Puebla, nuevas historias del horror de nuestro propio abismo

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3 de mayo



La violencia extrema es tan cotidiana ya que las noticias hace tiempo que no son asimilables. Todo es ya un periódico de ayer.

Hoy es miércoles y ya hay nuevos asuntos que se llevan a la “opinión pública” con su tolvanera a otra parte.

Pero el dolor por la muerte está repegado a la piel de mucha gente en este arranque de mayo. Escribir una vez más de nuestro abismo, del que ya no vemos el cerco. Contar tres historias para que no sea tan profundo nuestro olvido.

29 de abril por la noche en una avenida de la ciudad de Puebla

En el abismo se cae cuando vas a buscar a contracorriente a tu hijo una noche cualquiera, para encontrarlo muerto en el piso de una micro.

La noche del sábado 29 de abril un joven profesionista es asesinado en un micro por una banda de asaltantes. Erik tiene 23 años, y trabaja en la radio por internet Puebla Prioridad; tiene muchos planes, y tal vez piensa en ellos cuando escucha las voces de mando de los rateros que han subido a la micro 7 de la ruta 27A que lo lleva a su casa. La crónica afirma que intenta defender a una joven madre agredida por uno de los hampones. Recibe tres disparos, el primero en la cien, otro en el cuello, y ya caído, el último para rematarlo, en el pecho. Tres disparos. No más sueños. La novia espera el mensaje en el celular. Sus padres aguardan en casa. Nadie llama. Cerca de la media noche se deciden a tomar el camino inverso al de su hijo. Pronto aparecen intermitentes, azules, rojas, amarillas, deslumbrantes, las luces de las patrullas junto a la unidad de transporte. No es una película. El corazón se les quiebra para siempre.

Entonces pienso que es insondable este abismo nuestro.

Madrugada del domingo 30 en San Pedro Acoquiaco

A la misma hora un barrio se incendia en Tehuacán: en la esquina de la 9 Norte y la 8 Oriente los vecinos se ha decidido a hacer justicia por su mano y atacan las viviendas de la banda conocida como los Acevedos. El asedio a sus casas empieza a media tarde del sábado. No es un estallido espontáneo, llevan tiempo los vecinos urdiendo de coraje e impotencia la venganza. Las denuncias, una y otra y otra, se van por la coladera por la que jueces y ministerios públicos echan las órdenes de aprensión. Pero el secuestro y la violación de una joven a media semana han prendido la mecha. Han circulado panfletos contra la impunidad, claras señas de que el hartazgo tocó fondo. El Grifo es un hombre descamisado en el calor tehuacanero, y un video tomado desde la azotea de los Acevedos, va de avanzada hasta el número 620 de la 9 Norte: no se sabe nada de él, sólo que es un vecino, pero ahí está para patear la reja de los burlones Acevedos, y a la vista de dos policías municipales. Pronto el barrio lo hace fuerte, tanto que a pedradas ataca la primera de las casas de la banda, cuyos hombres resisten parapetados en la azotea. Nada de celulares, nada de registro de rostros. Es la hora del linchamiento. Hay niños… no importa que haya niños; y viejos, no importa que haya viejos; y mujeres, la primera que se aparece será la primera madreada. Pero van por los cuatro Acevedos. la noche cae entre piedras y disparos al aire. La policía interviene, y alrededor de la media noche logra rescatar a doce niños –ocho de ellos menores de cinco años-- y a un anciano de 110 años. Los hombres Acevedos siguen atrincherados en una azotea, tiran balazos al aire, devuelven las piedras. La turba logra tomar la planta baja, que arde de inmediato, y quema seis o siete carros en el solar trasero, logra prender con una molotov a uno de los delincuentes, y lo remata a patadas en la calle, cuando la tea y los gritos caen de la azotea. Jorge Luis N, dirá una crónica que se llama. Es el infierno el que ha caído en ese barrio de San Pedro Acoquiaco, a cinco cuadras largas del centro de la ciudad. Cuatro Acevedos rescatados por los granaderos van a dar con quemaduras al hospital, ya bajo custodia pues las autoridades hacen valer finalmente las órdenes de aprensión. Sus mujeres anuncian que irán a la comisión de derechos humanos a reclamar la apatía de la fuerza pública a la hora de salvar a sus maridos, sus hermanos, sus hijos. Del bando linchador también se llevan a varios presos.

Hace rato ha amanecido el domingo 30, ya no vuelan más piedras, ya no hay cargas granaderas contra la turba, y las autoridades –así se llaman a sí mismas--, levantan el campo y arrojan sus declaraciones: “El trabajo coordinado de la fuerza pública mantiene la gobernabilidad en Tehuacán, por eso las cosas no pasaron a mayores.” Eso declara Jesús Morales Rodríguez, del clan incombustible de los Melquiades y Chuchos Morales Flores. Para la presidenta Ernestina este es tan solo uno más de sus innumerables problemas. Para la ciudad de Tehuacán la memoria ingrata de su propio abismo en una de sus tantas bandas que florecen en la impunidad. El mayor de los Acevedo no pasa de los 24 años. En esa madrugada de la masa enfurecida no han visto llegar su hora.

Entonces pienso que el estallido de la masa es el abismo absoluto.

Madrugada del martes 2 en la autopista México-Puebla

La noticia llega el diario español El País en internet. La desgracia nuestra alcanza primera plana internacional.

En la madrugada del lunes 1 a la altura de Moyotzingo, sobre la autopista México-Puebla, en las inmediaciones de la Petroquímica Independencia, una familia es asaltada por una banda. Una versión refiere que el padre de familia ha detenido su vehículo para orinar; otra simplemente afirma que los asaltantes le cierran el paso en dos camionetas –una nissan blanca, una pick up roja, y que son ocho, nada más sabremos de ellos-- y lo obligan a detenerse. Lo que sigue es un nuevo infierno: uno de los hampones dispara y mata a un niño de dos años de edad. Los demás violan a las mujeres. Al padre de familia simplemente lo obligan a ser testigo. Después huyen con la camioneta robada por un escape que ellos saben existe por un puente peatonal. A medio día ya están las declaraciones de los funcionarios: “La autopista es federal, le compete su vigilancia a la policía federal”, dice Carrancá, el también incombustible fiscal poblano. "Lo que se tiene que hacer en este tipo de casos es hacer investigación adecuada, poder llegar a los culpables (...) sí, es federal, lo investiga la Procuraduría –General de la República–, pero lo vamos a hacer en colaboración, eso es mucho más eficiente…", dice en la ciudad de México el procurador Raúl Cervantes Andrade. Y da a entender que esta violencia inaudita puede tener que ver con una venganza del crimen organizado, esa tablita en la que los políticos en México salvan esta violencia sin sentido.

Mientras, tal vez ayer martes, en Quecholac han enterrado a un niño de dos años.

El miércoles 3 por la tarde.

Nuestro abismo está ahí, infinito en la brevedad de la fosa de un niño de dos años muerto de un disparo una madrugada cualquiera.

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Sobre el autor

Sergio Mastretta

Periodista con 39 años de experiencia en prensa escrita y radio, director de Mundo Nuestro...