Voces en los días del coronavirus

Voces en los días del coronavirus

Mundo Nuestro. Vivimos tiempos que marcarán la historia del mundo. COVID-19, le dicen los enterados. Coronavirus, para el vulgo. En esta mudanza estamos en el arranque de la primavera del 2020. De ahí recogemos estas voces.

Voces en los días del coronavirus

Juan Vargas, campesino de San Juan Ixtenco, Tlaxcala



La vida del campesino sigue, aún y cuando nos recomiendan no salir de casa. Trabajar la tierra bajo el sol que sientes como te quema, con el polvo que llena tu garganta al arar la tierra. Cargas tu morral con maíz, la pala en una de tus manos, con el golpeteo en la tierra depositas los granos de maíz, ellos serán el alimento el día de mañana. ¡Y lo haces con la duda de si verás o no el fruto de tu esfuerzo! Ante esto que llaman "Pandemia"

Vemos gente morir a través de las noticias y pensamos ¿qué tan real es? Quizás la naturaleza nos está cobrando lo que hemos hecho por años. O son personas jugando a ser dioses las cuales nos pusieron en este "caos" mundial.

Al final del día el campesino siempre piensa en el mañana que nos regala DIOS para regresar a su parcela.

¿Quién habla del campesino y cómo la está pasando en estos momentos?

No hemos pedido rescate económico al campo como las empresas, pero sí somos los que no dejamos de mover la economía de nuestro país vendiendo y comprando productos…



¿Pensamos que el mundo era tan grande? Pero ante un virus ahora lo vemos tan pequeño…

(Foto de portadilla cortesía de TAMOA, tamoa.com.mx)



Voces en los días del coronavirus

Humberto Jorge Moreno Narváez, actor



Salimos de la ducha, de nuevo me enamoro de tu reflejo en el espejo mirándome, sonriendo. Suenan las noticias que escuchamos con morbo y risas. Queremos andar por las calles de nuestra ciudad, pero dicen que “por nuestro bien”, está prohibido. Escucho mi voz coquetearte, con ese sonido que sale de la garganta del hombre cuando le habla a su mujer estando ambos así, en pura piel, a menos que sean de aquellos sitios donde uno se moja vestido de etiqueta. Dice el conductor, con una voz que suena a vendetta, a treinta monedas: Que no podemos caminar por la calle codo a codo, que sólo los muertos talentosos como los “Benedittinos” pueden hacerlo. Que podemos contagiarnos de algo, ha de ser de humanidad. Que estamos en peligro grita, creyendo ser la voz de todos. Que podemos extinguirnos, morirnos, dice, como si nunca fuera a suceder. Que no debemos abrazarnos ni acercarnos, vaya, casi que ni mirarnos. La cara del conductor al hablar de esto se asemeja a una piñata a punto de arrojar sus caramelos de forma involuntaria, aguantando contento los palos que le dan los niños en la cara. No tiene colación, ya venía llena desde antes de las posadas. ¿Será que le pagan por decir mentiras?, ¿será que le pegan por no decir la verdad? Tú y yo mientras, ya no alcanzamos la calle, nos quedamos golpeando la puerta de nuestra casa desde dentro, golpe a golpe, beso a beso. No es que no podamos salir, no es que no queramos, es que ya otra vez nos desnudamos…

Gracias a los poetas hoy mis “musas” por la inspiración: Antonio Machado, Mario Benedetti y Joaquín Sabina

Voces en los días del coronavirus

Guillermo Ruiz Argüelles, científico



Para Cato, quien nunca se “rajó”……..

A lo largo de más de 37 años de ejercer la profesión médica, he visto a muchas personas, instituciones, estructuras, “rajarse bajo la presión”, expresión coloquial que, traducida al inglés, se ha usado hasta para hacer propaganda a relojes de prestigio: “Luxury divers watches don´t crack under the pressure”: los relojes no se “rajan” a pesar de ser sometidos a presión derivada de la inmersión en aguas profundas. La expresión es pertinente y se refiere a que, en circunstancias de calma o estabilidad, personas, instituciones ó estructuras pueden funcionar razonablemente bien pero, cuando se someten a tensión o presión, se “rajan”. En nuestro país, rajarse es renunciar a hacer lo que se tenía previsto o lo que se había prometido, generalmente de manera imprevista y en el último momento. Rajarse también es romperse, desintegrarse - como tantas veces lo hicimos nosotros mismos en nuestra infancia con el jarro de las piñatas - desconstruirse como señalarían los chefs de prestigio.

La combinación, casi mefistofélica que estamos viviendo en estos días está causando que muchas personas, instituciones o estructuras, “se rajen”. La pandemia del virus SARS-CoV2 aunada a la caída de los precios del petróleo, el entorno económico mundial, las disputas entre las grandes potencias y la conducción “sui generis” de nuestro país, ha generado una enorme presión que está causando que muchos “se rajen”, “se cuarteen”, “se quiebren”, “se desconstruyan”.



Yo no recuerdo haber vivido una situación comparable a la actual, que tiene, además el componente muy agravante de la incertidumbre: ¿Cuándo vamos a volver a la normalidad? ¿Cuándo podremos ver nuevamente a nuestros hijos y nietos ? ¿Cuándo podremos volver a salir a cenar con nuestros amigos ? ¿Cuándo podremos traer a Papá nuevamente a la Clínica para que haga sus rondines cotidianos a los 96 años? ¿Cuándo podremos viajar nuevamente, asistir a reuniones médicas? ¿Cuándo podré dar consulta nuevamente de manera normal? ¿Cuándo podré dar clases presenciales nuevamente?....... ¿Cuándo………..? . Esta mañana, nos dijeron que el 19 de abril: No les creo; Hugo “se rajó bajo la presión”. Y también se han “rajado bajo la presión” el Consejo de Salubridad General, el inexplicable sistema de salud transicional: INSABI-Seguro Popular-IMSS-SSA y anexas, las finanzas del país, las secretarías de estado, algunos gobiernos estatales, el senado, la cámara de diputados, los canales de televisión, los hospitales públicos, los hospitales privados, las tiendas departamentales, los restaurantes, las gasolineras, los aeropuertos, los trenes, las universidades, etc. Hasta los líderes de grandes potencias se han “rajado bajo la presión”.

Se ha calculado que el 80% de los habitantes del país eventualmente nos infectaremos con el SARS-CoV2; los expertos en economía han también calculado el número de empresas que habrán de quebrar y otros más señalan con el dedo flamígero la estrepitosa caída del grado de inversión de nuestro país a BBB: Se “rajó” el producto interno bruto y el producto interno inteligente se está embruteciendo y “rajando”.



Estoy seguro de que no nos vamos a “rajar” el 80% de los mexicanos quienes nos vamos a infectar por el SARS-CoV2, por más presión que nos pongan nuestros gobernantes y todos los factores externos, algunos de ellos ya señalados. Habrán de “rajarse” instituciones o estructuras, pero también personas. También creo que, para las personas, las mejores armas para no “rajarse” son la salud, la familia, la educación y el trabajo; transmitir estos valores a nuestras empresas puede ayudar a sobrellevar esta situación inesperada. Estas épocas forzadas de encierro son ocasiones adecuadas para cuidar estos pilares, para mejorarlos, para hacerlos más fuertes y para procurar que si nos toca infectarnos, el virus nos encuentre poco vulnerables.

No todos tendremos la ocasión de recluirnos en nuestras casas; muchos ni casa tienen: Quienes podemos hacerlo reflexionemos, leamos, informémonos, trabajemos con precaución, ayudemos a los demás, mantengamos el ánimo y cuidemos nuestra salud para salir de este berenjenal, para no “rajarnos”, por mucha presión que se ejerza.

Voces en los días del coronavirus

Gustavo Rodríguez Zarate, sacerdote



El cura del morral, siempre con las puertas abiertas a los empobrecidos, indígenas, migrantes, prostitutas, violentados, ante quienes hay que quitarse el calzado, ante el misterio del Otro para siempre estar a la escucha del clamor de los ninguneados.

"Amor en tiempos de coronavirus", el despojo para el encuentro de lo valioso. La experiencia de jóvenes, cuando salíamos de la ciudad a pasar unos días a las comunidades de la sierra Norte de Puebla, nos regaló el aprendizaje de vivir con lo necesario y valorar lo esencial, y nos desarrolló la capacidad de admirar.



Al acompañar a los poblanos en la carrera de la antorcha guadalupana México-Nueva York, con miles de historias de familias de la Mixteca o de las faldas de los volcanes, que narran el despojo de casi todo cuando sus seres queridos se van al Norte, y caminan con su nostalgia, agallas de emprendedores y la esperanza de que se construye un futuro mejor. Para sus familias.

"Quédate en casa por muchos días" como opción importante para detener la expansión de una epidemia que ya es global, y que nos cuesta hacer caso porque la ubicación la sentíamos en otros continentes, y más si somos adictos al trabajo, a las relaciones sociales, a los eventos culturales, deportivos, turísticos, ir a dónde se me dé la gana, y de repente te tienes que privar de todo eso... Para bien personal, familiar y colectivo. A reaprender lo olvidado y menospreciado. Cómo náufragos en alta mar que solo nos queda un tablita de salvación, nuestra propia casa. Para parar el contagio multitudinario.



Me acordé de lo aprendido en los catorce monasterios femeninos de la vida contemplativa en Puebla, acompañando al Arzobispo en la visita pastoral, hace 5 años, donde lo más importante es la Actitud de vida, desprenderte de las ataduras del pasado, disfrutar lo cotidiano, aprender a viajar a tu interior, ligero de equipaje, tomar en el morral, de lo aprendido, con la esperanza de disfrutar que lo que realizas cada 15 minutos trasciende en tu proyecto personal y más allá de tu entorno, escuchar al cercano y al Otro. Purificarse de los apegos y vivir la libertad de Ser y vivir el otoño con la caída de tus hojas, invernando estás semanas, sabiendo que la primavera llegará porque estamos construyendo un Mundo Nuevo, desde el corazón con nuestras propias posibilidades.

Esta Cuaresma es diferente, en el aprendizaje de la cuarentena en el desierto: la lectura, la plegaria, el despojo de lo propio para bien de los demás. Cuesta estar en casa, es difícil, pero vale la pena, exigirnos la cultura ecológica, de apreciar el agua, el aire, las plantas, el sol, la Tierra, la familia, que ya habíamos sacrificado por el exagerado uso de la tecnología, la visión mercantil encima de las personas. Estamos redescubriendo un Mundo Nuevo que siempre hemos tenido y lo habíamos hecho a un lado. "Me levantaré, regresaré a mi casa, le pediré perdón a los míos, por apostar lo mejor de mí a lo caduco y perecedero, y en casa, con los míos haré fiesta, porque hemos encontrado lo que estaba perdido. Gracias al que me enseñó que perdiendo la vida la ganas.

Gustavo Rodríguez Zarate, el cura del morral, siempre con las puertas abiertas a los empobrecidos, indígenas, migrantes, prostitutas, violentados, ante quienes hay que quitarse el calzado, ante el misterio del Otro para siempre estar a la escucha del clamor de los ninguneados.

(Foto de portadilla: Günter Petrak)

Voces en los días del coronavirus

Günter Petrak, escritor



Creí que, durante la noche más oscura, se abrirían los ojos de la compasión, del amor al prójimo como se abre la flor al sentir el leve roce de la luz, y no fue así. El virus del odio inundó los puertos, se escurrió por debajo de las puertas, salió por las llaves del agua, penetró en las almohadas, escupió las sábanas: he ahí al culpable, todos a él gritó estentóreamente y se extendió como plaga por el orbe, como viento tempestuoso, como rumor de bits, batió sus alas de tiniebla buscando los corazones, los más pequeños, los insignificantes, y los hizo poderosos porque eran legión. No le importó la agonía de los ancianos, ni el dolor de los nietos y las hijas, ni el miedo de los pobres o el lacerante murmullo de las manos que se juntaban para orar desesperadas. He ahí al culpable gritaron los de corazón pequeño y señalaron al presidente, al jodido, al rico, al chino, al otro. Nunca se miraron en el espejo, tengo la razón, se decían, ojalá mueran miles rogaban a Éris, la diosa de la discordia, y a la Ira, para que pudieran decir: se los dije: he ahí al culpable… Y mientras su furia crecía, la de los infectados de odio, y se pudría cuanto tocaban, una semilla humedecida de llanto tibio hizo brotar de sí misma una diminuta hoja tornasolada, un pétalo de albor que se elevó sobre la mierda hasta los labios de un cervatillo. Este lo olisqueó y alzó los dorados ojos, le dijo al niño extraviado: mira, aquí me tienes, tan indefenso como tú…No hizo más, desapareció. El pequeño se acercó a la minúscula hoja que brotaba del estiércol y escuchó un gorjeo, cuando alzó la vista al cielo vio al pajarillo de las plumas rojas y lo escuchó decir: puedo volar. Al frente estaba un horizonte de montañas y de pinos: el sol que se asomaba tenía dibujada en la frente una frase: soy el día, doy esperanza. El pétalo de albor susurró: soy la vida. El niño emprendió el viaje.

Creí que, durante la noche más oscura, se abrirían los ojos de la compasión, del amor al prójimo como se abre la flor al sentir el leve roce de la luz… y así fue.

(Foto de portadilla: Günter Petrak)

Voces en los días del coronavirus

Sergio Vergara Rosales, administrador de empresas, administrador jubilado



En estos momentos de incertidumbre de cuarentena y aislamiento de los familiares y amigos, vienen a mi mente un cúmulo de ideas y pensamientos que de forma escrita quisiera expresar, son mis más profundos sentimientos de preocupación de lo que estamos viviendo.

“Esperanza en tiempos de incertidumbre”, con esta frase quiero encuadrar mis emociones, las que aquí les trasmito.

Pasé mi infancia y adolescencia en Puebla. Estudié en el entonces Instituto Militarizado Oriente, y no dejo de ver el mundo desde todo lo que en esa escuela aprendí. Escribo hoy desde mi casa y en el encierro en el que llevo los últimos diez días. Vivo en un barrio del norte de la ciudad de México, a donde fue a dar una parte de la clase media del Distrito Federal en los años ochenta. Soy un hombre de 65 años, jubilado, que no he perdido contacto con mis amigos de la infancia gracias a estas herramientas tecnológicas que hoy enlazan a todo el mundo. Veo en mis compañeros viejos las mismas ansias por entender lo que ocurre, el mismo ánimo de reír de todo lo que pasa encima de nosotros. Desde ahí veo esta catástrofe del coronavirus.

Veo que al término del invierno y comienzo de la primavera en el 2020 ocurre un cambio inesperado y sin precedente alguno en todo el mundo. Desconozco a ciencia cierta donde se originó el virus de la pandemia en varios países iniciando con China; unos dicen que salió de control de los laboratorios científicos de ese país o por el consumo de raras especies, como el murciélago que supone el transmisor de dicho virus (cuando llevan años con esa costumbre); otros mencionan que los Estados Unidos se lo enviaron a los chinos para iniciar una “guerra” por los desacuerdos que tienen entre ambos países sin pensar en las consecuencias que eso tendría; nadie se atreve a decir la verdad y la única realidad que percibo por diferentes medios es una avalancha de información acerca de la devastación de la vida de cientos de personas, y que por recomendación de las autoridades civiles en los países afectados hay que mantenerse en casa y no salir de ella salvo razones justificadas y urgentes. Sin embargo, los expertos dan más importancia a las consecuencias económicas en el mundo. Y ni qué decir en México.



Sin exagerar, no se habrá desatado una “Tercera Guerra Mundial” disfrazada por esta pandemia que ya de por si tiene un fuerte impacto en la humanidad y en las economías del planeta que está afectando a todos los países. No sé si será cierto que quieren reducir la población porque ya somos muchos habitantes, principalmente para los mayores de edad que les cuesta mucho mantener. Hay muchas preguntas sin respuesta y lo que están provocando es la incertidumbre que prevalece en todo lo que realmente nos depara el futuro. Es lamentable y muy triste que hay solo preocupación por esta pandemia y están ciegos a la del hambre, la pobreza y otras enfermedades graves que provocan muchas muertes, y realmente en la actualidad causadas por los malos gobiernos.

La prensa, la radio, la televisión y redes sociales inundan y acaparan la atención de todos, y tristemente lo que mucos buscan es la primicia de la noticia, cayendo en la exageración y amarillismo, y lo único provocan es el pánico en la gente. Por estos motivos ya no sabemos quién tiene la verdad absoluta.

Lo que sí es verdad es que estamos cayendo todos en el desaliento. México se pinta solo y como es tradición, se toma a broma la situación, se suben a las redes memes ingeniosos para divertir a la audiencia, como lo hemos hecho siempre acerca de la muerte.



Lo más triste y lamentable es que en nuestro país el gobierno ha sido pasivo y solo ha reaccionado ante las presiones internacionales. La realidad es que México no está preparado para que en su momento se pueda dar la atención que requiere esta situación, como lo han hecho otros países en el mundo tanto en lo relacionado con la salud, como en la minimización de los efectos negativos de la presión económica en todos los sectores. Desafortunadamente percibo que somos la burla en el exterior de cómo se están conduciendo en el país. Hoy están pidiendo apoyo a la comunidad internacional y no sé de qué forma se reaccionará.

Solo queda esperar, tener fe, paciencia y confiar que no sólo en México, sino que el mundo entero se supere la conflagración, que la vida continúe y se pueda recuperar esta debacle.

Hagámonos un favor y seamos optimistas, con poco, con nada, con mucho, acompañados o solos.

Voces en los días del coronavirus

Héctor Praxedes, productor de medios

Las diferentes formas de organizar la sociedad, activan diferentes partes de nosotros mismos. Si estás en un sistema que sabes que no cuida a las personas y no distribuye los recursos de manera justa, entonces nuestro impulso para acumular estará en alerta. Así que tenlo en cuenta y piensa cómo, en lugar de acumular y pensar en cómo puedes cuidarte a ti mismo y a tu familia, puedes voltear y pensar cómo puedes compartir con tus vecinos y ayudar a los más vulnerables.

El texto anterior forma parte de la entrevista que Marié Solis le hizo recientemente para VICE a la periodista canadiense Naomi Klein, autora del libro “La doctrina del shock”.

Mientras más aislados y vulnerables nos pensemos, será la parte más arcaica del cerebro a cargo entre otras cosas de la reacción de lucha o huida o la amígdala, la estructura neuronal que participa en la formación de los aspectos emocionales de la memoria, especialmente del miedo, las que principalmente gobiernen nuestro comportamiento.



Por otra parte, voltear a nuestro alrededor y buscar la manera de ayudar al prójimo, constituye un ejercicio de empatía que, al convertirse en acciones concretas para ayudar a los demás, genera una sensación de bienestar y sentido de comunidad.

En los tiempos complejos que vivimos, también las lecciones y los aprendizajes pueden equipararse en tamaño y profundidad, a la dificultad que implica el reto de salir adelante.

Hoy, la mayoría de los ciudadanos ha volteado a sus gobernantes en busca de liderazgo, y de manera generalizada nos hemos sentido defraudados por un sistema que no parece tener muy claro cómo reaccionar a un problema sin precedentes en la historia moderna. Con todo esto afectándonos de una manera tan directa, no cabe más que cuestionar si la manera en la que se pretende organizar a la sociedad funciona a favor del individuo.

Aunque la respuesta es compleja, es con acciones sencillas que puede realizar cualquier ser humano, con las que podemos recuperar la esperanza y, de paso, comenzar a utilizar otras partes de nuestro cerebro para encontrar nuevas soluciones y crear nuevos paradigmas.

Para encontrar soluciones diferentes, necesariamente hay que hacer cosas diferentes, y no hay nada como el colapso social y ambiental para darnos un empujón en una nueva dirección. Hoy nos parece imposible poner de acuerdo a todo un país y se antoja pensar, que la energía que le podamos dedicar al problema, es como intentar enfriar con una gota de agua en un comal caliente. Es por eso que la propuesta que hace Naomi Klein es una luz en la tormenta, porque sí podemos, en cambio, tenderle la mano a la persona que está a nuestro lado. Eso depende completamente de nosotros, sin importar siquiera si tenemos lo suficiente o no para compartir. Recordemos que, hasta el más insignificante gesto de amor, puede cambiar el rumbo de una vida.



Voces en los días del coronavirus

Alberto de la Fuente, empresario

Mundo Nuestro. El autor de este texto, un joven poblano víctima de secuestro hace dos años y medio, llama, desde su experiencia como sobreviviente de la violencia en nuestro país, a comprender la dimensión personal de la emergencia sanitaria.



(Fotografía de Raúl Gil)

Me prometí que si salía vivo de aquella minúscula celda donde me tuvieron completamente cautivo por 290 días, compartiría mi historia, mi experiencia y mi aprendizaje a quien quisiera escuchar mi historia y así lo he hecho desde entonces. Nunca le niego mi relato a quien con buenas intenciones me pregunta. No lo hago con otro fin que abrirle los ojos y sensibilizar a toda esa gente que cree que su vida es complicada y están a punto de a ceder ante la adversidad. Solo pretendo que mediante mi experiencia se den cuenta que sus problemas son minúsculos y que probablemente tengan solución, solo deben redescubrir lo que los mueve, lo que los apasiona, lo que los hace sentirse vivos, para seguirle pedaleando en este mundo, un mundo que por momentos puede parecer complejo, duro e incluso injusto. Si mi familia y yo pudimos sobrevivir de tan espantosa experiencia, ellos en su jaula de oro (pero finalmente jaula) y yo en mi mazmorra, creo podemos ser el ejemplo involuntario para todo aquellos que se está ahogando en un vaso de agua.

Hoy sé que estamos viviendo una situación sumamente compleja para toda la humanidad, probablemente inédita. Por lo que no crean que le resto seriedad o minimizo esta pandemia. Pero si me preocupa ver a gente desesperada y frustrada por qué no ha salido de su casa (llena de comida, comodidades y entretenimiento), cuando yo viví literalmente en una celda de 1.50 x 2 m por casi 1 año, sin oír o ver a nadie, (incluyendo mis captores) durmiendo en el piso y haciendo mis necesidades en un balde, bañándome con agua helada a través de una esponja y teniendo un plato de frijoles fríos, que debía racionar cuidadosamente para que me durara durante todo el día. Pero en verdad, mi carencia más grande no fue las falta de comodidades, sino el estar lejos de mi familia, sin saber a ciencia cierta si tendría la oportunidad de volverlos a ver o al menos poderme despedir de ellos. Ellos fueron mi verdadera fuerza, mi motivo de no hundirme en la desesperanza y la desolación. Así, que me aferre de Dios y junto con él forme un equipo extraordinario. Un equipo que aguanto vara y resistió lo que era inimaginable resistir, el secreto residió en enfocarme en mis porqués y dejar todas mis demás preocupaciones a un lado, pues solo me estorbaban.

Y heme aquí, 2 años y medio después, más vivo y feliz que nunca, pero sobre todo muy agradecido con esta segunda oportunidad de vivir que créanme no he desperdiciado ni un segundo, priorizando en recuperar el tiempo que me robaron con la gente que más amo y viviendo sin duda más ligero de equipaje. Así, que sin quitarle la gravedad a lo que sucede hoy en día, solo los quiero hacer reflexionar en que bendigan la forma en que están afrontando este aparente aislamiento que es más mental que realmente físico. Valoren que están dentro de una casa (su casa), con el refrigerador lleno, la alacena al tope, con una regadera caliente a su disposición, una cama acolchonada y con suficientes distractores (tele, libros, juegos, internet) para entretenerse por meses, pero sobre todo están rodeados de su familia. Aprovechen esta oportunidad única para disfrutarse, para jugar juntos, para conocerse, para amarse. Dejen por un momento los teléfonos, que solo nos van a desquiciar con tanta desinformación e histeria colectiva y conéctense a la vida a su vida, esa que la mayoría a descuidado por pensar que es eterna e inamovible. Irónicamente y aunque piensen que no hay mucho que hacer en esta crisis, créanme si lo hay. Gozan de más libertad de la que pueden imaginar, no dejen que la toxicidad los invada pues luego será muy difícil poder salir de la obscuridad que ustedes mismos se crearon. Como padre de familia, obviamente estoy preocupado por la economía familiar y las repercusiones de esta desaceleración económica, luego me acuerdo de como sorteé mi aislamiento y como es que durante tantos meses en verdad pude vivir con tan pocas cosas materiales, en verdad lo estrictamente necesario para mantenerme respirando. Así que, si es momento de apretarnos el cinturón, de aprender a racionar y compartir yo les digo que con voluntad, amor y ganas se puede. Vivimos con exceso de cosas que no necesitamos y en situaciones como estas es cuando nos damos cuenta. Prioricemos lo que realmente vale la pena.

Termino citando al Dr. Víctor Frankl (sobreviviente de un campo de concentración nazi) con esta frase que si la comprenden vale oro molido ¨Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento¨.



Ánimo, esto es temporal y sin duda nos reconstruiremos más fuertes, más sabios, más humildes pero sobre todo más agradecidos con Dios y con la Vida. Aprendamos de esta crisis, pero mientas afrontémosla con la frente en alto y siempre viendo para adelante.

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Alberto de la Fuente y de la Concha (Chorro)

Marzo 2020