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15 Julio 2024, Puebla, México.

La primavera: los murciélagos floridos de Zinacantán / Emma Yanes Rizo

Cultura /Sociedad civil organizada /Gobierno | Crónica | 12.ABR.2023

La primavera: los murciélagos floridos de Zinacantán / Emma Yanes Rizo

Déjame que te cuente       

 

                                            

Durante los meses de marzo y abril, con la presencia de las flores, el paisaje de nuestro país se transforma en una paleta multicolor con tonalidades rosas, amarillas, guindas, blancas, moradas, rojas y azules. Y los olores, a su vez, son un bálsamo.

En las diversas regiones de México, el arte tradicional, en particular el textil, ha captado desde los tiempos prehispánicos esta diversidad y hermosura de las flores, guardando su esencia.  

La vestimenta de las mujeres de Zinacantán, por ejemplo, enredo, blusa y capa, es básicamente un ramo de flores, o eso parece. Se trata en realidad de la fisonomía de un murciélago (De ahí la capa del traje), un murciélago florido, nos dicen las artesanas que manufacturan las piezas de este pueblo tzotzil.

 

Artesana Juana Felipa, de Zinacantán, Chiapas. (Foto cortesía del Instituto Casa de las artesanías de Chiapas)

 

El nombre de Zinacantán proviene del náhuatl y quiere decir “lugar de murciélago”. Los de Zinacantán se denominan así mismos “sots’leb, gente de murciélago”. Para este pueblo sumido en la montaña, las cuevas, los pozos, la montaña misma, los peñascos y las piedras son elementos sagrados. Y el murciélago, terrorífico para el pensamiento occidental, era considerado en distintas culturas prehispánicas como el dios del inframundo y la oscuridad, pero también de la sexualidad y la vida: ayudan al control de las plagas de insectos y polinizan las flores. De hecho, el panteón de Zinacantán siempre tiene flores sembradas, particularmente geranios y bromelias, sus raíces alimentan la esencia de los antepasados.   

 

Dicen las artesanas que al principio las mujeres de Zinacantán solo vestían el enredo negro y la capa, orgullosas murciélago eran. Pero poco a poco fueron incorporando las flores a la ropa, comenta Juan Felipa:

“Antes nuestro traje tradicional eran las faldas lisas, los chales representábamos a los murciélagos, todo negro como ellos, nuestras capas son sus alas; ya después los hombres empezaron a sembrar flores, ya son floricultorales y de ahí empezamos a florecer nuestros trajes, con el fondo negro del murciélago y también empezamos a usar diferentes bordados. No vamos a perder esa tradición de los murciélagos, pero ya por las diferentes flores que siembran los hombres nosotros florecimos, ahora también los hombres ya tienen su poncho, con sus bolsitas a cada lado y tienen florecitas en su poncho”

 

 

El enredo lo elaboraran con telar de cintura, luego ya sobre la tela con un lápiz hacen el dibujo y empiezan a bordar. Los diseños y colores de las flores cambian según las estaciones del año y las festividades. Y ahí está el de esta temporada con margaritas, alcatraces, rosas, girasol, aster y cuna de Moisés, un homenaje a la vida. 

El traje de Juana Felipa muestra un ramo de margaritas y rosas, las flores que cultivan en su parcela y que Juana Felipa celebra al andar, cada paso suyo es la primavera.

 

 

(Fotos cortesía del Instituto Casa de las artesanías de Chiapas)