Historia

La invención de Juárez

Día con día

La historia es lo que sucedió y lo que recordamos que sucedió. Quizá, sobre todo, lo segundo.



La posteridad de los próceres es la historia de varias posteridades, de sucesivas invenciones, las necesarias para distintas épocas que necesitan hallar en el héroe virtudes distintas, reales o imaginarias.

Juárez ha cruzado al menos por cuatro posteridades, según la arqueología de su culto hecha por Rebeca Villalobos (El culto a Juárez. La construcción retórica del héroe, 1872-1972. Ed Grano de Sal 2020).

La primera posteridad de Juárez es la que construyen sus contemporáneos. Juárez no es un Presidente popular al morir, es un Presidente desgastado por el largo ejercicio del poder en épocas turbulentas, las cuales exhibieron su templanza pero también su dureza. Muchos de sus contemporáneos célebres, como Guillermo Prieto, eran al final sus críticos.



La muerte inesperada de Juárez, que se cuidó muy bien de revelar a nadie su mal estado de salud, diluyó los enconos en su contra en el lamento público de su partida. Es la posteridad del rito funerario. Cada año se conmemora su muerte. Es el rito de una pérdida, no de una presencia: la celebración del mártir caído, cada vez más inmaculado.



La segunda posteridad de Juárez fue construida por Porfirio Díaz, mediante un giro de genio simbólico. A partir del año 1891, nos recuerda Rebeca Villalobos, dejó de conmemorarse la muerte de Juárez y empezó celebrarse su nacimiento: ya no su pérdida, su ausencia, sino su legado, su presencia.

Es la posteridad del héroe cívico, del gran conductor político que mantuvo en sus riendas la integridad de la nación y de la República. Del proceso de construcción de aquel héroe cívico nace su monumento: el hemiciclo a Juárez, que irradia su mensaje hasta hoy.

Camino a la construcción del hemiciclo, hubo la propuesta de dedicar el monumento al “indio sublime”, al vencedor de sus adversidades raciales. El monumento debía tener motivos prehispánicos.

El instinto simbólico porfiriano eligió mejor: optó por el héroe cívico universal, un héroe a la vez clásico y moderno, enmarcado en columnas de mármol, a la francesa, como está hoy todavía, precisamente en la Avenida Juárez.

El verdadero Juárez *

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Entre 1872 y 1891, la posteridad de Juárez fue la del lamento por la pérdida del héroe. A partir de 1891, cuando empezó a conmemorarse su nacimiento, no su muerte, Juárez vivió una consagración como héroe cívico cuya marcha triunfal terminó en 1910 con la erección de su Hemiciclo.

La consagración oficial porfiriana es tan ditirámbica que genera anticuerpos. Francisco Bulnes escribe dos libros salvajes sobre “el verdadero Juárez”, la Reforma y la Intervención.

Bulnes baja a Juárez del olimpo. Contradice su fama de líder impasible y muestra al político real, dispuesto a ceder territorio para ganar el apoyo de Washington (tratado McLane-Ocampo), celoso de su mando, insensible y taimado más que imperturbable.

La reacción contra el Juárez de Bulnes produjo muchos libros de historia, entre ellos el de Justo Sierra: Juárez, su obra y su tiempo, que añadieron al culto ciego del prócer una dimensión reflexiva, su validación histórica como fiel de la balanza de su época.

Juárez no fue un prócer favorito de la Revolución Mexicana. Nadie lo celebró en los años 1920s, salvo el naciente indigenismo oficial, donde Juárez no entraba bien, pues sus leyes liberales habían dado paso al despojo de las tierras de los pueblos que reclamaba, por ejemplo, la revuelta de Zapata.

La siguiente posteridad de Juárez empieza en los años 1930s y 1940s con la entrada del personaje en la cultura popular mediante el muralismo, el cine y la televisión.

Para el centenario de la muerte de Juárez, en 1972, el gobierno de Luis Echeverría echa la casa por la ventana. Quiere volverlo a inventar como héroe nacionalista y fundirse en su sombra tutelar.

Para ese momento Juárez ya no es un personaje histórico de carne y hueso, ha ingresado al orden de lo sublime, incluso si lo sublime es una representación que linda lo grotesco como la Cabeza de Juárez.* El personaje ha dejado de ser historia, es ya parte de la mitología.

El gobierno actual quiere ponerse también bajo el numen tutelar de Juárez. Pero el numen de Juárez no se cuece al primer hervor. Como vemos, sobrevive a sus usuarios.

El culto a Juárez: La construcción retórica del héroe (1872-1976 ...

*Rebeca Villalobos: El culto a Juárez. Ed. Grano de Sal.

Mundo Nuestro. Entender el sur profundo, el México campesino asomado desde sus montañas a una modernidad que nunca lo alcanza, por los ojos del Padre Gustavo Rodríguez Zárate. Recordarlo en alguno de esos pueblos a los que su sacerdocio lo llevó en los años ochenta y noventa. Ver con él este retrato realizado en el otoño de 2004 cuando realizamos el documental Contigo al Norte, Guadalupe. Y mirar así la vida de un hombre entregado a su trabajo, y que recién ha cumplido 50 años de una vida religiosa entregada a los pobres de México.



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Texto extraído del libro digital Contigo al Norte, Guadalupe



El sur profundo



Zacapala, en el arranque de la depresión del Balsas, guarda una historia que enlaza al viejo sur con el ánimo nacional. 10 de marzo de 1911, los mexicanos han soltado al tigre: la rebelión de los pueblos cunde por todo Morelos con la conciencia de la tierra y la libertad en las carabinas alzadas contra el régimen porfiriano y las haciendas. Emiliano Zapata, hijo de Gabriel Zapata y Josefina Salazar, nacido en 1879 en Anenecuilco, del otro lado del río, en los campos yermos, fuera del verdor de los cañaverales regados con esas aguas por los españoles propietarios de la hacienda de El Hospital, y educado para entender, como decía su padre, “que para comer en casa hay que sudar en el surco y en el cerro, pero no en las tierras de las haciendas”, se va a la guerra para marcar la historia trágica de una nación. Punto de quiebre: Chema Zapata, hermano de Emiliano, acusado de asesinato por los hacendados, huye de Morelos al estallido de la revolución y se refugia en Zacapala, tierra de matones a orillas del río Atoyac, en el olvido mixteco, 50 kilómetros al sur de la ciudad de Puebla. Salvo la memoria que de él guardan sus nietos, poco se sabe de quien fuera uno de los nueve hermanos que tuvo Emiliano. De Eufemio, que le acompañó en la insurrección campesina, sabemos más, por ejemplo que fue quien calificó de “tierno” para ser el caudillo de la revolución a Madero, justo en 1912, cuando los porfiristas conspiraban contra el prócer y mandaron al general Huerta a Morelos a exterminar a los zapatistas. Eufemio firmó el Plan de Ayala en las montañas poblanas. Pero de Chema, nada, no llegan tan lejos las biografías de Zapata. Sólo la memoria de Zacapala, de que un día llegó a ese vallecito, regado por el río en medio de la aridez de la mixteca baja, para fundar descendencia.

Cualquier día de 1983. En Houston, Texas, Eulogio Huesca Zapata, sobrino nieto del general Zapata, recibe a un grupo más de paisanos de Zacapala que han cruzado la frontera en Texas para trabajar en la limpieza de tiendas y escuelas en esa ciudad petrolera. Eulogio salió veinte años antes, arrojado por la pobreza de la tierra que repartió la revolución que no ganó su tío abuelo, pero en dos décadas ha logrado levantar un negocio indispensable en el trasiego de los ilegales mexicanos a los Estados Unidos: presta los dólares para el viaje; les da cobijo a los mojados mientras arreglan acomodo en un trabajo; después, cobra disciplinadamente quincena tras quincena su capital y sus intereses. Poco a poco, y desde lejos, se convierte en el nuevo cacique de su pueblo. Punto de quiebre: dos catástrofes se ciernen sobre los campesinos de la región de Zacapala: La sequía de 1982 arrecia en los campos del sur de Puebla, el hambre y la muerte azota las familias, en un hecho histórico que no forma parte de los anales de la historia de Puebla. Y llega a su término el régimen del presidente de la república José López Portillo, por lo que los matones contratados por el jefe de su Estado Mayor, el general Godínez, nativo de Zacapala, y contratados por él para servir a la república, regresan al pueblo. Es una historia larga la del pistolerismo en el sur de Puebla, se remonta por lo menos al XIX, con la banda de los Platones azolando al régimen de don Porfirio. Pero en 1982 los matones encuentran un pueblo en guerra, con los bandos partidos y en refriega, todos escudados con charolas de soldados y judiciales. Es una guerra absurda, pero los campesinos mueren. Matanzas y hambre. El éxodo. Don Eulogio Huesca Zapata, allá en Houston, prospera.


Éxodo

Gustavo Rodríguez es un sacerdote marcado por la tierra campesina, uno de esos casos que la jerarquía de la iglesia católica quisiera guardar en el desván al que ha arrojado ese anatema hiriente de la teología de la liberación. Pero ahí está él, encargado de la Antorcha Guadalupana en la región poblana, dando cuenta de una movilización social que rebasa fácilmente la burocrática repuesta de curas y párrocos al ánimo de los migrantes organizados en Nueva York. Es un hombre corpulento que sobresale por su estatura y la sotana blanca que cubre su voluminoso cuerpo. Su mirada serena contempla el bullicio armado en el atrio de la iglesia de Guadalupe, en Tepexi de Rodríguez, ante un tendido de fotos de la carrera del 2003 a su paso por la región. No llega a los 55 años, con casi treinta como cura de pueblo, primero en Zacapala, por donde a mediodía pasarán los corredores, después en Santa Clara Ocuyucan, en las inmediaciones de la ciudad de Puebla, y desde hace unos siete años en la parroquia de Momoxpan, ese pueblo cholulteca arrasado por el crecimiento disparatado de la capital poblana, de la mano de la desquiciada y criminal ambición de los políticos y funcionarios que en los últimos quince años han expropiado y ordenado el desarrollo de la Angelópolis. Con su morral de convicciones y la paciencia de un hombre de fe, Gustavo relata en una conversación igual la historia de uno de tantos pueblos de migrantes en la mixteca –y la de un campesino convertido en magnate en Houston--, que la tozudez de los curas que, como él, sostienen la posibilidad de un iglesia católica comprometida con lo pobres del mundo, o la trayectoria de su amigo, también párroco, Marcos Sotomayor, principal organizador de la Antorcha Guadalupana en México, fallecido en el 2003. Gustavo mira al país y a la iglesia católica con los ojos inteligentes y amorosos que esa institución pareciera haber perdido hace mucho tiempo. No revela otro México, lo ilumina, te obliga a mirarlo; pero sí perfila otra práctica cristiana, la que se funda en la solidaridad y la compasión por el dolor de los otros.

Zacapala, atado a la depresión del Atoyac, entre Tepexi y Matamoros, su parroquia entre 1982 y 1987, justo cuando el pueblo se metió de lleno en una pequeña guerra civil, como las que vivieron en esos mismos años los pueblos de Calmecac, Coyuca, aquí en el sur, y Huitzilan en la sierra norte, es el punto de arranque de una conversación serena sobre el México profundo.

--De entrada, ¿qué pasó en Zacapala a principios de los ochenta –le pregunto.

--Mucha matanza –responde en corto--, muertes, masacres.

Y es que hay respuestas cortas y largas. Empieza por la historia remota:

--La historia de la violencia en Zacapala es muy antigua, viene del siglo XIX, 1840, 1860, cuando el pueblo se convirtió en guarida de unos asaltantes llamados “los plateados”. El pueblo era una guarida de malhechores. Y hubo pleitos de familia, entre los descendientes. Y de ahí, tres acontecimientos históricos para el pueblo, uno cuando la revolución, el segundo en los años cincuenta, y dos justo en la coyuntura de 1982. Primero la historia de los Zapata.

--En 1911 –cuenta--, el hermano de Emiliano Zapata, Chema Zapata, asesinó a alguien allá en Morelos, y vino a esconderse a Zacapala, de ahí salen las nuevas generaciones de Zapatas, de ahí viene Alfonso Huesca Zapata, que con el tiempo se convirtió en uno de los empresarios mexicanos más importantes en Houston.

Pero vamos poco a poco. Antes un hecho increíble, que explica como comportamiento natural del poder en México, y sus ligas con las profundidades violentas: en 1976, un poblano fue nombrado jefe del Estado Mayor Presidencial por el presidente López Portillo, era el general Godínez, que se llevó a varios pistoleros de Zacapala con él, gente que era buena pal tiro, cada uno con dos o tres asesinados en su cuenta. Cuando termina de presidente López Portillo, toda esa gente queda desempleada. Y por supuesto, regresan a Zacapala.

--Es cuando llego a la parroquia –sigue Gustavo--, me toca coincidir con ellos. Creo que gran parte de las masacres fueron una competencia de pistoleros desempleados, gente de varios mandos, protegidos algunos por el ejército y otros por la procuraduría estatal. No era un asunto de cacicazgos o de pleitos por la tierra, eran simples pleitos de familia, pleitos de que me viste feo, da machismo puro. Aquí dice un refrán que la pistola se saca para matar, no para asustar. En Zacapala la gente era agresiva, sin más. Por ejemplo, mis catequistas, todas llevaban pistola, y eran buenas para el tiro. Una vez vine por aquí a un ranchito, preparaba una primera comunión, catorce niños de once, doce, catorce años, todos cargaban pistola. Esa era la realidad en 1982, ibas por los caminos y te encontrabas a la gente con metralleta por el campo, como si en esa misma época te estuvieras en Nicaragua o en El Salvador.

--¿Y cómo te trataban a ti, un sacerdote?¨

--Hay respeto por el sacerdote, y más si está cerca de ellos. Indistintamente, sean asaltantes, gatilleros, judiciales. Yo estaba con ellos en sus ranchos, en sus cerros. Cuando llegó Antorcha Campesina a la región, trató de matarme, pero los que encomendaron dijeron: “A ese padre no lo toquen, ese padre es del pueblo, no lo toquen”.

Son historias que escucha un cura en confesión. El mando de su propia muerte y el gatillero que le confiesa el encargo que no cumplirá. Pleito de un cura con la organización política Antorcha Campesina, cuando se proyectaba para convertirse en una de las principales organizaciones políticas del México rural. No era un cacicazgo, dice Gustavo, era la búsqueda del control de la región, y en Zacapala las pandillas, las bandas de asaltantes, no se dejaban. Tampoco de Antorcha Campesina.

--Empecé a investigar las raíces históricas de la violencia –sigue--, y luego la coyuntura, me di cuenta de que había tráfico de drogas, de armas, de fayuca. Aquí, en estas lomas, bajaban las avionetas. Y había proteccionismo, del ejército y de la judicial, por ejemplo para una banda llamada de “Los Gatos”. Así de simple, Zacapala vivía en el pistolerismo. Hice una estadística, familia por familia, todas tenían un asesinado.

--Y alguien en la cárcel…

--No había ni cárcel, por más que se quisiera hacer justicia, nunca había ministerio público. Se levantaba al muerto: murió de muerte natural, se decía. Y si se intentaba acusar a alguien, nada, no había escrito. Tuvieron que ocurrir muchas muertes, hasta que el pueblo dijo ya basta, y finalmente también la justicia apoyó, empezó a meter a los asesinos a la cárcel, fue cuando se acabaron los asesinatos.

Era 1982, tiempo para el tercer acontecimiento histórico: el hambre. La desbandada por el hambre.

--El primer año no llovió en ninguna parte, no llovió ninguna tarde, ningún día. Entonces empezaron a morir los animales, las plantas, empezó a morirse la gente. Fue cuando yo llegué aquí, fue la desbandada por el hambre. Recuerdo a una señora, en una de las barrancas de por aquí, parecía tener 60 años, pero era de 30, rascaba el suelo con una pajita, succionaba la humedad, y la llevaba a una ollita. “¿Qué haces”, le pregunté. Dice: “Pus la voy a hervir con raíces de sábila, esa es la comida que tenemos que hacer, no tenemos otra comida”. Así descubrí el valor de la sábila, cómo curaba la úlcera del hambre.

Fue en 1983. Nadie entonces habló del hambre en la mixteca. Acababa de entrar Miguel de la Madrid, con la palabra modernización en la boca, con la llave del desmantelamiento del aparato económico del Estado y la puerta abierta al neoliberalismo del capital y las trasnacionales. Acababa de quebrar el Estado petrolero en 1982, acababa López Portillo de estatizar la banca. Fue el presidente que afirmó que defendería al peso como a un perro, que nadie volvería a saquear a México. Cuántas cosas puede decir tan tranquilamente un presidente en México. Pero nadie, entonces, habló de la desbandada por el hambre en la Mixteca, en el pozo profundo del sur de México.

--El coraje sigue siendo fuerte –sigue Gustavo--. Entonces la gente se organizó pasa comer. Trajimos gente valiosa, como un doctor de la ONU, Arturo Aldama, que se pasaba medio año en Ginebra, en la Organización Mundial de la Salud, y medio año aquí en la MIxteca, en el campo. Nos dio cursos de nutrición a base de soya y amaranto, de cacahuate. Y ya después la gente pasó a la cooperativa de ahorro y crédito, y de ahí a defender sus derechos humanos, y de ahí a luchar por sus autoridades y sus organizaciones. Se hicieron marchas en Houston, se participó en las parroquias, en los centros de atención a migrantes. Pero eso se empezó aquí mismo, en el pueblo…

Es la ruta del cuarto acontecimiento histórico que refiere la plática del padre Gustavo. El éxodo. Inició legal, con la contratación de braceros en los años cuarenta y cincuenta. Ahí arrancó el viaje mixteco a los Estados Unidos. Los mojados, como tales, siguieron cuando el programa bracero terminó. Justo en el momento que un sobrino nieto de Emiliano Zapata, nacido en Zacapala, se fue muy pobre, con deudas, con la responsabilidad de sus nueve hermanos más chicos a los que, con el tiempo, sacó adelante. Alfonso Huesca Zapata, con el parentesco como único patrimonio que le heredó la revolución que mató a su tío abuelo. Cuarenta años después de que abandonara su pueblo es hoy el hombre poderoso de Zacapala. Empezo poco a poco, como tantos otros migraos que supieron encontrar el eslabón clave de la cadena migratoria: el préstamo para el viaje. Y después el cobijo mientras se consigue trabajo. Y por qué no, la chamba misma, digamos casi como contratista, como administrador del trabajo de sus paisanos como limpiadores de tiendas, de cines, de lo que se pueda. Chamba no falta. Y después, a cobrar con disciplina y rigor en las quincenas, aunque que sean sus familiares o los hijos de sus compadres.

--Fue en Houston –dice Gustavo--, les pagaba los coyotes. Cuando llegaban los migrantes les daba de comer un mes. Ya cuando los tenía trabajando les iba quitando cada quincena la mitad.

--Hasta que recuperaba su parte…

--No, más, mucho más –Gustavo sonríe--, les quitaba mucho más.

--¿Han platicado ustedes de eso?

--Sí, él tiene un corazón bueno, pero una estructura negativa. Si quieres estar en Estados Unidos, sólo metiéndote en ese sistema capitalista puedes hacer algo, ¿no? Ahora él llega aquí, ayuda a los viejitos, a los enfermos, da dádivas para purificar su conciencia, pero lo fuerte fue la explotación. Algunos le han metido pleitos últimamente, y se los han ganado, y ha tenido que pagarles lo que les quitó, conservaban sus tiquets y lo demostraron. Los que los tiraron no pudieron demostrar el robo.

Gustavo termina con la historia de Marcos Sotomayor, un cura diez años más joven que él, a quien conocí como párroco del pueblo de San Juan Tianguismanalco, cercano a Atlixco. Marcos fue el sacerdote que inició el vínculo con los migrantes y, particularmente, con los organizados en la Asociación Tepeyac, en Nueva York.

--Trabajó conmigo desde que se ordenó –recuerda--, en la pastoral juvenil, se dedicó a crear grupos en mi parroquia. Después lo mandaron a Ixcamilpa de Guerrero, en el sur, ahí empezó a estar cerca de los migrantes. Él con la gente de Chila de la Sal e Ixcamilpa, yo con la gente de Zacapala, ahí empezamos este movimiento de migración. El vivió ahí en ese pueblo del sur lo mismo que yo, a él le tocaba con frecuencia levantar los cadáveres en Ixcamilpa.

Marcos murió en el 2003, luego de un tiempo de fuerte deterioro de su salud. Tuvo que dejar Tianguismanalco. Intentó involucrarse más con la gente de Nueva York, justo cuando ocurrieron los atentados a las torres gemelas, en el 2001. No tuvo más tiempo. Así lo vio Gustavo:

--Marcos murió en la desesperación de ver que no había respuestas oficiales, apoyos eclesiales. Murió en la soledad, entre los atentados, las muertes, los asesinatos, el hambre y la migración que deja sola a la gente…

A fines del año de 1910, el número de inmigrantes japoneses en Estados Unidos había llegado a cerca de 80 mil, en México y Perú rebasaban en cada país los 10 mil trabajadores, en tanto que en Brasil ya laboraban más de 5 mil. En la medida en que el número de inmigrantes japoneses iba creciendo en el continente, los sectores racistas de la sociedad norteamericana fueron fomentando el odio y la persecución contra los inmigrantes. Para combatir la llegada de trabajadores japoneses, estos sectores no dejaron de difundir noticias falsas y rumores señalando el “peligro” que representaban para la sociedad norteamericana al considerarlos como parte de “razas degeneradas” que contaminaban, como si fueran virus, a la “pureza” racial que deseaban para Estados Unidos.

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Los sentimientos antijaponeses que se expresaron de manera muy violenta en California, se fueron extendiendo en diversos países de América. Las razones para entender la aversión contra la inmigración puede explicarse a partir de dos situaciones: la primera tiene relación con el objetivo del gobierno y de buena parte de la sociedad norteamericana de construir una nación homogénea, de población exclusivamente caucásica. Como lo llegaron a considerar de manera velada los presidentes Theodore Roosevelt y Woodrow Wilson en las primeras décadas del siglo XX, el propósito era evitar la mezcla con ese tipo de inmigrantes.

En los barrios de California se organizaron para combatir la inmigración

Las medidas para evitar el ingreso de inmigrantes que no correspondieran a las características de “pureza racial” ya habían avanzado de manera muy puntual desde que se empezaron a promulgar una serie de leyes exclusionistas, la primera de ellas contra los inmigrantes de origen chino en 1882. Las ideas de “supremacía racial” que proponían estos sectores buscaban además fundamentarse en la ciencia, utilizando por ejemplo la teoría de la evolución de Charles Darwin. Además, la “cultura racista” se había ido popularizando mediante gran cantidad de obras literarias como las del ganador del premio nobel de literatura, el inglés Rudyard Kipling. A principios de siglo por tanto, no fue extraño que las actividades y las organizaciones antijaponesas tuvieran gran éxito en la sociedad blanca del estado de California donde se había concentrado la mayor parte de inmigrantes japoneses.



Documento de la legación norteamericana en Guatemala para informar sobre los inmigrantes japoneses en 1910 (National Archives and Records Administration, NARA)

El otro elemento que ayudó al fortalecimiento de la xenofobia contra los inmigrantes, especialmente japoneses, se debió a la consolidación del imperio de Japón como gran potencia y al enfrentamiento paulatino con los Estados Unidos. Aunque los japoneses eran reconocidos ampliamente como honestos, responsables y trabajadores, la situación internacional propició que el gobierno norteamericano instruyera a todas sus embajadas en los países de Latinoamérica para que vigilaran no sólo las actividades de empresarios y diplomáticos japoneses sino a los propios inmigrantes.

En este contexto, los rumores contra Japón también jugaron un papel importante para generar miedo y repulsión contra los inmigrantes en el continente. La prensa norteamericana se hizo eco de este ambiente y difundió una serie de mentiras como la de que los inmigrantes japoneses que trabajaban en México eran en realidad parte del ejército imperial japonés que preparaba una futura invasión a los Estados Unidos.



A inicios de 1911 el senador por Massachusetts, Henry Lodge, afirmó que la marina imperial japonesa compraría Bahía Magdalena en Baja California. La bahía, importante por su ubicación geográfica estratégica, había sido usada por la marina norteamericana para realizar ejercicios navales con el consentimiento del gobierno mexicano. Por otro lado, el dueño de la cadena más importante de periódicos en California, Randolph Hearst, participó activamente en esa campaña al propalar rumores y publicar noticias alarmantes y falsas como el arribo de 75 mil japoneses a Bahía Magdalena. El escándalo alcanzó tal magnitud que tuvo que ser desmentido tajantemente por las autoridades mexicanas y japonesas.

El senador Lodge, como el magnate Hearst, estaba plenamente convencido del llamado “peligro amarillo” que supuestamente enfrentaba todo el continente al permitir la inmigración de trabajadores japoneses. Ambos se convirtieron en los más importantes impulsores de leyes contra la inmigrantes que no fueran blancos y en los más activos difusores de la superioridad racial que se establecía en teorías eugenistas como las del científico inglés Francis Galton.

El movimiento antijaponés en Estados Unidos lograría su cometido en los años por venir. En el año de 1913 se expidió una ley en California para que los agricultores japoneses no pudieran adquirir tierras para sus cultivos. Pero sin duda, el éxito definitivo de todos estos movimientos contra los inmigrantes llegó en el año de 1924 al ser aprobada por el propio presidente de los Estados Unidos,Kalvin Coolidge, una ley ejecutiva que limitaba el ingreso de migrantes que no fueran de raza blanca.

Al acercarse la Segunda Guerra Mundial, el acoso sobre los inmigrantes japoneses y sus descendientes se desató con gran furia. Las mentiras siguieron jugando un papel importante para atacarlos de manera violenta. En mayo de 1940, en la ciudad de Lima, Perú, se propagaron rumores afirmando que los inmigrantes japoneses escondían armas con el propósito de derrocar al gobierno. El rumor propició que turbas enardecidas atacaran los negocios y casas de los inmigrantes, causando la destrucción de los mismos. Los daños materiales fueron cuantiosos pero lo más doloroso fue la repatriación de 64 familias que se quedaron sin hogar y que prefirieron regresar a Japón aun cuando tenían décadas de radicar y trabajar arduamente en Perú.

Destrucción de un negocio de refrescos en Lima (Colección Museo de la Inmigración Japonesa al Perú)

Al atacar la Marina Imperial del Japón la base naval norteamericana de Pearl Harbor en diciembre de 1941, el secretario de Marina, Frank Knox, afirmó sin ningún sustento que el ataque había sido posible debido al trabajo de la “quinta columna” incrustada en Hawái, refiriéndose a toda la comunidad de inmigrantes. El FBI desmintió esta información señalando con gran claridad que las comunidades de japoneses no habían participado en ese ataque ni habían proporcionado información para que esto sucediera.

Sin embargo, estas noticias falsas crearon gran temor en Estados Unidos y en otros países que contaban con gran número de japoneses como México, Perú y Brasil. Los rumores y mentiras fueron la causa para que a las comunidades de japoneses se les considerara como columnas invasoras dispuestas a seguir ciegamente las órdenes de Tokio. Los gobiernos americanos decretaron el traslado de miles de inmigrantes y sus familias a campos de concentración o a grandes ciudades para ser vigilados de manera estrecha. En Estados Unidos se obligó a 120 mil japoneses y sus descendientes (dos terceras partes de ellos habían nacido en ese país) a abandonar sus hogares y concentrarse en 10 campos creados para tal fin.

Traslado obligado de japoneses y sus descendientes a campos de concentración en Estados Unidos (Colección NARA)

Por desgracia, estos demonios racistas, mentiras y rumores se han desatado en estos momentos que atravesamos por la más terrible pandemia que hayamos vivido: el coronavirus. La Organización Mundial De la Salud (OMS) ha informado que el mundo enfrenta, además de la pandemia de covid-19, otra más que ha dominado como “infodemia”. Esta última pandemia se refiere a la gran cantidad de informaciones falsas que circulan de manera masiva por las redes sociales y que han generado una ola de racismo, confusión y desinformación.

La primera de estas insinuaciones racistas fue asignar al coronavirus un carácter étnico o racial. El “virus chino” se le ha llegado a denominar cuando en realidad su nombre científico es SARS-CoV-2 designado por la OMS para evitar esas connotaciones raciales. La otra es afirmar de manera falaz que el coronavirus ha sido elaborado en un laboratorio para funcionar como una “arma biológica”. La OMS, ante tal situación, en su portal de internet ha creado un sitio especial, en múltiples idiomas, dedicado especialmente a combatir tales mentiras mediante información veraz y científica sobre el origen del coronavirus.

Las mentiras, sin duda, han sido históricamente la base para crear y fomentar miedo en la población con el propósito de discriminar y hasta llegar a masacrar a miles de personas por su origen étnico. En 1918 se desató una gran pandemia de influenza que fue conocida como la “gripe española” que causó la muerte de decenas de millones de personas. Sin embargo, ese virus de influenza tuvo su origen en los Estados Unidos y fue contagiado por soldados norteamericanos que se trasladaron a Europa en plena Primera Guerra Mundial. La viruela, por cierto, fue traída al continente americano por los soldados españoles que conquistaron México y que causó millones de muertes en las poblaciones autóctonas. Los virus son parte de la misma especie humana y en la medida en que el mundo está más integrado se transmiten de manera más acelerada a diversos países. El miedo irracional y los rumores sobre el coronavirus han causado que enfermeras y personal médico en México y en muchos otros países sean atacados y discriminados cuando justamente son ellos los que arriesgan su vida para protegernos.

Caricatura de un periódico peruano estigmatizando a los inmigrantes japoneses (Colección NARA)

La organización, la solidaridad y el trabajo comunitario de los inmigrantes japoneses en tan difíciles momentos permitieron remontar las desgracias que enfrentaron al estallar la guerra. La pandemia de coronavirus que se ha extendido a nivel global sólo podrá ser controlada con la participación decidida y organizada de las comunidades que eviten su extensión en un primer momento y mediante la cooperación de todos los países para que en un futuro se creen las vacunas necesarias y se tomen medidas colectivas que nos protejan a toda la humanidad contra los virus. Las mentiras, la desinformación y el racismo son parte de esas pandemias que igualmente deben de ser combatidas.

© 2020 Sergio Hernández Galindo

En el encierro al que me he empezado a someter, sin pánico pero con prudencia, por formar parte de varios de los grupos de riesgo ante el Covid-19, he tenido el placer de terminar el libro de mi querido y admirado Adolfo Gilly "Felipe Ángeles, el estratega". Confieso que fueron varias las motivaciones que me llevaron a leerlo: las palabras encomiásticas que sobre el General artillero le escuché a Andrés Manuel cuando habló de que el nuevo aeropuerto llevará su nombre; la recomendación que del libro me hizo ese lector insaciable que se llama Gerardo Fernández Noroña y la pálida idea que tenía sobre el personaje y su trágico fin cuando fue fusilado por Carranza en 1919.

A lo largo de sus 745 páginas, Adolfo nos da finos y sofisticados retratos de un idealista, arrojado e ingenuo Francisco I. Madero; un perverso inteligente y traidor nato cómo lo fue Victoriano Huerta; un taimado y astuto Venustiano Carranza, implacable político que mueve sus piezas para usar y luego destruir a la División del Norte; un bronco, inculto y brillante campesino de un enorme talento natural político y militar encarnado en Francisco Villa. Y sobre todo la honestidad, firmeza de convicciones, gran capacidad estratégica de ese cultivado militar educado en México y Francia como lo fue Felipe Ángeles. La gesta de la revolución mexicana es repasada por Adolfo a través del martirio de Madero y las sucesivas victorias, producto de la sinergia maravillosa de Pancho Villa y Felipe Ángeles en Gómez Palacios, Torreón, San Pedro de las Colonias, Paredón, Saltillo hasta culminar con la derrota decisiva del huertismo en Zacatecas en junio de 1914.

Adolfo Gilly dice en alguna de sus páginas que Felipe Ángeles le parece una suerte de alma gemela de Ernesto Che Guevara. Acaso vea rasgos comunes en ambos personajes en lo que se refiere a su idealismo moral, su férrea honradez, su impecable congruencia entre el decir y el hacer, su articulación entre lo político y lo militar y su decisión de pagar hasta con la vida la congruencia con sus convicciones. Leyendo el libro yo encontré otro personaje similar al General Felipe Ángeles. Se trata del Coronel Carlos Paz Tejada, quien después de ser Jefe de las Fuerzas Armadas de Guatemala cuando la contrarrevolución triunfó, llegó a encabezar el primer brote guerrillero en el país. Tuve la fortuna de ser amigo de Paz Tejada y hacer un libro que recoge sus memorias. He aquí un elemento adicional de mi gusto por este nuevo libro de Adolfo, a quien desde aquí le envío mi afecto y admiración.

Mundo Nuestro. El colectivo Heroica Tetela de Ocampo tiene en Facebook una ventana abierta al conocimiento histórico de uno de los más entrañables rincones de la Sierra de Puebla. Aníbal Manzano González, José Manuel Bonilla Cruz --cronista municipal y descendiente de Juan C. Bonilla--, Juan Crisóstomo Bonilla Cruz --igualmente descendiente de Juan C Bonilla-- y Gildardo Aco Huerta llevan adelante un trabajo de documentación historiográfica que acompañan con la participación entusiasta de los tetelenses. Textos, fotografías y videos se suman día a día en su portal de facebook para ilustrar la riqueza historica y cultural del corazón serrano.

Presentamos en nuestra revista este trabajo de investigación sobre la resistencia de los guerrilleros serranos contra la invasión de las montañas poblanas por el ejército austro-húngaro entre 1865 y 1867.

En los límites municipales de Tetela de Ocampo con Zautla en camino hacia Xochiapulco, se encuentran los vestigios de unas trincheras que datarían del periodo de la invasión extranjera a la Sierra Norte de Puebla: 1865-1866, durante el Segundo Imperio Mexicano.



El 5 de mayo de este año 2019, visitamos el sitio con el reconocido etnohistoriador Venancio Armando Aguilar Patlán para conocer su punto de vista al respecto, a lo cual en base a su experiencia de campo en investigaciones previas de la región, tiene la hipótesis de que este lugar pudo haber sido un punto de vigilancia de los guerrilleros defensores de la sierra, durante la ocupación austrohúngara.

Es importante señalar que los pobladores vecinos del lugar las conocen desde hace muchos años y conservan tradición oral sobre ellas, transmitida desde sus padres, abuelos y bisabuelos, respetando el lugar, que a pesar de 154 años de inclemencias del tiempo, paso de ganado, deslave natural y quehacer humano son una evidencia de historia viva sobre nuestro pasado heroico.

Es deseable la conservación, rescate y resguardo de este lugar, que involucre a los diferentes niveles de gobierno y sociedad civil, respaldado por una investigación profesional que pueda arrojar más conocimiento sobre nuestra historia.



El etnohistoriador Venancio Armando Aguilar Patlán explica sobre un antiguo puesto de acecho y vigilancia desde donde guerrilleros serranos combatieron al Cuerpo de Voluntarios Austriacos en México.

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Tetela de Ocampo, panorámica desde las trincheras del cerro Pichonco

A una altitud de 2514 metros sobre el nivel del mar, Latitud: 19.777° o 19° 46' 37.2" norte, Longitud: -97.741° o 97° 44' 27.7" oeste, se ubica el cerro “Pichonco”, en los límites municipales de Tetela de Ocampo con Zautla, y donde pasa un camino que llega hasta Xochiapulco.

Aquí se ubicaba un puesto de vigilancia de los guerrilleros serranos, donde actualmente aún se pueden apreciar los vestigios de unas trincheras, siendo un lugar estratégico que por su altura y visibilidad, podía anticipar los movimientos de las tropas invasoras durante la ocupación austrohúngara de 1865 a 1866.

En esta imagen vemos a la derecha en primer plano las faldas de ascenso al cerro “Huey Loma” (2864 msm) y después al fondo la cima del Zotolo (2978 msnm), finalmente al fondo sobre ese mismo lado los límites de la serranía con Cuautempan.

Hacia al centro podemos apreciar tres pequeños valles en orden de cercanía: Guadalupe Pichonco, Alvarezco-Capuluaque y el de Muyuapan-El Puerto, punto desde el cual se desciende a Tetela.

A la izquierda vemos sobresaliente el cerro “Coyoco” del lado de San José, y al fondo después del Puerto, se alcanza apenas a apreciar en muy baja elevación el “Zoyayo” a un lado más visible el “Tepexcuaco” (2462 msnm) y finalmente hasta el fondo, se alcanza ver el pico “Texis” (2897 msnm) en los límites con Zacatlán.
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Mundo Nuestro. Como un ave en el paraiso. O en el solar de una casona del siglo XVII en el centro de la ciudad de Puebla. La que aparece en este plato surgió de la imaginación de un artista alfarero hoy desconocido, y que sirvió para ofrecer alguna vianda en un banquete de La Casa del Mendrugo en aquel siglo de esplendor poblano. Este plato forma parte de los vestigios encontrados en el subsuelo del patio de la conocida casa de los Jesuitas ubicada a unos pasos del Carolino, reconstruída entre los años 2008 y 2013, y que hoy alberga uno de los más importantes espacios culturales y gastronómicos de la Angelópolis. Recuperado por los arqueólogos que participaron en la rehabilitación de la casona que hoy alberga el Museo Casa del Mendrugo, el plato da cuenta de la historia que se contiene en las palabras "talavera poblana". La colección de talavera del Museo Casa del Mendrugo formó parte del trabajo de investigación sobre los orígenes de la loza estannífera en Puebla realizada por la historiadora del Arte Emma Yanes Rizo, autora del texto que presentamos en Mundo Nuestro.

La UNESCO ha reconocido a la Talavera de Puebla como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad este 11 de diciembre. La dimensión de esta noticia la podemos entender desde la historia misma de la producción alfarera en Puebla desde el siglo XVI. Para la historia de la talavera en Puebla lo sucedido en la segunda mitad del siglo XVI es fundamental. Y de la misma manera para la historia de la ciudad. Es un siglo obscuro, con grandes vacíos en su historiografía, y que requiere de un esfuerzo en la investigación científica que los arqueólogos e historiadores no han dejado de dar y que desde las instituciones de investigación se debe impulsar.

El 19 de agosto de 2013, en las instalaciones de la Facultad de Filosofía y Letras y dentro del Posgrado en Historia del Arte del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, la historiadora Emma Yanes Rizo, miembro del cuerpo editorial de Mundo Nuestro, presentó con el objeto de obtener el grado de Doctora en Historia del Arte la tesis “La loza estannífera de Puebla, de la comunidad original a la formación del gremio (1550-1653)”.

Considerado como un parteaguas en la historia de la cerámica en México por los especialistas que confrontaron a la nueva doctora como miembros del comité tutoral ante el que se presentó esta tesis, este estudio es una profunda inmersión en ese siglo XVI poblano, y al narrar la historia de los artesanos que desarrollaron la llamada entonces “loza fina” documenta como no se había hecho la vida de los trabajadores que contribuyeron con su destreza y capacidad artística a la construcción de nuestra ciudad colonial. Una ventana para comprender en su profundidad histórica la riqueza patrimonial que hemos heredado.



Mundo Nuestro presenta un extracto de la investigación de Emma Yanes Rizo, justamente el acercamiento a esa comunidad original de la que partió la tradición de la mayólica poblana.

Las ilustraciones pertenecen al libro Tratado de Piccolpasso, 1597. Labor de pintura.

El origen de la “talavera” en Puebla y el clan de los Encinas-Gaytán



Durante muchos años, a partir del texto de Edwin Barber de 1908, que afirmaba que el origen de la mayólica o “talavera” en Puebla se debía a su introducción por los frailes del convento de Santo Domingo en 1526, según comentarios del cónsul norteamericano en México de mismo 1908, no se ha dejado de especular por los estudiosos de la cerámica al respecto. Mi reciente tesis doctoral en Historia del Arte, parece aclarar, al menos en parte esa duda.



Un minucioso trabajo de archivo en la ciudad de Puebla, la ciudad de México, el Archivo General de Indias de Sevilla , así como la lectura de bibliografía específica sobre la historia de la loza estannífera en México, Sevilla, Talavera de la Reina, Puente de Arzobispo, Génova y Liguria, región en la hoy Italia, aliada por entonces al imperio hispánico, entre otros, nos ha llevado a corroborar a Talavera de la Reina y la región de Toledo en España, como la cuna de un importante grupo de loceros asentados en Puebla. Entre éstos destacan los Encinas-Gaytán, vinculados a su vez con los azulejeros de Sevilla de la familia de Alonso García, los Bautista Salomón de Génova y los Bautista Conrrado de Liguria, castellanizados.

Mi investigación de igual manera corrobora la cercanía de estos primeros loceros con el convento de Santo Domingo en Puebla, así como con los principales alarifes y arquitectos de la época: Alonso Díaz, Pedro de Arganda, Pedro López Florín y el capitán y arquitecto Francisco de Aguilar.

Hablaremos aquí, en particular, de Gaspar de Encinas el viejo, como uno de los primeros loceros españoles asentados en Puebla, que logra expandir su linaje, a través del matrimonio de sus hijos con mujeres de familias de loceros y el sistema de trabajo maestro-oficial-aprendiz.

Las piletas para decantar el barro y el sistema de presión del material.

El matrimonio Encinas-Gaytán y su descendencia

El matrimonio Encinas-Gaytán debió realizarse a más tardar en 1570, ya que para 1596 su segundo hijo, Gaspar de Encinas el mozo tiene 25 años.

En 1596, Gaspar de Encinas pide licencia para el arribo de su mujer María Gaytán, establecida entonces en Triana, e hijos solteros a la Nueva España, ya que los negocios del locero prosperan: tiene una casa alquilada “por tres vidas” en “la mejor calle de la ciudad”, había gastado en mejorarla más de cuatrocientos pesos; y le habían solicitado un importante pedido de azulejos. Para entonces, su primer hijo, Diego Gaytán ya vive en la ciudad de Puebla donde contrae matrimonio.

Gracias al documento de embarque de la familia en 1597, en el Archivo General de Indias de Sevilla, conocemos quiénes eran los Encinas-Gaytán. Los testigos, vecinos de Talavera de la Reina, afirman que en efecto Gaspar de Encinas el viejo y María Gaytán están casados y son: “cristianos viejos, limpios de toda raza de moros ni judíos, y ellos ni sus padres ni abuelos no han sido castigados ni penitenciados por el Santo Oficio de la Inquisición”. María Gaytán tiene para entonces más de 50 años, es “blanca y con los ojos saltados”. Gaspar de Encinas hijo, también locero, tiene 25 años, es “zurdo y algo lampiño”. Gabriel Gaytán tiene 14 años, es “blanco de rostro y ojos grandes”. Salvador de Encinas es un niño de 9 años, “delgado de rostro y ojos saltados”. Cecilia Gaytán tiene “cerca de 22 años, es de buen cuerpo, fresca de rostro e colorada y con ojos grandes”.

Diego Gaytán se casa en 1595 en la ciudad de Puebla con la española Ana de Xironda, no tiene descendencia. Cecilia Gaytán decide inicialmente quedarse en Sevilla, donde se casa con el también locero Alonso García, tienen un hijo y se trasladan a Puebla en 1602. Gaspar de Encinas el mozocontrae matrimonio con María Gamboa en 1598, sin descendencia, ella muere en 1613. Un año después se casa con la española Úrsula de Espíndola, con quien tiene dos hijos. Salvador de Encinas contrae nupcias en 1607 con Mariana Solís. Gabriel de Encinas ingresa a la orden dominica en Puebla.

Enrique A. Cervantes ubica a Gaspar de Encinas en Puebla en 1580, casado con Isabel Guzmán y viviendo en la calle de los Herreros, lo considera uno de los primeros loceros. Lamentablemente nuestra revisión en el archivo de notarías de Puebla, no ha podido corroborar dicha información. Habrá que indicar que, de ser así, Gaspar de Encinas comete adulterio ya que para entonces sigue casado con la española María Gaytán.

Molido manual de los óxidos colorantes.

Gaspar de Encinas el viejo

El historiador Salvador Cruz afirma haber encontrado en un documento de 1593 a Gaspar de Encinas como testigo de un enlace matrimonial: “Declara ser vecino de la ciudad y locero de oficio. Añade que desde hace unos dos años vino a estas partes en la nao del capitán Granillo llamada San Blas. Afirma tener 40 años poco más o menos y no firma por no saber. Es decir, había nacido hacia 1555 y llegado por 1591”. Pero este autor no da su fuente. Queda pues en duda la fecha de la llegada de Gaspar de Encinas a Puebla.

El primer documento de archivo que localizamos sobre Gaspar de Encinas, data de 1595, en un acta de cabildo. Se le adeudan por entonces cien pesos por la elaboración de seiscientos caños de barro para la nueva red de agua potable de la ciudad “del obraje hasta el almacén de caja de Alonso Miguel”, mismos que produce entre 1593 o 1594, bajo la dirección del alarife de la ciudad y responsable de la obra de agua Alonso Díaz, también de la región de Toledo. Díaz recibió en 1571 dos solares para hacer un horno para teja y ladrillo. Los caños producidos por Encinas pueden haber sido quemados en dicho horno, dado que para entonces no hay registro de que Encinas ya tuviera su taller. En 1580, el cabildo comisiona a Alonso Díaz encañar el agua dulce de la ciudad a la plaza pública. La orden se otorga hasta 1586 y se le asigna un salario de trescientos pesos a costa de los propios de la ciudad. Pero al parecer el encañamiento del agua se inicia en 1592. El alfarife Alonso Díaz muere en 1594. El responsable de la cañería será, a partir del 7 de junio de 1594, el Maestro Mayor Pedro López Florín.

Ese mismo 1595, en marzo, los alfareros asentados en Puebla Miguel de Herrera, Pedro de Aguayo, Juan Bautista Conrrado y Alonso Fernández Cornieles “por sí y por Gaspar de Encinas”, ausente “por quien presto voz y caución de rato”, se defienden contra el pago del diezmo que les quiere imponer la catedral metropolitana. Al respecto otorgan un poder a los loceros de Villa Franca de Puente de Arzobispo, Nicolás Hernández y Pedro de Aguayo, para que en su nombre los representen en Sevilla, hagan los trámites pertinentes y demuestren que: “en los arzobispados de Sevilla, Toledo y obispado de Plasencia, no pagaba diezmo la loza vidriada o por vidriar”. Lo que puede interpretarse como un primer intento de organización gremial.

A decir de Efraín Castro, el alegato es ganado por los loceros. El documento demuestra entonces que a finales del siglo XVI la cerámica poblana había adquirido la suficiente importancia como para llamar la atención de las autoridades eclesiásticas. Además, nos deja ver las relaciones entre los loceros en Puebla y con los alfareros de Toledo y Plasencia: Pedro Aguayo hijo, por ejemplo, es representado por su propio padre en España. Y Francisco Hernández, hijo de Nicolás Hernández y María Gallega, todos originarios de Villa Franca de Puente de Arzobispo, llega a la Nueva España en 1593. Gaspar de Encinas, por su parte, es representado a su vez por Alonso Fernández Cornieles, natural de Talavera de la Reina, ya que Encinas era analfabeta.

Molino de tracción animal para la preparación del esmalte estannífero.

En 1598, Gaspar de Encinas, su hijo Diego y el maestro herrero Juan Alonso, registran dos minas en “el descubrimiento de Huejotzingo”, una llamada de Nuestra Señora de los Remedios y la otra Nuestra Señora del Prado. No sabemos con exactitud de qué eran las mencionadas minas, pero se refieren a las mismas como “…mina de oro, plata, azogue y otroscualesquiera metales por mina descubridora”. Es probable que de dichas minas obtuvieran algunos minerales para la elaboración de colores, pero de su producción no tenemos noticias. En el documento mencionado Gaspar es registrado como “oficial de hacer loza, barros colorados y azulejos”, es decir, que no llegó a la ciudad de Puebla como maestro.

Un año después, en 1599, Gaspar de Encinas dona cinco barras de la mina a favor del arquitecto Pedro López Florín, porque: “le tiene mucho amor y voluntad…de muchas buenas obras que de él ha recibido”, de lo que se deduce que Encinas trabaja para él en más de una ocasión. López Florín es uno de los principales arquitectos de la época, nacido en Sevilla de padres toledanos. Para 1599, fecha de la donación de la mina, el arquitecto ya había realizado obras para la introducción del agua potable en la ciudad (1591), la construcción de la primera iglesia del convento de Santa Catalina de Sena (1594), la construcción de cañerías para las casas del convento de Santo Domingo (1596), la planta y traza de las nuevas carnicerías de la ciudad (1597), las casas de Pedro de Irala con balcón en esquina (1597) y en 1599 la planta para dos casas y tres tiendas en la calle de la Carnicería Vieja, misma en que a finales de ese mismo año vivirá Gaspar de Encinas. No es descabellado entonces considerar que Pedro López Florín beneficia a nuestro locero con contratos en algunas de esas dichas obras, ya sea para la cañería o la producción de azulejos o que lo haya considerado necesario.

Por lo demás, la región de Huejotzingo, donde estaban ubicadas las minas, fue durante la época prehispánica y durante la colonia una zona de producción de cerámica. Es posible que Encinas utilizara en su taller fuerza de trabajo de la región.

En diciembre de 1599, Gaspar de Encinas el viejo, arrienda por tres años al confitero Alonso Gutiérrez, “un local en la calle de la Carnicería Vieja que tiene por linderos de ambas partes, casas en que yo vivo”. Lo cual nos permite localizar la casa inicial de Gaspar de Encinas en la también conocida como calle de los Mercaderes, hoy 2 Norte, a unas cuadras de la plaza principal y no en la calle de los Herreros como se suele afirmar. O quizás tenía casa y taller en ambas localidades.




Molino de tracción humana para la preparación de los colores.

En 1601, Gaspar contrata como “oficial de loza fina y común” a Andrés de Haro, de la región de Toledo, el cual recibe por adelantado 85 pesos de oro común y acuerda “irlos desquitando conforme fuere haciendo sus tareas”.

En 1602, ya con su yerno sevillano Alonso García en la Nueva España, Gaspar de Encinas el viejo entabla un importante contrato con la catedral de México, de 1,800 azulejos, “puestos y entregados”, lo que indica que participa también en la colocación de los mismos y no sólo en su manufactura. Para entonces Encinas cuenta ya con un amplio taller. Un documento de 1604 en que renta su factoría por tres años al también locero Hernando Narváez, nos permite conocer el alfar de Encinas: tres hornos para loza, 24 ruedas (tornos), un horno para quemar vidrio, un molino y mil doscientas cubiertas de “escudillas”. El taller estaba localizado, según el propio documento, en “la calle que va de la Plaza pública a san José, linda con casas de Lorenzo del Puerto y casas mías”, que nos remite de nuevo a la calle de los Mercaderes , a unas cuadras de la plaza pública, donde ya sabemos que se encontraba su casa. Calle que él considera en su carta a su esposa de 1596, una de las mejores de la ciudad y que renta por “tres vidas”. Gaspar de Encinas tiene sobre dicha calle, según se deduce de los documentos, su casa personal y otras, una tienda y su taller, lo que nos indica ya para entonces posee buenos ingresos.

En 1605, tenemos constancia de dos contratos de loza fina de Gaspar de Encinas. Por lo que creemos que probablemente para entonces tuviera otro taller o compartiera el suyo, dado que para entonces su alfar en la calle de los Mercaderes estaba rentado. La renta de alfares entre loceros por determinado tiempo fue común en la época, aunque desconocemos los términos en que se realizaba. El primero contrato es un pago en loza al comerciante de la ciudad de México García de Salcedo, equivalentes a 70 pesos de oro común, por una entrega que le hizo el representante del mismo en la ciudad de Puebla, Gabriel Ramírez, de plomo y estaño. El otro es un convenio con el “estante” Antonio de Vega, por 400 docenas de loza, a seis reales cada docena. Encinas recibe por adelantado 150 pesos de oro común, el resto será a la entrega.

En 1606, Gaspar de Encinas firma un convenio con el maestro albañil Pedro de Arganda, con quien concerta “solar y aforrar” con azulejos la capilla de la Magdalena en la iglesia del convento de Santo Domingo. Aquí de nuevo Encinas aparece como quien coloca la obra: “solar”se refiere a colocar sobre el piso y “aforrar” integrarlos al mismo.

Un año después, en 1607, Gaspar de Encinas se encuentra en Guatemala junto con Lucas Gaytán, también locero de Talavera de la Reina, ambos aparecen como unos de los primeros alfareros de Antigua Guatemala.

En 1609, ya de regreso en la ciudad de Puebla, Gaspar de Encinas es acusado por la mestiza Isabel de Guzmán de malos tratos: “por muchos palos que me dio en el cuerpo, estando en la calle del Colegio de San Luis”. A partir de 1612, el taller de Gaspar de Encinas el viejo y de Diego Gaytán, no aparecen registrados en los Libros de Cabezón o pago de alcabalas. En el testamento de su hijo Gaspar el mozo de 1619, se estipula que su padre ya había muerto.



Taller de loza estannífera de finales del siglo XVI, Tratado de Piccolpasso, 1597. Labor de pintura.


Tiesto de plato de loza fina, Puebla, mediados del siglo

XVI, pintado con azul cobalto, naranja y amarillo, col. INAH/Puebla.




Dibujo del plato anterior completo.


“Zancuda” policroma en plato poblano, aplicación del color ocre en alas y agua, mediados del siglo XVI. Col.
INAH/Puebla.

Plato, serie en azul de “zancudas con serpiente”, Talavera de la Reina, mediados del siglo XVI, col. Instituto Valencia de Don Juan, Madrid.

Museo de la Acrópolis

Atenas, Grecia



Historia

En 1833, después de la retirada de los turcos y de los primeros descubrimientos arqueológicos, las piezas que se encontraron se almacenaron en una cisterna, situada al oeste del Partenón. En 1834 se publica la Ley de Antigüedades y Documentos que es el primer soporte para la creación, in situ, del Museo de la Acrópolis.

Entre 1865 y 1874, el arquitecto Panages Kalkos construye un primer museo que se amplía en 1888 para albergar las obras descubiertas en las excavaciones de 1866-1889. En la década de los cincuenta el arquitecto Patroklos Karantinos moderniza el edificio.

En 1975 empieza la retirada de las piezas escultóricas que todavía permanecían en los templos, para preservarlas de la contaminación y se colocan en el museo: los frontones y el friso oeste del Partenón (1976 y 1993); las cariátides del Erecteión (1978) y el friso del templo de Atenea Niké (2002).

Desde 1974 surge la idea de la construcción de un nuevo edificio. Se crea la Fundación para la Construcción del Nuevo Museo de la Acrópolis. Se convocan diversos concursos en 1976 y 1979, que no tienen éxito. En 1989, un concurso internacional premia la idea de dos arquitectos italianos, Manfredi Nicoletti y Lucio Passarelli, pero el proyecto después es anulado. En 2000 se convoca a un nuevo concurso internacional en el que participan doce estudios. El proyecto del arquitecto suizo-estadounidense Bernard Tschumi y de su socio, el griego Mijalis Fotiadis, gana el concurso. En 2008 se trasladaron las piezas del antiguo al nuevo museo que se inaugura en 2009.



Edificio



Está situado al pie de la Acrópolis. Tiene 25,000 metros cuadrados de los cuales 14,000 metros cuadrados se destina a la exposición. Los materiales son hormigón blanco, acero laminado, vidrio y mármol. En el interior del edificio los pasillos de hormigón prefabricado presentan perforaciones que tienen una función acústica. Se compone de tres plantas. En la planta baja se ven los restos arqueológicos encontrados donde se construye el edificio. Son restos de los siglos IV y VII d.C. A la primera planta se asciende en una leve pendiente que recuerda la subida a la Acrópolis. Esta tiene doble altura. En la planta superior, que está descentrada para alinearse con el Partenón, se exhiben los frisos y partes de los frontones de éste. El techo es de cristal para aprovechar la luz natural. Desde aquí se puede ver el Partenón.

El edificio tiene un sistema antisísmico. La estructura se divide en dos cuerpos sobre soportes independientes. El inferior se sustenta sobre pilares, arriba de los restos arqueológicos, y el superior no se apoya sobre el cuerpo inferior, sino sobre unos soportes esféricos. El edificio es flexible.

Colección

La exposición se divide en cinco grandes sectores:

  • Galería de las laderas de la Acrópolis

Se muestran los hallazgos en casas, talleres, santuarios y otras construcciones edificadas en las laderas de la norte y sur de la Acrópolis. La mayor parte son objetos de uso cotidiano, como recipientes de cerámica, joyas, juguetes y divesrso tipos de utensilios. Aquí también se encuentran relieves del santuario de Asclepio, del santuario de Nymphe y elementos del santuario de Dionisio.

  • Galería arcaica

Se exponen obras de la Época Arcaica (800 a 490 a.C.) De este período es el Moscóforo (570 a.C.) que representa a un hombre que lleva en los hombros un ternero. La colección de kores, estatuas femeninas arcaicas, entre las que destacan la Kore Peplo, Antenor y Eutídico.

Están restos de los frontones de:

  • Hidra, de piedra, que es de inicios del siglo VI a.C. Se ignora a que edificio perteneció. El bajorrelieve representa uno de los doce trabajos de Heracles, consistente en matar a la Hidra de Lerna.
  • Apoteosis de Heracles. Se desconoce el edificio al que perteneció. Representa la bienvenida al héroe en el Olimpo, tras su muerte. Además de Heracles, están esculpidas las figuras de Hera, Zeus, Iris y de otra diosa, quizás Atenea, que se encuentra en mal estado.
  • El Olivo. Perteneció a un edificio arcaico. Tal vez es la escena mitológica del asesinato de Troilo por Aquiles. Realizado en piedra caliza, data del 560 a 550 a.C.
  • La leona que devora a un toro. Pertenece a la mitad oriental del frontón de un templo arcaico de principios del siglo VI a.C.

Cuatro caballos de mármol, que eran parte de una cuadriga votiva. Es un conjunto escultórico de factura ática arcaica, del 570 a.C.

Una esfinge votiva de mármol (Nº 632) (560-550 a.C.). Dos serpientes, de inicios del siglo VI a.C., de grandes dimensiones, coloreadas en verde y rojo, y ligada al culto del rey mítico de Atenas, Erictonio.

Dentro de las muchas estatuas destacan: Figuras votivas de animales, el Jinete Rampin, el relieve de un alfarero sentado, una estatua de mármol de un perro de caza, el relieve de Atenea pensativa, el Efebo Rubio, el Efebo de Kritios y figurillas de bronce de Atenea.

Se encuentran restos escultóricos del:

  • Hecatompedón y el Antiguo templo de Atenea. Dos templos que existían antes de construir el Partenón. Hay un frontón donde hay dos leones devorando un toro, flanqueados por la lucha de Heracles contra Tritón, a un lado y al otro lado por el grupo escultórico “Demonio de tres cuerpos”. Las figuras en la mano llevan el aire, el agua y el fuego.
  • Otro frontón, que representaba la gigantomaquia, que se relaciona con el antiguo Templo de Atenea.
  • Cabeza de Gorgona de mármol de principios del siglo VI a.C. que pudo pertenecer al Hecatompedón.
  • Disco de bronce con una figura de Gorgona en el centro que decoraba el templo de Atenea Polias.

  • Los Propileos, Erecteion y Templo de Atenea Nike

De Los Propileos destaca un busto de Hermes Propileo de mármol pentélico que fue visto por Pausanias. Del Erecteion están los frisos y las cariátides originales, salvo la que se encuentra en el Museo Británico. De los elementos decorativos del Templo de Atenea Niké está el friso que representan a dioses y diversas batallas. Del santuario de Artemisa Brauronia se conserva un busto de la diosa. Hay también inscripciones, relieves y estatuas de personas célebres, dioses y héroes y otros restos comprendidos en el Período Clásico (490-338 a.C.), el Período Helénico (337- 30 a.C.) y el Período Romano.

  • Galería del Partenón

Se exhiben las metopas y los frontones del Partenón e inscripciones antiguas asociadas al mismo. Se reproduce la manera en la que estuvieron originalmente colocadas. Hay copias en yeso de las piezas que están en el Museo Británico, en el Museo del Louvre y en los museos Copenhague, Viena, Múnich y Wurzburgo. El friso original constaba de 115 bloques con la procesión de las panateneas. Las 92 metopas representan la gigantomaquia, la lucha de los atenienses contra las amazonas, la lucha entre centauros y lápitas y la toma de Troya. Uno de los frontones representa el nacimiento de Atenea de la cabeza de Zeus y en el otro la lucha entre Atenea y Poseidón por la posesión del Ática.

Las autoridades griegas insisten, con ayuda de la Unesco, que el gobierno británico devuelvan los mármoles que en el siglo XIX se llevaron del Partenón. En los últimos años han sido restituidas a Grecia piezas pequeñas que pertenecían al Partenón que estaban en el Museo Arqueológico Regional Antonio Salinas de Palermo, los Museos Vaticanos y el Museo de la Universidad de Heidelberg.

Visita

Me impresionaron de manera particular:

  • Piezas de cerámica en las vitrinas de la entrada del 1400 a.C.
  • Vasijas de barro con dibujos en negro de la Época Arcáica (Siglo VIII a.C.)
  • Figuras de Korai
  • Mármoles del Santurario de Asclepios (420 a.C.)
  • Mármoles del Santurario de Ninfa y Pan.
  • Mármoles del Santiaruo de Dionisio. (Fotos 2)
  • Mármoles del Santuario de Afrodita. (Foto 1)
  • Mármoles del Templo de Atenea Polias (480 a.C.)
  • Carátides originales (Formidables)
  • Mármoles del Erechthnion
  • Mármoles del Templo de Atenea Niké (426-421 a.C.)
  • Mármoles del Santuaruo de Artemisa Brauronia
  • Galería del Partenón (Extraordinaria)

Comentario

La colección es extraordinaria. Todas las piezas provienen de la Acrópolis. Son el resultado de más de un siglo de excavaciones. Hay piezas muy valiosas. En particular todas las que estaban en el Partenón y en otros edificios, que se desmontaron para protegerlas de la contaminación. Hay esculturas de la época arcaica y de la clásica de enorme belleza.

El proyecto del edificio, seleccionado de un concurso internacional, es muy bueno. La museografía hace que todas las piezas luzcan mucho. Desde el museo, a través de los ventanales, hay distintas vistas a la Acrópolis. Se requieren semanas para recorrer el museo a profunidad. Vimos un buen video que describe la Acrópolis. Estuvimos tres horas. Y se pueden estar muchas más.

Revista Elementos: La Inquisición en México

Revista Elementos



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