Voces en los días del coronavirus

Voces en los días del coronavirus

Mundo Nuestro. Vivimos tiempos que marcarán la historia del mundo. COVID-19, le dicen los enterados. Coronavirus, para el vulgo. En esta mudanza estamos en el arranque de la primavera del 2020. De ahí recogemos estas voces.

Voces en los días del coronavirus

Moisés Ramos Rodríguez, poeta



“Desconecta tu mente, relájate y fluye. No te vas a morir”. Esas son las palabras con las que inicia la canción “El mañana nunca se sabe”, de John Lennon, en el álbum de The Beatles Revolver, publicado en agosto de 1966.

“Abandona todo pensamiento. Entrégate al vacío: eso es brillar”, continúa una de las canciones más emblemáticas de esa banda que, apenas cuatro años antes cantaba con cierto sonsonete: “Ama, ama, ámame. Sabes que te amo….”.

En palabras del propio Lennon, la canción del 66 es su versión de lo que leyó en El libro tibetano de los muertos, y en el texto sobre la experiencia con el LSD y ese ejemplar emblemático del pensamiento asiático, escrito por Timothy Leary.

La música de esa canción sigue siendo ejemplo en la música popular de lo que es innovar. Tratar sobre ello merece un amplio espacio aparte.

La letra muestra un adelanto de dos años a otra canción hoy emblemática e imprescindible (en este momento, y muchos más) de The Beatles “The inner ligth”, “La luz interior”, la iluminación.



“Sin cruzar mi puerta/ puedo conocer todas las cosas que hay sobre la Tierra. Sin mirar por mi ventana/ podría conocer los caminos del Paraíso” son las palabras iniciales de la canción escrita por George Harrison, publicada hace 52 años, en marzo de 1968.



La de Lennon y la de la Harrison son, en el fondo, la misma propuesta: en la quietud, ve hacia tu interior. Sin miedo. No te vas a morir. Podrás conocerlo todo.

Harrison también se inspiró en un libro emblemático del pensamiento asiático: el Tao te king que, según una versión puede traducirse del chino como El libro del Camino y de la Virtud.

La canción continua: “Cuanto más lejos se viaja, menos se sabe, menos se sabe, realmente”.

“The inner ligth” describe uno de los logros de la meditación: conocerlo todo sin viajar; hacer “sin hacer”, vivir en la quietud.

Lennon originalmente quería que su canción se llamara “Void”, “Vacío”, pero siendo un revoltoso impenitente, no quería sonar demasiado “espiritual”, así es que usó la brillante frase con la cual Ringo Starr respondió a los periodistas sobre cuándo iba a cortarse el cabello: “El mañana nunca se sabe”.

Por su parte, Harrison sí quería ser abiertamente espiritual, estaba profundamente interesado en un camino espiritual que, en su primer álbum como solista, afloraría plenamente con “Mi dulce Señor”.

Así, para concluir “The inner ligth” Harrison canta con Lennon y McCartney: “Llegar sin viajar, ver todo sin mirar: haz todo sin hacer”. Eso es el mayor logro de la meditación, sí, pero lo es de la iluminación, del logro del Buda, por ejemplo: no hace falta moverse para conocer; no hace falta mirar con los ojos para ver; no hace falta “hacer” para hacer.

En 1966, adelantándose a su propia canción “Todo lo que necesitas es amor”, Lennon cantó en “Tomorrow never knows”: “Que el amor lo es todo y que el amor es cada uno: eso es conocer”.

Una versión dice que Lennon obtuvo ese conocimiento, esa iluminación, a través de la ingesta de LSD, como los chamanes al consumir enteógenos.

Lo cierto es que cerró su canción “El mañana nunca se sabe” así: “Que la ignorancia y el odio pueden llorar a los muertos, eso es creencia, eso es creencia”. Y concluyó: “…O juega el juego de la ‘Existencia’, hasta el final, desde el principio”.

Iluminación, reto 2020

A 52 años de la publicación de “The inner ligth” los herederos de George Harrison han lanzado el reto #innerligth2020, mediante el cual, por cada mención en las redes sociales de esa canción, esa fundación, Mundo Material, donará un dólar para las investigaciones sobre el Covid19.

Olivia Arias—Harrison, viuda del músico inglés ha declarado:

“Las palabras cantadas por George [en “The inner ligth”] son un recordatorio positivo para todos los que estamos aislados, en cuarentena o respetando la solicitud de permanecer en nuestros hogares. Vamos a mantenernos conectados en este momento difícil. Hay cosas que podemos hacer para ayudar, y te invitamos a compartir tu luz interior”.

En la página de YouTube donde se puede reproducir la versión del reto #innerigth2020 se aclara:

“La Fundación Material World, creada por George Harrison en 1973, está donando hoy $500,000 [dólares] a las organizaciones benéficas MusiCares COVID-19 Relief Fund, Save the Children y Médicos sin Fronteras, que brindan ayuda y atención, muy necesaria, durante este Pandemia de COVID—19”.

Ahí mismo se detalla en qué consiste el reto #innerligth2020:

“Material World Foundation donará otro dólar, $1 (hasta $ 100,000 dólares) por cada uno de ustedes que comparta su propio momento de ‘Luz interior’ en las redes sociales usando la etiqueta o hashtag #innerlight2020: puede ser un verso, el coro o una línea de la canción; cantarla, tocarla, tararearla, rasguearla, pintarla, tejerla, plantarla, rezar o meditar, y publicarla en las redes sociales”.

Ahora que estamos aquí

Ahora “que estamos aislados, en cuarentena o respetando la solicitud de permanecer en nuestros hogares” ha declarado Olivia Arias—Harrison, viuda de George.

Ahora que hemos respetado la solicitud de permanecer en nuestros hogares, ¿qué pensamos al oír la canción “El mañana nunca se sabe” de John Lennon? ¿Somos capaces de hacer lo que dice: “Desconecta tu mente, relájate y fluye?” ¿Estamos conscientes de que agrega: “No te vas a morir” al hacerlo?”

No, no nos vamos a morir si desconectamos la mente, nos relajamos y fluimos.

Lennon escribió su canción en 1966 meses después de que él y sus compañeros de The Beatles habían dejado de rodar y rodar como hámsters de país en país, de concierto en concierto donde todo era histeria y la música no se entendía.

Lennon pasó del furor, la furia y la prisa a la relajación.

Harrison también entró en un periodo de calma. Impresionado por la música hindú, por lo que ésta le producía espiritual o anímicamente, pero igualmente impresionado por el Tao te king, propuso a quien lo escuchara, que hiciera lo que él: detenerse y conocer el mundo sin salir de casa; conocer todo lo que hay sobre la Tierra y lo que hay en el Paraíso sin asomarse siquiera por la ventana.

Ambos músicos han muerto: Lennon fue baleado hace casi 40 años. Harrison hace casi 20 años murió de cáncer.

Todos nos vamos a morir. Todos. Nadie sale vivo de aquí, de este planeta, de la Tierra. A los Beatles ahora muertos, sus “descubrimientos” los llevaron a conocer la paz, la tranquilidad, el sosiego sin necesidad de salir de casa, sin siquiera asomarse a la ventana. ¿Lo lograremos nosotros antes de morir?

Herramientas tenemos, sólo es cuestión de echar una mirada alrededor. Algo es seguro: todas las opciones que tenemos no incluyen el miedo.

#innneriegth2020 es el reto.

El mañana nunca se sabe

Turn off your mind relax and float down stream

It is not dying

It is not dying

Desconecta tu mente. relájate y fluye:

no te vas a morir. No te vas a morir.

Lay down all thoughts, surrender to the void

It is shining, It is shining

Abandona todo pensamiento, entrégate al vacío:

Eso es brillar. Eso es brillar.

That you may see the meaning of within

It is being, it is being

Que puedas ver el significado del interior,

es ser. Es ser.

That love is all and love is everyone

It is knowing, it is knowing

Que el amor lo es todo, y que el amor es cada uno,

eso es conocer, eso es conocer.

That ignorance and hate may mourn the dead

It is believing, it is believing

Que la ignorancia y el odio pueden llorar a los muertos.

eso es creencia, Eso es creencia.

But listen to the colour of your dreams

It is not living, it is not living

Pero escuchar el color de tus sueños,

eso no es vivir. Eso no es vivir

Or play the game “Existence” to the end

Of the beginning, of the beginning…

O juega el juego “Existencia” hasta el final:

Del principio, del principio...

“The inner light”. “La luz interior”

Without going out of my door

I can know all things on Earth

Without looking out of my window

I could know the ways of Heaven

Sin cruzar mi puerta

puedo conocer todas las cosas que hay sobre la Tierra.

Sin mirar por mi ventana

podría conocer los caminos del Paraíso

The farther one travels

The less one knows

The less one really knows

Cuanto más lejos se viaja

menos se sabe,

menos se sabe, realmente.

Without going out of your door

You can know all things on Earth

Without looking out of your window

You could know the ways of Heaven

Sin cruzar tu puerta

puedes conocer todas las cosas que hay sobre la Tierra.

Sin mirar por tu ventana

podrías conocer los caminos del Paraíso.

The farther one travels

The less one knows

The less one really knows

Cuanto más lejos se viaja

menos se sabe,

menos se sabe, realmente.

Arrive without travelling

See all without looking

Do all without doing

Llegar sin viajar.

Ver todo sin mirar.

Haz todo sin hacer.

https://www.youtube.com/watch?v=sa3948JzWCc

Voces en los días del coronavirus

Liz Mejorada, directora de Puebla vigila



Cuando era niña pensaba que el mundo se podía caer y Chignahuapan seguiría en pie. Estamos en la montaña inicio de la sierra madre oriental, nuestro pueblo está fincado sobre piedra tan firme que no sentimos los sismos, no conocemos los huracanes, menos los tsunamis. La crisis es problema de la ciudad. En el pueblo la gran dificultad es aguantar el frío y las heladas, pero para eso tenemos cotonas, caldos de hongo y borrego, chales de lana y aguas termales.

Recuerdo cuando se hablaba del virus AH1N1, las escuelas tal vez cancelaron clases dos días, no más, la contingencia la vimos desde lejos. El pueblo axolotero parece estar en una linda pecera protectora en donde mientras las ciudades colapsan, nosotros seguimos.

Hoy en pleno año 2020 siendo una adulta joven, me conmueve lo que pensaba cuando niña, aunque ciertos pensamientos tienen vigencia.

Si en 1918 la gripe española llegó a Chignahuapan y Zacatlán, provocando el fallecimiento de varias personas, ¿qué nos puede pasar hoy? En estos días la historia es diferente, la globalización nos alcanzó, estamos mejor conectados y tenemos más viajes al día a las ciudades que hace 100 años.

De entrada, muchos de nosotros ya no vivimos en Chignahuapan, hemos migrado a las ciudades para estudiar o trabajar. Tenemos la pisada entre dos mundos: la tranquilidad del pueblo y la velocidad de la ciudad. Si la paranoia llega a este rincón de la tierra es por el estrés de quienes lo hemos llevado al rancho, los problemas de la capital.



Llegué hace veinte días a Chignahuapan, con cubrebocas y guantes de látex me bajé del camión. Pronto me di cuenta de que estaba por completo fuera de tono. La gente caminaba tranquilamente por la calle, hacía su día a día con normalidad abriendo sus negocios e incluso muchos celebraron dicho fin de semana, cumpleaños y bautizos. Recuerdo pensar en que la gente debería de cuidarse más, aunque después agradecí que no existiera pánico aún. En el alejamiento de las noticias la gente me preguntaba, - ¿y es cierto que existe el coronavirus?, ¿a poco ya llegó a Puebla?- Me atrevería a decir que al día de hoy, hay muchas personas que dudan de su existencia y creen que es un invento del gobierno.

Los tiempos ya no son los mismos y el mejor ejemplo es ver cuán dependiente se volvió nuestra economía del turismo. Poco a poco comienza a verse el impacto de que los turistas no vengan a semana santa. Como diría mi abuelo: tarde o temprano la gallina de los huevos de oro reventaría, y hoy parece estar ahorcada. La producción de esferas, que es la actividad artesanal más importante del municipio, está frenada. Hubo artesanos que no compraron vidrio a tiempo para comenzar a globear y al día de hoy los precios se triplicaron. Los hoteles no van a recibir visitantes. La gente comienza a ser despedida y ahora con la cancelación de clases, muchas trabajadoras del hogar no son requeridas.

Tal vez el hito más insólito es que se cancelaron las misas. He preguntado a mis tías y abuela si alguna vez ha pasado eso en el pueblo, respondieron que no. Al inicio el padre había pedido que no se dieran “el saludo de la paz”, algo que me parecía bastante curioso ya que delataba a quienes no ponían atención a la misa y terminaban haciéndolo. Mi tía me contaba que terminó dando el saludo a una persona distraída porque “ni modo lo que lo dejara con la mano levantada”. Habrá mucho virus, pero pesa más la costumbre.



Días después comenzamos a ver cómo nuestros lugares icónicos, como el centro ecoturístico “El Salto de Quetzalapa”, La Basílica menor de la Inmaculada Concepción y hasta los Baños Termales, fueron cerrados por la contingencia del Covid-19.

Bastante alejados del ajetreo citadino, comenzó a fluir la preocupación. Las noticias falsas como en cualquier parte del país no son la excepción, diría el dicho, “pueblo chico infierno grande”. Pronto comenzaron a correr las cadenas acerca de los supuestos “infectados” por coronavirus e incluso los casos “positivos”. Una cadena de información bastante distorsionada acusaba que había una persona contagiada en Zacatlán y que venía de Estado de México, compartieron su nombre, fotografía y hasta la dirección donde vivía en Jicolapa, Zacatlán. Provocando un acoso brutal, estigmatización y un linchamiento mediático provocado por el miedo y la ignorancia pueblerina. Los comentarios comenzaron a hervir y se leía de todo. Desde mensajes profundamente intolerantes como proponer -de manera burlona- alzar un muro con los citaditos, hasta otro más serio, como el prohibir la entrada a cualquier persona de las ciudades y que se checara en las casetas de la autopista la INE de las personas a bordo. Aún con todo lo anterior, estas personas tan simpáticas y profundamente intolerantes son las mínimas.

Si en algo coincidíamos la mayoría de las personas con las que me contacté para tener suficiente información para escribir estas palabras, es que lo que tiene más alertados a todos en el pueblo, es el otro virus, el de la inseguridad.

Chignahuapan y Zacatlán ya no son aquellos pueblos tranquilos en los que nací. Hoy están sucediendo cosas que hace 15 años eran bastante lejanas. Células de narcotraficantes se han asentado en la región y hoy el nuevo triángulo rojo de huachicol en todo el estado, está aquí. Mientras la Ciudad de Puebla estaba ocupada con el Covid-19, el pueblo vivió la ejecución de 8 personas en un solo día, provocadas por la disputa entre diferentes grupos delictivos. Además se detuvieron a trece personas del crimen organizado. El operativo tuvo que pasar por la separación del cargo de los policías estatales de la zona, puesto que estaban coludidos con las células delictivas. Chignahuapan vivía una carnicería eclipsada por el Covid-19.

Y lo peor, en lo que concordamos todos, es que los criminales ya no tienen respeto por los civiles. No importan los rayos del sol, que sea un espacio público, o que haya menores de edad e inclusive niños. Ellos no perdonan y si tienen que ejecutar a alguien, simple y sencillamente lo llevan a cabo. A las siete de la noche, Chignahuapan es pueblo muerto, toque de queda silencioso. No por quedarse en casa por la contingencia del virus, sino por el miedo a que caiga una “bala perdida”.

- ¿Cuándo cambiaron el canto del gallo al amanecer por el sonido de las balas? ¡Qué manera de despertar! --dice uno de mis amigos en redes sociales, y sí, en algunas calles los vecinos dicen que hay balacera diario.

Cada territorio vive de manera diferente el Covid-19. En Chignahuapan y Zacatlán tendremos que padecer las dos pandemias: el Covid que nos hará perder trabajos, turismo y por ende derrama económica, y el virus de la inseguridad: el que nos quita la tranquilidad, y para algunos, hasta la vida.

Sin duda lo que pesa es que en Chignahuapan no hemos tenido contagios de Covid-19 hasta el momento, pero sí muchos contagios por el otro virus.

Voces en los días del coronavirus

Ricardo Moreno, editor

Vivir en confinamiento voluntario como el que nos hemos impuesto ante la pandemia dispara tu reflexiones por los más diversos temas. Es así como me quedé pensando que el retiro o enclaustramiento no siempre ocurre en las mejores condiciones, con los recursos tecnológicos a que la modernidad nos tiene acostumbrados. Por ejemplo los muy diversos aparatos que funcionan con energía eléctrica. En efecto, sin ésta, en las condiciones de resguardo, tendríamos que prescindir de iluminación suficiente a toda hora de los muy variados aparatos de entretenimiento y comunicación, sin los que, a estas alturas, ya comenzaríamos a enloquecer: radios, televisores, modulares, computadoras y conexión a la internet. Pero también careceríamos de muchas comodidades más que en la actualidad parecieran inevitables, tales como planchas, aspiradoras, lavadoras, hornos de microondas, etc.

Sin embargo hay un aparato más que resulta verdaderamente indispensable para el resguardo de nuestros alimentos, el refrigerador. De no contar con esa maravillosa caja frigorífica tendríamos que vérnoslas organizando de una manera completamente distinta nuestras compras. Por ejemplo habría que seleccionar adecuadamente las cantidades de vegetales y carnes que podríamos guardar por uno, dos o más días, sin riesgo de que se descompusieran y saber correctamente el tipo de víveres que habría que llevar a casa cotidianamente, para consumirlos el mismo día.



Sin refrigerador habría que disponer de lugares e implementos para resguardar las frutas, verduras, quesos y carnes procesadas en lugares abiertos donde puedan recibir cierta ventilación necesaria. También sería necesario tener lugares cerrados, oscuros y secos, de preferencia en sótanos o bajo tierra, que logran condiciones de temperatura más baja muy necesaria para el resguardo duradero de alimentos.

La carencia de esa tecnología de refrigeración es lo que llevó a la humanidad en otros momentos de la historia a ingeniárselas para descubrir y procesar los alimentos, resguardándolos de la acción de las bacterias y los hongos, o a la inversa, utilizándolos apropiadamente para el beneficio de la conservación. Es así que, para conservarlos el mayor tiempo, se descubrieron métodos interesantes como secar y salar las carnes, a la manera de las cecinas, la machaca y el chito, por ejemplo; o la salmuera para carnes, pescados y vegetales; y el dulce o almibarado para conservar los frutos. También métodos combinados de cocción, embutido y la acción del frío o el humo sobre cárnicos, mariscos y lácteos. En fin, con procesos tan diversos, la civilización los fue generando en las distintas regiones y culturas de nuestro planeta.

Ya en la intimidad de las cocinas, tanto hogareñas como monacales, la carencia de refrigeración obligaba a realizar ciertos guisos interesantes y exquisitos. Eran tiempos de las ollas podridas que lograban congregar en un gran recipiente carnes frescas, embutidos, vegetales y hierbas finas, rociadas para su cocción con vinagres y vino, es decir, todo aquello que permitía vaciar a tiempo las despensas de alimentos frescos para evitar su descomposición.

También se preparaba un platillo que por su forma de cocción lenta y el uso de algunos ingredientes particulares era muy duradero, y que al poderse comer frío resultaba muy útil para el viajero. Es un plato muy sabroso, quien se anime puede hacerlo fácilmente con esta receta de un antiguo libro poblano de cocina. Podrán imaginar, al paladearlo, que son atendidos por unas magníficas cocineras del Convento de La Concepción. Tenemos tiempo para ensayarlo, la contingencia pasará más amable con esta delicia en la mesa. ¡Ánimo, amigas y amigos!

Piernas de carnero a la venason



Dos piernas de carnero requieren dos libras de jamón para mecharlas; un real de canela, otro de clavo y otro de pimienta; un cuartillo de vino, una botella de vinagre de Castilla, y medio real de laurel y tomillo. Se pone en una pastelera sin agua, de modo que quepan, y se cuecen a fuego manso con todas las especias ya mencionadas, que se clavaran a las piernas del carnero: también se echara al caldo un poco de sal, vino y vinagre; con lo que se cocerán las mencionadas piernas: después de esta composición duran sin corromperse hasta tres meses, y no hay riesgo de tomarla fría con un trago de vino.

Voces en los días del coronavirus

rmando Pliego Ishikawa, comunicador



Es difícil poder poner en unas cuantas palabras todos los sentimientos que uno experimenta ante un acontecimiento como el que se vive en comunidades de todo el planeta ante la emergencia sanitaria provocada por la propagación del Coronavirus. Sin afán hiperbólico, creo prudente señalar que esta es la crisis social más grande a la que la generación a la que pertenezco se ha enfrentado.

La incertidumbre es mucha, los mensajes variados, el flujo tan acelerado de la información satura nuestra propia capacidad para procesarla. Y sin embargo, ante el apabullante espectáculo mediático que el surgimiento de este virus despertó, creo que la mejor apuesta en estos momentos es justamente apagar las fuentes de esos mensajes inciertos o cuando menos prestarles la justa atención sin comprometerse, y en su lugar volteemos a ver las certezas que se hacen evidentes. Por eso no pretendo ponerle nombre a todo lo que pasa por mi cabeza, pero sí quiero profundizar en el hecho de que hoy muchas realidades antes distantes hoy son inmediatas y que al hacerse patentes muchos de los vaticinios hechos en el pasado sobre las tragedias cotidianas que solemos ignorar, voltear la vista de nueva cuenta sería el mayor error. No sabemos y probablemente nunca resolveremos muchas de las suspicaces incógnitas que hoy se discuten por todas partes, por eso debemos apostar por evidenciar aquellas dudas del pasado que ahora se responden y llevar a la discusión pública temas que antes eran ignorados.

La duda que más frecuentemente me invade en estos días de reflexión, es el cómo aprovechar la crisis y sacar algo útil de ella. En una discusión en un grupo familiar de WhatsApp, una querida prima señaló “Si pasamos esta crisis y dejamos de plantear soluciones para las incoherencias que observamos durante esto, de nada habrá servido”. Y es muy cierto: lo menos que podemos hacer, o en algunos casos lo único, es servirnos de esta gran oportunidad para poner al desnudo a nuestra sociedad para corregir el rumbo en los distintos aspectos que ante la aceleración de las contradicciones de nuestro modelo económico y el estilo de vida que exige, empezamos a ver como prioritarios.



Y es que ante una crisis de la magnitud que estamos experimentando, desperdiciar la coyuntura para hacer necesarios cambios en distintas dimensiones de las vidas cotidianas de todas las personas que habitamos el planeta, sería la mayor tragedia de todas. Sabemos que estamos frente a un reto con una escala enorme, y justamente por eso tenemos que exigir más de nosotros en un futuro próximo pues nuestra contribución ante la emergencia no puede reducirse únicamente a quedarnos en casa. Tenemos que pensar en qué vamos a hacer con la sociedad misma cuando llegue el momento de salir nuevamente, y sobre todo tener claro que no podemos volver a la normalidad y que necesitamos una nueva definición de lo que será normal de aquí en adelante...



El caos es una escalera, decía Peter Baelish de Juego de Tronos, e indiscutiblemente muchas personas están viendo en este caos oportunidades de ascenso: en el escenario global, el primer ministro húngaro Viktor Orbán poco tardó en utilizar este momento histórico para extender su abanico de herramientas para el ejercicio del poder con aires autocráticos. En México tampoco tardó la CONCAMIN en solicitar, so pretexto de la pandemia, posponer por varios años la implementación del etiquetado en alimentos; la COPARMEX por su parte solicita una serie de medidas para proteger a los patrones, entendiéndose como creadores de empleos, pero no para cuidar a sus empleados, que son los creadores de la riqueza de la que ellos gozan. Incluso el presidente, hábil como siempre, aprovecha la intersección de varias crisis para salir avante al atribuirse mañosamente la disminución del costo de la gasolina, más bien producto de una guerra de precios entre Arabia Saudita y Rusia. Incluso en escenarios más inmediatos hay quienes hoy suben a vagones de metro y a autobuses de transporte público para limpiar barandales y tubos a cambio de una cooperación voluntaria por parte del público usuario. También en el escenario individual habrá quienes mejoren sus habilidades de cocina, aprendan o perfeccionen el manejo de otra lengua, quienes fortalezcan sus herramientas emocionales para lidiar con las crisis, o quienes de una vez por todas logren mantener viva a una planta más de dos semanas.

Así pues, vemos cómo en medio de la vorágine los intereses de grupo siguen primando y nunca faltarán los que obtengan el rédito personal que decisiones audaces en momentos críticos pueden generar. Decisiones que antes habrían tardado meses o años en tomarse, o que de plano eran imposibles, hoy se definen en cuestión de días. Y es precisamente esto lo que más me llama: ¿cómo utilizamos esta crisis para encumbrar propuestas para hacerle frente a la larga lista de retos que tenemos como especie? ¿cómo aprovechamos para insertar en la discusión esos cambios que por años se ha trabajado y luchado? Esa es la duda que me acosa, pues ideas problemas invisibilizados sin duda se han hecho evidentes e ideas para combatirlos no han faltado y vale la pena mencionar algunos:

La oportunidad de quedarnos en casa ha demostrado que esa inútil junta de trabajo sí pudo haber sido un correo electrónico y que de hecho muchas de las labores desempeñadas en muchos trabajos de oficina no requieren presencia física del trabajador en todo momento.

En terrenos teóricos del Estado y la administración pública, gracias a la posibilidad de analizar cómo enfrentan la crisis de maneras distintas países como EE. UU. y Alemania también se discute la posible muerte del mito del gobierno chico y la necesidad de un gobierno que ofrezca muchas más garantías, empezando por el robustecimiento de los sistemas de seguridad social y la ampliación de la cobertura. Mientras que en un país temeroso de los sistemas universales de salud como EEUU -miedo remanente de la guerra fría y la operación del aparato ideológico de aquel entonces- enfrenta una crisis grave, pues con tantos empleos formales sin ausencia médica pagada y con un sistema de salud prácticamente privado, se perfila para ser el país con más infectados y todo lo que eso conlleva; Alemania demuestra que la inversión constante en el sector y un sistema de seguridad social más amplio así como leyes más estrictas para los empleadores que permiten a un porcentaje mayor de su fuerza laboral guardarse en casa, tienen como resultado un buen desempeño en el combate a la propagación de la infección.

Ante la precaria realidad Latinoamericana que exige a muchos salir de casa para ganarse la vida, a pesar de las bien intencionadas recomendaciones de hacer lo contrario, hay ciudades que están optando por hacer ciclovías “temporales” de bajo costo y rápida implementación para descongestionar el transporte público y promover una sana distancia en los traslados. (https://www.semana.com/nacion/articulo/ciclovias-temporales-en-bogota/657000)

En otras latitudes, la reacción positiva de la población que sí puede guardarse en casa ha dado lugar a una disminución del uso del automóvil sin precedentes, limpiando el aire (https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/coronavirus-reduce-contanimacion-aire-europa_15370/amp) y de hecho previniendo -hasta a mediados de marzo- más de 50mil muertes prematuras entre mayores de 70 años (http://www.g-feed.com/2020/03/covid-19-reduces-economic-activity.html).

¿Cómo podríamos desear volver a una normalidad, como la mala calidad del aire pre-Covid-19, que mata a 8 millones de personas al año? ¿A una normalidad de inseguridad vial que en diez días mata a más gente que todos los muertos por el virus hasta la fecha? ¿Cómo nos permitiríamos añorar una normalidad que destruye y que al ser pausada nos queda claro que es nuestro aparato económico el que nos está condenando a un futuro sin mucho futuro?

Grandes pensadores contemporáneos han hecho apuntes interesantes sobre las oportunidades que esta pandemia trae consigo. Zizek, con mucho optimismo, y desde su afamada postura aceleracionista, destaca que el virus traerá una vigorización en la lucha anticapitalista. Byung-Chul Han, por el contrario, nos advierte que no podemos dejar la revolución en manos del virus y ve por el contrario el surgimiento de un estado policial en sociedades como la europea, sin embargo sí hace un llamado a repensar el capitalismo y su destructiva fuerza. Por su parte, Harari habla de los riesgos de un surgimiento del totalitarismo estatal y control de los cuerpos en muchas naciones si no logramos incorporar a la narrativa de su combate el acceso a la información y el empoderamiento de la ciudadanía. Butler habla de la necesidad de entender la interdependencia global y las obligaciones mutuas en tiempos de la crisis.

¿Cuáles serán nuestros propios apuntes? ¿qué cosas positivas podremos sacar de la pandemia? ¿cómo hacemos para superar la inmediatez de las redes y la irracionalidad en sus debates? Esas son las dudas que desearía se diseminaran con la misma velocidad que el miedo que propaga el virus, que sin duda es más rápida que el contagio de este. Tenemos una oportunidad enorme para no permitir que pasada la tormenta todo siga igual y el reto es aprovecharla. La reconstrucción de la sociedad requerirá de ideas audaces y posturas valientes. Aprovechemos las próximas semanas para discutirlas.

(Ilustración de portadilla tomada del blog Edgady Aponte)

Voces en los días del coronavirus

Miriam Castañeda Ávila, mexicana, residente en Los Ángeles, California



Algo está pasando

A través de la historia, muchos países del orbe han enfrentado movimientos sociales, guerras internas, guerras en contra de otros países, genocidios, bombas atómicas y experimentos genéticos y algunas cosas más por los que millones de personas han muerto. Sin embargo, es la primera vez que, a nivel mundial, están muriendo miles de personas en muchos países simultáneamente. ¿Limpieza étnica? Sí. Así se le llama al hecho de que un gran número de personas mueran al mismo tiempo. El mundo está viviendo una situación sin precedentes. ¡Inimaginable! Los habitantes de los 194 países reconocidos en el mundo, no soñamos siquiera, encarar las circunstancias y el miedo que estamos viviendo hoy, la Pandemia del Coronavirus.

En diciembre pasado, cuando se dio el brote del Coronavirus en China, no muchos dirigentes del mundo prestaron atención a ese hecho por demás importante. No se hablaba mucho acerca del tema, y todo parecía en calma. En una tensa calma podría decirse. Se sentía en él ambiente.

A mediados del mes de febrero pasado, llamó curiosamente mi atención, observar que, en los supermercados, la población asiática estaba comprando en exceso agua y papel higiénico. Recuerdo haberle dicho a mi esposo “algo está pasando, los asiáticos están acaparando esos artículos como si fueran joyas”. De pronto, la primera semana de marzo, los medios de comunicación masiva activaron la alarma, “pandemia mundial”.



Y entonces, nos aislaron. Los gobiernos nos dijeron, “quédate en casa”, no contribuyas a que el virus se esparza. Cada individuo percibe los hechos actuales de manera diferente. Algunos se lo toman en serio; otros, por el contrario, se to toman con arrogancia o quizás ignorancia al recitar la consabida frase “eso no me va a pasar a mí”. Pero sabemos que esto nos puede pasar a todos. Estamos en una situación de riesgo.

Y la vida cambió



Mi esposo tiene 75 años. Yo estoy por cumplir 60, soy diabética, ambos pertenecemos a un sector de alto riesgo de contagio. Vivimos en una ciudad pequeña de la zona conurbada de Los Ángeles, en el estado de California, en los Estados Unidos. Teníamos un viaje programado para ir a México en abril. Un viaje cortito en mis cuatro días libres. La expectativa: una fiesta que reuniría a muchos integrantes de la extensa, alegre, y amorosa familia que es la mía. Serviría también para estar cerca de mi madre quien estuvo en el hospital gravemente enferma los días pasados debido a una Anemia Perniciosa. En tiempos del Coronavirus, y aún en otros tiempos, duele mucho no poder tomar un avión con urgencia para ir a estar cerca de tu madre, abrazarla, besarla, cuidarla, ¡hacerle patente el inmenso amor que sientes por ella! Duele mucho… ¡Porque la responsabilidad social es más fuerte!… ¡Porque no quieres contribuir a que este virus se siga esparciendo!… ¡Porque tienes temor de poner en riesgo la vida de tu madre, la de tus seres queridos, y la tuya propia!

Sin embargo, la vida y el sentido común nos dijeron, “quédate en casa” y pospusimos el viaje. Y si, en la medida de lo posible, me quedo en casa. Sin embargo, salgo, con todas las precauciones, a cubrir un turno de 48 horas. Porque si no trabajo, no gano. Porque aún en tiempos del Coronavirus y de cuarentena, no se detiene la vida, ni las deudas se pagan solas.

En tiempos del Coronavirus, duele mucho darte cuenta de que somos seres finitos. Que los seres humanos somos como títeres en manos del destino, de las pandemias, de los gobernantes, y de la economía. Todos quisiéramos saber que pasará mañana, pero no se nos permite, es algo prohibido siquiera, querer incidir en ese misterio. Y así estamos todos, con miedo, con incertidumbre y con pocas respuestas viviendo el cautiverio; y nos toca hacer lo propio para sacarle el mejor provecho a la situación haciendo todas esas cosas que teníamos pendientes por falta de tiempo… Para no volvernos locos…Para no perder la calma…Para no perder la fe…

El antes y el después

En tiempos del Coronavirus mi esposo y yo decidimos, observando las medidas de higiene necesarias, ir a visitar a nuestras nietas la primera semana de aislamiento y llevarles unas golosinas. ¿Porqué? Porque las extrañamos mucho. Ese día, la pequeña estaba dormida y disfrutamos conversar con la mayor y con su mami. Yo con el teléfono en la mano y diciendo: “déjame tomar una foto de tus ojos bellos, corazón”. Ya casi para despedirnos, la pequeña despertó; hablamos un poco y cuando dijimos adiós, con su acostumbrada alegría nos gritó: ¡la próxima semana traigan un yogur, un regalo, y un libro! A la semana siguiente, los abuelitos visitándolas y hablando con ellas, de nuevo, a un metro de distancia a través de la puerta; llevándoles lo que habían pedido; desinfectándolo todo muy bien para pasarlo a través de la rendija del buzón y así evitar ponerlas en riesgo. ¿Ellas dos? Felices gritando nuestros nombres y atropellándose al hablar para contarnos todas esas historias de niñas pequeñas, inocentes y vulnerables. Desconcertadas porque no entienden lo que está pasando, porque ya hace tres semanas que están con su mami, quien está embarazada, protegiéndose sin salir de casa.

En los tiempos que corren y con el corazón roto, quiero compartir con ustedes estas fotos que fueron tomadas en circunstancias muy diferentes. Antes de, y durante la cuarentena por el Coronavirus. La primera, en casa jugando con mi nieta mayor y un abanico, recuerdo haberle dicho, “déjame tomar una foto de tus ojos bellos corazón”. La segunda foto fue tomada durante la primera semana de cuarentena diciendo la misma frase: “déjame tomar una foto de tus ojos bellos, corazón”.

Esta semana, mientras visitábamos a las niñas cuyos apodos de cariño son: Chula, Chulita y Chulitita (para la que aún no nace), tuve una sensación muy dolorosa, de pérdida, como cuando algo te ha sido arrebatado de las manos. Ver a nuestras chiquitas a través de una rendija en la puerta y no poder besarlas, acariciarlas ni abrazarlas nos rompe el corazón; y lo peor de todo es, que no sabemos cuándo podremos hacerlo de nuevo.

En tiempos del Coronavirus, para sobrevivir, necesitamos aislarnos. En tiempos del Coronavirus, millones de historias de personas en todo el mundo pueden ser contadas, sin embargo, muchas de sus voces, no serán escuchadas. Esta historia sobre mi madre y mis nietas puede ser muy simple. Pero algo es dolorosamente cierto; que, en ambas fotos, los ojos bellos de mi chiquita son los mismos, ¡pero su mirada no lo es!

Miriam Castañeda Ávila.

Voces en los días del coronavirus


Paulina Mastretta Yanes, escritora

(Ilustración de portadilla: Ana Belen Carmona)

No sé cómo comenzar este texto. Son las 12 de la noche, oficialmente inició un día más de incertidumbre. Quién pensaría que escribiría esto en medio de una cuarentena. Leo muchas noticias y escucho a mi propia familia, el virus está en la boca de todos -espero que no esté en la boca de todos literalmente- y es una pandemia mundial. Y cada uno hace lo que puede desde su pequeño encierro.



Tantas cosas me terminan abrumando y prefiero apagar el celular, sacar mi libreta y escribir la siguiente parte de mi novela. Soy escritora y lo único que puedo hacer en mi encierro es escribir, esperando que al ser leída pueda hacer feliz por lo menos a otras personas que sufren en medio de la cuarentena.

La segunda parte de mi novela: "La travesía de la Cuerva Negra", cada vez que leo lo que he escrito, pienso en el problema en el que están mis personajes ficticios, en su propio mundo, en su propio planeta tienen que resolver las adversidades a las que están sujetos. Siento sobre mis hombros la responsabilidad de continuar sus historias, de contar cómo siguieron con sus vidas después de los acontecimientos de la Audaz Navegante.

12:12 He pasado alrededor de doce minutos pensando en cómo seguir escribiendo. Las palabras salen de mis dedos o de mi mente, nunca de mi boca pues siempre me ha costado hablar fluidamente de lo que siento, por eso la pluma y el teclado. ¿Acaso este texto tiene algún sentido? Yo creo que no pero me gusta escribirlo.

Recuerdo la nota sobre que los cisnes han regresado a la vacía Venecia pues la calidad del agua ha mejorado, y me doy cuenta de que la calidad del aire de las grandes ciudades va a mejorar. La verdad absoluta es que la única beneficiada por este virus es la Madre Naturaleza. El planeta podrá respirar y espero que esto ayude a ser más conscientes como seres humanos de la importancia de cuidar nuestro hogar pues no importa de dónde seas, somos seres vivos.

Bien, es momento de terminar de escribir. ¿Seguiré mañana? Tal vez, quiero terminar en estos días dos capítulos de la novela. Si hago más será fantástico pero mi reto será dos por lo menos. Y estoy esperando con impaciencia mi clase de latín en línea. El martes y miércoles discutiré sobre las lenguas clásicas. La lengua y las letras están vivas y soy feliz de ser capaz de comunicarme con ellas.



Buenas noches.

Voces del coronavirus

Alejando Cañedo Ortega/Historiador del arte y curador



Al inicio de 2020 me imaginé un año con nuevos comienzos, metas que cumplir y propósitos de mi vida que realizar. Había concluido mis materias de la universidad, estaba preparando mis planes a futuro para titularme e incluso encontré un trabajo en un importante museo. Mis padres, hermanas, familiares, amigos y conocidos me desearon mucho éxito en esta nueva etapa de mi vida, sería gran una experiencia. Después de un mes y medio en la chamba me llevaba bien con mis compañeros de trabajo, y nos volvimos amigos; realicé muchas actividades que valieron el esfuerzo en mi área y aprendí cosas nuevas; pasé buenos momentos con personas con las que me llevo, a las que admiro y quiero. Sentía que todo iba en orden, pero no fue así, las cosas empezaron a cambiar drásticamente.

Empezaron las noticias en las redes sociales sobre una pandemia conocida como “coronavirus”, que se originó en una ciudad china. Una enfermedad que matará a miles de personas y que se esparcirá por todo el mundo. Eso se decía. Al principio pensaba que solo afectaría a países lejanos, pero tras enterarme que se registraron casos en mi estado y por todo el país, vi que esto está llevó a muchos al pánico. La realidad del contagio estaba ya con nosotros.

Mientras seguía laborando en el museo tomé las medidas necesarias y me dije que no habría de qué preocuparse, aunque extrañaría el movimiento en las salas, realizando mis tareas. Después de asistir a una reunión, el museo anunció que cerraría sus puertas hasta nuevo aviso por medidas de salud. Aunque sería nuevo y diferente trabajar desde casa durante la contingencia del coronavirus. Así tendría que trabajar en los siguientes días.



Pero mi mundo ha cambiado. Pienso en todo ello desde el encierro en casa.



Soy una persona que le gusta mucho salir, me siento libre al hacer muchas cosas que me definen como persona: la bicicleta es mi pasión, un deporte que practivo desde hace años, una aventura que me lleva hacia lugares que puedo explorar; además, disfruto ir a los museos y salir con mis amigos a tomar una cerveza o platicar, a aquellas personas que admiro y quiero mucho. Me gusta estar en ambientes naturales, estar en calma y paz en mí mismo. En especial, el lago de Valsequillo, el único lugar donde me siento libre, corriendo en sus verdes colinas en tiempo de aguas, observando los árboles, el movimiento del agua y las aves volando. Además, sentado en la orilla viendo el paisaje hasta el atardecer, esun lugar especial que guardo en mi corazón desde niño. Todo eso compone lo que soy realmente: estar en el exterior y encontrar la paz que deseamos tener en el mundo en el que vivimos.

Así, siento que al terminar esta pandemia podremos seguir hacia un nuevo horizonte, construir un mundo en el que vivir y estar felices día a día con nuestros seres queridos, para que nuestros hijos y las demás generaciones encuentren una forma de crecer como seres humanos. Es lo que espero en esta vida por delante.

Voces en los días del coronavirus

Sergio Guzmán, comunicador, empresario



Después de diversas e intensas conversaciones sostenidas con colegas neurobiólogos y otros profesionales apasionados por la delgada línea que separa la conducta emocional de la reacción bioquímicas, he decidido dejar a una lado el rigor científico en el que he sido imbuido y darle al gran público la oportunidad de conocer mis experiencias con la mente y las emociones. Ya hemos abordado en otras lecturas que nunca he dado prevalencia a las enzimas a favor de un “sabio consejo”, o viceversa, despojar a la ética de su componente emocional, histórico y hormonal.

Al revisar mis apuntes y notas en las distintas clínicas para las que he trabajado y consultado correspondencia con colegas de la Nueva U.R.S.S., Dinamarca, Austria y Kiribati, me veo compelido a compartir con ellos y con usted amable lector, el siguiente pasaje y que reproduzco a continuación.

El siguiente manuscrito fue encontrado meticulosamente doblado y compaginado dentro de una carterita de p.v.c translúcida como las que venden a las entradas de oficinas (y hospitales) de gobierno a fin conservar y proteger documentos importantes. Estaba en un sótano en el que los clisés de paredes que miran y escuchan, metiches en fin, y otros lugares comunes quedan diluidos en la realidad post-epidémica que nos tocó vivir. La señora que me lo hizo llegar, sirvió como empleada doméstica. Allá en las épocas en las que había agua corriente con la que se podía lavar ropa, electricidad para conectar una aspiradora, y servicios urbanos que llevaban y traían a millones diariamente desde y hasta sus lugares de trabajo.

El Dr. Krsinsky del instituto Lenin de Investigaciones del comportamiento y del aura a igual que mi casera y una moneda que tiré al aire me convencen de transcribir letra por letra este hallazgo. Así que, adelante:



DIA No. 567 DEL BROTE, DECIMO SEXTA SEMANA EN FASE 8° // Miércoles por la mañana.



-Así, duro, duro, dale. Ponte más pomada. Pero dale duro…

- Te va a doler

- A ti qué … tu dale.

Los jadeos comenzaban a perlar las frentes y ambos se dieron un respiro.

-Se acabó.

-¿Qué se acabó?

-El diclofenaco, pos que ha de ser… ya no sale nada del tubito. Dijo él, mientras hacía como quién sacude un frasco de cátsup.

-Ahhhh ¿y el camión de suministros cuándo pasa?

- No te acuerdas que los cascos azules abandonaron México en desbandada el mes pasado.

Ella tuerce el cuello arriba y abajo, izquierda y derecha y se coloca el termómetro en la boca como lo hace cada hora o cada vez que lo ve.

Él le muestra un calendario tachonado de la carnicería “Las Delicias” en el que metódicamente marcaba de acuerdo con un código de colores con pies de página los eventos que merecieran la pena. Así por ejemplo: “día 264 de brote, cuarta semana de fase 6°” (sic N. del Editor)

-Ya nos cargó el payaso

-Se dice pintor

¿Qué, que, qué?

-Claro que NOOOO

Se dice: Ya nos cargó el payaso.

-Pintor

-Payaso

Ella seguía parada en el quicio de la puerta mientras operaba el interruptor de la luz en forma inútil. Él asiente.

-O la chingada, ¿como ves?

-De acuerdo. Ni tú, ni yo. La puritita chingada.

La etapa en la que los desacuerdos triviales generaban discordias insólitas había dado paso a una tregua que llamaré pax-pandemica. Una especie de resignación asistida por los respaldos de You Tube, y otras plataformas, avivadas por el stock de baterías de auto, conectadas a una TV, cuyo último noticiero al aire dejó de trasmitir cuándo al aire, López Dóriga comenzó a desvariar en un delirio a todas luces febril, a hablar pestes de Anthony Hopkins y de Azcárraga (padre).

Los cascos azules abandonaron a su suerte la planta generadora o de a tiro, se les acabó el huachicol para echarla a andar.

Los últimos remanentes del orden social comenzaban a desmoronarse.

Ambos miramos al mismo tiempo, pero disimuladamente los bidones de magna sin plomo que tenían en un estante “por si las flais” (por si las moscas del inglés flies N. del Editor)

-¿Ya vimos esta?

-Como dos o tres veces. Es una cursilería que no me chuto de nuevo.

-Pos yo tampoco me voy a poner a ver documentales del Holocausto o de las migraciones de austronesia.

¿yoga entonces?

-Va. Pero la rutina light del muchachito de barbas que está re chulo

- Que re chulo ni que mis …

La vida social no se detuvo del todo y se organizaron puntos dónde se dejábamos recados a vecinos en lugares (sobre una banca de parque por ejemplo) preestablecido para implementar el cambalache de UBS con series, documentales, pelis, juegos y desde luego, predominando, las porno seguidas muy de cerca por La Rosa de Guadalupe. Los más demandados por mi eran los documentales de la peste negra del siglo XIV y los de la Influenza española.

La psique humana en todo su esplendor. Se dice que alguien encontró un recado que decía:

“cambio salchichón, caja de galletas marías y USB con series de Amazon Prime por Game of Thrones (completa aunque no venga el último capítulo)”. Es de suponer que no encontró ofertantes.

He compartido estos hallazgos con mis colegas a través de cartas que demoran meses en responder y en todo el mundo la situación es similar. El último país en tener internet fue Finlandia y por lo visto se convirtió en la fuente de tráfico ilegal de USB’s.

El estado de emergencia se ha extendido mucho más de lo esperado. Algunos culpan al comité Olímpico que echó pa’ atrás su decisión de cancelar los juegos del 2020; otros afirman que todo es una conspiración de las farmacéuticas o de la 4T para perpetuarse en el poder. El hecho es que no tardó la población en entender que no era por conveniencia quedarse encerrado en casa, sino un acto de supervivencia elemental. Veíamos a nuestros vecinos por la ventana y en poco tiempo con un pizarrón y binoculares nos pusimos al tanto de la suerte de Doña Chona que no la libró y de sus hijos que si la libraron y crearon inmunidad para convertirse en correos y malandros. Traficantes de licor, mensajeros, cantores de serenata, etc.

- ¿Ya hizo pi pip?

-no

-Me pasas un pañuelo. ¿ya hizo pip?

-36.7°

Saco el calendario de la Carnicería Las Delicias y anoto con sharpie azul la temperatura de mi mujer.

Ella me pide que armemos el rompecabezas de 10,000 piezas del paisaje de boscoso al que le faltan tres piezas y desganado saco la caja mientras ella me mira picarona.

-Adivina que tengo aquí. Me muestra su puño cerrado.

Adiviné. Ella había encontrado las tres piezas extraviadas en la caja de otro rompecabezas,

Extasiados y como si fuera el fin del cautiverio, nos pusimos a armarlo. Románticamente.

Un toque de queda no es nada en comparación con el encierro voluntario del mundo entero.

Nadie quería salir de su casa y comenzó lo que psicólogos y antropólogos se dieron en llamar el síndrome SÁCALA (síndrome agorafóbico de confinamiento letal agudo). Nota: el acento es de mi cosecha.

Durante muchas semanas la gente dependió de los suministros que nobles y valientes samaritanos entregaban domicilio por cuenta del gobierno primero. Luego de ONG internacionales, luego la gente se dividió en bandos que apoyaban a tal o a cuál líder a cambio de cornflakes, sopa de lata y bidones de agua y Tajín en polvo. A veces había latas de salchichas, legumbres marchitas, y embutidos. Estos siempre fueron muy cotizados. La Maruchan perdió su valor muy pronto y se la aventabas en la cabeza quién te la ofreciera.

Ominosa e inevitable comenzó la carnicería.

El bullicio nocturno al que estamos acostumbrados en la ciudad con los ladridos y maullidos, cesó. Y la ciudad se volvió realmente silenciosas, luego, las ardillas dejaron de pasearse por postes y árboles, pajarracos y otras inmundicias desaparecieron. Los grillos nunca regresaron a la ciudad porqué sabían lo que les esperaba.

Tuve la certeza que las cosas iban de mal en peor cuando me percaté que estábamos haciendo yoga en nuestros respectivos mats mientas mirábamos un programa grabado de Paty Chapoy. Estábamos a punto de colapsar. Y así, día a día, se acabó el calendario de Las Delicias y perdimos la noción del tiempo y de otras cosas también.

-¿Como que con esto?

- Si ándale estoy muy contracturada.

-Pero si es ¡adobo!

- Si pero, debe tener algún aceite natural.

Una vez, más duro que dale y dale. Las frentes perladas de sudor y los gemidos a todo volumen.

Esta fue la última anotación del diario.

Ahora que una vez más contamos con la libertad de tránsito y cercanía humana para el que nuestro sistema límbico evolucionó, me he dado a la tarea de localizar a esta pareja misteriosa. Busqué en el barrio donde vivían, pregunté a vecinos y sobrevivientes de la epidemia y cuando estaba por rendirme vi a una pareja tomada de la mano caminando por la acera. Ambos sonrientes y cordiales al pasar a mi lado saludaron con sus rostros pigmentados de un rojo gastronómico que no me dejó lugar a dudas. Ah… la psique humana.