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18 Mayo 2024, Puebla, México.

A sesenta y cuatro año del movimiento ferroviario, El derecho a la pereza / Moisés Ramos Rodríguez

Sociedad /Economía /Gobierno | Crónica | 4.SEP.2023

A sesenta y cuatro año del movimiento ferroviario, El derecho a la pereza / Moisés Ramos Rodríguez

Férrea memoria

A don Juan Ramos Sánchez, mi padre, que descargó barriles de pulque del ferrocarril en la estación de Buenavista

Karl Marx ha sido determinante en la vida económica actual en muchos sentidos, de los cuales destacaré sólo dos: la exigencia del derecho al trabajo que tiene el ser humano, y la propuesta de la vida en comunidad.

De la primera tesis, que campea en toda su obra, donde también se propone, fundamentalmente revolucionar el sistema capitalista, surge ese impulso de la clase obrera de “tomar al cielo por asalto”, pensamiento que permeó en el primer movimiento ferrocarrilero del siglo XX en México encabezado, entre otros por Valentín Campa y, por supuesto en el movimiento liderado años después por Demetrio Vallejo, quien fue muy joven militante del Partido Comunista Mexicano (PCM).   

De la segunda idea, la propuesta del vivir en comunidad, la podemos encontrar desarrollada y detallada no en El Capital o El manifiesto del Partido Comunista, sino en su obra La ideología alemana (Crítica de la novísima filosofía alemana en las personas de sus representantes FeuerbachI B. Bauer y Stirner y del socialismo alemán en las de sus diferentes profetas) donde, parafraseo al citar de memoria, plantea junto con F. Engels que la riqueza deberá ser repartida de acuerdo con las necesidades de las personas, y no repartir las riquezas de acuerdo a las capacidades de la gente (pues esto lleva a una lucha entre los propios obreros) y, de esa forma, vivir en comunidad. De ahí la idea del comunismo.

En el Apartado Tercero de la Primera parte de su libro Crítica al Programa de Gottha, Karl Marx con F. Engels nuevamente, hace una de las pocas descripciones, sino es que la única de lo que es, o debería ser el comunismo después de que, a lo largo del resto de su obra critica al capitalismo y, como he dicho, propone revolucionarlo para llegar al comunismo: (cito de memoria) Cuando se abrace la sociedad comunista; cuando la bandera del comunismo ondee plenamente en la sociedad, las señas de identidad, lo que va a identificar a esa bandera es la sustitución del reparto de la riqueza según las capacidades, al reparto de la riqueza según las necesidades de la gente, de cada uno”. 

Sin duda esas dos ideas marxistas, revolucionar el sistema capitalista para instaurar el comunismo y, con ello repartir las riquezas de acuerdo a las necesidades de la gente y no de acuerdo a sus capacidades, permearon lo movimientos ferrocarrileros del siglo XX mexicano.

Hoy todos conocemos el desenlace de esas luchas ferroviarias y las consecuencias positivas para la democracia mexicana de ellas, por lo que sólo haré un recuento mínimo sobre los protagonistas que fueron Campa y Vallejo.

 

Si vas en ferrocarril…

 

Memoria Política de México

Valentín Campa inició su vida laboral en el ferrocarril como cargador, después de haber sido obrero fabril; fue encarcelado durante el llamado “Charrazo” de 1949 (el instante histórico donde se crearon los líderes sindicales charros, o impuestos por el poder); por el movimiento de 1958—1959 fue apresado en 1960 y permaneció en la cárcel hasta 1970. Después de ser el candidato del Partido Comunista Mexicano a la presidencia y lograr el registro de esta agrupación, fue el primer diputado de la izquierda mexicano con un partido legalmente constituido, y alcanzó a ver el nacimiento del hoy deteriorado y moribundo PRD a través del Partido Socialista de México (PSM) y del Partido Socialista Unificado de México (PSUM).

Por su parte Demetrio Vallejo fue el menor de once hermanos zapotecos; campesino pobre, autodidacto, escribió cinco libros y permaneció preso durante años;  en dos de ellos hizo una huelga de hambre, la cual llevó a las autoridades a alimentarlo mediante suero intravenoso. Militante del Partido Comunista Mexicano desde muy joven, del cual fue expulsado muy pronto, como Campa, también llegó a ser diputado, él por el PSUM, en 1983. Escribió algo que lo retrata de cuerpo entero:

“Lo que no soy ni seré jamás es ser traidor a mis convicciones, a mi clase, a mi pueblo y a mi patria, cualquiera que sean las circunstancias que la vida me depare”.          

En los hechos, tanto Campa como Vallejo quería cumplir con la consigna marxista de revolucionar al sistema capitalista e instaurar el comunismo. Pese a los avances democráticos que lograron, no llegaron a ver (como no lo hemos llegado a ver) ese régimen instaurado en nuestro país. 

Esos líderes ferrocarrileros que no conocieron a Marx en la universidad ni escribieron sesudas tesis sobre, valga la redundancia, las tesis marxistas, fueron quienes más se acercaron a la concreción de la revolución en el medio ferrocarrilero. Pero si uno de ellos, Campa, era hijo de comerciantes de Monterrey y el otro provenía de una familia campesina indígena de Oaxaca ¿quiénes conformaban el grueso de las filas que ellos pretendían, encarnaran el sueño de que la clase obrera llegara al paraíso?  

 

¡Vaaaaaaaaaamonos….!

 

Algunos pocos de esos trabajadores férreos eran nietos e hijos de ferrocarrileros; otros menos eran hijos de ferrocarrileros, y el resto había entrado a trabajar a Ferrocarriles Nacionales de México (sobre todo para cuando el movimiento de 1958—1959 explotó) sin antecedentes familiares en la empresa, y lo que ejercieron lo conocieron desde cero.

¿Quiénes eran? Algunos, me relataron ellos mismos, se habían acercado a Bellavista, en la Ciudad de México a descargar, por ejemplo, los vagones pulqueros que llegaban de Hidalgo. Otros, migrantes del campo al que la Revolución de 1910 no le hizo justicia, entre merodear por las inmediaciones de las estaciones o los escapes, se fueron sumando al trabajo ferroviario. Algunos más estudiaron para telegrafistas y así se agregaron a la empresa que fue del Estado. Otros, como contadores o secretarias, por razones obvias de Ferronales, laboraron ahí hasta su jubilación o hasta la privatización de la paraestatal.

Los que yo conocí, y no contrastan mucho, o casi nada con un Campa o un Vallejo, habían iniciado como “colillas”, como garroteros y fueron escalando hasta convertirse en llamadores, conductores de trenes, maquinistas, y participaron en las huelgas escalonadas y en la nacional de 1958—59, y se salvaron de ser de los nueve mil despedidos o de los diez mil detenidos. ¿Qué lograron, entonces? Mantenerse en la paraestatal hasta la jubilación de alguno de los dos: de ellos como trabajadores, o de ella al ser privatizada.

Al llegar a la jubilación (que proviene de la palabra latina de donde también nos viene júbilo) los ferrocarrileros llegan, de algún modo, a la contraparte de la propuesta de Carlos Marx, hecha en vida de éste por su yerno Paul Lafargue: consiguen El derecho a la pereza. Me explico.

 

Lucha locomotora

 

Demetrio Vallejo, Othón Salazar, Rosario y Elba Esther - Relevante MX

 

Al final de cuentas, el impenitente luchador revolucionario Demetrio Vallejo, como su compañero de gremio, Valentín Campa, consiguió llegar a la Cámara de Diputados para buscar lograr, desde ahí, revolucionar el sistema capitalista y buscar implantar el nuevo modelo, el comunismo, como quería Karl Marx.

Pero la gente (permítanme llamarle así) de la tropa, los peones, alfiles, caballos, torres, lograron lo que el yerno de Marx planeó al mismo tiempo que su patriarcal suegro proclamaba el derecho al trabajo: el derecho a la pereza.

¿Cómo lo consiguió nuestra gente? Manteniendo una empresa y un modo de comunicación que unió al país (aunque los mismos que fueron combatidos hace sesenta años terminaron por, literalmente liquidarlo); se mantuvieron, digo, hasta la jubilación donde ejercieron (y ejercen) el derecho a la pereza que no es tirarse y no hacer algo “productivo” sino, como quería el viejo barbado e hirsuto  Karl Marx: que la riqueza fuera repartida de acuerdo con las necesidades de cada cual (necesitan la riqueza sin trabajar, pues ya trabajaron para ello) y vivir en comunidad, como lo mostraron al hacer, por el ejemplo, la Asociación de Amigos del Museo [Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos].

Paul Lafargue proponía ya desde 1880, que el derecho a la pereza consistía en modificar el tiempo de labor de los obreros, y reconsiderar la importancia del trabajo “productivo” de la sociedad capitalista.  El francés de origen caribeño, descubrió también, como su suegro Marx, que había un exceso de producción, originada en el deseo igualmente excesivo de los capitalistas por la plusvalía. Proponía, entonces, que los obreros trabajaran para producir lo suficiente y el resto del tiempo lo ocuparan en el ocio.

Un poco como sucedió al terminar el largo y (demoledor) periodo de la peste en Europa, cuando surgieron compañías itinerantes de teatro, músicos ambulantes, saltimbanquis y otros artistas que celebraban la vida, Lafargue proponía eso para que los “ociosos” que no perezosos obreros, ocuparan su tiempo libre: tener acceso a esas compañías, a esos artistas para su distensión. Y proponía más: que los viejos sabios, incluidos los abuelos, enseñaran a esos obreros con tiempo libre, todo aquello en lo que eran expertos: las ciencias, sí, pero como lo hicieron conmigo los viejos ferrocarrileros jubilados, enseñaran la experiencia que les dio la vida.

 

Férrea memoria

 

Acusan fraude ferrocarrileros

 

Los jubilados que yo conocí en un taller que impartía en el Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos, al cual llamamos “Rescate de la memoria”, y al que dio gran impulso la maestra Tere Márquez y su equipo de trabajo, me ofreció la oportunidad de conocer en carne propia qué podría ser “El derecho a la pereza”: escuchar a los abuelos contando su experiencia en el ferrocarril (una mínima parte recogida en un pequeño libro Férrea memoria. Crónicas del ferrocarril) actividad que, de otra forma, el MNFM extendió para su aprovechamiento desde hace años: invitó a los jubilados a participar en obras de teatro, a ser guías por y del museo, y a conducir la máquina de vapor del concierto anual Sinfonía vapor, entre otras actividades “para la pereza”, para el ocio.          

A sesenta y cuatro años del emblemático movimiento ferrocarrilero, es obvio que los obreros de la paraestatal ferroviaria, como sus contemporáneos, y aún los de hoy, no tomaron “el cielo por asalto”, ni fue la clase obrera al Paraíso, ni revolucionó del todo el sistema capitalista para repartir la riqueza de acuerdo a las necesidades de cada uno, y no repartir esas riquezas de acuerdo a las capacidades de cada cual, lo que desata la lucha fratricida.      

No, no lograron. Pero sí en la jubilación, en el júbilo, al menos algunos de ellos pudieron cumplir con el sueño de Paul Lafargue de conseguir “el derecho a la pereza”: algunos hicieron fotografía, otros, modelismo; otros escribieron, algunos más participarán como ponentes en la celebración de los sesenta años del movimiento ferrocarrilero.

 

Júbilo y ocio

 

Si Valentín Campa y Demetrio Vallejo al llegar a la Cámara de Diputados lograron avances para la democracia, los jubilados lograron que las horas de ocio sirvan para la formación integral del individuo, en este caso a través del arte. Y eso, quién lo duda, es lo que hace, precisamente, el Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos.       

Los jubilados, libres de los horarios, de las llegadas y salidas, convertidos en viejos abuelos  sabios, pudieron en el tiempo de “ocio” de la jubilación dedicarse a la fotografía, a la enseñanza, a ser guías de museo y/o mantener la férrea memoria, que no es poco, y cuya fortuna pude compartir aquí, en este museo, durante años.

A la mayoría de los extrabajadores ferroviarios que yo conocí, la jubilación les llegó cuando la empresa Ferrocarriles Nacionales de México había sido liquidada, literalmente, como si un asesino a sueldo la hubiese acribillado; pero ellos, en el júbilo del derecho a la pereza, tejieron la urdimbre de la memoria que hoy merece ser continuada, por aquellos que han llegado también a la jubilación, sí, pero también por quienes aún creen que se puede tomar al cielo por asalto. Y ese asalto, señoras y señores, será desde el ejercer el derecho a la pereza, desde la jubilación, desde nuestra vida en comunidad, compartiendo nuestros dones y talentos.

 

 

Referencias bibliográficas:

 

Lafargue, Paul, El derecho a la pereza, Grupo Editorial Tomo, México, México, 2015.  

 

Marx, Karl [y Friedrich Engels], El Capital: crítica de la economía política, Siglo XXI Editores, México, 1975.

 

Marx, Karl, Friedrich Engels, Crítica del programa de Gotha, Fundación Federico Engels, España, 2017.

 

Marx, Karl, Friedrich Engels, Manifiesto del partido comunista Editorial Progreso, Moscú, S/f.

 

________________________, La ideología alemana (Crítica de la novísima filosofía alemana en las personas de sus representantes FeuerbachI B. Bauer y Stirner y del socialismo alemán en las de sus diferentes profetas, Ediciones de Cultura Popular, México, 1979, México.

 

Ramos Rodríguez, Moisés (ed.) Férrea memoriaCrónicas del ferrocarril, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos, Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla, H. Ayuntamiento de Puebla, Puebla, México, 2010. 

 

Vallejo, Demetrio, La monstruosidad de una sentencia, edición del Partido de los Trabajadores, s/f, sin lugar de edición.

 

(Leído en el Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos el viernes 14 de junio del 2019).

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