Entre el mando del Estado y el Bastón Mágico. Retratos a bote pronto de un 1 de diciembre histórico. Apuntes en la libreta mirando los nuevos tiempos mexicanos con Amlo.

El mando del Estado

Fin de régimen autoritario y corrupto, es la primera frase que escucho al conectarme con dos o tres de los seguimientos que encuentro en internet con la toma de posesión. La ha dicho el diputado de Morena Mario Delgado.
El del PRI habla de mirar por las siguientes generaciones. El del PAN, que la sociedad vota para avanzar, no para retroceder. Y que México no debe ser la próxima Venezuela, y que se debe acabar con la impunidad. Por fortuna, las cámaras siguen más el recorrido motorizado de Andrés Manuel que los gritos y susurros de los diputados.



Ahí va Andrés Manuel por la Calzada de Tlalpan, en un democrático Golf. Creo que Beatriz Gutiérrez va con él. Encuentro en ella lo mejor de lo que puede venir para México con su marido. Miro el brazo que saluda a quienes se han apostado a lo largo de la avenida. Me entero por la locutora que el nuevo presidente desayunó huevos estrellados, y por ahí lo que se nos viene con la nueva narrativa del poder en los canales oficiales. Miro el convoy de motocicletas y automóviles que rodean y persiguen al cochecito blanco que recorre despacio el trayecto hacia San Lázaro. Trato de imaginar los tiempos que se abren mientras la imagen en la tele nos trae el pasado que hoy termina en la figura de Peña Nieto que se baja de una suburban negra, tal vez la del color con el que ha permeado el borrascoso país que nos heredan quienes con él han ocupado el poder en México.

Yo miro todo esto que ocurre con el velo de la violencia que nos plantó un grupo de poder fáctico en la elección del 1 de julio en Puebla. No puedo hablar llanamente del colorido democrático que envuelve este día para México. En Puebla nos agarraron a balazos en la elección. Los jueces nos han mandado a callar y obedecer a los ciudadanos que reclamamos justicia.

Así arranca para mí este 1 de diciembre.



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Se apretujan los diputados en el pasillo de la Cámara para ver el paso de Peña hacia el estrado. Osorio Chong y él se abrazan y tal vez rumien su fracaso. Atrás un sonriente Fernández Noroña, uno que bien me recuerda a Robespierre, Y las voces que narran para la tele oficial; los escucho y casi me confirmo que por la comunicación social no pasará la transformación, no veo una tele pública independiente del ejecutivo en el tono que ella y él que hablan guardan hacia el nuevo presidente. En fin.


Jolgorio, gritos y cada vez más chilangos en las calles rumbo a San Lázaro.

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Ahí está Porfirio, viejo y pícaro. Cuarenta años a cargo y desde muchos rumbos del discurso. Un ejemplar perfecto del dinosaurio político en México. Pienso en ello mientras observo la última pelotera que atraviesa Andrés Manuel en su largo camino a la presidencia de México, ahora para dejar atrás a los diputados muy duchos en el manejo de los celulares. Y en la voz ajada de Porfirio que anuncia el juramento.

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Cambio de régimen, dice AMLO, que arranca con su propio librito: la relatoría de lo que para él es la cuarta transformación: se trata de dejar atrás la más inmunda de las corrupciones de una pequeña minoría.
Inmunda es una palabra certera para referir lo que ha ocurrido en México.
Y por ahí sigue el discurso del nuevo presidente, para caer en el tema más álgido hoy: el del perdón a quienes crearon y se beneficiaron de ese batidero. Pensar para el porvenir, dice, pero que decida la ciudadanía. Y por ahí nos informa que dejará lo del perdón a consulta.
Por un instante me planto en los ánimos de los Morenos Valles, Galis y Marines que se despacharon a su gusto con los negocios inmobiliarios bajo el amparo de sus cargos. Han de estar felices.


"El gobierno no será un comité al servicio de una minoría rapaz". Miel sobre las hojuelas de los morenovallistas.

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Elecciones limpias y libres, dice Amlo. La Constitución dice "libres y auténticas", pero no importa ahora, y que se lo digan a Janine Otálora, la presidenta magistrada del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Apenas el miércoles han sentenciado ella y sus colegas jueces que los ciudadanos no tenemos interés jurídico para impugnar una elección que en Puebla agarran a balazos. Quince segundos tardaron los magistrados en votar por unanimidad una ponencia que avala justo lo contrario a una elección libre y auténtica.

Bautizado como el ciudadano 499 por esta señora Janine. Por un rato me lo tomo a guasa. En el castillo de Kafka las marionetas levantan las manos aprobatorias y las sentencias rebotan contra los paredones digitales. El Ciudadano 499 ve rodar su cabeza por la ladera rocosa hacia la fosa de los lamentos.

VIDEO DE LA SENTENCIA AL CIUDADANO 499

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Amlo ahora se pone el cascabel de bajar el precio de los combustibles. La masa morenista vitorea la descripción que hace del derroche con Fox y Calderón. Y la carga de la deuda, que supera los diez billones.
Peña, un lado de Muños Ledo, escribe notas, supongo que para sus nietos, quienes no irán a saludarlo a la cárcel.

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Cortinas de desarrollo de sur a norte del país. Y la apuesta es por la producción petrolera. No puedo mirar eso más que como una apuesta por el pasado. No habla de invertir en el aire y el sol como las verdaderas alternativas para el sostenimiento socio-ambiental. Esa sí es una apuesta equivocada.

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Su apuesta de fondo, "primero los pobres" como sustento de las políticas de Estado. Política de principios. Ya no va a haber ninis,dice. Ni la mal llamada reforma educativa. Creará cien nuevas universidades públlicas. Y a cachos, algo que no puede ser más que una pensión universal. Los viejos, los discapacitados, los jóvenes, los indigenas, los campesinos.
Ni fracking ni transgénicos. No se refiere más al tema de la minería.
Amlo sigue con su librito: a subasta el avión presidencial. Todo a partir del "plan de austeridad republicana". Vivir en la justa medianía. Sin espionaje. Todos los soldados al servicio del Estado Mayor, a la guardia nacional, eso si lo autoriza el pueblo.
Y por ahí al otro tema: aceptar la gravedad del problema de la delincuencia y la corrupción de las policías. El ciudadano en estado de indefensión.
Y va de nuevo a su librito, ir a las causas de la violencia.
Pero ni modo, en lo inmediato, los soldados a la policía guardia nacional. Realismo y argumentos, dice.
Caray.
Ese mismo ejército tiene a su cargo frenar a los huachicoleros en Puebla. Mientras, las tomas clandestinas florecen en San Martín Texmelucan y Tlalancaleca; ese pueblo razo de soldados no ha podido con ellos.

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Loas al ejército.
Entiendo aquí lo que no nos dice abiertamente: el país está sometido por el crimen organizado, que ha tomado también a lo que conocemos como "fuerzas de seguridad pública". Y contra eso, la salida está por la vía militar.
Caray.

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Ejército y Estados Unidos, dos temas que AMLO enlaza para probar que no hay librito en la transición de poder que deje de lado las dos anclas históricas de México. Pienso en ello mientras el discurso cumple con la reseña de los políticos que vinieron a nuestro "coronamiento".
No se puede pensar al país sin valorar el estrangulamiento histórico en el que nos tienen los gringos.
Ni en el papel que juegan los militares en la tragedia mexicana de la violencia.
Dice Amlo que someterá el tema de la Guardia Nacional a consulta. Contra todo lo que pueda decir, me queda claro que para el nuevo presidente por el momento no hay otra salida.

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Tú no tienes derecho a fallarnos, dice que le dijo el joven que vimos aproximarse en bicicleta sobre la avenida Tlalpan hace un rato.

¿El fracaso posible es un asunto de decisiones personales?
El poder se ejerce. Y le da forma al Estado. Así ha sido éste, el nuestro, forjado en la corrupción más recóndita. ¿Dejará de ser así por la mera voluntad personal del presidente?

Para eso no tengo respuesta.

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Amlo ahora se asoma a nuestras fortalezas. Sol y viento entre ellas.
Así que nos imagina como potencia económica. Muchos discursos como ese se han escuchado en ese mismo recinto. "Recogeré los sentimientos de la gente", dice. Y que va su honor en ello.

Dieciséis horas diarias para oponerse a las regresiones que intentarán sus adversarios. Demasiado tiempo es poco para su voluntad, me imagino.

Y sigue con su librito: no a la reelección y sí a la posibilidad de la revocación. Y por supuesto, se pondrá a sí mismo a consulta. Y ya termina.
¿Cuántos años le llevó a México que Amlo gratara ahí "que viva México"? ¿Qué país seríamos si no le hubieran ganado a la mala la eleccion en el 2006?

Para eso tampoco hay respuesta.

Suena el himno. Y yo le canto así a la posibilidad de un mejor país.

Se va Peña, con toda la carga de pasado que no se ha ido. Se retira Andrés Manuel con la carga de lo que ahora es posibilidad de país más justo y digno.

Allá va él de nuevo en su pelotera. La primera de su mandato.

El bastón mágico

Regreso al día de Andrés Manuel López Obrador. Media tarde, ya con el sol recuperado tras los días de lluvia en Puebla.

Qué cosa encuentro. En el zócalo de la ciudad de México el rito de purificación al que se somete el nuevo presidente para recibir el bastón de mando.

Primero la limpia y el rito. Pienso que la religiosidad no dejará fácilmente de ser un asunto de Estado. Y me digo que lo que veo va mucho más allá de este jaleo colorido en esa plaza que nunca se aburrirá de sorprendernos.

El mundo indígena le toma la plaza y será que la palabra al nuevo presidente.

Insoportables los locutores de El Universal. Encuentro en ellos el tono del entreguismo histórico de ese periódico.

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Y a Beatriz Gutiérrez Müller también le pasan yerbas y copales. De todo tendrá que haber este día. Fuerza del universo, fuerza de todos los pueblos, escucho que dice una mujer micrófono. Una pareja se hinca, el yerbero pierde la compostura, llora no sé si en náhuatl y logra que Andrés Manuel también se hinque. El locutor afirma que esto es histórico mientras el presidente carga un crucifico envuelto en flores y rinde culto a los horizontes. Ometéotl, dicen, armonía histórica, rezan, saludos a los cuatro tiempos cardinales explican ya expertos los locutores, "los ritos muy antiguos y muy profundos", claro, pensamiento dualista, pensamiento indígena en general.

Entretenido no deja de ser. Vientos del norte, dicen, vientos del sur, invocan.

El país ya es un asunto de los dioses. Eso tengo que entender con estos bastones de mando que recibe Andrés Manuel.

Guau, qué momento, dice la locutora de El Universal.

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Vuelvo a la realidad y a la tragedia mexicana. Ayer en la noche, en la más mexicana de las plazas que en Puebla se reconocen como indígenas: San Miguel Canoa. Han decidido crear su policía comunitaria, y ello tras el asesinato antier de dos hermanos en ese pueblo, al parecer por un asalto, en su propia casa. En Canoa se han decidido por plantar contra cualquiera que llegue uniformado su propio bastón de mando. Ese es el país que recibe Andrés Manuel: gobiernos rebasados y miles de pueblos hartos de la violencia.

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Qué larga cuenta de promesas le carga el nuevo presidente a su bastón de mando. Recojo uno: 120 mil millones de pesos para los adultos mayores. Y la pensión para un millón de niños discapacitados. Y los más de dos millones de jóvenes con su beca para capacitación. Y los caminos rurales en Oaxaca y Guerrero. Ojalá le den las cifras a este hombre que con su banda al pecho describe una tierra largamente prometida para los pobres en México.

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Seguridad Alimentaria Mexicana. Así llama Andrés Manuel a la empresa que fusionará a Diconsa y Liconsa, las añejas empresas estatales estrellas de los gobiernos priistas imperiales. Rescatar las empresas sociales, dice. "Vamos a apoyar el campo", grita. Pero la memoria es rejega, trae al cuento la imagen de la CONASUPO en manos de Raúl Salinas y de sus aliados estratégicos apellidados Antorcha Campesina.

En esa apuesta estratégica, inversión en el campo y no meros subsidios, y más si le apuesta a los maiceros como productores libres y no acasillados en el clientelismo político, me digo mientras el presidente deriva hacia otros complicados escenarios de la economía --"Nos están entregando un país en quiebra, sobre todo en el petróleo y la electricidad"--, y me pregunto si esta promesa estará sustentada no en estructuras burócratas sino en procesos fundados en las capacidades de los millones de pequeños productores en el país. Recuperar la mejor visión del Estado en el campo.

Qué complicada la vista del país que este hombre quiere reconstruir.

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Ahí está Andrés Manuel, asomado en su discurso al abismo de un Estado de bienestar desmantelado por la economía neoliberal. Propone algo que no mencionó en la mañana: el banco del bienestar.

Responde así a la pregunta de sus adversarios y no solo: de dónde va a salir el dinero: del ahorro que surja del fin de la corrupción y por la política de austeridad republicana.

Ahí está el presidente, emocionado, colgado de su bastón de mando, lo más parecido que encuentro en este momento a una varita mágica, decidido a transformar el Estado mexicano. Magia y poder siempre han ido de la mano.

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La imagen arranca con un sombrero de plumas en la cabeza de uno de los representantes de los pueblos originarios. Llegaron con sus mejores trajes.

Andrés Manuel está metido en el suyo mientras desgaja uno tras otro los gajos de la austeridad republicana. Y da detalles, precisos: ningún funcionario podrá cerrar calles, ni tendrán guaruras, ni mucho menos podrá pasarse los altos.

Se va de largo el discurso: los ciudadanos serán los mandantes. Y para ayudarlos, observadores de la ONU. Esa es nueva. y tampoco lo dijo en la mañana.

Y por lo que se ve, los discursos del presidente serán largos. Tato de adivinar si sobreviene un final, pero la afición de Calle 13 tendrá que esperar otro buen rato.

Pero creo que ya remata: se abolirán los fueros y los privilegios, se acabará la impunidad, y se juzgará al presidente en funciones, como a cualquier ciudadano.

Último acuerdo del bastón mágico: "todos nos vamos a portar bien".

Otro remate: no va a haber huachicoleo, ni abajo ni arriba. Y que lo entiendan las mamacitas de los huachicoles, dice, con mucha ternura y con mucho amor. Señora, su hijo ya va a tener trabajo, pero si se dedica al robo de combustible, será tratado como delincuente grave. Y sin derecho a fianza. Igual para la corrupción, para la portación de armas, para la falsificación de facturas. Delito grave. ¿Quién irá a hablar con las mamás de los huachicoleros en Tepeaca y en Palmar de Bravo? ¿Cómo convertirá este mensaje a un tiempo comprensivo y enérgico en política de Estado?

Y una casi última: delito grave el fraude electoral. No más frijol con gorgojo. No más moches para los deputados. ¡Eso se acabó, eso se terminó!, casi grita. Y yo pido a gritos que se refiera a Puebla, que le marque un alto a Moreno Valle, que con todo respeto al poder de los jueces les diga que las elecciones no pueden ganarse a balazos.

Y la última, que no lo será, pues aún falta media hora más de discurso: a las 6 de la mañana de todos los días verá cómo amanecimos en seguridad pública. Le pasarán la cuenta de los muertos. Y a las 7, todos los días, el mensaje del gobierno para el pueblo.

Sigue por ahí Andrés Manuel. Hace rato que dejó de lado el guion, aunque sigue leyendo un discurso escrito. Así lee que no habrá más CISEN ni espionaje político. Y que se venderá el avión presidencial.

Es un torrente entonces el bastón de mando, no deja la voz de dominar la plaza. A trazos inflexiones fuertes la voz repasa uno tras otro los mandos de la transformación de México. La república ya no tendrá inspectores. Todos protestaremos con decir la verdad, y a la suerte la llegada del SAT.

Creo que ya me mareó el bastón mágico.

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El AMLO FEST tardará en empezar un buen rato. El bastón de mando es un micrófono que no encuentra fondo.

El nuevo presidente no deja de dejar a un lado el texto escrito. Tiene una historia de desastres por arreglar que le pueden llevar la noche entera.

Los trenes para aprovechar el legado cultural que nos dejaron los mayas. El turismo a 160 kilómetros por hora. Y para el istmo el futuro de las maquiladoras al paso del tren entre Salina Cruz y Coatzacoalcos.

Andrés Manuel a esta hora de la tarde oscura arremete contra la reforma energética. Ese tema sí lo trató en la mañana: este país petrolero ha vuelto a comprar crudo. "Vamos a detener la crisis --dice--, vamos a rescatar Pemex como lo hizo el general Cárdenas en 1938." Pero ahora sí se refiere a la generación alternativa. Y por ahí a la protección de la socio-biodiversidad. Y nada que afecte al medio ambiente. Y no se privatizará el agua. Así que el presidente desgrana el fin de los proyectos industriales de muerte. Buena noticia. Vaya tarea para el bastón mágico.

Buenos presagios que para estas casi 7 de la noche vuelven al tema más trágico. "Se acabará la guerra", dice. "Se castigará a los criminales de los 43 de Ayotzinapa". Se amnistiará a los presos políticos encarcelados por los gobernadores caciques. Se respetará el derecho a disentir.

Pero un discurso así puede ser interminable.

Y Andrés Manuel le ha puesto un límite: el 1 de julio del 2021, cuando se someterá a la posible revocación de su mandato.

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Democracia sindical. Y acompaña ese propósito con esta frase: el poder ejecutivo dejará de ser el poder de los poderes. La línea es que no hay línea. No se meterá en la vida interna de los sindicatos. Que lo entienda la tal Elba Esther. Y espero que los petroleros al fin echen a Dechamps.

Andrés Manuel no para. Ha desatado todos sus sueños de país. Tanto que ya le ha dado a un ayudante el bastón de mando. Ahora trae el amor a flor de boca. Y ya imagina el "bienestar del alma". Su voz reverbera y ya me aturde. Justo cuando trae a la plaza aquello de la nueva constitución moral. De ese propósito suyo sí que me bajo.

Cada uno con su espíritu, me digo, yo no me planto ante nuevos sacerdotes omnipresentes. Aquí ya me corto, justo cuando dice "concluyo".

Demasiado para una tarde que ha sido luminosa.

Sábado, 01 Diciembre 2018 00:00

Las décadas de Nexos

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Nexos cumplió 40 años este 2018. En el afán de retratar la variedad de preocupaciones, registros y autores que han pasado por sus páginas, Nexos y el Fondo de Cultura Económica publican una antología en dos tomos que recoge textos de 480 números que retratan el pulso de esas épocas al tiempo que provocan al lector contemporáneo.

A esta antología la acompañan los recuerdos de quienes han dirigido la revista. Sus evocaciones hablan de las variables que acompañan cualquier empresa editorial de esta envergadura: de las preocupaciones teóricas a la importancia de los amigos, de los precios del papel a la búsqueda de publicidad. De todas las constantes que hermanan a estas cuatro voces, quizá la mayor sea compromiso absoluto de hacer de este espacio una “parte inteligente de la vida pública”.



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Mundo Nuestro. Agua para Siempre: sociedad civil y desarrollo estratégico

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Presentación en Buenos Aires del Modelo del Grupo Cooperativo Quali y Agua para Siempre en Foro de Innovación de la FAO.

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Viernes, 30 Noviembre 2018 00:00

1 de diciembre: La batalla por el federalismo

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Día con día

En la semana se hizo visible la que será probablemente la batalla estratégica de los años que vienen: la batalla por la forma del federalismo mexicano.



El plan centralizador del próximo gobierno es algo más que un poco o un mucho jalar las riendas. Es un rediseño que, de cumplirse a la letra, cambiará la República federal vigente en una centralista. Más precisamente: el país pasará de tener una arquitectura institucional de diseño y espíritu federalista a una de instituciones y espíritu centralista.

Este cambio mayúsculo tiene dos piezas convergentes: la figura ya legislada de delegados federales únicos en los estados y la figura, por legislar, de la Guardia Nacional con mando único militar, que no incluye a las policías estatales y municipales.



En un país donde, por un pacto fiscal vigente desde 1978, la Federación recauda y entrega a los estados tanto como 85 por ciento en promedio de sus recursos, un delegado federal único, encargado de vigilar y representar la inversión federal en los estados, puede erigirse en un poderoso gobernador de facto o al menos en un poderoso rival político del gobernador en funciones.

Si a esto agregamos que los superdelegados serán piezas claves en el aterrizaje territorial de las unidades de la Guardia Nacional que será responsable de la seguridad en las calles, lo que tenemos es una triple pinza de poder político regional: administrativa, financiera y policial.



Y si recordamos que Morena ganó en la elección pasada 19 de los 32 congresos estatales, el efecto de la pinza múltiple crece. El proyecto ha desatado ya la oposición pública de 13 de 32 gobernadores, 12 del PAN y la coalición PAN/PRD y uno de MC, al que me referí aquí el viernes pasado.

Los gobernadores del PRI no se han manifestado, pero la presidenta de ese partido, Claudia Ruiz Massieu, lo mismo que su homólogo del PAN, Marko Cortés, anunciaron que interpondrán denuncia de inconstitucionalidad del proyecto centralizador para que la Corte decida. Será la primera gran prueba de la división de poderes en la cuarta transformación.

No es para menos. Está en juego la redefinición del imperfecto y maltrecho, pero histórico y vigente federalismo mexicano.

La restauración

De cumplirse a la letra el proyecto del nuevo gobierno para fortalecer el poder central a costa de los poderes locales, estaríamos ante el renacimiento de un híbrido típicamente mexicano: el federalismo centralista. O o su contrario idéntico (al revés volteado): un centralismo federal.

No sería una novedad. Sería más o menos lo que hubo en México durante los años de la hegemonía del Pri.

“Federación” quería decir entonces “Centro”. Federalizar algo era centralizarlo, no repartirlo entre las entidades federativas.

A partir del año 2000, la democracia fragmentó el poder de la federación, que se concentraba en las facultades legales y en las facultades no escritas del Presidente.

La federalización/centralización siguió en muchos ámbitos, pero no fue ya en servicio del poder ejecutivo y el Presidente, sino en su demérito, mediante la proliferación de innumerables entes autónomos, como el instituto y los tribunales electorales, el Banco de México, la Comisión Federal de Competencia y tantos otros que, en el reparto institucional de facultades, servían de contrapesos al presidente: recortaban y acotaban su poder.

La federalización/ centralización que plantea el nuevo gobierno pretende recobrar el control anterior sobre los estados y disminuir o desaparecer el peso de los entes autónomos.

Tiene los visos de una restauración.

En el entorno democrático de hoy, restaurar aquello es imposible sin sembrar en la opinión pública la sospecha de que lo que se busca es una restauración autoritaria, la restitución del centralismo que precisamente la democracia desmontó.

En una mesa que coordiné el sábado pasado en la Fil de Guadalajara sobre el tema del federalismo, con la presencia de Cuauhtémoc Cárdenas, José Ramón Cossío, Beatriz Paredes, Jorge Castañeda y los gobernadores Javier Corral y Enrique Alfaro, apareció con claridad, en todas las voces, la reflexión sobre la necesidad de un nuevo trato federal, un rediseño negociado para que el federalismo deje de ser el animal disléxico que es.

Lo que baja del nuevo gobierno federal, sin embargo, no es la oferta de un nuevo pacto sino un jalón unilateral de riendas: un despliegue administrativo, financiero y militar sobre los territorios estatales, que se parece a, o al menos admite la metáfora de, una ocupación.

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Ilustración tomada de El Informador, 25 de noviembre.

Ocupar o negociar

La cuarta transformación avanza con banderas desplegadas sobre los estados. Los estados han empezado a resistir en las figuras de 13 gobernadores de oposición, entre los cuales brillan por su ausencia los del PRI.

Los gobernadores están en una posición política débil para reclamar con credibilidad que pueden ser actores eficaces en los dos asuntos que sofocan a la República y que definieron las elecciones de 2018: la corrupción y la inseguridad.

Pero el gobierno federal tampoco tiene grandes credenciales al respecto. La guerra contra las drogas fue declarada y librada por gobiernos federales con las consecuencias terribles que conocemos.

El pacto fiscal bajo el que operan los estados, sin rendir cuentas, fue diseñado federalmente en todas sus fases y modalidades. Los gobiernos estatales que rinden cuentas solo a sus congresos locales de cómo gastan los fondos federales han producido casos alucinantes de corrupción.

El gobierno federal no se ha quedado atrás tampoco en la creación de redes de corrupción sistemáticas, como la estafa maestra, ni en la falta de voluntad para investigar y castigar judicialmente esas conductas. El gobierno federal electo no ha encontrado mejor solución para atacar el problema de la violencia, que multiplicar la injerencia militar en cuestiones de seguridad pública.

Y no ha encontrado mejor solución política para lidiar con la corrupción de la historia reciente que declarar la amnistía para corruptos, con un soberano perdón al pasado. El hecho es que ni los poderes locales ni el federal pueden decirse, hoy por hoy, capaces de resolver estos dos problemas determinantes: ni la inseguridad ni la corrupción.

No han podido resolverlos cada uno por su lado, ni tampoco juntos, bajo el esquema de colaboración y responsabilidad del federalismo realmente existente. Los huecos y deformidades de este último no han hecho sino empeorar ambos problemas.

La Federación y los estados necesitan crear un nuevo pacto de competencias y responsabilidades exigibles por los ciudadanos y claros para ellos en la ley.

Hace falta una negociación cabal, de largo aliento. Una negociación de la periferia al centro, no una ocupación del centro a la periferia. Un nuevo federalismo.

La casa vieja

Dice el ministro José Ramón Cossío que hasta 2017 la Suprema Corte de Justicia de la Nación se dedicaba a dirimir, en materia de federalismo, complicados temas competenciales: a quién le tocaba decidir sobre qué parte de las decisiones en materia de uso del agua, cobro de impuestos o cualquier otro de los innumerables huecos de legislación que hay en el maltrecho diseño de nuestro federalismo.

El mismo Cossío me describió una vez, con una metáfora, las discordancias paralizantes que hay en normas de los tres órdenes de gobierno de la República: federal, estatal, municipal.

Es como una casa de tres pisos, dijo, que no tiene escaleras del primer al segundo piso, que tiene puertas por donde se puede entrar pero no salir o azoteas que dan directamente a la calle.

Su conclusión es la que puso en el ensayo de un libro colectivo Y ahora qué. México ante el 2018 (Random 2018), que parece prehistórico ahora pero que puede ser de útil consulta para los funcionarios que empiezan a gobernar este 1 de diciembre.

Ahí escribió Cossío que el primer mandamiento de un estado de derecho es que se cumpla la ley, pero que para que la ley se pueda cumplir en México primero hay que ordenarla, hacerla clara y congruente para los tres órdenes de gobierno, con escaleras que lleven de uno a otro piso, puertas por donde se pueda entrar y salir, y azoteas que no den la calle.

Este es el ejercicio a que se dedicaba la Suprema Corte, dijo Cossío en la mesa sobre federalismo en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, a que me referí anteayer en este mismo espacio.

Pero lo que la Corte tiene que hacer ahora, en 2018, es dirimir un conflicto no de carácter técnico, competencial, sino de naturaleza política.

Siguiendo la metáfora, lo que la Corte debe definir ahora no es cómo debe ser la escalera que lleve de la planta baja al primer piso, o el atajo que va de la azotea a la calle, sino cómo debe ser la nueva casa que plantea la cuarta transformación en su ofensiva política, financiera y de control territorial sobre las entidades federativas.

El patriotismo local

He viajado en estos días por dos estados centrales de la República y conversado en círculos académicos, periodísticos, empresariales y políticos sobre la redefinición de poder y de control territorial que plantea la cuarta transformación a las regiones.

El sentimiento predominante que pude recoger, volviendo una y otra vez al tema, fue de incertidumbre.

Nadie sabe cómo aterrizará el rediseño federal sobre las estructuras locales vigentes. Nadie sabe, para empezar, cómo vendrá el Presupuesto, salvo que será reducido y etiquetado según las prioridades de la cuarta transformación.

Nadie sabe cómo se construirá la red administrativa y política de los superdelegados y sus coordinaciones regionales, frente a la red institucional de los gobiernos estatales y municipales. Nadie sabe cómo aterrizarán las unidades de seguridad de la Guardia Nacional, de mando militar único, sobre la estructura vigente de seguridad pública basada en la coordinación de las policías estatales y municipales con los efectivos de la comandancia militar del estado.

El sentimiento predominante que recogí fue de incertidumbre, pero en distintos momentos percibí también un filón de lo que tendría que llamar patriotismo local: cierto orgullo herido por el trato recibido de parte del nuevo gobierno federal.

Esa sensación de maltrato toca fibras históricas, de la sensibilidad antifederal, que es una pasión central del largo litigio mexicano sobre el federalismo.

La Revolución de 1913 y la rebelión cristera de 1926 fueron muchas cosas pero, entre otras, rechazos regionales a imposiciones del centro.

El rechazo al centro del incipiente patriotismo local que percibí no tiene un cariz violento, sino cívico, político, administrativo: nada que no pueda negociarse con ganancia para todos.

Pero está ahí ya, presente como siempre, en cuanto se rasca un poco, abierto en el apoyo a los gobernadores de Jalisco y el de Chihuahua en el foro de la FIL de que he hablado estos días, cuando decían con claridad que nadie iba a gobernar por ellos sus estados y que ellos tenían un mandato local de gobierno tan legítimo y democrático como el del nuevo Poder Ejecutivo federal.

Ilustración de Kathia Recio, tomada de la revista Nexos.

Han pasado meses, incluso un par de años, en los que no he podido comer como lo haría la mayoría de las personas. Ha sido ya bastante tiempo en el que uno tarda más en hacer peticiones que en pedir un platillo del menú: “¿tiene grasa?; ¿es con aceite?; ¿no tiene algo asado?; ¿tendrá otro tipo de queso?; ¿le puede cambiar esto por aquello?” Todas estas solicitudes envuelven (hasta ahora y en mi vida personal) tres palabras: frustración, impotencia y (mucha) paciencia.

Lo que voy a describir en este texto no es desde una mirada clínica o de expertos, es simplemente, lo que experimento en el día a día.

Frustración



Imagínate ir a comer a casa de un amigo o a un restaurante y que tengas que revisar minuciosamente el menú. En el primer caso, probablemente exista la confianza para decir lo que puedes o lo que no puedes ingerir, pero he de decir que nuestra cultura mexicana nos confronta –a la vez- con la pena de pedir algo diferente o decir: “no, gracias”. En el segundo caso, es jugarte tu salud por el resto de la tarde, noche o incluso días, pues muchas veces los establecimientos no toman en serio las indicaciones que les das. Pongamos un escenario común: una reunión de trabajo en la que tienes que estar bien durante el resto de la tarde y, unas, tan sólo unas gotas de aceite lo pueden arruinar todo. Ante estos extremos, he llegado a decir que soy “alérgica”, para que los meseros o gerentes puedan dimensionar el problema en el que me pueden meter, aunque en realidad lo que dimensionan es el problema en el que “ellos” se pueden involucrar.

Entonces, sí, frustración porque antes podía comer todo y ahora por distintos factores, uno debe elegir distinto. Saber que un agua mineral puede ser tan peligrosa como una garnachita… Ahora, pongamos esto en la vida de una persona de menos de 30 años en la que las fiestas o convivencias involucran pizzas, cervezas u otros alimentos con grasas saturadas, que no puedes ni acercarte a ellas; aun cuando te mueres de ganas por probarlas. De ahí que se desate la siguiente palabra…

Impotencia

En numerosas ocasiones lo que viene a la mente es un enojo ante la realidad que enfrentamos y, sobre todo, al ser juzgado o etiquetado: “seguro que no comes porque quieres estar delgada”; “mira a “x” persona, ya estás de anoréxico como él/ella”; “cómetelo no te va a pasar nada”; “a un amigo que vive más o menos lo que tú….”; “ya deja de estresarte”; “es tu ansiedad, ya bájale”; infinidad de frases que en lugar de llevarte a un espacio donde te sientes comprendido, te vives completamente excluido; “no encajas”.



Estuve con nutriólogos y con más de tres gastroenterólogos, probé medicina alternativa, homeopatía, yoga y nadie podía decirme qué tenía, eso me llevó a una desesperación por no saber qué le sucedía a mi cuerpo, qué tenía que hacer o dejar de hacer; qué tenía que tomar o dejar de tomar para curarme; un horizonte tan abierto como el universo, pero sin respuestas, pues como no es un padecimiento “grave”, tienes que aprender a sobrellevarlo. A veces me pregunto si de verdad no es grave.

Paciencia



Y, entonces, llega a ti un momento (el mío fue una camilla de hospital) en el que sabes que las decisiones las tomas tú y que debes tener mucha paciencia contigo y con lo demás, pues estás aprendiendo a vivir de manera diferente por el cuidado a ti mismo, y eso conlleva un sinnúmero de reconfiguraciones. En el supermercado aprendes a mirar distinto, le das espacio a nuevos alimentos, aunque normalmente tengas que pagar más por consumir “lo sano”; resulta que lo que la naturaleza nos da, ahora es más caro ¡Vaya paradoja! (No solo gastas en doctores y medicamentos, sino también pagas más por alimentos que tengan menos).

Aprendes a tenerle mucha paciencia a tu cuerpo, pero sobre todo a la mente y al espíritu, pues aun cuando sabes que no es lo peor que te puede pasar, estas cierto que no es vida estar mal todos los días, así que el ánimo debe prevalecer, pero sobre todo una vida disciplinada y de decisiones certeras. Aprendes a que las caídas duelan menos y que no eres una víctima de nada, sino todo lo contrario, tienes posibilidades por delante.

Todos los días, sin duda, son una batalla, pero hay que saber enfrentarse a ella.

A ti lector, te pido un favor, no juzgues, mejor acompaña; lo/nos necesitamos.

Mundo Nuestro. Como todos los años, arrancó la EXPO IBERO OTOÑO 2018. Expo IBERO tiene como objetivo impulsar la creatividad y el compromiso social de los alumnos de las diversas licenciaturas de la Institución, para con ello muestren su capacidad para responder a los retos actuales y contribuyan a la creación de mejores condiciones de vida en el país. 550 trabajos, de los cuales 350 fueron presentados por el Departamento de Arte, Diseño y Arquitectura (DADA); 76 de Ciencias e Ingenierías; 10 de Humanidades, 34 de Ciencias Sociales, 54 del Centro Intercultural de Reflexión y Acción Social, 24 de Ciencias de la Salud, 6 de Negocios y varios proyectos interdisciplinares desarrollados en conjunto con Instituto de Diseño e Innovación Tecnológica (IDIT).

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