido deberían tener dosis suficientes para tratar a unos 5 millones de personas cada uno (con un único tratamiento de dos dosis). Y hay otros: Gamaleya, Novavax, Johnson & Johnson, Sanofi-GSK; así como la vacuna Sputnik de Rusia y la China.

¿Cómo ha sido posible tan rápido? No fue gracias a que las grandes farmacéuticas lograran la solución mediante su investigación científica. Para crear las fórmulas de la vacuna dependen de algunos entregados científicos que trabajan en universidades e institutos gubernamentales. Y fue posible porque el gobierno chino proporcionó rápidamente las secuencias de ADN necesarias para analizar el virus. En resumen, fueron el dinero y los fondos públicos los que proporcionaron la solución médica.

Los Institutos Nacionales de Salud (NIH), el Departamento de Defensa y los laboratorios académicos financiados con fondos federales realizan la investigación básica de las vacunas estadounidenses. Las vacunas fabricadas por Pfizer y Moderna se basan en gran medida en dos descubrimientos fundamentales que surgieron de la investigación financiada con fondos federales: la proteína viral diseñada por los NIH; y el concepto de modificación del ARN desarrollado por primera vez en la Universidad de Pennsylvania. De hecho, los fundadores de Moderna en 2010 dieron nombre a su empresa a partir de este concepto: “Modificado” + “ARN” = Moderna.

Por lo tanto, la vacuna de Moderna no ha salido de la nada. Moderna había estado trabajando en vacunas de mARN durante años con el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID), una parte de los NIH. El acuerdo consistió en cierto nivel de financiación de Moderna al NIH, junto con una hoja de ruta para que los investigadores del NIAID y Moderna colaboren en la investigación básica de las vacunas de mARN y, finalmente, en el desarrollo de dicha vacuna.

El gobierno de los Estados Unidos ha invertido 10,5 mil millones $ adicionales en varias compañías de vacunas desde que la pandemia comenzó para acelerar la entrega de sus productos. La vacuna de Moderna surgió directamente de una asociación entre Moderna y el laboratorio de los NIH.

El gobierno de los EEUU y dos agencias en particular, el NIH y la Autoridad de Investigación y Desarrollo Biomédico Avanzado (BARDA), han invertido mucho en el desarrollo de la vacuna. BARDA es una rama del Departamento de Salud y Servicios Humanos que se formó en 2006 en respuesta al esperado SARS-CoV-1 (y otras amenazas para la salud). Proporciona inversión directa en tecnologías a las empresas, pero también participa en asociaciones público-privadas (APP) y coordina agencias. Una parte específica de la misión de BARDA es desarrollar las tecnologías a través del "valle de la muerte" entre su creación y la comercialización.

El gobierno alemán invirtió fondos en BioNTech por una suma de 375 millones €, con otros € 252 millones para apoyar el desarrollo de CureVac. Alemania también aumentó su contribución a la Coalición para las Innovaciones en la Preparación de Epidemias (CEPI) en 140 millones de euros y planea aportar 90 millones de euros adicionales el próximo año. CEPI se lanzó en Davos, Suiza, en 2017 como una asociación global innovadora entre organizaciones públicas, privadas, filantrópicas y de la sociedad civil para desarrollar vacunas para contrarrestar epidemias, y Alemania prometió 10 millones de euros anuales durante un período de cuatro años para apoyar la iniciativa. CureVac es uno de los nueve institutos y empresas comisionados por CEPI para investigar una vacuna para el COVID-19. Uno de sus accionistas es el banco estatal Kreditanstalt für Wiederaufbau (KfW).

Pero son las grandes farmacéuticas las que desarrollan la vacuna a partir del trabajo científico de los institutos públicos. Son ellas las que toman las decisiones. Las compañías farmacéuticas realizan los ensayos clínicos globales, luego producen y comercializan el resultado. Y venden las vacunas a los gobiernos con enormes ganancias. Así es como se hacían las cosas antes de la pandemia y también ahora. En los EEUU, en el período de 10 años entre 1988 y 1997, los gastos del sector público para la compra de vacunas se duplicaron de $ 100 a $ 200 por niño hasta los 6 años. El costo acumulado del sector público se duplicó nuevamente en menos de 5 años entre 1997 y 2001 , de $ 200 a casi $ 400 por niño.

Todavía se sabe muy poco sobre los términos de los contratos de vacuna para el COVID-19 que los gobiernos de la UE han firmado con grupos farmacéuticos como AstraZeneca, Pfizer-BioNTech, Sanofi-GlaxoSmithKline y CureVac. Pero una vez que se elimine el secreto, lo que veremos es una privatización masiva de miles de millones de dólares de fondos gubernamentales. Se calcula que AstraZeneca ha vendido su vacuna a los gobiernos por unos $ 3 a $ 4 la dosis, mientras que la inyección de Johnson & Johnson y la vacuna desarrollada conjuntamente por Sanofi y GSK tenían un precio de unos $ 10 la dosis. AstraZeneca ha prometido no beneficiarse de su vacuna durante la pandemia, pero eso se aplica solo hasta julio de 2021. Después podrán cobrar. La biotecnología estadounidense Moderna cobrará $ 37 por dosis, o $ 50 a $ 60 por el tratamiento de dos inyecciones.

Es probable que las vacunas contra el coronavirus valgan miles de millones para la industria farmacéutica si resultan seguras y eficaces. Se necesitarían hasta 14 mil millones de vacunas para inmunizar a todos en el mundo contra el COVID-19. Si, como anticipan muchos científicos, disminuye la inmunidad producida por la vacuna, se podrían vender miles de millones de dosis más como dosis de refuerzo en los próximos años. Y los laboratorios de tecnología y producción mantenidos con la ayuda de toda esta generosidad gubernamental podrían dar lugar a otras vacunas y medicamentos rentables.

Así que, aunque gran parte del trabajo pionero sobre las vacunas de mARN se ha llevado a cabo con dinero público, los fabricantes de medicamentos de propiedad privada obtendrán grandes ganancias, mientras que los gobiernos pagan por las vacunas que ayudaron desarrollo ayudaron a financiar.

La lección de la respuesta a la vacuna contra el coronavirus es que unos pocos miles de millones de dólares al año gastados en investigación básica adicional podrían evitar mil veces más pérdidas en muertes, enfermedades y destrucción económica. En una conferencia de prensa, el asesor de salud de EEUU, Anthony Fauci, destacó el trabajo innovador en proteínas. “No debemos subestimar el valor de la investigación en biología básica”, dijo Fauci. Exactamente. Como han demostrado muchos autores, como Mariana Mazzacuto , la financiación y la investigación estatales han sido vitales para el desarrollo de tales productos.

¿Qué mejor lección podemos aprender de la experiencia de la vacuna para el COVID que las compañías farmacéuticas multinacionales deben ser de propiedad pública para que la investigación y el desarrollo puedan dirigirse a satisfacer las necesidades médicas y de salud de las personas y no los beneficios de estas compañías? Y además, las vacunas necesarias pueden llegar a miles de millones de personas en los países y sectores más pobres en lugar de solo a aquellos países y personas que pueden pagar los precios establecidos por estas empresas.

“Esta es una vacuna del pueblo”, señaló Peter Maybarduk, director del programa de Acceso a los Medicamentos de Public Citizen, criticando a las empresas. “Los científicos federales ayudaron a inventarlo y los contribuyentes están financiando su desarrollo... Debería pertenecer a la humanidad".

Fuente: https://thenextrecession.wordpress.com Traducción:G. Buster / Revista Sin Permiso

Revista Sin permiso

Después de las elecciones

Mike Davis / Yanis Varoufakis / David Lauter / Richard Luscombe

Republicanos del Valle del Río Grande



Mike Davis

Mike Davis es profesor del Departamento de Pensamiento Creativo en la Universidad de California, Riverside, es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso. Su libros más reciente es junto con Justin Akers Chacón, "Nadie Es Ilegal, Combatiendo el Racismo y la Violencia del Estado en la Frontera" (Chicago, Illinois. Haymarket Books. 2009).

Esperando un 2008, los demócratas han logrado de nuevo un 2016, unas elecciones que parece haber ganado Joe Biden por la mínima en unos cuantos estados. Si la ola azul se ha demostrado casi tan ilusoria como el muro azul de hace cuatro años es porque los demócratas centristas, tal como avisaron constantemente Bernie Sanders y Elizabeth Warren durante los debates de las primarias, se han negado a aprender las lecciones de 2016. La campaña de Biden no fue más que una versión modificada del fallido manual de Hillary Clinton.

Esto ha quedado contundentemente ilustrado por los avances de los republicanos entre los votantes latinos en varios estados. No resulta particularmente sorprendente que los pudientes exiliados cubanos y venezolanos, que chillan con que están los comunistas a la puerta, lograran una profunda incursión en los márgenes de los demócratas en Miami. Pero ¿qué pasó en los siete condados fronterizos principales de Tejas, cuya población de 2,6 millones de personas es mexicana de origen (tejanos) en un 90 %? El partido a escala nacional ha descuidado o abandonado muchas circunscripciones electorales, entre ellas Puerto Rico, las zonas indígenas (Indian Country) y los Apalaches, pero el sur de Tejas posee una significación estratégica única. Así se reconocía dos días antes de las elecciones cuando el presidente del Comité Nacional Demócrata, Tom Pérez, visitó la zona de McAllen, en la punta más meridional del estado. ‘El camino a la Casa Blanca’, declaró, ‘pasa por el sur de Tejas. Acuérdense de que Beto [O´Rourke] perdió por cerca de 200.000 votos en 2018. Tan sólo en el Valle podemos ya conseguir esos votos. Si elevamos la participación hispana del 40 al 50 %, eso bastaría para dar el vuelco en Tejas’.

Pero la campaña de Biden fracasó a la hora de allanar el camino al poder con recursos de campaña o prestar atención a cuestiones locales. Siguiendo una prolongada tradición de negligencia electoral, los demócratas del Comité Nacional tenían la confianza de que Biden ensanchara el margen de victoria de Clinton en la región aun sin tener que desviar fondos o personal de las importantísimas contiendas de los barrios residenciales de las afueras. La frontera, al fin y al cabo, es una de las regiones más pobres del país, con una población a la que la propaganda republicana denigra por sistema como foráneos y violadores. En todo caso, las encuestas preveían victorias históricas de los demócratas; se garantizaba una ola azul a lo largo del Río Grande.



A medida que se disipaba la fantasía de grandes avances en Tejas, los demócratas quedaban estupefactos al descubrir que la alta participación había propulsado, por el contrario, una subida de Trump a lo largo de la frontera. En los tres condados del Valle del Río Grande (el pasillo agrícola de Brownsville a Río Grande City), que Clinton se había llevado con un 39 %, Biden logró un margen de un 15 % solamente. Más de la mitad de la población del condado de Starr County, antiguo escenario de lucha del movimiento de peones agrícolas, vive en la pobreza, pero Trump consiguió allí el 47 % del voto, un increíble avance de 28 puntos respecto a 2016. Río arriba, le dio en realidad un vuelco al condado de Val Verde County (escaño de condado: Del Río), que es un 82% latino, y aumentó sus votos en el condado de Maverick (Eagle Pass) en 24 puntos, y en el condado de Webb (Laredo) por 15 puntos. El congresista demócrata Vicente Gonzalez (McAllen) tuvo que luchar contrarreloj para salvar el escaño que había ganado por seis puntos en 2018. Hasta en El Paso, semillero de activismo demócrata, Trump logró un avance de seis puntos. Considerando el sur de Tejas en su conjunto, los demócratas tenían grandes esperanzas de ganar el Distrito 21 del Congreso, que conecta San Antonio y Austin, así como el Distrito 23, hispano en un 78%, que está anclado en las afueras residenciales de San Antonio, pero abarca una enorme franja del sudoeste de Tejas. En ambos casos, los republicanos ganaron con bastante facilidad.

¿La explicación? En palabras del congresista Filemón Vela (Brownsville) citadas en el Valley Morning Star, un periódico de Harlingen, ‘creo que no hubo ningún esfuerzo organizativo nacional de los demócratas en el sur de Tejas y los resultados lo dejan ver. Las visitas están bien, pero sin una planificación de medios y una estrategia de base es que no se puede persuadir a los votantes. Cuando das por seguros a los votantes, como durante cuarenta años han hecho los demócratas en el sur de Tejas, se pagan las consecuencias’.

Al final, fue la economía la que hundió las esperanzas de una victoria aplastante de los demócratas. Fue un error gigantesco convertir las elecciones en un plebiscito sobre la chapucería de Trump en la pandemia sin llevar a cabo un esfuerzo que echase el resto para convencer a los votantes de que una administración de Biden sostendría los ingresos familiares y las pequeñas empresas hasta derrotar al Covid. La ley de asistencia de 2,2 billones de dólares aprobada por la Cámara tendría que haber sido la base de una campaña agresiva, pero la presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, permitió que el líder de la mayoría en el Senado, Mitch McConnell, tomara la ley como rehén, y Biden, farfullando a lo largo de dos debates presidenciales, nunca se entregó a una verdadera cruzada por liberarla. Mientras tanto, las cifras del tercer cuatrimestre, por engañosas que fueran, le dieron un empujón inesperado a Trump; eran prueba, afirmaba él, de un brillante futuro por delante. Un nuevo confinamiento nacional arruinaría esa ‘recuperación’. Los demócratas subestimaron la reverberación que este argumento ha tenido entre las clases medias empresariales y los propietarios de tiendas que se enfrentan a su extinción o a verse engullidos por Amazon. No resultaba tan difícil convencer a propietarios de bares, contratistas de la construcción, gerentes de franquicias, pequeños fabricantes y otros similares de que los cierres eran un mal mayor que medio millón de muertes más causadas por la Covid (se trata, por supuesto, de un fenómeno global: no hay más que ver el papel desempeñado por los propietarios histéricos de pequeños negocios en las protestas violentas en contra de nuevos confinamientos en Europa Occidental).



Por lo que se refiere a los trabajadores, obligados todos los días a elegir entre tener ingresos o salud, a la promesa de Biden de poner la ciencia al frente de la pandemia le dieron fácilmente la vuelta los republicanos como prueba de un apocalipsis económico supervisado por el temido Dr. Fauci. La contrarrespuesta de los demócratas fue débil, debido en parte a que el movimiento sindical tuvo todavía menos protagonismo que en la campaña de 2016. La difusión incontrolada del Covid restringió la campaña puerta a puerta en que ha consistido siempre la aportación de los miembros de los sindicatos a las batallas electorales. La campaña de Biden sí que le otorgó un mayor énfasis que Clinton a los derechos de los trabajadores, la negociación colectiva y los 15 dólares de salario mínimo, pero difundió los mismos mensajes vacuos sobre la creación de empleo y el futuro del trabajo. ‘Millones de empleos en energías verdes’ es una abstracción que fracasa totalmente a la hora de conectar con las circunstancias concretas del Rustbelt [cinturón industrial en torno a los grandes lagos] y las comunidades de los barrios marginados. Los demócratas más convencionales han tenido más de una generación para responder a una sencilla pregunta: ¿qué vais a hacer para incrementar las oportunidades laborales aquí en Erie (o en Warren, Dubuque, Lorraine, Wilkes-Barre y así sucesivamente)? Nunca han ofrecido una respuesta seria. Las soluciones concretas entrañarían inversiones públicas orientadas geográficamente, controles sobre la fuga de capitales y la sangría financiera, y, sobre todo, una expansión masiva de empleo público. Y estas son las vías para transitar las cuales la mayoría de los demócratas está demasiado aterrada.

Desde Reagan, los republicanos han luchado siempre por volver el poder institucional contra los demócratas, empujándoles a un terreno desfavorable y desorganizando a su base. Al conseguir la presidencia de la Cámara en 1994, Newt Gingrich introdujo el despiadado estilo de oposición absoluta que McConnell ha refinado de modo tan exquisito. Las elecciones de 2010 supusieron un punto de inflexión todavía más importante. Ese año los republicanos movilizaron todo el poder de la red de donantes multimillonarios, centros regionales de política y comités de acción política que llevaban levantando desde hacía treinta años para tomar por asalto los parlamentos de los estados y las mansiones de los gobernadores a lo largo y ancho de los estados del centro y el Sunbelt. Consiguieron 700 escaños legislativos y le dieron la vuelta a veinte cámaras legislativas, cifras que se incrementaron durante los años de Obama. Puesto que en la mayoría de los estados el parlamento sigue siendo el responsable de redibujar los distritos electorales, los republicanos manipularon desesperadamente los distritos electorales de los parlamentos de los estados y el Congreso para consagrar su mayoría. Esa es la razón por la que recuperar las mayorías parlamentarias en los estados en este año de censo debería haber sido la mayor prioridad de los demócratas después de la Casa Blanca y el Senado. La diana más importante era Tejas, donde los demócratas confiaban en que podrían quedarse con los nueve escaños adicionales necesarios para controlar la Cámara. Al final, no lograron ninguno, con lo que los republicanos tendrán las manos libres para llevar a cabo una nueva manipulación de los distritos electorales.

Los Estados Unidos, tal como nos recuerdan los comentaristas a cada hora, están hendido entre dos universos políticos de casi igual tamaño. Pero el poder detesta los empates y está claro que en el mundo actual la evolución se encamina a experimentos diferenciales con oligarquías postfascistas y pseudodemocracias. Una Casa Blanca de Biden-Harris débil y encadenada por los tribunales, erigida sobre la traición a los progresistas y subordinada a una clase de multimillonarios donantes de Silicon Valley y Wall Street, se enfrentará a una nueva depresión sin el viento del entusiasmo popular a la espalda. ¿Adónde apunta esto salvo a la total destrucción en las elecciones de mitad de mandato de 2022 y a un triunfo más a fondo de la nueva obscuridad?

The London Review of Books, 6 de noviembre de 2020

¿Una vuelta a la normalidad después de Trump? Lo último que nos hace falta

Yanis Varoufakis

Yanis Varoufakis, co-fundador del Movimiento por la Democracia en Europa (DIEM25), fue diputado y portavoz de este grupo en el Parlamento griego y es profesor de economía de la Universidad de Atenas. Ex-ministro del Gobierno de Syriza, del que dimitió por su oposición al Tercer Memorándum UE-Grecia, es autor, entre otros, de "El Minotauro Global".

Normalidad y recuperación de un ápice de decencia en la Casa Blanca: en eso es en lo confían muchos partidarios de Biden entre las élites ahora que ha ganado las elecciones. Pero al resto de nosotros nos echa para atrás tan magra ambición. Los votantes que detestan a Trump celebran su derrota, pero la mayoría lamenta el regreso a lo que pasaba por normal o ético.

Cuando Trump contrajo la Covid-19, sus oponentes temieron que pudiera beneficiarse de un voto por simpatía. Pero Trump no es un presidente normal que busque la simpatía de los votantes. No trabaja con la simpatía. No la necesita ni cuenta con ella. Trump mercadea con la indignación, convierte el odio en un arma y cultiva meticulosamente el temor con el que ha estado conviviendo la mayoría de los norteamericanos tras el estallido de la burbuja financiera en 2008. Las obscenidades y el desprecio por las reglas de la sociedad educada fueron sus medios de conectar con una buena parte de la sociedad norteamericana.

La razón por la que 2008 fue un año transcendental no se debió sólo a la magnitud de la crisis, sino a que fue el año en que la normalidad quedó hecha triza de una vez por todas. El primitivo contrato social de la postguerra se rompió a principios de los 70, lo que produjo un estancamiento de los ingresos medios reales. Se vio substituido por una promesa a la clase trabajadora norteamericana de otra ruta a la prosperidad: el precio en aumento de las viviendas y los programas de pensiones financiarizados. Cuando se derrumbó el castillo de naipes de Wall Street en 2008, otro tanto le sucedió al contrato social de postguerra entre la clase trabajadora norteamericana y sus gobernantes.

Tras el derrumbe de 2008, el mundo de los grandes negocios hizo uso del dinero de los bancos centrales que reflotó Wall Street para recomprar sus propias acciones, mandando a la estratosfera los precios de las acciones (y, naturalmente, las bonificaciones de sus directores), a la vez que mataba de hambre a la economía cotidiana, sin inversiones serias en trabajo de calidad. La mayoría de los norteamericanos se vieron, así pues, sometidos, en rápida sucesión, a un tratamiento de patrimonio negativo, embargos de viviendas, fondos de pensiones que se hundían y trabajo inseguro, todo con el trasfondo del espectáculo de ver la riqueza y el poder concentrarse en manos de unos pocos.

Para 2016, la mayoría de los norteamericanos se sentía profundamente frustrada. Por un lado, vivían con la angustia privada causada por la austeridad permanente en la que sus comunidades se habían visto inmersas desde 2008. Y por el otro, podían ver a una clase dominante cuyas pérdidas las socializaba el gobierno, lo que caracterizaba la respuesta a la crisis.

Donald Trump sacó sencillamente partido de esa frustración. Y lo hizo con tácticas que, a día de hoy, siguen sembrando el caos entre sus oponentes liberales. Los demócratas protestaban diciendo que Trump era un don nadie, y que era por tanto alguien incapacitado para ser presidente. Y eso no funcionaba en una sociedad moldeada por medios de comunicación que durante años han ensalzado a celebridades intrascendentes.

Todavía peor para los oponentes de Trump, retratarle como un incompetente es un gol en propia puerta: Donald J. Trump no es simplemente incompetente. George W Bush era incompetente. No, Trump es algo mucho peor que eso. Trump combina una crasa incompetencia con una rara competencia. Pon un lado, no sabe enhebrar dos frases decentes para hacer una observación, y ha fracasado de modo espectacular a la hora de proteger a millones de norteamericanos de la Covid-19. Pero, por otro lado, ha deshecho el TLCAN, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte que se tardó décadas en ensamblar. De modo extraordinario, lo substituyó rápidamente por otro que no es, ciertamente, peor, al menos desde la perspectiva de los trabajadores norteamericanos de cuello azul o, incluso, de los trabajadores de las fábricas mexicanas que gozan ahora de un salario por hora considerablemente mayor que antes.

Por ende, pese a su beligerante gesticulación, no sólo mantuvo Trump su promesa de no iniciar nuevas guerras, sino que, por añadidura, retiró las tropas norteamericanas de toda una serie de teatros de operaciones en lo que su presencia había causado desgracias sin beneficios tangibles para la paz o, ciertamente, para la influencia norteamericana.

Los oponentes de Trump le llamaban con frecuencia mentiroso. Pero Trump no es simplemente un mentiroso. Bill Clinton mentía. Una vez más, Trump resulta bastante peor. Tiene la habilidad de vomitar las más increíbles falsedades, mientras, al mismo tiempo, cuenta verdades cruciales que ningún presidente reconocería jamás. Así, por ejemplo, cuando se le acusó de que estaba dejando sin fondos al servicio postal para obtener ventajas electorales, desestabilizó a sus acusadores reconociendo que, sí, restringía la financiación del Servicio de Correos de los EE.UU. (USPS) para hacer más difícil que votaran los demócratas.

La grosería de Trump con sus oponentes, por desagradable que resulte, puede haberles aportado algún alivio incluso a los norteamericanos olvidados que asocian la cortesía de Biden con las amables consideraciones que el exvicepresidente reserva a Wall Street y los superricos que financiaron su campaña. No sin razón, consideran a Biden un educado emisario de los banqueros que embargaron sus casas, y miembro, enseguida, de una administración que rescató – con dinero público – a esos mismos banqueros.

Oyen los pulidos y educados discursos de Biden acerca de la unidad, el respeto, la tolerancia y de acercar a los ciudadanos, y piensan: “no, gracias, no quiero sentirme unido, o tolerar, a los que se hicieron ricos empujándome a un hoyo”. Para ellos, el comportamiento de Trump es una manifestación, desagradable pero bienvenida, de solidaridad con la gente corriente que se siente fortalecida por la combinación de la vulgaridad del presidente y sus evocaciones de la irreprimible grandeza de Norteamerica, aun cuando, en lo más profundo, nunca esperen que sus perspectivas mejoren de modo significativo cuando Norteamérica vuelva a ser “grande de nuevo”.

La tragedia de los progresistas es que los partidarios de Trump no están enteramente equivocados. El Partido Demócrata ha demostrado una y otra vez su determinación de impedir cualquier desafío a los poderosos que son responsables del dolor, ira y humillación que propulsaron a Trump hasta la Casa Blanca. Los demócratas pueden seguir hablando hasta que las ranas críen pelo acerca de la justicia racial, la necesidad de más mujeres en puestos de poder, los derechos de la comunidad LGBT, etc. Pero en el momento en que políticos como Bernie Sanders amenazan con poner en tela de juicio las estructuras de poder que mantienen a norteamericanos negros, las mujeres, las minorías y los pobres en los márgenes de la sociedad, se aprestan a pararles los pies.

Es improbable que los partidarios de Trump expresen esto con tantas palabras. Sin embargo, su desprecio por el “establishment” liberal hunde sus raíces en la consciencia de que los demócratas ricos que respaldan la candidatura de Biden-Harris jamás cambiarán las condiciones de los pobres. Está vedada toda redistribución de riqueza y poder que amenace los fondos de inversión de sus niños o los desorbitantes precios de sus activos en Wall Street, y esos votantes lo saben.

Con este trasfondo, no obstante, por mucho que trate Biden de hablar el lenguaje de cierto Green New Deal, nadie puede imaginarle pronunciando una frase como la de Franklin Roosevelt, quien, refiriéndose a los banqueros, dijo una vez: “Se muestran unánimes en su odio por mí, y yo veo con buenos ojos ese odio”. Sin la disposición para enfrentarse a la mayor concentración de poder empresarial de la historia de los Estados Unidos, hasta el más amigable de los presidentes fracasará en el propósito de lograr justicia social o atenuar el cambio climático. Por lo menos Trump no era un hipócrita, podrían decir sus partidarios.

Así pues sí, Joe Biden ha ganado. Y gracias a Dios porque así sea. Pero entendamos que lo consiguió, a pesar de, y no merced a sus gracias sociales o a su promesa de devolver la normalidad a la Casa Blanca. La confluencia de descontento que impulsó a Trump al poder en 2016 no ha desaparecido. Pretender como que se ha desvanecido no es más que cortejar futuros desastres, para Norteamérica para el resto del mundo.

The Guardian, 8 de noviembre de 2020


Biden cambia el mapa político

David Lauter

David Lauter es corresponsal en Washington del diario californiano Los Angeles Times, para el que ha trabajado desde 1981 cubriendo el Congreso, el Tribunal Supremo y la Casa Blanca.

A lo largo de un decenio o más, los estrategas demócratas han afirmado que su partido estaba a punto de ensanchar su mapa político: Georgia y Arizona acabarían por convertirse en estados en los que se podía competir, insistían.

Esa creencia ha sufrido repetidos retrocesos. Los demócratas perdieron cuando Jason Carter, nieto del expresidente, fracasó en su carrera por lograr el puesto de gobernador de Georgia en 2014. Se quedaron de nuevo por debajo cuando Stacey Abrams perdió en su campaña por ser gobernadora cuatro años después.

De modo semejante, en Arizona los demócratas han perdido repetidas veces en el estado, aunque se han apuntado algunas victorias de importancia a escala local, entre ellas la derrota de Joe Arpaio, tristemente célebre como sheriff anti-inmigrante del condado de Maricopa, en el que se encuentra Phoenix.

En ambos estados, Joe Biden lidera actualmente la carrera presidencial por un estrecho margen. Si se mantiene esa ventaja, habrá triunfos significativos para el partido, otorgándole 306 votos electorales, la misma cifra que logró el presidente Trump hace cuatro años, algo que se saludó como un triunfo aplastante. Pero Biden podrá vindicar, por añadidura, una victoria significativa en el voto popular, que está en camino de ganar por al menos cuatro o cinco puntos de porcentaje.

Como mínimo, la posición de Biden demuestra que ha llegado ya el cambio largamente anticipado a una situación en la que poder disputar el Sunbelt [Cinturón del Sol, la región de Estados Unidos que se extiende desde la costa atlántica del Sureste hasta la costa pacífica del Suroeste], resultado del cambio demográfico, un incansable esfuerzo organizativo y el impacto polarizador de Trump.

Con la elección de Mark Kelly, Arizona tendrá ahora dos senadores democráticos, la primera vez desde que ganó el republicano Barry Goldwater en 1952. Y en Georgia, ambos escaños del estado en el Senado parecen destinados a una segunda vuelta el 5 de enero, contiendas que decidirán probablemente qué partido controlará la mayoría del Senado.

Ese es un gran cambio desde el martes por la noche, cuando la derrota de los demócratas en Florida y Tejas estableció el tono de la cobertura.

Eso no significa que los demócratas consiguieran la “ola azul” que habían estado esperando.

El partido perdió al menos media docena de escaños del Congreso y no logró darle la vuelta a las cámaras legislativas de los estados de Tejas, Carolina del Norte y otros lugares en los que los manipuladores de las circunscripciones electorales han apuntalado el poder de los republicanos. Eso significa que los republicanos seguirán en condiciones de dominar el trazado de los límites de los distritos en esos estados después del actual censo.

Por ende, aunque los demócratas tuvieran avances en algunas partes del Sunbelt, los republicanos reforzaron su control de Florida, en buena medida gracias a la solidez de su atractivo para los votantes hispanos de la zona de Miami.

Los demócratas también se quedaron por debajo de sus objetivos en Tejas, donde esperaban hacerse con varios escaños de la Cámara de Representantes. Algunas de estas derrotas las provocó el fracaso de los demócratas a la hora de comprometer a la población hispana de Tejas, que es amplia, pero tiende a participar poco en las elecciones. Pero los candidatos del partido también perdieron algunas batallas en las afueras residenciales de Dallas y de Houston, donde habían esperado hacer progresos sobre los avances conseguidos entre los votantes blancos en las elecciones de mitad de mandato en 2018.

Sin embargo, los avances conseguidos por Biden — erosionar los márgenes de Trump en zonas de clase trabajadora como el noreste de Pensilvania y el condado de Macomb, en las afueras de Detroit, incentivar una mayor participación de votantes negros en Filadelfia, la Atlanta metropolitana y otras ciudades de importancia, y apuntalar el apoyo a su partido en zonas residenciales, desde Charlotte, en Carolina del Norte, a Milwaukee o Phoenix — han creado una sólida coalición sobre la que puede ahora albergar su partido la esperanza de construir.

Que los demócratas vayan o no a ser capaces de seguir hasta el final en esto dependerá de bloques importantes de votantes que estarán ahí para quien los quiera en los próximos dos años. Las primeras pruebas vendrán con esa disputa de la segunda vuelta del Senado en Georgia, en la que se presentará el senador republicano David Perdue contra el demócrata Jon Ossoff, en unas elecciones regulares para un mandato de seis años, y la senadora republicana Kelly Loeffler contra el reverendo Raphael Warnock, en unas elecciones especiales para cubrir los dos años que restan del mandato del senador jubilado Johnny Isaakson.

De máxima preocupación para ambos partidos: ¿Qué pasa con esos votantes de zonas residenciales que votaron a los demócratas en 2018 y 2020 por su repugnancia hacia Trump?

Muchos son antiguos republicanos o independientes moderadamente conservadores. ¿Los han convertido los demócratas o los han alquilado sólo para un par de elecciones? Si lo primero demuestra ser cierto, el partido puede tener la esperanza de una mayor consolidación de su mayoría. Pero si se trata de lo segundo, los republicanos podrían estar en condiciones de recuperar en dos años la Cámara de Representantes, puesto que el partido fuera del poder suele normalmente tener avances en la primera elección de mitad de mandato de una nueva presidencia.

Mantener la lealtad de los votantes de zonas residenciales, a la vez que se motiva al núcleo más progresista del partido va a suponer un desafío significativo para Biden y los estrategas demócratas del Congreso. Ya esta semana, las tensiones ideológicas en el partido quedaron públicamente a la vista cuando legisladoras centristas, como la representante Abigail Spanberger de Virginia, atacaron a los progresistas por haber promovido cuestiones como las de “retirar la financiación de la policía”, que, en su opinión, habían puesto en peligro su reelección y provocado derrotas del partido en distritos más conservadores.

Los republicanos se enfrentan a sus propias divisiones. El jueves, el hijo mayor de Trump, Donald Trump Jr. atacó a quienes confían en ser candidatos presidenciales del partido en 2024 por no salir en defensa de su padre. De modo más general, el partido todavía no se ha hecho una idea de si puede aprovechar el fervor de los partidarios de Trump sin las apelaciones al racismo y al sentimiento contrario a los inmigrantes que han provocado la reacción negativa de zonas residenciales.

Los dos partidos se enfrentan a un problema semejante con el otro gran bloque de votantes que 2020 ha demostrado que estaba en juego: los hispanos.

Los republicanos tuvieron éxito claramente a la hora de atraerse a los cubano-norteamericanos y otras comunidades latinoamericanas de Florida. No se trata sólo del fenómeno de Trump. El apoyo de estos votantes desempeñó también un papel principal en las victorias en 2018 del gobernador Ron DeSantis y el senador Rick Scott.

Los republicanos más optimistas creen que pueden progresar partiendo de los éxitos conseguidos hasta ahora y formar un partido multirracial que combinaría a los votantes hispanos socialmente conservadores con los blancos de cuello azul bajo la bandera del populismo de centro-derecha, adhiriéndose a las partes políticamente más atractivas del trumpismo sin el bagaje personal del presidente.

Que esto vaya a ser factible o no — o si harán trizas las tensiones raciales cualquier coalición de ese género — constituirá una pregunta de envergadura en varios años próximos.

Del otro lado, los demócratas pueden apuntar a Arizona como evidencia de que movilizar a los votantes latinos puede ser para ellos clave para la victoria en el Sudoeste. Pero sus fracasos en Tejas han demostrado los límites de su estrategia hasta ahora.

En el seno del partido arrecia ya un debate acerca del grado en que el énfasis de este año en la justicia racial ayudó a movilizar a electorados claves por contraposición al alejamiento de aquellos votantes que de verdad querían oír hablar más de atención sanitaria, del salario mínimo y otras preocupaciones del bolsillo.

Esas tensiones en el seno de cada partido darán forma a las medidas políticas y las batallas legales de una administración de Biden. Por ahora, sin embargo, mientras se prepara a investirse con el título de presidente electo, Biden puede saborear el momento de una victoria que ha costado mucho, pero que resultó, al final, convincente.

Los Angeles Times, 5 de noviembre de 2020

Después de Trump: primeros tiros de la batalla por el futuro del Partido Republicano

Richard Luscombe

Richard Luscombe es periodista independiente radicado en Miami, Florida, es colaborador del diario británico The Guardian.

Durante cuatro años, concitó su inquebrantable lealtad. Le protegieron del “impeachment”, dieron su tácita aprobación mientras se separaba de sus padres a los niños en la frontera y se les metía en jaulas, y miraron hacia otro lado mientras se les lanzaban gases a norteamericanos que protestaban pacíficamente, como oportunidad para hacer fotos.

Ahora, en la mortal agonía de la presidencia de Donald Trump, los republicanos que antes iban codo con codo con el hombre que remodeló el partido a su voluntad salen en desbandada para distanciarse de sus infundadas afirmaciones de que le han robado las elecciones.

“Indignante, gratuito y un error terrible”, ha afirmado el gobernador de Maryland, Larry Hogan, de la errática busca de alegaciones falsas por parte de Trump; “muy alarmante”, de acuerdo con la senadora de Pensilvania senator Pat Toomey; y “una temeridad”, en palabras del excandidato a la presidencia Mitt Romney.

Este romper filas de un número creciente de senadores, congresistas, gobernadores y otros cargos electos – que surgen sólo después de que la causa de Trump parezca perdida – augura una inminente batalla sobre el futuro rumbo del Partido Republicano con su mascarón fuera del escenario.

Quienes ahora se muestran abiertamente críticos después de años de silencio deben sopesar las consecuencias de dejar oír su voz mientras siga habiendo leales dentro del partido decididos a portar la enseña del trumpismo en las elecciones de 2024 y más allá. En esa facción se incluyen senadores republicanos como Ted Cruz y Tom Cotton, así como el gobernador de Florida, Ron DeSantis, acérrimo aliado de Trump, que ha apremiado al presidente a “seguir luchando y agotar todas las opciones” en su vano esfuerzo de demostrar un amplio fraude electoral.

“El trumpismo permanecerá porque sigue él siendo una figura extremadamente popular entre sus bases. Pero, ya saben, para muchos republicanos siempre ha sido cuestión de pragmatismo”, afirma Jason Stanley, profesor de Filosofía en la Universidad de Yale University y autor de un libro éxito de ventas: How Fascism Works: The Politics of Us and Them.

“Hay una parte del Partido Republicano que le apoya principalmente porque es Trump, y humilla a los progres y dice cosas racistas. Y luego hay otro grupo que le apoya porque saca adelante las medidas políticas de la derecha más dura”.

“Mi expectativa es que el Partido Republican dará prioridad a cualquier mecanismo que le haga falta para dominar los tribunales, seguir suprimiendo el voto, asegurarse de que puedan, como partido en minoría, seguir controlando las palancas de gobierno”.

Stanley cuestiona la oportunidad de quienes parecen liberarse de Trump dejando ahora oír su voz.

“El Partido Republicano lleva con esta práctica anti-democrática desde bastante antes de Trump”, afirma.

“Han ido actuando como si los demócratas no fueran legítimos, como si no tuvieran la responsibilidad de co-gobernar con los demócratas y su único propósito fuera echar a los demócratas y gobernar como partido de una minoría”.

“Me explico: hemos tenido cuatro años de esto. Cuando la gente hace lo que mínimamente se espera, eso no significa que haya que llenarla de alabanzas…Las normas se han quebrantado de tal modo que nos preguntamos si elogiar a la gente cuando el presidente está evidentemente intentando amañar y hurtar las elecciones”.

Está por ver si veteranos republicanos más moderados que han sido críticos con Trump, como Mitt Romney, senador por Utah, mantendrán su influencia cuando el partido conciba su rumbo para la presidencia de Biden.

Romney distribuyó una declaración redactada en términos riguroso el viernes pasado que afirmaba que eran erróneas las aseveraciones de Trump de que las elecciones estaban amañadas, de que habían sido corruptas y objeto de un robo. “Perjudican a la causa de la libertad aquí y en todo el mundo, debilitan las instituciones que son cimiento de la República e inflaman temerariamente pasiones destructivas y peligrosas”, escribió.

Entre otras figuras republicanas que siguen todavía montadas en el tren de Trump, aun cuando esté descarrilando, se cuentan fieros leales como DeSantis, Cruz, Cotton, el senador de Carolina del Sur, Lindsey Graham, y apologetas como Newt Gingrich, antiguo presidente de la Cámara de Representantes, más Rudy Giuliani, antiguo alcalde de Nueva York y abogado personal de Trump ampliamente ridiculizado por su aparición en la reciente película de Borat.

Todos han respaldado públicamente las falsas afirmaciones del presidente de actividad ilícita, pasando por alto el hecho de que se han hecho sin pruebas.

“Son esos los políticos más peligrosos que tenemos. Le otorgan un valor nulo a la democracia”, afirma Stanley, el profesor de Yale.

“Algunos de ellos, como Tom Cotton y Ted Cruz, ya saben, podrían ser en varios aspectos más peligrosos que Trump”.

The Guardian, 7 de noviembre de 2020

Mike Davis es profesor del Departamento de Pensamiento Creativo en la Universidad de California, Riverside, es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso. Su libros más reciente es junto con Justin Akers Chacón, "Nadie Es Ilegal, Combatiendo el Racismo y la Violencia del Estado en la Frontera" (Chicago, Illinois. Haymarket Books. 2009).
Yanis Varoufakis, co-fundador del Movimiento por la Democracia en Europa (DIEM25), fue diputado y portavoz de este grupo en el Parlamento griego y es profesor de economía de la Universidad de Atenas. Ex-ministro del Gobierno de Syriza, del que dimitió por su oposición al Tercer Memorándum UE-Grecia, es autor, entre otros, de "El Minotauro Global".
David Lauter es corresponsal en Washington del diario californiano Los Angeles Times, para el que ha trabajado desde 1981 cubriendo el Congreso, el Tribunal Supremo y la Casa Blanca.
Richard Luscombe es periodista independiente radicado en Miami, Florida, es colaborador del diario británico The Guardian.

Elecciones en Estados Unidos

Un día para recordar en la ciudad de Nueva York / Crónica gráfica



Mariana Peláez

Mundo Nuestro. Mariana Peláez es fotógrafa. Estudió Comunicación en Ibero Puebla y fotografía en el Business School of Visual Arts. Actualmente vive en Nueva York, ciudad en la que encabeza una agencia de publicidad especializada en gastronomía. www.marianapelaez.com

Alrededor de las 11:30 am se empiezan a escuchar los primeros cacerolazos, gritos y aplausos en las ventanas de Manhatta. Esta vez, a comparación de los aplausos de la Primavera, la emoción es otra completamente diferente: total euforia y alegría, esperanza.



Incluso antes de que la app del New York Times mande la notificación, la ciudad ya festeja la noticia:

Joe Biden defeated President Trump and has been elected next president of the United Estates

Joe Biden derrota al Presidente Trump y ha sido electo como presidente de Estados Unidos.



Todo ahora se concentra en esa frase.

A la ciudad le urge salir de lo que parecieron 4 años de una nube gris y que remató con meses durísimos de ser el epicentro de una pandemia. Después de meses de contar nuevos récords de muertos hasta llegar a los casi 800 en un solo día.

Pero este sábado de Noviembre, extrañamente caluroso (21ºC), la ciudad está lista para festejar, en la esquina de Colombus Avenue y la calle 72, en el Upper West Side en Manhattan, los vecinos salimos a la calle como nos encontró la noticia, en pijama o en ropa deportiva, en lo que sea. Algunos lloran de emoción, otros se abrazan, personas de todas las edades, gente mayor en sillas de ruedas o bastón pero con cacerola y cuchara en la mano, padres jóvenes con bebés en brazos, niños, adolescentes con banderas de su país al vuelo.

En la Avenida pasan autos con las ventanas abiertas y sus pasajeros gritando; autos particulares, taxis amarillos, camiones de carga, autobuses de transporte público, manejados por personas de todas las razas tocando el claxon en señal de apoyo, gesto que despiertan nuevas y cada vez más fuertes oleadas de alegría, gritos y silbidos.

Para medio día, el Colombus Circle, ya está lleno de gente y como era de esperarse, el Trump International Hotel and Tower ya está resguardado por vallas policías, quienes incluso discretamente responden con empatía a los festejos de la gente que les lanza alguna arenga.

La emoción es de fiesta, de respeto y solidaridad. La gente de las casas cercanas regala agua y aliento. Muchos cargan consignas en carteles, camisetas, pines, etcétera, consignas que en resumen buscan paz, justicia e igualdad.

Ya se sabe que NY no es una ciudad cualquiera, es una ciudad de extremos, puede ser helada y puede hervir en verano, puede ser feroz pero mágica, puede ser el epicentro de algunas desgracias mundiales, pero también es ejemplo de cómo levantarse ante la catástrofe. Esta vez la ciudad es una sola gran fiesta; la gente de todos los colores vuelve a sentir que la ciudad los respalda, que somos uno, y que ese sentimiento, al final de cuentas es el que ha ganado en estas elecciones.

El 7 de Noviembre es un día para recordar.

Elecciones en Estados Unidos

Este es nuestro momento

Cori Bush



Cori Bush, activista de Black Lives Matter electa al Congreso de Estados Unidos el pasado 3 de noviembre. Es la primera mujer negra en lograrlo en toda la historia de Missouri.

Estaba corriendo ... Yo era esa persona corriendo por mi vida a través de un estacionamiento, huyendo de un abusador. Recuerdo el silbido de las balas pasar por mi cabeza, y en ese momento me pregunté: "¿Cómo me salgo de esta vida?

Yo no estaba asegudada. He sido esa persona sin seguro, esperando que mi proveedor de atención médica no me avergonzara preguntándome si tenía seguro. Me preguntaba: "¿Cómo lo soportaré?"



Yo era una madre soltera. He sido esa madre soltera que lucha de quincena en quincena, sentada fuera de la oficina de préstamos del día de pago, preguntándome "¿cuánto más tendré que sacrificar?"

Yo era ese paciente de Covid. He sido ese paciente de Covid que se queda sin aliento y se pregunta: "¿Cuánto tiempo pasará hasta que pueda volver a respirar libremente?"

Pero soy la misma persona. Me enorgullece estar hoy ante ustedes sabiendo que fue esta persona, con estas experiencias, la que impulsó a los votantes de St. Louis a hacer algo histórico. San Luis: mi ciudad, mi hogar, mi comunidad. Hemos estado sobreviviendo, luchando y sobreviviendo durante tanto tiempo, y ahora este es nuestro momento para finalmente, finalmente comenzar a vivir, crecer y prosperar. Entonces, como la primera mujer negra, enfermera y madre soltera en tener el honor de representar a Missouri en el Congreso de los Estados Unidos, permítanme decir esto. Para las mujeres negras. Las chicas negras. Las enfermeras. Las madres solteras. Los trabajadores esenciales. Este. Es. NUESTRO. Momento.



Hace seis años, San Luis capturó los ojos y los oídos del mundo entero durante el levantamiento de Ferguson. No pudimos soportar más la injusticia, así que, en la tradición de cada uno de nuestros antepasados ​​que lucharon por un mundo mejor, nos organizamos para Michael Brown, Jr. Nos organizamos durante 400 días, uno al lado del otro, del brazo, ¡un San Luis fuerte!

Y ahora, ante una pandemia mundial y ante los ataques implacables contra nuestro derecho al voto, nos organizamos todo derecho hasta las urnas. Enviamos nuestras boletas por correo, votamos en ausencia, y con a nuestras familias, amigos, vecinos y compañeros, nos presentamos… ¡Un San Luis fuerte!

Durante años, hemos vivido bajo un liderazgo que nos excluyó de nuestro propio gobierno. Durante años, nos hemos a la intemperie: protestando en las calles, durmiendo en nuestros autos o carpas, chambeando en tres trabajos de medio tiempo solo para pagar las facturas. Y hoy, hoy, todos nosotros nos dirigimos al Congreso: ¡Un San Luis fuerte!

Mi mensaje de hoy es para todas las personas negras, prietas, inmigrantes, queer y trans, y para todas las personas que no tienen oportunidades de prosperar debido a los sistemas opresivos: estoy aquí para servirte. A toda persona que sepa lo que es decirle a un ser querido "regresa sano a casa”. Los quiero.

A todos los padres que se enfrentan a la elección entre poner comida en la mesa y mantener un techo sobre su cabeza. estoy aquí para servirte. Para cada niño precioso en nuestro fallido sistema de acogida: los amo.

A cada maestro que hace lo imposible por enseñar a través de esta pandemia; Estoy aquí para servirte. A todos los estudiantes que luchan por llegar a la meta, los quiero.

A cada persona con capacidades diferentes a la que se le niega el acceso igualitario, te quiero.

A toda persona que vive sin vivienda en la calle, te quiero.

Por cada familia que ha perdido a alguien por la violencia armada, te quiero.

A toda persona que haya perdido su trabajo, su hogar, su atención médica o su esperanza, te quiero.

Es el mayor honor de mi vida aceptar la responsabilidad de servir a todas y cada una de las personas en el primer distrito congresional de Missouri, como su primera congresista negra electa. Este es nuestro momento.

Esta noche el pueblo triunfó. Nosotros, el pueblo vamos al Congreso. Porque nosotros, el pueblo, nos hemos comprometido con una visión de Estados Unidos que funcione para todos nosotros. Una América que trata a todas las personas con respeto. Que reconoce la salud como un derecho humano. Que cree que cada persona merece comida para comer, un hogar donde vivir y una vida digna. Nuestra América no estará dirigida por la mezquindad de unos pocos poderosos, sino por la imaginación de un movimiento de masas que nos incluye a todos. Esa es la América por la que luchamos.

Todo lo que hago comienza con aquellos que tienen menos, que han sufrido lo peor y que tienen lo mejor para ofrecer. ¿Por qué? Porque yo misma he vivido de sueldo a sueldo. Luché durante años bajo el peso de la deuda estudiantil. Los arrendadores me han desalojado. He sufrido por cómo voy a poner comida en la mesa para mis dos hijos. He tenido seguro insuficiente y sin seguro. Y por cada una de esas historias que puedo contarte sobre mi vida, sé que hay miles más en nuestra comunidad. Y esas son las historias que llevo conmigo y que elevaré en la Cámara de Diputados como su congresista.

Ahora es mi trabajo servirles, no solo liderar, no solo exigir, sino servirles.

Este momento lo hemos hecho nosotros, nuestro movimiento por la justicia social, racial y económica. Ahora, nuestro movimiento va al Congreso. Y afrontaremos los desafíos de este momento como un movimiento: uno al lado del otro, del brazo y con los puños en alto, listos para servirnos unos a otros hasta que todos y cada uno de nosotros seamos libres.

Esta es una versión escrita del discurso de victoria que dio Cori Bush el 3 de noviembre en San Luis Missouri. Tomado de The Guardian. Traducción de Mundo Nuestro.

Mundo Nuestro. Elecciones en Estados Unidos este martes 3 de noviembre. ¿Qué les va en ello a los millones de trabajadores indocumentados que por allá pasan su vida?

Hay una refriega diaria que no vemos desde México fácilmente: el trabajo de los mexicanos en los campos de cultivo de todos los rumbos de ese país. Lo medimos en miles de millones de dólares enviados al año. Dólares anónimos que explican la sobrevivencia de México. Mexicanas y mexicanos que en el norte encontraron una salida que no es la de participar en una banda del narcotráfico.

Millones de hombres y mujeres así.

En la escena tomada el 23 de julio del 2019,en primer plano, un cortador de cebollas no pierde el paso mientras platica con el tipo que toma el video desde su teléfono. Una norteñita tranquila acompaña los movimientos sin pausa del cortador. Tapeo de la cebolla, dice el pie. Así que lo van a ver en Youtube, dice el cortador mientras deja caer las cebollas en el costal que ha dispuesto, uno entre más de 230 que se ven a lo largo de los cuatro surcos que le tocan. "Para que vean por allá que los mexicanos no se rajan", dice el hombre mientras la cámara se abre a un campo en el que docenas de cortadores se afanan sin preguntar ahora por el destino que los hizo llegar a ese llano en el estado de Washington.



¿Qué les va esos centenares de cortadores la batalla entre Biden y Trump? ¿Qué diferencia hace para ellos que ganen los demócratas o que repitan los republicanos? Visto en décadas este tránsito entre la pobreza de los campos temporaleros de México y el trabajo a destajo en los tecnificados acres norteamericanos, ayuda a entender la trama estructural de nuestra dependencia. Mano de obra campesina calificada como pocas en el mundo, barata y dócil, fundada en el hambre y la dominación del capital sobre el trabajo. Explotación y destino manifesto.

La voz en el video hace cuentas: "Apenas lleva una hora y ya lleva como 40 costales... Está ganando la hora como a 60 dólares."

El hombre en primer plano precisa, "arriba de 40 dólares, ¿no?"

El cortador de cebollas no se preocupa por el martes 3 de noviembre. No estará cortando cebollas en esos campos del otoño frío.

¿Qué le va a él del pleito Biden - Trump?



El video lleva 3,532,494 de vistas en YouTube.