Viaje al fin de la selva V La selva capitalista

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Publicado originalmente en su primera parte en la revista Nexos en febrero del 2015, este reportaje de largo aliento se presentó completo en Mundo Nuestro en esos mismos días. Lo recuperamos aquí con el ánimo de iniciar esta nueva etapa de la revista digital con una mirada a la realidad ambiental de nuestro país y los retos enormes que se nos presentan a los mexicanos.



Viaje al fin de la Selva V La Selva Capitalista

Sergio Mastretta

En los municipios de Benemérito de las Américas y Marqués de Comillas puedes encontrar el avance de la economía capitalista en la selva. Dos monocultivos: la palma africana y el hule, con sus plantaciones que empiezan a arrebatarle el territorio al ganado, que sin embargo pelea con miles de hectáreas de pastizal palmo a palmo con la selva y los acahuales el espacio y el agua para la engorda de reses. A las compañías extractoras de aceite, a las procesadoras del caucho, a los rastros TIF no las encontrarás por aquí, pero se desplazan en tráileres incontables que destrozan las carreteras abiertas para la colonización en los noventa. La fuerza de trabajo está a la mano, del otro lado de la frontera.

Jornaleros



No es difícil encontrar la fuerza de trabajo en la selva capitalista. Los ves apostados al amanecer a la orilla de la carretera a la espera de un contratista; o ya atrapados la redila de un rabón rumbo a las plantaciones; o de camino en familia por la vereda que lleva hacia Cuarto Pueblo o cualquiera de las aldeas que en línea paralela a la frontera imaginaria guatemalteca en el Ixcán resurgieron como brotes silvestres en la tierra arrasada por los kaibiles.

Siempre están ahí. Y no cobran menos de cien pesos. Y si les queda lejos la aldea esperan también frijoles y pozol. Lo demás es trabajo. Como el que afronta sin remilgos con la puya un hombre en un campo del ejido de Santa Rita. Un golpe y cae la penca, ese racimo apiñado, que se pelea el aire entre los ramales de la palma, otra más y ya está en el suelo.

“Si eres práctico --me dice--, de un solo golpe cae.”



Campo de palma africana/Foto de Sergio Mastretta.



Jornaleros guatemaltecos, cortadores de palma africana, en el ejido de Playón de Gloria/Foto de Sergio Mastretta.



Jornaleros en un centro de acopio de palma africana/Foto de Sergio Mastretta

Él es práctico y no habla mucho. Chas, y cae, chas, y cae, y no para de golpear con la chuza. Alrededor de la planta hay cinco bolas con decenas de algo que asemeja unos dátiles apiñados y duros. En ellos se contiene un aceite que lubrica la industria alimenticia y que pesa tanto como para que cada racimo pese diez o quince kilos. Y ya va para la siguiente palma.

“Uno diez por bola se paga --me dice su patrón--, que ve como cada cortador va arrimando sus bolas a la brecha por la que pasará con una camioneta para llevarlas al centro de acopio. El hombre me da una clase de producción de palma en un solo golpe:

“Nosotros tenemos un crédito pero debemos de pagarlo. La planta se paga a 56 pesos cada una, eso hay que pagarlo. Luego la plantación, si es potrero hay que matar el zacate, se puede llevar líquido, necesitamos unos tres o cuatro chalanes, cien pesos por cabeza. No se les da de comer. Si son de Guatemala sí, si son de aquí mismo, pues no. Después de matar el pasto, luego, hacer los agujeros donde va a ir la planta, pero no termina ahí. Al sembrar tienes que fertilizar, tienes que empezar a limpiar porque luego se llena de maleza. El matapasto y el fertilizante son 400 pesos por bolsa, al inicio tres bultos de fertilizantes; el matapastos, unos cinco litros de ochenta pesos. Se tiene que estar dándole mantenimiento por tres años. En un mes unos diez jornales, durante todo el año. A los tres años ya la planta te empieza a dar, se empieza a vender. A los dos años que empieza a dar ya son grandes racimos.”

Chas, chas, chas. Uno por uno caen los racimos. De un solo golpe guatemalteco.

Los ganaderos escapan a la palma

Busco los monocultivos. Bien, ahí está el ganado, aunque es una manera de decirlo. Pero más allá, y por todas partes en Marqués de Comillas, la palma Africana y el hule aparecen al lado de los manchones de selva y cada vez más supliendo potreros. Es el argumento que manejan los funcionarios de SAGARPA, “no se está tumbado selva, simplemente se aprovechan los espacios abiertos por el ganado.” Puede ser. No hay cifras, pero es posible que ya sumen 5 mil las hectáreas en la región de Marqués de Comillas. Pero la palma no llega sola, aquí y allá en Chiapas aparecen los nombres de las empresas extractoras y comercializadoras, por ejemplo Palma Tica de México, S.A. de C.V., una trasnacional desarrollada desde los años cincuenta en Costa Rica que opera desde Palenque, pero también Agroindustrias de Palenque, S.A. de C.V. (AGROIPSA), en la región maya y Agroindustrias de Mapastepec, S.A. de C.V. (AGROIMSA), en la región Istmo-Costa.

Por eso aquí todos hablan de la palma tica, aunque venga de África.

Subo con Felipe y Roberto por la carretera Ribereña destrozada --lleva al menos dos años sin mantenimiento-- hacia el Ejido La Victoria, la capital de la palma africana en Marqués de Comillas. Se suceden los potreros en los que abundan árboles popistles, un renuevo natural de madera fina que no respetan por mucho tiempo los ganaderos. Cruzamos el ejido ganadero López Mateos fundado por unos chinantecos de Oaxaca, quienes en relación a la palma aplican una lógica: “si la palma africana fuera negocio, ¿por qué se mueren de hambre en África?” Roberto señala un campo talado recientemente y afirma: “Aquí hice mediciones para un Pago de Servicios Ambientales (PSA) y mira, ya no hay nada.” El ejido Reforma también es de chinantecos, y cuentan con programa PSA. En Zamora Pico de Oro, uno de los ejidos más viejos, con un nombre complejo --lo fundaron unos zamoranos en una antigua explotación de madera que en 1880 ya operaba con ese nombre--, los potreros van a toda ley de alambre de púas; Felipe los cuestiona: “Estos cuates todo lo botan, toman el dinero del programa y adiós…”



Vivero de palma africana en el ejido La Victoria/Foto de Sergio Mastretta.

En La Victoria aparecen dominantes las palmas, con su centro de acopio y el principal vivero de la región. No sé mucho de ellas, salvo que en el vivero que encuentro hay 300 mil plantas que a razón de 136 por hectáreas alcanzarán para 2205 hectáreas. En la enciclopedia averiguo que la trajeron al Caribe con los esclavos africanos desde el Golfo de Guinea, donde hace cinco mil años ya aprovechaban su aceite, y que si la dejas puede vivir cien años y alcanzar los 40 metros de altura, y que la introdujeron las Estándar y United en los cuarenta cuando el “Mal de Panamá” arrasó con los platanares centroamericanos después de la guerra. En las plantaciones no pasará de 20 o 25 años. Pero por un estudio del organismo financiero federal FIRA comprendo que el gobierno y las empresas se lo toman muy en serio. Y ahí está la respuesta a su presencia masiva en estas selvas: Nestlé, Bimbo, Alpura, Lala, Purina y muchas más empresas de la industria alimenticia la buscan como base para aceite, harina, biodiesel, alimento balanceado, jabones, geles y al final Sabritas y gansitos y tías rosas y lo que te guste que suene a chatarra, y México importa alrededor de 462,000 toneladas de aceite de palma al año --a lo mejor de Honduras que solito tiene más de 125 mil hectáreas, o de Costa Rica o de la propia Guatemala--, equivalente al 82% de su consumo, por lo que se necesitarían 200,850 hectáreas cuando en este 2014 las plantaciones no alcanzan más de 24, 400 en producción y 30,000 en etapa pre-productiva. De todas ellas Chiapas, el principal productor del país, tiene 38,525. Pero la producción no es la ideal, no llega a 13 toneladas de fruta por hectárea, cuando en Costa Rica alcanzan las 30. Eso no le quitó el sueño al gobernador Sabines, que en el 2009 hacía cuentas para el 2012: cien mil hectáreas estarían plantadas en Chiapas y dejarían 3 mil millones de pesos a los productores.

Y de más me entero: según el INIFAP, en Chiapas se dan las condiciones ideales para establecer plantaciones en 400,000 hectáreas. Y por ello la SAGARPA tiene el Proyecto Estratégico Trópico Húmedo que paga cada una de las plantas que observo en el vivero a 56 pesos, que no le costarán al productor que decide a apostar por la palma.

Como Miguel Arteaga Reyes, un campesino de 42 años cuyos padres michoacanos trajeron a la selva a los nueve años de edad. “No hay cultivo más rentable --me dice--, por eso estoy plantando cinco hectáreas, y ya llevo dos años y en otros dos, los primeros racimos y el pan de cada día, porque aquí cortas cada 14 días.”



Potreros en renta para engorda de ganado en Playón de Gloria/Foto de Sergio Mastretta.

Miguel tiene 39 hectáreas, y le quedan siete de selva que metió entre las 300 que tiene el ejido en el programa PSA. Sus terrenos son planos, alejados de las vegas, requieren mucho fertilizante, así que siembra maíz sólo para el gasto; por eso renta sus potreros para engorda de reses, 50 pesos mensuales por animal. “Yo podría tener unas 30 cabezas, pero cada una cuesta 6 mil pesos, ¿de dónde? Un tiempo sembramos chiles, pero los negociantes nos caciquean, como es zona marginada todo lo compran a la mitad. Luego la gente se enfocó a la ganadería, pero decae mucho la animalada, se descalcifica, empieza a manquear, una orinadera de sangre. Pasto hay bastante, pero la tierra es pobre en potasio. Por eso mejor la palma, aunque lleve mucho gasto, yo le meto sólo, y a ayunar, la neta, jornalear, estoy acostumbrado a rayármela de sol a sol.”

Leo más de los programas que el gobierno tiene para la palma: FIRA tiene créditos hasta por 20 años si se proyecta la plantación por ese lapso, y por 36 meses refacciona materias primas y jornales; y FIRCO te presta hasta 5 millones con tasa cero y recuperable a tres años; y el Programa para Acceder al Sistema Financiero aporta 200 mil pesos como capital semilla.

Caray. El vivero de 300 mil plantas le supone al Estado una inversión de 16.8 millones de pesos. El programa de Pagos por Servicios Ambientales en Marqués de Comillas, y que respalda 14,894.32 hectáreas para todos los ejidos en este 2014 no rebasa esa cifra.

A miguel la SAGARPA le ha regalado para sus cinco hectáreas 680 plantas equivalentes a 7,616 pesos por hectárea, 38,80 pesos en total. Si le salen bien las cosas, en dos años sacará arriba de cien toneladas al año, al precio de hoy, 120 mil pesos. Diez mil pesos mensuales menos sus gastos. Si hace las cuentas que tiene SAGARPA para el costo por tonelada, restará 3,250 pesos a sus ingresos.

Si el gobierno no paga más por la selva, seguiremos viendo potreros.

La vista se pierde en el vivero. Miguel regresa a su faena, pero es un hombre de frases, es generoso y me regala dos: “Yo estoy enamorado de esta tierra, la muerte está en cualquier lugar, por eso nunca me iré de aquí.” Y remata: “Es un desmadre la vida, no se le atina pa dónde va.”

Las panzonas

Media tarde en la carretera Fronteriza antes de llegar desde el norte a Benemérito de las Américas. A punto del aguacero, espantadas, las reses se avientan al pavimento desde un tráiler que aquí conocen como “las panzonas” --jaulas con capacidad para 80 cabezas de 400 kilos-- y que obstrucciona un carril entero. Son los corrientes cebús que se miran por todos lados. Circulamos en el único auto a la vista, así que los vaqueros no se inmutan. He contado en los últimos 30 minutos cuatro de estos transportes rumbo a Palenque.



Reses centroamericanas introducidas ilegalmente a Chiapas/Foto de Tabasco Hoy.



Las “panzonas” van y vienen por la carretera fronteriza/Foto de Tabasco Hoy.

Supongo que una escena como esta es la que los policías militares encubiertos identificaron como parte de una cadena de contrabando de ganado que le deja al mes a las mafias 34 millones de pesos de ingresos, según se establece en la investigación que la Secretaría de la Defensa Nacional filtró al diario El Universal para su publicación el 23 de junio del 2013.

El “modus operandi” como seguramente escribieron en su informe es simple: el río Usumacinta culebrea a cuatro kilómetros de distancia en paralelo a la carretera en el tranco fronterizo del municipio de Benemérito de las Américas; del lado Guatemalteco, en las aldeas Los Laureles, La Flor, Santa Rosita, La Técnica, La Felicidad y El Bethel están dispuestos corrales a los que llegan los embarques con el ganado robado en Centroamérica; ganaderos mexicanos compradores tienen ahí sus fierros de marca y la gestión del registro de la documentación de embarque con facturas expedidas por la Unión Ganadera de Catazajá, con guías de tránsito expedidas por la oficina de gobierno correspondiente en Benemérito de las Américas y con certificado zoosanitario del Servicio de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimenticia de la SAGARPA; la investigación identifica los ejidos Caobas, Cerros, Mollejón y Roberto Barrios como involucrados en el proceso; el destino puede ser cualquiera de los estados de Veracruz, Querétaro, Hidalgo, San Luis Potosí, Durango, Tamaulipas y Nuevo León; trasladado a México por la vía de las “panzonas”, las reses que requieran engorda se quedan en los ejidos de la región bajo el esquema de renta de los pastizales propiedad de pequeños ganaderos que no encuentran otra opción de ingresos. La SEDENA identifica a las empresas mexicanas Pulpo Remes, Praderas Huastecas y Su Carne SA como las principales comercializadoras de este ganado.

En la región no hay cría, pero sí alrededor de 1300 ranchos y parcelas listas para la engorda. Estimaciones de gobierno establecen en alrededor de 5,400 cabezas producidas al año, pero los registros de la SEDENA contabilizaron entre el 25 de octubre del 2012 y el 5 de marzo del 2013 el movimiento de 21,744 cabezas, 131 días, equivalentes a 5,436 animales. Y hacen números: 450 kilos promedio por cabeza dan 2,446 toneladas mensuales, un negocio de 880 millones de pesos al año. En Guatemala el precio en el 2013 era de 16 pesos el kilo, contra 29.70 en Chiapas, por lo que la ganancia en este lado de la frontera es de 13.30 pesos por kilo, equivalentes a 390 millones de pesos.

Todo esto averiguaron los militares. Aunque no explican cómo pasa tanto animalero yo supongo que el principal punto de entrada está en Nuevo Orizaba, el único puesto carretero que comunica con Guatemala. O en lanchones por el Usumacinta. Como sea, pero no dejan de señalar la ausencia de las autoridades federales, estatales y municipales en el asunto.

Todo esto llevo en la cabeza cuando platico con Nemesio Peñaloza Gómez, un ganadero de 42 años en el ejido de Quiringüicharo, con su comunidad emplazada a orillas del río Lacantún, unos diez kilómetros antes de su desembocadura en el Usumacinta. El ejido, con un total de 9,150 hectáreas tiene dos mil hectáreas de vega de río, una bendición afectada por las continuas inundaciones que los mantienen en jaque año tras año. Pronto se hicieron ganaderos: tumbaron y sembraron pasto, tumbaron, sembraron maíz y sembraron pasto. Así, todavía conservan dos mil hectáreas de selva, algunas en el programa de PSA para la conservación de las selvas. Nemesio Tiene 50 hectáreas, 43 de ellas empastadas para la engorda. Las compró en el 2003 a un precio de 25 mil pesos, pues como hijo de ejidatario no le toco reparto. Encabeza una asociación ganadera local que lo ha intentado todo: producción lechera para la Nestlé, programas silvopastoriles con financiamiento del Corredor Biológico Mesoamericano, búsqueda de financiamientos para cría. Y ai la llevan, pero por lo pronto están en la engorda.

“Nosotros no tenemos capital --comenta en medio de un aguacero que rompe el zinc de la oficina de la asociación ganadera ‘Río Lacantún’--, aquí agarramos, por decir si usted tiene dinero, tiene ganado o compra ganado y me dice: ‘sabes qué yo te doy ganado a la parte’. Y yo tengo el pasto, “Tu potrero aguanta 50, por decir, te doy 50 becerros”. Y, al comprar invierte $500,000 un decir, comprueba que en los becerros invirtió 500 mil pesos y te lo da a un año, luego del año, 8 meses, lo vende y lo que aumente de los 500 mil pesos, se reparte la mitad cada uno. Nosotros, el pasto y el trabajo de cuidarlo y de mantenerlos, que si muere uno o se pierde, eso lo pierde uno porque él saca sus 500 mil pesos libres y lo que sobre de ganancia, pues se reparte entre los dos.”

“¿Y cuántos están trabajando así?”, le digo.

“Aquí la mayoría.”

“¿Un solo patrón?

“No, son varios patrones. Tengo un primo que está trabajando en una empresa, de Monterrey me parece que es comprador de ganado, está saliendo mucho ganado de aquí de lo que es de Guatemala, están jalando bastante. No sé si entra derecho, pero es legal el ganado y aquí lo embarcan. Ya viene grande. El ganado que viene de allá ya viene grande. Nomás pasa y aquí lo embarcan, descansa tantito unos días, es como una escala aquí. De esos becerros que vienen, vienen pequeños unos y los van dejando y esos son los que nos dan a nosotros, para crecerlos a buen tamaño. Nosotros no vendemos los becerros terminados, los vendemos, le dicen media ceba de 350 a 400 Kg. Y ya se van para el norte.”

Nemesio identifica sus problemas graves: el coyotaje, la falta de capital para comprar y engordar sus propios becerros, la carencia de infraestructura y tecnología para el manejo semi estabulado para reducir la engorda en cuatro o cinco meses.

Y por lo pronto engorda reses, de donde lleguen.

El SAT en la tierra de nadie

Carretera Fronteriza, en el ejido Nuevo Orizaba. A un kilómetro Guatemala con un caserío de tendejones que llaman La Línea y en el que encuentras maíz Valle Verde, bicicletas, llantas y otros chunches que no encuentras fácilmente en los comercios ejidales de Marqués de Comillas. También del otro lado las dos torres con las células que las compañías telefónicas Claro, de Telcel, y Tigo, de Movistar, y la de IUSACEL, no han querido instalar del lado mexicano. Todo mundo aquí, empezando por los soldados con sus tablets y sus fusiles y siguiendo por todo aquel que por estos rumbos logre pagar y tener en sus manos un aparato, compra sus recargas en innumerables comercios que todo el día las venden. Los campesinos compran el quetzal a 1.60 pesos mexicanos. Los chapines salen ganando.



Construcción de la nueva Estación Migratoria en Nuevo Orizaba/Foto de Sergio Mastretta.

En los 135 kilómetros de carretera fronteriza, con 18 pueblos del lado mexicano y 33 pueblos del lado guatemalteco, ambos gobiernos sólo tienen un paso carretero: Nuevo Orizaba del lado nuestro, Ingenieros, del suyo. Ambos pueblos han dejado una distancia prudente de la línea, y ninguno se ha dignado pavimentar el acceso. Pero la sorpresa está del lado mexicano.

Un tráiler repleto de reses da la vuelta a la barda de block que por dos kilómetros rodea el nuevo recinto, todavía no inaugurado pero que prácticamente está terminado, que el gobierno mexicano ha construido de este lado de la línea. Porque en este punto la línea ya no es imaginaria: el Sistema de Administración Tributaria (SAT) estrenará un nuevo “puerto fronterizo” resguardado por el ejército para poner orden en el paso de personas y mercancías en el único punto que une nuestro territorio con el guatemalteco en todo lo largo de los más de 300 kilómetros de línea fronteriza. Por el momento a nuestros vecinos chapines no les apura mucho el asunto y no pasan de mantener un lucrativo negocio local mientras ven pasar los cargamentos con las reses centroamericanas.

En las treinta hectáreas que compró el gobierno federal a algún suertudo ejidatario se propone también, según cuentan en este vecindario, construir un centro de detención final de migrantes centroamericanos a los que los funcionarios de Migración lograron capturar --dicen ellos “rescatar”-- en su viacrucis hacia su sueño americano.

Alessandra atiende en un pequeño restaurante de tacos de cabeza, adobo y bistec que acaba de abrir hace veinte días, pero tiene la mirada y la esperanza a un kilómetro de aquí, en ese edificio con todos los rasgos mastodónticos del gobierno federal: acaba de terminar una maestría en administración aduanal en una universidad en el puerto de Veracruz.

--Seguro tendrán una oportunidad para una muchacha de la localidad --le digo para estar a tono con su rostro iluminado de futuro--, ojalá te apoyen las autoridades de por aquí.

--En eso ando --me dice--, mi papá es el presidente del comisariado ejidal.

Buena idea. Y mejores los tacos. Y memorable para mí el 2-1 de la selección italiana sobre los ingleses que disfruto muy campante en este extremo mexicano al que el Estado quiere traer no sé si la esperanza de mejorar sus ingresos y egresos pero sí un empleo más que posible para esta joven taquera que no deja de sonreír a su única clientela.

La selva capitalista/Memoria campesina

Baltasar Lombera, campesino de Boca de Chajul: Baltasar: El problema con el programa especial, son cien millones para pago por servicios ambientales, pero son cien aquí nada más en Marqués de Comillas. Sí, pero el problema es que no le apuestan a la conservación. Dale estos datos al gobierno, un día que manejes de Palenque a Benemérito, salen 60 becerros por jaula, en promedio, son 600 becerros diarios. Marqués de Comillas tiene un censo de 16 mil cabezas de ganado, nomás ve eso, las incongruencias. Si estás sacando 600 becerros diarios, cómo le haces para producir 600 por 365 días, ¡219 mil! Cómo le hiciste para producir tanto becerro con tan pocas vacas, ja ja. Eso no lo sé yo, hay una base de datos, ni modo que no lo vean, esos animales salen. Eso es hacerse pendejo uno mismo.

Giovanni Martínez, campesino de Flor de Marqués: La palma no la hemos querido sembrar porque nos han hablado mucho, no sé si sea cierto o la gente está mal, que dicen que jala mucha agua, entonces si tiene un arroyo a unos cien, ciento cincuenta metros, lo seca porque jala mucha agua, lo que es la palma, la raíz echa mucha raíz a todo el terreno lo echa a perder. Entonces aquí en Flor no hay nadie que tenga palma. Lo platicamos en unas asambleas y cada quien llegaba a la conclusión de decir sabe qué yo no quiero palma. Y vinieron aquí a darnos el proyecto de la palma, los vamos a poyar con esto y esto, pero aquí en Flor dijeron no, aquí no queremos palma.

Arminda Hernández, campesina de Playón de la Gloria: Mi papá tenía pago por servicio ambiental pero él salió, porque también tumbó, y este año cumplió los cinco años, así que cuando acompletó los cinco años del programa, tumbó. Es una hectárea, él mandó tumbar, la tumban con machete y motosierra. Le dije a mi esposo si hubiera tenido con qué la compraba, porque me gustaba muchísimo. Pero aquí desgraciadamente lo que hace falta es el dinero, una hectárea cuesta 20 mil pesos con todo y monte. Y si tiene potrero vale más. No sé decir cuánto, pero valen más los terrenos con potreros. Un maizal vale unos diez mil doce mil, para sacar cultivo, para siembra de maíz. Mucha gente está vendiendo por aquí, por lo mismo de que ya no los pueden trabajar las tierras, o hacen potreros. En la mira de él es hacer potrero para que de ahí saque dinero para su curación de la rodilla. Mi mamá tampoco quiere que se desmonte, pero mi papá es que el que manda y dice: “Viejita de dónde pues voy a agarrar pa curarme”. Bueno, pues haz lo que quieras, dice mi mamá.

Teódulo Lombera, campesino de Boca de Chajul: Papá: Cuando el gobernador Julio Sabines, uh, en los ochenta, él fue el que impulsó la primera siembra de cacao, sin hacerle un estudio al suelo para ver si era productivo para el cacao. Yo ese año que había perdido mi ojo y que estaba tan jodido, con tres hijos, ¿qué dije?, a sembrar cacao que va a haber dinero, voy a ganar, esa era la ambición, dije yo siembro, estoy alquilado y lo que salga es para mí. Si en ese año este amigo Sabines hubiera dicho voy a hacer un estudio pa ver qué es lo conveniente sembrar en estas tierras, tuviéramos más selva y estuviéramos más ricos.

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Sobre el autor

Sergio Mastretta

Periodista con 39 años de experiencia en prensa escrita y radio, director de Mundo Nuestro...