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18 Mayo 2024, Puebla, México.

Totonacapan, la tierra en la que Pemex no pidió permiso / Sergio Mastretta

Naturaleza y sociedad /Cultura /Sociedad civil organizada | Crónica | 16.FEB.2023

Totonacapan, la tierra en la que Pemex no pidió permiso / Sergio Mastretta

  Viaje a un país que construye su salvación 2

 

Naturaleza y sociedad, no hay otra forma de comprender el paisaje. Nuestra percepción del mundo está determinada por esas dos abstracciones que envuelven la idea que cada quien se hace del país en el que vive. No nos explicamos sin ellas. Otras palabras más revolotean como mariposas que despiertan a la mañana o murciélagos que deambulan al anochecer: bondad, arte, belleza, ilusión, pureza, salud, bienestar, comunidad, respeto, progreso, trabajo, armonía, futuro; pero también maldad, ambición, lucro, tala, sequía, contaminación, caos urbano, basura, soledad, miseria, crimen, muerte.

Bajamos a la costa desde la ciudad de Puebla. La carretera deja atrás los llanos del altiplano para cruzar la Sierra Madre Oriental hacia la costa. Al oriente de Teziutlán la cañada del río Filobobos descarga las aguas de los montes serranos de Veracruz y Puebla hacia su desembocadura en el estero de Nautla y Casitas. En el norponiente el río Cazones serpentea por entre las plantaciones y pozos petroleros rumbo a Poza Rica: en medio el Ajajalpan, el Zempoala y el Apulco desgranan la sierra norte de Puebla para hacerse uno en el Tecolutla.

Cuenca, una palabra que debiera ser florida, anuncio de una vida buena. No lo es.

La primera etapa del viaje la cumpliremos en la región de El Tajín, en el lomerío bajo de la planicie costera del Totonacapan. Reses, cítricos y petróleo son los recursos principales que se producen y extraen desde hace décadas. La catástrofe ambiental de la desaparición de la selva está delimitada por cercos de potreros y perforaciones petroleras. Progreso y pobreza de la mano.

Otras palabras tienen en los labios las abuelas totonacas.

 

La violencia que acompaña el camino

 

En la mira el Totonacapan, la Huasteca y la Sierra Gorda en un viaje relámpago en este mes de enero de 2023. Altiplano, montaña, planicie costera. El río, las barranquillas y arroyos serpentean y engañan el horizonte, lo dejan atrás, para verlo siempre distinto. El país que miramos no es uno solo. Qué delirio.  Salir a buscar respuestas para un país que contra lo que pudiera pensarse no se cae a pedazos. El paisaje me arroja a las historias de derrota y muerte porque puedo explicarlas con nombres y apellidos, con acontecimientos concretos, con historias particulares. Cuánto de la geografía mexicana explica nuestros enredos y desvaríos. Nuestros mitos. Nuestras quimeras. De seguro, nuestras guerras. Qué difícil es contemplar el paisaje sin esta geografía de la violencia. Ambiental, económica, crimen organizado.

 

 

La violencia ambiental. Por la carretera a Teziutlán dejamos atrás una ciudad sin otro futuro que la catástrofe. A la izquierda la Malinche en su costado sur y oriente, la falda poblana que con tanto empeño destruimos. Una visión optimista afirma que se ha perdido el 75 por ciento del bosque en su cara sur, la que miramos desde la ciudad de Puebla. Comprendo por ella que la sociedad poblana es incapaz de convertirla en el gran propósito colectivo de restauración social desde la reconstrucción del bosque. La Comisión Nacional del Agua tiene registrados mil 200 fuentes de aprovechamiento de agua en el valle de Puebla: 463 norias, 735 pozos y 2 manantiales. Popotes y más popotes. Más allá de esfuerzos como los que se realiza desde la sociedad civil --Consejo Tlamaya o Salvando a la Malintzi,  por ejemplo--, no hay política estratégica desde el Estado que enfrente la crisis sistémica del agua en la zona metropolitana de la ciudad de Puebla. Los gobiernos municipales juegan y lucran con la lotería del cambio de uso de suelo de los permisos de construcción. El gobierno estatal se ha de imaginar que ese monte es un cerro tlaxcalteca y esconde la cabeza en uno de tantos pozos. El gobierno federal se entretiene en desmantelar las instituciones ambientales. A la vista, la montaña se desmorona.

 

Diez años de especulación inmobiliaria y las empresas que nunca llegaron al enclave AUDI.

 

La soledad de la Central de Autobuses en Ciudad Modelo.

 

Por la misma autopista, a la vista la violencia económica. La cuesta de la autopista desde Amozoc, con la Malinche a la izquierda, alcanza los 2,700 metros de altura con una perspectiva perfecta del Pinal hacia el oriente, pero la bruma mañanera oculta el Citlaltépetl. A la derecha, abierta la vista al valle de San José Chiapa el resplandor blanquecino de los galerones de la planta AUDI y el progreso entendido como desaparición de la vida campesina: la avaricia capitalista por la tierra hace tiempo que corroe la entraña de Nopalucan y San José Chiapa. La plancha de concreto baldío requema el absurdo nombre de Ciudad Modelo. La sociedad poblana ha invertido 1,300 millones de dólares en AUDI sin otro retorno que los empleos que presume la armadora y la penumbra de la especulación inmobiliaria y las pequeñas guerras civiles de los ejidatarios dispuestos unos y otros no a regalar su tierrra.

 

 

La violencia del crimen organizado. En las inmediaciones de la sierra, en los llanos de San Juan, sobre el kilómetro 42, la autopista no es la tierra de nadie, es el sitio en el que modernos bandidos de Río Frío asesinan a un hombre en la sangre fría de la noche. Jorge Bretón Sánchez, empresario teziuteco, dedicado al auto transporte de carga, viaja con su esposa en la madrugada del viernes 13 de enero; intenta escapar de los asaltantes, pero las balas viajan más rápido que su camioneta. Jorge muere ahí mismo. Su esposa sobrevive grave en un hospital. Días después, la reyerta política: el alcalde de Teziutlán,  Carlos Peredo Grau, avispado tránsfuga de cuanto partido político existe en la región, ha construido a salto de elección su emporio inmobiliario desde la oficina municipal. Ahora se rasga la vestidura para increpar la ineficacia de la guardia Nacional.

Todos estos vistazos me recuerdan que efectivamente el país se cae a pedazos. Y la catástrofe ambiental, la depredación económica y la violencia descarnada también la encontraremos en la planicie costera. 

Vamos, sin embargo, en búsqueda del país que se resiste a caer.

 

Sabiduría

 

El paisaje no es una naturaleza muerta. Al menos si desde niña aprendes a contemplarlo. Es un ser vivo, y para ser parte de él tienes que pedirle permiso.

Así lo entiende Lucero García Hernández, una mujer experta en tintes naturales con los que  pintan lienzos enteros en El Tajín.

 

Lucero, al centro del grupo de tintes natuales en la Casa de la Pintura. Al fondo, el mural que nos explicará más tarde.

 

“Vamos al monte, allí es donde nosotros recolectamos la mayor parte de nuestras cortezas, resinas, hojas, flores, tallos. Vamos con los niños. Pedimos un permiso y es la manera de cómo les estamos enseñando a cuidar a nuestra Madre Tierra, a volver a plantar. Llevamos  una ofrenda, como para pedir permiso y así nosotros ya podemos entrar al monte a extraer lo que vayamos a ocupar.”

El permiso viene de lejos. No lo han  olvidado los tutunakos. Los abuelos de Lucero en un tiempo fueron niños. Y también tuvieron que aprender de los mayores. Sigue Lucero:

“Nos han dicho los abuelos: Antes de entrar a esa casa, hay que pedir permiso, porque cuando nosotros llegamos a cualquier casa, tenemos que pedir ese permiso. Entonces, pedimos el  permiso, platicamos con la planta, platicamos con la planta para decirle que vamos a cortarle, a lo mejor la hoja o el tallo, sabemos que la resina se encuentra en las hojas, en el tallo.”

Y la memoria es aprendizaje:

“Pero también nos han contado los abuelos que tenemos que tener presente los ciclos lunares, es de esos ciclos donde vamos nosotros a encontrar la resina, no es en cualquier tiempo. Una vez pedido el permiso, nosotros ya podemos sacar nuestras cortezas, nuestras flores ¿Porque? Porque dicen los abuelos que si no pedimos el permiso, nos podemos perder en el monte, porque el espíritu guardián nos puede perder.”

Y algo más, aprendes a ser agradecida:

“Después de eso, de nosotros cortar nuestras cortezas, nuestras flores, volvemos a ofrendar: ofrendamos en nuestro altar, lo que ya cosechamos, no lo ocupamos inmediatamente, lo volvemos a poner en nuestro altar, a que nuestro creador, a darle gracias, y también a todos esos elementos que influyeron para que la planta se dé. Y pues ya podemos nosotros, ahora sí poder hacer nuestro hervido, nuestro machacado, nuestra molienda. Lo que vayamos a ocupar, dependiendo del tinte que vayamos a ocupar.”

Contemplar el paisaje, entonces, requiere de una sabiduría construida con la memoria de otros. Los ojos de otros miran con los nuestros.

 

Renacer

 

El Parque Takilhsukut, conocido como el Centro de las Artes Indígenas, es uno de esos milagros que de cuando en cuando el Estado mexicano produce por el azar de las mudanzas políticas. A los veracruzanos les dio por organizar una cumbre, como le llaman los políticos a sus ideas campechanas. “La Cumbre Tajín, se afirma en Wikipedia, es un festival cultural que se lleva a cabo en la zona norte del estado de Veracruz, en el municipio de Papantla de Olarte. Su objetivo es preservar y difundir la riqueza cultural y arqueológica de la Ciudad Sagrada de El Tajín.” Así que desde el año 2000 se entretienen con ceremonias, talleres, rituales, terapias alternativas, juegos autóctonos, conciertos, danzas, actos circenses, conferencias, exposiciones y proyecciones. Bien por Papantla y el turismo, hemos de decir.

 

 

El abuelo Alejandro: “Hemos recuperado nuestro arte totonaco. Aprender lo de los abuelos, conocer cómo fue el mandato. Conocer cómo es la vida totonaca.”

 

Pero entre las mudanzas, en el 2012 construyeron en 17 hectáreas vecinas al sitio arqueológico un espacio para un Centro de las Artes Indígenas, que desde diciembre de 2012 forma parte de la Lista Mundial de Mejores Prácticas de Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial (UNESCO), y que alberga a un llamado Consejo Supremo Totonaca.

Son los abuelos de esta región totonaca. Ellos y ellas nos esperan muy formales para presentarnos lo que para las artes se realiza en este parque: cerámica, tejidos, tintes, madera, medicina tradicional. Y la palabra, también el cultivo de la palabra.

“Todo lo que aquí verán es resultado del trabajo de Juan Cimbrón, todo gracias a Tata Juan Cimbrón”, me dice el abuelo Alejandro. Habla de pie, mientras las abuelas Francisca, Cristina e Isabel esperan su turno para hablarnos de lo que aquí se enseña a los niños totonacas.

Hemos recuperado nuestro arte totonaco. Aprendemos lo de los abuelos, conocer cómo fue el mandato. Conocer cómo es la vida totonaca. Arte y espiritualidad. Cocina y milpa.

 

Pedir permiso

 

Abuela Francisca, alfarera. Abuela Isabel, tejedora. Abuela Cristina, alfarera, sobadora.

 

La voz de la abuela Isabel: Yo desde joven he trabajado como tejedora, desde los 10 años, y luego a los 17 años empecé a trabajar el telar de cintura. Yo soy tejedora y me gustaba enseñarles a los jóvenes a tejer, les enseñé mucho allá en mi casa, iban allá.  Nos invitaron al parque temático a enseñar, nos  ponemos a trabajar en talleres de costura. Orientamos  a los jóvenes, enseñando el buen vivir. Estamos heredando nuestro conocimiento para esa herencia que se queda aquí para los jóvenes. Me gusta enseñar aquí, se aprende, como lo hicieron mis abuelos sus antepasados, siempre aquí pasa una herencia, y el que quiera que entre y que le guste enseñar.  Como hilar, como sembrar, cómo persignar, ya grande el abuelo se le hacía caso.

Y luego para empezar pedimos perdón a las imágenes, el grande, está arriba, pero aquí están las imágenes, pedimos para que salga bien el trabajo. Desde el inicio enseñamos eso, primero pedir permiso. Sí es cierto, si le pides a dios, sí les dará, si le buscas encontrarás, si pides recibirás. Y así han venido muchos de lejos a enseñarse aquí el telar de cintura. Yo vivo en Jocotal y a veces nos agarra el agua… Pero qué bueno que aprenden, es bonito.

 

La Casa de la Pintura

 

Lucero explica la ruta del añil en El Tajín:

 

 

Aquí estamos en la casa de la pintura Pumani  en la  lengua totonaca. A continuación les voy a comentar el proceso para la extracción de la planta del añil.

 

 

Esta es la planta del añil, lo primero que hacemos es dar gracias  a los elementos, aquí tenemos a nuestra madre tierra. ¿Por qué le decimos la madre tierra?  Porque es a ella a quien le vamos a ofrendar todo lo que tenemos en esta vida, todo lo que nosotros ocupamos, todo lo que plantamos es mediante ella, entonces por eso nosotros le damos gracias, pero también le pedimos permiso, ¿por qué? Porque esta semilla del añil que está ofrendada va a quedar dentro de la madre tierra para que después podamos tener aquí nuestras plantas.  Antes de salir al monte y antes de sembrar debemos estar conectados, estar con esa espiritualidad porque vamos a hacer una actividad, no solo un trabajo sino una actividad que es sembrar, pero ir bien de mente, de corazón, de espíritu, es lo que nos han enseñado los abuelos. 

 

Ya en el monte cuando nosotros vamos a sembrar debemos llevar los huevos, unas gorditas, la luz, tabaco, incienso, agua para poder extraer.  Ya allí como familia de pintores vamos acarreando lo que es la planta del añil para después remojarla en este recipiente, en este recipiente se remojan las hojas, pero no se remoja inmediatamente sino que debe estar nuevamente ofrendado en el altar a las deidades.

 

 

Aquí tenemos el sol, la luna, la tierra, el aire.  Nuevamente ofrendar porque algo muy importante que nos han dicho los abuelos es que cuando cortamos una planta debemos dejarla descansar  porque no la debemos ocupar luego, luego, sino respetarle la vida. Así como la vida de un ser humano la respetamos cuando fallece, entonces aquí también se debe de respetar la planta. Y después lo que hacemos es despicar y dejar puras hojas y les ponemos piedras para que esas hojas queden sumergidas y ya para el otro día esas hojas ya van a estar azul y podemos empezar a batir así como en la cubeta.  Ya después de que batimos unas dos horas aproximadamente, en nuestra misma cubeta le ponemos una manta, para que después de lo que batimos, la vamos a vaciar aquí, y entonces aquí entre todas le agarramos la manta y le vamos haciendo para que después podamos colar en nuestra manta. 

 

 

Lo que queda aquí es la pura pasta del añil, se lo vamos quitando con un cuchillito o con una cuchara, la pasta. De ese follaje nos va a quedar muy poquito, la pura pasta. Nosotros lo ocupamos así en fresco, no lo volvemos piedra, es algo muy diferente a los añileros, y le ponemos el aglutinante de la baba de nopal para que pegue.

 

 

Y pues aquí nuevamente llegamos a nuestro altar y ofrendamos lo que extrajimos, el añil de todos los tintes, nuevamente todo llega al altar para volverlo a ofrendar, no directamente lo  ocupamos, tiene que reposar, por que es vivo, todavía sigue teniendo vida. Cuando nosotros pintamos los colores se van trasformando, unos aumentan de color, otros bajan, otros cambian de color ¿Por qué? Porque siguen teniendo vida. 

 

Oro negro

 

Los montes a los que acuden las mujeres de La Casa de la Pintura en El Tajín hace tiempo que perdieron sus selvas. Ocultos tras los naranjales están los pozos petroleros. Primero las compañías inglesas y americanas, después los ingenieros de Pemex, los políticos y el sindicato. Nadie le pidió permiso a los montes en el Totonacapan.

 

Hace décadas ya de que se perdiò la selva en el Totonacapan.

 

 El Atlas Geológico de la Cuenca Tampico Mizantla, en la que se encuentra el Paleocanal de Chicontepec, registra 215 campos y 10,470 pozos petroleros, 1,320 en explotación y 9,150 en desarrollo.

 La catástrofe por la técnica de fracturamiento hidráulico (fracking) que amenaza con su proceso de extracción de hidrocarburos los campos petroleros del llamado Paleocanal de Chicontepec hace tiempo que ha ocurrido, más allá de cualquier asomo de queja y denuncia contra esta práctica que Pemex realiza sin empacho desde los años setenta.

 

 

La Faja de Oro la nombraron. En 1926, todavía con las compañías americanas e inglesas a cargo de la explotación petrolera en la planicie costera de Veracruz, se identificó el primer yacimiento en la región, y en 1935, con el pozo Poza Rica 8 se confirmó el potencial de la cuenca. La expropiación cardenista encontró en ella el sustento nacionalista. En la década de los sesenta llegó a producir más de medio millón de barriles diarios. Para enfrentar el declive los ingenieros de Pemex no dudaron en utilizar la técnica del fracking para obtener gas y petróleo de las formaciones “no convencionales”, justo las que identifican a la formación geológica de la región del Totonacapan.  En noviembre de 1971, en el Pozo Presidente Alemán, Pemex aplica por primera vez la técnica del “fracturamiento hidráulico con apuntalante (Sand Oil)”, y logra incrementar la producción de 13 a 70 BDP (1 bpd = 159 litros/día). Al menos 300 pozos perforados entre 1976 y 1980 aplican el fraccionamiento hidráulico, y la petrolera logra  elevar la producción de 70 a 300 BDP. De 1990 en adelante el aumento irá de los 300 a los 1,000 BDP. En 400 kilómetros cuadrados que atraviesa en su ruta al mar el río Cazones se identifican 500 pozos en el año 2007. Al final de la primera década del siglo las licitaciones se disparan; nada más una de ellas, la del 24 de febrero de 2009, oferta la perforación de 170 pozos nuevos. El estallido petrolero en los municipios poblanos de Venustiano Carranza y Pantepec expresa el aliento festivo de la explotación a cargo de compañías norteamericanas. En el 2014 se registran 2,026 pozos perforados en 29 campos, 1,121 en producción y 905 cerrados.

 

Instalaciones de Weatherford International, Ltd, en Agua Fría, municipio de Venustiano Carranza, en el estado de Puebla.Foto tomada de Google Earth.

 

Instalaciones de Perforadora México, una empresa que ha dado servicios de perforación a Pemex por 49 años, fue adquidirda en el año 2010 en 240 millones de dólares por la corporación minera Grupo México. Al igual que Weathford, PEMSA ha operado en Agua Fría, municipio de Venustiano Carranza, en el estado de Puebla. Foto tomada de Google Earth.

 

“Un 65 por ciento de los 4 mil 75 pozos petroleros abiertos en el Proyecto Aceite Terciario del Golfo del yacimiento Paleocanal de Chicontepec –que comprende entre otros a los municipios de Venustiano Carranza, Francisco Z. Mena y Pantepec-, debió ser perforado con fracturación hidráulica o fracking debido a la enorme complejidad geológica de la región”. Ese resumen lo hace el estudio realizado por la Alianza Latinoamericana frente al Fracking en su informe “Última Frontera: políticas públicas, impactos y resistencias al fracking en América Latina”. La Alianza Mexicana contra el Fracking afirma que en Estados Unidos “la fractura de un pozo en lutitas supone el uso de entre 9.8 y 36.7 millones de litros de agua”.

No existe información sobre las afectaciones ambientales ocasionadas por el fracking, tanto en el consumo millonario de litros de agua como en su polución y confinamiento tras su aplicación en los pozos. 

 

Uno de los miles de pozos existentes en la frontera entre Puebla y Veracruz. Foto de Google Earth.

 

Vista de los pozos existentes en la Cuenca Tampico-Mizantla. El manchón inferior es el correspondiente a la Cuenca de Chicontepec. La Comisión Nacional de HIdrocarburos del gobierno federal afirma en el año 2021: "Paleocanal de Chicontepec. La importancia económica petrolera de este elemento radica en que en él se encuentra el mayor porcentaje de reservas remanentes en México, buena parte de los yacimientos actuales están estratigráficamente por debajo del paleocanal." Atlas GEOLÓGICO CUENCA Tampico-Misantla.

 

La amenaza sobre la región de El Tajín no ha desaparecido, a pesar de las declaraciones del presidente López Obrador contra la producción de hidrocarburos por fracking. Pemex hace sus cuentas: el veto a esa técnica de producción reduce las reservas en un 30 por ciento. En mayo de 2021 la Comisión Nacional de Hidrocarburos aprobó un plan de extracción con el que Pemex pretende extraer 5.4 millones de barriles de crudo y 7,650 millones de pies cúbicos de gas en el polémico yacimiento de Chincontepec. El investigador de la UNAM Fabio Barbosa se cuestiona: ¿qué está pasando en las perforaciones?, ¿quién controla el uso del agua?, ¿quién vigila el agua de desecho?, ¿se realizó alguna consulta con las comunidades?

 

Los puntitos blancos son los campos y pozos petroleros.

Cien años después de la llegada de los explotadores del petróleo a la región el resultado final es el de la desaparición de la selva.

 

 

La sangre de los príncipes

 

Lucero del Alba, su asesinato y la leyenda de la vainilla.

 

Hay otros mitos además del que representa el nacionalismo petrolero. Algunos son mucho más antiguos.

El pintor explica en totonaco su pintura. Ya no llueve. Antes me ha dicho que hace un tiempo las plantas producían vainas de 39 y 40  centímetros, pero ha dejado de llover y la gente no tiene ya donde cultivarla. “Los terrenos planos ahora son de los ricos. La gente pobre sólo tiene el cerro”. Entre sus palabras incomprensibles se desenreda el nombre de Lucero del Alba. Es una historia de amor y sangre. De crueldad implacable del poder. Y confirmación de que igual, del amor imposible y la violencia descarnada surgen los mitos. Y la vainilla.

 

 

La leyenda la recuerdan desde hace tiempo en el Totonacapan. En septiembre de 1950 el poeta, ensayista y diplomático papantleco José J. Núñez y Domínguez (1887-1959) la dejó escrita para que no se perdiera:

En la cumbre de una de las más altas sierras cercanas a Papantla, tenía su templo Tonacayohua, de cuyo aderezo y ritos estaban encargadas doce jóvenes que desde niñas eran dedicadas especialmente a ella y que hacían voto de castidad de por vida. En tiempos del Rey Teniztli, tercero de la dinastía Totonaca, tuvo una de sus esposas, una niña, a quien por su singular hermosura pusieron el nombre de “Tzacopontziza” que equivale a “lucero del alba” y no queriendo que nadie disfrutara de su belleza fue consagrada al culto de Tonacayohua.

Pero un joven príncipe llamado “Zkatan-Oxga” (el joven venado), se prendo de ella. A pesar de que sabía de que tal sacrilegio estaba penado con el degüello, un día que Lucero del Alba salió del templo para recoger unas tortolillas que había atrapado para ofrendarlas a la Diosa, su enamorado la rapto huyendo con ella a lo más abrupto de la montaña. Pero no había caminado mucho trecho cuando se le apareció un espantable monstruo que envolviendo a ambos en oleadas de fuego, les obligo a retroceder rápidamente. Al llegar al camino ya los sacerdotes les esperaban airados, y antes de que Zkatan pudiera decir una palabra, fue degollado de un solo tajo y la misma suerte corrió la princesa. Sus cuerpos fueron llevados aun calientes hasta el adoratorio, en donde tras extraerles los corazones que se pusieron en las piedras votivas del ara de la Diosa, fueron arrojados a una barranca.

Más en el lugar en el que se les sacrificó la hierba menuda empezó a secarse como si la sangre de las dos víctimas allí esparcidas, tuviera un maléfico influjo. Y pocos meses después empezó a brotar un arbusto pero tan prodigiosamente que en unos cuantos días se elevó varios palmos del suelo y se cubrió de espeso follaje. Cuando ya alcanzó su crecimiento total comenzó a nacer junto a su tallo una orquídea trepadora, que, también con asombrosa rapidez y exuberancia, echó sus guías de esmeralda sobre el tronco del arbusto, con tanta fuerza y delicadeza a la vez, que parecían los brazos de una mujer, eran guías frágiles, de elegantes y cinceladas hojas.

El ardiente sol del trópico apenas si traspasaba las frondas del arbusto, a cuyo amparo, la orquídea se desarrollaba como una novia que reposa en el seno de su amado. Y una mañana se cubrió de mínimas flores y todo aquel sitio se inundó de inefables aromas. Atraídos por tanto prodigio, los sacerdotes y el pueblo no dudaron ya de que la sangre de los dos príncipes se había transformado en arbusto y orquídea. Y su pasmo subió de punto cuando las florecillas odorantes se convirtieron en largas y delgadas vainas que al entrar en sazón, al madurarse, despedían un perfume todavía más penetrante, como si el alma inocente de “Lucero del Alba” quintaesenciara en él fragancias más exquisitas. La orquídea fue objeto de reverencioso culto, se le declaro planta sagrada y se le elevo como ofrenda divina hasta los adoratorios Totonacos. Así de la sangre de una princesa nació la vainilla que en Totonaco es llamada “XANATH” (flor de vainilla) y en Nahuatl “Tlilxochilt” (flor negra)”

 

Casa de la Palabra Florida

 

Se necesitan palabras entonces. Como el bosque que puede recuperarse, se reconstruye también la lengua. Encontramos de salida a los profesores en la Casa de la Palabra Florida. Nos han visto transcurrir por la casa de los abuelos, y por la de los tintes, la de la cerámica, la de las curanderas.

 

 

Dice el Maestro Oliverio Báez: “Nosotros decimos lakapala, rápido, movido, desde temprano, desde las seis de la mañana, como los niños atentos a lo que les piden sus madres a esa hora. El propósito es el de reapropiarse de la cultura totonaca. Hacemos un diagnóstico. Escucho a mi abuela platicar con su comadre y no le entiendo. La castellanización es muy fuerte. De acuerdo, es cultura, pero lo nuestro dónde está. La espiritualidad, el respeto. La cosmogonía. La educación tradicional. Pasa, siéntate, así aprenden los niños. Empoderar la cultura a través de la palabra. Me engrandece ser totonaco.”

 

Resplandor

 

 

Las manos de la alfarera guardan en un cuenco la flor de barro. Sus manos sostienen la cuenca del Totonacapan.

Regreso a las palabras del abuelo Alejandro que he recogido en la libreta: El resplandor de los artistas culturales. La lengua, la música, la tierra, la cocina, la palabra. Los abuelos saben cómo era la vida antes. Yo camino las 22 comunidades. Los biólogos de la UNAM nos ayudaron a entender porqué la pérdida de la Tierra y el agua. No perder todo lo que antes había. Pelear por el camino, de San Lorenzo hasta Plan de Hidalgo. Para sacar los productos. Pedir permiso, comunicarle a la tierra que se necesita de ella. Que se respeta.

 

(CONTINUARÁ,  Viaje a un país que construye su salvación 3 / El río de los Teenek )