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25 Enero 2022, Puebla, México.

La miel, manjar de esencia divina / Karina Cué Hernández

Naturaleza y sociedad | Reseña | 14.DIC.2021

La miel, manjar de esencia divina / Karina Cué Hernández

Karina Cué Hernández

Por Karina Alejandra Cué Hernández 

Dichos populares como “se consigue más con una gota de miel, que con un barril de hiel” o “donde se posa la abeja, dulzura deja”, ponen de manifiesto la relación e interpretación positiva que los seres humanos han desarrollado tanto con las abejas, como con sus productos principales de consumo, especialmente la miel.

 

Colaborador invitado

 

En muchas culturas, la figura de la abeja era asociada simbólicamente al orden, a la prosperidad, la abundancia, la constancia y a la realeza, en este sentido, los antiguos griegos creían que las almas de los muertos pasan por un periodo en el que se convierten en abejas y en la mitología egipcia, las abejas son las lágrimas derramadas sobre la tierra por el Dios Ra, el dios solar, el dador de vida. También han sido fuente de inspiración para poetas como Virgilio, Pablo Neruda y Antonio Machado y emblema personal de emperadores como Napoleón Bonaparte y Childerico I.  

Destacada como un alimento nutritivo y con diversas propiedades medicinales, la miel nos ha sido obsequiada no sólo para nutrir y aliviar el cuerpo físico, sino que también como lo expresa Ana María Vázquez Hoys, en su obra La miel, alimento de eternidad, “…según el más extendido concepto de nuestra civilización, el alimento físico nutre al cuerpo material. Pero también es cierto que el hombre está compuesto de cuerpo y alma. Y, por eso, no sólo necesita nutrir su parte física con alimentos físicos, sino que, además, debe alimentar su alma, su parte psíquica, con alimentos espirituales…”.

 

 

 El sentido divino de la miel, está conectado de forma directa al simbolismo de la abeja y al ser parte del futo de su trabajo, adquirió un valor alegórico además de su carácter alimenticio. Figuras mitológicas griegas como Zeus, Dionisos, Meliteo y Lymo, fueron alimentados en su infancia con una mezcla de leche con miel, y se cuenta que fue la diosa Deméter, quien enseñó a las abejas a construir sus panales en árboles huecos y quien transfirió los procedimientos de recogerla a Melisa. En antiguas ofrendas funerarias atenieses, se colocaban vasijas con diferentes símbolos ornamentales en la tumba de los fallecidos, en las que es muy probable que contuvieran miel, como signo de la inmortalidad. Sus propiedades antisépticas la hacían idónea para embalsamar restos orgánicos, conservar frutos e incluso elaborar cosméticos.  

En la cultura maya, tenían una deidad protectora de esta dulce sustancia, el dios Ah Muzenkab, representado como una abeja gigante, que resguarda entre sus manos panales como señal de protección de la miel, considerada como sagrada, energizante (principalmente para los guerreros) y utilizada como método de pago en algunas transacciones comerciales.

 

 

De composición compleja, donde la fructosa y glucosa se presentan en mayor proporción, la miel posee sustancias como enzimas, aminoácidos, ácidos orgánicos, minerales, vitaminas y antioxidantes, que en conjunto la convierten en un alimento que endulza el paladar y abraza el corazón de quien conscientemente la consume, pues representa el trabajo de un sistema de organización compleja, el de una colmena. Se sabe que, en tan solo 4 ml de miel, es decir, en una pequeña cucharadita, figura el trabajo de entre 10 y 12 abejas, donde cada una colecta el néctar de 560 flores en promedio, realizando vuelos de varios kilómetros para ello, de acuerdo con un estudio realizado por J. Jansonius y Duncan Colin McGregor, en su obra “Palynoogy, principles and applications”.

Considerando que las cuidades se vuelven cada vez más grises y voraces con las áreas naturales, queda abierta la invitación para que nos animemos a crear jardines ya sean grandes o pequeños, donde el menú de recursos florales sea diverso para estos pequeños insectos que nos proporcionan preciados tesoros, tal vez de esta forma, podríamos retribuirles un poco de lo mucho que nos proporcionan y podamos seguir saboreando las dulces mieles de su increíble trabajo.

 

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