Voces en los días del coronavirus

Voces en los días del coronavirus

Mundo Nuestro. Vivimos tiempos que marcarán la historia del mundo. COVID-19, le dicen los enterados. Coronavirus, para el vulgo. En esta mudanza estamos en el arranque de la primavera del 2020. De ahí recogemos estas voces.

Voces en los días del coronavirus

Rosa María Téllez, publicista en Queens



Rosa vive desde hace tres décadas en Nueva York. Tiene su raíz en Chila de la Sal, en la mixteca poblana. Trabaja como publicista y consultora de imagen para la comunidad mexicana en Queens. Rosa me escribe recados breves en el messanger. Lo hace así desde hace años. Ella participó en el documental Contigo al norte, Guadalupe. Es una mujer que no deja de pelear por su familia. Esto me ha escrito estos últimos días. (Sergio Mastretta)

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Del baúl de recuerdos en mi tiempo libre depurando papel y lo que no ocupamos este tiempo sirve para reorganizar y recordar lo que teníamos abandonado. Mire, Sergio, encontré esta tarjeta de cuando nos conocimos en el año 2004.



Sabe Sergio, yo estoy en calma. Yo estuve en un refugio cinco meses. Y sé qué pasos seguir. Llevo ya treinta años en Nueva York. Aquí nacieron mis hijos. Aquí ellos hacen su vida conmigo.

Estoy bien, Sergio. Aqui va ver Miguel Hidalgos y Zapatas, para poder vencer con Valor y Orgullo sano.
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Mi vida giró 360 grados. Trabajé para la ciudad en una oficina de shelters, y sé que ninguna ciudad está preparada para esto. Yo sé que tengo la mente abierta para el cambio, sé que tengo que seguir el protocolo de prevención de no salir, usar guantes y cubrebocas, lentes y lavarse las manos con jabón regular es dar un gran paso. Cuando yo tengo que salir, al regreso, antes de cruzar la puerta me quito todo y entro solo con mi persona. Mi hija Tani dice que soy exagerada, pero la ignoro, inmediatamente entro a bañarme y a desinfectar el celular dentro del baño. Sólo así puedo continuar atendiendo a los niños.

Jean tiene siete años, es Dawn Sindrom, y Vanessa de tres años, Michael de trece y Tanairi de 28 años. Ellos necesitan ese respeto y ese protocolo de limpieza para yo no traer de la calle el Virus...

Ahora estoy en casa, bueno, yo no tengo un computador, y eso me tiene atrasada. Fui a ver cuánto costaban y prefiero guardar dinero para la comida mis chicos y un vinito y pedazo de quesito para cuando se me baje la moral. Así que veo las noticias en la tele. Llegó un barco a New York con capacidad de mil camas. Dicen que es para personas que no tiene coronavirus para que los hospitales se enfoquen en los pacientes graves. En el Central Park también el gobierno levantó un hospital ambulante y el centro de convenciones Javits Center en Manhattan hoy abrió el hospital que la Guardia Nacional equipó con camas y todo lo necesario.

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Tengo una amistad del área de Pediatrics en el Helmhurts Hospital. Le llamo para ver cómo está y poniéndome a sus órdenes, pues tengo algunas cajitas de guantes y unos cuantos cubrebocas para llevárselos. Pero ella no quiere yo vaya. Me dice que la situación es grave. Que mejor ella me avisa mañana. Siento una impotencia muy grande. Queens es el pulmón del obrero. En todas las áreas. Y este golpe a NEW YORK va a repercutir grandemente en toda Latinoamérica. Los envíos de dinero, un ejemplo, a algunas áreas más alejadas a través de Wester Union, las tiene bloqueadas, ejemplo Argentina, esto lo tengo como información de una fuente allegada, depositaron aquí y no lo pueden cobrar allá. A mi madre en Puebla la semana pasada sí pudo sacar el dinero por Delgado Travel y tener algo de dinero. Pero si yo no salgo a trabajar yo no podré seguirla ayudando, y así muchos Pueblo, Sergio, esta es una realidad.

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Un poco de humor, Sergio.

Sabe, durante 30 años, como no teníamos seguro médico los mexicanos no nos podíamos dar permiso enfermarnos. Yo compré tequila para curar a la mexicana esto que no sabía que era en caso llegara. Y la posion es té de canela, miel Limon y un shack de Tequila.

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Hablo con mis amigas. La están pasando difícil. Tengo una amiga cabeza de familia, es de Teziutlan, Puebla, ella labora y tiene experiencia por veinte años en el área de la pizzeria, trabaja en la 43st Times Square y 5 Avenue, esto le está afectando grandemente ya que no cuenta con documentos, y aunque ha reportado impuestos con el Itin number, será de las familias afectadas que no podra reclamar ayuda de la ciudad, a pesar de tener hijos que dependen de Ella y son ciudadanos americanos.

Otra mujer que conozco, ella es de ciudad de México, es trabajadora de la limpieza, madre soltera de tres hijos y soporte de su madre en México, bueno, sus empleadores le avisaron que ya no la necesitan, y ella es soporte de su Madre en México. Ambos casos con una renta de apartamento de 2800, sin incluir otros gastos y sin documentos.

Y los casos de familias migrantes muy similares de Ecuador, Colombia, Bolivia, Venezuela. Otra amiga, en este caso salió huyendo de Venezuela y se desempeñaba en área de manicurista en mercado americano, y está en el limbo. Llamé a personas que trabajan en lavanderías y sí están laborando con mucha exposición porque trabajan en contacto con ropa de todo el mundo.

Tengo otra persona, un amigo de Veracruz de una cadena restaurants, una empresa mexicana en Wall St y la Corporación, está parada, si para llevar la comida, Ni para ofrecer delivers. Él se desempeñaba Como mesero con una experiencia de 25 años, vino graduado en finanzas y hotelería, con visa llegó a New York muy joven, su madre lo espera y depende de él. Y sin documentos, solo y sin familia, es triste. Y así tantas historias que se tejen a mi alrededor.

Y en el área de la construcción, los contratistas mexicanos independientes cero trabajo por que la empresa no está legalmente registrada y los clientes en estos momentos no están dándoles trabajo permanente. Definitivamente el mercado laboral mexicano será afectado grandemente. Y Sergio, es un impacto catastrófico al 100% en todas Las áreas. Y toda esta gente sin ninguna protección legal. Y El consulado de México no está ofreciendo ningún recurso de emergencia económica.

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Sabe, Sergio, en diciembre soñé pescados gigantes y pulpos cayendo del cielo. Y en febrero el mar revuelto y yo sobre uno de esos mariscos de pie y con mucha adrenalina y sentí gente atrás de mí con miedo. No entendía. Hoy se esto va durar Todo abril. Y en Mayo saldrá el sol yo lo se...

El Padre de mis niños chiquitos ya no quiere saber de mi con mis sueños

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En México espero sigan esta rutina de quedarse en casa que aliviará el problema a gran escala.

Voces en los días del coronavirus

José Juárez, un chamán totonaco en Nueva York



RELACIONADA:

Un curandero totonaco en Nueva York/José Juárez

Saludos Profe, aquí mi Alucine, de este Apachito Mitotero, porque no me ven como Un Guerrero...



Nosotros los de Abajo en tiempos de Corona Virus. (COVID-19)



''A veces el Pato Nada, A veces, ni Agua Bebe''. Dicho Popular en México, además un Extracto de la famosa Obra Literaria, en tiempos de la revolución Mexicana, Escrito por: Mariano Azuela, Una vez más se comprueba que cuando el Ser Humano, no conoce de Historia o Su Historia, los errores se vuelven a Repetir, Pero diría otro dicho Popular y también, extracto de la novela, de Juan Rulfo, el dicho es: ''Nos va de Mal en Peor'‘.

Y del Por qué Nos va de Mal en peor, en los Inicios del Nuevo Milenio, simplemente es que Estamos peor que en los tiempos, de la revolución Mexicana, supuestamente Ahora, ya superamos la Ignorancia, de que ya sabemos leer y Escribir y no solo eso, Estamos en plena era de la comunicación, de que supuestamente, ya no se le puede engañar a nadie, pero de que sirve Tanta herramienta con que contamos.

Aquí como Migrante, sin Familia, sin Patria, sin Amor, tiempos difíciles, rebasando ya el medio Siglo de existencia, el precio del despertar y la rebeldía, pero desde que tango uso de razón, siempre he aceptado mi destino, y sigo firme en mis convicciones, como migrante, no soy cualquier Migrante, soy indígena , antes que nada, como Totonaco, {3 veces Corazón, 3 veces Dios, ya que Dios es el Mismo corazón}, Por muy Desfallecido que me sienta, tengo mucho Por hacer, en el diario vivir, cada día es más difícil, y ahora con el Corona Virus (COVID-19), el pánico y la zozobra que veo. Da pena, no tanto Por la pandemia, si no más por el miedo del shock que Tiene la gente y lo Absurda que es la reacción de la misma.

Triste ver Negocios Cerrados, ''nos llueve más sobre mojado'' Por la experiencia Propia, en que he vivido, tan difícil de mantener un negocio, los últimos 10 años, Y ahora con su Corona Virus, veo también de Nuestra gente, que viven al día, aquí uno trabaja más que para los gastos, entre renta, luz y comida, se Nos va muestro dinero....Ahhh pero eso sí, La vanidad y las apariencias están a la orden de día, en mis casi 30 años de vivir en USA, en el Mismo lugar, con la misma gente, estribillos de Una canción, me sale lo Mexicanote que soy, como cualquier ser humano, que Bonita filosofía, en mis tiempos de debilidad, ''Quien no llega a la Cantina, exigiendo su tequila exigiendo su Mezcal'' - ''Quien no sabe en esta Vida la traición tan conocida que Nos deja un falso amor''....Esa es otra Historia..

De Tantas Averiguaciones, que hice Unos No les está afectando mucho como a otros, cuestión de suerte, en las compañías de trabajo que Tienen, en Manhattan, uno de los afortunados es Juan Topochtli, Originario del Estado de Guerrero, el Hace de todo, desde Carpintería, Construcción, Shirraquero, etc., Mil usos, como muchos Mexicanos Migrantes a lo que vino , a trabajar, ahora le taco trabajar , pegando azulejos, en unos Edificios Nuevos, pero lo nuevo, en este tiempo, es que ahora en su trabajo, como extra, contrataron una compañía de Limpieza, que se Encarga de desinfectar en el edificio completo, en las mañanas y en las Tardes, pero reducen las Horas de trabajo, en los elevadores, no permiten más de 4 personas, como prevención, del contagio del virus (COVID-19).

Saul Medina,(47 Años) Otro Migrante originario del Estado de Guerrero, Trabaja en Una Fábrica, hace 2 semanas apenas , estaba Internado en un Hospital, por Fuerte infección de Riñón, anda muy débil, yo le recomendé que descansara, pero él dice que no, así todo convaleciente, está trabajando, pero además de la infección de riñón, Tiene Diabetes, lógico Tiene las defenses orgánicas muy Bajas, y desde luego, con el virus (COVID-19) es más facial que lo tumbe si se contagia. hace unos dos meses, en México Operaron a su Esposa, de un tumor en el Ovario, Dice Felipe, que no Tiene el lujo de dejar de trabajar, Porque tiene Familia que depende de él, Estas historias tristes, de Nuestra gente Migrante.

Otras personas que trabajan en un supermercado, departamento de verduras, cada vez se escasean más las verduras, más limitado cada día, el departamento de Salud del Estado de New Jersey, casi todos los días Amenazan, a Cerrar, Según Por Seguridad, hoy 30 de marzo, que según en 2 días cierran, dice nuestro amigo, ''Mientras halla trabajo hay que chingarle, a Nosotros no le tenemos miedo al Corona Virus, como quiera nos vamos a morir'' (no quiso dar su nombre), así es de aventado Nuestra gente..

Seguimos en el Supermercado, me explicaron, las señales de Cruz, que están pintados o marcados en el Suelo, La distancia que debe de estar de una persona a otra, unos 30 centímetros, están las señales, pero nadie respeta, me explico el Carnicero, que no quiso decirme su nombre, ''Ni Modo Hay que chingarle'' a eso vinimos al Norte.

Luis Zúñiga Ruiz (48 años), Proveniente de la Sierra Mixteca Poblana, él Trabaja, de Jardinero, fue uno de los Afectados de que quedara sin trabajo, de Juntar Hojas secas que no terminaron de recoger en Otoño, que no pueden hacer este tipo de trabajo, Por la sopladora, de que avienta y dispersa el Virus, se quedó en su Casa, Tiene familiares enfermos de Diabetes, el esta consciente de la vulnerabilidad que Tienen sus familiares enfermos, su hijo trabajaba en una ferretería, lo triste e inconsciente que son los dueños del Negocio, les prohibieron Usar mascarillas, además según se acabó, vendieron todo, me conto, de que, un anciano, no podía respirar y le dio un ataque de tos, se preocupó, este tipo de exposición de su Hijo (Edy Luis Zúñiga). Para no exponer más, Luis Papa le dijo a su Hijo que renunciara al trabajo...

Lo vergonzoso de Nuestra Gente, se manifiesta en las calles Por donde quiera están Tirados, Mascarillas, Guantes Tapabocas, entre si es muy peligroso o no , pero estos tipos de Actos no se hacen, como se cataloga eso…?Mmmm, No es Ofensa , es Una Realidad, Por muy duro que sea, necesitamos cultura, Ética y Moral, muchas otras historias, que veo, que nunca terminaría de narrarles, Estamos, ciegos, Sordos y Mudos en tiempos de Corona virus.

Micha gente de México nos ve a nosotros los Migrantes, que nosotros estamos muy Bien por estar en el Gabacho, pero sin embargo, Por no Tener Papeles, no tenemos, ningún tipo de Ayuda, un cliente de Mi negocio, Leecatzin, lleva meses sin trabajo fijo, la le quitaron su colecta, siendo Ciudadano, está muy preocupado con esta crisis del COVID-19, Porque esta sin trabajo y sin dinero aun siendo Ciudadano...

Los Estímulos y ayudas de cheques de mil dólares al mes, en lo que dura la Crisis del (COIVD-19, solamente cualifican Ciudadanos Dueños de Propiedades y Negocios, pero hay que calificar muchas exigencias, Los Pequeños negocios, no cualificamos y mucho menos los que no tenemos documents, Porque muchos de los que tenemos pequeños negocios hemos abierto con el Tax ID Number {número de identificación para pagar impuesto}

Cual sueño Americano, Es Nuestra Pesadilla, comparando otra vez de Uno de los cuentos de Juan Rulfo, Nos han Dado la Tierra, pero Tierra y sueños de Sangre, Sudor y Lágrimas, que ya ni llorar es bueno, ''Mal de todos Consuelo de Tontos, así somos los de abajo, Estemos en done estemos, Nuestra triste realidad.

José Juárez

Voces en los días del coronavirus

Juan Carlos Canales, filósofo



… El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero una tormenta desciende del Paraíso y se arremolina en sus alas y es tan fuerte que el ángel no puede plegarlas. Esta tempestad lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al cual vuelve las espaldas, mientras el cúmulo de ruinas sube ante él hacia el cielo. Tal tempestad es lo que llamamos progreso

W. Benjamin


(Ilustración de portadilla: "El grito", de Edvard Munch)



Breviario de lectura, 2 de abril, 23.00 Hs.
* Mal va el mundo, pero muy mal, cuando se recurre a categorías biológicas o zoomórficas para estigmatizar al otro. Ese principio sostiene la lógica de la inmunidad por la cual se legitima la desaparición de ese otro como agente - externo o interno- que descompone la salud del cuerpo social ( Cfr., de Foucault a Esposito ). Y es la fuente que alimenta toda voluntad totalitaria, sea de izquierda o derecha. El peligro de concebir la actual pandemia como una “guerra “ entraña algo más que una metáfora; su peligro real descansa en el potencial desplazamiento de este concepto médico: inmunidad ( aunque su origen sea jurídico ) hacia otros ámbitos de la política y la sociedad.


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Observo mis estados de ánimo como si no me pertenecieran, no como fenómenos de mí, sino como fenómenos que ocurren en mí. Eso me permite conjurar el melodrama de toda confesión

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Insignificancia.- Esa es la primera palabra que viene a mí para designar el estado de ánimo que me atraviesa y, posiblemente, atraviese a miles de hombres; una palabra que, habiéndola desterrado de nuestro lenguaje, ahora, es la única que nos permite compartir un mundo en común

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Después de la pandemia, la condición será reinventarse, no reconstruirse. ¿Para qué habitar nuestras propias ruinas?


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Las murallas, más que protegernos de los otros, acaban siempre por asfixiarnos a mano propia



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Ni las grandes construcciones de la razón, ni los sistemas religiosos, ni acaso las obras de arte, hablen mejor de nuestra condición que los temores que nos habitan. Nuestra historia es la Historia de nuestros miedos. Y, tal vez, la única a la que debamos otorgar algún crédito

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Lo que una crisis como esta nos permite vislumbrar es la fractura que hay entre el desarrollo científico y tecnológico de una sociedad y su desarrollo moral: ninguna guerra, ninguna epidemia, ninguna catástrofe, nos han hecho mejores

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Paradójico, por menos, que todas las construcciones que levantamos en nombre de la civilización, para separarnos y blindarnos de una naturaleza supuestamente ominosa, empiecen a devorarnos

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Poco a poco, a medida que avanza la catástrofe, dejamos de ser un nombre, una historia, las señas de identidad que nos dan un rostro entre los rostros y nos reducimos a un potencial agente de contagio, la suma de flemas,
humores, secreciones; una cifra. La pandemia nos devuelve al animal – zoe- que alguna vez fuimos y del que creímos escapar.

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A diferencia de otros momentos, en los que la cultura o la moral legitimaron aleatoriamente la persecución, estigmatización y exclusión de pueblos enteros, la modernidad encontró en la razón y sus sucedáneos la tierra firme para perpetrar los peores crímenes de la historia

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Contrario a la idea de von Trier en Melancolía, donde la potencia de la catástrofe es la condición para abrirse al mundo y a los otros, la pandemia, por el contrario, nos atomiza, nos convierte en un puro pliegue; divide al mundo en dos mitades irreconciliables

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Sobre la estructura genética de los virus se montan, o se tejen con ella, todos los fantasmas de una época, hasta ya casi no poder distinguir entre Biología y Política; Ciencia y Cultura

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Caminamos tozuda, inexorablemente hacia un abismo. Y como tantas cosas, descubriremos, tardíamente, el momento en el que teníamos que habernos detenido. Todo aviso de incendio es intempestivo




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La naturaleza no conoce ninguna moral; no es buena ni mala, vengadora o compasiva: es apenas una fuerza ciega, sin sentido, difícilmente simbolizable. Y esto es lo que más nos aterroriza

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Somos un cuerpo obeso. Pronto nos aplastará el peso de nuestras propias construcciones

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La moral empieza en la frontera donde se rompen nuestras certezas

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Solo la condición humana es opácea; la naturaleza no conoce la resistencia

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Nuestros modelos de interpretación de la naturaleza son arbitrarios; la objetividad descansa en la verosimilitud o coherencia de un sistema y no en una verdad extrínseca a él. La ciencia es un gigante con pies de barro


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La ciencia es melancólica: su empeño consiste en perseguir objetos que nunca va a alcanzar, sean estrellas desaparecidas hace millones de años o microorganismos que mutan día con día

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El virus traspasa y cimbra algo más que lo “real” de un cuerpo: perfora todas las investiduras simbólicas e imaginarias que hemos construido a nuestro alrededor

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No defiendo ninguna tesis conspirativa sobre el origen y expansión del coronavirus, pero algo que deberíamos haber entendido hace ya mucho tiempo: desde la bomba atómica, la cuesta de la guerra derivara cada vez más en guerras biológicas, atacando el nivel más elemental de la vida

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Homo Sacer. No es difícil pensar que a partir de ahora el mundo se reconfigure sobre el único rasero de los hundidos y los salvados; los contaminados y los puros, y el musulmán vuelva a sintetizar el destino de nuestra era

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Posiblemente, todo el debate en torno al COVID 19 se reduzca a una sola pregunta: ¿estaríamos dispuestos a sacrificar la conquista de la libertad humana a cambio de unas cuantas certezas que garanticen nuestra sobrevivencia como especie?

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La catástrofe también arruina el tiempo: convierte todo en espera; una espera que no cesa y se prolonga infinita un día y otro y otro más, hasta dejarnos fuera de un pasado que nos pertenecía y de un futuro incierto pero posible. Y entonces nuestro mundo pende de una sola palabra: tedio. Tedio, solo eso


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No hay interlocutor más importante en la vida de los hombres que la muerte; sin embargo, como escribió Chataubriand, nunca nos atreveremos a verla de frente. Por eso, también, toda escritura es elíptica

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No serán las guerras, ni la suma de las catástrofes naturales, las que acaben con la civilización occidental, sino la confianza que ha marcado su destino: lo reprimido siempre regresa


En algún lugar de Puebla, a 31 de marzo de 2020

Voces en los días del coronavirus

Emma del Carmen, @emmadelcrimen



(Ilustraciones de Sofía Probert. Instagram sofia.probert /facebook

https://www.facebook.com/sofia.probert.arte/)

Escribo esto desde la comodidad de mi sillón; desde la computadora que cada mañana me permite tomar yoga online, escuchar master classes de los mejores escritores y cocinar recetas con consejos virtuales de los chefs más reconocidos del mundo. Escribo esto porque tengo el tiempo de levantarme a las doce del día y ver una serie en cualquier plataforma de streaming que se me antoje. Las tengo todas.



¿Coronavirus? ¿Cómo? ¿No son vacaciones? ¡Pero si acabo de ver en Facebook que hasta la Central de Abastos me trae mi súper a domicilio! Ojalá traigan terminal porque no he ido ni al cajero y ojalá que nada venga en bolsas de plástico; puros tarros de vidrio, porque hay que cuidar el planeta. En mi casa todo es eco-friendly. Esperen, déjenme apagar mi cigarro para seguir escribiendo.



¿Por qué escribo esto? Es la primera pregunta que viene a mi cabeza: qué tiene que decirles una niña mimada que pasa la mitad de su tiempo leyendo y la otra mitad escribiendo poesía (como si la poesía no fuera ya, de por sí, un privilegio), ¿qué cosa podría decir yo que ustedes no sepan? Me imagino que, si están leyendo (me) es porque tienen tiempo. Y el tiempo, por encima de todo, es lo que le falta a este país.

Entonces, ¿qué está pasando allá afuera?, ¿por qué las calles no están vacías? Las redes sociales, nuestro único periódico, se desbordan con encabezados alarmantes: crisis mundial, pandemia, enfermedad, muerte. Pero en México se sigue trabajando. Algún romántico dirá que son ganas, pero todos sabemos que es la imagen de la terrible desbalanza que nos carcome y de la que muy pocos nos queremos dar cuenta.

El aislamiento ha sido toda una fiesta. Excepto, ya saben, para los obreros, los intendentes, las trabajadoras del hogar, los conductores del metro, del pesero, de la combi, de los taxis, las mujeres que limpian las calles, los vigilantes, los dueños de las comidas corridas, de los locales pequeños, de las papelerías de la esquina, las dueñas de los abarrotes. Ya saben, aquellos 30 millones de mexicanos que tienen que escoger entre infectarse o matarse a ellos y a su familia de hambre. Esos 30 millones, na más. Aguafiestas.

Disculpen mi sarcasmo, no es que los quiera incomodar. Mi problema es que a mí este país cada vez me incomoda más (figurativamente hablando, claro) y, como buena mexicana, no me gusta hacer las cosas sola, a mí que me acompañe toda la banda.

Pero ya, vamos a ponernos serios.

La suerte del peldaño en el que nací me ha dado todo. Purititita suerte la mía. Pero hay algo que no me ha quitado todavía: la ansiedad. Eso sí, pa’ que vean, no es cosa nada más de privilegio. Bueno, aunque, si tomamos en cuenta mis tratamientos psicológicos y psiquiátricos de más de $1,000 al mes las cosas toman otra cara. Supongo que no, no todos tienen oportunidad de erradicar los demonios de sus cabezas, supongo que tienen que pensar en otras cosas (¿habrá tiempo de pensar cuando trabajas jornadas de 11 horas al día?).

¿Saben por qué estoy tan tranquila? ¿Por qué tengo tanto tiempo? Porque no he salido a la calle y no he estado arrancándome las uñas pensando en los secuestros, los feminicidios, las muertas de cada día, el qué pasará si me agarran, si me violan, si me matan. Eso sí, el coronavirus me dio la oportunidad de quedarme bien encerradita y tomarme un descanso de caminar como muerta viviente.

Ay, mi México, tú que me das y me quitas tanto todos los días. Un día me quitas 10 mujeres y las regresas muertas, al otro me das un virus que resguarda en su lecho al 1% del país mientras el otro 99% se devora chambeando. Pareciera que nos quieren eliminar: entre los feminicidas asechando y la naturaleza defendiéndose, México se va despoblando. Se van a quedar na’ más ese 1% de niños mimados que a ver si se ponen a sembrar y cosechar sus maíces, porque si no también se van a morir de hambre.

Pero yo qué voy a saber, soy solo una niña mimada más.

Voces en los días del coronavirus

José Ramón Lozano Torres, empresario del sector de alimentos.



(Fotografía de portadilla: Raúl Rodríguez Bautista, 29 de marzo de 2020)

Esto empezó hace 2 meses con la noticia de que un virus raro había aparecido en una provincia lejana de China. Siempre China ha sido algo exótico, muy lejano y misterioso, así que una noticia como esta no era de ocupar ninguna atención. Hace dos semanas preguntaba a mis cercanos si sabían de alguien de su familia o de sus conocidos que hubiera contraído el virus y todas las personas me respondían que no…y la vida en la calle demostraba lo mismo, no mostraba señales de inquietud a pesar de que las noticias de Italia y España ya eran de contagios masivos e insuficiencia de servicios en hospitales y que ya se escogía a quien salvar y a quien dejar morir. Hoy personas muy cercanas y sus familias se han contagiado al igual que sus grupos de amigos que disfrutaron vacaciones juntos. Ya el cuñado de una amiga murió en Houston a los 5 días de que empezaron sus síntomas. Y otro amigo está en terapia intensiva en un hospital local. Las calles han respondido a medias a los tímidos llamados oficiales a resguardarse y evitar el contacto con personas denotando el desinterés de la gente, la incredulidad, y la resistencia a modificar el comportamiento de la convivencia urbana en todos los sentidos de las actividades normales de la vida. Hoy, todos los restaurantes vecinos, así como hoteles y bares están cerrados y sólo permanecen abiertos los pequeños establecimientos de comida informal como fondas y loncherías que sí, tienen personas asistiendo.

Ya es viernes, nosotros cerramos desde el martes cuando debimos haberlo hecho desde el sábado anterior pues ya nadie nos visitó. Nuestro capitán de meseros me dijo “ya me di cuenta de que esto va por capas poblacionales o sectores socioeconómicos. Algunos parecen estar más consciente e informados y por eso han dejado de venir, pero en la calle, en el zócalo y los portales el bullicio usual de fin de semana pareciera seguir despreocupado sin alarmas encendidas”.

Nuestros gobernantes hasta la fecha han dado tímidos y desorganizados mensajes de precaución y de cuidados especiales y enérgicos mensajes de no alarmarse y de tener calma. No se han dictado medidas severas y obligatorias como en muchos países. El tiempo dará el juicio de sensatez, temeridad o irresponsabilidad absoluta al comportamiento y ejemplo de los líderes públicos a quienes una gran, enorme cantidad de personas han otorgado con su voto, su confianza y permiso para ser guías del comportamiento social. Como en los rebaños de borregos, el grupo sigue al que va adelante, aunque no sepa que rumbo lleva. Los días pasan más despacio; no hay que desplazarnos a ningún lado. El tiempo invertido en movilizarnos en el ajetreo cotidiano, hoy que se ha puesto en pausa, nos da la oportunidad de destinarlo al interior de nosotros mismos y a visitar ese espacio que quizá hemos olvidado que existe.

Quédate en casa, no salgas, pero visita tu interior es una oportunidad única de plantearte un cambio. Descubre que el cielo es más azul que siempre, que el aire esta menos contaminado, que los ruidos se han apagado y el silencio es mucho más evidente. Despacio muy despacio vemos como la anunciada enfermedad se acerca, se propaga. Hasta hoy las noticias, las redes, los nervios, las diferencias de opinión, el encono de unos y otros, el desconcierto y la incredulidad nos abrazan y nos ocupan, pero la enfermedad todavía no. Estoy seguro de que ya no tarda ese momento. ¿Cuándo el mundo había estado tan unido en una causa, en un tema, en una calamidad como ahora? Me atrevo a decir que nunca antes y aunque es tentador, no creo en las tantas teorías de las conspiraciones que he escuchado y en las que muchos incluso respetables amigos creen y me quieren convencer de que crea. No hay todavía en el mundo mentes tan sobresalientes que conspiren de esa manera para sacar un provecho particular. En mi opinión esta enfermedad no es creada para un fin específico, aunque sus consecuencias y efectos sean aprovechadas por muchos conspiradores para fines de toda índole, perversos, económicos, políticos, religiosos, de individuos y grupos algunos con recursos inimaginables. Esta enfermedad como todas es por un lado parte de la misma naturaleza y por el otro, resultado del irracional comportamiento humano, de la movilidad sin control, de la arrogancia de creer que todo se tiene dominado, que no hay consecuencias del actuar despreciando a la creación, de mantener un mundo contaminado que se ha sobreexplotado, sobrepoblado y donde la especie humana se ha sobrevalorado y auto justificado hasta el punto de usar todo para su beneficio y de provocar daño de consecuencia imprevisible simplemente porque cree que no le va a tocar sufrirlas. Una arrogancia de sentir que se domina todo, que se controla todo, porque incluso la persona se siente ya cercana a superar la enfermedad y posponer a su gusto la muerte.



Yuval Noah Harari en su Homo Deus dice en 2015 que la humanidad “después de haber conseguido niveles sin precedente de prosperidad, salud y armonía”, plantea como probable que “sus próximos objetivos sean la inmortalidad, la felicidad y la divinidad…y que, habiendo reducido la enfermedad, se dedique a superar la vejez e incluso la muerte”. Pero la humanidad vive hoy con el COVID-19 la sacudida y la llamada de atención a lo irracional de su actuar y pensar. ¿Homo Deus??? Hoy estoy sano; he estado enfermo ciertamente y he acompañado y visto morir. La realidad que nos ocupa nos enfoca a pensar en los enfermos evitando a toda costa ponernos en su lugar pero al mismo tiempo tomar conciencia del significado de estar sano. Me sobresalta leer al filósofo Rumano Emil Cioran (1911-1995) cuando en su texto sobre la enfermedad dice que “Sean cual fueren sus méritos, quien tiene buena salud siempre defrauda…no cuenta con la experiencia de lo terrible ni con la imaginación del infortunio, sin la cual nadie puede comunicarse con esos seres separados que son los enfermos”. Qué fuerte texto en estos momentos de realidades tan cercanas cuando miles esperan tan solo un respirador que les pueda salvar la vida. Es posible así lo esperamos que la situación se controle pero aunque muchos hoy seamos más conscientes y no lo queramos, no es aventurado predecir que esta sacudida brutal una vez superados sus efectos se minimice y se retome el frenesí que la ha provocado esperando una siguiente catástrofe más fuerte y más letal que seguramente no esperará tanto en presentarse y que nuevamente nos tome desprevenidos.

¿Seremos capaces de cambiar? ¿Los sobrevivientes? ¿Si es que sobrevivimos?

Marzo 27-29, 2020



Voces en los días del coronavirus

Pablo Yanes, economista



En la calle de mi edificio, usualmente llena de ruidos y sonidos urbanos, reina desde hace días un silencio largo, denso, pegajoso. Las notas de una marimba, repentinamente, rasgan ese silencio e inundan los edificios en los que cuarenteneamos (nuevo verbo del momento) vecinos y vecinas. Con timidez nos asomamos a balcones y ventanas para ver a dos mujeres y dos hombres que cargan una marimba y se colocan en la esquina para romper la rutina del encierro con un concierto insospechado.

Nosotros, preservando la vida desde nuestro mundo privilegiado, los marimbistas ganándosela desde la urgencia del día a día. A decir verdad no son muchos los vecinos que se asoman y contribuyen con dinero o con alimentos para los músicos. Pero sí lo hacen mis vecinos de enfrente que desde el piso 12 lanzan una bolsa con monedas, o la señora adentrada en años que se asoma en el edificio de la izquierda y también manda desde una (muy) sana distancia un paquetito con monedas, o los vecinos del edificio de la derecha que les proporcionan una bolsa con alimentos y bebidas o nosotros que también contribuimos desde nuestro balcón con dinero calculando el pago que deberíamos hacer en un restaurante por cada una de las piezas que interpretan.



Y ciertamente son versátiles. Sospecho que son chiapanecos, porque la mayoría de las piezas que interpretan son de ese estado (como en realidad lo es la mayor parte de música de marimba de México), pero no se arredran para darnos una bella combinación en la que Brisas del Grijalva, el Bolonchón y Caminos de Guanajuato conviven (y muy bien) en su teclado.

La marimba rebota entre los edificios mientras los músicos levantan la cabeza auscultando ventanas y balcones en busca de personas que se asomen y contribuyan a la causa. Eso sí, pienso que lo que se requiere no es caridad, sino reconocimiento y solidaridad. Reconocimiento porque no sólo vienen a ganarse la vida, sino también a alegrárnosla, a proporcionar un paréntesis en un encierro gris que, de repente, es interrumpido y derrotado por la belleza, en donde el exterior que hoy se nos presenta como amenazante y peligroso no sólo es el espacio del virus que acecha, sino también de la música que reconforta.



No quiero romantizar la necesidad y la precariedad que obliga a estos marimbistas a recorrer las calles esperando que alguien, literalmente, les escuche, sino asumir que ellas, ellos, como tantos millones de trabajadores en México demandan que se reconozca su esfuerzo y su contribución a una mejor sociedad y a la solidaridad que debe tenerse para que puedan desplegar con libertad sus talentos, en donde toquen por placer y cuenten con un ingreso y sus derechos garantizados que no es más que, nuevamente, el reconocimiento a todo lo que dan para hacer esta Ciudad de México más vivible y humana.

¿Cuánto vale la alegría que nos trajeron a estas silenciosas calles? Un silencio que hoy no es sinónimo de tranquilidad, sino de incierta espera. ¿Cómo reconocerles su esfuerzo, su dedicación y su sabiduría para amalgamar en un mismo acto lo bello con lo útil? No queremos una sociedad de poblaciones invisibles, ni tampoco de poblaciones insonorizadas. A romper esa exclusión, ese muro de silencio y sordera nos ayudan las teclas de una marimba en medio de la pandemia y el encierro.

Voces en los días del coronavirus

José Pérez del Razo, empresario, poblano residente en Birmingham, Estado de Washington



En EE.UU. hay un dicho, ‘not in my backyard’ (no el jardín de mi casa). Esto representa la actitud de que mientras no me afecte a mí en lo personal, todo está bien. Mientras los EE.UU. no se vean afectados no es una crisis mundial. A continuación es un relato de como percibí los titulares en las noticas y una conclusión muy personal.

Las primeras noticias empezaron a girar alrededor de las fábricas de Apple cerrando la producción en China de los iPhone y el impacto en la producción de los nuevos modelos y en el valor las acciones de Apple.

Al poco tiempo se empezó a enfocarse en la negligencia del gobierno chino en el manejo de la pandemia.





Cuando en febrero empezaron a brotar los primeros casos en Seattle, se pensaba que el sistema de salud y protección social del estado serían capaces de parar estos brotes aislados.

Finalmente la realidad no se pudo negar más, y lo que un momento se pensó era imposible, se ve ahora como una realidad inevitable, y consecuentemente la bolsa de valores sostuvo fuertes pérdidas debido a la incertidumbre.

La crisis que otros países estaban pasando había llegado a EE.UU. La ciudad de NY entra en crisis, los hospitales han alcanzado su límite y el ritmo de trabajo para los empleados de la salud no es sostenible.

El gobierno de EE.UU. emite programas económicos de más de 2 trillones de dólares y medidas de emergencia son emitidas para producir materiales médicos de todo tipo.

Pero la realidad que el virus ya está en el “jardín de mi casa” es una realidad para todos los que vivimos en EE UU los que nos ha llevado a muchas tipos de preguntas, y respuestas.

Desde la pelota política que se tiran unos políticos a otros, hasta respuestas individuales muy generosas donde individuos se pone a hacer mascaras en sus máquinas de coser.

Donde terminará esta crisis nadie lo sabe, pero una cosa es cierta; por más que pensamos que tenemos las cosas bajo control, la realidad es que no es así. Hay fuerzas y factores que van mucho más allá que nos deja desconcertados y nos lleva a hacer las misma preguntas que el hombre se ha hecho desde que tuvo uso de razón; ¿de dónde venimos?, ¿para qué estoy aquí? ¿A dónde voy?

Ojalá que estos tiempos de reposo obligado les permita tomar un momento para reflexionar sobre estas preguntas, porque nuestra propia sobrevivencia depende de estas respuestas. Estas nos darán la fibra moral, espiritual y emocional para enfrentar la incertidumbre que se nos presenta.

Para mí el problema ya está en mi casa, mi hijo que es médico tuvo la infección y la superó; mi otro hijo que es piloto anoche realizó su último vuelo; mi hija que trabaja en un centro de salud en NY me dice que solo es cuestión de tiempo, y mi otra hija que junto con su esposo están preocupados por pequeño negocio que empezaron has un año.

¿Qué pasará? no lo sé, pero como dice mi esposa, Dios aún no se ha caído de su trono, y esto no lo agarró de sorpresa ni lo va a tumbar. Mi confianza esta puesta en El, sé que no me ha de defraudará.

Rosa Borrás

Voces en los días del coronavirus

Rosa Borrás, bordadora



(Ilustración de portadilla: Bordando resistencias: puntadas de memoria/Transferencia de fotocopia sobre bramante, impresión digital de chorro de tinta sobre manta de algodón, paliacates. Relleno de acrílico. Soporte posterior de manta de algodón. Cosido a mano y máquina. 100 X 120 cm. 2019)



Tengo un nudo en la garganta. Lo he sentido esta mañana, después de otra noche de dormir mal. Estoy confundida y me siento vulnerable. La seguridad que me brinda mi casa no es suficiente. ¿Por qué?

Hace unos días recordaba que, en abril del 2009, cuando fue declarada la pandemia de AH1NH, tan mal manejada por el gobierno de Felipe Calderón, sin información y causando pánico y desconfianza, decidí coser unos cubrebocas de telas de colores y convocar a través de Facebook a una reunión para regalarlos en mi taller, al que llamo Espacio rosa y que en ese entonces estaba en la 11 oriente #11, en el centro de Puebla. Sería una “reunión anti-pánico” para abrazarnos y hacer frente a la orden de aislamiento que dejó vacías, de golpe, las calles de Puebla. Claro, las circunstancias eran otras y me atreví a hacerlo como un acto de rebeldía quizá un poco imprudente e ingenuo, pero que tuvo resonancia: llegaron varias personas, amigas y también desconocidas. Platicamos, intercambiamos opiniones, nos sentimos acompañadas y, quizá, con menos miedo después de abrazarnos. Con una de estas personas entonces desconocida sigo en estrecha comunicación y somos amigas. Pensaba en todo esto y me preguntaba ¿Que es distinto ahora? Aún no tengo clara la respuesta.



Para responderme a mí misma esta pregunta, trato de organizar mis ideas en dos grandes grupos: el de lo personal y el de lo colectivo. En este último grupo, una de las primeras cosas que se me ocurre es que hoy, en México, a diferencia de antes, tenemos un gobierno legítimo, es decir, un gobierno que elegimos por voto directo la mayoría de los mexicanos. No nos robaron la elección, pues. Para mí eso es muy importante pues, como ciudadana, me da tanto la esperanza de que poco a poco las cosas funcionarán mejor, como la fuerza para exigir transparencia, compromiso y acciones contundentes. Aunque este gobierno dista de ser perfecto, percibo actitudes distintas a las de siempre y veo una disposición más clara a estar más cerca de la gente de a pie, de la gente que menos tiene. También es clara la apertura del gobierno a compartir con claridad la información sobre lo que ocurre con esta pandemia en México. Todo esto es muy distinto a la realidad del 2009.

En el ámbito de lo personal, una de las cosas que es claramente diferente es que mi hija y mi hijo ya no viven en casa, ya no son niños. En este momento están viviendo juntos en la Ciudad de México. Aunque son adultos perfectamente capaces de afrontar esta situación, me angustia no tenerlos aquí al lado, no poder abrazarlos como cuando eran pequeños y decirles “no pasa nada, todo estará bien”. Esta pandemia les ha truncado los planes que tenían a corto y mediano plazo e intuyo que los tiene sumidos en la incertidumbre más angustiante que han enfrentado hasta ahora, y que es, probablemente, la primera gran crisis que tendrán que enfrentar en su vida adulta. Uno se pregunta qué pasará con el resto de sus estudios; la otra, si será capaz de encontrar trabajo, y ambos si podrán ser del todo independientes, tener cierta seguridad para dedicarse a sus respectivas profesiones y vivir mínimamente bien. Ya no puedo protegerlos como hice en el 2009.

Pienso en muchas otras cosas que son distintas ahora, quizá incluso mejores que antes, pero recurrentemente y desde hace un par de semanas me pregunto ¿qué les digo yo a mis hijos? ¿cómo les hago sentir que hay esperanza? ¿qué puedo aportar yo ante esta tragedia que se nos viene? Y es que en este país vamos de tragedia en tragedia, de desgracia en desgracia. No se me ocurre nada muy espectacular más allá de hacerles ver las ventajas que ellos tienen sobre la mayoría de la población, compartirles mi opinión e invitarlos a reflexionar al respecto. Creo que nos toca a todos, sobre todo a los que tenemos ciertos privilegios, vigilar que en esta crisis se haga lo más posible para proteger a los que menos tienen, pedir a nuestros vecinos que colaboren como puedan; aportar todos, con buena fe, nuestros conocimientos o talentos para que esto sea menos doloroso y devastador y exigir que no se vulneren nuestros derechos humanos. Nos toca a todos, también, mantener viva la memoria de los agravios de sexenios anteriores, nos toca no olvidarnos de nuestros muertos, víctimas de una guerra que no pedimos, nos toca tener presentes a nuestras personas desaparecidas. Nos toca a todos construir una realidad más pareja y con menos desigualdad, más amorosa y sensible.

Todavía siento el nudo en la garganta y tengo más preguntas que respuestas. Me parece que la sensación de angustia no desaparecerá pronto, creo que será mejor aceptarla por ahora y recordar las Palabras para Julia, de José Agustín Goytisolo, de las cuales les dejo aquí estos versos:

Tu destino está en los demás

tu futuro es tu propia vida

tu dignidad es la de todos.

Bordando resistencias: puntadas de memoria

Esta pieza está compuesta por fotografías que he tomado a lo largo de los años durante las reuniones de bordado que realizamos desde el 2012 y hasta la fecha, tanto en plazas como en cafeterías, universidades y casas y está cosida a mano.

La cobija muestra momentos de bordadas en apoyo a la comunidad LGBTI, contra los feminicidios y contra el olvido de aquellas personas asesinadas o desaparecidas. Refleja la construcción de paz y la memoria colectiva y de la restitución del tejido social roto por la violencia de una guerra que no pedimos. Los paliacates rojos y verdes simbolizan el color de los hilos que se usan para bordar los pañuelos: el rojo para las víctimas de la violencia y el verde es el color de la esperanza, con el que se bordan los nombres de las personas desaparecidas. Esta pieza está dedicada a todas las personas que bordan por la paz y la memoria y que resisten a través de cada puntada que dan sobre la tela de la esperanza.

La acción Bordando por la paz Puebla fue iniciada en Puebla en agosto del 2012 como réplica de la misma acción realizada en la Ciudad de México desde 2011. Las reuniones de bordado se convirtieron en un espacio de desahogo social, en manifestación pacífica y en una especie de rito protector: la violencia no llegará a aquellos que bordan y hacen suyos, otra vez, los espacios públicos que nos pertenecen. Bordar colectivamente propició relaciones horizontales, basadas en el respeto mutuo y la confianza en nuestros congéneres, aún desconocidos. También generó la transmisión de conocimiento de manera natural y fluida, sin importar el grado de escolaridad, edad, ni origen de cada persona. La autoría inicial del proyecto desapareció y éste se desarrolló de manera orgánica de acuerdo con las necesidades del contexto específico. Nadie es dueña o dueño de los pañuelos, solos los resguardamos y son bordados, casi todos, por muchas manos.

Esta pieza obtuvo una Mención honorífica en la XII Bienal Puebla de los Ángeles, Ibero Puebla: Ética del cuidado: Diversidad y cultura de paz.

Bordando resistencias: puntadas de memoria

Transferencia de fotocopia sobre bramante, impresión digital de chorro de tinta sobre manta de algodón, paliacates. Relleno de acrílico. Soporte posterior de manta de algodón. Cosido a mano y máquina.

100 x 120 cm

2019