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Miércoles, 25 Septiembre 2019 00:00

Poliana: La pintura como acto de libertad

Emma Yanes Rizo



Desde hace varios años el pintor José Lazcarro, por iniciativa propia, se acercó a la cárcel de san Miguel con la propuesta de realizar un taller para presos y presas y así ayudarles a salvar su alma. Para sorpresa del propio Pepe a la propuesta respondieron un nutrido grupo de convictos de ambos géneros con el entusiasmo y la curiosidad de acercarse al arte. Así, Lazcarro, sin temor alguno, les mostró durante cuatro años, cada miércoles, cómo hacer los primeros trazos, cómo borrar figuras y empezar de nuevo, el manejo del color, pero sobre todo los animó a alejarse del miedo de expresar sus propios sentimientos en modestas hojas de papel o en el lienzo como un camino para conocerse a sí mismos, encontrar acaso el propio perdón.

Nunca ha preguntado ni sabe José Lazcarro si los hombres y mujeres a los que vistita en la cárcel son culpables o no. Considera simplemente que todo ser humano sin oportunidades o con fragilidad emocional puede, en cualquier momento, dar un paso hacia el horror, quizás en defensa contra sus propios demonios.

Las imágenes, de las que hemos hecho una pequeña selección, hablan por sí mismas: un ciclista que desde su celda imagina un camino al que no puede acceder, a su bicicleta le falta la rueda delantera y pedalea sin sentido; un hombre de mirada triste tras las rejas; una muchacha finamente ataviada con una flor en el cabello y las uñas pintadas lista para la fiesta, pero con las manos esposadas; o un cuadro surrealista de un muchacho que se mira en tres dimensiones, en una de las cuales habla con su propio cerebro.

La exposición Poliana retoma el nombre de un juego de mesa ideado por los presos políticos de 1968 en Lecumberri, con el reto en el tablero de lograr salir del terrorífico Palacio Negro.



La exposición presenta para sus visitantes tres textos que acompañan al trabajo de los artistas adiestrados por el Maestro Pepe Lazcarro, que aquí presentamos. Sus autores, Chen-Li Chilian, Fritz Glockner y Alejandro Eziquio Bernardino, este último, con un poema. Se inauguró en el Museo de Arte Virreinal este 19 de septiembre, para conmemorar simbólicamente el 34 aniversario del terremoto de 1985, cuando los mexicanos mostraron su solidaridad los unos con los otros, sin importar a quién se tendía la mano, y concluirá el 10 de diciembre, fecha de la conmemoración 71 de la aprobación en la ONU de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Imperdible



Poliana, el arte de la fuga

Sheng-li Chilián

Poliana es un recorrido impulsado por el anhelo de libertad, con un poco de estrategia, un toque de suerte y un espíritu lúdico que se mantiene aún en las circunstancias más hostiles.

Bajo la guía del maestro Lazcarro como una suerte de Virgilio, Poliana es el descenso al infierno de uno mismo, ese lugar donde habitan el miedo, la soledad, la incertidumbre, la tristeza, la rabia, la impotencia. Un camino que incluye el trabajo con el cuerpo, los ojos, las manos, acompañado de una nueva conciencia de sí y del otro. Una senda que ha de andarse y desandarse mientras uno se transforma al transformar la materia con que se juega.

En el diálogo con la academia, el trabajo de los internos evidencia un reconocimiento de sí a través de la memoria y el diálogo con el otro; el sueño de la libertad convertido en una cotidianidad imaginada; una renovada conciencia del entorno, sus paisajes y vicisitudes; muchas emociones en tensión, jovialidad y derrota, pero sin resentimiento ni melancolía, que se asoman a través de trazos al mismo tiempo expresionistas y naíf, un uso del color que abreva de la cultura popular y mantiene vínculos profundos con el recuerdo familiar.

¿Qué es lo que aquí entra en juego? El papel del arte en la vida, su efecto en una humanización de las personas, su función social; la visibilización de aquello que sucede allende los muros de la cárcel, ese sitio que marca el límite de la justica en el imaginario colectivo, la vida que ahí persiste; la imperiosa necesidad de mirarnos como individuos y como instituciones, y reconocernos para retejernos, reconectarnos, colaborar y ejercer nuestra libertad con responsabilidad.

Simbólicamente, el inicio de la exposición coincide con el 34 aniversario del terremoto de 1985, evento que cimbró las estructuras y sacó a flote la fraternidad soterrada de los mexicanos. Además, otra fecha significativa, el día 10 de diciembre, coincide con la conmemoración 71 de la aprobación de la ONU de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la cual pone a la dignidad humana como el valor esencial para la construcción de una sociedad justa.

Y en la construcción de esa dignidad, el arte, con su disciplina y algarabía, es el agente transformador.

Aire de libertad

Fritz Glockner

Atraparon su libertad luego de andar persiguiendo sus sueños; fueron varias decenas de jóvenes quienes de pronto se vieron como huéspedes del llamado “Palacio de Lecumberri”. Han transcurrido ya cinco décadas desde que el tedio se apoderó de ellos, quienes exigieron lo imposible; las lecturas y los círculos de estudio proliferaron y consumieron parte de su existencia en cautiverio; las manualidades les ofrecieron algunos billetes para aminorar carencias: pulseras de chaquira, monedas talladas con efigies del Che Guevara, o de flores y figuras atractiva; de pronto, frente al hastío, los juegos de mesa: cartas en todas sus variaciones, dominó, ajedrez, damas chinas e inglesas, hasta que alguno empezó a diseñar la estructura carcelaria, con los pasillos largos de las crujías, la torre panóptica en su centro, los apandos como sitios de castigo. Se habrán preguntado “¿y si jugamos a salir de aquí?”

Actualmente existen diversas versiones sobre el origen del juego. Hay quienes aseguran que fue un norteamericano recluido quien trajo a México la idea, basada en la novela Pollyanna, otros se lo adjudican a narcos colombianos. La propia acta de nacimiento se debate entre Lecumberri o el penal de Santa Martha; para el año 1974, cuando mi padre se encontraba convidado a permanecer dentro de las paredes de ese infierno, la Poliana ya era la novedad para acudir a la distracción.

Más allá de la inexactitud histórica o de las versiones y leyendas, la Poliana es un invento de los presos políticos de México. Popularizado en la crujía “M” de Lecumberri, el diseño del tablero semeja un mapa del “Palacio Negro”: ahí se actualizaron sus reglas, se fabricaron con madera, sirvió como distractor ante la rutina… Más allá del escenario del horror, el juego de mesa les permitió estrellar las costumbres, alcanzar otros alientos, eludir el dolor del castigo, suponer que la libertad quedaba a pocos pasos.

Hoy por hoy la Poliana es un juego para continuar con la imaginación y la protesta detrás de los muros, un medio para dirigir la alegría, una manera de olfatear la libertad.

Poema carcelario

Alejandro Eziquio Bernardino

Se necesita

Cerrar los ojos y viajar

Más allá de las fronteras

Más allá del horizonte

Más allá de estás frías rejas

De estas mudas paredes

De ilusiones, de sueños truncados

De lágrimas agotadas, de voces silenciadas

Por el seguro de la puerta

Más allá de una realidad incierta

Y sólo se necesita cerrar los ojos

Como si en ello se acabara todo

Uno se volviera invisible.

Se necesita cerrar los ojos

Y creer en lo más hondo de tu ser

En lo profundo del alma, creer que

Aún se puede ser, lo que uno siempre

Ha querido y cada día ser mejor en todo

Y el primero en ser

El más humilde.

Publicado en Cultura |#ffcc00
Domingo, 22 Septiembre 2019 00:00

Mundo Nuestro. La revista española Sin Permiso presenta esta entrevista publicada originalmente en The Guardian. Naomi Klein, intelectual y activista canadiense, una de las voces más lucidas en la critica del capitalismolcontemporáneo.

Con motivo de la publicación de su último libro, On Fire: The Burning Case for a Green New Deal, y las movilizaciones contra el cambio climático, Natalie Hanman entrevista a la activista y teórica canadiense.

¿Por qué publica ahora este libro?



Tengo todavía la impresión de que el modo en que hablamos acerca del cambio climático está demasiado compartimentad, demasiado separada de las demás crisis a las que nos enfrentamos. Un tema verdaderamente contundente que discurre a lo largo del libro son los vínculos entre esto y la crisis del ascenso del supremacismo blanco, las diversas formas de nacionalismo y el hecho de que haya tanta gente que se ve obligada a dejar su tierra, y la guerra que se libra contra nuestro umbral de atención. Son estas crisis que se entrecruzan y se interconectan, y las soluciones también han de ser así.

El libro recoge ensayos de la década pasada, ¿ha cambiado de opinión acerca de algo?

Cuando echo la vista atrás, creo que no puse bastante énfasis sobre el reto que el cambio climático plantea a la izquierda. Resulta más evidente la forma en que el cambio climático pone en tela de juicio la visión del mundo dominante de derechas, y el culto de un grave centrismo que nunca quiere hacer nada en grande, que siempre está considerando partir la diferencia. Pero esto supone también un desafío a una visión del mundo de izquierdas que sólo está esencialmente interesada en redistribuir los despojos del extractivismo [el proceso de extraer recursos naturales de la Tierra] y no en calcular los límites de un consumo sin fin.

¿Qué es lo que le impide hacer esto a la izquierda?

En el contexto de América del Norte, el mayor tabú de todos consiste en reconocer que va a haber límites. Lo ves en la deriva que ha sufrido Fox News tras el New Deal verde: ¡vienen a por tus hamburguesas! Llega hasta el corazón del sueño norteamericano: toda generación tiene más que la anterior, siempre hay una nueva frontera que prolongar, toda la idea de países coloniales de pobladores, como los nuestros. Cuando alguien llega y nos dice: en realidad, hay límites, tenemos decisiones duras, nos hace falta imaginar cómo resolver lo que resta, tenemos que compartir de modo equitativo…nos entra un ataque psíquico. Y así la respuesta [de la izquierda] ha consistido en evitarlo y decir no, no, no vamos a quitaros lo que tenéis, vamos a tener toda clase de beneficios. Y va a haber beneficios: tendremos ciudades más vivibles, tendremos un aire menos contaminado, pasaremos menos tiempo atascados en el tráfico, podemos diseñar vidas más felices, más ricas de tantas maneras. Pero vamos a tener que contraer ese lado del consumo infinito, de usar y tirar.



¿Se siente animada por que se hable de un New Deal verde?

Siento una tremenda emoción y una sensación de alivio de que por fin hablemos de soluciones de la escala de la crisis a la que nos afrontamos, de que no estemos hablando de un pequeño impuesto o de un programa de derechos de emisión como si fuera mano de santo. Estamos hablando de transformar nuestra economía. De todos modos, el sistema le está fallando a la mayoría de la gente, razón por la cual nos vemos en este periodo de profunda desestabilización, que nos ofrece Trumps y Brexits, y todos esos líderes fuertes, de modo que ¿por qué no cambiarlo todo de abajo arriba y hacerlo de forma que encare todas estas crisis a la vez? Tenemos todas las posibilidades de errar el tiro, pero cada fracción de un grado en el calentamiento que seamos capaces de evitar constituye una victoria, y cada medida política que seamos capaces de lograr que vuelva más humanas a nuestras sociedades, nos harán capear mejor las inevitables conmociones y tormentas sin deslizarnos hacia la barbarie. Porque lo que verdaderamente me aterra es lo que estamos viendo en nuestras fronteras en Europa y América del Norte y Australia, no creo que sea una coincidencia que los estados de pobladores coloniales y los países que son motores de ese colonialismo estén en primera línea de esto. Estamos asistiendo al inicio de la era de la barbarie climática. Lo vimos en Christchurch, lo vimos en El Paso, donde se ve este matrimonio de la violencia del supremacismo blanco con un despiadado racismo contra los inmigrantes.

Esa es una de las partes más pavorosas de su libro: creo que es una relación que mucha gente no establece.



Este patrón ha quedado claro desde hace un tiempo. La supremacía blanca no surgió sólo porque hubiera gente pensando en ideas que iban a hacer que se matara a mucha gente, sino porque resultaba útil para proteger acciones bárbaras pero enormemente lucrativas. La edad del racismo científico empieza a la vez que el tráfico de esclavos transatlántico, es una racionalización de esa brutalidad. Si vamos a responder al cambio climático fortificando nuestras fronteras, entonces, por supuesto, las teorías que justificarían eso, que crean esas jerarquías en la humanidad, volverán a aparecer. De ello ha habido señales desde hace años, pero se vuelve cada vez más difícil negarlo porque hay asesinos que lo gritan desde los tejados.

Una crítica que se escucha en relación al movimiento ambiental es que hay un predominado de gente blanca. ¿Cómo afronta esto?

Cuando tienes un movimiento que es abrumadoramente representativo del sector más privilegiado de la sociedad, entonces ese enfoque va a tenerle mucho más miedo al cambio, pues la gente que tiene mucho que perder tiende a tenerle más miedo al cambio, mientras que la gente que tiene mucho que ganar tiende a luchar más denodadamente por él. Esa es la gran ventaja de disponer de un enfoque del clima que lo vincule a las llamadas cuestiones de pan y mantequilla: ¿cómo vamos a conseguir empleos mejor pagados, vivienda asequible, medios para que la gente se ocupe de sus familias? He tenido muchas conversaciones con ambientalistas a lo largo de los años en las que parecían creer que ligar la lucha del cambio climático con la lucha contra la pobreza, o la lucha por la justicia racial, va a hacer más difícil la lucha. Tenemos que salir de este “mi crisis es mayor que tu crisis: primero salvamos el planeta y luego luchamos contra la pobreza y el racismo, y contra la violencia contra las mujeres”. Eso no funciona. Eso nos enajena a la gente que lucharía más denodadamente por el cambio. Este debate se ha desplazado enormemente en los EE.UU. debido al liderazgo del movimiento por la justicia climática y a que son congresistas de color las que abanderan el New Deal Verde. Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar, Ayanna Pressley y Rashida Tlaib provienen de comunidades que han recibido un trato injusto en los años del neoliberalismo, y anteriormente, y están decididas a representar, a representar verdaderamente los intereses de esas comunidades. No tienen miedo a un cambio profundo, porque sus comunidades lo necesitan desesperadamente.

Escribe usted en el libro: “La dura verdad es que la respuesta a la pregunta: ‘¿Qué puedo hacer yo, como individuo, para detener el cambio climático?’ es: nada.” ¿Todavía piensa así?

En términos de carbono, las decisiones individuales que tomamos no van a sumarse hasta alcanzar el volumen del cambio que precisamos. Y creo de veras que el hecho de que para mucha gente sea mucho más cómodo hablar de nuestro consumo personal que hablar del cambio sistémico es producto del neoliberalismo, que nos ha formado para que nos veamos primero como consumidores. Esa es para mí la ventaja de sacar a colación esas analogías históricas, como el New Deal o el Plan Marshall, que nos traen de vuelta a una época en la que podíamos pensar en un cambio a esa escala. Porque nos han preparado para pensar en lo muy pequeño. Tiene un significado increíble que Greta Thunberg haya convertido su vida en una emergencia viva.

Sí, zarpó para la cumbre del clima en las Naciones Unidas en Nueva York en un yate de cero emisiones de carbono...

Exacto. Pero no se trata de lo que está haciendo Greta en tanto que individuo. Se trata de aquello que Greta está difundiendo con las opciones que toma como activista, y eso lo respeto de un modo absoluto, creo que es magnífico. Está haciendo uso del poder del que dispone para difundir que se trata de una emergencia y trata de motivar a los políticos para que lo traten como una emergencia. No creo que nadie esté exento de escudriñar sus propias decisiones y comportamientos, pero creo que es posible recalcar en exceso las elecciones individuales. He tomado una opción, y esto viene siendo cierto desde que escribí No Logo, y empezaron a llegarme preguntas del género de “¿qué debería comprar, dónde debería hacer las compras, qué ropa es ética?”. Mi respuesta sigue siendo que no soy una asesora de estilo, no soy la gurú de las compras de nadie, y tomo estas decisiones en mi propia vida, pero sin hacerme ilusiones de que estas decisiones vayan a suponer una diferencia.

Algunas personas eligen ponerse en huelga de vientres. ¿Qué opinión tiene sobre ello?

Me encanta que estos debates estén llegando al dominio público, que es lo contrario de que sean asuntos furtivos de los que tenemos miedo de hablar. Resulta algo que aísla mucho a la gente. Desde luego, así me sucedió a mí. Una de la razones por las que esperé todo lo que esperé para tratar de quedarme embarazada, y esto se lo decía todo el tiempo a mi pareja es, ¿qué, quieres tener a un guerrero acuático a lo Mad Max luchando con sus amigos por la comida y el agua? Hasta que no formé parte del movimiento por la justicia climática y pude ver un camino por delante, no me pude imaginar teniendo un niño. Pero nunca le diría a nadie cómo responder a esta pregunta, la más íntima. Como feminista que conoce la brutal historia de la esterilización forzada y de los modos en que los cuerpos de las mujeres se convierten en zonas de batalla cuando los responsables políticos deciden que van a tratar de controlar la población, creo que la idea de que hay soluciones regulatorias cuando se trata de tener o no tener niños resulta catastróficamente ahistórica. Nos hace falta luchar juntos con nuestra aflicción y nuestros temores por el clima, cualquiera que sea la decisión que tomemos, pero el debate que nos hace falta es: ¿cómo construimos un mundo para que estos niños tengan una vida próspera de carbono cero?

Este verano animaba usted a leer la novela de Richard Powers, The Overstory. ¿Por qué?

Para mí ha tenido una importancia increíble y estoy encantada de que me haya escrito tanta gente desde entonces. Lo que Powers escribe acerca de los árboles: que los árboles viven en comunidades y están en comunicación, y hacen planes y reaccionan juntos, y hemos estado completamente equivocados en la forma de conceptualizarlos. Es el mismo diálogo que tenemos acerca de si vamos a resolver esto como individuos o si vamos a salvar el organismo colectivo. También resulta inusual, en la buena ficción, valorar el activismo, tratarlo con verdadero respeto, con sus fracasos y todo, reconocer el heroísmo de la gente que pone su cuerpo en riesgo. Creo que Powers lo ha hecho de un modo verdaderamente extraordinario.

¿Qué opina de lo que ha conseguido Extinction Rebellion?

Una cosa que han hecho muy bien es sacarnos de este modelo clásico de campaña en el que hemos estado metidos durante mucho tiempo, en que le cuentas a alguien algo que da miedo, le pides que marque tal cosa o que hagan algo, te saltas toda la fase en la que tenemos que afligirnos juntos y sentir juntos y procesar que es lo que acabamos de ver. Porque lo que oigo de mucha gente es que, vale, puede que la gente de los años 30 o 40 se pudiera organizar barrio por barrio o lugar de trabajo por lugar de trabajo, pero nosotros no podemos. Creemos que hemos sido tan degradados como especie que somos incapaces de ello. La única cosa que va a cambiar esa creencia es vernos cara a cara, en comunidad, tener experiencias, fuera de nuestras pantallas, unos con otros, en las calles y en la naturaleza, y triunfar en algunas cosas y sentir ese poder.

Habla usted en su libro de resistencia. ¿Cómo hace para seguir adelante? ¿Se siente esperanzada?

Tengo sentimientos complicados en lo que se refiere a la cuestión de la esperanza. No pasa un día en que no tenga una sensación de puro pánico, de franco terror, de completa convicción de que estamos condenados, y luego me saco a mi misma de ello. Me siento renovada por esta nueva generación tan decidida, tan enérgica. Me siento motivada por la voluntad de comprometerse en la política electoral, porque mi generación, cuando estaba en su veintena y treintena, sospechaba tanto de lo que era ensuciarse las manos con la política electoral que nos perdimos muchas oportunidades. Lo que me da más esperanza hoy es que, en cambio, tenemos por fin una visión de lo que queremos, o por lo menos un primer borrador de ello. Es la primera vez que me ha pasado esto en mi vida. Y además, me decidí a tener niños. Tengo uno de siete años que está completamente obsesionado y enamorado del mundo natural. Cuando pienso en ello, después de haber pasado un verano entero hablando del papel del salmón en la alimentación de los bosques en los que nació en la Columbia Británica, y de qué modo están ligados a la salud de los árboles, y al suelo y a los osos y a las orcas y a este magnífico ecosistema en conjunto, y pienso en lo que sería tener que decirle que ya no hay salmones, me mata. Así que eso me motiva. Y me deja muerta.

Naomi Klein Autora, entre otros libros, de 'La doctrina del shock' y 'No Logo'.

Fuente: The Guardian, 14 de septiembre de 2019

Traducción: Lucas Antón

Temática:
Domingo, 22 Septiembre 2019 00:00
Se han iniciado ya los foros convocados por la Cámara de Diputados para que, en un ejercicio de parlamento abierto, se escuchen las voces que pueden enriquecer las modificaciones que la actual Ley General de Aguas Nacionales requiere. En gobiernos anteriores y en el actual gobierno, en los planes de desarrollo sexenales se considera el tema del agua como de seguridad nacional. Sin embargo, en la cruda realidad del presupuesto, vemos como una y otra vez el interés por el agua se queda en los discursos de los gobernantes, pero no se aterriza en los presupuestos ni federales, ni estatales ni municipales. De nada servirá una nueva ley si el estado mexicano en su conjunto no destina a las instituciones encargadas de la gestión del ciclo hidrológico un presupuesto poderoso y audaz.
Como país llevamos años sin priorizar el tema del agua en el presupuesto. El agua no es una mercancía que deba dejarse al garete de las leyes del mercado. Aunque juega un papel en el mercado, su uso debe de estar bajo la rectoría del Estado y no de las fuerzas del dinero. No quiere decir que no se puedan concesionar servicios o aprovechamientos de diferentes maneras. Lo que no puede descuidarse es la fortaleza de las instituciones públicas que garanticen el manejo eficaz del agua, apegado a la ley, ya sea por parte de los gobiernos, los municipios, el sector agrícola o las empresas. En México, aunque la rectoría del estado está plasmada en el papel, no está siendo tutelada en la realidad. Y no lo está porque los presupuestos destinados a este rubro no solo son bajos, sino que cada año lo son más. Cuando las instituciones se minan y debilitan en base al desinterés presupuestal, la ley se vuelve letra muerta. Sin un presupuesto adecuado no habrá ley que valga y el resultado será un territorio nacional cada vez más cercano al colapso de la disponibilidad hídrica, con alta contaminación en los cuerpos de agua y graves afectaciones a la salud por este tema.
Son tres las instituciones del estado mexicano que están involucradas en algún tramo de la gestión del agua: el gobierno federal vía SEMARNAT, CONAGUA, PROFEPA Y CONAFOR. Los gobiernos estatales, cada uno con las instituciones que a los gobernadores se les va ocurriendo fortalecer o disminuir, y por último, los municipios, obligados por el artículo 115 constitucional a dar el servicio de agua potable, alcantarillado y saneamiento, la mayoría en un estado de inanición presupuestal, técnico y normativo que de verdad espanta.
Creo que el papel clave es el que ha sido el más descuidado: el de los gobiernos de los estados, que en la ley actual tienen asignado el rol de ser bisagras y articuladores de la gestión del agua, hacia arriba, con la federación y hacia abajo, con los municipios. En los estados en donde han tenido éxito en el manejo integral del agua, el rol de los gobiernos estatales ha sido jugado bien y a fondo. Un ejemplo es el de Nuevo León, un estado con poca disponibilidad de agua, que sin embargo logró institucionalizar su buen manejo desde hace muchos años.
Cuando un gobierno estatal toma en serio el problema del agua, apuesta por instituciones del agua estatales fuertes y al centro de su gobierno, eficaces para plantear proyectos prioritarios, buenos para cabildear con la federación los recursos para hacerlos, utilizando economías de escala por cuencas, y además trabaja adecuadamente para fortalecer con herramientas jurídicas y técnicas a los municipios rezagados, los problemas del agua y su adecuada gestión se resuelven mucho mejor.
Está bien que se revise la actual Ley de Aguas Nacionales. Las sociedades no son estáticas, las leyes tampoco pueden serlo. Pero insisto en que si en la nueva ley no se apuntala con presupuestos obligatorios a las instituciones del sector ambiental de los tres niveles de gobierno, el resultado será que tendremos leyes novedosas, pero que quizás no se apliquen jamás.
Domingo, 22 Septiembre 2019 00:00

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Viernes 14 de junio

De atrás para adelante...



Son las 11:30 de la noche, que para estos trotes se sienten como las 2 de la mañana, aquí el cansancio viene mucho antes de la media noche, como señalándote el final de cada día, metiéndose el sol a las 5:30, para las 9 parecen las 12:00.

Estoy sentada en el salón del velero con Vital que se me puso peor los últimos tres días y hoy ya era el colmo su tos de foca, falta de oxigenación y casi fiebre, 37 grados constantes que sostuvo su cuerpecito rojo y ardiente combatiendo la enfermedad, aún con Ibuprofeno no le baja. Salimos con tanta prisa de nuestra anterior vida, que asumo la responsabilidad que implica el no entender para qué carajos es cada uno de los medicamentos que compré sin preguntar ni pensar, únicamente entregando en un mostrador de farmacia las muchas recetas de nuestros médicos para cumplir con un pendiente más. La prisa por querer resolverlo todo en los últimos meses antes de partir, no me dejó concentrarme ni organizarme bien, y cuando me encuentro en situaciones como ésta, en la que la salud de uno de mis hijos depende de lo que tengo en el botiquín y no sé ni qué darles me pone mal, me enojo conmigo misma. Quisiera tener más conocimientos, cómo sacarlo de esta tos y el dolor que veo que tiene en su pechito, sin tener que depender del complicado internet local para poderme comunicar con un doctor. No me atrevo a darle antibiótico, necesito la autorización de José Luis de la Concha, su pediatra. Finalmente, después de lograr comunicarme con él, la respuesta me tranquiliza, pues lo que hice no estuvo mal, solo tenemos que continuar con el tratamiento nebulizándolo tres días más, sin el antibiótico, me calmo.

Hago una mezcla con mi vida, queriendo estar en todo y hacerlo bien, ser anfitriona, gozar de la presencia de nuestras visitas y mi papel de enfermera y mamá. El niño ya está dormido desde hace un rato y después de tomarnos unos cinco mezcales Ale, Angélica y yo neteando en la cubierta, en donde logré conectar con ella como antes no lo habíamos intentado, nos reímos, platicamos de mil y un temas y la pasamos bomba. Me toca hacerla de madre responsable, aguantando el sueño y sosteniendo el nebulizador, logro combinar la solución salina con el medicamento para que mi bebé lo inhale y mañana esté mejor, han sido tres días de incertidumbre y una pizca de angustia, pues jamás te esperas que un hijo tuyo pueda ponerse en estado grave sólo por una tos, pero no puedo tomárrmela a la ligera, cuando van dos amaneceres con un bebé que llora y hace un intento por gritar de dolor. Le escucho el pecho como cuando escuchas el sonido de las burbujas de la tina romperse, es el sonido más cercano que puedo pensar se parece. Vital está dormido en el sillón de la sala, en su casi tercer sueño y yo estoy aquí, medio borracha, con el motor del aparato nebulizador a un lado de la oreja, intentado sostener la boquilla de respiración y escribiendo con mi otra mano. La plática fue maravillosa, los mezcales y temas fluyeron sin máscaras, sin temor a hablar o tomar, estamos en nuestra casa y con nuestra amiga. Yo hoy, conecté con Angélica mejor que nunca y siento que soldamos eslabones nuevos que nos unen con experiencias, pensamientos, convicciones, intereses y aprendizajes. En un mismo canal pasamos horas platicando tan a gusto que hasta los niños nos respetaron y se fueron a dormir solos.

Angélica es una mujer con un espíritu tan libre y seguro de sí mismo que entre bromas y risas, invita a entrar en temas íntimos y de mucha confianza, respeto y aceptación. Cada quien su vida, que más nos da entender otras, si la nuestra y todas, son complicadas.

Pero es que una de las conclusiones a la que llegamos es que la gente tiene miedo de vivir y aceptarse.



Y aquí está ella con sus hijas, nuestras primeras visitas que vienen desde Puebla, México, para estar con nosotros y viajar en el ALDIVI, a vivir la aventura como sea que venga, y están felices viendo estas maravillas de la naturaleza. Me pongo a pensar en lo inteligente que es esta mujer, lo exitosa, lo organizada, lo eficiente, lo buena amiga, lo atractiva, lo libre, lo valiente, lo segura de sí misma, son tantas sus cualidades que ella solita logró descubrir a través de su particular vida, sus experiencias y de sus propios ojos que la auto-critican y avanza. Avanza siempre, no hacia lo desconocido, sino hacia el reto que sabe puede alcanzar y superar, nos lo dijo hoy: yo nunca pienso que algo puede salir mal, por eso mucho me sale bien. No está en mi mente el pesimismo, no existe, no lo práctico.

Es además, de las pocas personas que lograrán decidirlo, lo sé, poner una fecha, comprar sus vuelos, hacer sus maletas y estar aquí, o hasta aquí.

Me encanta saber que tanto ellas como nosotros nos estemos dando esta oportunidad, que confió en nuestro proyecto desde que Alejandro se lo platicó. Angélica, desde el día uno, dijo: yo te voy a ir a ver, es más ¿en dónde vas a estar el 13 de junio? ¿Puedes ir por mí a Papeete?



Así quedaron hace seis meses y así pasó. Sin más planeaciónón ni complicación. Descubrir a este absoluto talento de mujer me hace aprender, reflexionar y crecer.

5:30 p.m. Estamos anclados de nuevo en Moorea, me parece de cuento esta isla. El mar nos tocó durísimo, zarpamos de Tahitíí a las 12:30, sopló constante el viento y movió al mar con fuerza y furia, todo dentro del barco sonaba y se caía, así fue la primera impresión de navegación por la zona de nuestras confiadas amigas, que decidieron sentarse en la cubierta para poder ir viendo bien el mar y una por una al sentir el zangoloteo fue regresando a la seguridad de la bañera donde nos resbalábamos y sosteníamos sin poder hacer más. Durante la mañana pedían ir a Bora Bora que está a dos días de navegación, pero como a los 45 minutos de zarpar y enfrentarnos a ese mar decidieron que era preferible conocer bien dos lugares que tres, mal, así que posiblemente nos quedemos solo en Moorea recorriendo sus costas y bahías.

Llegamos primero a un canal rodeado de altas montañas y una que otra casita que da a la orilla, nos toca el comienzo del atardecer y los colores se encienden en cielo y la humedad, así vemos un arcoíris que casi podíamos tocar y miles de tipos distintos de árboles trepados en las atascadas montañas, desde acacias hasta pinos.

8:00 am. Preparo desayunos y me dispongo a guardar y ordenar de nuevo el barco para poder salir de la marina en un rato.

De ésta forma, de atrás para delante vivimos este día, que pasó de “ hola! Que gusto tenerlas aquí” a ya somos carnalas del alma.

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Sábado 15 de junio

¿Por qué será que cuando ves para atrás, disfrutas más que cuando lo estás viviendo? me puse a revisar mis fotos y agradecí cada una de ellas y cada uno de los lugares en los que las tomé. Hacia zoom a montañas, caras, nubes, cielos y mares que mis ojos vieron en la vida real. Pienso que es el nervio o lo alerta que estamos día a día viviendo cada instante de nuestro presente, el que. al quedar atrás y no tener esa presión, cansancio, o esa emoción del momento, es la respuesta. En cada uno de los fenómenos naturales que hemos visto, he dicho: éste jamás se borrará de mi mente, pero es imposible, en algunos he logrado capturar en una imagen el resumen de lo que vi, sentí, viví y me lo agradezco, no podría recordarlo con tanto detalle. La mente se inspira en los momentos que el corazón habla con ella para conectarse y crear un nuevo recuerdo. Si a esta vida vienes a “no sentir”, no vives. Estamos hechos para vibrar, amar, emocionarnos, observar, temer, saborear, arriesgar, llorar, reír desde el estómago, confiar, las reacciones que son respuestas de nuestro cuerpo son sabias, pero a veces no logramos permitirnos sentirlas, este momento de nuestras vidas, con esta apertura a lo desconocido y la atención que ponemos cada día a vivirlo realmente nos ha ido limpiando los poros y los filtros de la piel, los ojos y el corazón. Es momento de absorber para luego recordar. Así estamos hoy VIVIENDO.

Este día ya pasó, pero lo disfruté, aún con mi Vital enfermo y que no le puede dar el sol, disfruté y valoré cada bocado, cada anécdota platicada, cada risa contagiosa de Angelica, cada emoción.

Domingo 16 de junio

Se nos va el día entre un café y otro y de estos pasamos a un mezcal y otro también, no nos para la boca, podríamos hablar de nosotros, nuestra historia, nuestras familias, nuestros amores por horas y horas, nos faltarán días y por eso estamos exprimiendo cada minuto juntos. Ángela y Carlota son un encanto con mis hijos, a veces me da un poquito de pena lo intensos que puede ser y trato de darles espacio a estas niñas de 19 y 16 años, que sin quejas están aquí, entendiendo el plan y adaptándose. Alexa se identifica con Carlota, las dos son hipocondríacas y exageradamente limpias, hacen clic. Noto cómo mi talentosa hija logra imitar voces y frases propias de la edad de estas niñas y me da ternura y también un poco de angustia, su acelere me pone nerviosa, no quiero ver que se acabe su inocencia, no quiero y punto. Hablan de Andrés, el que viene cada mes, y Alexa está ahí sin entender lo que quieren decir, pero aún así opina y se ríen las tres. Le enseñan fotos de los niños que les gustan y le parecen guapos o feos, le enseñan sus bikinis y les da su opinión, platican de alguna cosa de la escuela y ella entiende, así era yo, idéntica, se jura que puede subir y bajar de edad a su antojo, que se puede poner a la altura de cualquier conversación. Pueden llegar a ser molestas sus ganas de participar en cada conversación y me salva mandarla a su libro, que se la lleva a otro mundo donde están solo ella y los cuentos. Le explico que debemos dar espacio a las personas que vengan a vernos para que disfruten el viaje sin tenernos encima y aunque se siente un poco ofendida lo comprende y a ratos se aleja. La entiendo, está emocionada por tener más “niñas” en casa. Diego coquetea con todas y se vuelve su consentido, lo defienden y abrazan y él quiere lucirse también, se cuelga y salta y ayuda a su papá con más ganas. Ale se desespera un poco con él, pues cada vez que le da una instrucción, Diego sale corriendo a ayudarle pero al minuto ya está jugando con la responsabilidad que le dio su papá, por ejemplo: Diego detén la cuerda del dingui para que nos subamos todos, se sube Ale y Diego está muy atento, se suben las niñas y Diego sigue ahí, le toca a Alexa y ya se empieza a distraer, Ale lo tiene que aterrizar de nuevo y le grita, ¡pon atención! Le toca a Angelica, jala más el dingui queriendo ser más atento, llega una ola que lo mueve, Angélica sube un pie y sin querer se empuja del barco con el otro y se cae al agua. Sale del mar muerta de risa y Alejandro está apenado y furioso con Diego, pero lo apacigua Angélica diciendo que fue su culpa, se sube de nuevo al barco se cambia y nos vamos, llegamos 5 minutos después a un muelle junto a la calle principal, se bajan todos y faltan Angélica y Ale, nuevamente Diego está deteniendo el dingui con todas sus fuerzas, pero esta vez el dingui está de lado, no sabemos cómo Angélica pisa chueco otra vez, se va el dingui lejos de la escalera y queda por una milésima de segundo con un pie en la escalera y otro en el dingui, carcajeándose y en cámara lenta se va de nuevo al agua, yo me estoy haciendo pipí de la risa, rescato su bolsa y corro a enjuagar con agua dulce y secar muy bien su celular que gracias a Dios es contra agua. Empapada abraza a Diego y le dice que ya no vuelve a caerse, que fue su culpa; Alejandro no sabe qué hacer, yo no puedo evitar seguirme riendo, dos o tres mezcales nos tomamos con la botana antes de bajarnos y creo que son lo que provoca la torpeza de mi amiga y mi simpleza, ya en la calle, caminamos como si nada hubiera pasado, no hay nada que hacer, es un tramo de isla muy solitario y poco turístico, también son sitios interesantes, solo unos chavos bailan con sus bocinas en un puente y se vuelve un espectáculo para mí, me quedo un ratito viendo retorcer sus cuerpos con su música tahitiana-reggetonera, creo que es en francés, están lejos y entiendo poco. Nos sirve para estirar las piernas un ratito, observar la naturaleza y otras vistas y nos regresamos al barco a preparar la cena y seguirnos riendo.

Lunes 17 de junio

Un viento intenso, como no nos había tocado antes, sopla con una fuerza que el barco se mueve y se inclina aun parado, sentimos los jalones de la lucha que trae el ancla con la arena, el capitán revisa todo y ya está seguro el barco, decidimos bajarnos a snorkelear para ir a ver los tikis bajo el agua que nos quedan a poca distancia; vamos en el dingui y tenemos problemas con el anclaje, el suelo aunque arenoso no tiene la suavidad suficiente para que se entierre el ancla, de pronto sentimos que se atora con algo y un fuerte jaló, nos aventamos Diego y yo a buscar esas esculturas de piedras sumergidas, nos cuesta trabajo permanecer en un mismo sitio, la corriente y el viento nos arrastran lejos, con mucho esfuerzo y pataleando fuerte con aletas, logramos llegar hasta el sitio donde estaban, se echan los demás, Vital se niega, viene asustado con tanta fuerza de la naturaleza y Alejandro no puede dejar solo el dingui pues también le da miedo que se suelte y se aleje. Nos dura 20 minutos la emoción de los tikis y ya estamos cansados, se suben de nuevo y quedamos Diego y yo abajo para desatorar el ancla que quedó debajo de unos corales y está muy atorada. Debemos bajar, golpear el ancla y jalar, nos tardamos un poco, es difícil, bajamos varias veces, los pulmones se nos cansan pero no hay de otra, Alejandro no puede hacerlo, es peligroso que él se baje y deje a todos los demás trepados en el dingui y sin saber qué hacer. Por fin en la bajada número ocho entre gritos del capitán que el viento no nos deja escuchar, las aletas que me hicieron un hoyo en el dedo del pie, y mi niño que no quería rendirse, metemos la mano debajo de la roca con mucho miedo y logramos sacar de esa trampa el ancla, Diego se trepa en dos minutos al dingui y a mí no me quedan fuerzas, mi pie me duele y estoy algo terca, Alejandro me dice que solo lo intente y él me jala y yo pienso que no podrá, perdemos dos minutos más en discutirlo cuando siento cómo me agarra de la blusa y me trepa de un jalón. No me queda más que reírme para apaciguar los nervios de todos y terminar con la discusión, nos regresamos a resguardar al velero, el viento hace incómodo estar afuera.

Nos enjuagamos todos, son las 4:00 y ya salimos en pijama, estamos cansados y vamos a preparar una cena deliciosa, un arroz negro con calamares que nos queda de concurso; el viento se tranquiliza un poco y en cubierta cenamos y vemos un anochecer mágico con las montañas enfrente, donde todo era oscuro la luz de la luna se prende en un instante detrás de una montaña la cual sólo se observa como una inmensa silueta negra, la luz la hace parecer majestuosa, comienza a salir poco a poco una luna llena que parece un foco de luz blanca y crea un camino resplandeciente sobre el agua que viene desde la base de la montaña hasta nuestro velero, todos los tonos son grises oscuros y las nubes grises más claros contrastan, una pasa por encima de la montaña y tapa la luna, tiene forma de un pez, luego de un erizo, luego de una cara, luego de una ola, un soplido y la luna parece darle el pase como en un baile, es precioso el momento, no podemos dejar de ver esa nube en su curiosa transformaciónón. Detrás vienen otras arrastradas por el viento, se ven planas y alargadas, pretenden que parezca solo nublado pero si te fijas bien son más bien rayas muy finas de nubes horizontales que poco a poco se desvanecen.

Ahí nos quedamos un buen rato contemplando y platicando, los niños ven películas y juegan dentro dejándonos gozar este momento.

La imagen puede contener: cielo y exterior

Martes 18 de Junio

Viento que sopla con ganas de despeinar, estamos aún anclados en Moorea, con la idea de movernos a otra bahía de esta misma isla, amanece un día gris y nublado, llueve, cada quince minutos debemos cerrar escotillas y meter colchones de la bañera, el plan es incómodo y Alejandro está un poco nervioso por el barco, por el clima, porque le da coraje pensar que estos días eran para gozar y aunque eso estamos haciendo, le duele pensar que a Angélica le puedan parecer días malos. Pero ni modo, no hay más que aceptar condiciones y mantenernos a salvo, es su única responsabilidad. Baja un poco el mal tiempo como a las 11:00, subimos ancla y nos movemos de lugar, pasamos por el peligroso canal nuevamente, todos relajados menos el capitán y yo que ya me empiezo a contagiar y dar más cuenta de los momentos que son para únicamente poner atención y dejar de jugar. Llegamos del otro lado, vamos a ver qué hay por aquí, tenemos ganas de salir a caminar, de conocer mejor, la niñas quieren ir a algún super o tienda, observo a nuestras invitadas con la misma inicial decepción que yo también sentí al llegar a Islas donde no hay mucho que hacer en tierra, todo cierra temprano, no hay restaurantes y bares anunciados como en otros sitios o algún lugar con un bonito ambiente; al bajar te encuentras en una calle sin banquetas, con palmeras y casas salpicadas a los lados, y una pared montañosa de un lado y un mar azul turquesa del otro, es bellísimo pero solo puedes observar y continuar por este camino que rodea la isla en sus 60 kilómetros de circunferencia, puedes avanzar uno, dos o tres, y la vista cambiará solo un poco. Angélica logra ver los detalles, es amante de las texturas, recoge piedras, acaricia hojas, flores, troncos y semillas que se va encontrando en el camino, se fascina con eso, ve escenarios en cada jardín de cada casita que pasamos, a mí me gusta venir con alguien así, que se fija en el arte que hay detrás de todo lo que nos rodea, pero de todo, se enamoró de la llanta en la que choca el dingui a la orilla del mar donde lo dejamos amarrado a una palmera, ahí nos espera para regresarnos a nuestra casita flotante.

Después de caminar un poco, nos encontramos a una mujer de chongos organizados por múltiples pinzas y gesto duro pero sonriente, sube una maleta y una cama de masaje a la cajuela de su destartalada pic up, me acerco a preguntarle si queda lejos el súper y me hace ojos de que a pie sí está retirado, se enamora y le da ternura ver a Vital y por él nos invita a subirnos en la cabina a unos y en la batea de su camioneta a los otros y nos lleva hasta el súper más cercano. Las manijas de la camioneta se caen de viejas, parece bote pateado, pero a mí me encanta subirme a coches así, amo ver lo relajado que puede ser que lo único que importe es que prenda y te lleve.

Claro que en esos cinco minutos ya tiene cnco masajes que dar mañana, el mejor negocio de su día, $5,000 francos cobra por masaje y ya nos apuntamos todos, nos entrega su tarjeta y quedamos de vernos ahí mismo, donde nos recogió que es su casa a las 12:45 mañana.

El súper nos tiene verdaderamente sorprendidas, hay de todo, Angélica que es espléndida echa cosas al carrito y no nos deja pagar, es generosa y atenta en todo momento. Conseguimos un taxi y volvemos a la orilla para acarrear las cosas en el dingui, no pudimos hacer más, no hay ni tiendas, ni nada que visitar por la zona y el día sigue gris y amenazador. Tenemos el plan de preparar unas hamburguesas para comer-cenar y ya venimos todos cachando baba del antojo que traemos. Al llegar al barco toman un baño Angélica y sus hijas, nosotros ya sabemos tolerar un poco más nuestros jugos, pero de pronto, comienza a soplar con furia y fuertes rugidos el viento, Ale estáá más nervioso aún, nota que nos hemos movido del lugar donde anclamos y estamos a pocos metros de un catamarán que tenemos detrás, al que arrastrándonos así golpearemos en poco rato. Es necesario en medio de este temporal movernos y volver a anclarnos para quedar bien y seguros, las hamburguesas deben esperar, las bromas y carcajadas se apaciguan y dejamos actuar al capitán que solo a mí me da órdenes y yo obedezco con mi mejor gana. En medio de la noche y del casi ciclón, a oscuras pues aún no hay luna, me voy a la punta después de haber jalado la cadena del ancla, para podernos mover de lugar. A gritos y señales con mis brazos estirados, le voy a avisando al capitán por donde avanzar, para colmo, la aplicación de navionics en su celular no funciona y deberemos hacer esta maniobra recordando lo que vimos de día y haciendo caso a la intuición. Finalmente queda, sentimos el jalón de la cadena que nos mantiene junto con el ancla en un mismo sitio. Preparamos la cena y estamos alertas a todos los sonidos que se producen en el barco a causa del viento que en ocasiones inclusive parece golpearnos, empujarnos o succionarnos. Nunca nos había tocado nada igual, Ale está preocupado, como desde hace tiempo y así es la vida de un adulto, que además es capitán, toda la responsabilidad cae sobre sus hombros. Le duele la espalda, cena, vuelve a revisar su anclaje y nos dice que se necesita recostar cinco minutos, mismos que aún en traje de baño, se extendieron toda la noche. 8:45 p.m. todos ya estábamos en nuestras camas, OUT! Esperemos que resista nuestro anclaje, buenas noches.

Miércoles 19 de junio

Y aquí estoy hoy, echada en la hamaca de la masajista que ayer conocimos, en un clima ideal para gozar de este ratito que es solo para mí y mi diario, amarrada a dos palmeras me desparramo en este tejido horizontal que me mantiene a menos de un metro de la arena y la tibia agua del mar. Enfrente de mí, sobre el mar, veo flotar al ALDIVI y no puedo evitar compararlo con los barcos que lo rodean, nuevamente se ve rudo, seguro y diferente a los demás. Tiene el mástil más alto de los barcos de esta bahía y también el más ancho, se nota más fuerte. Ayer nos guardó y abrazó adentro para protegernos del mal tiempo.

En fin, volviendo a mi momento de ahorita, bajo el pie derecho y me acaricia el mar con su vaivén. Escucho el agua golpear las piedras de la orilla sin escándalos, en 45 minutos subiré a la camilla de masajes y me estoy saboreando ya ese regalo que me daré.

La arena es suavecita, el agua limpia, los corales se ven color violeta desde esta altura y después agua azul turquesa, finalmente bajo el barco un azul más profundo y detrás, más lejos, la espuma de las olas que rompen en la barrera que divide al mar. A mi izquierda, la montaña, arriba de mí, cocos y palmas, abajo raíces, rocas, cangrejos y mar. No hay cielo azul, todo es gris más claro y más oscuro, dependiendo la nube, en el horizonte van dejando cortinas de agua detrás de su lento movimiento y transformación. El generador de viento que tiene el barco ha trabajado a marchas forzadas varios días, gira y gira como rehilete cargando poco pero constante nuestras baterías, desde aquí lo veo y también veo a la bandera de la paz en la popa, que ya rasgada no se rinde para seguir volando al viento.

La casita de la masajista es sencilla y ordenada, con telas amarradas a las paredes, cubre una terraza donde ya en media hora me tocará perderme en sus manos.

Ya es de tarde, me he dado pocos masajes en mi vida, son una verdadera delicia, además de todo el cuerpo masajeó mi cara y cráneo y cargó mi cabeza con sus fuertes manos apretando puntos que me detonaron sensaciones suculentas, detrás de las orejas y debajo de los huesos de la nuca apretó y me quitó un leve dolor de cabeza que ni había notado que tenía, masajeó las palmas de mis manos y pies y me relajo, solo me dolió un poco el dedo que tengo lastimado por culpa de la aleta amarilla que me queda grande, no quería que acabara, cuando pasó por mi cadera quería que pusiera más fuerza que la normal, traigo ganas de que me brinquen encima de esa zona que siempre me duele y ya se volvió un dolorcito con el que vivo a diario, que ignoro pero que ahí está. Entre aromas y aceites me permití estar ahí y disfrutarlo. Al terminar llovía y hacia frío y no me quise bañar, decidí irme brillosa y con el pelo engrasado de regreso al barco a no hacer otra cosa más que seguir platicando con mis tres invitadas que son lo máximo; en la tarde se bajarán las niñas y Ale a darse su masaje también.

En la noche ya éramos todos amigos de Sandra la masajista de pestañas y pelo negro, nariz aguileña, piel muy blanca, chongos locos y excelente actitud. La invitamos a cenar un delicioso risoto con camarones que nos quedó espectacular; la pobre entendió la mitad de lo que dijimos porque después de esta convivencia tan intensa los chistes locales ya son parte de nuestra conversación, tratamos de explicarle pero era complicado. Nos reímos mucho y a las 10:00 como si fueran las 2:00 de la mañana nos pidió volver a casa y nos fuimos a dormir.

Jueves 20 de junio

Nos llovió todo el día, nos movimos con el velero a la bahía Cook y nos bajamos a caminar un ratito; una gaviota pintada en una fachada me cautivó un buen rato, parece una obra de arte urbano, que además integraron con materiales colgados y soldados a sus alas para darle un efecto 3D, ¿quien será el artista?

A mí que me encanta decorar y pintar paredes, este tipo de muros me enloquecen. Luego cenamos una pizza en un food truck a pie de carretera y descubrimos que el baño está decorado como un verdadero “TRONO”. A las carcajadas le tomé fotos a Angélica, “la Reyna en el trono” era todo lo que podía pensar, y ésta loca que a todo le entra ahí se fue a sentar en aquella “INSTALACIÓN” que combinaba palmas tejidas, ramas y flores enmarcando el escusado. Extraordinaria experiencia la de hacer pipí ahí. hasta para tomar jabón tenías que colocar tus manos bajo una sombrilla tejida palma con una flor que solo durará un día o dos, ¿a quién le sobra tanto tiempo? De noche caminamos por la calle, era un poco peligroso pues no hay buena iluminación ni banqueta y los coches pasan rápido; de regreso al muelle del hotel para irnos al barco, en pelotas Angélica, Alexa y yo nos bañamos en la regadera de la alberca, valiéndonos gorro tanto el permiso como los espectadores, que según nosotros no había y sin embargo caminaban por ahí los huéspedes, que oso a medio shampoo tener que decir ¡BON SOIR! pero ya pasó y no pasó nada. Será una anécdota más.

Viernes 21 de junio

Angélica me cuenta su vida a detalle y yo quisiera salir corriendo a grabarla para venderla como serie. Interesante, apasionante, triste, exitosa, con mil carencias y ahora con mil cosechas, la admiro, porque además lo que más me gusta, es que reconoce que también Dios les puso a las personas precisas en los momentos exactos para llegar a ser quien es ahora. Es de esas personas que nacen con estrella y aunque la vida que le tocó en su infancia pintaba para traumarla, se la sacudió y la transformó con su brillo, pasión, seguridad y coqueteo. Vivió con sus abuelos de niña y estos le decían que a la cigüeña se le calló la niña en la casa equivocada, que ella era mucho más que lo que ahí podían darle. Siempre conseguía lo que quería sin esforzarse de más, solo corriendo calle abajo todas las tardes cuando el señor que vendía helados ya venía de regreso chiflando y todas las sobras de los diferentes sabores, se combinaban en el cono perfecto para la niña de shorts amarillos que bajaba a toda velocidad. Como ese ejemplo sencillo de entender, es que las oportunidades le fueron también llegando en cada etapa de su vida como caídas del cielo. Después de escucharla me quedo con ganas de recordar a detalle la película que vivió.

Regresan los chilenos y nos caen de sorpresa, estamos fascinados de verlos de nuevo. Nos bajamos al hotel BALI HAI, nombre que me suena mucho y pienso que es el mismo que mis papás visitaron en su luna de miel.

Alejandro y las niñas se van a bucear y Angelica los niños y yo descubrimos un pedacito de Moorea con casas salteadas en la montaña y familias locales que en ellas viven; en uno de los jardines una casita del árbol nos atrae y los niños juegan por horas felices ahí. No puedo creer en dónde estoy parada, con la montaña detrás, el pasto cortadito, húmedo y en un tono verde intenso y el sol de frente a mí que hace que todos los tonos contrasten, mis hijos se trepan a ese árbol y juegan a que es su barco, el capitán es Diego y Vital lo obedece e imagina que una vara es una gran espada pirata. Cuelgan cuerdas con nudos en cada esquina y Diego se sube a cada una de ellas, gritando e imaginando que sube y baja velas, y Vital desde el piso se agarra y balancea con una dando saltos en el aire mientras la cuerda lo arrastra de un lado a otro, ahí me quedo quieta, en silencio, intento ser invisible para sólo verlos y escucharlos, su imaginación es mi mayor alimento en esta etapa, les tomo fotos desde lejos, tengo un nudo en la garganta de amor y gusto, es un momento tan especial, están tan felices con las rodillas y pies llenos de lodo, descalzos, corriendo en el pasto y debajo del árbol. Alexa decide no ensuciarse y solo camina por el jardín con Angélica en busca de flores y rinconcitos coquetos. Un inmenso señor 100% de facha Tahitiana nos ofrece pan de coco con azúcar y nos regala unas flores. Muy amable saca una raíz de la flor roja que trae vuelta loca a Angélica y se la regala advirtiéndole que está prohibido viajar con plantas, pero como buena mexicana, le dice que le vale gorro, que toda su vida ha viajado con semillas y plantas. Al grado que tiene más de 60 especies de árboles de higo y se está construyendo un jardín en Cholula espectacular, para que sea hogar de sus tan preciados árboles, lleva 28 años coleccionando y trayéndolos de todo el mundo, aprendiendo cómo viajar con ellos en sus maletas y cómo conservarlos y reproducirlos. Es un talento de mujer, que lo que la caracteriza tanto es que si se interesa en algo, pone su 100%.

Cenamos con los chilenos en el barco, las risas y chistes no paran, están fascinados con ella, la libre y encantadora Angélica, como amigos de toda la vida platican de mil temas, principalmente de nuestra amiga en común, la famosa Amy Camacho y lo mucho que ambas partes la admiramos. A mí se me cierran los ojos, me escabullo y me voy a dormir, abandonando la fiesta que no tengo ganas de tener. Que rico es cuando ya vas aprendiendo a estar y no, según tus ganas.

Sábado 22 de junio

Hoy en la tarde se reunirán varios veleristas y esperamos coincidir nuevamente con amigos que hemos ido adoptando en islas anteriores. Por lo pronto temprano preparo mi masa y caliento en la estufa mi comal para lograr las prometidas gorditas o pellizcadas que llevaremos a los chilenos para desayunar. Me encanta saber hacer este tipo de platillos que nos hacen volver con el paladar a nuestro México. Los chilenos quedan felices con la degustación y platico un poco con Mario, un hombre de 80 años que vino a visitarlos y a navegar con ellos por estos veloces vientos y hermosos mares. Encantador y con esa sabiduría que tienen los hombres mayores que han hecho las cosas bien, hablamos de los intereses; las personas con intereses comunes pueden hablar por horas y días, dice él, además suelen realmente subir un escalón del conocimiento. Tiene tres hijos y 11 nietos con los cuales ha sido siempre firme y les ha “obligado” de algún modo a ser disciplinados, a interesarse por algún tema y lograr un reto adecuado a cada edad, recompensándolos con atractivos viajes, por ejemplo: al terminar cada uno de sus nietos la primaria, deben presentar un examen de inglés avanzado y practicar algún deporte de forma seria, invitar a su abuelo a un torneo y entregarle sus resultados del examen para entonces recibir un viaje todo pagado a Disney, y se van los abuelos con los nietos y se divierten muchísimo. El siguiente nivel es, al terminar la secundaria, deben continuar con el deporte que eligieron y tocar un instrumento musical, invitar a su abuelo a un pequeño concierto y partido y entonces son merecedores a los 15 años, de un viaje cultural todo pagado a Europa, los lleva a Roma, Florencia y Paris, les habla de la historia del arte y los pasea por esas ciudades. Y al terminar preparatoria, deben presentar un examen de conocimientos de navegación, saber de motores, entender la física del deporte a vela y deben llevar a su abuelo a navegar al mar, hacen una travesía juntos contratando a un capitán que les dará las órdenes para que no exista ningún roce entre abuelo y nieto, durante ese viaje cocinarán, limpiarán, cuidarán el agua, es su responsabilidad viajar con las medidas de seguridad establecidas, cargarán diésel, subirán y bajarán las velas que les indique su capitán etc. Así se hacen merecedores de estudiar una carrera y este abuelo espléndido, culto, y amoroso comprueba, que exigiéndoles así, se convierten en hombres y mujeres interesantes porque les inculcó intereses. Dice también que les menciona cada vez que puede, que son jóvenes afortunados porque pueden tener oportunidades para ser gente especial, afirmando que ya lo eran desde que nacieron, trabajando en su autoestima y seguridad, pero dándoles herramientas que los catapultarán. Me tiene fascinada su plática y sus maravillosos consejos, los hijos nunca te reprocharán que les exijas orden y disciplina, en la vida debes ponerles metas y acompañarlos a cumplirlas, a los niños no se les ocurrirán sólos, hay que orientarlos. Llueve y llueve, el cielo parece soltar polvo de agua continuo sobre las montañas y sobre nuestros barcos, llegan más y más veleros a esta bahía. Entre estos, vemos a los Armenios en su velero Agahvni, que quiere decir “paloma” en armenio. Es increíble lo que nos identificamos con ellos, ya los extrañábamos, paloma=paz otra coincidencia más. Nos acercamos en el dingui e invito a sus cuatro hijos un ratito, mis hijos llevan semanas preguntando cuándo los volveríamos a ver, y aquí están. ¡Aprovechemos!!! Estoy en nuestro velero, en medio de la lluvia con 8 niños abordo y seis adultos, casa llena, corazón contento. Decido no agobiarme, sólo le sirvo agua de mandarina a todos y les doy pretzels, ven una película, sacan plumones, pintan, juegan y hablan en inglés, todos se logran comunicar, incluso Vital washawashando. Angélica se mete a dormir un ratito a su camarote, Angela lee acostada en su cama, Carlota organiza los plumones y está ahí observando a los niños, llega Osbaldo en su dingui con su hija a saludarnos, este señor tiene también un velero de aluminio de la misma marca que el nuestro y lleva navegando muchos años en los polos, es chileno también, casado con una alemana y tienen dos hijos. Le llamó la atención encontrarse a un barco como el suyo aquí, dice qué hay muy pocos, Alejandro está fascinado con su nuevo amigo que le dá más información de este barco que todavía no deja de sorprendernos, entre pláticas y datos resulta que ya conocía la historia del nuestro, no lo puedo creer, cómo es que Dios de verdad nos trae hasta aquí a tantos ángeles, no me lo explico, llegan solitos, tocan el casco a falta de puerta, toca toca toca suena, se suben y resultan ser maravillosas personas con intereses en común, de las que aprendemos mucho. Su hija ya está pintando con todos los demás y Alejandro no puede dejar de escucharlo, necesitan mucho tiempo este par de navegantes.

En la noche nos bajamos al hotel y nos toca ver un show de bailes tahitianos maravilloso, hombres de 1.90 feroces bailan al ritmo de los tambores, gritan y parecen rugir, les sale del pecho el sonido y vibras al escucharlos, brincan, mueven sus brazos, sus enormes piernas y sus caderas y nos tienen en la baba a las mujeres, luego aparecen las bailarinas que con sus movimientos de caderas y brazos podrían volver loco a cualquiera, inexplicable separan sus caderas del resto del cuerpo y las hacen girar a velocidades imposibles de igualar, poniendo en sus caras sonrisas de labios rojos y buen humor, con el pelo largo y suelto, son sensuales y sus disfraces llamativos, llenos de hojas, faldas de palma, cocos para los pechos y flores. ¡Me fascinan! Son muy profesionales, cambian de atuendos, la música es extraordinaria. Tambores retumban en los oídos, el piso y el pecho, los hombres regresan a escena con fuego y presentan un espectáculo que nunca olvidaré, se ven valientes y fuertes. Después dejamos a los niños en el velero y nos bajamos a cenar a un restaurante que da a la orilla del mar y es de una mujer japonesa casada con un tahitiano, nos enamoran los sabores, el lindo lugar, y los plátanos flameados que de verdad estaban exquisitos.

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Domingo 23 de junio

Hoy se bajan nuestras invitadas para irse a un hotel y ahora sí, no queremos verlas partir, aunque no hemos podido hacer mucho por las condiciones climáticas, la convivencia fue impecable y nos dedicamos tiempo de calidad. Hoy también es el “Tahití-Moorea” SAILING RENDEZ-VOUZ, donde nos reuniremos y haremos nuevos amigos.

Fue especial, hubo de todo, competencia de remo, clase de tejido con palma, aprendí a tejer una bolsa, Alexa pintó un pareo, hicimos coronas con flores, observamos el reto de levantar rocas pesadas, clase para abrir cocos, Alejandro se lució pues Laurent le enseño muy bien en Nuku Hiva, competencias de carreras para los niños cargando pencas de plátanos amarradas en palos de bambú como balanza, comida tradicional, y otro show de baile espectacular con más disfraces que Alexa no paraba de comparar con la película de Moana, ella y yo disfrutamos muchísimo el espectáculo, más yo, porque al final de su presentación, me sacó a bailar el más musculoso de todos los bailarines y me paré feliz, se hincó y me senté en su fuerte pierna, Diego celoso venía a darme besos mientras esperábamos nuestro turno y luego bailamos sin entendernos pero con todos los movimientos requeridos, pensaba un poco en mi marido que no creo que le pareciera lo máximo verme bailar con aquel orangután, pero al final se acercó y me felicitó, ¡fiuffff!!!. Fue un gran día de diversión y actividades para todos. Después tomamos un taxi y nos dirigimos al Hilton donde están hospedadas Angélica y sus hijas, al llegar a su cuarto de hotel, una cabañita divina con cama king size, sala, televisión y una alberquita privada, Alexa enloqueció, se dió un baño de tina y se puso una bata de toalla blanca, se metió a la cama, prendió la tele y ví cómo sus ojos decían, ¡DE AQUÍ SOY!!! yo aproveché la situación y me dí un buen baño casi privado, donde pude tallarme bien el cuerpo, bañé también a mis hijos que ya no sé cuándo fue la última vez que lo hice. Limpios, cenaron y se acostaron en la cama y sala de nuestras amigas, que divinas nos invitaron a utilizar todas esas comodidades, entre pena y agradecimiento los dejé ahí, y nos fuimos a cenar al restaurant del hotel con ellas. No hemos parado de platicar en los últimos días y sin embargo no nos para la boca, saco un tema para cerrar con broche de oro, conocernos íntimamente y les pregunto, ¿cual ha sido el peor oso de su vida? Angelica y todos tenemos varios que contar y nos hacemos reír muchísimo. Alejandro quiere invitarlas, pero está nervioso con la cantidad de platillos que Carlota elige para cenar, es espléndida con ella misma a la hora de comer y hace bien, además todos terminamos probando lo de todos, así de sana es nuestra amistad y relación. Nuestro presupuesto mensual está muy bien calculado, pero no podemos excedernos en lujos, restaurantes y compras caprichosas pues debe rendirnos bien, por eso son los nervios del normalmente espléndido de Ale, que habría querido invitarles todo en todo momento, pero la situación real es esa y debe ser cuidadoso. Aunque piensen que estamos de vacaciones, es más bien un nuevo estilo de vida, donde disfrutamos mucho pero también trabajamos todo el tiempo.

Lunes 24 de junio

Tenemos que volver a aprovechar que nuestras amigas están en el hotel y es el único lugar en la isla con buen internet, no nos hemos comunicado con nuestras familias en los últimos días y muero de ganas de enviarles fotos y platicar con ellos. Eso hicimos todo el día, mientras los niños aprovechaban la alberca, nos atascamos el internet del lugar y nos despedimos de nuestras amigas con una que otra lágrima y muchos abrazos. Las vamos a extrañar tanto, se ríen y contagian de alegría el día. Nos va a pasar con cada una de las personas que se animen a visitarnos, soltarlos de nuevo es difícil. De vuelta a nuestro nido, los cinco sólos, reconocemos que también es sabrosa la intimidad. Además, estamos agotados, atender a más personas y convivir tan intensamente es cansado. Más para el capitán que no termina de componerse de sus dolores de brazos y yo estoy ya ansiosa por saber que ya está bien, no sabemos que más hacer. Llego al barco y me percato de la cantidad de trabajo que me espera y quiero llorar. Tenemos todo patas pa arriba, saqué cosas de los camarotes de las visitas y las metí como pude en mi closet, ahora debo reacomodar todo en su lugar y me muero de flojera.

Martes 25 de junio

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Nos bajamos Ale y yo a dejar sábanas, toallas y ropa sucia a una lavandería, es muy chistoso esto de que el coche y medio de transporte sea nuestro dingui, ahí vamos trepados con seis bolsas grandes de ropa en búsqueda del lugar donde desembarcar y caminar a dejar este pendiente que decidí no sería mío. No puedo lavar en el velero, es simplemente imposible. Descubrimos un lugarcito al que mañana iremos a tomarnos una copa, se ve divino todo decorado en madera y tela amarilla color huevo, se escucha no tan elegante, pero lo es. Al llegar ahí descubrimos que es un bar que ofrece nada más y nada menos que platillos que se acompañan con champagne Veuve Cliquot, por eso la decoración es en esos tonos. Muero de ganas de irme a sentar ahí a solas con mi marido, aunque nos tomemos una cerveza y ya.

Luego regresamos por los niños y nos dirigimos en el dingui hasta la primera bahía donde anclamos, cerca del hotel intercontinental, nos toma una hora llegar hasta allá. Sabemos que los armenios estarán ahí un rato en la mañana y se van a las 2:00 rumbo a Tahití, así que volamos a las11:00 para sorprenderlos con una hielera llena de botanas, les caemos de sorpresa, estamos todos felices de poder convivir un poco más, la plática se dirige a lo incómodo que es viajar así, estamos haciendo lo mismo, con las mismas dudas y retos, ella tampoco sabe mucho de navegación, él trae toda la responsabilidad sobre sus hombros, pero la diferencia es que ellos decidieron que jamás invitarían a nadie a dormir en su barco, no dejan de decir: ¡it is too much work dude. And we are living in such a small place! Al grado que vinieron sus papás a verlos hasta aquí y se hospedaron en dos hoteles diferentes pues están divorciados, y todos los días van por ellos y los regresan. Me da más flojera la logística de tener que ir y venir que apretarnos tantito y convivir mejor, pero ellos no lo ven así y también entiendo perfectamente su punto. ¡Como sea, sharing towels, pillows and toilets it is grose man!!!

Nos despedimos de los armenios y nos vamos a ver el sitio donde dicen qué hay muchas mantarrayas. Los cuerpos de mis hijos son extensiones del mío, si la mantarraya se encimaba en Alexa, o si Diego nadaba bajo una de ellas volteado para verles la panza, a mí me recorría un rayo cargado de electricidad por cada vértebra, tenía la cámara en la mano derecha y en la izquierda detenía la cuerda del dingui, con la cabeza bajo el agua observo a los tiburones que rondan por ahí, a las nueve mantarrayas, unos cuantos peces de colores y al mismo tiempo a Diego y a Alexa que sin darse cuenta se alejan de mí en segundos, yo trato de acercarme poco a poco, pero ellos se acercan a un grupo de cuatro personas que vienen con un guía y están alimentando a las mantarrayas con latas de sardinas, por supuesto que no se quedarían a mi lado esperando a que una de ellas se nos acercara, desde una distancia de 3 a 5 metros los puedo ver bien bajo el agua, suben y bajan y acarician sin ningún miedo la babosas pieles de estos preciosos animales. En varias de nuestras aventuras he tenido que recordarme a mí misma dónde estamos, esto no es un acuario, esto es el mar con todo y sus bellezas a descubrir y sus peligros. Compró Diego un libro que puedes meter al agua y trae impresos los nombres y fotos de los animales marinos más comunes de la Polinesia francesa, los que son prohibidos de tocar tienen un símbolo de una manita tras una raya inclinada roja, son varios, creo que lo he visto unas veinte veces, aparecen desde caracoles y conchas, hasta grandes tiburones. Regresando a la experiencia del momento, no puedo negar que es totalmente increíble poder tocar y alimentar a las mantarrayas, le agradezco a Dios lo felices que están mis hijos. Ale se llevó a Vital para cuidarlo y darle confianza, mi bebé de 4 años se sume, observa y sale y se vuelve a sumir, se pesca del cuello de su papá cuando algo lo angustia y poco a poco se va soltando y alejando. Para variar me faltan manos y ojos, yo también quiero tocarlas aunque me paralice al hacerlo, éstos animales que vuelan bajo el mar son un espectáculo y tenerlas así de cerca parece un sueño, a algunas personas se les abrazan en busca de comida, yo ruego por que eso no me pase porque no sé cómo voy a reaccionar, pero seguro mal. Vienen hacia mí, directo a la cámara, pensarán que es comida, las tengo a centímetros y me giro, me importan demasiado mis grabaciones y me concentro en hacer buenos videos de mis hijos y sus sonrisas tras el snorkel, pero su aproximación lenta y cautelosa me angustia. Debajo del dingui que sostengo con una mano y que no puedo soltar, pasa un tiburón de punta negra y siento que me observa con su ojo blanco y una rayita delgada como de gato al centro, se aleja y mi corazón palpita, no sé como calmarme, qué horror, pensé que ya estaba superando este estúpido miedo. Todos están felices disfrutando de esta única experiencia, y yo tensa, me choca ser así, ¿lograré quitarme tantos temores algún día? No sé qué es lo que me contrae con tanta fuerza los músculos, nada va a pasarnos, pero mi estado de alerta es inevitable y muy cansado.

Por fin, después de una hora más o menos de este jugueteo supuestamente no peligroso, se suben todos al dingui, yo sigo abajo mientras el capitán lo enciende, esto es por seguridad, me trepo de un salto y regresa mi ritmo cardiaco a la normalidad, ahora muero de frío. Me quito la blusa que traigo pegada al cuerpo que sirve para cuidarme del sol y para nadar y mejor me voy en bikini todo el camino de regreso. El sol y el viento me secan, tiemblo, creo que es por la liberación de mis acumuladas tensiones, será un largo camino de regreso y entre aletas, visores, chanclas, hielera y bolsa seca, nos acomodamos sentándonos sin quedar realmente cómodos en los extremos laterales y avanzamos lentamente, pero constante. Los niños no paran de decir lo felices que están con lo vivido, quieren volver mañana mismo de ser posible y traer sus propias latas de sardinas para que todas las mantarrayas los rodeen y no se les despeguen, yo solo les digo que por supuesto que volveremos y sigo la corriente de la emoción, pero comienza a dolerme un poco la espalda por la posición y lo que me contuve bajo el agua. No sé como acomodarme, Vital viene parado en la punta agarrado de una cuerda y yo me derrito de amor ante su mirada indiferente con dirección al horizonte, una llovizna se nos empieza a acercar, viene de la montaña y como cada atardecer de estos lugares, aparece un arcoíris y lo observamos sin cansarnos un buen rato.

Finalmente llegamos al velero, bajamos todo, lo lavamos, preparo la cena y después con la espalda adolorida y contracturada me voy a dormir, fue un gran e intenso día.

Miércoles 26 de junio

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Me estiro con algunos movimientos de yoga y me sirve para el dolor. A veces me siento atrapada aquí, no puedo bajarme a mi antojo, no puedo irme y me ahogo, me necesito dar silencio, y mis tres hijos me llaman al mismo tiempo que Alejandro me pide ayuda, volteo a ver mi hogar y lo tengo que limpiar y recoger de nuevo como cada día, y mi caprichosa niña interior quiere salir corriendo a encontrar una cafetería con aire acondicionado donde pudiera aventarse en un sillón, tener internet 4G y un gran capuchino caliente con mucha canela. Qué ansiosa estoy, no quiero hablar ni ver a nadie y es imposible, además de que no podré parar en todo el día.

Comienza mi día a las 5:30 a.m. con mis ganas por darle vida a mis recuerdos en este delicioso diario, que me sirve de escape y que me hace pensar en mí y mis sentimientos, en los días anteriores no he podido dedicarme bien a él. A las 7:00 a.m. mi marido se levanta y me pide que le ayude a montar la vela mayor, será una tarea larga y llueve, está todo húmedo y estoy en pijama, me tengo que ir a poner unos shorts para ayudarle, no quiero, pero no hay de otra, no hay nada de viento, no hay sol y es el momento perfecto. Me hago pato media hora más y llega con un cafecito para despertarme y apurarme. Desdoblamos la vela en la cubierta del barco, es inmensa, ahora debemos primero meter la base de la vela en un carril que va dentro de la botavara, pesa mucho, no sé como me sale fuerza y logro ayudarlo, nos tardamos poco en ese primer paso, ahora debemos enganchar la punta de la vela a un herraje que va directo a la drisa que la sube y baja, cuando ya estamos en eso, Alejandro nota una fisura en el herraje y debemos cambiarlo, es increíble como los fierros pueden romperse solo con la fuerza del viento, nos pasó en el cruce del pacífico con una argolla gruesa que se partió en dos y no me lo podía creer. Teníamos el herraje de respaldo, así que lo cambia rápido y pasamos a meter los battens que son las costillas que le dan rigidez a la vela. Van de más corto a más largo y debes tener cuidado de agarrarlos con los dedos, no con toda la mano, pues puedes astillarte espantoso, son de una especie de fibra de vidrio. Esto nos lleva una hora y media y ya salió el sol, tenemos sed y hambre y los niños comienzan a inquietarse también, yo no sé cómo partirme de nuevo en mamá y ayudante paciente del capitán. Por fin después de dos horas y media de trabajo constante queda y terminamos de enrollar la vela en la botavara, me toca hacer el nudo final de la funda que la protege y siento unas palmaditas que me doy a mí misma en la espalda diciéndome, lo hiciste bien. Alejandro también me agradece, pero no puedo dejar de aplaudirme

Ahora son las 11:00 de la mañana, hay ropa, juguetes, toallas, libros y plumones por todos lados. Desayunamos y me pongo a lavar cocina y a organizarme mentalmente para ser más eficiente en mi quehacer, al mismo tiempo que exijo a mis hijos que hagan unas cuantas páginas de su libro de matemáticas, ahí estoy con un ojo al gato y otro al garabato cuando me vuelve a requerir el capitán, vamos a cargar diésel, tengo que ayudarle a subir el ancla. Mi trabajo es cobrar la cadena que pasa por un tubo que está en el camarote de mis hijos y debe caer debajo de la cama, tengo que jalar con fuerza para que no se atore en el guinch que la sube y se haga un caos. El ancla estaba enterrada en una gruesa capa de lodo y sale mugrosa, avanzamos hacia la gasolinera, estamos solos y tendré que actuar rápido y con la información que para estas alturas ya tengo entendida, me pongo mis tennis, organizamos los cabos de amarre gruesos y pesados que Diego tendrá que arrojarme, mientras Alejandro está en el timón por cualquier cosa. El muelle se ve débil y bajito, tengo que bajar los fenders que son como unos chorizos grandes de plástico para el recargón que se dará el casco con el muelle que es de madera y nuestro fuerte barco de Aluminio podría romperlo, no podemos cometer errores. Salto lo más fuerte que puedo y corro a la punta del barco, me lanza Diego el cabo que debo rápido amarrar a la cornamusa que queda sobre el muelle, opuesta a la punta del velero para frenarlo, lo hago perfecto y muy rápido; ahora me pasa Alejandro el cabo de popa y lo cruzo amarrándolo a la cornamusa que está cerca de la punta del barco, o sea el extremo opuesto nuevamente, se hace una cruz con los cabos y le da más soporte a nuestro amarre, el capitán me felicita, está contento de ver que hemos aprendido a hacer los amarres y a tener más velocidad de respuesta. Finalmente le ponemos por seguridad dos cabos más cortos en cada extremo y cargamos sin inconveniente el diésel. El calor está con todo, en la cubierta del barco hay unas tapas que dicen: diésel, water, waste, hasta esa toma debemos acercar la manguera y pistola de gasolina cuidando que no se riegue, en pleno rayo de sol y sin viento. La deshidratación me está matando, me vuelvo a montar en el barco y tomo un vaso de agua tibia que percibo cómo se absorbe en mi sudado cuerpo. Ya son las 2:15, terminamos de cargar el combustible y ahora toca desamarrarnos e irnos, parecería una tarea más fácil que llegar, y lo es, pero la inercia del barco es tanta que debemos tener muchísimo cuidado, me toca otra vez ser la marinera oficial y no puedo fallar, debo permanecer en el muelle, desamarras los cabos y empujar el barco con todas mis fuerzas, es lento pero mágico poder empujarlo, se aleja y debo saltar desde el muelle, llego sin problema pero de pronto al alejarse la proa, la popa comienza a virar y a acercarse al muelle, debo volver a saltar y detener el golpe, con la adrenalina del momento no sé cómo lo logro y ya estoy parada en el muelle jugando a ser “super girl” empujando ahora la proa con todas mis fuerzas, a un centímetro de pegar logro detenerlo, de milagro no le dimos al muelle, salimos ilesos. Debemos volver a anclarnos aquí mismo en bahía Cook, pues Andy Purpin, escritor de la revista, latitud 38, se enteró de nosotros y quiere entrevistarnos, nos dijo que llegaría a las 3:00. No he tenido tiempo de limpiar ni recoger nada. En media hora tendremos que meterle velocidad y entre todos dejar el velero nuevamente presentable. Como hormigas a toda velocidad asigno áreas y Alexa recoge los cuartos y hace las camas, Diego guarda los platos limpios, coloca los sucios de nuevo en el fregadero y limpia la mesa del comedor y a Vital solo le pedimos que recoja sus legos que ya están por todos lados. Ale en la bañera acomoda escotas, tira las cenizas de sus últimos cigarros y avienta prendas de todos a la ropa sucia. El escritorio otra vez es un nudo de cables y se ve fatal, y yo pues de todo un poco, dirigiendo la orquesta, barriendo, lavando baños, luego platos y acomodando cada cosa en su lugar. A Andy se le hace un poco tarde y nos da tiempo de estar listos, pero ahora todos tienen hambre, tengo que empezar a cocinar otra vez, pongo a hervir una cacerola de agua, pico cebolla y rallo zanahorias, saco un frasco de berenjenas ahumadas, pongo todo a freír en mantequilla, le echo sal y pimienta, la pasta al agua hirviendo y en 20 minutos tengo una comida deliciosa con verduras y parmesano, les sirvo un plato a cada quien y de una vez comemos todos. Son las 4:00, llega Andy con su encantadora esposa y se sientan en la bañera a platicar con Alejandro, es una entrevista informal que termina en gran amistad, él es un señor de más de 80 años con las piernas bronceadas y barba blanca que lo hace parecer un gran marinero, que además lo es. Algo pasa con todos los capitanes que al final se van pareciendo, como si el efecto del sol en su pelo y piel les afectara de igual manera, un envejecimiento natural que no los hace parecer tan mayores, pero sí un poco arrugados. Además. veo a mi marido cómo está tomando las mismas rutas, su barba y pelo comienzan a mostrar pelo blanco, en poco tiempo será uno de ellos, va con viento de popa, cada mes está más canoso y más guapo. Todo va muy bien, la esposa de Andy les trajo a los niños limpia pipas para que hagan diferentes figuras y se volvieron locos, empezaron a amarrar estos alambres de colores y los hombrecitos de legos colgaban por todo el barco, comenzaron los pleitos por quién tenía más y con los pleitos los gritos de Vital, Alejandro les repitió tres veces que se calmaran y simplemente lo ignoraron, después a Diego se le ocurrió lucirse, colgarse de cuerdas y treparse al mástil y a Vital cantar sus múltiples canciones inventadas que no se cansa de repetir, la entrevista se desviaba cada cinco minutos, Alejandro les pelaba los ojos y los niños seguían siendo niños y las visitas estaban encantadas con ellos, el único que sufría de enojo y angustia era el capitán, que notaba cómo su poderosa mirada no tenía efecto en sus hijos esa noche. Yo a veces me hago a un lado cuando Alejandro quiere meter orden pues termino por estorbarle o tengo que agarrar a mis hijos y alejarme de la plática que me choca perderme, así que hoy, sólo les decía en voz muy bajita, ya cálmense mis amores, papá está tratando de platicar con las visitas, resultaba cinco minutos y otra vez comenzaba el molesto ruido de sus mil y un juegos. Les ofrecí cenar nuestra deliciosa pasta que me sobró para compartirles, cenaron encantados y después se marcharon, despidiéndolos con una linda sonrisa y muy amable, nuestro capitán. En cuanto el dingui de Andy se alejó lo suficiente para no escucharnos, al capitán se le transformó la cara, le salía humo por las orejas, se puso rojo y los castigó severamente mandándolos a dormir sin cenar y en ese momento. Los amenazó hasta con los regalos de los santos reyes, los niños ya lloraban porque no recibirían nada en navidad, en cuatro días es el cumpleaños de Diego y ya juró no celebrárselo por su pésimo comportamiento. Llora con sentimiento y moco prolongado porque no tendrá un feliz cumpleaños y se va a dormir con el corazón roto. Aunque sé que no se vale, me acerco a él, le acaricio la espalda y le digo que mañana papá recapacitará y lo perdonará, pero que deben ser más obedientes y no portarse peor que nunca cuando llegan las visitas. Está confundido Diego y a mí se me parte el corazón, me dice: ya no sé cómo hacer que papá se sienta orgulloso de mi, ¿por qué se enoja cuando hacemos cosas de niños? No me puedo quedar quieto y sentado, no me gusta. Trato de ayudarlo en todo lo que me pide, pero de todo se enoja, ya no quiero estar aquí si él sigue así.

Más tarde se lo comunico a Ale pues a veces sí exagera en sus enojos y amenazas y aunque tarda en reconocerlo, lo hace, pero aún así cree que debe ser así de estricto y tampoco está mal, si yo educara a estos niños sola, los echaría a perder.

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Lunes, 16 Septiembre 2019 00:00

Mundo Nuestro. Una más de las entregas de las las crónicas de cocina poblana Del fogón a la boca, escritas por el anticuario poblano, experto en arte popular, Antonio Ramírez Priesca. Mirar la ciudad a través de la comida. Saborearla y aprender con ella a conocer la historia que la contiene. Por la historia y por nuestra comida, valorar la extraordinaria ciudad en la que vivimos. Publicadas originalmente en el portal urbanopuebla, las crónicas de Antonio Ramírez Priesca serán reproducidas semanalmente aquí con su autorización.

Conforme el verano avanzaba, los mercados de la ciudad rebozaban de productos que venían de todas poblaciones cercanas: las lluvias y el fértil suelo del Valle de PueblaTlaxcala permitían abundantes cosechas de todo tipo de frutas y verduras; conforme con la abundancia, los precios en los mercados de La Victoria y El Parral descendían para ciertos productos, y la familia aprovechaba para hacer acopio y conservas.

Grandes canastos llenos de rojos xitomates guajillo llegaban al patio de la casa de la trece sur frente al Paseo Bravo, y Abuelita Tere – mi abuela materna - nos indicaba cómo escogerlos, limpiarlos, lavarlos y prepararlos para hacer la conserva: la deliciosa salsa de tomate – espesa y muy roja – que sería el alma de pastas, sopas y por supuesto, del bacalao navideño. Había aprendido ella el Arte de la Cocina, desde muy joven, junto a su hermana Catalina, bajo la rígida supervisión de la bisabuela Ana María, leyendo y estudiando, en los cuadernos manuscritos de recetas familiares de letra fina y menudita, que recibió en herencia de cuatro generaciones de mujeres cocineras, que le antecedieron. Los cuadernos empezaban con recetas fechadas en 1867 en San Juan del Río, Querétaro, mucho antes de que el bisabuelo y su familia llegaran a Puebla en 1920.

Descuelga el cazo de cobre, lo lavas muy bien con jabón en el lavadero del patio y después lo vamos a limpiar por dentro con sal y limón, me ordenaba. El cazo en cuestión, se usaba siempre para las conservas ‘de sal’ y había otro, para las ‘de dulce’. Después vendrían largas horas de cocción, en que el pálido puré se transformaba en espesa salsa que después sería envasada en frascos de vidrio con tapa metálica - la parte del proceso que podíamos ayudar a la abuela y que nos divertía hacer - llenar los frascos y hervirlos para conservar, sin apretar la tapa, y luego, ya fríos, cerrarlos con la fuerza que nuestros brazos infantiles permitían. Después nos ocupábamos en formar los frascos en la alacena de la cocina, que siempre se mantenía fresca y oscura.

Hoy me encamino al Mercado del Parral de la 9 poniente, que no vive sus mejores épocas: languidece en el abandono, rodeado de calles atestadas de tráfico, casas abandonadas, universidades, estacionamientos y hoteles boutique en construcción. La mayoría de los pobladores del barrio migraron a la periferia de la Ciudad y ya sin clientela, los originarios dueños de los puestos de frutas, verduras, las carnicerías y pollerías y hasta el molino de nixtamal del callejón del mercado, están próximos al cierre. Me alegra descubrir que aún en estas condiciones, encuentro una abundancia septembrina de xitomate guaje a un precio casi tres veces menor, que lo que lo he visto en los supermercados modernos: mi Abuelita Tere estaría llenando inmediatamente sus canastas, para hacer conserva.

Charlemos más de Gastronomía Poblana y ‘’a darle, que es Mole de Olla’’!

#tipdeldia: visiten y compren en Mercados de la Ciudad de Puebla; hay productos frescos y para todo tipo de bolsillos!

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Lunes, 16 Septiembre 2019 00:00

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Domingo 9 de Junio



Nos invitan a comer a su barco los chilenos. Los observo y analizo, y disfruto al hacerlo. Llega también Mario, el español. Voy a explicar mis observaciones de estos personajes que están pasando por nuestra vida en este momento.

Son tan opuestos que son iguales, me causan mucha gracia pues son cien por ciento auténticos y honestos cada uno en su estilo, tienen claro cómo son y así se saben, y no tienen ningún reparo en aceptar o rechazar lo que les gusta o no. Están si quieren y se van en cuanto lo deciden, se preguntan, se observan y se molestan como amigos de toda la vida, se quieren conocer más, pero ambos no saben por qué quieren eso, si uno toma y otro no, uno fuma y el otro no, uno es panzón y el otro no, uno quiere hablar de sexo y el otro no, uno se deja el pelo largo y el otro se rasura el pecho, son opuestos, tan opuestos que son iguales.

Jorge con su risa coqueta y sus ojos azules que dicen todo el tiempo, YO YA LO VIVÍ!, me vuelve loca, tiene una actitud tan relajada, está al acecho de conquistar una mujer y es carnal. Le habría encantado hacer este viaje 10 años atrás, dice que vendría conquistando mujeres en cada puerto, pero que ahora o son muy jóvenes o muy viejas. Es gracioso y al mismo tiempo su profundidad de pensamiento al que le pone feeling al hablar, me entretiene, baja la voz para que le pongas mas atención y así te comienza a cautivar poco a poco, es un hombre que nació para ser un pillo y ha disfrutado serlo. Siempre dice, yo no permito que me corte el pelo un hombre, tiene que ser mujer, si voy al dentista, no permito que me meta la mano a la boca un hombre, tiene que ser mujer, así de claro tiene que sólo se le pueden acercar las mujeres, me da risa su firmeza y determinación al decirlo. Hoy navega a sus 65 años por el mundo con su hijo que lo respeta y lo llama capitán, le cocina, limpia y organiza un poco el barco etc... Jorge Manuel, el solapador responsable de la eterna juventud de su padre, le celebra cada chiste, pero él es impecable, no se le sale una grosería. Con los roles invertidos, se cuidan, se joden, se acompañan, se regañan y se divierten, los he llegado a querer como familia, mis hijos en las mañanas corren a su barco a saludar a sus tíos “los Jorges", y éste par. que además tienen un don especial con los niños, los saludan haciéndoles siempre bromas, preguntas y chistes, los entretienen un ratito, son muy cariñosos.



Se pone buena la plática en la bañera del barco de los chilenos, hablan de mujeres y se desvían a un tono de lamento. Mario de pronto dice en su tono de español: La tristeza de saber que a ésta edad ya no conectas con la mirada a las mujeres con las que te cruzas, es que te empiezas a sentir solo y es duro reconocerlo, yo me sentía guapo y ahora ya no me miran, ¿estaré envejeciendo?



Me sorprende la rutina con la que vive este señor impecable siempre. Aquí por la facha ya sabes quién es limpio y quien no tanto, aunque a veces las apariencias engañen, pero éste si se ve limpio y ordenado como pocos he visto, con sus horarios e ideas bien definidos y sus barandales pulidos. “LA DAMA” se llama su barco, eso dice mucho, este tipo es un, como dicen en España, un pijo. Aun no conozco su barco por dentro, ya tendré oportunidad, por fuera está todo cubierto con fundas, se ve que es un barco divino, pero así de tapado no puedo ver mucho, lo que me parece precioso es la combinación de la madera con los herrajes verdes que se ven atravesados todos por cabos idénticos, todo es monocromático por fuera en tonos beige, se ve elegante, aunque aburrido.

Lunes 10 de junio

Un día más de los muchos feriados que nos han tocado, casi todos caían en miercoles y se aflojaba aún más la actividad de las islas a partir de ese día hasta el siguiente lunes; aquí en Papeete, a pesar de que tienen turismo y mucho movimiento, cierran los domingos todas las tiendas y hoy lunes por ser feriado, también. No abren más que unos cuantos restaurantes y se escuchan menos coches pasar. Aprovechamos para hacerle una buena limpieza al barco; si les platico en una lista todo lo que hoy hice, los canso de leerlo. Me duelen los pies que me acabo de lavar y tuve que masajear un poco pues mi talón ya hacía un ángulo recto en sus orillas, espantoso. Parece extraño, pero estuve todo el día aquí trabajando en ordenar, sacudir, limpiar baños, vidrios, el parabrisas, barrer, trapear, lavar los cojines de la bañera, entre otras miles de actividades más, como cocinar y hacerla de maestra de tres grados distintos, y puedo repetir entre otras cosas. Me duelen las pantorrillas y pongo mis piernas en alto, no me senté ni cinco minutos en todo el día. Me consuela que mañana tendré mucho menos que hacer, espero.

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Junta de capitanes !!!@proyectosoltandoamarras #aldivi @aleirigoyen #elmexicano #elchileno #elargentino #elespañol

Martes 11 de junio

Día de chicas, se nos pego Vital en la mañana pues amaneció con calentura, supuestamente se quedaría con su papá, pero solo quiere estar conmigo; le di medicina para el dolor y mejoró, pero trae los ojitos con esa capa brillante que parece un vidrio extra cuando se sienten mal, los músculos de su cara se tiran al piso y sus párpados parecen explicarme su dolor. Me culpa porque lo obligamos a dormir en un colchón en el piso que puedo lavar fácilmente, después de la octava vez que tuve que lavar sábana, cubre colchón, almohada, funda, pijama etc. Sigue teniendo accidentes nocturnos, que más bien creo que ya son diurnos pues se hace justo antes de amanecer, ya no sé cómo hacerle, me urge que logre dar ese paso y sé que ya podría; Alejandro dice que solo es por flojo y yo creo que sigue queriendo llamar la atención y se resiste a dejar de ser mi bebé.

Pero, volviendo al tema de las chicas, le prometí a Alexa que hoy tendríamos un día especial y lo fue, las dos estuvimos felices de ir agarradas de la mano por calles y entre caras desconocidas. Aunque traíamos al pequeño lastre de Vital, hoy éramos ella y yo, le puse más atención, la escuché, la acompañé a cada tienda que quiso entrar y ella a mí, buscamos a una en especial que se llama “le petite munde de Lili”, pues una chava venezolana que conocimos desde el sábado y trabaja en una tienda de bikinis nos dijo que los vestidos más bonitos para niñas los diseñan y venden ahí. No estuvo nada fácil de encontrar, resulta que está en un segundo piso de un edificio que da a una calle peatonal pero no parece comercial, la sorpresa fue que logramos llegar, preguntando y sonriendo llegas a donde quieras. Subimos unas escaleras estrechas y oscuras y al estar en el segundo piso le preguntamos a una mujer que veía desde el pasillo a la calle si sabía donde podríamos localizar a esa famosa tienda, nos sonrió y nos dijo, ¡aquí! “Cest moi Lili.” Abrió una puerta de metal beige y con cortinas que no dejan ver hacia adentro y salió un aire frio y un aroma a lavanda que enseguida nos despertó, y de pronto entramos a un cuartito con aire acondicionado, racks y maniquíes, con todas sus paredes pintadas de color azul pastel y muebles blancos, con pompones de color rosa y melón colgando del techo, y en cada maniquí de madera barnizada, un esponjoso vestido de flores con crinolinas debajo de las amplias faldas, era inevitable no enamorarse del lugar, de Lili y de sus creaciones. Alexa se volteó a verme y sus ojitos y su sonrisa descubrían su mayor fantasía, la distancia y el tiempo que llevamos lejos nos hace disfrutar pequeños placeres más que nunca, y ese lugar así de coqueto y la exclusividad con que atendió Lili a Alexa la hicieron sentir princesa.

Se probó tres vestidos, uno azul con estampado en flores rosas y verdes, con un moño blanco atrás que de la cintura, con el que giró y giró y se trasladó a otro mundo; después uno de rayas azul marinas con mangas cortitas de flores rojas, más recto y con la espalda en V terminada con un moño grande de la misma tela que las mangas, lindo. Y el tercero fue uno con una falda que cae como un hongo en tonos morados y estampado de flores naranjas, rosas y verdes, un moño en la cintura que cuelga de un lado y la parte superior en tono rosa liso, con un cuello volado que puedes bajar para que se te vean los hombros, está fascinada mi modelo con lo sexy de lucir así sus hombros, me derretía de amor al verla torcer su esbelto cuerpecito para poderse ver en el espejo por delante y por detrás; se tocaba la falda y se giraba para un lado y para el otro, se acomodaba el moño, pensaba con qué zapatos lucirían mejor, es toda una niña que empieza a fijarse ya en detalles de mujer, eso le está pasando. Dudó media hora cuál sería el indicado, el tutú se quedaría en la tienda pues en el barco ¿a donde lo metemos?, así que después de pensarlo y verse mil veces al espejo con uno y otro, se decidió por el azul, se lo volvió a probar y se lo quiso llevar puesto. Al lado de esta tiendita coqueta y dulce que cumple perfectamente con su función de enamorar a sus pequeñas clientas, está su taller, pasando una cortina blanca, que divide el salón, están sus máquinas de coser, sus estantes con telas de miles de colores, hilos, patrones de cartón, listones y una mesa grande para hacer sus cortes. Verdaderamente es “su pequeño mundo”.

Mi abuelo Carlos y Maria Ester les dieron dinero a mis hijos para que se pudieran comprar algún capricho y Alexa no dudó en sacar sus billetes e invertir en ese maravilloso vestido con el que casi había soñado.

Salió dando brinquitos, sonriente y feliz. Vital viene enojado porque no había ropa para él, a tanto llegan sus celos. Seguimos caminando, ahora quiero ir un paso atrás de la estrella azul con luz propia que viene saltando adelante de mí, amo verla gozar la vida, que se sienta segura, y que un vestido se convierta en su mejor recuerdo de Papeete, ¿por que no?

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“Le petite munde de Lili”

Tenemos un poco de hambre y vamos a comprarnos un bagette, nos topamos con Alejandro y Diego que estaban en la misma cafetería, qué coincidencia tan mágica e inesperada; comemos juntos y ahora sí Vital, con otra dosis de medicina, se va con su papá y nos quedamos Alexa y yo solitas, disfrutando cada minuto; yo saqué una cita en un salón de belleza que queda a media hora caminando y vamos para allá. Siguiendo un mapa damos con el lugar, entro y huele a lo que venía pensando que olería, ése aroma que deja el spray en el aire, shampoo y químicos deliciosos; venimos sudando y tienen aire acondicionado, me dejaré consentir aquí; les explico a los hombres que manejan el salón lo que necesito y siento que me entienden perfectamente. Por dentro siento como cuando le das un trago a un vaso con hielos en el calor, ¡aaaaaahhhhh!!!, esto necesitaba. Me aplasto en un sillón negro y Alexa me acompaña en el de al lado, saco su kindel para que siga leyendo Harry Potter y es mi turno de sentirme apapachada, qué delicia.

Me asignan a Alexander, un chavo amanerado y encantador con su copete de lado y mechas. Hace su trabajo muy rápido y muy bien y como en todos los salones a los que he ido, no para de hablar y hacerme preguntas, yo sólo quisiera perderme en wassap, pues necesito el wifi y platicar con mis hermanas y mi mamá, llevo una semana sin comunicarme y las extraño.

Separa mi pelo a toda velocidad y me embarra el químico que aclarará mi raíz para lograr el efecto con el que tanto me identifico, no volteo a ver sus manos, estoy confiando cien por ciento en él. Me pasa después de un rato al sillón con lavabo en el respaldo y me da un masaje de cráneo por el que hubiera pagado el doble de lo que me cobren, cierro los ojos y me permito sentir sus dedos apretarme la cabeza y quitar tensión. Amaría poder hacer esto más seguido, me relaja tanto. Regreso a mi sillón negro, frente al espejo y comienza a secarme el pelo con una secadora y un cepillo, hace 3 meses o más que no me peino realmente, me corta las puntas y me deja guapa, ahora soy yo la que sale de ahí, dando giros para sentir mi pelo limpio y sedoso en mi cara. Ya somos dos mujeres con aires de grandeza y mayor seguridad, nos merecemos un helado y platicar un ratito más, después volveremos al barco para darles de cenar a nuestros hombres. Alexa necesita de estos ratitos de atención para sentirse especial, sus hermanos acaparan mucho de nuestro tiempo. Ayer ya estaba de malas y hoy se le limpiaron los corajes con este maravilloso día que nunca olvidaremos ninguna de las dos.

Miercoles 12 de junio

Mañana llegan Angelica Moreno y sus hijas a pasar unos días abordo del ALDIVI, ¡qué emocion! Otravez debemos limpiar el barco, lo tenemos desordenado y el estar tan cerca de la calle hace que se ensucie mucho más, me entregaron ropa lavada y está todo afuera en torres sobre mi cama y sillones, lavamos las colchonetas de la bañera y se están secando en la cubierta, cuelgan del guardamancebos trapos, toallas y fundas de otros cojines, hay legos y zapatos regados por todas partes, platos en el escurridor que aunque estén limpios se ve tirado, los botes de basura llenos, cables sueltos sobre el escritorio enredados, polvo y más polvo por todos lados; comienzo a ordenar, limpiar y acomodar todo. Estoy apenas empezando cuando escucho unos gritos que vienen de afuera del barco, gritan mi nombre y el de Alejandro, estoy limpiando a Vital, que es la cuarta vez que va a hacer popo en la mañana y me tardo en reaccionar para salir a ver.

De pronto se oye un chiflido como de plaza de toros que me da risa y me obliga a apurarme, me asomo y veo a Angelica y a sus hijas abanicando sus brazos desde la banqueta para saludarnos, emocionadas de vernos, me gritan que les abra.

Alejandro se fue a comprar cosas que le hacen falta y yo estoy en mi jugo de ayer y puede ser también de antier, sudando la gota gorda y con el barco hecho pedazos. No quiero que se suban estando el barco en este estado, mañana lo verían impecable, hoy está peor que nunca, pero no tengo más remedio que ir a abrirles la puerta de acceso a la marina y aguantarme la vergüenza. Nos damos unos abrazos deliciosos, de más de cuatro segundos, reconfortantes. Hasta que me abrazaron conecté con lo mucho que extraño a los poblanos. Se suben y están felices de conocer el velero, muy emocionadas de estar aquí. Yo estoy avergonzada, pero se me quita al verlas a ellas tan relajadas y tan cariñosas con nosotros.

Después de un rato deben volver a su hotel y se llevan a Alexa y a Vital, para ayudarme y poderme concentrar en dejar el barco impecable. Regresa Ale y nos vamos a hacer el super, compramos comida para una semana, pensando que somos 8 personas. Son bolsas y bolsas de comida las que subimos al taxi que nos dejó en la marina y que cargamos en una carretilla para finalmente depositarlas en el barco. Todo es caro en estas islas, pero más la comida. Debemos apurarnos pues quedamos en tomarnos una copa con Angélica en la noche y recoger niños en su hotel. Se quedan las bolsas ocupando todo el piso de la cocina, nos cambiamos y nos vamos.

Al llegar al hotel, subimos a la habitación de Angelica y nos enseña una maleta de 40 kilos y otra de 15 kilos que nos trajo con sorpresas compradas por ella y otras que encargué a mi mamá, quien, como toda mamá mexicana, duplicó el pedido. Apenadísimos con la carga que les dimos, no sabemos ni cómo disculparnos, les cobraron sobre equipaje, tuvieron que comprar otra maleta, no, no, no, se nos cae la cara de vergüenza, pero al mismo tiempo agradecemos desde el alma que nos trajeran todo eso, muero por echarme un clavado a ver qué tanto hay.

Después del oso por el que pasamos, nos tomamos la prometida copa y nos regresamos al barco con las dos maletas y los niños, no habrá donde meter tanta cosa, por ahora es tarde y estoy cansadísima, mañana veo cómo le hago para acomodar todo.

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Jueves 13 de junio

A las 12:00 vendrán Angelica y sus hijas y el barco ya debe estar cómodo para recibirlas como se merecen y ordenado. Tengo mucho trabajo por hacer, pero logro tenerlo todo listo a la 1:00 y llegan 1:15, ¡fiuf!!! El barco se ve impecable, me siento orgullosa y con la conciencia mas tranquila. Se acomodan y nos vamos a caminar al centro de Papeete, quieren ir de compritas. Volvemos al barco y nos encontramos a Mario, el español, que nos invita sólo a Angelica y a mí a pasar a “LA DAMA”, su barco clásico, su casa. Lo tiene como de un catálogo, él lo diseñó todo y estuvo presente en su fabricación en Inglaterra. Colocó un fregadero de metal negro al centro de la cocina con una llave blanca elegantisima, su refrigerador es vertical y de la altura de un humano, sus sillones están tapizados como sala de un palacio en tonos olivos y rosa palo, todo de madera, piso, paredes y techo, se ven las costillas del barco por dentro, eso me parece como de museo; otro sillón de piel color vino impecable y nuevo te recibe después de la cocina, todo se ve nuevo y este señor lleva más de dos años viviendo ahí, claro que solo; las lámparas del barco y candeleros se prenden con una luz amarilla como velas, te transportas en el tiempo, es precioso, cada herraje, cada gancho, cada escotilla circular es de latón, a oscuras nos metemos en ese su pequeño impecable mundo, y le preguntamos ¿por qué no abre las ventanas? y muy tranquilo nos responde que para que no se le empolve nada, pues odia limpiar, aunque no se nota. Angelica que es muy chistosa, con voz fuerte y directa se burla de él en su cara y se carcajea divertida haciendo preguntas, esperando alguna respuesta un poco más atrevida. No logra sacarle mucho a este hombre que ama la soledad y la perfección en sus espacios y tiempos, pero no le puede quitar los ojos de encima a mi amiga que se pasea libre dentro del velero; con su segura personalidad se sienta y despreocupada, a propósito, sube los pies a los sillones y enamora cada segundo más al encerrado español que no se atreve a ensuciar ni el escusado de porcelana blanco que colocó en el también elegante baño. Yo estoy ahí, de chismosa viendo cada detalle y escuchando la conversación de Angelica y Mario, él no deja de repetir que es un hombre aburrido. Ella trata de entender a este personaje y le hace más preguntas y se ríe y divierte con cada una de sus respuestas y él con las pupilas dilatadas, responde sincero e intenta ser coqueto, pero no le llega ni a los talones a esta mujer que nació para brillar y exprimir a la vida. No es que los presentáramos esperando nada, es mas bien que nada podría pasar, pues ella no pasa un día sin divertirse con sus hijas, que comienzan a ser sus amigas y sus miles de amigos que la adoran y adora, y él vive en el día a día, sin buscar nada distinto. Pero también se mueve en su barco por el mundo, su libertad la encuentra ahí, nada más que sólo y con él mismo.

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Lunes, 16 Septiembre 2019 00:00

Mundo Nuestro. No olvidar de dónde vienes, sólo así comprenderás el futuro que construyes. V+ictor Manuel Gaona Luna, estudiante de la Facultad de Ciencias Químicas de la BUAP, viene de una comunidad totonaca en la Sierra Norte de Puebla, Caxhuacan. Sus papás y su abuela son su fortaleza, y por ellos, su lengua madre, el totonaco. Y su cuestonamiento es directo: ¿por qué en México no se respalda el aprendizaje de las lenguas originarias?



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Caxhuacan, Puebla.

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Sábado, 14 Septiembre 2019 00:00

El museo Bello no solamente se entiende por las colecciones que contiene. Las adaptaciones hechas al inmueble para convertirlo en museo tienen como propósito exhibir de manera adecuada las piezas. Mariano Bello y Acedo concibió y organizó el discurso museográfico a partir de su propia apreciación y formación cultural, y así hizo del edificio una expresión material de su forma de ver y concebir los bienes culturales que reunió.


Atendiendo a ese razonamiento, el gobierno del estado lo declaró monumento histórico, señalándo expresamente en la declaratoria la necesidad de mantener indisolublemente vinculadas las colecciones y el inmueble.


El Bello es por eso también significativo porque nos muestra las formas culturales de una época, es parte de la historia de la ciudad, de los alcances culturales de sus élites, de su identidad.



Guardando las proporciones, podríamos construir una analogía entre estas colecciones y una biblioteca antigua como Lafragua o la Palafoxiana. Esta última declarada Memoria del Mundo precisamente porque, por la riqueza de los materiales que contiene, es una muestra de los saberes, creencias y formas de transmisión de los mismos en una época de la historia de la humanidad; la monumentalidad del recinto es solo un elemento de esta declaratoria y por cierto no el más importante. Nadie en su sano juicio promovería trasladarla a otro recinto a pesar de las dificultades para su mantenimiento.

(Foto de portadilla: Patrocinio de la Virgen sobre las mujeres de la Familia Munuera, Miguel Jerónimo Zendejas. Este cuadro de fines del siglo XVII es una de las piezas que en el año 2015 fueron extraídas del Museo Bello y González en el año 2015, según documenta el portal LadoB el 3 de diciembre de ese año. La foto aparece en la tesis "El Pincel de Elías, José Joaquín Magón y la Orden de Ntra. Sra. del Monte Carmelo", cuyo autor es Alex Andrade Campos.)

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Sábado, 14 Septiembre 2019 00:00

Hace unos años publique un libro (El recurso del miedo. Estado y terror en Guatemala, EDUCA 1991; F&G 2011) que pretendía explicar la gran matanza ocurrida en Guatemala durante los años del conflicto interno. Concluí que la causa del genocidio más grande en la América contemporánea, era la cristalización en Guatemala de una cultura política anidada en la clase dominante e irradiada por toda la sociedad a través de la hegemonía oligárquica. Esa cultura política está sustentada en el oscurantismo reaccionario y la recurrencia del asesinato selectivo y masivo. La denominé “cultura del terror” nutrida por el racismo, el clasismo, el fundamentalismo religioso, el apetito dictatorial y el anticomunismo.

No he podido sino recordar todo lo anterior después del desgraciado y confuso incidente en la aldea Chajmayik llamada también Semuy II. Como es sabido hubo un enfrentamiento entre los pobladores de dicha aldea y una patrulla del ejército que culminó con tres soldados muertos y varios pobladores heridos. Las versiones oficiales no resultan convincentes (una patrulla fue enviada a interceptar a una avioneta del narcotráfico) o resultaron falsas (los soldados fueron asesinados por armas de grueso calibre). La versión de los pobladores de la referida aldea sostiene que fueron los soldados los que iniciaron la agresión y luego se vieron superados en número por los pobladores algunos de los cuales hicieron uso de escopetas para atacarlos.

Independientemente de lo que haya sucedido, lo que me resulta sorprendente es la ferocidad con que en las redes sociales se ha estigmatizado a los pobladores. Han circulado videos falsamente atribuidos a los sucesos de Semuy II con imágenes de soldados monstruosamente mutilados, un perro pitbull que aparece devorando los genitales de un soldado que se retuerce de dolor en el suelo, una turba se le deja ir encima a elementos del ejército. En las redes sociales de la derecha aparecen llamamientos a asesinar a los culpables, a masacrarlos y descuartizarlos. He recordado mi propia interpretación sobre la cultura del terror y he recordado la de Hanah Arendt sobre la “banalidad del mal” en la que a propósito del genocida Adolf Eichman, sostiene que hasta la gente común y corriente (no necesariamente psicópatas) pueden ser capaces de cometer los crímenes más infames. Con perplejidad he advertido que hasta amistades y conocidos claman lavar con sangre lo sucedido a los soldados. Un linchamiento mediático que busca legitimar su eventual asesinato, se ha ejercido contra el antiguo comandante guerrillero César Montes. Y el diputado ex kaibil Estuardo Galdámez declara que todo esto sucede porque en los acuerdos de paz de 1996 se convino en desmilitarizar a Guatemala cuando lo que debe suceder es una nueva guerra para que haya paz.

El gobierno ha instaurado el Estado de Sitio en 22 municipios de seis departamentos. Ciertamente es un área llena de pistas clandestinas y trasiego de droga. Pero también un territorio ambicionado por los grandes capitales para proyectos mineros y de cultivo de palma africana. Nuevamente la cultura del terror al servicio de aviesos intereses.



(Foto de portadilla tomada de The Star on Line)

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Viernes, 13 Septiembre 2019 00:00
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