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1 Diciembre 2022, Puebla, México.

En iztacamaxtitlán, el oro o la vida /  Julio Glockner

Naturaleza y sociedad /Economía /Sociedad civil organizada /Gobierno | Ensayo | 19.OCT.2022

En iztacamaxtitlán, el oro o la vida /  Julio Glockner

Mundo Nuestro. La imagen con la que abre este ensayo de Julio Glockner sobre la conflictiva situaciòn por el proyecto de minería a cielo abierto que pretende desarrollar la empresa canadiense Almaden Minerals en el municipio de Iztacamaxtitlán en la Sierra Norte de puebla.

Escrito en el 2018, el texto de Glockner expone con detalle la calidad de pueblo originario en el marco de la discusiòn sobre el derecho de los pueblos indígenas a la consulta cuando se pretende instalar en su territorio un proyecto industrial como el que pretende

"Representantes de las comunidades indígenas de Iztacamaxtitlán --dice Glockner sobre la coyuntura que se vive en este otoño de 2022-- han acudido a CDMX a entregar sendas cartas al presidente López Obrador y a la secretaria de economía Raquel Buenrostro, solicitando, según acuerdo de la 34 asamblea realizada en Iztacamaxtitlán el pasado 2 de octubre y a la que acudieron 2,500 personas, se cancelen las concesiones a la minera por el bien de sus habitantes, de su forma de vida que los vincula directamente a la naturaleza que comprende un paisaje ritual antiguamente vinculado a las deidades nahuas y hoy sincretizado con el culto católico."

 

 

En iztacamaxtitlán, el oro o la vida [1] /  Julio glockner 

Breve descripción geográfica del municipio de Iztacamaxtitlán

En el municipio de Iztacamaxtitlán confluyen dos regiones morfológicas delimitadas por el río Apulco: hacia el sur se inicia el declive meridional de la Sierra Norte que termina en los llanos de san Juan, y hacia el norte comienzan los macizos montañosos de la Sierra Norte de Puebla, que forma parte de la Sierra Madre Oriental, formada por sierras relativamente individuales en las que se forman altiplanicies intermontañosas que descienden de manera escalonada hacia las costas del Golfo de México.

Ubicado entre los 2 mil y los 3,400 msnm, el municipio está conformado por numerosas sierras con una altura de 300 a 600 metros sobre el nivel del valle y una buena cantidad de cerros dispersos a lo largo y ancho del territorio. El 90% de municipio son sierras y el resto está conformado por un cañón típico labrado por el río Apulco, con valles intermontañosos. El río corre a lo largo de 30 kilómetros dentro del municipio y pertenece a la vertiente hidrográfica septentrional del estado de Puebla, formado por distintas cuencas parciales de ríos jóvenes con una buena cantidad de caídas, que pertenecen a la cuenca del rio Tecolutla y desembocan en el Golfo.

Con una superficie de 61,400 has, el Atlas Minero menciona la existencia de oro, plata, cobre, calcedonia, zinc, manganeso, wolframitas, caolín, basalto y fosforita. Existen cinco tipos de suelo, que van desde los prácticamente infértiles (regosol) que predominan en el centro y sur del municipio, hasta los feozem, litosol y cambisol, aptos para el cultivo y actividades agropecuarias y los de tipo andosol aptos para la explotación forestal.

 

Historia

 

Según los estudios de Ángel García Cook, la región estuvo habitada por bandas de recolectores cazadores hace aproximadamente 10 mil años (cenolítico superior: 7mil a 10 mil años). En este periodo aparecen en la región las primeras puntas de proyectil fabricadas con silex, material que abunda cerca de los abrigos rocosas y cuevas de Xalenque, en la actual comunidad de Santa Ma. Sotoltepec, donde ha establecido su centro de operaciones la compañía canadiense Alamaden Minerals.

En el complejo de cuevas de Xalenque se han encontrado también instrumentos de molienda como piedras planas y muelas como antecedente de los metates, metlapiles y morteros. Quizá 5 mil años después, hacia el V milenio antes de nuestra era, aparecen los indicios de la agricultura y trampas para atrapar pequeños animales. Las evidencias más tempranas de cerámica tienen una antigüedad de 2,300 a 2,500 años a.C. y están vinculadas a la aparición de las primeras aldeas agrícolas, pero aun falta investigación arqueológica para sustentar estas afirmaciones.

René Bonilla López, autor del libro Iztacamaxtitlán, un lugar con historia, a quien he seguido en esta información, menciona también pinturas rupestres descubiertas por él en la cueva o cerro de Sálico o Xallico (lugar de arena o arenoso). La tradición oral en la actualidad refiere que esta cueva es una puerta de entrada a otro mundo, que se abre el 24 de junio, día de san Juan, y que dentro hay tesoros y agua en abundancia.  Estas creencias son muy comunes en los pueblos y en muchos casos nos remiten tanto al antiguo altépetl como al mítico Tlalocan.

 

Museo comunitario

 

Date tu vuelta por el Museo de Ixtacamaxtitlán - PorqueEsNoticia

 

En el pequeño museo comunitario de Iztacamaxtitlán hay evidencias arqueológicas de la influencia olmeca durante el preclásico, sobre todo en una serie de figuras femeninas relacionadas con el culto a la fertilidad. Los arqueólogos han determinado que en este periodo ya existía un notorio intercambio comercial, religioso y cultural entre el Altiplano Central, la huasteca y la región olmeca de Tres Zapotes, Zacatepec y Occidente. Pero lo que más abunda en el museo es la cerámica con vasijas ceremoniales y utensilios del postclásico, así como importantes deidades asociadas a la lluvia y la fertilidad como Tláloc y Xochipilli, la deidad de las flores la música y la danza. Dos esculturas imponentes destacan en la colección del museo: un jaguar en posición sedente, con las patas delanteras apoyadas en cabezas de serpientes y una enorme cabeza de serpiente tallada en piedra que los arqueólogos suponen fue el remate de la alfarda de algún templo.

Durante el Clásico se advierte la influencia teotihuacana en la cerámica de la región y la presencia simbólica del quincunce labrado en piedra a orillas del río Apulco. El incremento del comercio en este periodo fue consecuencia de la ubicación estratégica de Iztacamaxtitlán como enlace entre el Altiplano y las costas del Golfo, vía el río Apulco, como lo revelan las zonas arqueológicas de Tenamictic y Xiuquenta, donde se advierte la influencia de los huastecos, mixtecos y zapotecos. Otra zona arqueológica es Tetelictic, que se encuentra en los límites de los actuales municipios de Zautla e Iztacamaxtitlán.

Hacia el año 800 de nuestra era, después del clásico teotihuacano, la región de Iztacamaxtitlán se encontraba habitada por tepehuas, que arribaron hacia el año 400 d. C. y totonacos, que llegaron hacia el año 750 de nuestra era, ambos fueron tributarios de los toltecas. No voy a detenerme más en la descripción de las múltiples influencias culturales que hubo en la región, sólo mencionaré la presencia de otros pueblos que se sumaron a los ya mencionados: olmecas xicalancas, nonoalcas, acolhuas, tolteca chichimecas y tepehuas. Es decir, estamos en una región multiétnica con un intenso flujo de influencias culturales debido a su estratégica ubicación, lo que en el periodo postclásico será de vital importancia para el pueblo mexica que la conquisto en 1469 y permaneció en ella hasta la llegada de los españoles.

 

Tenamictic – Iztacamaxtitlán

 

El Códice Xólotl da cuenta del antiguo nombre de Iztacamaxtitlán: Tenamitec [de tenamitl, que significa: muro o fortificación de ciudad]. Cuando los teochichimecas desplazan a los totonacos de Tenamictic, ubicado en lo alto de la montaña sagrada conocida como Acolhua, en el siglo XII, cambian el nombre del lugar por el de su deidad principal, Camaxtli Blanco, y le llaman Iztacamaxtitlán: “Lugar del Camaxtli Blanco”.  Un avatar de esta deidad solar, de la guerra y la caza, asociada al fuego sagrado, es Mixcóatl, a su vez vinculada con Xiuhtecuhtli, dios del fuego. Iztacamaxtitlán será más tarde un enclave militar mexica, situado entre las tierras fronterizas de Tlaxcala y los llanos de Tlaxocoapan, donde se llevaban a cabo las guerras floridas. Los tzompantli hallados en la cima del cerro son una evidencia de la condición guerreara del sitio. Algunos historiadores piensan que el señorío de Iztacamaxtitlán tenía cierta autonomía respecto del imperio mexica pues no aparece en las matrículas de tributos del Códice Mendocino, lo que hace suponer que se tributaba con guerreros para los combates de las guerras floridas. De ahí la enorme cantidad de osamentas que describen los conquistadores a su paso por la zona, pues Hernán Cortés y sus soldados estuvieron hospedados algunos días al pie de ese monte, donde tenía su residencia, en la cima, el gobernante Temamascuicuil, quien proporcionó a Cortes 300 guerreros pensando en el enfrentamiento que tendría con los tlaxcaltecas. Tanto él como Bernal Díaz calcularon alrededor de 5 mil habitantes a juzgar por las casas construidas en torno a la montaña. Se presume que el lugar ha estado habitado ininterrupidamente desde entonces, pues las casas de las familias que viven en la cumbre las construyeron aprovechando las piedras pulidas del templo y el palacio del antiguo gobernante. Tan es así que la pequeña Clínica de Salud tiene empotrados en su fachada clavos prehispánicos con calaveras de piedra. (un mensaje, por cierto, no muy alentador para los pacientes)

En la actualidad los pobladores refieren que el cerro Acolhua tiene una puerta por donde se acede a otra realidad, a otro mundo donde se puede ver la riqueza que contienen sus entrañas, custodiada por un par de serpientes gigantescas. Esa puerta se abre cada 24 de junio, día de san Juan, que coincide con las antiguas fiestas de Huey Tecuilhuitl, en honor a Xilonen, deidad del maíz tierno. Quien cruza esa puerta, se dice, queda encerrado durante un año, aunque desde dentro, para la persona atrapada, sólo haya transcurrido un día. No sin razón la gente atribuye al cerro la forma de serpiente, en cuya cabeza existen los vestigios arqueológicos que he mencionado. Los campesinos que viven en su cúspide cultivan la milpa con nopales y magueyes y fueron sus familiares quienes mostraron en 1938 una escultura de Tezcatlipoca a Jaques Soustelle, que hoy está las salas del Museo del Centro Regional del INAH en la ciudad de Puebla y se reclama su devolución, me parece que, con razón, por parte el patronato que tiene bajo su custodia el Museo Comunitario en Iztacamaxtitlán. [FOTOS]

 

Altépetl – Municipio

 

Toda cabecera municipal conserva hasta la fecha la antigua trilogía del altépetl que combina el templo, el palacio y el mercado, obviamente en un contexto histórico completamente distinto, pero es eso justamente lo interesante, resaltar las líneas de continuidad que tuvieron durante siglos y que muchas veces se soslayan al enfatizar el cambio cultural o las innovaciones de la modernidad. Es decir, aunque las relaciones sociales han tenido grandes transformaciones a lo largo de la historia, en los pueblos campesinos que actualmente se encuentran asentados en el municipio de Ixtacamaxtitlán se ha conservado esencialmente una estructura compuesta por cuatro niveles:

1) la relación de la comunidad con un poder político administrativo;

2) con un espacio asignado para el intercambio no sólo de mercancías, sino de opiniones e ideas, un espacio generador de vínculos y afinidades como es el mercado permanente o los tianguis semanales;

3) con el tempo o la casa de Dios, a través del cual se establece un vínculo con el mundo de lo sobrenatural que incluye el mundo de los antepasados muertos;

4) la intensa relación con la naturaleza que rodea al espacio habitado por los humanos y que comprende desde los campos de cultivo y los huertos hasta el monte y los cerros que flanquean las poblaciones, la fauna y la flora, los manantiales que surten de agua fresca a las poblaciones y los ríos que recorren una geografía que se ha sacralizado desde tiempos remotos convirtiéndola en lo que la antropología moderna denomina “paisaje ritual”. 

Los dos últimos aspectos, la relación con lo natural y lo sobrenatural, se encuentran íntimamente relacionados en la cultura campesina. El término altépetl, que antiguamente designaba un asentamiento humano, como he mencionado, revela en su etimología, que significa “Cerro de agua”, una manera de concebir los montes pequeños y las grandes montañas como enormes recipientes que en su interior contienen agua y que en ocasiones están conectados por vías subterráneas con el mar. De manera que las danzas y rituales que realizan los habitantes del municipio de Iztacamaxtitlán en los manantiales, cerros y montañas, responden a esta antiquísima tradición de concebir conexiones entre los montes y el agua terrestre y celeste.  

 

Conquista y evangelización

 

A raíz de la conquista española dio inicio el proceso de evangelización en la región por cuenta de los frailes franciscanos y el territorio del antiguo altépetl sufrió un primer despojo al constituirse las primeras dos encomiendas cuyos titulares fueron Francisco Montaño y Pedro de Vargas. El altépetl fue dividido en dos debido a su extensión y a su densidad demográfica. A partir de entonces se le conoció en los documentos virreinales como La encomienda de Castilblanco, debido a que los soldados portugueses que acompañaban a Cortés sugirieron que el lugar se parecía a uno que ellos conocían en su país.

La primera de estas dos partes comprendía lo que hoy es el municipio de Libres, Ocotepec y Oriental. La segunda, que es la que nos interesa, correspondía al territorio del actual Iztacamaxtitlán, con una pequeña porción de Libres y lo que hoy es el municipio de Zautla. El encomendero Pedro de Vargas entregó el territorio como dote matrimonial a su hija, la cual se casó con Juan Ortiz de Arriaga y continuó en herencia con su hijo Diego de Arriaga. Ese territorio encomendado fue de los últimos en pasar a ser propiedad de la Corona Española, cosa que sucedió en 1663. De una u otra forma la tierra ya no pertenecía a los habitantes del antiguo altépetl, que habían sido ya cristianizados, sino a particulares primero y a los reyes de España después. La región sufrió también constantes epidemias y pestes que diezmaron la población. Los estudiosos de su demografía consideran que el altépetl tenía una población de 50 mil habitantes al contacto con los españoles, para tener un decrecimiento del 78% en las siguientes décadas, con casi 40 mil habitantes fallecidos, de modo que para 1565 sólo había cerca de 6 mil jefes de familia.[2] Los repartimientos españoles y la crisis demográfica afectaron los cultivos en terrazas que venían practicándose hasta las primeras décadas del siglo XVI.   

La reconfiguración territorial que implicó la encomienda, con las nuevas técnicas de producción, la introducción de cultivos antes desconocidos, la ganadería, las relaciones de explotación del trabajo y la evangelización que vino gradualmente de la mano con la castellanización y la imposición de una nueva cosmogonía generaron nuevas formas identitarias entre los habitantes de Iztacamaxtitlán, muchas de las cuales están presentes en nuestros días, sobre todo en lo que a la vida y la organización religiosa se refiere.

Hay evidencias de que el convento franciscano del siglo XVI y las capillas menores que lo rodean, fueron construidos con la piedra de los antiguos templos prehispánicos, desde esos espacios dedicados al santoral católico se difundió unas nueva fe, que convirtió gradualmente la geografía sagrada mesoamericana, concebida como el habitáculo de deidades de la lluvia, los vientos, la fertilidad y el crecimiento del maíz, en un paisaje ritual poblado de cruces en las cimas de cerros y montañas, de un cielo gobernado por la Trinidad Cristiana con la Corte Celestial, de un infierno bajo la tierra, de pequeñas capillas a la vera de los caminos, de fiestas patronales y de dos importantes santuarios que surgieron durante los siglos XVIII y XIX.

1.- El primero de ellos, dedicado al Señor de la Salud, tuvo su origen en el siglo XVIII, cuando apareció un Cristo Crucificado en la cañada de Huixcolotla, en un peñasco aledaño al manantial que abastece de agua al pueblo, en el contexto de los cambios sociales y religiosos provocados por las reformas borbónicas, que implicaron la segregación de los pueblos sujetos a las antiguas cabeceras de provincia y la preocupación de los indios por tener su propio templo, lo que lograron al difundir el culto al Santo Cristo por la Sierra Norte de Puebla, el norte de Tlaxcala y el de Veracruz mediante la divulgación de las llamadas imágenes peregrinas. En el siglo XIX ya se le conocía como El Señor de la Salud, debido al alivio que significó su culto durante los años anteriores y a lo largo de la guerra de independencia.[3]   

2.- El segundo Cristo apareció en la segunda mitad del siglo XIX en el barrio de Texocuixpan, perteneciente a Iztacamaxtitlán, al pie de un árbol de tejocote que creció al lado de un manantial de donde se surte de agua el barrio. La historiadora Lidia Gómez explica que los cambios promovidos por las cortes de Cádiz en 1820, que implicaron el fin de la antigua República de Naturales y su sustitución por el sistema de ayuntamientos, provocaron el descontento de los pueblos que no aceptaban la nueva organización política, sobre todo porque no concebían tener un gobernante que no fuera de su antigua república, pues las delimitaciones territoriales habían cambiado y surgían nuevas demarcaciones político-electorales. Dice esta estudiosa de la región que los habitantes de los pueblos seguían llamándose a sí mismos “naturales” o “indios” a pesar del carácter ciudadano que se les había otorgado, y que fue el Estado quien hubo de tomar la decisión de llamarlos indígenas, a fin de evitar recordarles antiguos derechos políticos de autonomía local que les garantizaba la desaparecida República de Naturales.[4] Como una reacción a estos cambios y para mostrar su adhesión a la iglesia católica, se propaló el culto al Señor de la Buena Muerte, como una advocación de La Preciosa Sangre de Cristo, culto que hasta la fecha existe en una amplia región que comprende los municipios de Iztacamaxtitlán, Tlaxcala, Libres, Zautla, Cuyoaco, Chignahuapan y Zacatlán, entre otros lugares. 

Debo resaltar el hecho de que ambos Cristos estén vinculados a los nacimientos de agua y que la asociación entre la sangre y el agua no es de poca importancia a nivel simbólico, pues en la cosmología mesoamericana el agua puede ser vista como “la sangre de la montaña”, o la lluvia como la sangre de Cristo que cae sobre la sierra mazateca, de la cual brotan los hongos, o los autosacrificios prehispánicos punzando con puntas de maguey las coyunturas del cuerpo para ofrendar su sangre en ritos de petición de lluvia realizados en la cima de cerros y montañas, prácticas que debieron ser evocadas al ver los cristos sangrantes traídos por los españoles y que reaparecen en los dos santuarios asociados a los manantiales.

 

El amparo

 

Justamente es en defensa de los cerros y los manantiales el amparo que la comunidad y el ejido de Tecoltemi interpusieron en el Juzgado Segundo de Distrito en Materia de Amparo Civil, Administrativo y del Trabajo y de los Juicios Federales del Estado de Puebla, en contra de las concesiones mineras de la Compañía Almaden Minarals en los terrenos denominados  “Cerro Grande” y “Cerro Grande 2”, argumentando la comunidad indígena quejosa que ahí se practican rituales y danzas que forman parte de su patrimonio cultural intangible.

 “Cabe señalar -dicen los ejidatarios de Tecoltemi en su demanda- que, entre nuestros lugares sagrados, y a los que hemos accedido de manera tradicional, están Mikixochio, cerro sagrado donde hay manantiales y que se encuentra dentro de nuestro municipio de Ixtacamaxtitlán; Texocotitlán y Teocuilapan, ambas fuentes de agua y vida, encontrándose este último en el Municipio de Tetela. De tal importancia son estos sitios para nuestra comunidad que cada año acudimos a ellos para realizar nuestros ritos y danzar y dar gracias a la Madre Tierra”.  

 

Datos sobre el territorio y la población

 

Según los datos recabados por la antropóloga Cecilia Vázquez Ahumada:

El municipio de Ixtacamaxtitlán comprende un territorio de 568 Km2, con una población de 25, 326 habitantes[5], lo cual implica una densidad de 45.13 habitantes/ kilómetro cuadrado.[6] Los datos censales reportan una población indígena de 2,802 personas[7], la mayoría de las cuales es hablante del náhuatl. La población económicamente activa del municipio es de 8,302 personas y la población económicamente inactiva es de 10,241 personas.

Los datos censales reportan que este municipio tiene un alto grado de marginalidad y que posee 120 pequeñas comunidades rurales, entre ellas el ejido y la comunidad de Tecoltemi, con 152 habitantes y 34 viviendas. El ejido de Tecoltemi[8], posee desde el año de 1938,[9] una dotación de 330 Has., de las cuales poco más de 87 Has. son de temporal y 243 Has. de terrenos cerriles para uso colectivo. El total de beneficiarios fue de 61 ejidatarios, de los cuales, actualmente quedan 52[10]. Los ranchos que fueron afectados se llamaban San Cosme y San Diego[11]. En la misma carpeta agraria se da cuenta de los 15 poblados que pertenecen a esta zona del municipio: Tezoncoahuictic, Cuahuictic, Tetepango, Tlajomulco, Ocotla, Las Barrancas, Contla, Ranchería de Tenampulco, Ejido de Tlamaca, Ejido de Tateno, Ranchería de Tepexoxuca, Pueblo de Coahuictic, Rancho El Mirador, Pueblo Xiuquenta y Ranchería Ahuateno. ¿Cuántas hectáreas son en números redondos?: 10 mil hectáreas.

La comunidad de Tecoltemi tiene un nutrido ciclo de fiestas que comprenden del 2 de febrero, cuando se bendicen las semillas con los Niños Dios, al 12 de diciembre, día de la Guadalupana, muchas de ellas vinculadas al ciclo agrícola. Como pueblo originario que es, Tecoltemi cultiva maíz, frijol, calabaza, cebada, trigo, alverjón y haba. Los terrenos son de temporal[12]. En febrero y marzo se lleva a cabo el Barbecho, en marzo se siembra y en octubre y noviembre se recogen las cosechas para compartir en Todos Santos. Tecoltemi posee árboles de tejocote, pera, manzana, ciruela, capulín y árboles maderables (sabino, zompantle, ocotes, alcanfor y eucalipto). De sus tierras de obtiene plantas medicinales como la gobernadora, hierba del Sabinito además de pulque, gusanos de maguey y escamoles. Sus habitantes poseen chivos, vacas, cerdos, conejos y gallinas y en el monte comunal cazan conejos, ardillas, armadillos, coyotes, zorras, zorrillos y víboras.

La gente se refiere al Gran Cerro de Mikixochio como “El Jefe de los cerros”,[13] pues de él proviene la dotación de agua del río Apulco y del río Zempoala, además sus escurrimientos y los de las serranías secundarias, alimentan a cerca de 56 manantiales que surten a las comunidades de la región de Ixtacamaxtitlán. En uno de ellos, el de Texocitita se cinceló la roca para labrar una imagen de la virgen de Guadalupe que custodia el nacimiento de agua. Cecilia Vázquez concluye diciendo que: Tanto en el manantial de Teocuilapan, como en el de Texocotitlán, los años que no llueve y comienza a escasear el agua, se organizan procesiones rogativas. En estas procesiones comunitarias se pide que “Los negritos” bailen en honor de la Virgen de Guadalupe para que el manantial siga manando su riqueza. A estas peticiones de agua para las lluvias y para que no se sequen los manantiales se llevan las imágenes desde el templo de Tecoltemi.[14]

 

Chicahualiztli: Energía vital en circulación

 

La mitología mesoamericana no es asunto del pasado prehispánico que nada tenga que decirnos en el presente, ni mera fantasía ajena a la realidad de las comunidades indígenas, todo lo contrario, expresa realidades actuales y actuantes para quienes quieran comprenderlas en su plenitud. Cuando el Popol Vuh menciona que los humanos están hechos de maíz, está señalando un hecho fundamental para los pueblos indígenas de ayer y hoy. El maíz es constitutivo de la corporalidad y la sociabilidad de los pueblos originarios.

Existe un concepto de suma importancia en la cosmovisión nahua -visibilizado para nosotros por la antropóloga Catharine Good- que nos permite comprender el vínculo constitutivo entre el maíz, la humanidad y los seres sagrados, me refiero al concepto de Chicahualiztli, que significa fuerza anímica, energía vital que circula entre los humanos y la naturaleza mediante la alimentación y el trabajo, y entre los humanos y los seres sagrados mediante el ritual y la ofrenda, siempre manteniendo relaciones de reciprocidad.

La fuente proveedora de esta energía es el maíz en la milpa, donde convive con el frijol, la calabaza, los chiles y los quelites. Pero la milpa sólo es posible gracias a la energía desplegada por el trabajo humano y a las fuerzas genésicas que actúan desde el interior de la tierra, en armonía con el sol, la lluvia y un viento saludable.

Para que esas fuerzas genésicas actúen en consonancia con las fuerzas meteorológicas y pueda obtenerse una buena cosecha, es indispensable no sólo el trabajo de hombres y mujeres, sino que ellos encomienden el proceso de siembra y desarrollo a las fuerzas espirituales que actúan tanto en el ámbito celestial como en el subterráneo. A este proceso de circulación de la energía vital que tiene como centro la milpa, se le conoce como Chicahualiztli.

Esta fuerza de ayuda mutua indudablemente sería violentada con la explotación minera al grado de interrumpir su circularidad y los sistemas de correspondencias que ha generado y que incorporan en una misma lógica redistributiva al maíz y los demás cultivos, los humanos y la fauna doméstica y silvestre, las deidades protectoras, las montañas, el río, los arroyos, los manantiales y sus dueños espirituales. En las visitas que realicé a la región pude constatar que la principal preocupación de los habitantes es el agua, que será utilizada en forma descomunal por la minera durante el proceso que lixiviación que, además, afectará el medio ambiente por la cantidad de tóxicos que arrojará en su entorno tanto en la tierra y el agua como en el aire.

 

DE JULIO GLOCKNER SOBRE ESTE TEMA EN MUNDO NUESTRO:

Iztacamaxtitlán: ¿indígenas inexistentes? Eso dicen los antropólogos de Almaden Minerals

El proyecto minero en Ixtacamaxtitlán se ofrece a los inversionistas

 

Conflicto minero en Ixtacamaxtitlán / Textos en el archivo de Mundo Nuestro

Ixtacamaxtitlán: El agua y el oro en la balanza

Evaluación del impacto en derechos humanos

 

En febrero de 2017 apareció una publicación que debió cimbrar a la minera canadiense y sus filiales, se tituló: Minería canadiense en Puebla y su impacto en los derechos humanos. Por la vida y el futuro de Ixtacamaxtitlán y la Cuenca del Río Apulco. El libro fue elaborado por un conjunto de académicos y organizaciones educativas, ejidales, civiles y no gubernamentales que realizaron un excelente trabajo explicando y denunciando las violaciones a los derechos humanos por parte de la empresa en connivencia con algunas Secretarías de Estado.

Entre los resultados de la evaluación hecha por estos investigadores respecto al estado actual de los derechos humanos en la región resaltan tres aspectos:

El que se refiere al AGUA: establece que los estudios científicos analizados en un laboratorio internacional determinaron que el agua en toda la región es de buena calidad. No obstante, es escasa y no todos los habitantes pueden cubrir todas sus necesidades. Un estudio del Ayuntamiento 2014-2018 indica que “se deben realizar acciones para fortalecer al campo por medio del almacenamiento de agua… y la necesidad de mejorar la vivienda y servicios básicos como drenaje y agua potable. Las previsiones del estudio señalan que el agua se contaminaría con cianuro, metales pesados y químicos derivados del drenaje ácido de roca. Además de la muy grave reducción del volumen disponible para la población, el empobrecimiento del acuífero y el incremento de sedimentos.

Respecto al MEDIO AMBIENTE establece que existen suficientes tierras tanto para cultivos como para áreas de conservación. Es un ecosistema adecuado pero vulnerable si se emprenden nuevas actividades económicas desconocidas en la región, especialmente las industriales. El citado estudio del ayuntamiento indica que “existen condiciones para crecer en el sector productivo, pero con un principal cuidado en el medio ambiente”. En la región se encuentran especies amenazadas y en peligro de extinción. La SEMARNAT la he determinado como de prioridad alta de conservación. Las previsiones del estudio muestran la alteración del suelo, remoción de la vegetación, erosión y deforestación, grandes emisiones de polvo y gases, ruido y deterioro del paisaje, alteración del hábitat, desplazamiento de la fauna, pérdida de biodiversidad e impactos en la agricultura. 

Por lo que toca a la SALUD, las principales enfermedades de la región están asociadas a las vías respiratorias y, en caso de llevarse a cabo el proyecto minero, se incrementarán por el polvo. La población no cuenta con una infraestructura de salud pública con atención especializada en caso de enfermedades provocadas por la minería. Peor aún, el 57% no cuenta con seguridad médica, de acuerdo con el estudio realizado por el propio Ayuntamiento. Las previsiones de la investigación revelan perdida de sensibilidad auditiva, trastornos del sueño, efectos cardiovasculares y fisiológicos, factor de estrés en niñas y niños. Los impactos por gases y polvo afectan el tracto cardiorrespiratorio, aumenta la bronquitis en pacientes con asma y provoca enfermedades en los ojos. La contaminación por cianuro afecta al cerebro y el corazón, provoca estados de coma y hasta la muerte. La ingestión de metales pesados afecta el cerebro, el hígado, los riñones y los huesos, el sistema nervioso, digestivo y óseo, enfermedades en ojos y piel y es un factor cancerígeno. 

El Proyecto Minero se ubica en la cabecera de la cuenca del río Apulco, muy cerca de la población de Santa María Zotoltepec y afectaría las tierras de cultivo de la población de Loma Larga. En caso de un derrame, afectaría 200 kilómetros desde la presa de jales hasta el Golfo de México ocasionando daños permanentes e irreversibles.

El estudio señala que Conagua, Profepa, Semarnat, Secretaría de Economía y CNDH no vigilan la actividad minera como mandata la ley y permiten que la empresa realice actividades que resultan en violaciones a la normatividad y a los derechos humanos.

Al solicitar la concesión de 10 mil hectáreas, la minera Almaden declaró que se trata de un sitio “vacío, deshabitado, que el uso del suelo en “nulo” y que la zona está “despejada”, a pesar de ser un municipio con más de 25 mil habitantes que realizan diversas actividades productivas, desde la agricultura, la ganadería, la producción de pulque, mezcal y la colecta de escamoles entre otras. La Secretaría de Economía, siempre atenta a los intereses de la Nación, declaró que no es de su competencia, al otorgar una concesión minera, verificar si el territorio está habitado.

 

El reportaje en Contralínea

 

Seguramente esto dio pie a que la Minera contratara una consultoría llamada GMI Consulting, para que, después de un sesudo estudio antropológico, en el que participaron nueve antropólogos, etnólogos y sociólogos, según lo declaró su coordinadora, concluyera con la sorprendente información de que no hay comunidades indígenas en la región. El argumento está sustentado en una mañosa interpretación de los datos estadísticos del INEGI que enfatizan el criterio lingüístico para definir una población indígena. Dice la empresa:

“Las comunidades más cercanas al Proyecto Tuligtic o Ixtaca que serían las más impactadas por el desarrollo de las actividades mineras son Santa María Zotoltepec, Zacatepec, Vista Hermosa de Lázaro Cárdenas, y Tuligtic. Como lo reporta INEGI, estas comunidades consisten colectivamente de (sic) 1,136 habitantes, de las cuales solo 42 (3.7%) hablan una lengua indígena”. De donde deducen que prácticamente no existen comunidades indígenas. Sin embargo, argumentaron los representantes de la empresa en entrevista con el Diario Contralínea, “hay personas que maliciosamente se hacen pasar por indígenas”.

Al leer esta noticia en el diario digital Contralínea, escribí un artículo criticando esta absurda e indignante conclusión, que provocó una réplica de la empresa y una respuesta de mi parte explicándoles a sus investigadores como es que la gente que ven ahí, lo crean o no, son indígenas descendientes de los pueblos originarios.

“Te doy la noticia fundada, motivada y comprobada de que no hay comunidad indígena en la zona. Estamos fuera de las comunidades indígenas”,

le dijo Juan Pablo Gudiño Gual a la reportera de Contralínea Nancy Flores. Gudiño es doctor en derecho constitucional por la Universidad Marista, fue director general adjunto de Igualdad y Derechos Humanos de la Semarnat y actualmente es director jurídico de la consultora GMI Consulting, contratada por la minera canadiense para estudios de impacto social.

Según Gudiño, aplicaron una metodología cualitativa con “inmersiones sociológicas y antropológicas para ver si en esas comunidades aledañas al proyecto, que son como 10, existen comunidades indígenas. Y resulta que, en ninguna de las áreas de influencia, ni en la zona directa ni en la indirecta, existen”.  El doctor en derecho tuvo la desfachatez de asegurar que en la zona afectada sólo se encontró a una mujer indígena de 70 años, “a la que ya se le olvidó la lengua”.

En sus propios términos, el argumento es el siguiente:

“Vas a la zona, haces un diagnóstico, una inmersión social, y te das cuenta de que no hay autoridad indígena. Sí hay gente que habla lengua indígena, pero eso no los hace ser indígenas [sic]: tienen que tener autoridad, usos y costumbres, unidades culturales y sociales y que sus autoridades emitan actos dentro de sus usos y costumbres para que sean indígenas. Eso no lo digo yo, lo dice el Convenio169 de la OIT y la Constitución.”

En su reportaje Nancy Flores consulta a la doctora Julieta Lamberti, del Colegio de México, quien destaca dos omisiones de Gudiño:

El Artículo 2 constitucional, que refiere que “la conciencia de su identidad indígena deberá ser criterio fundamental para determinar a quiénes se aplican las disposiciones sobre pueblos indígenas; y las consideraciones hechas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que establecen que: “No existe una definición precisa de ‘pueblos indígenas’ en el derecho internacional, y la posición prevaleciente indica que dicha definición no es necesaria para efectos de proteger sus derechos humanos”, pues: “dada la inmensa diversidad de los pueblos indígenas de las Américas y del resto del mundo, una definición estricta y cerrada siempre correrá el riesgo de ser demasiado amplia o demasiado restrictiva”.

Ante la insistencia del señor Gudiño en que las comunidades indígenas no existen la reportera le cuestiona:

—¿Es decir que nunca se les va a consultar?

Y el tipo responde:

—No hay indígenas en la zona.

—Por eso, ¿la respuesta es no? Le dice la reportera.

—La respuesta es que vamos a consultar cuando haya indígenas. Y no hay indígenas. No hay pueblos ni comunidades indígenas, entonces no tienes a quién consultar.

¡Así se las gasta el doctor en derecho y su equipo de investigadores!

Por eso es importante la iniciativa que está implementando el CESDER en Zautla al proporcionar un adestramiento en etnografía a sus estudiantes, para que realicen investigaciones en la región y poder contraargumentar, desde las mismas localidades, no sólo la existencia de comunidades indígenas y pueblos originarios, sino también la valoración positiva de la cultura campesina y la tradición local. Hace 15 días comenzamos con este ejercicio al que habrá que darle seguimiento con la ayuda de Pierre Beaucage y otros colegas que se quieran sumar.  

 

El menú de identidades propuestas por la minera

 

Montados sobre el abandono que ha padecido la agricultura en nuestro país, las mineras pretenden sacar ventaja en favor de sus intereses propiciando un desprecio por las formas de vida campesinas, que nada dejan, proponiendo nuevas formas de vida y actividades económicas que se presentan como alternativas de un futuro promisorio. El tono amable y solícito con el que el presidente de la empresa expuso las intenciones y las acciones que las mineras Almaden y su filial Gorrión han emprendido en la región son tan dulces y generosas que despiertan la sospecha de cualquiera que se detenga un poco a pensar en ellas.

 

Morgan Poliquin, en el reparto de 260 sillas de ruedas en Puebla, Oaxaca y Veracruz, en abril del 2012. (Foto del portal www.almadenminerals.com

 

El presidente, que se presenta a sí mismo como un paseante desinteresado y bonachón, declara que hace 40 años no se hubiera imaginado que al iniciar las actividades de la minera “iba a tener la gran oportunidad de conocer tantas personas y lugares, desde el norte de Canadá hasta el sur de México, durante el transcurso de prospectar por nuevos recursos minerales. Para nuestra empresa -dice- ha sido una experiencia excesivamente enriquecedora, y considero que hemos tenido con el paso de los años, un impacto positivo en las vidas de las personas con las que hemos interactuado ya sea con los empleados procedentes de las comunidades locales o propietarios de terrenos”.

No existe, según sus palabras, un enriquecimiento monetario, lo que sería poco ético en sus paseos prospectivos, sino más bien existencial, es una especie de Krishnamurti metido en la minería. Y obligado a un balance por una mirada retrospectiva, concluye que ha impactado positivamente en la vida de toda la gente que ha conocido, en suma, tenemos ante nosotros a un buen hombre, amable y generoso, en el cuál haríamos mal en cobijar cualquier sospecha sobre sus limpias intenciones. En este tono inofensivo está expuesto uno de los proyectos más devastadores que conoce la tecnología moderna en la extracción de oro y plata.

Con ese mismo tono se ha adiestrado a sus empleados para que lo hagan extensivo a las comunidades donde pretenden operar. Son los nuevos evangelizadores que traen la palabra del progreso y la prosperidad ¿quién se atreve a sospechar de ellos, o peor aún, a cuestionarlos?: Sólo aquellos necios empeñados en permanecer en la pobreza, la ignorancia y el atraso.

Almaden MInerals presume lo que llaman actividades de Responsabilidad Social Corporativa. La empresa ha logrado esbozar un panorama de bienestar en el imaginario de algunos pobladores. Ese imaginario, desde luego, promueve un anhelo de nuevas identidades entre las personas que se han acercado a la empresa, que ha desplegado para ellos un paquete de ofertas, sugerencias, cursos y actividades que comprenden desde becas para estudiante con buen rendimiento, apoyo para construir aulas escolares, equipo de computación para las escuelas, cursos de inglés, danza, futbol,  música y viajes a distintos estados para conocer la minería moderna y sus efectos supuestamente benéficos tanto para el medio ambiente como para la población (la gente de iztaca aprovecha estos viajes para pasear un poco pero se burla, por ejemplo, de un lugar donde había patos de plástico en un lago artificial, como muestra de la preservación de un ambiente no contaminado). En las últimas reuniones comunitarias de las que tuve noticia, realizadas en marzo o abril en la cabecera municipal, sólo asistieron unas 30 personas, las mismas de siempre, según me han comentado algunos vecinos. 

En este ambiente de convencimiento permanente por parte de la empresa colocamos en la cancha de basquetbol, ubicada en el centro de Iztacamaxtitlán, una parte de la exposición “El oro o la vida” que organizaron los colegas del INAH-Morelos. Otra parte, la colocamos, con la ayuda de los profesores del CESDER de Zautla, en Santa María Sotoltepec, donde se encuentra el centro de operaciones de la minera. Después de 15 días de estar expuestas fueron retiradas por el PRI local para realizar un mitin en ese espacio y desaparecieron dos lonas al devolvernos el material. En Sotoltepec, seguramente empleados de la minera, se robaron otras seis lonas pequeñas. 

 

 

Conclusión

 

La región se encuentra actualmente en un forcejeo argumentativo entre las supuestas bondades del proyecto minero y la información sobre los altos riesgos a los que estarán expuestos tanto los habitantes como el medio ambiente y el agua de la que dispone el municipio de llevarse a cabo la fase de extracción que planea la minera Almaden y sus filiales Gavilán y Gorrión.

La larga historia de Iztacamaxtitlán está, literalmente, a la vista, tanto en sus zonas arqueológicas por excavar, como en el Museo Comunitario que resguarda la memoria antigua, como en el convento franciscano y los santuarios de los Cristos de la Salud y la Buena Muerte, que comprenden del siglo XVI al XIX y la historia más reciente, del siglo XX, que dotó de tierras a los agricultores con la Reforma Agraria. El destino de la región está por decidirse y me parece que no podremos, legítimamente, oponernos al proyecto minero, sin proponer una alternativa laboral y de vida a sus habitantes.

Si con el nuevo gobierno –expresamos en el año 2018-- que pronto ocupará la presidencia, con una mayoría en el congreso nacional y en el estado, se logra un apoyo significativo a las labores del campo, la situación puede cambiar sustantivamente.  Pero, además, dada la belleza del lugar, se puede plantear un proyecto turístico comunitario sustentable que beneficie a los pobladores y les permita preservar tanto el medio ambiente como la armoniosa vida social que han mantenido hasta ahora.

En este punto estamos en octubre de 2022: Representantes de las comunidades indígenas de Iztacamaxtitlán han acudido a CDMX a entregar sendas cartas al presidente López Obrador y a la secretaria de economía Raquel Buenrostro, solicitando, según acuerdo de la 34 asamblea realizada en Iztacamaxtitlán el pasado 2 de octubre y a la que acudieron 2,500 personas, se cancelen las concesiones a la minera por el bien de sus habitantes, de su forma de vida que los vincula directamente a la naturaleza que comprende un paisaje ritual antiguamente vinculado a las deidades nahuas y hoy sincretizado con el culto católico.

 

[1] Ponencia presentada en la DEAS-INAH en el Simposio “Defensa de los territorios y del Patrimonio Biocultural”, 25-septiembre-2018. Tomo el titulo de la exposición itinerante que organizó Paul Hersch y sus colegas en el INAH-Morelos.

[2] Bonilla, 2013: p. 198

[3] Gómez, Lidia, 2018: p. 10, 11.

[4] Ibid. p. 13.

[5] INEGI Censo de población 2010.

[6] De acuerdo con las notas periodísticas, las concesiones Cerro Grande y Cerro Grande 2 abarcan una extensión de 14,229.55 Km2, es decir, un 25.5% del territorio del municipio de Ixtacamaxtitlan, lo que cambiará la relación de kilómetros cuadrados por habitante, quedando 59.49 habitantes por Km 2. Vemos pues, una reducción del territorio para los ixtacamaxtlitecos.

[7] El Censo del año 2010, consideró solamente clasificar a la población indígena de 10 años y más por ser hablantes de alguna lengua de origen prehispánico. Sin considerar que grupos campesinos, sin hablar lenguas indígenas, poseen las características culturales del mundo mesoamericano, como el caso de Tecoltemi.

[8]Tecoltemi actualmente tiene como autoridad política un Juez de Paz, este funcionario es nombrado por una asamblea comunitaria

[9] La solicitud de dotación la hicieron 61 campesinos en el año de 1931.

[10]  En el Registro Agrario se da cuenta de que 85 parcelas de Tecoltemi son menores a 1 Has., 53 parcelas miden 1Has., 13 parcelas son de 2 Has., una parcela es de 3Has. y 3 parcelas son de 5Has. Lo que vemos en una atomización de la propiedad agraria de los campesinos de Tecoltemi.

[11] Actualmente se conservan parajes con estos nombres.

[12] Recordemos la lógica binaria del mundo mesoamericano, que une férreamente los ciclos de lluvia y de secas, y que requieren de los ruegos y ofrendas de los hombres para que fructifique la tierra con las aguas y se agradezca a la misma, su reverdecimiento y productos.

[13] Denominación de un niño nativo de Ixtacamaxtitlán para referirse al cerro Mikixochio.

[14] Vázquez Ahumada, Cecilia, peritaje antropológico.