Historia

Mundo Nuestro. El colectivo Heroica Tetela de Ocampo tiene en Facebook una ventana abierta al conocimiento histórico de uno de los más entrañables rincones de la Sierra de Puebla. Aníbal Manzano González, José Manuel Bonilla Cruz --cronista municipal y descendiente de Juan C. Bonilla--, Juan Crisóstomo Bonilla Cruz --igualmente descendiente de Juan C Bonilla-- y Gildardo Aco Huerta llevan adelante un trabajo de documentación historiográfica que acompañan con la participación entusiasta de los tetelenses. Textos, fotografías y videos se suman día a día en su portal de facebook para ilustrar la riqueza historica y cultural del corazón serrano.

Presentamos en nuestra revista este trabajo de investigación sobre la resistencia de los guerrilleros serranos contra la invasión de las montañas poblanas por el ejército austro-húngaro entre 1865 y 1867.

En los límites municipales de Tetela de Ocampo con Zautla en camino hacia Xochiapulco, se encuentran los vestigios de unas trincheras que datarían del periodo de la invasión extranjera a la Sierra Norte de Puebla: 1865-1866, durante el Segundo Imperio Mexicano.



El 5 de mayo de este año 2019, visitamos el sitio con el reconocido etnohistoriador Venancio Armando Aguilar Patlán para conocer su punto de vista al respecto, a lo cual en base a su experiencia de campo en investigaciones previas de la región, tiene la hipótesis de que este lugar pudo haber sido un punto de vigilancia de los guerrilleros defensores de la sierra, durante la ocupación austrohúngara.

Es importante señalar que los pobladores vecinos del lugar las conocen desde hace muchos años y conservan tradición oral sobre ellas, transmitida desde sus padres, abuelos y bisabuelos, respetando el lugar, que a pesar de 154 años de inclemencias del tiempo, paso de ganado, deslave natural y quehacer humano son una evidencia de historia viva sobre nuestro pasado heroico.

Es deseable la conservación, rescate y resguardo de este lugar, que involucre a los diferentes niveles de gobierno y sociedad civil, respaldado por una investigación profesional que pueda arrojar más conocimiento sobre nuestra historia.



El etnohistoriador Venancio Armando Aguilar Patlán explica sobre un antiguo puesto de acecho y vigilancia desde donde guerrilleros serranos combatieron al Cuerpo de Voluntarios Austriacos en México.

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Tetela de Ocampo, panorámica desde las trincheras del cerro Pichonco

A una altitud de 2514 metros sobre el nivel del mar, Latitud: 19.777° o 19° 46' 37.2" norte, Longitud: -97.741° o 97° 44' 27.7" oeste, se ubica el cerro “Pichonco”, en los límites municipales de Tetela de Ocampo con Zautla, y donde pasa un camino que llega hasta Xochiapulco.

Aquí se ubicaba un puesto de vigilancia de los guerrilleros serranos, donde actualmente aún se pueden apreciar los vestigios de unas trincheras, siendo un lugar estratégico que por su altura y visibilidad, podía anticipar los movimientos de las tropas invasoras durante la ocupación austrohúngara de 1865 a 1866.

En esta imagen vemos a la derecha en primer plano las faldas de ascenso al cerro “Huey Loma” (2864 msm) y después al fondo la cima del Zotolo (2978 msnm), finalmente al fondo sobre ese mismo lado los límites de la serranía con Cuautempan.

Hacia al centro podemos apreciar tres pequeños valles en orden de cercanía: Guadalupe Pichonco, Alvarezco-Capuluaque y el de Muyuapan-El Puerto, punto desde el cual se desciende a Tetela.

A la izquierda vemos sobresaliente el cerro “Coyoco” del lado de San José, y al fondo después del Puerto, se alcanza apenas a apreciar en muy baja elevación el “Zoyayo” a un lado más visible el “Tepexcuaco” (2462 msnm) y finalmente hasta el fondo, se alcanza ver el pico “Texis” (2897 msnm) en los límites con Zacatlán.
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Mundo Nuestro. Como un ave en el paraiso. O en el solar de una casona del siglo XVII en el centro de la ciudad de Puebla. La que aparece en este plato surgió de la imaginación de un artista alfarero hoy desconocido, y que sirvió para ofrecer alguna vianda en un banquete de La Casa del Mendrugo en aquel siglo de esplendor poblano. Este plato forma parte de los vestigios encontrados en el subsuelo del patio de la conocida casa de los Jesuitas ubicada a unos pasos del Carolino, reconstruída entre los años 2008 y 2013, y que hoy alberga uno de los más importantes espacios culturales y gastronómicos de la Angelópolis. Recuperado por los arqueólogos que participaron en la rehabilitación de la casona que hoy alberga el Museo Casa del Mendrugo, el plato da cuenta de la historia que se contiene en las palabras "talavera poblana". La colección de talavera del Museo Casa del Mendrugo formó parte del trabajo de investigación sobre los orígenes de la loza estannífera en Puebla realizada por la historiadora del Arte Emma Yanes Rizo, autora del texto que presentamos en Mundo Nuestro.

La UNESCO ha reconocido a la Talavera de Puebla como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad este 11 de diciembre. La dimensión de esta noticia la podemos entender desde la historia misma de la producción alfarera en Puebla desde el siglo XVI. Para la historia de la talavera en Puebla lo sucedido en la segunda mitad del siglo XVI es fundamental. Y de la misma manera para la historia de la ciudad. Es un siglo obscuro, con grandes vacíos en su historiografía, y que requiere de un esfuerzo en la investigación científica que los arqueólogos e historiadores no han dejado de dar y que desde las instituciones de investigación se debe impulsar.

El 19 de agosto de 2013, en las instalaciones de la Facultad de Filosofía y Letras y dentro del Posgrado en Historia del Arte del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, la historiadora Emma Yanes Rizo, miembro del cuerpo editorial de Mundo Nuestro, presentó con el objeto de obtener el grado de Doctora en Historia del Arte la tesis “La loza estannífera de Puebla, de la comunidad original a la formación del gremio (1550-1653)”.

Considerado como un parteaguas en la historia de la cerámica en México por los especialistas que confrontaron a la nueva doctora como miembros del comité tutoral ante el que se presentó esta tesis, este estudio es una profunda inmersión en ese siglo XVI poblano, y al narrar la historia de los artesanos que desarrollaron la llamada entonces “loza fina” documenta como no se había hecho la vida de los trabajadores que contribuyeron con su destreza y capacidad artística a la construcción de nuestra ciudad colonial. Una ventana para comprender en su profundidad histórica la riqueza patrimonial que hemos heredado.



Mundo Nuestro presenta un extracto de la investigación de Emma Yanes Rizo, justamente el acercamiento a esa comunidad original de la que partió la tradición de la mayólica poblana.

Las ilustraciones pertenecen al libro Tratado de Piccolpasso, 1597. Labor de pintura.

El origen de la “talavera” en Puebla y el clan de los Encinas-Gaytán



Durante muchos años, a partir del texto de Edwin Barber de 1908, que afirmaba que el origen de la mayólica o “talavera” en Puebla se debía a su introducción por los frailes del convento de Santo Domingo en 1526, según comentarios del cónsul norteamericano en México de mismo 1908, no se ha dejado de especular por los estudiosos de la cerámica al respecto. Mi reciente tesis doctoral en Historia del Arte, parece aclarar, al menos en parte esa duda.



Un minucioso trabajo de archivo en la ciudad de Puebla, la ciudad de México, el Archivo General de Indias de Sevilla , así como la lectura de bibliografía específica sobre la historia de la loza estannífera en México, Sevilla, Talavera de la Reina, Puente de Arzobispo, Génova y Liguria, región en la hoy Italia, aliada por entonces al imperio hispánico, entre otros, nos ha llevado a corroborar a Talavera de la Reina y la región de Toledo en España, como la cuna de un importante grupo de loceros asentados en Puebla. Entre éstos destacan los Encinas-Gaytán, vinculados a su vez con los azulejeros de Sevilla de la familia de Alonso García, los Bautista Salomón de Génova y los Bautista Conrrado de Liguria, castellanizados.

Mi investigación de igual manera corrobora la cercanía de estos primeros loceros con el convento de Santo Domingo en Puebla, así como con los principales alarifes y arquitectos de la época: Alonso Díaz, Pedro de Arganda, Pedro López Florín y el capitán y arquitecto Francisco de Aguilar.

Hablaremos aquí, en particular, de Gaspar de Encinas el viejo, como uno de los primeros loceros españoles asentados en Puebla, que logra expandir su linaje, a través del matrimonio de sus hijos con mujeres de familias de loceros y el sistema de trabajo maestro-oficial-aprendiz.

Las piletas para decantar el barro y el sistema de presión del material.

El matrimonio Encinas-Gaytán y su descendencia

El matrimonio Encinas-Gaytán debió realizarse a más tardar en 1570, ya que para 1596 su segundo hijo, Gaspar de Encinas el mozo tiene 25 años.

En 1596, Gaspar de Encinas pide licencia para el arribo de su mujer María Gaytán, establecida entonces en Triana, e hijos solteros a la Nueva España, ya que los negocios del locero prosperan: tiene una casa alquilada “por tres vidas” en “la mejor calle de la ciudad”, había gastado en mejorarla más de cuatrocientos pesos; y le habían solicitado un importante pedido de azulejos. Para entonces, su primer hijo, Diego Gaytán ya vive en la ciudad de Puebla donde contrae matrimonio.

Gracias al documento de embarque de la familia en 1597, en el Archivo General de Indias de Sevilla, conocemos quiénes eran los Encinas-Gaytán. Los testigos, vecinos de Talavera de la Reina, afirman que en efecto Gaspar de Encinas el viejo y María Gaytán están casados y son: “cristianos viejos, limpios de toda raza de moros ni judíos, y ellos ni sus padres ni abuelos no han sido castigados ni penitenciados por el Santo Oficio de la Inquisición”. María Gaytán tiene para entonces más de 50 años, es “blanca y con los ojos saltados”. Gaspar de Encinas hijo, también locero, tiene 25 años, es “zurdo y algo lampiño”. Gabriel Gaytán tiene 14 años, es “blanco de rostro y ojos grandes”. Salvador de Encinas es un niño de 9 años, “delgado de rostro y ojos saltados”. Cecilia Gaytán tiene “cerca de 22 años, es de buen cuerpo, fresca de rostro e colorada y con ojos grandes”.

Diego Gaytán se casa en 1595 en la ciudad de Puebla con la española Ana de Xironda, no tiene descendencia. Cecilia Gaytán decide inicialmente quedarse en Sevilla, donde se casa con el también locero Alonso García, tienen un hijo y se trasladan a Puebla en 1602. Gaspar de Encinas el mozocontrae matrimonio con María Gamboa en 1598, sin descendencia, ella muere en 1613. Un año después se casa con la española Úrsula de Espíndola, con quien tiene dos hijos. Salvador de Encinas contrae nupcias en 1607 con Mariana Solís. Gabriel de Encinas ingresa a la orden dominica en Puebla.

Enrique A. Cervantes ubica a Gaspar de Encinas en Puebla en 1580, casado con Isabel Guzmán y viviendo en la calle de los Herreros, lo considera uno de los primeros loceros. Lamentablemente nuestra revisión en el archivo de notarías de Puebla, no ha podido corroborar dicha información. Habrá que indicar que, de ser así, Gaspar de Encinas comete adulterio ya que para entonces sigue casado con la española María Gaytán.

Molido manual de los óxidos colorantes.

Gaspar de Encinas el viejo

El historiador Salvador Cruz afirma haber encontrado en un documento de 1593 a Gaspar de Encinas como testigo de un enlace matrimonial: “Declara ser vecino de la ciudad y locero de oficio. Añade que desde hace unos dos años vino a estas partes en la nao del capitán Granillo llamada San Blas. Afirma tener 40 años poco más o menos y no firma por no saber. Es decir, había nacido hacia 1555 y llegado por 1591”. Pero este autor no da su fuente. Queda pues en duda la fecha de la llegada de Gaspar de Encinas a Puebla.

El primer documento de archivo que localizamos sobre Gaspar de Encinas, data de 1595, en un acta de cabildo. Se le adeudan por entonces cien pesos por la elaboración de seiscientos caños de barro para la nueva red de agua potable de la ciudad “del obraje hasta el almacén de caja de Alonso Miguel”, mismos que produce entre 1593 o 1594, bajo la dirección del alarife de la ciudad y responsable de la obra de agua Alonso Díaz, también de la región de Toledo. Díaz recibió en 1571 dos solares para hacer un horno para teja y ladrillo. Los caños producidos por Encinas pueden haber sido quemados en dicho horno, dado que para entonces no hay registro de que Encinas ya tuviera su taller. En 1580, el cabildo comisiona a Alonso Díaz encañar el agua dulce de la ciudad a la plaza pública. La orden se otorga hasta 1586 y se le asigna un salario de trescientos pesos a costa de los propios de la ciudad. Pero al parecer el encañamiento del agua se inicia en 1592. El alfarife Alonso Díaz muere en 1594. El responsable de la cañería será, a partir del 7 de junio de 1594, el Maestro Mayor Pedro López Florín.

Ese mismo 1595, en marzo, los alfareros asentados en Puebla Miguel de Herrera, Pedro de Aguayo, Juan Bautista Conrrado y Alonso Fernández Cornieles “por sí y por Gaspar de Encinas”, ausente “por quien presto voz y caución de rato”, se defienden contra el pago del diezmo que les quiere imponer la catedral metropolitana. Al respecto otorgan un poder a los loceros de Villa Franca de Puente de Arzobispo, Nicolás Hernández y Pedro de Aguayo, para que en su nombre los representen en Sevilla, hagan los trámites pertinentes y demuestren que: “en los arzobispados de Sevilla, Toledo y obispado de Plasencia, no pagaba diezmo la loza vidriada o por vidriar”. Lo que puede interpretarse como un primer intento de organización gremial.

A decir de Efraín Castro, el alegato es ganado por los loceros. El documento demuestra entonces que a finales del siglo XVI la cerámica poblana había adquirido la suficiente importancia como para llamar la atención de las autoridades eclesiásticas. Además, nos deja ver las relaciones entre los loceros en Puebla y con los alfareros de Toledo y Plasencia: Pedro Aguayo hijo, por ejemplo, es representado por su propio padre en España. Y Francisco Hernández, hijo de Nicolás Hernández y María Gallega, todos originarios de Villa Franca de Puente de Arzobispo, llega a la Nueva España en 1593. Gaspar de Encinas, por su parte, es representado a su vez por Alonso Fernández Cornieles, natural de Talavera de la Reina, ya que Encinas era analfabeta.

Molino de tracción animal para la preparación del esmalte estannífero.

En 1598, Gaspar de Encinas, su hijo Diego y el maestro herrero Juan Alonso, registran dos minas en “el descubrimiento de Huejotzingo”, una llamada de Nuestra Señora de los Remedios y la otra Nuestra Señora del Prado. No sabemos con exactitud de qué eran las mencionadas minas, pero se refieren a las mismas como “…mina de oro, plata, azogue y otroscualesquiera metales por mina descubridora”. Es probable que de dichas minas obtuvieran algunos minerales para la elaboración de colores, pero de su producción no tenemos noticias. En el documento mencionado Gaspar es registrado como “oficial de hacer loza, barros colorados y azulejos”, es decir, que no llegó a la ciudad de Puebla como maestro.

Un año después, en 1599, Gaspar de Encinas dona cinco barras de la mina a favor del arquitecto Pedro López Florín, porque: “le tiene mucho amor y voluntad…de muchas buenas obras que de él ha recibido”, de lo que se deduce que Encinas trabaja para él en más de una ocasión. López Florín es uno de los principales arquitectos de la época, nacido en Sevilla de padres toledanos. Para 1599, fecha de la donación de la mina, el arquitecto ya había realizado obras para la introducción del agua potable en la ciudad (1591), la construcción de la primera iglesia del convento de Santa Catalina de Sena (1594), la construcción de cañerías para las casas del convento de Santo Domingo (1596), la planta y traza de las nuevas carnicerías de la ciudad (1597), las casas de Pedro de Irala con balcón en esquina (1597) y en 1599 la planta para dos casas y tres tiendas en la calle de la Carnicería Vieja, misma en que a finales de ese mismo año vivirá Gaspar de Encinas. No es descabellado entonces considerar que Pedro López Florín beneficia a nuestro locero con contratos en algunas de esas dichas obras, ya sea para la cañería o la producción de azulejos o que lo haya considerado necesario.

Por lo demás, la región de Huejotzingo, donde estaban ubicadas las minas, fue durante la época prehispánica y durante la colonia una zona de producción de cerámica. Es posible que Encinas utilizara en su taller fuerza de trabajo de la región.

En diciembre de 1599, Gaspar de Encinas el viejo, arrienda por tres años al confitero Alonso Gutiérrez, “un local en la calle de la Carnicería Vieja que tiene por linderos de ambas partes, casas en que yo vivo”. Lo cual nos permite localizar la casa inicial de Gaspar de Encinas en la también conocida como calle de los Mercaderes, hoy 2 Norte, a unas cuadras de la plaza principal y no en la calle de los Herreros como se suele afirmar. O quizás tenía casa y taller en ambas localidades.




Molino de tracción humana para la preparación de los colores.

En 1601, Gaspar contrata como “oficial de loza fina y común” a Andrés de Haro, de la región de Toledo, el cual recibe por adelantado 85 pesos de oro común y acuerda “irlos desquitando conforme fuere haciendo sus tareas”.

En 1602, ya con su yerno sevillano Alonso García en la Nueva España, Gaspar de Encinas el viejo entabla un importante contrato con la catedral de México, de 1,800 azulejos, “puestos y entregados”, lo que indica que participa también en la colocación de los mismos y no sólo en su manufactura. Para entonces Encinas cuenta ya con un amplio taller. Un documento de 1604 en que renta su factoría por tres años al también locero Hernando Narváez, nos permite conocer el alfar de Encinas: tres hornos para loza, 24 ruedas (tornos), un horno para quemar vidrio, un molino y mil doscientas cubiertas de “escudillas”. El taller estaba localizado, según el propio documento, en “la calle que va de la Plaza pública a san José, linda con casas de Lorenzo del Puerto y casas mías”, que nos remite de nuevo a la calle de los Mercaderes , a unas cuadras de la plaza pública, donde ya sabemos que se encontraba su casa. Calle que él considera en su carta a su esposa de 1596, una de las mejores de la ciudad y que renta por “tres vidas”. Gaspar de Encinas tiene sobre dicha calle, según se deduce de los documentos, su casa personal y otras, una tienda y su taller, lo que nos indica ya para entonces posee buenos ingresos.

En 1605, tenemos constancia de dos contratos de loza fina de Gaspar de Encinas. Por lo que creemos que probablemente para entonces tuviera otro taller o compartiera el suyo, dado que para entonces su alfar en la calle de los Mercaderes estaba rentado. La renta de alfares entre loceros por determinado tiempo fue común en la época, aunque desconocemos los términos en que se realizaba. El primero contrato es un pago en loza al comerciante de la ciudad de México García de Salcedo, equivalentes a 70 pesos de oro común, por una entrega que le hizo el representante del mismo en la ciudad de Puebla, Gabriel Ramírez, de plomo y estaño. El otro es un convenio con el “estante” Antonio de Vega, por 400 docenas de loza, a seis reales cada docena. Encinas recibe por adelantado 150 pesos de oro común, el resto será a la entrega.

En 1606, Gaspar de Encinas firma un convenio con el maestro albañil Pedro de Arganda, con quien concerta “solar y aforrar” con azulejos la capilla de la Magdalena en la iglesia del convento de Santo Domingo. Aquí de nuevo Encinas aparece como quien coloca la obra: “solar”se refiere a colocar sobre el piso y “aforrar” integrarlos al mismo.

Un año después, en 1607, Gaspar de Encinas se encuentra en Guatemala junto con Lucas Gaytán, también locero de Talavera de la Reina, ambos aparecen como unos de los primeros alfareros de Antigua Guatemala.

En 1609, ya de regreso en la ciudad de Puebla, Gaspar de Encinas es acusado por la mestiza Isabel de Guzmán de malos tratos: “por muchos palos que me dio en el cuerpo, estando en la calle del Colegio de San Luis”. A partir de 1612, el taller de Gaspar de Encinas el viejo y de Diego Gaytán, no aparecen registrados en los Libros de Cabezón o pago de alcabalas. En el testamento de su hijo Gaspar el mozo de 1619, se estipula que su padre ya había muerto.



Taller de loza estannífera de finales del siglo XVI, Tratado de Piccolpasso, 1597. Labor de pintura.


Tiesto de plato de loza fina, Puebla, mediados del siglo

XVI, pintado con azul cobalto, naranja y amarillo, col. INAH/Puebla.




Dibujo del plato anterior completo.


“Zancuda” policroma en plato poblano, aplicación del color ocre en alas y agua, mediados del siglo XVI. Col.
INAH/Puebla.

Plato, serie en azul de “zancudas con serpiente”, Talavera de la Reina, mediados del siglo XVI, col. Instituto Valencia de Don Juan, Madrid.

Museo de la Acrópolis

Atenas, Grecia



Historia

En 1833, después de la retirada de los turcos y de los primeros descubrimientos arqueológicos, las piezas que se encontraron se almacenaron en una cisterna, situada al oeste del Partenón. En 1834 se publica la Ley de Antigüedades y Documentos que es el primer soporte para la creación, in situ, del Museo de la Acrópolis.

Entre 1865 y 1874, el arquitecto Panages Kalkos construye un primer museo que se amplía en 1888 para albergar las obras descubiertas en las excavaciones de 1866-1889. En la década de los cincuenta el arquitecto Patroklos Karantinos moderniza el edificio.

En 1975 empieza la retirada de las piezas escultóricas que todavía permanecían en los templos, para preservarlas de la contaminación y se colocan en el museo: los frontones y el friso oeste del Partenón (1976 y 1993); las cariátides del Erecteión (1978) y el friso del templo de Atenea Niké (2002).

Desde 1974 surge la idea de la construcción de un nuevo edificio. Se crea la Fundación para la Construcción del Nuevo Museo de la Acrópolis. Se convocan diversos concursos en 1976 y 1979, que no tienen éxito. En 1989, un concurso internacional premia la idea de dos arquitectos italianos, Manfredi Nicoletti y Lucio Passarelli, pero el proyecto después es anulado. En 2000 se convoca a un nuevo concurso internacional en el que participan doce estudios. El proyecto del arquitecto suizo-estadounidense Bernard Tschumi y de su socio, el griego Mijalis Fotiadis, gana el concurso. En 2008 se trasladaron las piezas del antiguo al nuevo museo que se inaugura en 2009.



Edificio



Está situado al pie de la Acrópolis. Tiene 25,000 metros cuadrados de los cuales 14,000 metros cuadrados se destina a la exposición. Los materiales son hormigón blanco, acero laminado, vidrio y mármol. En el interior del edificio los pasillos de hormigón prefabricado presentan perforaciones que tienen una función acústica. Se compone de tres plantas. En la planta baja se ven los restos arqueológicos encontrados donde se construye el edificio. Son restos de los siglos IV y VII d.C. A la primera planta se asciende en una leve pendiente que recuerda la subida a la Acrópolis. Esta tiene doble altura. En la planta superior, que está descentrada para alinearse con el Partenón, se exhiben los frisos y partes de los frontones de éste. El techo es de cristal para aprovechar la luz natural. Desde aquí se puede ver el Partenón.

El edificio tiene un sistema antisísmico. La estructura se divide en dos cuerpos sobre soportes independientes. El inferior se sustenta sobre pilares, arriba de los restos arqueológicos, y el superior no se apoya sobre el cuerpo inferior, sino sobre unos soportes esféricos. El edificio es flexible.

Colección

La exposición se divide en cinco grandes sectores:

  • Galería de las laderas de la Acrópolis

Se muestran los hallazgos en casas, talleres, santuarios y otras construcciones edificadas en las laderas de la norte y sur de la Acrópolis. La mayor parte son objetos de uso cotidiano, como recipientes de cerámica, joyas, juguetes y divesrso tipos de utensilios. Aquí también se encuentran relieves del santuario de Asclepio, del santuario de Nymphe y elementos del santuario de Dionisio.

  • Galería arcaica

Se exponen obras de la Época Arcaica (800 a 490 a.C.) De este período es el Moscóforo (570 a.C.) que representa a un hombre que lleva en los hombros un ternero. La colección de kores, estatuas femeninas arcaicas, entre las que destacan la Kore Peplo, Antenor y Eutídico.

Están restos de los frontones de:

  • Hidra, de piedra, que es de inicios del siglo VI a.C. Se ignora a que edificio perteneció. El bajorrelieve representa uno de los doce trabajos de Heracles, consistente en matar a la Hidra de Lerna.
  • Apoteosis de Heracles. Se desconoce el edificio al que perteneció. Representa la bienvenida al héroe en el Olimpo, tras su muerte. Además de Heracles, están esculpidas las figuras de Hera, Zeus, Iris y de otra diosa, quizás Atenea, que se encuentra en mal estado.
  • El Olivo. Perteneció a un edificio arcaico. Tal vez es la escena mitológica del asesinato de Troilo por Aquiles. Realizado en piedra caliza, data del 560 a 550 a.C.
  • La leona que devora a un toro. Pertenece a la mitad oriental del frontón de un templo arcaico de principios del siglo VI a.C.

Cuatro caballos de mármol, que eran parte de una cuadriga votiva. Es un conjunto escultórico de factura ática arcaica, del 570 a.C.

Una esfinge votiva de mármol (Nº 632) (560-550 a.C.). Dos serpientes, de inicios del siglo VI a.C., de grandes dimensiones, coloreadas en verde y rojo, y ligada al culto del rey mítico de Atenas, Erictonio.

Dentro de las muchas estatuas destacan: Figuras votivas de animales, el Jinete Rampin, el relieve de un alfarero sentado, una estatua de mármol de un perro de caza, el relieve de Atenea pensativa, el Efebo Rubio, el Efebo de Kritios y figurillas de bronce de Atenea.

Se encuentran restos escultóricos del:

  • Hecatompedón y el Antiguo templo de Atenea. Dos templos que existían antes de construir el Partenón. Hay un frontón donde hay dos leones devorando un toro, flanqueados por la lucha de Heracles contra Tritón, a un lado y al otro lado por el grupo escultórico “Demonio de tres cuerpos”. Las figuras en la mano llevan el aire, el agua y el fuego.
  • Otro frontón, que representaba la gigantomaquia, que se relaciona con el antiguo Templo de Atenea.
  • Cabeza de Gorgona de mármol de principios del siglo VI a.C. que pudo pertenecer al Hecatompedón.
  • Disco de bronce con una figura de Gorgona en el centro que decoraba el templo de Atenea Polias.

  • Los Propileos, Erecteion y Templo de Atenea Nike

De Los Propileos destaca un busto de Hermes Propileo de mármol pentélico que fue visto por Pausanias. Del Erecteion están los frisos y las cariátides originales, salvo la que se encuentra en el Museo Británico. De los elementos decorativos del Templo de Atenea Niké está el friso que representan a dioses y diversas batallas. Del santuario de Artemisa Brauronia se conserva un busto de la diosa. Hay también inscripciones, relieves y estatuas de personas célebres, dioses y héroes y otros restos comprendidos en el Período Clásico (490-338 a.C.), el Período Helénico (337- 30 a.C.) y el Período Romano.

  • Galería del Partenón

Se exhiben las metopas y los frontones del Partenón e inscripciones antiguas asociadas al mismo. Se reproduce la manera en la que estuvieron originalmente colocadas. Hay copias en yeso de las piezas que están en el Museo Británico, en el Museo del Louvre y en los museos Copenhague, Viena, Múnich y Wurzburgo. El friso original constaba de 115 bloques con la procesión de las panateneas. Las 92 metopas representan la gigantomaquia, la lucha de los atenienses contra las amazonas, la lucha entre centauros y lápitas y la toma de Troya. Uno de los frontones representa el nacimiento de Atenea de la cabeza de Zeus y en el otro la lucha entre Atenea y Poseidón por la posesión del Ática.

Las autoridades griegas insisten, con ayuda de la Unesco, que el gobierno británico devuelvan los mármoles que en el siglo XIX se llevaron del Partenón. En los últimos años han sido restituidas a Grecia piezas pequeñas que pertenecían al Partenón que estaban en el Museo Arqueológico Regional Antonio Salinas de Palermo, los Museos Vaticanos y el Museo de la Universidad de Heidelberg.

Visita

Me impresionaron de manera particular:

  • Piezas de cerámica en las vitrinas de la entrada del 1400 a.C.
  • Vasijas de barro con dibujos en negro de la Época Arcáica (Siglo VIII a.C.)
  • Figuras de Korai
  • Mármoles del Santurario de Asclepios (420 a.C.)
  • Mármoles del Santurario de Ninfa y Pan.
  • Mármoles del Santiaruo de Dionisio. (Fotos 2)
  • Mármoles del Santuario de Afrodita. (Foto 1)
  • Mármoles del Templo de Atenea Polias (480 a.C.)
  • Carátides originales (Formidables)
  • Mármoles del Erechthnion
  • Mármoles del Templo de Atenea Niké (426-421 a.C.)
  • Mármoles del Santuaruo de Artemisa Brauronia
  • Galería del Partenón (Extraordinaria)

Comentario

La colección es extraordinaria. Todas las piezas provienen de la Acrópolis. Son el resultado de más de un siglo de excavaciones. Hay piezas muy valiosas. En particular todas las que estaban en el Partenón y en otros edificios, que se desmontaron para protegerlas de la contaminación. Hay esculturas de la época arcaica y de la clásica de enorme belleza.

El proyecto del edificio, seleccionado de un concurso internacional, es muy bueno. La museografía hace que todas las piezas luzcan mucho. Desde el museo, a través de los ventanales, hay distintas vistas a la Acrópolis. Se requieren semanas para recorrer el museo a profunidad. Vimos un buen video que describe la Acrópolis. Estuvimos tres horas. Y se pueden estar muchas más.

Revista Elementos: La Inquisición en México

Revista Elementos



PROGRAMAS ESTELARES

Mundo Nuestro. El historiador mexicano Sergio Hernández, especializado en la historia de las relaciones entre México y Japón, nos cuenta la historia de Yasuaki Yamashita, un sobreviviente de la la explosión de la bomba atómica en la ciudad de Nagasaki, el 9 de agosto de 1945. Yasuaki es un hibakusha, como les llaman a todos aquellos que lograron vivir para contar la más brutal de las historias de la Segunda Guerra Mundial. La imagen con la que se ilustra la portadilla de este texto de Sergio Hernández es una obra del propio Yasuaki Yamashita, artista plástico avecindado en nuestro país desde el año de 1968.

Crónicas Nikkei 8 — Héroes Nikkei: Pioneros, Modelos a Seguir e Inspiraciones

Yasuaki Yamashita probablemente no estaría ahora entre nosotros si su madre no lo hubiera abrazado y protegido con su cuerpo en el momento en que estalló la bomba atómica sobre la ciudad de Nagasaki el 9 de agosto de 1945.

Esta ciudad japonesa, en los primeros días de agosto de ese año, ya había sido blanco de los bombardeos norteamericanos que destruyeron parcialmente los astilleros del puerto, el hospital de la ciudad y la fábrica de Mitsubishi. Pero Fat Man, nombre con que el ejército norteamericano denominó a la bomba atómica, era un arma totalmente diferente y cruel, nunca utilizada hasta tres días antes en otra ciudad japonesa: Hiroshima.

Yasuaki Yamashita a la edad de 6 años.



Al estallar la bomba a 500 metros de la superficie del barrio de Ura-kami, se generó una temperatura de 3,900 grados centígrados y vientos de más de mil kilómetros por hora. En ese momento, Fat Man mató al instante a más de 40 mil personas. Sin embargo, lo peor estaba por venir debido a los efectos que la radiación y las quemaduras dejaron en los sobrevivientes. A fin de ese año murieron, poco a poco, más de 35 mil personas. Los efectos mortíferos de esta arma desgraciadamente siguen causando enfermedades y la muerte de miles de personas que estuvieron expuestas a la intensa radiación que cubrió toda la ciudad. Hasta agosto de 2018, el número de muertos a consecuencia de la bomba, inscritas en el memorial del Parque de la Paz de Nagasaki, había ascendido a 179,226 personas.

El fin de la guerra llegó entonces con un largo caudal de sufrimientos para la familia de Yasuaki. Su padre fallecería en las semanas posteriores al participar en la recolección de miles de cadáveres esparcidos en el epicentro donde estalló la bomba. Al siguiente año de la rendición de Japón, el hambre y las enfermedades cubrieron a todo el país, pero de manera particular los sobre vivientes de las bombas atómicas, los hibakusha, de las ciudades de Nagasaki y Hiroshima quedarían marcados de por vida.

Yasuaki, a sus 80 años de edad, considera que ningún ser humano debe de padecer el infierno que le tocó vivir a él. Mucho menos sufrir los terribles efectos que la bomba atómica sigue causando a su generación. Yamashita es uno de los sobrevivientes de la bomba atómica más activos por lo que de manera incansable asiste a foros y escuelas en México, Estados Unidos y Japón para que los jóvenes conozcan de viva voz los horrores que las armas nucleares pueden causar a la humanidad entera. Junto con otros sobrevivientes de la bomba que radican en Estados Unidos ha impulsado un colectivo denominado Hibakusha Stories, organización encargada de difundir las historias de los sobrevivientes del holocausto nuclear a los estudiantes norteamericanos a lo largo y ancho de ese país.

Yasuaki al lado de sus compañeros del colectivo Hibakusha Stories.



Sin embargo, el largo sendero que ha tenido que recorrer Yasuaki para convertirse en un activo promotor contra el uso de las armas nucleares ha sido muy complicado y doloroso. No sólo la bomba atómica le arrebató a su padre siendo un niño, pues en los siguientes años fallecerían su madre y sus hermanas víctimas de cáncer. Él mismo, siendo joven, empezó a padecer anemias repentinas que le provocaban desmayos de manera repentina sin poder conocer con exactitud hasta ahora cuál es el origen de tal mal.

En ese entonces el sufrimiento de Yasuaki se incrementó al ingresar a trabajar al Hospital de la Bomba Atómica donde se atiende a los pacientes que desarrollaron alguna enfermedad relacionada con los efectos de la misma. En el hospital conoció a un muchacho de su edad que padecía leucemia al que le proporcionó su sangre por la necesidad de constantes transfusiones que requería. El joven moriría poco tiempo después, pero esta experiencia lo afectó profundamente pues estuvo consciente que él mismo podía enfermar en cualquier momento. Sin embargo, el problema más grave y doloroso que el conjunto de hibakusha empezó a padecer fue la discriminación.

Las enfermedades y los nacimientos de niños con deformaciones crearon una reacción contra los sobrevivientes de la bomba pues la población en general consideró, sin fundamento alguno, que se podían “contagiar” con alguno de estos padecimientos. El dolor que de por sí llevaban a cuestas los hibakusha se aunó al rechazo al que se vieron sometidos. El ocultamiento de su origen y hasta el suicidio fue la respuesta de muchos de los sobrevivientes que ante la discriminación decidieron ocultar lo que habían padecido.



Álbum del Trío Los Panchos en idioma japonés.

En el año de 1952, al reestablecerse las relaciones entre México y Japón, una gran explosión de música, de color, de imágenes y de información empezó a llegar desde México como parte de esta reanudación de relaciones. En el año de 1953 el trío de música popular mexicana llamado Los Panchos cautivó a los japoneses al grado que fue necesario realizar versiones en japonés de sus éxitos musicales.

Pintura al óleo de Yasuaki Yamashita.

En el año de 1955, la Gran Exposición de Arte Mexicano (Mekishiko Bijutsuten) se montó en el Museo Nacional de Tokio exhibiendo numerosas piezas de las culturas prehispánicas, de pinturas contemporáneas y del arte popular mexicano. El conocimiento de esta cultura representó para Yasuaki como un bálsamo que le ayudó a sanar alguna de las heridas del alma que había ido acumulando y lo impulsó a pintar y estudiar el idioma español con el propósito de conocer algún día a México.

El trabajo que Yasuaki realizaba en el hospital le causaba un dolor permanente, además la discriminación de la que los hibakusha eran víctimas le fueron generando una enorme necesidad de salir de su país. En 1968 se presentó la oportunidad para que viniera a México como interprete-traductor de la delegación de deportistas japoneses que participó en las Olimpiadas. Al terminar el evento, Yasuaki decidió establecerse y trabajar en México y conocer de manera más profunda su cultura y su pueblo. Se adentró de manera particular en el conocimiento de las culturas mesoamericanas por lo que estudió el idioma náhuatl y se dedicó a recorrer todas las zonas arqueológicas del país.

La vida diaria en México, su comida y el contacto estrecho con los mexicanos lo llevaron a decidir permanecer definitivamente en México y naturalizarse mexicano posteriormente. La vida puso a Yasuaki en una situación que lo orilló a buscar un lugar distinto al de su nacimiento donde pudiera curar sus heridas pero a su vez potenciar y valorar las raíces de donde era originario.

Yasuaki Yamashita en el Monumento a los Niños Héroes en la ciudad de México en la ceremonia conmemorativa de Hiroshima y Nagasaki.

En México además, Yasuaki encontró el momento adecuado para romper el silencio que se había impuesto para ocultar su origen como hibakusha. En el año de 1995 un grupo de estudiantes supieron que había nacido en Nagasaki y lo invitaron para que les platicara sobre el lanzamiento de la bomba atómica. Hasta ese momento Yasuaki descubrió que narrar su historia y compartirla le permitiría sanar los recuerdos que tanto lo lastimaban. Decenas de miles de personas lo han escuchado a partir de ese entonces.

Yasuaki al lado de un estudiante norteamericano que asistió a su conferencia.

En el pueblo de San Miguel de Allende, Guanajuato donde actualmente radica, Yasuaki ha sido capaz de transformar la oscuridad que lo atormentaba en vivos colores con sus pinturas y su cerámica que han sido expuestas y han ganado premios por su gran calidad artística. Con su sonrisa de niño Yamashita posee una férrea voluntad para oponerse al uso de las armas nucleares y para crear obras artísticas maravillosas.

Cerámica japonesa que Yasuaki elabora en su taller.

En agosto de 2019, a 74 años del lanzamiento de la bomba atómica, además de recordar y orar por los muertos que día a día se suman por esta tragedia, Yasuaki nos convoca para que nos comprometamos y alcemos la voz informando de los terribles efectos que producen el uso de las armas atómicas. Yamashita a sus 80 años de edad no sólo es un hibakusha valiente y comprometido sino que se ha convertido en un nikkei ejemplar que despliega con toda su fuerza lo mejor de Japón y México.

© 2019 Sergio Hernandez Galindo

Vida y milagros

En el libro de Yuval Noah Hirari, De Animales a Dioses, una maravillosa y breve historia de la humanidad, en una de sus primeras páginas se muestra la fotografía de la huella que la mano de un ser humano dejara en la pared de una cueva hace treinta mil años. Probablemente mojó su mano en los jugos de algún vegetal de vivo color, o por qué no, en la sangre de un animal, y con esa humedad, posó su mano y dejó su marca, como para decir: Yo estuve aquí.



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Son las tres de la mañana y de repente algo me saca de mi sueño y me siento en la cama como si hubiera tirado de mí un hilo que mueve una mano invisible, como a los muñecos de la canción que se paran a bailar. ¿Somos muñecos movidos al capricho de algo desconocido?¿ Qué nos despierta en la noche y a la realidad? ¿Las campanadas de un reloj que suenan?¿Qué me despierta a mí? ¿Un exacto reloj interno o el ruidoso silencio de la casa dormida?¿ O es la rotunda luz de la luna creciente que tiñe de plateado los pisos y los muros de la casa? Por debajo de la puerta veo otra luz remota y dorada. Alguien dejó prendida una lámpara. Me levanto y camino por el pasillo en penumbra hacia la sala iluminada. No hay ninguna luz encendida. En el camino me topo con la luz de los ojos de la pintura de un niño que fue hermano de mi abuelo y que murió a los siete años. Me mira desde la profundidad de unos ojos parecidos a los de mi familia: negros, raros. Su boca pequeña es indescifrable, pues no sabes si después de mirarla se reirá o llorará.

Siempre me atrajo esa pintura que estaba colgada en la sala de mis abuelos junto a retratos de gente muy vieja, los antepasados de mi abuelo. Siempre hubo un lazo entre ese niño y yo. Siempre quise llevarlo donde hubiera otros niños. Siempre me impresionó ese retrato, la rotunda prueba de la existencia de ese niño, muerto hacía tantos años y tan vivo en el cuadro.

Tan existió un lazo entre él y yo que la pintura vino a dar a mi casa, después de varias vueltas por los armarios de otros. El cuadro una vez representó al niño de cuerpo entero y parado junto a un perrito. Una hermana de mi abuelo lo recortó en los años treintas cuando se pasó a vivir a un departamento de paredes bajas en la ciudad México. No sé cómo es que regresó ya recortado a casa de mi abuelo. Muchos años después, muertos mis abuelos, fue a dar a un armario al repartirse las cosas de los abuelos entre sus descendientes. Por casualidad mi mamá lo vio languidecer en ese armario y pidió llevárselo con ella, a su casa, en donde pasó una feliz estancia en su sala de abuela joven, rodeada de niños. Ahí presidió los juegos de sus nietos casi veinticinco años. Cuando de esa casa se fue su dueña para siempre, y con ella la última niña que jugara en ella, la pintura vino a dar conmigo de manera casual, pero no inesperada. Lo escogí cuando nos dividimos las cosas de esa casa.



¿Nos buscamos a través de los tiempos ese niño y yo? ¿Nos conocimos? En medio de la noche pensamos tonterías, no nos paramos a bailar, sino a alucinar. A algunos les da miedo ese cuadro porque el niño al que representa se murió siendo niño, no vivió la vida. Pero hay quienes viven cien años y tampoco la viven y en cambio puede haber quien en siete, mi numero mágico, viva veinte vidas largas. El tiempo no existe. Es un invento humano. Los perros viven en el hoy. Por eso se entristecen si los encierran, porque creen que es para siempre, porque no existe para ellos el mañana. En este momento soy un perro cautivo. La luz fría de la luna y la penumbra de los sueños entra por el tragaluz del patio llenándolo de irrealidad.

Me vuelvo a parar frente al retrato de mi tío- abuelo- niño: ¿Estoy dentro de su mundo o él ha salido al mío? Somos dos fantasmas flotando en la noche, tomados de la mano, sin edad, sin futuro, sin pasado, solo movidos por la mano misteriosa que mueve a los fantasmas y a los muñecos desordenados que salen a vagar a la luz de la luna. ¿Porqué, si no, ando vagando ahora por la casa, sin sueño, como el fantasma que algún día seré?

-Si, yo estuve aquí --dicen los ojos profundos de ese niño y su boca terca. Sabe que alguien mirará su retrato y que por un breve momento, en el inmenso espacio del tiempo sin final, quien lo mire sabrá que estuvo aquí. Estuvo aquí como lo grita la huella de la mano en la cueva. A diferencia de esa mano, que con toda intención, con toda terquedad dejó su mensaje, la del niño solo requirió de su paciencia para posar para el retrato, no de su voluntad. ¿O sí?



Siete mil millones de personas estamos dejando nuestra huella en un planeta devastado. Unos con voluntad, otros sin ella. Quizás no habrá nadie que atestigüe que sí, que estuvimos aquí, y que destruimos lo que más debimos amar, mientras danzábamos.

Mundo Nuestro. En la historia del movimiento obrero mexicano existen luchas que marcan un parteaguas: Cananea, Vallejo, Tendencia Democrática, por plantar algunos de las palabras que identifican procesos fundamentales en la vida de los trabajadores en nuestro país. Tarrant es la marca de la rebelión de los trabajadores contra la explotación laboral en la industria de la confección en la región de Tehuacán. Este relato de Martín Barrios, actor principal en esa historia, parte de un volante que prendió las conciencias de bordadoras y tejedores víctimas del capitalismo salvaje a la poblana. La historia del propio Martín como activista y defensor de los derechos humanos merece contarse aparte. Por ahora, valga su testimonio para plantar aquí un tema fundamental: el de las condiciones de vida que sufren a la fecha miles de hombres y mujeres para los que nada valen los derechos laborales y de organización consignados en la constitución mexicana.

La memoria es corta, pero no se ha perdido.



En el 2003 inició la primera de muchas revueltas, luchas, disidencias y rebeliones en el mundo de las maquiladoras y lavanderías de la industria del vestido en Tehuacán.

Este rojinegro volante sirvió como agitador de las conciencias ante una serie de despidos que empezaron a darse al inicio de ese año y que culminaría a inicios del 2004 con el cierre de todas las plantas de Tarrant Apparel Group en la región de Tehuacán.

Un cierre masivo que fue anunciado por el conocido aliado local de Kamel Nacif Borge, el rey de la mezclilla y pederasta prófugo de la justicia, el político priísta Marco Antonio Haddad Yunes, quien a pesar de este cierre patronal que orilló al desempleo a más de cinco mil trabajadores en nuestra ciudad se le ocurrió postularse como candidato a la presidencia municipal al año siguiente por el ahora morado tricolor, y claro, perdió la elección de forma apabullante a pesar del dinero que estuvo regalando para la compra del voto.

Este volante de nuestra primera acción de organización y defensa obrera lo repartí con la ayuda de Armando Rodríguez Nuño, el famoso Pájaro Sanjuanero, un amigo nahua de San Juan Cuautla en Coyomeapan quien también nos ayudó y acompañó en las largas y pesadas caminatas en la zona baja de Zoquitlan y Tlacotepec de Díaz en los inicios de la formación de la resistencia indígena contra Minera Autlan y su destructivo proyecto hidroeléctrico Coyolapa Atzala, subiendo y bajando montañas, en el lodo, la lluvia, el sol, atravesando una y otra vez los ríos, porque como dicen los compañeros de Tequitlale "Malin tona mali kivi, tejva ompa tivi" ("Aunque llueva o aunque el sol sea abrasante, nosotros avanzamos").

Recuerdo la mirada de sorpresa de los obreros y costureras viendo a mi compañero que andaba de huaraches y sombrero haciendo agitación obrera en la Ciudad de Indios.



En la primera acción de difusión de este pequeño pero poderoso volante, fuimos perseguidos por los lacayos de Jose Luis García Montufar, un sirviente de la casta beduina dentro de la Planta 6 de la empresa, la cual estaba ubicada en lo que fue la histórica nave de la refresquera Aguas de Tehuacán, que está a un costado de la bodega Aurrera en la Colonia Arcadia a unos metros de la estación ferroviaria y que ahora se ha convertido en bodegas, taquerías, tiendas de muebles de baño y negocios de comida china entre otros giros.

Montúfar llamó a la policía que no tardó en llegar para intimidarnos, pero obviamente ya habíamos aventádo la piedra y no íbamos a esconder la mano en absoluto.



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A partir del reparto de este volante, la historia empezó a rodar de manera rápida, vertiginosa e increíble. A mi casa empezaron a llegar, primero seis trabajadores a pedir informes: ¿Ustedes son los que repartieron esto? Durante la semana siguiente llegaron cada día más hasta estar unos doscientos obreros en el patio de mi casa que ya no era particular y un día en que prácticamente ya no cabía nadie se rompieron macetas, bancos y otros enseres, por lo cual decidimos tomar la calle como salón de asambleas.

Los obreros decidieron crear una coalición constitucional temporal que bautizaron como Unión de Trabajadores de Tarrant para combatir el papel esquirol del sindicato Manuel Rivera Anaya de la CROC, quien en todo momento hacia el papel de chivato de los Haddad y ejercía represión contra sus supuestos sindicalizados.

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Una de las primeras acciones de la resistencia fue que los despedidos. que funcionaban como activistas y agitadores convocaron a una falta colectiva. Todavía existía mucho miedo entre los que seguían laborando. El día acordado llegamos a la hora de entrada de la empresa para la acción y convocar a la desobediencia

El control sicológico de años de la patronal era tan palpable que cuando los que se decidieron a faltar para hacer la primera marcha al centro de Tehuacán y acudir ante la Junta de Conclliación, empezaron a salir ante la convocatoria de los despedidos, salió Montufar para regañarlos.

Para mi era sorprendente ver como este esbirro se sabía el nombre de todos. " A ver Angélica -¿A dónde vas? ¡Regrésate a tu máquina" Y en efecto, esta compañera, que nos veía sin saber que hacer se regresó a la maquiladora. Cuando llegó la hora de la comida nos dijo ante la manifestación que teníamos afuera de la planta "Ahora si, ya me decidí, me uno al movimiento"

Me daba cuenta lo complicado que era para muchas compañeras y compañeros, que cavilaron durante las primeras cinco horas de estar cosiendo prendas multinacionales como Levis o Gap, decidirse a rebelarse porque durante más de treinta años habían estado sometidos a un sistema que los tenía sumisos, casi agradecidos con "don Antonio Haddad" y con el aparato sindical que comía y come de la mano de los magnates de la industria del vestido regional.

Pero no había vuelta atrás, habíamos marchado por las principales calles de Tehuacán y el miedo estaba conjurado. Ahora los que tenían miedo eran los opresores de siempre. Llegamos a la Junta de Conciliación y los obreros obligaron al presidente de entonces, Raymundo Pérez a marchar con ellos de regreso a la empresa para citar a los dueños ante este tribunal del trabajo para que explicaran sobre los despidos que amenazaban la vida de los costureros.

Cuando Raymundo Pérez tocó en las puertas de la empresa después de ir cargando la manta de protesta de los obreros, hecho que nos divertía, le cerraron el zaguán en plena nariz. "Si así lo tratan a Usted, que es el representante del gobierno, ya se dará cuenta como nos tratan a nosotros que somos gente sencilla".

La patronal nunca antes en la vida industrial de Tehuacán había visto una rebelión como la que estaban presenciando en ese no tan lejano 2003. Contra nuestra organización, la Comisión de Derechos Humanos y Laborales del Valle de Tehuacán y a mi en lo personal que me tocó ser el representante legal de más de mil obreros empezaron a orquestar una campaña de desprestigio. "Alborotadores", "Revoltosos", "Cierra empresas", "Agitadores de inconfesables intereses" eran algunos de tantos adjetivos que nos empezaron a endilgar.

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La liberación de Martín Barrios

Las resistencia obrera estaba creciendo en número y en aceptación social. Nuestra lucha ocupó los titulares y las primeras planas de todos los medios de Tehuacán y Puebla durante más de medio año, diariamente. La prensa nos daba la razón de manera unánime por primera vez. El control político, sindical y social estaba siendo quebrado por las costureras de la maquiladora, compuesta mayoritariamente por nahuas, mazatecos, mixtecos, migrantes y mestizos de la clase popular.

El poder obrero desafiaba con todo lo clasista posible a los caciques de la clase hegemónica: la burquesía criolla, libanesa y española que siempre los había explotado, pisoteado, violado, acosado, y mancillado desde 1492 se estaba yendo al carajo.

Esta era la primera revuelta plebleya de la maquiladora. Al principio había miedo, después lo que existía era orgullo. Los compañeros sabían del poder que tenían y ya la Coalición controlaba no sólo la planta 6 que tenía 1 800 operarios sino también las plantas 7 y 8 que estaba en lo que fue la desaparecida refresquera Balseca y que ahora es donde se encuentra instalada la espantosa plaza comercial El Paseo.

El poder obrero estaba además divirtiéndose y siendo todo lo más irreverente posible. Cuando llegó el entonces gobernador de Puebla al pueblo de Ajalpan a inaugurar el palacio municipal de donde ciudadanos manipulados por el crimen organizado y los antorchistas bajaron el 19 de octubre de 2015 a los hermanos Rey David y José Abraham Copado Molina para lincharlos hasta la muerte, llenamos todos los asientos posibles de los acarreados de Prospera, y ante cualquier frase del mandatario aplaudían estruendosamente, sacándolo de onda de manera evidente.

Llegó el momento en que, y ante la presencia de toda la prensa estatal, de sacar una manta de protesta contra la empresa, y ante esto Melquiades Morales Flores, públicamente aceptó darnos audiencia cambiando el rumbo de su discurso.

Fue así que pudimos llevar nuestra protesta al más alto nivel de la política poblana. Fue un encuentro muy raro. De entrada no aceptó sentarse en la silla del presidente municipal que era como de la un rey, sino que dispusieron sillas de lámina como las de cualquier cervecería y se sentó como si fuera tu tío mayor. Claro muy propio. Era un tlatoani bastante amable y astuto, no por nada fue el operador político que llevó al poder al cacique muerto con su esposa en Coronango en diciembre pasado.

Nunca lo habíamos tratado y el no nos conocía. En verdad que era un viejo lobo. A todos nos habló por nuestro nombre y uso una buena arma en estas lides: "Silvia, reconozco tu gran labor al frente de tus compañeros obreros, me han hablado de ti mucho y lo que me han dicho se queda cortó ante tus grandes dotes de líder". Sabemos que el halago es una herramienta del poder para que te apendejes. Yo no le creía nada pero me asombraba que se aprendiera doce nombres sin conocer a sus dueños y sin equivocarse.

Ahí mismo subieron a Raymundo Pérez que había reconocido tener tratos con la familia Haddad y otro tristemente célebre funcionario de la Junta, el famoso Alejandro Conde que después sería presidente de este tribunal en Tehuacán. A este abogado ladino, originario de San Pablo del Monte se le había ocurrido decirle a lo obreros que eran unos "muertos de hambre" y que agarraran las miserias que la empresa quería darles.

Cuando le señalamos esto al gobernador, se revolvieron en mil disculpas. Pudimos haber pedido sus cabezas en ese momento pero no lo hicimos porque no nos interesaba desemplear a nadie. En el caso de Conde, lo dejamos vivo y tal vez fue un error porque años después en la lucha sindical de Vaqueros Navarra nos dio muchas molestias como buen sirviente de la patronal.

Otra de las cuestiones interesantes que vivimos fue la instalación de campamentos permanentes para evitar el saqueo de la maquinaria, a pesar de que el propio tlatoani obligó al sindicato charro Manuel Rivera Anaya a embargar la maquinaria y a emplazar a huelga.

Esto le dio espacio a los obreros para capacitarse en sus derechos al tiempo en que convivían y todos aprendíamos en el camino sobre como luchar y organizarnos.

Los esquiroles representantes del Sindicato Manuel Rivera Anaya, repudiados de manera absoluta, se negaron en contubernio con el gobierno estatal a estallar la huelga. Eso desató la furia obrera y los obreros le dieron una pequeña tunda a los representantes charros y tuve que intervenir para calmar los ánimos dentro de la planta, ya que afuera había muchos granaderos rodeando la planta dispuestos a servir a sus amos capitalistas.

Recuerdo que en una reunión en Casa Aguayo, Melquidades Morales decía ante la prensa y nosotros" No permitiré que el desarrollo económico de Puebla se construya sobre las espaldas de los obreros". Claro, salía la prensa, y nos decía: "Pero jóvenes, entiendan que no puedo acorralar a los empresarios, son buena gente, los conozco". En ese entonces, los maquileros de Tehuacán financiaban las campañas del PRI. Empresarios como Luis Cobo hacían que los obreros fabricaran playeras, bolsas y mandiles para siniestros personajes como Mario Marín.

Ya no hubo tiempo para explorar la vía sindical, ya que los obreros se estaban aflilando al Sindicato Belisario Domínguez del FAT para pelear el contrato colectivo de trabajo, pero cuando la empresa se dio cuenta apresuró el cierre.

Ya no pudimos ir más allá pero los obligamos a pagar indemnizaciones justas y los compañeros lograron por lo menos arrebatarles a los empresarios unos 15 millones de pesos, situación que no hubiera sido posible sin esta lucha.

La venganza no tardó en llegar y el 29 de diciembre de ese año fui golpeado brutal y cobardemente en un intento de homicidio orquestado por la patronal maquiladora.

Pero como dije antes, aunque el sol nos queme y el aguacero sea inclemente, seguimos en marcha.

Martín Barrios 2019

El conjunto en Yerevan, Armenia

Se integra con el monumento de la llama votiva en memoria de los muertos y el edificio del museo. Los dos forman un todo. Está sobre una colina. Al fondo el Ararat nevado que ahora se ve completo. Desde aquí se contempla una buena parte de la ciudad. El emplazamiento recuerda al de los monasterios. En 1965 se incia la construcción, para conmemorar el 50 aniversario del genocidio. La obra se termina en 1967. El diseño es de los arquitectos Kalashian y Mkrtchian. El museo se añade en 1995, para conmemorar el 80 aniversario de la masacre. El poyecto es de los mismos arquitectos.



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El memorial



La explanada con sus tres elementos: Una gran pared de basalto al lado izquierdo con los nombres de los lugares donde fueron masacrados los armenios; una aguja en mármol negro que se lanza a las alturas y la estructura que cobija la llama votiva. Ahora que lo visito una familia guarda silencio. La gente lleva flores que ponen a un lado de la llama que arde permanentemente.



El museo

Está bajo la plaza. Antes de entrar a las salas un homenaje al noruego Fridtjof Nansen, premio Nobel, que trabajó para salvar a los armenios. El genocidio inicia el 24 de abril de 1915 y se extiende hasta 1917. La exposición inicia a mano derecha.

La primera sala ofrece información objetiva de la matanza de las regiones donde vivían los armenios en Turquía. Los datos: El número de los asentamientos en la región; el número de las escuelas destruidas; el número de las iglesias destruidas; el número de los asesinados. Se camina en un semicírculo. En las vitrinas fotografías y textos (cartas, periódicos, reportes…) que documentan los hechos. En la última sala unas pequeñas cajas de cristal con tierra de las regiones donde ocurrió el genocidio y la lista final de los muertos: 670,000 armenios.

Comentario

Todo está hecho, para recordar a los muertos y que el genocidio nunca se olvide. Ahora, una joven mujer toma fotos de un sitio particular en el mapa donde se señalan los pueblos masacrados. Es posible que ahí fueron asesinados algunos de sus parientes. Me impacta. Las personas recorren el museo en silencio. Lo hacen también con mucho respeto. Es la tragedia colectiva. Más de alguno de los que ahora visitan el museo debe haber perdido a un antepasado. ¿Por qué ocurre el genocidio? ¿Por qué Turquía lo niega? ¿Por la irracionalidad de los seres humanos? ¿Por qué asesinamos? Sybille siempre ha estado interesada en el genocidio de los armenios. Ella me lo ha hecho presente.

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