BUAP Investigación

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BUAP, Historias de vida

La BUAP me brindó una formación de oro para competir en las grandes ligas: Karla Rubio Nava



  • Egresada BUAP, Premio Von Behring-Röntgen Young Talent Award 2019, primera científica mexicana en obtenerlo

“Desde el primer día supe que traía las armas”, expresa Karla María Rubio Nava, científica del Instituto Max Planck, el tercero de mayor prestigio en el mundo en investigaciones médicas, al recordar su primera clase del doctorado en la Universidad de Giessen, Alemania, cuando un profesor escribió en la pizarra unos cálculos químicos y ella alzó la mano para resolverlos. “Terminé dando la clase”, comenta con orgullo la egresada de la BUAP, institución en la cual reconoce una formación de oro para competir en las grandes ligas.

En el Laboratorio de Epigenética del Cáncer Pulmonar, a cargo del doctor Guillermo Barreto, del Instituto Max Planck de Investigaciones en Corazón y Pulmón, hoy su centro de trabajo, ha hecho grandes contribuciones por las cuales obtuvo el Premio Von Behring-Röntgen Young Talent Award 2019, y dos meses después –a finales de ese año- el Premio a la Mejor Investigación en Innovación Médica, en Giessen, Alemania.



Con su equipo de trabajo, la egresada de la Maestría en Ciencias Fisiológicas de la BUAP, una de las pocas extranjeras en ser distinguida con el citado premio de la Fundación Von Behring-Röntgen, ha estudiado el genoma humano desde su arquitectura tridimensional y sus elementos no codificantes, descubrimientos que abren nuevas posibilidades en la farmacología y en el tratamiento de la fibrosis y el cáncer pulmonar.

Durante el segundo año del doctorado, al colaborar en un proyecto con células aisladas de pulmón de ratón, la doctora Karla Rubio logró observar que las moléculas llamadas microRNA -que pertenecen al 90 por ciento del genoma no codificante- están dentro del núcleo y de forma madura: es decir, listas para unirse a otras biomoléculas y regular la expresión de los genes. Este descubrimiento, validado con diferentes métodos en fibroblastos y células epiteliales, echó por tierra la idea conocida hasta entonces: que están fuera del núcleo, en el citoplasma, y que actúan solo como inhibidores de la traducción de proteínas.

“En ambas vimos que estos microRNA se encontraban en el núcleo de manera muy significativa, incluso en cantidad mayor a la del citoplasma. Recurrimos a métodos de secuenciación genómica, transcriptómica y proteómica para investigar a qué moléculas se unían, con qué proteínas formaban un complejo y si este era funcional”.



Por sus siglas en inglés y las proteínas que incluye, se llamó MiCEE: un complejo ribonucleico-proteico cuya función, descubierta por el grupo, es reprimir la expresión de genes que hacen que las células proliferen sin control. Es decir, un regulador del crecimiento y proliferación de células pulmonares.

En entrevista, la científica mexicana explica que tanto en fibrosis como en cáncer pulmonar ocurre una proliferación exacerbada de esas células, por lo cual las usaron como modelo fisiológico para comprender la función del complejo. Esta investigación permitió descubrir que la sola presencia del microRNA nuclear es suficiente para reclutar al total del complejo, a las proteínas, inhibir a otras moléculas no codificantes y reprimir aquellos genes que inducen la proliferación sin control de los fibroblastos. Así, al establecer qué sitios del genoma son receptivos a la acción de las microRNA nucleares, se generó una lista de blancos terapéuticos que no se habían caracterizado en enfermedades pulmonares por ningún otro grupo.

En 2018, Karla María Rubio Nava, la primera científica mexicana en obtener el Premio Von Behring-Röntgen Young Talent Award -creado en honor a los Nobel de Física, Wilhelm Röntgen, y de Medicina, Emil Adolf von Behring-, publicó la caracterización del complejo MiCEE en células pulmonares de ratón en la revista Nature Genetics, del grupo Nature, y un año más tarde la validación de este complejo en células humanas y su rol fisiológico en la revista Nature Communications.

Apasionada de la ciencia, la doctora Rubio participa en varios proyectos, pues declara: “Quiero hacer un parteaguas conceptual que permita avanzar o establecer una perspectiva diferente de lo que ya existe en farmacología. Para ello cursó dos programas doctorales: en la Universidad de Giessen y en el Instituto Max Planck, con la visión de lograr una formación integral en el conocimiento de las enfermedades y cómo intervienen en estas los órganos.

Doctora en Ciencias Naturales, nació en la hoy Ciudad de México, pero a la edad de 5 años sus padres se trasladaron a la ciudad de Puebla. En la BUAP estudió la preparatoria en la Emiliano Zapata, la Licenciatura en Biomedicina, en la Facultad de Medicina, y la Maestría en Ciencias Fisiológicas, en el Instituto de Fisiología, de donde egresó en 2011 con honores, bajo la supervisión de los doctores Osvaldo Vindrola y María Rosa Padrós. La guía de una profesora de la Zapata, Guillermina López, fue decisiva para enfocar su formación, pues si en un principio quiso estudiar Física por su inclinación por las Matemáticas, la docente le aplicó un examen vocacional que la orientó a las ciencias médicas.

De estos años reconoce en la Máxima Casa de Estudios de Puebla una “base de oro”; es decir, una formación competitiva. “Desde la prepa aprendí la autocrítica y a discutir ideas; en licenciatura me enseñaron que las ciencias naturales no son exactas y uno debe integrar el conocimiento multidisciplinario; y en la maestría nos enseñaron a no limitarse al libro, sino a cuestionar los resultados publicados en revistas de alto impacto y a generar nuevo conocimiento con diseños experimentales robustos, planteamientos éticos y resultados reproducibles. En la BUAP adquirí disciplina y perseverancia; por ello estoy muy agradecida”.

A partir de este año, la distinguida científica egresada de la BUAP, además del Max Planck, estará trabajando en el Instituto de Crecimiento, Reparación y Regeneración Tisular (CRRET), de la Universidad de Paris-Est Créteil (UPEC), dirigido en Francia por la doctora Dulce Papy-García, donde harán un estudio correlativo entre un envejecimiento fisiológico natural y otro por neurodegeneración, en base a ARNs no codificantes y a partir de líneas celulares y tejidos derivados de pacientes con fibrosis y Alzheimer.

Otros proyectos en proceso son una investigación sobre cáncer pulmonar, donde han observado en pacientes sometidos a quimioterapia que las células se transforman fenotípicamente hacia otro subtipo de cáncer y se vuelven insensibles a este tratamiento. Al respecto, descubrieron un set de proteínas que confieren esta resistencia y el mecanismo para retornar la condición primera de sensibilidad de la célula. Además, participa en un ensayo clínico con 200 pacientes de cinco centros médicos de Alemania, para un diagnóstico temprano de cáncer pulmonar.

Con una brillante trayectoria científica, además de la ciencia, encuentra en el arte otros abrevaderos: cantante soprano, lectora asidua sobre todo de autores japoneses (Murakami, su preferido), el cine -el coreano, su predilecto- y las culturas milenarias. Una mujer, también, que aprecia su vida en pareja y corre de 15 a 25 kilómetros cada semana “para relajar los músculos y la mente” y convivir con sus colegas. En este vado cristalino, Karla Rubio se ve en algunos años como líder de grupo de investigación: una distinguida egresada BUAP, la primera mexicana en ingresar al privilegiado grupo de 20 científicos sobresalientes que han obtenido el premio de la Fundación Von Behring-Röntgen.

BUAP, historias de vida

Humberto Salazar Ibarguen es investigador de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) en México. Recibió la medalla de Ciencia y Tecnología "Luis Rivera Terrazas" en reconocimiento a sus contribuciones en el campo de las Ciencias Naturales.

En esta entrevista el Doctor Salazar Ibargüen habla de la física y de la importancia de la ciencia para el desarrollo de nuestro país.



Aquí algunas de sus respuestas tomadas del texto "Humberto Salazar Ibargüen, partícipe de los hallazgos más importantes en la física de partículas del siglo XXI"

-¿Por qué un país como México necesita de la ciencia?

-Yo diría que no solo México, sino que toda la humanidad necesita entender dónde vive, el planeta, la naturaleza… Entre más gente se dedique a la ciencia, más conocimiento habrá en el resto de la población. Hay mucha gente que quizá no se vea atraída por entender porqué las cosas son como son, pero hay algunos que sí. Desde mi niñez siempre me pregunté cómo funcionaba el mundo y por qué es de cierta forma, cuáles eran los principios básicos. Cuando me acerqué a la física me di cuenta que por definición era lo que buscaba: las leyes básicas de la naturaleza. Y dije “de aquí soy”.

-¿Cómo se dio ese interés?



-Yo creo que es algo natural. Desde cuando uno es pequeño y empieza a convivir con otros niños, uno se va dando cuenta que las cosas tienen estructura. Que no hay nada sin sentido o sin una lógica. A algunos nos atrae esa estructura. Es una característica de ciertas personalidades, entender y explicar todo, porque si no lo hacen no se sienten cómodos, y yo estoy dentro de ellas. Basé mi carrera en lo anterior y me ha dado muchas posibilidades de tener cosas maravillosas.

-¿Cuál debe ser el plan de crecimiento en materia de ciencia que debe impulsar el país?

-Reconocer a quienes se dedican a la ciencia básica, por la importancia que tiene. Reconocerlos también económicamente. Sería muy sano que sus ingresos, en lugar de estar tan dispersos entre salarios, becas y estímulos, se asignen en un salario integral. Esto seguramente les daría estabilidad y la posibilidad de transmitir su conocimiento más ágilmente, motivando además a las nuevas generaciones. A mí siempre me tocó ver que decían “ser científico no es algo atractivo, en términos económicos”. Yo puedo decir que si uno busca todas las opciones de financiamiento, sí es algo atractivo y sustentable, pero podría ser más fácil.



En relación con su labor en la formación de recursos humanos, Salazar Ibargüen ha dirigido siete tesis de doctorado, 15 de maestría y 19 de licenciatura. Varios de sus alumnos ya pertenecen al Sistema Nacional de Investigadores y cuatro forman parte de la planta académica de la BUAP.

-¿Cómo debe la universidad pública responder a las necesidades actuales?

-Afortunadamente la universidad pública ha dado soporte a la ciencia básica y debe seguir así. Cuando se cuenta con un grupo de investigadores muy consolidado y fuerte, existe la oportunidad de hacer más ciencia aplicada, como aplicaciones tecnológicas, incluso emprendimiento. Entonces, la universidad pública debe fortalecer económicamente estos grupos para que sean la plataforma del desarrollo tecnológico y del emprendimiento que tanto hace falta.

Los doctores Humberto Salazar Ibargüen y Oscar Martínez frente a ...

El Doctor Salazar Ibargüen en su laboratorio.

(Foto de portadilla: El observatorio HAWC con sus 300 detectores Cherenkov de agua. En medio del arreglo se aprecia el edificio que alberga la electrónica del observatorio. Al fondo se observa el volcán Sierra Negra.)

BUAP Investigación

Doctora Alejandra Alicia Peláez Cid, académica e investigadora de la Facultad de Ingeniería de la BUAP.

Abundan las huertas de brócoli en el valle de Puebla. Es uno de los cultivos más exitosos en los campos de labor desde San Martín Texmelucan hasta Palmar de Bravo. Los campesinos cosechan la vistosa verdura y ahí quedan las grandes plantas verde azuladas en el revoloteo de mariposas blancas a la espera de que el tractor las revuelva con la tierra.



Pero los tallos pueden tener otro destino. Ayudar a acabar con la contaminación de los ríos provocada por las descargas de aguas residuales de las industrias de teñidos textiles.

Desechos industriales están matando al río Atoyac – Plumas Atómicas



Eso es lo que ha desarrollado la doctora Alejandra Alicia Peláez Cid, académica e investigadora de la Facultad de Ingeniería de la BUAP. Ella, "desde hace años se ha dado a la tarea de sintetizar, experimentar y probar con distintos desechos orgánicos para crear adsorbentes lignocelulósicos y carbones activados que permitan eliminar colhttps://boletin.buap.mx/node/1290orantes y otras sustancias tóxicas, como metales pesados."

Ella y su equpo han probado con la cáscara de la tuna, fibra de agave, semillas de chirimoya, hueso de zapotes negro y blanco y el tallo de brócoli, pero han encontrado que este último registra una eficiencia mayor, capaz de eliminar de 90 hasta cien por ciento de los colorantes vertidos en los efluentes textiles.

Una buena noticia para el río Atoyac, tan maltratado por las descargas de las fábricas y talleres de acabados textiles en la región del centro de Puebla, pero también en Tehuacán y Teziutlán, donde desde hace décadas se contamina sin mayor escrúpulo las aguas de los ríos y del subsuelo.



"El trabajo de Peláez Cid --se informa en el portal de la universidad-- se ha realizado en colaboración con la doctora Ana María Herrera González, de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, quien fue alumna y egresada de la BUAP. Ambas investigadoras trabajan actualmente en el desarrollo de materiales compuestos que eleven la eficacia de la absorción. La idea es que a partir de los carbones activados ya probados, estos puedan ser potencializados con un polielectrolito; es decir, un recubrimiento sintético creado por la doctora Herrera González."

BUAP, Historias de vida

El Doctor Enrique Soto Eguíbar es investigador nivel III del SNI y es titular del Laboratorio de Neurofisiología Sensorial, del Instituto de Fisiología-BUAP- Dirige, además, la revista Elementos.

En sus 35 años de trayectoria, Enrique Soto Eguibar, titular del Laboratorio de Neurofisiología Sensorial del Instituto de Fisiología de la BUAP, ha publicado 94 artículos en revistas internacionales, 25 capítulos de libros y 70 trabajos en español. Nivel III en el Sistema Nacional de Investigadores, ha desarrollado tres patentes internacionales y una nacional, incluyendo el diseño de una prótesis vestibular. Además de la academia, complementa su trabajo con actividades de divulgación: ha escrito 57 artículos y desde 1991 ha sido director de la revista Elementos.



-Yo no pensé ser científico.



-¿Qué sucedió?

-Que la desgraciada vida...Bromea, ríe.

Cautivado por el pensamiento, esa cualidad que hace única a la especie humana, el fundador del Instituto de Fisiología de la BUAP ha sobresalido por sus aportaciones a las neurociencias, principalmente en los campos de neurofisiología sensorial. Quien de joven no se imaginaba con bata blanca en un laboratorio, hoy celebra que uno de sus proyectos ayudará a individuos con daño vestibular a recobrar la estabilidad postural y a los astronautas a no perder el piso, en el espacio exterior.



Tras parar de reír, el doctor Soto recuerda que son muchos los fracasos que lo condujeron a la ciencia. Un día, relata, durante una cirugía en el Hospital Universitario de Puebla en la cual amputaron la pierna a una niña, los médicos tardaron horas en la reanimación plena, pero de él, pues cayó súbitamente en la sala de cirugía. El personal se sorprendió al ver cómo el joven pasante se había golpeado, tras desmayarse por la conmoción que le generó la intervención en la menor.

Supo que atender pacientes no era su fuerte, pero que generar problemas en el quirófano, sí. Vio en la fisiología una oportunidad de desarrollo y decidió bien. En sus 35 años de trayectoria, Enrique Soto Eguibar ha publicado 94 artículos en revistas indizadas con reconocimiento internacional, 25 capítulos de libros, 57 artículos de divulgación y otros 70 trabajos en español. Un investigador prolífico.

La mayoría de sus aportaciones en neurociencias corresponden esencialmente al área de neurofisiología sensorial: auditivo y vestibular. Sin embargo, también ha abordado problemas sobre neurotoxinas, desarrollo de materiales para sensores y más recientemente aplicaciones de tecnología al desarrollo de una prótesis vestibular.

El titular del Laboratorio de Neurofisiología Sensorial recuerda que optó por estudiar medicina en la BUAP, porque en ese entonces la Universidad no ofertaba la Licenciatura en Biología. Decisión aparentemente desacertada, pero que lo encaminó a su realización. La desgraciada vida...

Recuerda que de niño interactuaba con los animales que habitaban la granja adjunta a la casa de su familia, en la colonia Bugambilias de Puebla, un hogar en el cual se tenía un alto aprecio por ser profesionista. Perros, gatos, faisanes, pavorreales… Se llevaba bien con ellos, recuerda. De ahí su amor por la vida, de ahí su inclinación infantil por las ciencias naturales.

Desde hace 35 años “no he cambiado de línea de trabajo, profesión, ciudad, universidad, ni de esposa. Toda mi vida he estado en la BUAP. Soy un hombre de hábitos”, expresa Soto Eguibar, con especial énfasis en su esposa.

Confiesa que una vez que supo que el trabajo de clínica definitivamente no era lo suyo –durante un periodo breve en el área de neurocirugía desarrolló muy rápido una úlcera por estrés-, decantó por la fisiología y se aventuró a la maestría y el doctorado en Ciencias Fisiológicas, en la UNAM, donde obtuvo la más alta distinción que esta otorga a sus estudiantes: la Medalla Gabino Barreda.

Entre anécdotas evoca su motivación más genuina para estudiar cómo funciona la vida: el amor a la misma. Más tarde, lamenta la ironía de su labor: tener que sacrificar animales para la experimentación.

El cerebro no es indispensable para la vida

-¿Considera que el cerebro es el órgano humano más poderoso?

-El cerebro no es indispensable para la vida. Los niños anencefálicos, por ejemplo, pueden vivir sin él, aunque poco tiempo. Es conveniente tenerlo, pero no indispensable.

-¿Por qué decidió encaminar su estudio a las neurociencias, particularmente a neurofisiología sensorial?

-La idea del pensamiento, la cognición, eso que nos hace humanos.

El estudio del sistema nervioso tiene cinco niveles de análisis. El más básico, el molecular; después, el celular, que se centra en las neuronas y células gliales; el de sistemas, para saber cómo un conjunto de neuronas se relaciona en una red y produce un módulo funcional en particular; el conductual, en el que se indaga el origen de las conductas integradas; y, finalmente, el nivel cognitivo, en el que se estudia cómo el cerebro da origen a los procesos mentales, al “yo”.

“Esto es como pensar en un edificio. Si se desensambla, hay ladrillos y varillas. Si se va más allá, es posible conocer los componentes de cada ladrillo y varilla. Los arquitectos consideran irrelevante eso, pues ellos ven el conjunto. El dueño, solo su amplitud y comodidad. Estas visiones se tienen en las ciencias. La conciencia humana es como un gran edificio formado por millones de neuronas y células gliales que son como los ladrillos y el cemento de los edificios”.

Las tareas del doctor Soto se centran en el nivel celular, en las neuronas: estudia las propiedades de estas células y sus tipos de receptores en las membranas, para conocer cómo responden a estímulos y cambios químicos en el cerebro.

-Las neurociencias han hecho muchos descubrimientos en los últimos años, pero aún continúan los desafíos ¿Cómo ha evolucionado desde que usted incursionó en el campo, hace 35 años?

-La cantidad de trabajos publicados anualmente debe rebasar los 25 mil. Hemos avanzado en la comprensión de los procesos cognitivos superiores. Antes, cuando estaba en la facultad, el conocimiento de las enfermedades neurodegenerativas era muy pobre. Aunque no hay curas claras, hoy en día las soluciones a enfermedades como la esclerosis múltiple, que es devastadora, están a la vuelta de la esquina.

En el área neurobiológica, continúa el académico, se desarrolla el conectoma humano: un sorprendente proyecto con el que se busca determinar con exactitud cómo están conectadas cada una de las neuronas del cerebro, una idea muy similar al del genoma humano, gracias al cual se conocen todos los genes de la especie. El proyecto avanza lentamente pues el cerebro tiene tantas conexiones, cientos de millones, que los sistemas de cómputo actuales podrían ser insuficientes para analizar los datos de la conectividad cerebral.

-¿Cuál considera que son sus principales aportaciones?

-Demostrar que el glutamato es el neurotransmisor entre las células ciliadas y las neuronas del oído interno. Esto permite diseñar estrategias farmacológicas para tratar problemas relacionados con la neurobiología del oído y del equilibrio. En el campo de las neurotoxinas hemos descubierto algunos péptidos que bloquean canales de sodio y los hasta ahora poco conocidos canales sensores de pH.

En el Laboratorio de Neurofisiología Sensorial se ha hecho un laborioso trabajo de modelaje matemático e investigación básica, una actividad que se ha desarrollado de forma multidisciplinaria con colegas de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas de la BUAP. Este trabajo los llevó a proponer la patente del diseño de la citada prótesis vestibular (en los sensores internos del oído) ante la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos. Una de las muy escasas solicitudes de la BUAP ante el organismo estadounidense otorgadas en los últimos años. El doctor Enrique Soto celebra el hecho, pues es una incursión de México en el desarrollo de neuroprótesis.

Cabe destacar que parte del diseño es utilizado para un prototipo que se probará en la Estación Espacial Internacional, con el objetivo de contribuir a devolver a los cosmonautas la sensación de la dirección normal y de los desplazamientos lineales y angulares (giros) de la cabeza. En otras palabras, la sensación de “lo que es arriba y lo que es abajo; estabilizar la mirada mediante estímulos con electrodos en la región periauricular, para devolver la sensación de dirección”.

Ser científico en sus tres dimensiones

Además de un prolífico investigador, Enrique Soto es un divulgador científico apasionado y activo. Esto tiene que ver con su aprecio por el arte, la literatura y la fotografía. Con experiencia en la escritura de textos para medios impresos de Puebla, comenzó a colaborar en la revista Elementos, de la que es su director, desde 1991.

-Muy pocos científicos se toman un tiempo para divulgar ¿por qué lo hace?

-Es muy grato, aunque se valora relativamente poco en la comunidad científica. Es bien visto pero no tiene valor alguno para las trayectorias científicas. Usualmente participaba hasta en 20 conferencias al año en preparatorias, lo he dejado de hacer porque es un trabajo poco valorado.

Elementos es, hasta donde sabemos, la única publicación de la BUAP inscrita en el Índice de Revistas Mexicanas de Divulgación Científica y Tecnológica. Enrique Soto Eguibar confiesa que algunos colegas le han cuestionado porqué “pierde tiempo en la revista”. Él no objeta; “O se defiende sola o que desaparezca”.

-Usted es investigador, docente y divulgador, ¿cuál faceta disfruta más?

-Estas son categorías de una actividad que es nata del ser humano: ser curioso. Lo más natural sería hacer las tres actividades. Pero el científico usualmente escribe solo para sus pares, cuando debería publicar para quienes realmente le pagan: la ciudadanía.

-¿Cuáles son las gratificaciones de ser científico, en sus tres dimensiones?

-En el laboratorio festejamos todos los logros, grandes o pequeños, en ciencia y en la academia. Festejamos cada que un estudiante se gradúa, un número de Elementos se imprime, el artículo de un libro es aceptado o un paper se publica. Por otro lado, la vida cotidiana es bastante grata. Debo decir que los institutos nos permiten una vida privilegiada. Eso hay que reconocerlo y agradecer.

Voluntad política para invertir en ciencia

-¿Por qué un país como México necesita de la ciencia?

-Un país tiene problemas, y los tiene que resolver. México necesita de los científicos para atender los suyos.

-¿Hacia dónde debe ir el país para afianzar la ciencia?

- Más vale que el poder político no se meta, ni en la academia, ni en la ciencia. La academia lo que menos necesita son problemas legales, contables y políticos. Lo que debe haber es la voluntad política de inversión en ciencia a través de Conacyt o programas de distribución de segundo nivel. El poder político se tiene que limitar a poner recursos. Por su parte, las universidades deben decidir localmente, con base en sus fortalezas académicas, el rumbo de sus investigaciones. Si en Puebla se destaca la física, las grandes inversiones deber ir hacia ahí, pues intentar ser buenos en todo, nos lleva a ser buenos en nada. Donde hay más fortalezas se debe invertir más y suele ser al revés.

-¿Cuál debe ser entonces el papel de la universidad pública en este proceso?

-El que se le asignó desde un inicio: formar cuadros académicos para formar a los profesionales que se necesitan para que el país pueda vivir en paz y haya desarrollo social... No creo que se deba reinventar a la universidad pública, pues sus funciones son claras. Soy egresado de la BUAP, tuve beca Conacyt, mis hijas estudiaron en la BUAP, tienen doctorado, viven bien. La universidad funciona. La pregunta debe ser sobre la función de la universidad privada, porque le han dado un gran espacio para ser un negocio enorme.

La maceta

Desde que estudiaba su preparatoria, Enrique Soto desarrolló una fascinación por la fotografía, una actividad que sigue vigente entre sus hábitos, ya que a diferencia de muchos otros científicos, no ha abandonado su vida privada. “Hay quienes se alejan de su familia y pasiones, por la ciencia. No es mi caso”.

De ser un pasatiempo, ahora la fotografía es parte de sus logros profesionales: ha montado algunas exposiciones y ha publicado libros individuales y colectivos como Paraíso Barroco de Tonanzintla, La Casa de Minerva (Arte e historia en el patrimonio edificado de la BUAP), Rodando y Gráfica Popular Mexicana, entre otros trabajos. Recientemente, en colaboración con el profesor Gauchat y otros colegas de Ciencias Sociales, publicó Construir, habitar. En dicho impreso se exhibe la arquitectura de este inmueble patrimonio de la BUAP, ubicado en el Centro Histórico de Puebla.

De entre las imágenes destaca una de una maceta. Cuando la fotografió, hace dos años, le pareció particular. Se trata de la misma maceta que se alcanza a distinguir en una fotografía de su padre cuando era pequeño, acompañado de sus padres y hermanos. La Casa de las Culturas Contemporáneas en la década de los 20 fue el hogar de los Soto Paz. Retratarla fue recordar algún domingo por la tarde, hace ya muchos ayeres.

Mundo Nuestro. ¿Es posible imaginas una molécula convertida en un chip de computadora? En eso piensan los investigadores del Instituto de Ciencias de la BUAP (ICUAP). Y llevan años en ello. "Ante la demanda del desarrollo de ordenadores a alta velocidad y su miniaturización --se explica en un reportaje que aparece en el portal de la universidad--, en los últimos 15 años investigadores del Instituto de Ciencias de la BUAP (ICUAP) han diseñado moléculas con características de magnetos de una sola molécula. Es decir, de tamaño microscópico que faciliten el almacenamiento de información."

La doctora María Graciela Yasmi Reyes Ortega es la responsable de esta investigación y del Cuerpo Académico 261 “Investigación Química Básica, Teórica y Experimental. Su enseñanza y divulgación con propósitos de sustentabilidad”. Y así explica su propósito: "Obtener este tipo de compuestos permitirá que una sola molécula sirva como un chip de computadora para guardar una gran cantidad de información en un espacio microscópico. Por consiguiente, se incursionaría en el futuro de la computación cuántica.

Así que hablar con ella lleva a intentar reducir el mundo a lo ínfimo. Y pensar en los magnetos. Una molécula diminuta en la que puedes guardar una enorme cantidad de información por unidad de superficie: "Los magnetos poseen propiedades moleculares, como respuesta a luz y a factores ambientales --explica--. Nosotros pretendemos obtener una molécula que tenga muchos iones magnéticos: átomos de metal ionizados y con electrones desapareados; estos son generadores de los espines (campos) magnéticos. Los espines son como alfileres microscópicos en una molécula; no se ven, pero se miden por la generación de su campo magnético."

Reyes Ortega es responsable del Laboratorio de Química Inorgánica del Centro de Química del ICUAP. Ella explica que el diseño de imanes moleculares implica adherir iones metálicos (en este caso de manganeso) en una molécula. Lo anterior, crea una estructura deformada que facilita la generación de un alto estado de espín que tenga una magnetización de largo alcance y que tarde mucho tiempo en desmagnetizarse.



"En el mundo --dice-- muchos tipos de compuestos multimetálicos han sido ampliamente estudiados, especialmente compuestos de coordinación con iones de manganeso, cobalto, disprosio, entre otros, y mezclas de esos iones en una sola molécula. Esto se debe al interés por su carácter científico y desarrollo tecnológico que hará un cambio drástico en la vida de las personas."

En esas andan los científicos del ICUAP. Puedes conocer más de este tema en el portal de la BUAP:

Con diseño de magnetos moleculares, científicos de la BUAP incursionan en la computación cuántica



La increíble milpa

Una experiencia auditiva a cargo del equipo del Laboratorio Multimedia de la revista Elementos de la BUAP.

milpa



Mundo Nuestro. Los encontramos sobrevivientes en algunos puntos de rivera virgen en el río Atoyac, como en el Club Campestre, en la ciudad misma. No se dejan ver, pero sabemos de ellos por los perros y sus ladridos nerviosos. Están ahí. Y luego confirmas su presencia al admirar prendidas de la nada en en la punta de un tejado, las alegres pencas de un nopal.



Son los cacomixtles.

Observo al biólogo Jesús Martínez de la BUAP revisar las muestras obtenidas en su investigación sobre los hábitos alimenticios de un mamífero al que conozco desde hace años, tantos como tengo de vivir junto a un río , nuestro Atoyac, clínicamente muerto a su paso por la ciudad de Puebla. Imagino al mismo tiempo las cañadas que desde las lomas altas del Tentzo por el rumbo de Huehuetlán El Grande bajan hacia el Atoyac, el río poblano renacido después de su desgraciado paso por la ciudad de Puebla. Y por los ojos de este científico puedo ver en un vistazo de la luz de la luna los ojos escurridizos del cacomixtle. Han estado en estas tierras mucho antes que nosotros los humanos. Ahora sobreviven a la caza despiadada y al riesgo de su desaparición. Por ello la importancia del trabajo de un científico como Jesús Martínez.



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El cacomixtle (Bassariscus astutus), Foto tomada de la revista Campiña.

Y para un animalito inteligente y sagaz existe un científico decidido a entenderlo y a luchar por su sobrevivencia. Es Jesús Martínez Vázquez, académico de la Facultad de Ciencias Biológicas de la BUAP, quien estudia desde hace tiempo las costumbres de este hermoso mamífero de cola rauda y ojos alumbrados para encontrar lo que el mundo tenga para él para comer.



El doctor en Ciencias Biológicas por la UNAM estudia la dieta del cacomixtle (Bassariscus astutus) en la región de Huehuetlán El Grande, en la extendida serranía del Tentzo, y ha identificado su gran capacidad para la necesaria dispersión de las semillas para el ciclo reproductor de muchas especies de la flora en la región.

El Doctor Martínez encontró que este mamífero de la familia Procyonidae, a la que también pertenece el mapache, tiene una dieta compuesta principalmente de frutas, las tunas, por ejemplo; en su digestión, el cacomixtle propicia la germinación de semillas. Para comprobarlo, realizó un ensayo con granos de diversas plantas. En algunas ocasiones el paso de la semilla por el tracto digestivo del animal contribuye a disminuir el tiempo de germinación, ya que los jugos gástricos desgastan la testa (cubierta del grano). Sin embargo, en otros casos, la escarificación afecta negativamente al embrión. En este experimento, Jesús Martínez observó que la germinación fue mayor en las semillas separadas de heces de cacomixtle, más del 65 por ciento, en comparación con un 8.3 por ciento del grupo testigo. Por lo tanto, comprobó que este mamífero es un importante dispersor de las semillas. Y con ellas la alimentación de pájaros y mamíferos. Y con ellas las flores y las abejas. Y con ellas el ciclo de una vida que se renueva y que puedes encontrar muy florida en el nopal que crece en el techo de tu casa.

El Doctor Martínez en su laboratorio, con sus muestras.

La foto que hemos presentado en la portadilla de esta reseña la tomé con mi celular en el tejado que existe en casa. Ahí viene, muy horondo, el nopal. No cuesta trabajo adivinar cómo es que han llegado hasta ahí las semillas de la tuna.

No queda más que decir, ¡larga vida a los cacomixtles!

“Si el Diablo fuera de veras muy chingón, no sería Diablo”. Don Inés Ávalos, campesino de San Nicolás de los Ranchos

"El primer pensamiento del día, la mejor manera de comenzar bien cada día es, al despertar, pensar si en ese día podemos complacer al menos a una persona. Si esto pudiera admitirse en sustitución de la costumbre religiosa de la oración, los demás saldrían beneficiados con el cambio". Nietzsche



Resultado de imagen para EL INFIERNO ABIERTO AL CHRISTIANO, PARA QUE NO CAIGA EN ÉL VEN'. P. PABLO SÉÑERI Puebla de los Ángeles, año de 1780

La Nueva España del siglo XVIII fue una época de grandes cambios económicos, sociales y culturales, debido al afrancesamiento de las élites que acompañó la difusión de las ideas ilustradas y que implicó una ruptura con la vida social del siglo XVII, en la que predominó una monótona y gris austeridad. Por primera vez comenzaron a proliferar los entretenimientos y placeres del mundo moderno en las diversiones públicas, los cafés, los paseos y los bailes. Por otro lado, se producía también una reformulación y una consolidación de la cultura popular urbana provocada por el crecimiento de la población y los cambios económicos que sucedieron durante el siglo.1 Como un contrapeso a estos preocupantes signos de atención a la vida mundana y sus satisfacciones, la Compañía de Jesús editó, en las primeras décadas del siglo XVIII, un libro cuyo elocuente título explica su propósito: El Infierno abierto al christiano para que no caiga en él, o consideraciones de las penas que allá se padecen. Propuestas en siete meditaciones para los siete días de la semana.

Un ejemplar de este libro, impreso en 1729 en Puebla de los Ángeles, se encuentra en la biblioteca Lafragua de la BUAP. Fue un libro muy leído en la época, según lo deja ver la nota del impresor poblano: “Reimpreso muchas veces y ahora en la Puebla de los Ángeles por la viuda de Miguel Ortega en el portal de Las Flores”. Medio siglo después, en 1780, se hizo otra reimpresión, ahora con siete imágenes en calcografía que revelan al lector los castigos del infierno, esta última edición es la que aquí comento. El autor fue un jesuita italiano Paolo Segneri,2 nacido en 1624 en un pequeño pueblo de la provincia de Roma, Nettuno, tristemente célebre en los primeros años del siglo XX debido a la muerte a puñaladas de una niña de once años, Santa María Goretti, quien se resistió a ser violada por no pecar y ofender a Dios. En reconocimiento a su valor y su fe fue canonizada en 1950 por el papa Pío XII ante un millón y medio de peregrinos. El asesino, que asistió a la canonización, fue condenado a 30 años de prisión y durante 27 de ellos no dio señales de arrepentimiento, hasta que en un sueño María le anunció que también sería llamado al Cielo, entonces cambió radicalmente su actitud, convirtiéndose en hombre piadoso, lo que le valió para ser liberado. En seguida fue a pedir el perdón de la madre de María, quien argumentó que si Dios y su hija lo había perdonado ella también lo haría.

De la vida de Paolo Segneri se sabe muy poco a pesar de haber sido un autor prolífico, muy leído durante más de un siglo y traducido a varios idiomas. Segneri escribía en toscano, que después se convertiría en la lengua italiana, perteneció a la Compañía de Jesús, fue adversario acérrimo de la doctrina quietista, que predicaba las virtudes místicas de la contemplación y la pasividad, sosteniendo que el estado de perfección se alcanzaba con la abolición de la voluntad y la aceptación plena de lo que Dios quisiera otorgar. Nada más opuesto al fervor militante que como jesuita tuvo Segneri, que lo convirtió en uno de los más populares misioneros del centro de Italia, siempre como predicador del papa Inocencio XII. Murió a finales del siglo XVII, en 1694, en Roma.



El libro está organizado de manera que cada una de las consideraciones que contiene está dedicada a un día de la semana, con su correspondiente ilustración, en la que el lector puede ver con claridad y contundencia los castigos infernales a los que será sometido de perseverar en la vida pecaminosa. Llama la atención que los pecados apenas y son mencionados, más bien el autor parte del supuesto de que el lector está enterado de su naturaleza y gravedad y concentra su esfuerzo en advertirle una y otra vez, para que quede bien grabado en su memoria, los terribles tormentos que padecerá en el Averno.

Resultado de imagen para EL INFIERNO ABIERTO AL CHRISTIANO, PARA QUE NO CAIGA EN ÉL VEN'. P. PABLO SÉÑERI Puebla de los Ángeles, año de 1780

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