El agua y los años perdidos en Puebla

Compartir

Vida y milagros

Lo vuelvo a decir porque lo creo con fundamento: el tema del agua es un tema de seguridad nacional. Aparece en los planes de desarrollo nacional año tras año, pero no se ha actuado en consecuencia. El drama de estas semanas por el desabasto de gasolina se quedará pálido el día en que realmente el agua falte de manera consistente. No hay valor para lo que no existe. Entonces empezaremos a entender por qué era un tema de " seguridad nacional" y la gravedad de haberlo ignorado y minimizado desde todos los ámbitos sociales y políticos, y en particular en la mayoría de los presupuestos gubernamentales de los tres niveles de gobierno.



En el estado de Nuevo León hace ya casi un cuarto de siglo que el gobierno estatal intervino de manera enérgica para coordinar a todos los ayuntamientos y homologar sus herramientas jurídicas, financieras y técnicas en materia de agua. Su objetivo fue lograr administrar de manera eficaz la escasez del agua mediante una empresa estatal pública sin fines lucrativos, pero acompañada de una fuerte contraloría social. La falta de agua los ha obligado a pensar a largo plazo y a ser eficientes para lograr un servicio de cobertura y saneamiento casi total, donde todos han entendido el hecho de que el agua que sale por tu llave tiene un costo, y el limpiarla, también. Nadie niega el derecho a acceder al agua, pero en Nuevo León saben ya que ese derecho va aunado a la responsabilidad de cuidarla, usarla con moderación y pagar por el servicio. Hay tarifas diferenciadas y el costo por usar más agua de la indispensable es muy caro. La escasez los volvió eficientes. El buen gobierno del agua en Nuevo León hace rato que no depende de los cambios políticos.

Cuando voy a la ciudad de México, al bajar hacia esa gigantesca masa de colonias que saturan el valle y suben por los cerros, siempre me asombra que el agua aún fluya y llegue , aunque sea de manera tandeada, por tuberías o en pipas. Más me asombra el saber que el agua residual se conduce hacia otros valles, sucia y contaminada, o hacia el vaso de lo que fue el lago de Texcoco, y que casi nada se haya hecho para evitarlo. Duelen los nombres de sus calles: Río Churubusco, Río Magdalena, Saltó del Agua, Barranca del Muerto. No queda casi nada de ese extraordinario sistema de ríos y lagos, solo el recuerdo y una demanda cada vez mayor de agua. Ahí está plasmada la negligencia de todos los gobiernos que han pasado por la ciudad y un malentendido derecho al agua que suele no pasar por las obligaciones. En la capital han gozado de subsidios y del privilegio de llevarse el agua de otros lados y aventarla asquerosa hacia los Estados vecinos, sólo por ser la capital. Aunque ya hay un buen sistema de cobros diferenciados implementado desde la administración de López Obrador, la administración y gestión no es sustentable y mucho menos responsable. Claudia Sheibaum ha dicho que la sustentabilidad hídrica será unos de sus ejes rectores. Le deseo muchísima perseverancia y suerte. El solo hecho de poner el tema a la cabeza de sus prioridades me parece fundamental. Ojalá que esa priorización pase por un presupuesto equiparable a la prioridad y por la creciente responsabilidad de que el que usa el agua debe de pagar, aunque sea los costos mínimos de que salga por su llave y se limpie después.

En Puebla capital y la metrópoli que surgió al permitir la conurbación sin orden ni concierto con otros 8 municipios, hemos ido copiando idéntico el modelo depredador del agua de la ciudad de México. Puebla y sus municipios aledaños extraen el agua del valle, se la llevan de otros municipios lejanos para crear desarrollos inmobiliarios altamente especulativos, desordenados y carentes de planeación conjunta. Toda esa agua regresa contaminada a los ríos de la cuenca del Atoyac y se dirige al distrito de riego de Tecamachalco o se sigue hacia los campos de riego de Atlixco. No ha habido dinero para entubar los ríos, a excepción del San Francisco, entubado en los años sesenta por su alta contaminación y su cercanía con el corazón del centro histórico. Se derribaron sus puentes y toda su galería de árboles. No ha habido dinero para otro entubamiento más allá de esos cuantos kilómetros convertidos en avenida. Qué bueno. Aún hay esperanza para rescatar al Atoyac, que cruza Puebla de norte a sur, tal y como se ha hecho con enorme paciencia y visión en otros lados del mundo. Los ríos tóxicos de la metrópoli aun corren abiertos, rodeados de su impresionante galería de árboles.



En 2013, el gobernador Moreno Valle concesionó el 70% del agua de la ciudad y su tratamiento a la empresa AGUA DE PUEBLA mediante un convenio que ha sido extremadamente difícil de conocer y descifrar porque fue blindado por convenios de confidencialidad injustificables, ya que se trata de un servicio público. Poco a poco la información ha ido fluyendo, sacada con tirabuzón mediante el juicio ciudadano estratégico que se sigue en un juzgado de la ciudad de México, o por la buena voluntad de algunos funcionarios que ya entendieron el cambio de los tiempos. Nada en la gestión pública debiera ser más transparente que el agua. Por el tamaño e importancia de su cobertura, el tema de la concesión debe transparentarse para revisar sus cumplimientos ambientales y financieros. Solo así se podrá analizar y decidir si debe continuar o no. Es un tema complejo que aún está sobre la mesa, y aunque el decreto de creación del Sistema Operador de Agua Potable y Alcantarillado de Puebla (SOAPAP) y la concesión emanan de la ciudad de Puebla, el Consejo Directivo que otorgó la concesión lo preside el gobernador en turno.



En las campañas políticas del año pasado, el tema fue puesto sobre la mesa de todos los candidatos a la gubernatura, porque de dicha figura depende no solo el SOAPAP, sino la necesidad y voluntad para orquestar a los ayuntamientos conurbados y a los que no lo están también. La debilidad municipal es inmensa y casi todos necesitan construir sus herramientas jurídicas y financieras de administración del agua. Esas son las obligaciones del cuerpo intermedio que son los gobiernos de los estados. Así lo mandata la Ley de Aguas Nacionales. Su intervención es indispensable para hacer una planeación territorial alineada a la disponibilidad hídrica que logre poner de acuerdo a los municipios, fortaleciendo a los más débiles o rezagados en esa materia. La naturaleza y el agua no tienen fronteras políticas y su planeación no debe fundarse en esas divisiones.

Con respecto a las concesiones de los servicios, no es cuestión de decir sí o no a ellas. Hay que decir Sí, definitivamente Sí, a una poderosa rectoría del estado y a una contraloría social efectiva en un tema estratégico. Es decir, sí al largo plazo en la planeación, a la cultura del cuidado del agua y a la cultura de entender que usarla cuesta.

Estamos a punto de perder otro año para corregir la ausencia de una gestión hÍdrica estatal adecuada. Los dos candidatos del año pasado, Luis Miguel Barbosa y Martha Erika Alonso, comprometieron su palabra para priorizar este tema en caso de ganar.

Cinco meses de litigio post electoral frenaron la reingeniería política y económica del agua. Un fallo controvertido y un accidente fatal e inesperado nos tienen de nuevo en la ruta de otras elecciones en junio.

Desde hace dos semanas ya hay un gobierno interino encabezado por un experimentado y viejo político elegido de manera sorpresiva casi por unanimidad. Resulta que conoce como la palma de su mano a todas las partes involucradas. Quizás a él le interese dejar un legado y sacar de la chistera un acuerdo anticipado para una buena gestión del agua, evitando que este año sea un año más perdido e irrecuperable. Tiene exactamente seis meses para lograr un buen acuerdo en un tema impostergable.

Vamos a ver. dijo un ciego.

(Foto de portadilla tomada de Pueblaonline)

  • o
  • o

  • o

  • o

Compartir

Sobre el autor

Verónica Mastretta