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15 Julio 2024, Puebla, México.

Aves: habitantes de islas verdes en el mar de concreto / Revista Elementos BUAP

Naturaleza y sociedad | Crónica | 24.MAY.2024

Aves: habitantes de islas verdes en el mar de concreto / Revista Elementos BUAP

Marco Tulio Oropeza Sánchez
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Las ciudades representan espacios creados y diseñados por y para el uso humano. El Banco Mundial considera que las ciudades son centros urbanos cuando presentan más de 1,500 pobladores por kilómetro cuadrado, grandes edificios y presencia de servicios básicos (agua, luz y drenaje). Así, quienes vivimos en centros urbanos consumimos alrededor de dos tercios de la energía producida mundialmente y somos responsables de más del 70 % de las emisiones de gases de efecto invernadero, sustancias que promueven el calentamiento global.

     Cuando el número de pobladores aumenta en una ciudad se necesitan más viviendas y más servicios (transporte, agua, drenaje, alimentos, etc.) para satisfacer sus necesidades. Para cumplir con las demandas de las ciudades en crecimiento, alrededor del mundo es común que los terrenos en la periferia de las ciudades (sean tierras de cultivos, pastizales para ganado o áreas boscosas) pasen a ser fraccionamientos donde cada vez es más raro observar parques o jardines comunitarios (Pickard et al., 2017).

    

LA IMPORTANCIA DE LAS ÁREAS VERDES

 

Cuando alguien dice parques y jardines, imaginamos espacios con árboles, plantas con flores y pasto fresco. Lugares agradables donde solemos llevar a jugar a los niños, a caminar y platicar con amigos o pareja, o pasear a nuestras mascotas; en resumen, son áreas de recreación. Las áreas verdes nos proporcionan otros beneficios: mantienen limpio el aire que nos rodea, reducen el ruido, nos brindan sombra en días calurosos y pueden llegar a amortiguar el calor de los vecindarios (World Health Organization, 2016). Durante la temporada de fuertes lluvias las áreas verdes pueden prevenir inundaciones (Kim y Park, 2016). Asimismo, las áreas verdes son el hogar de múltiples especies animales: la mayoría de la población nos hemos topado en algún momento con algún ave, una experiencia grata o no tanto.

 

¿QUÉ ES UN AVE?

 

Las aves son animales vertebrados que tienen características muy particulares; por ejemplo, su piel está cubierta de plumas que las protegen del frío y la lluvia. Las crías de las aves nacen de huevos que por lo general se mantienen en nidos y reciben el calor de alguno de sus progenitores hasta que rompen el cascarón (eclosionan). En lugar de labios tienen pico que, en dependencia de su forma, nos puede dar una idea de lo que come el ave en cuestión. Por ejemplo, aves que comen semillas por lo general poseen un pico corto y ancho para romper las cáscaras; el pico largo y tubular de los colibríes les hace posible sustraer el néctar de las flores; y el pico curvo y afilado de águilas y halcones les facilita desgarrar la carne de sus presas. Asimismo, las aves tienen una característica muy particular, la presencia de alas.

     Solemos asociar a las aves con el vuelo, pero existen especies que no vuelan, por ejemplo, los pingüinos, los avestruces o las gallinas. La capacidad de volar confiere varias ventajas, es lo que les permite a muchas aves moverse grandes distancias para buscar alimento y refugio o evitar a sus agresores. Y en este sentido, el vuelo, entre todas sus habilidades, ha ayudado a las aves a vivir en parques y jardines dentro de ciudades.

 

EL PAPEL DE LAS AVES EN LOS ECOSISTEMAS

 

Muchas aves, al comer insectos y gusanos, ayudan a regular sus poblaciones y evitan las plagas sobre cultivos importantes para nosotros. Aquellas especies que se alimentan de carroña (animales muertos) remueven material que puede producir un aroma desagradable y ser potenciales fuentes de enfermedades. Las especies que se alimentan de las flores o de su néctar participan en la polinización (reproducción de las plantas) y promueven la producción de frutos. Al alimentarse de frutos y defecarlas, las aves cumplen con el papel de dispersores de semillas, un proceso importantísimo ya que las aves ayudan a que se regeneren los bosques nativos. Finalmente, están los depredadores tope, aquellos que en la cima de la cadena alimenticia regulan las poblaciones de distintas especies, por ejemplo, roedores que suelen ser dañinos para cultivos y en algunos casos son portadores de enfermedades. En síntesis, para los ecosistemas y los humanos es mejor contar con varias especies de aves que solo unas pocas.

 

¿QUÉ PASA CON LAS AVES EN LAS CIUDADES?

 

Cualquier animal que vive en las ciudades, incluidas las aves, tiene que tolerar las condiciones resultantes de actividades humanas (e.g., distintos tipos de contaminación: del aire, sonora, lumínica, etc.). Algunas especies simplemente no toleran los cambios que hacemos y migran a otro lugar, o mueren, ya sea por falta de comida, porque son comidas por nuestras mascotas o atropellados por nuestros vehículos (Hagen et al., 2017).

     Cuando el número de árboles es escaso en los parques, las aves que buscan su alimento en troncos (por ejemplo, pájaros carpinteros) o que se refugian en los huecos de estos (el pájaro saltapared; Thryomanes bewickii) abandonan los parques. Lo mismo pasa cuando eliminamos las plantas con flores: aquellas aves que frecuentaban las flores por su néctar (colibríes) no suelen aparecer más por estas zonas. Cuando modificamos en exceso las áreas verdes podemos terminar por hacerlas inhabitables para diferentes especies de aves (MacGregor-Fors y Schondube, 2011).

     Las especies de aves que logran sobrevivir en nuestras ciudades logran aprovechar la infraestructura hecha para nuestro uso (por ejemplo, pueden refugiarse en edificios, alcantarillas, antenas e incluso postes de luz) y algunas se alimentan de los desechos que generamos (Escobar-Ibáñez y MacGregor-Fors, 2017). Por la capacidad que tienen las especies para aprovechar nuestros recursos algunas aves suelen ser muy abundantes en las áreas verdes y en las ciudades. Los gorriones, por ejemplo, son aves pequeñas que son consideradas generalistas (su dieta no está restringida a un solo alimento), pueden anidar en muchos espacios (árboles, postes de luz, tejados y hasta cestos ceniceros), incluso utilizan nidos abandonados por otras especies. Pero ¿será bueno que nuestros parques sean habitados únicamente por gorriones?

 

MENOS NO ES MÁS

 

En el zócalo de la ciudad de México suele ser muy raro observar aves que no sean palomas; de manera simple, el zócalo de la ciudad es una plancha de rocas. En estos espacios grises, las aves que suelen alimentarse de animales que viven enterrados como lombrices ya no tienen cabida. Lo mismo pasa en aquellos fraccionamientos y colonias tapizadas de concreto, cuando el concreto cubre el suelo privamos de alimento a estas aves.

     En muchos casos la calidad de los parques para mantener a diferentes especies de aves depende de qué tan variada es la vegetación (Canedoli et al., 2018). Me refiero a que un área verde es mejor recibida por las aves cuando cuenta con diferentes tipos de plantas: hierbas, arbustos y árboles de gran altura. Además, se ha observado que los parques que tienen flores durante todo el año son más atractivos para diferentes especies de aves. Si traducimos, más flores quiere decir que en un futuro habrá más frutos y en consecuencia más comida para todos.

     Imaginemos por un momento que somos un ave que gusta de los bosques, zonas de mucha sombra donde abundan árboles de gran tamaño y gran cantidad de frutos y gusanos en el suelo.

     Después de que se remueven los árboles y se coloca un fraccionamiento ya no podríamos vivir ahí, pero esa es una idea inicial. Lo cierto es que en la ciudad de México se distribuyen especies que se han asociado a las zonas boscosas, y se han encontrado en parques que se encuentran cubiertos por árboles de tronco ancho y muy altos, o donde hay árboles con gran cantidad de frutos (MacGregor-Fors, 2008).

     Así que, de alguna manera, las aves toman estos parques como hogares sustitutos.

 

LA DISTANCIA ENTRE LOS PARQUES

 

Cuando la comida y otros recursos para las aves escasean en un parque, estas tienen que visitar diferentes áreas verdes para satisfacer sus necesidades. Veámoslo desde esta forma: para un ave, atravesar ciertos barrios para llegar a más parques puede ser una ventaja ya que termina encontrando el alimento necesario para subsistir. Pero moverse grandes distancias también representa un mayor costo energético.

     En estos casos las aves constantemente deben decidir si invierten energía para obtener más alimento o se conforman con el alimento limitado, no son decisiones fáciles.

     Elegir mal puede significar que no podrán competir por conseguir pareja y reproducirse, o alimentar lo suficiente a sus crías para que mantengan su linaje. A grandes rasgos, la permanencia de varias especies de aves depende de la distancia que existe entre parques (o su arreglo espacial; Murgui, 2007).

     Y aquellas aves que tienen una dieta más amplia pueden terminar su búsqueda más rápido que especies con dietas especializadas. Estas últimas son las que más resienten el aislamiento de los parques por el mar de concreto.

 

CONCLUSIÓN

 

La intervención humana no siempre es muy bien recibida por las aves; cuando inundamos de concreto las ciudades, las áreas verdes quedan aisladas en un mar gris.

     Las áreas verdes son muy importantes para los seres humanos, pero también son importantes para otras especies. La convivencia con la naturaleza puede ser complicada porque siempre estamos buscando nuestra comodidad. Pero si vemos el lado positivo (los beneficios de tener muchas especies de aves) podríamos aceptar que lo que sacrificamos no es nada en comparación con lo que recibimos de la naturaleza.

 

REFERENCIAS

 

Escobar-Ibáñez JF and MacGregor-Fors I (2017). What’s New? An Updated Review of Avian Ecology in Urban Latin America. En: MacGregor-Fors I and Escobar-Ibáñez J (Ed), Avian Ecology in Latin American Cityscapes. Springer, Cham.

Hager SB, Cosentino BJ, Aguilar-Gómez MA, Anderson ML, Bakermans M, Boves TJ... and Zuria I (2017). Continent-wide analysis of how urbanization affects bird-window collision mortality in North America. Biological Conservation 212:209-215.

Kim HW and Park Y (2016). Urban green infrastructure and local flooding: The impact of landscape patterns on peak runoff in four Texas MSAs. Applied Geography 77:72-81.

MacGregor-Fors I (2008). Relation between habitat attributes and bird richness in a western Mexico suburb. Landscape and Urban Planning 84:92-98.

MacGregor-Fors I and Schondube JE (2011). Gray vs. green urbanization: relative importance of urban features for urban bird communities. Basic and Applied Ecology 12:372-381.

Murgui E (2007). Effects of seasonality on the species–area relationship: a case study with birds in urban parks. Global Ecology and Biogeography 16:319-329.

Pickard BR, Van Berkel D, Petrasova A and Meentemeyer RK (2017). Forecasts of urbanization scenarios reveal trade-offs between landscape change and ecosystem services. Landscape Ecology 32:617-634.

World Health Organization Regional Office for Europe (2016). Urban green spaces and health: A review with evidence.

 

Marco Tulio Oropeza Sánchez
Facultad de Ciencias
Universidad Nacional Autónoma de México