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5 Diciembre 2021, Puebla, México.

La pregunta por la filosofía y la vocación del filósofo / Juvenal Cruz Vega

Cultura /Universidades | Ensayo | 19.AGO.2021

La pregunta por la filosofía y la vocación del filósofo / Juvenal Cruz Vega

Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz

Lic. Juvenal Cruz Vega, director general de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz

 

Advertencia

La historia de este artículo surgió por una inquietud de mi maestro, el doctor Guillermo Hernández Flores, cuando en el año 2004 solicitó al director de entonces Semanario Koinonía en la ciudad de Puebla, la creación de una sección en el mismo “periódico semanario” en el cual se abriera un espacio para reflexionar sobre la filosofía. El doctor Guillermo Hernández invitó al doctor Mauricio Beuchot, al doctor Justino Cortés Castellanos y a un joven filósofo que se iniciaba en la filosofía, al doctor Rómulo Ramírez Daza y García. Por supuesto, mi maestro me invitó a colaborar en esta sección a la que pusimos por nombre “Areópago”, cuyo fin fue recordar la famosa Colina de Atenas de Ares o Marte, allí donde se había establecido el tribunal de los juicios de los que iban a ser condenados a muerte. Por esta razón se le llamó   Ἄρειος     Πάγος,   es   decir,  Areópago.  Allí  donde disertaron los grandes pensadores de Atenas, y que todavía en los primeros siglos del cristianismo se exponían las tesis originales de los grandes intelectuales del momento. En ese lugar habló san Pablo a los atenienses y expuso uno de los discursos más hermosos en lengua griega para la historia del humanismo, tal como puede verse en el libro de los Hechos de los Apóstoles en el texto griego (Hech, 17, 22- 34) 1.

Al artículo he agregado dos fragmentos: uno al inicio y otro al final. En el primero, presento algunos números del primer libro de la “Metafísica” de Aristóteles, al cual he llamado “Proemio a la obra de Aristóteles”. Se trata de un bello texto, del cual se pueden extraer varias tesis vigentes de la filosofía. Puse el texto bilingüe, griego y latín para que el lector conserve más la pregunta que respuesta sobre la misma filosofía. El segundo texto es un epílogo, porque lo pongo al final de la disertación. Es de san Juan Crisóstomo, como allí mismo escribo: “Aunque San Juan Crisóstomo vivió en la decadencia del imperio romano, no obstante, escribió griego como si hubiera sido del siglo IV antes de Cristo, esto es, en la época de oro de Atenas.

Así, pues, reproduzco el artículo que publiqué aquel domingo 1º de agosto del año 2004. Y lo hago como un reconocimiento a mis cuatro maestros más cercanos, en quienes he visto la inspiración original y quienes me impulsaron a estudiar con tanta pasión la filosofía: Guillermo Hernández Flores, José Rubén Sanabria, Justino Cortés y Mauricio Beuchot.

 

La pregunta por la filosofía y la vocación del filósofo

Juvenal Cruz Vega

 

Proemio a la obra de Aristóteles. Met; Libro I, 980 a2.

Aristóteles, filósofo griego, considerado uno de los pensadores más importantes de la historia, oriundo de Estagira, Macedonia. Nació en el año 384 a.C; llegó a Atenas siendo un adolescente con el propósito de completar su formación en la Academia de Platón, su maestro más cercano. En el año 335 funda su propia escuela filosófica, a la cual llamó Liceo. Tuvo un singular amor a la sabiduría, que coronó en su madurez filosófica con su Filosofía primera o Metafísica. En su obra puede hallarse una pluralidad de temas desde la medicina, filosofía, ética, lógica, zoología, política, física, y sobre todo, lo hace distinto de muchos pensadores de la historia a través sus escritos sobre Metafísica. Con él termina la filosofía perenne, y muere en el año 322 a. C. A su muerte siguió su obra el filósofo Teofrasto (370-287 a. C), el cual heredó la biblioteca de su maestro.

 

 

Uno de los temas más destacados de la filosofía es el asombro, porque es la actitud de un hombre que ama verdaderamente la sabiduría. Hay un hermoso texto de Aristóteles (Met. I, 2, 982b) que recoge este mismo motivo: “Antes lo mismo que hoy el asombro ha inducido a los hombres a filosofar. Al comienzo el asombro surgía ante los fenómenos que se presentan directamente y que no podían explicarse. Después fue incrementándose poco a poco y se aplicó también a cuestiones mayores, como los fenómenos de la luna, el sol y las estrellas o el origen del universo. Ahora bien, quien pregunta y se admira tiene un sentimiento de ignorancia. Por eso es amigo de los mitos y en cierto sentido es un filósofo. Los mitos, en efecto, están llenos de maravillas. Así, pues, para remediar su ignorancia, los hombres empezaron a filosofar” 3.

Uno de los temas más apasionantes de la filosofía de Aristóteles es su teoría del conocimiento y se puede apreciar desde los primeros fragmentos de la Metafísica. He aquí uno de ellos (Met. 1, 2, 982a- 982b): “El saber y el conocimiento por sí mismo corresponde sobre todo a la ciencia de lo cognoscible en el sentido supremo. Quien elige el saber por sí mismo, elegirá por lo general la ciencia suprema, que es la ciencia de lo cognoscible en el sentido último. Ahora bien, cognoscibles en sentido supremo son los primeros principios y las cusas, pues por ellos y desde ellos se conoce todo lo demás, mientras que esto no se conoce desde lo subordinado. La más soberana entre las ciencias, superior a la que sirve, es aquella que conoce la finalidad de por qué hay que hacer cada cosa; y esa finalidad es el bien en cada caso concreto y lo mejor en la naturaleza entera”4.

El texto que ahora presento es un ejercicio para examinar la sintaxis fundamental del griego clásico. Aquí se encuentran oraciones simples y compuestas. Nos enseña la estructura de un periodo, oraciones bimembres y unimembres; oraciones transitivas, intransitivas y sustantivas; también oración subordinada, circunstancial, completiva de infinitivo y la oración final con el verbo en modo subjuntivo. Igualmente nos enseña a utilizar las oraciones coordinadas correlativas, la oración con dativo posesivo y más.

Es uno de los textos más hermosos de la filosofía clásica. Ha sido tomado de la Metafísica, uno de los principales trabajos del filósofo griego. Trata las tesis fundamentales de la filosofía sistemática, tanto por el lado del conocimiento, del pensamiento, de la naturaleza y de la relación del hombre consigo mismo, con los demás seres, incluso con el absoluto. Plantea el lugar que ocupan los sentidos en la relación del conocimiento y su jerarquía frente a todos los sentidos. Por esto, los grandes maestros a través de la historia han extraído los contenidos esenciales de las disciplinas filosóficas, tales como: lógica, epistemología, ontología, filosofía del mundo físico, metafísica, ética, axiología y filosofía del absoluto.

Así, pues, nos encontramos frente al texto más traducido, interpretado, comentado y aplicado a diversas disciplinas del conocimiento hasta nuestros días.

Πάντες ἄνθρωποι  τοῦ εἰδέναι  ὀρέγονται  φύσει.  Σημεῖον δ’  ἡ τῶν αἰσθήσεων  γάπησις.  Και;  γα; ρ χωρις τῆς χρείας  ἀγαπῶνται δι’ αὑτάς, και; μάλιστα τῶν ἄλλων ἡ  δια;  τῶν ὀμμάτων. 
Οὐ  γα; ρ  μόνον ἵνα  πράττωμεν  ἀλλα;  και; μηδεν;   μέλλοντες  πράττειν  το  ὁρᾶν αἱρούμεθα ἀντι; πάντων ὥς εἰπεῖν τῶν ἄλλων. 
Αἰτίον δ’ ὅτι μάλιστα ποιεῖ  γνωρίζειν ἡμᾶς αὕτη τῶν αἰσθήσεων και; πολλα; ς δηλοῖ διαφοράς. Φύσει
με;ν  οὖν  αἴσθησιν χοντα  γίγνεται  τα;  ζῶα, κ  δε; ταύτης  τοῖς  με;ν  αὐτῶν  οὐκ  ἐγγίγνεται  μνήμη,  τοῖς δ’ ἐγγίγνεται.
Και;     δια;      τοῦτο     ταῦτα     φρονιμώτερα     και μαθητικώτερα   τῶν   μη;   δυναμένων   μνημονεύειν στί,  φρόνιμα  με;ν ἄνευ  τοῦ μανθάνειν ὅσα  μη δύναται τῶν ψόφων ἀκούειν (οἷον μέλιττα κἄν εἴ τι τοιοῦτον  ἄλλο γένος ζῴων ἐστί), μανθάνει δ’ ὅσα προ;ς τῇ μνήμῃ και; ταύτην ἔχει τη; ν αἴσθησιν. 
Tα;   με;ν  οὔν ἄλλα  ταῖς   φαντασίαις  ζῇ  και;  ταῖς μνήμαις,  ἐμπειρίας  δε;  μετέχει  μικρόν·  το;  δε;  τῶν ἀνθρώπων γένος και; τέχνῃ και; λογισμοῖς. Γίγνεται δ’ ἐκ τῆς μνήμης ἐμπειρία τοῖς
ἀνθρώποις. Αἱ  γα; ρ πολλαι; μνῆμαι τοῦ αὐτοῦ πράγματος μιᾶς ἐμπειρίας δύναμιν ἀποτελοῦσιν.
Και; δοκεῖ σχεδο;ν ἐπιστήμῃ και; τέχνῃ ὅμοιον εἶναι ἡ ἐμπειρία, ἀποβαίνει  δ’ πιστήμη και; τέχνη δια;  τῆς  ἐμπειρίας  τοῖς  ἀνθρώποις.   Ἡ  με;ν  γα; ρ ἐμπειρία τέχνην τύχην.
ἐποίησεν, ς  φήσι;  Πῶλος  ἡ  δ’ ἀπειρία  Γίγνεται  δε;  τέχνη  ὅταν ἐκ πολλῶν τῆς ἐμπειρίας
ἐννοημάτων μία καθόλου γένηται περι; τῶν ὑπόληψις.
ὁμοίων Το;  με;ν  γα; ρ  ἔχειν ὑπόληψιν ὅτι Καλλίᾳ κάμνοντι τηνδι; τη; ν νόσον τοδι; συνήνεγκε και; Σωκράτει και καθ᾽ ἕκαστον οὕτω πολλοῖς,  ἐμπειρίας  στίν·  το;  δ᾽  ὅτι πᾶσι τοῖς τοιοῖσδε κατ᾽ εἶδος
ἓν ἀφορισθεῖσι, κάμνουσι  τηνδι;  τη; ν  νόσον,  συνήνεγκεν,  οἷον  τοῖς φλεγματώδεσιν τέχνης.
ἢ χολώδεσι  ἢ πυρέττουσι καύσῳ,  Προ;ς  με;ν  οὖν  το;  πράττειν  ἐμπειρία  τέχνης  οὐδεν;
δοκεῖ διαφέρειν, ἀλλα;  και;  μᾶλλον ἐπιτυγχάνουσιν οἱ ἔμπειροι τῶν ἄνευ τῆς ἐμπειρίας λόγον
ἐχόντων (αἴτιον δ᾽ ὅτι ἡ με;ν ἐμπειρία τῶν καθ᾽ ἕκαστόν ἐστι γνῶσις ἡ δὲ τέχνη τῶν καθόλου, αἱ
δε;  πράξεις και αἱ  γενέσεις  πᾶσαι  περι;  το;  καθ᾽  ἕκαστόν  εἰσιν·  οὐ γα; ρ ἄνθρωπον ὑγιάζει
ὁ ἰατρεύων ἀλλ᾽ ἢ  κατα  συμβεβηκός, ἀλλα;   Καλλίαν ἢ Σωκράτην ἢ τῶν  ἄλλων  τινα;  τῶν  οὕτω  λεγομένων  ᾧ  συμβέβηκεν ἀνθρώπῳ εἶναι·  ἐα; ν οὖν  ἄνευ τῆς ἐμπειρίας ἔχῃ τις το;ν λόγον, και; το
καθόλου με;ν γνωρίζῃ  το;  δ᾽ ἐν τούτῳ  καθ᾽ ἕκαστον ἀγνοῇ,   πολλάκις   διαμαρτήσεται   τῆς   θεραπείας· θεραπευτο;ν γα; ρ το; καθ᾽ ἕκαστον).

 

Todos los hombres desean saber por naturaleza. Por eso, el amor a los sentidos es la prueba. Y en efecto, independientemente de su utilidad, son amados a causa de sí mismos, pero el más importante de los otros, de uno en uno, es el sentido de la vista. Pues no sólo cuando realizamos algo, sino también cuando no queremos hacer nada, preferimos la vista en lugar de todos, es decir, de los otros sentidos.

En verdad, esta es la causa que nos hace conocer más que los otros sentidos, aunque demuestra muchas diferencias. Realmente los animales nacen dotados de sentidos por naturaleza, pero de estos, algunos de ellos, no tienen memoria, otros si tienen. Y por eso, éstos últimos son más aptos y dispuestos para aprender que los que no tienen la capacidad de recordar; son aptos sin aprender, los que no tienen la capacidad de escuchar los sonidos (como la abeja y los otros animales semejantes, si los hay), en cambio, aprenden, los que además de memoria, también tienen este sentido.

Ciertamente, los otros animales viven por medio de imágenes y de recuerdos, pero participan poco de la experiencia. En cambio, el ser humano tiene participación con el saber y con el razonamiento. Y del recuerdo, se hace la experiencia para los hombres, pues muchos recuerdos de un mismo hecho realizan el sentido de una experiencia. Y en síntesis, parece que la experiencia es semejante a la ciencia y al arte, pero la ciencia y el arte llegan a los hombres por medio de la experiencia. Pues la experiencia hizo el arte como dice Polo, pero la inexperiencia hizo al azar.

Ciertamente el arte nace siempre que surja un pensamiento universal sobre las cosas semejantes de muchas reflexiones de la experiencia. Pues el tener una opinión que a Calias, que padeció tal enfermedad, también llevo esto a Sócrates, a cada uno y de igual modo a muchos otros, de aquello que es propio de la experiencia. Pero el saber que fue provechoso para todos los individuos que han sido definidos en una sola clase, y que son afectados por esta enfermedad, por ejemplo a los flemáticos o biliosos, o los que tienen ardor, que es propio del arte.

Así pues, para la vida práctica la experiencia no parece que sea diferente del arte, pero además los expertos tienen más éxito que los que tienen conocimientos sin experiencia. Y la causa es que por una parte, la experiencia es el conocimiento de cada una de las cosas singulares, y por otra parte, el arte lo es de las cosas universales. Pero todas las acciones y generaciones tratan de lo singular. Pues el médico no sana al hombre, a no ser que sea por accidente, sino a Calias o a Sócrates, o a alguno de los otros, de los que así se llaman, lo cual se acerca, a lo que es un hombre.

En consecuencia si alguien tiene un conocimiento sin experiencia y descubre lo universal, pero ignora lo singular, errará muchas veces en la curación, porque lo singular podrá ser curado.

 

Meditación sobre la naturaleza de la filosofía

 

¿Qué es, pues la filosofía? No creo que haya una respuesta definitiva sobre esta palabra tan antigua, sin embargo se acepta que la filosofía sea inherente al hombre mismo, porque nace de su propia existencia, no se da como algo hecho y acabado para siempre, es la propia experiencia existencial. La filosofía se vuelve reflexión cuando el filósofo intenta, como un explorador, buscar todos los caminos hasta encontrar su propia senda, porque él sabe que filosofar es primordialmente teorizar; como en griego θεωρεῖν significa mirar algo, pero mirar algo con el espíritu esto es, contemplar, porque sabe que filosofar, es ver en busca de un fundamento último para nuestro saber.

 

 

Pitágoras y San Agustín han sido dos grandes maestros. El primero por haber sido el creador de la sentencia “amor a la sabiduría”5, esto es, aquella especulación en la cual el filósofo no es un sabio, sino un amante de la sabiduría, un enamorado de Dios. San Agustín considera que Dios es la sabiduría, Dios es el Sabio, y así lo expresó en su celebérrima obra magna - la Ciudad de Dios- “Si Sapientia Deus est, verus Philosophus est amator Dei”6.

El texto de San Agustín mejoró y profundizó a Pitágoras al regresar en esta sentencia a la noción ontológica “un verdadero filósofo”, esto es, aquel que ama la Sabiduría: la “σοφία, la sapientia, el saber”, es el que ama a Dios, el hombre congruente, el que tiene conformidad de lo que piensa con lo que dice y con lo que hace. Un verdadero filósofo busca a Dios, porque “es el que busca por los senderos obscuros de la vida, alegres y asombrados, porque sabe que filosofar  significa vivir en forma absoluta y total, donde existe silencio y no hay perturbación”7.

 

 

El filósofo “no puede evitar asombrarse ante el espectáculo de la naturaleza, ante la noche luminosa del ser, es quien se queda maravillado, contemplando lo que tiene ante los ojos, es quien no acaba de admirarse de los entes en el ser”8. “Es el que tiene la necesidad de filosofar, es quién oye la voz del ser, siente que la filosofía es una tarea imperiosa, improrrogable, siente que es quehacer decisivo de su vida”9. El filósofo sabe que la filosofía quiere decir más allá de la semántica de sus palabras, ir de camino y que sus preguntas son más esenciales y fundamentales que sus respuestas, porque la filosofía es “preguntar, sondear, inquirir, con la esperanza de obtener respuesta: pues sólo pregunta de verdad quien pretende saber. Y esperar es desear y confiar en la revelación del ser; la esperanza es aspiración al ser; es poseer en sombras y querer la luz”10.

El filósofo es el que “acepta el conocimiento como un hecho, complejo y difícil de explicar, y se sirve de él como cualquier otra persona. Pero no se queda ahí, en el nivel espontáneo y pragmático, sino que hace del conocimiento un problema: el problema fundamental de la filosofía, por cierto, en cuanto que cualquier problema filosófico, lo implica o lo supone”11.

No obstante el filósofo, “se pregunta qué es el conocimiento, cómo es, cómo debe ser, cuál es su valor, y cuáles son sus límites”12. Sabe que filosofar significa llegar a la admiración, porque descubre en este valor el secreto de la vocación filosófica, porque “la admiración es un sentimiento propio del filósofo, esta admiración quizá sea mejor decir asombro, no es tan sólo decir el origen histórico de la filosofía, sino qué es y principalmente, el origen interno, vital, constante, del filosofar. No es que el que filosofa venga desde el asombro, sino que no sale del asombro, no acaba de asombrarse: filosofar es asombrarse, es vivir en el asombro”13.

También, el filósofo se asombra, porque el asombro en sentido positivo “es el deseo de saber, es la búsqueda del ser, el que se asombra se queda perplejo porque no sabe, pero se lanza a buscar porque quiere saber, se da cuenta de su ignorancia y por ello busca la luz del saber”14.

El filósofo sabe que el “filosofar es romper esa biunidad del ser y del yo, y convertirla en la dualidad del ser y yo. Esta actitud es un extrañamiento ante el ser: advierto que el ser está en mí y que yo estoy en el ser: el ser me es presente y me sustenta, y yo estoy presente al ser en el ser”15. Si el filósofo no acaba de asombrarse, es porque vive en el asombro, y “se asombra y se lanza a develar al ser oculto en los entes; él se da cuenta de su ignorancia y busca saber”16.

En efecto, aceptando la noción de San Agustín, es decir, “un verdadero filósofo”, entonces éste, funda su admiración en el amor, “pero no del amor del deseo - Eros-, más bien se trata del amor, de la admiración ante lo maravilloso, ante lo perfecto, su admiración es radical y total, se extraña de su propia extrañeza, se extraña de sí mismo y de la totalidad de las cosas”17.

El verdadero filósofo se extraña por el ser, y al escuchar su voz, se dirige hacia la verdadera soledad, la cual es “el centro donde resuena y brilla el valor, de cuyo ser y sentido, nuestra existencia recibe significación y plenitud”18. El filósofo ama la soledad, “mas no por el despectivo odi profanum vulgus et arceo de Horacio, sino porque sabe que las multitudes ordinariamente viven en la meditación, en la despotización, en la desdivinación y sobre todo en la banalización”19.

El filósofo, “contempla asombrado el horizonte infinito del ser, se refugia en la soledad para comprender a los que viven en la vaciedad del aislamiento y en la pobreza ontológica”20. Escucha en su interior con mucha atención la voz del ser, y después de una larga y honda meditación sabe que debe cuestionarse con profundidad sobre “los problemas prácticos de la vida, pues es el único que se pregunta radicalmente qué sentido tienen las cosas y las acciones del hombre, qué sentido tiene el tiempo, la vida, la belleza, la política, el dinero, la filosofía”21.

En este sentido él es un inadaptado “un señor que no encaja en las filas del vulgo, exige para sí la Augusta prerrogativa de una sociedad antecedente y consiguiente”22. Pero también “es el que -oye- es el oído de la verdad, según Parménides, y el oyente de la palabra -Höres des Wortes, según Karl Rahner, aún en las experiencias más intrascendentes sabe escuchar la voz del ser”23.

¿Qué hace pues, el filósofo? Trata de comprender el problema desde el raíz, como un arquitecto en sentido etimológico y por eso especula el problema fundamental de la filosofía desde la raíz hasta el texto, porque sabe que él mismo es un problema, es decir, “una dificultad que es preciso descubrir y resolver, como un misterio atractivo y desconcertante cuyos orígenes y consecuencias se deben descubrir y determinar”24.

El verdadero filósofo siempre seguirá buscando la verdad. Porque solamente Dios es sabio, porque es el único que conoce absolutamente todo. El filósofo sólo busca, persigue, sólo aspira a conseguir un saber que jamás obtendrá plenamente. Por ello el hombre jamás será sabio –σοφός- ni puede aspirar a  serlo, él sólo será -y no muchos por cierto- filósofo: amante del saber, enamorado de la sabiduría”25.

Así, pues, el filósofo tiene una gran tarea; que en modo infinitivo presente, significa “ver la realidad como una luz ontológica que lo hace penetrar en lo más íntimo de la realidad, que lo hace ver el mundo con los ojos siempre nuevos, porque encuentra en él, la maravilla de los entes en el ser”26. Pregunta, busca, contempla, espera, sabiendo que al saber nunca tendrá la sabiduría plena, porque es el que va asombradamente y con amorosa inquietud por un camino extraño que nunca tendrá fin.

En este largo y extraño camino tiene una auténtica vocación, porque su vida va de acuerdo con los principios que escucha con frecuencia en su interior, allí donde está el δαίμων de la sabiduría clásica, el maestro interior de la sabiduría cristiana, y por eso vive feliz, porque sabe que él no es sabio, empero, busca la verdadera sabiduría.

En síntesis, el filósofo “… va por los oscuros senderos de la vida, alegre y asombrado porque sabe que filosofar significa vivir en forma tan absoluta y total, de modo que este silencio que oye no se ve perturbado, ni interrumpido por nada, ni siquiera por una pregunta”27.

 

Epílogo. Sentencia digna de eterna meditación. San Juan Crisóstomo. Comentario a Eccles. 1, 2.

 

 

San Juan Crisóstomo (347-407) fue abogado, sacerdote y obispo de Constantinopla, de cuya sede fue depuesto por haber reprobado la relajación de la corte. Su elocuencia era tan arrebatadora que le valió el nombre de Crisóstomo, del adjetivo χρυσός-ή-όν: oro, dorado. Y στόμα-στόματος-τό: boca. Sus discursos señalan el punto culminante de la oratoria grecolatina por la finura de estilo y por la pureza del lenguaje, así como por el fondo lleno de colorido y de vida. Su griego es bellísimo, presenta una torrente de ideas, unas veces por su contenido, otras veces por su colorido a través del hipérbaton. Le encanta la creación, el comentario y la disertación. El texto que presentamos es uno de los más hermosos de la literatura griega, aunque San Juan Crisóstomo vivió en la decadencia del imperio romano, no obstante, escribió griego como si hubiera sido del siglo IV antes de Cristo, esto es, en la época de oro de Atenas.

“Ματαιότης ματαιοτήτων, και; πάντα ματαιότης ”.  Ταύτην   γα; ρ   τη; ν   ῥῆσιν   και   ἐν   τοίχοις,   και   ἐν ἱματίοις, και ἐν ἀγορᾷ, και ἐν οἰκίᾳ, και ἐν ὁδοῖς, και  ἐν  θύραις,  και  ἐν  εἰσόδοις,  και; προ;  πάντων  ἐν τῷ ἑκάστου συνειδότι συνεχῶς ἐγγεγράφθαι δεῖ, και;   διαπαντο;ς   αὐτη; ν    μελετᾷν.Ἐπειδη   ἡ    τῶν πραγμάτων   ἀπάτη,   και;   τα;   προσωπεῖα,   και   ἡ πόκρισις,  ἀλήθεια  παρα;  τοῖς  πολλοῖς  εἶναι  δοκεῖ·  ταύτην καθ’ ἑκάστην ἡμέραν, και ἐν δείπνῳ, και ἐν ἀρίστῳ, και
ἐν συλλόγοις ἐπιλέγειν ἕκαστον τῷ πλησίῳ  ἐχρῆ,  και;  παρα;  τοῦ  πλησίου  ἀκούειν,  ὅτι  “Ματαιότης ματαιοτήτων, τα; πάντα ματαιότης”.

 “Vanidad de vanidades y todo es vanidad”. En efecto es necesario que este proverbio siempre esté grabado en las paredes, en la ropa exterior, en la plaza pública, en la casa, en los caminos, en las puertas, en los vestíbulos, y por antonomasia, en la conciencia de cada uno; y continuamente es preciso practicarlo.

Al grado que el engaño a las cosas, las apariencias y la hipocresía parecen ser verdad ante muchos hombres. Sería interesante que todos los días cada uno de nosotros leyera este proverbio a su vecino en los banquetes, en los almuerzos, y en las diversas reuniones, y que lo escuchara cerca de su vecino, “que Vanidad de vanidades y todo es vanidad”.

 

Referencias

 

1  He aquí un fragmento del discurso  de Pablo en el Areópago.  Σταθεις   δεJ  ὁ Παῦλος ἐν μέσῳ τοῦ Ἀρείου Πάγου  ἔφη∙  Ἄνδρες    Ἀθηναῖοι,  καταJ  πάντα  ὡς  δεισιδαιμονεστέρους  ὑμᾶς  θεωρῶ.  Διερχόμενος  γαJ ρ  και ἀναθεωρῶν  ταJ  σεβάσματα  ὑμῶν  εὗρον  καιJ  βωμοJν  ἐν  ᾧ  ἐπεγέγραπτο,  Ἀγνώστῳ  Θεῷ.  Ὃ  οὖν  ἀγνοοῦντες εὐσεβεῖτε,  τοῦτο  ἐγωJ   καταγγέλλω  ὑμῖν.  Pablo  estando  de  pie  en  medio  del  Areópago  dijo:  “Señores atenienses”, por todas partes veo que ustedes son extremadamente religiosos, porque al pasar por la ciudad y al observar atentamente sus templos sagrados, también he encontrado un altar, en el cual está escrito: “a un Dios desconocido”. Así pues, eso que ustedes adoran sin conocer, yo vengo a anunciarles esto. 
2 Presento el texto bilingüe, por un lado para aplicar la analogía en la traducción y para practicar la traducción misma, pues como se sabe, la mejor forma de comprobar la teoría de la traducción y hacerla arte, es traduciendo. Pero por otro lado, pongo este texto para mostrar mayormente la apreciación del texto mismo, y de este modo, el lector pueda divertirse y alimentar sus propios ojos como apuntó el poeta romano Publio Ovidio Nasón Desde el punto de vista lúdico y didáctico remitimos a este ejemplar poeta para deleitar los ojos de cada uno. Se trata de un texto donde un joven patricio anda cotejando a una doncella interesada y la cita es en el anfiteatro romano. Y dice así: Non ego nobilium sedeo studiosus equorum; cui tamen ipsa faves vincat ut ille precor. Ut loquerer tecum veni tecumque sederem, ne tibi non notus quem facis esset amor. Tu cursus spectas, ego te - spectemus uterque quod iuvat, atque oculos pascat uterque suos. Yo no me considero un experto de finos caballos, pero ojalá aquel auriga derrote al que tú misma favoreces. He venido para hablar contigo y sentarme junto a ti, no sea que no conozcas el amor que me despierta. Tú contemplas las carreras y yo a ti, observemos ambos lo que nos deleita y cada uno que alimente sus propios ojos. Ovidio, Amores. III. 2.
3 Citado por Arno Anzenbacher en Introducción a la filosofía, Editorial Herder, Versión castellana, Barcelona, 1993, p. 19.
4 Citado por Arno Anzenbacher en Introducción a la filosofía, Editorial Herder, Versión castellana, Barcelona, 1993, p. 41.
5 Diógenes Laercio escribió: respecto al nombre Pitágoras, fue el primero que se le impuso el nombre filósofo, pues estando en conversación familiar en Sición, con Leonte, tirano de los Siciones o Filaceos, como refiere Heráclides Póntico, en el libro que escribió sobre la interpretación de la respiración -ninguno de los hombres- dijo Pitágoras, es sabio -lo es sólo Dios. Antes la filosofía se llamaba sabiduría, y sabio el que la profesaba, habiendo llegado a lo sumo de su perfección, pero el que se dedicaba a ella era filósofo. Diógenes Laercio. “Vida de los filósofos más ilustres”. Editorial Porrúa. Colección Sepan Cuantos, No. 427, Libro I, 8; México 1998, p, 12.
6 San Agustín, “De Civitae Dei”. Libro VII. Cap. I°. Edit. BAC. Para ampliar más el término enamorado, me he ayudado del Diccionario de Raimundo De Miguel “Latín –español Latín”. Allí aparece la palabra amator-amatoris, con tres significados a saber: enamorado, amante y amador. El sustantivo amator, a su vez es derivado del verbo amo-as–are–avi–atum, cual significa: amar, querer, estar satisfecho de algo, amar con complacencia y estar enamorado. La frase completa de San Agustín la he traducido de esta manera. “Si Dios es la sabiduría, entonces un verdadero filósofo es un enamorado de Dios.
7 Sanabria José Rubén, “Inutilidad de la Filosofía”, en Revista de Filosofía, Año V, núm. 13, UIA, México 1972, p.34.
8 Ibidem. p. 13.   
9 Sanabria José Rubén, Inutilidad de la Filosofía, Op. Cit. p. 14. 
10 Sanabria José Rubén, “Materia y Conocimiento en Aristóteles”, en Filosofar Cristiano, Año II, núms. 3 – 4. Córdoba. Argentina 1978, p.52. 
11 Idem.
12 Sanabria José Rubén, Inutilidad de la Filosofía, Op. Cit. p. 13. 
13 Ibidem, p. 14. 
14 Ibidem, p. 15.   
15 Sanabria José Rubén, “Introducción a la filosofía”. Editorial Porrúa, México, 2000, p. 24.
16 Ibidem p. 26.
17 Sanabria José Rubén, “En torno a la Soledad”, Revista de Filosofía, Año IV, núm.12, UIA, México, 1972, p. 307.
18 Sanabria José Rubén, Introducción a la filosofía, Op. Cit. p. 18.
19 Idem.
20 Idem.
21 Sanabria José Rubén, Inutilidad de la Filosofía, Op. Cit. p. 40.
22 Ibidem p. 41.
23 Ibidem, p. 42
24 Ibidem p. 43.
25 Ibidem p. 21.
26 Ibidem p. 301.
27 Ibidem p. 34.