El mundo, por un instante, es eterno/Para esperar a la primavera al vuelo de la mariposa Monarca

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Mundo Nuestro. Publicado originalmente en nuestra revista en marzo de 2013, esta vista del mundo contenido en las montañas del centro de México que, año tras año y contra todos las acciones que les afectan, albergan a las maravillosas mariposas Monarca. Con la llegada de la primavera ellas inician su vuelo al norte. Nosotros contemplamos el cambio de los colores en el monte. Esperamos la lluvia desde la más profundia seca. Y las vemos partir con nuestras ilusiones.

Video por Mariana Mastretta. Fotos de Leonor Mastretta, Texto de Sergio Mastretta





Fragilidad de la flor en la mano. La naturaleza tiembla en el aleteo del insecto entumecido. El revuelo naranja en el cielo. La conmoción intacta del bosque milenario. Sol que calienta la vida en racimos de mariposas antiguas en el cerco de los oyameles. Ahí estamos, y por el milagro de las Monarcas casi yertos, los mexicanos ante el interrogante biológico más bello que nos ha tocado en custodia. Y a la vista nuestras respuestas patológicas.

1.- Cinco de la tarde en un paraje de la sierra de Chincua, a diez kilómetros de Angangueo. En el descampado y entre los arbustos la basura de los turistas ecológicos es una imagen llana y rotunda; bolsas de plástico, envases de refrescos, envolturas de papitas, naturaleza simple y patológica arrojada ahí cincuenta minutos después por los testigos del milagro de las mariposas. Todavía cuento unos veinte automóviles en ese estacionamiento abierto por los campesinos. El entonces presidente de la Replública Felipe Calderón todavía dejó inaugurada la zona de visitantes en Chincua. De ladrillo rojo, techos inclinados y de teja, las tiendas y restaurantes de cecina y quesadillas tienen una terraza con una vista impresionante, y se alinean en un grandísimo patio sembrado con gramíneas traídas de un vivero. No parece que vayan a sobrevivir mucho.

Fuente vital de generación de recursos para los campesinos propietarios de los insectos de la fortuna, las Monarcas atraen por igual a los omnipresentes japoneses que a esa mezcla del turista nativo condensada entre el defeño del barrio y el peregrino guadalupano. Las placas de los autos certifican bien a bien el centro de la república. A lo largo de la jornada tal vez aparcaron doscientos vehículos. Como es domingo se cuenta como un buen día, pero hay mejores: tan solo el jueves último de enero los ejidatarios vieron llegar treinta camiones con una multitud de jóvenes, a treinta y cinco pesos la entrada por cabeza. Es difícil que haya en México un proyecto de turismo ecológico tan exitoso como el que se observa. Y en todo este encierro, más allá del boleto, no se encuentro nada que recuerde al gobierno. No hay en el estacionamiento un solo bote de basura.



2.- Emmanuel tiene once años de edad y una miopía fulminante de diez dioptrías que cubren sus ojos color café. Nos acompaña todo el viaje desde el crucero para subir a Angangeo. Describe a su tierra con la sinceridad de su padre, un joven pintor que expone sus cuadros naturales en la misma tienda a pie de carretera en la que vende refrescos y dulces para quienes esperan el camión con rumbo a Zitácuaro. No tiene pena en mostrar el paredón desencajado que esconde una represa antigua que carga las aguas contaminadas de las minas que explotó hasta 25 de abril de 1953 la American Smelting Refining Company, día en el que un desastre en la mina obligó al cierre definitivo de la explotación minera en la región. Emmanuel ya no conoció el ferrocarril que llegaba hasta el pie mismo de la población; tampoco sus ojos mínimos vieron correr desde la boca del cerro por rieles casi de juguete los cochecitos cargados de la piedra mineral hasta el beneficio. Sus ojos sí conocen bien ese olvido de fierros oxidados que dejó para siempre la empresa. Y tal vez tampoco acompañe Emmanuel a los viejos mineros el 11 de julio a recordar que Angangueo, algún tiempo, por más de tres siglos, vivió del metal que sus hombres extraían de las minas. Hoy Emmanuel es uno de tantos, tantísimos niños que piden limosna y que suben turistas hasta el territorio de las Monarca. Guarda tras sus lentes profundos la calidez que su padre retrata en sus paisajes. Y también con la soltura de sus once años revela lo que sus ojos observan de cuando en cuando: que los camiones de los talamontes se llevan por las escurridizas brechas los camiones cargados con la madera en rollo.



El monitoreo de la temporada 2012-2013 hecho por la Conanp, a través de la dirección de la Reserva de la Biósfera Mariposa Monarca, encontró que la superficie ocupada por las colonias en diciembre ha sido la más baja de las últimas dos décadas.
El titular de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), Luis Fueyo Mac Donald, explicó que durante la segunda quincena de diciembre de 2012, el monitoreo registró nueve colonias de hibernación, que ocuparon una superficie de 1.19 hectáreas de bosque. (El Universal, 12 de Marzo del 2012).

3.- En dos días te vuelves experto en mariposas Monarca. Todo se encuentra en la bondad de internet. La Universidad de Michoacán, por ejemplo, reseña los seis principales santuarios de la región: Cacique, Chincua, Rosario, Cerro Huacal y Altamirano en Michoacán; Donato Guerra en el Estado de México. Se encuentran en colonias de hasta veinte millones, siempre en cañadas filtradas por un arroyo y mirando al sur o al este en ese refugio de los oyameles en las montañas del altiplano sobre los 2,700 metros de altitud. Nos enteramos que vuelan desde la región emplazada entre las Rocallosas y los Grandes Lagos, en Norteamérica; emigran por el milagro que les impide controlar su temperatura interna y arrojadas por el letargo invernal; viajan entrado el otoño a razón de 120 kilómetros por día, en jornadas que arrancan a las 9.30 de la mañana y cierran al caer la tarde nueve horas después; duermen en racimos de 600 en las frondas que encuentran en los valles abiertos por los que despliegan el vuelo medio ateridas por el viento del norte; les gustan las corrientes de aire ascendente y son capaces de plegar sus alas y timonear si son muy fuertes, pero igual planean con el naranja extendido y alumbran el cielo día a día hasta alcanzar los cuatro mil kilómetros de su viaje milenario.

La mariposa monarca son insectos que pertenece a la orden de los lepidópteros, palabra cuya etimología griega proviene delepis (escama) y pteron (ala), por lo que esta orden se puede definir como insectos con alas escamosas, pertenecientes a la familia Danaide y su nombre científico es Danaus plexippus Linneo.

De gran belleza y colorido, las mariposas monarca son de vital importancia en el ciclo de la vida como agente polinizador y factor de equilibrio ecológico en los bosques que habitan. (SEMARNAT http://mariposamonarca.semarnat.gob.mx/monarca.html)

Nos obligamos a conocer su ciclo: al regresar de México a Norteamérica, las hembras Monarca depositan por millones sus huevecillos en la cara inferior de las hojas tiernas de las plantas del género Asclepia, abundantes en aquellas praderas; siete días después brotan voraces larvas que se alimentan primero del cascarón y después de la hoja que las cobija, felices con su colorido que no disfraza las toxinas que las resguardan de los depredadores; tres semanas después, y tras mudar cinco veces la piel, formarán las poéticas crisálidas, y en quince días más alumbrarán como mariposas; vendrá el verano pleno, la madurez, el apareo y la muerte, pero dejarán también millones de huevecillos que repetirán la tarea hasta la formación de las crisálidas y el nuevo alumbramiento en septiembre. Fuertes y rigurosas, hermosas y por millones regresarán a México en noviembre.

4.- Nos enteramos también que en las montañas michoacanas necesitarán temperaturas por encima de los 16 grados en febrero, para el revuelo del apareo. Muchas no llegarán a tal fecha: apenas hace veinte días murieron incontables por las nevadas y los fríos. En 1996 calcularon por otra nevada, una mortandad superior al diez por ciento. También por esos años calculaban en 500 millones el número de viajeras a tierras mexicanas. Ignoro como lo ha medido, pero el llamado Grupo de los Cien afirmó en ese año que el hábitat utilizado por las Monarcas se redujo en unos años desde 17 hectáreas para el santuario hasta no más de seis. Y por lo tanto el número de mariposas que tapizan el enramado de los oyameles. También afirman que por lo menos debe haber un plantío de cuatrocientos árboles por hectárea. Y ese es el asunto que pelean algunos ejidatarios como en la región del santuario de El Rosario, por el rumbo del pueblo de Ocampo: ahí tenían como reserva especial 996 hectáreas hasta 1996; ellos estimaban que con cien seria suficiente para las mariposas, por lo que el resto podría talarse y abrirse a la agricultura. Ignoro en qué quedó la propuesta del Grupo de los Cien de comprar a los ejidatarios el territorio de hibernación, por lo menos 16 mil hectáreas de la Sierra de Chincua, pero es posible que no lo tengan presente los ejidatarios convertidos en empresarios ecologistas.


Acciones de Conservación por la SEMARNAT

En México, la temporada para la apertura de los Santuarios y visita para la observación de mariposas Monarca, comprende del mes de noviembre de cada año al mes de marzo del año siguiente.

La Monarca concluye su largo viaje migratorio entre finales de octubre y principios de noviembre llegando a sus áreas de hibernación en México, y estableciendo con ello la creencia milenaria entre los pobladores de la región de que cada mariposa representa el alma de sus seres queridos ya difuntos, que vienen a visitarlos.

Con el objeto de conservar este fenómeno migratorio, en 1980 el gobierno mexicano decretó la protección de las colonias de la mariposa monarca. En 1986 se estableció por primera vez un área protegida de 16 mil 110 hectáreas denominada Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca. En el 2000 se extendió la superficie total de la Reserva a 56 mil 259 hectáreas.

El zona de la Reserva, la Semarnat, a través de la Profepa, aplica el Programa Cero Tolerancia a la Tala Clandestina en la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca, que redujo esta actividad ilícita de 243 hectáreas deforestadas en 2007 a 0.4 hectáreas a agosto del 2011; el mismo se reproduce ese mecanismo en otras cinco áreas prioritarias: Pico de Orizaba, Malinche, Izta-Popo, Valle de Bravo y el corredor Biológico Chichinautzin.(SEMARNAT: http://mariposamonarca.semarnat.gob.mx/santuarios.html)

5.- El Rosario es un ejido pequeñ0. Un kilómetro antes de llegar, cuando ya no hay casitas ni bosque, hay una explanada grande, y ahí algún listo almacena mulch (una cubierta elaborada con pedacitos de corteza protectora del suelo de los bosques), y forma una plataforma de dos metros de alto se extiende muy lejos: es otra manera de explotar el bosque.

Otros listos aprovechan la caminata que los turistas tenemos que hacer: son cientos de comerciantes que han colocado sus negocios hechos con tablas a ambos lados de la calle (que no sendero) para subir al santuario. Definitivamente comercial el trayecto de más de un kilómetro en el que la gente curiosea, marchantea artesanías, come zarzamoras con crema y ve bordar trapitos con mariposas a las mujeres campesinas. Todo un jolgorio un trayecto que debería ser en silencio por la proximidad de las mariposas. Entretenido, pero definitivamente escandaloso.

En ningún momento se nos hace saber un código de conducta. Nadie nos dice que hay que respetar los espacios acordonados, ni que solamente hay que pisar los senderos porque podemos trozar los las plantas de los algodoncillos que serán la comida de las larvas, que si alguien tiene ánimo de fiesta mejor vaya a la feria, que hay que guardar silencio. Algo de ese respeto se intuye al sentir que todo está en equilibrio precario, que cualquier cosa podría hacer que este momento no se repita para la maravilla que encontraremos.

6.- Suben de muchos pueblos, algunos más allá de la hora y media de camino. Retengo el nombre del poblado de Pancho Moya. De ahí cabalgan hasta la base campesina del santuario de Chincua decenas de jinetes en caballos sobre todo retintos pero también blancos, azabaches y tordillos. Resuenan apelativos como Chabacano, Baltasar y Gitano. Forman cuadrillas a la espera de los turistas. Cobran 75 pesos la subida más allá de la cima, desde donde caminaremos otra media hora en la densidad del monte y con abismos asomados a los claros del valle mil metros abajo. Las mariposas se mueven año con año, no llegan al mismo lugar, por lo que las distancias varían… Nuestro niño guía nos dice que no es fácil encontrarlas por primera vez, y hay que hacer los senderos…

Los jinetes arrearán turistas hasta por cuatro vueltas por caballo. Si son más de ciento cincuenta calculo ingresos cercanos a los treinta mil pesos por jornada. No sé qué relación de negocio tengan estos muchachos con los ejidatarios del bosque. Pero no paran, van y vienen desde la base hasta la ladera que cae a la cañada de las mariposas. Puedes imaginarlos igual, campesinos antiguos, tal vez con alguna banda revolucionaria o cristera, ocultos en la densidad del bosque, penetrados en sus sombreros y en el frío; los imagino siempre campesinos alzados para la sobrevivencia, un rato en el azadón y el maíz, un rato con la planta y la víscera en los campos de Estados Unidos, braceros siempre, jinetes hoy al servicio de las Monarca.

7.- Al final, el silencio. El bosque cerrado. La luz del sol en los claros. Y el revuelo, un aleteo que no reconoce el tiempo humano. El mundo, por un instante, es eterno.

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