SUSCRIBETE

29 Noviembre 2021, Puebla, México.

La  escultura Virreinal en Puebla de los Ángeles / 490 años

Cultura | Ensayo | 16.ABR.2021

La escultura Virreinal en Puebla de los Ángeles / 490 años

María del Consuelo Maquívar

Este texto es la introducción del libro Ensayos de escultura virreinal en Puebla de los Ángeles, coeditado por el Instituto de Estéticas de la UNAM y la Fundación Amparo en este 2013, y fue leído en la presentación del mismo el pasado miércoles 10 en las instalaciones del Museo Amparo en esta ciudad. Se publica aquí con la autorización de la autora.

Los estudios sobre escultura novohispana han cobrado, a lo largo de esta última década, una importancia singular, prueba de ello son los textos reunidos en este volumen cuyo título bien nos anuncia su  contenido: Ensayos de escultura virreinal en Puebla de los Ángeles.

 

La ciudad de Puebla, que según la leyenda “fue trazada por los ángeles del cielo”, como bien se sabe, fue más bien una exitosa empresa “humana” que tuvo como objetivo principal dar cabida a los españoles que de alguna manera habían participado en la conquista del territorio mexicano a favor de la Corona. Con sumo cuidado fue seleccionado el sitio, que a la vez  facilitaría el camino para la entrada y salida de personas y mercancías, entre la capital de la Nueva España y el puerto de Veracruz. Fue así que en abril de 1531, se fundó solemnemente “La Puebla de los Ángeles” con 50 vecinos que habían sido reclutados entre los españoles que aún no tenían un lugar fijo donde vivir y que para evitar problemas de “malos ejemplos” a los indios, la segunda Audiencia les había otorgado solares para establecerse.

 

Si bien es cierto que la nueva ciudad fue planeada como una ciudad “española”, fue gracias a la mano de obra de los indígenas de las poblaciones aledañas que pronto se edificaron los edificios principales y las casas de los hispanos que paulatinamente la fueron habitando, a tal grado que ya para 1550, se decidió trasladar la sede episcopal que se había fundado en  Tlaxcala a la nueva ciudad.

 

Desde sus inicios en el siglo XVI el proyecto fue apoyado  por las autoridades tanto civiles como eclesiásticas, y en este sentido no se puede dejar de mencionar a don Juan de Palafox y Mendoza (1600-1659), el gran arzobispo que impulsó con gran ímpetu la edificación de la catedral, monumento sin igual que le imprimió a Puebla un carácter particular, complementando las muy variadas construcciones religiosas que caracterizan esta ciudad.



Cajonera de la Sacristía. Catedral de Puebla, detalle

Esteban Gutiérrez y el Monumento de la catedral de Puebla

En este libro, siete investigadores nos brindan interesantes trabajos sobre la la producción escultórica y los artistas de la Puebla virreinal, desde las primeras imágenes que debieron llegar con los conquistadores, hasta  la labor de los que representan ya las postrimerías del barroco, tal como apunta Montserrat Galí, quien  basándose como siempre en una acuciosa investigación documental, en su ensayo: Esteban Gutiérrez y el movimiento de lacatedral de Puebla, siglos XVII y XVIII, nos da a conocer a uno de los artistas que fue reconocido y alabado en su tiempo. Su labor de arquitecto la llevó a cabo, de la segunda mitad del siglo XVII, a los primeros años del siglo XVIII, es decir, le tocó colaborar al engrandecimiento de la catedral, monumento que con gran empeño culminó el obispo Juan de Palafox y Mendoza. El nombre de Esteban Gutiérrez a partir de este texto, viene a complementar la nómina de hombres que trabajaron para ese magnífico “laboratorio de arte”, como bien denomina Galí a la catedral angelopolitana. En efecto, según asientan los cronistas citados por la autora, ejecutó las esculturas que estaban integradas al tabernáculo del retablo de Los Reyes de esta catedral (desafortunadamente hoy desaparecidas), y que según Tamariz y Carmona, se trataba de “lucidísimas doce vírgenes de eminente escultura, de una vara de alto, con sus insignias y ropajes estofados […]”. Este artista también hizo las cajoneras que hasta la fecha lucen en la sacristía, engalanando junto con los lienzos monumentales de Echave Rioja, este recinto sin igual del barroco poblano. 

Mención aparte, por su importancia litúrgica aunque de carácter efímero,  y considerado por Galí el  último trabajo de este escultor para el recinto catedralicio, firmado el contrato en 1677, fue el monumento que ejecutó Gutiérrez para la Semana Santa. En su momento, fue calificado por su grandiosidad como de “fábrica y tamaño muy maquinoso”, y tal como apunta la autora en su texto, los comentarios que aparecen en los documentos lo describen con gran admiración, por lo que afirma que este trabajo “plenamente barroco” antecede de manera inmediata a la ornamentación del Ochavo y de la Capilla del Rosario en el templo dominico de la propia capital poblana.



Nuestra Señora La Conquistadora, templo de San Francisco, detalle