SUSCRIBETE

24 Julio 2024, Puebla, México.

El siglo XX en pinceles: una conversación con Susana Quintanilla / José Carlos Blázquez Espinosa

Cultura /Universidades | Crónica | 19.SEP.2023

El siglo XX en pinceles: una conversación con Susana Quintanilla / José Carlos Blázquez Espinosa

Susana Quintanilla estuvo en el colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras para inaugurar los cursos de otoño 2023. El miércoles 30 de agosto se reunió con alumnos del mencionado colegio y les compartió su experiencia en la labor de historiar. Les habló de la importancia de la investigación, de los archivos, de las fuentes, de la importancia de la lectura crítica y la escritura como herramientas fundamentales para el historiador, así como lo trascendental de leer literatura. Pedagoga de formación, ha incursionado en la historia con obras imprescindibles. Susana Quintanilla es autora de la Edición crítica de "El águila y la serpiente, de Martín Luis Guzmán', publicada por la Academia Mexicana de la Lengua (2016). Además, ha escrito 'Nosotros. La juventud del Ateneo de México' (2008), 'A salto de mata. Martín Luis Guzmán en la Revolución Mexicana' (2009), 'La educación en la utopía moderna. Siglo XIX' (1985), '90 años de educación en México' (2012) en coautoría con Rodolfo Turán; 'Escuela y sociedad en el periodo cardenista', en coautoría con Mary Kay Vaughan (1997), entre otros.

Este es un breve relato de la conversación que el historiador poblano José Carlos Blázquez sostuvo con la Doctora Qintanilla a su paso por Puebla para una conversación con estudiantes del Colegio de Historia de la BUAP.

Dra. Susana Quintanilla Osorio – 4° Congreso Nacional de Educación Pablo  Latapí 2018

 

 

Martes 29 de agosto. Me disponía a responder un par de correos cuando, en el Messenger, leí: “Estamos a siete minutos del hotel”. Eran las 14:01. Bajé, con una prisa mesurada, los 59 escalones (o 60, 0 61, siempre, inevitablemente, al contarlos, me resulta una suma diferente) que separan mi cubículo de la planta baja del “Alfonso Reyes”. Estaba nervioso, lo confieso. La conversación con la Dra. Susana Quintanilla estaba prevista para las 12 horas del día siguiente, así que, como anfitrión, la atendería desde ese momento, antes y en la conversación con los alumnos, comeríamos y luego la acompañaría hasta el hotel para despedirla, así estaba el plan. Llegué a la puerta del hotel, entré, no vi a nadie en la recepción, y salí dispuesto a escudriñar las placas de los vehículos que se acercaran al hotel o entraran en su estacionamiento. Vibró de nuevo el celular: “Ya estamos en la recepción”. Volví a entrar y las vi. “Doctora Susana Quintanilla” —dije, y volvió su rostro hacia mí. “Sí, hola, José Carlos” —respondió. Las palabras acercan, amigan a las personas. Gracias a la conversación sostenida en el Messenger nos saludamos como si de viejos amigos se tratara.

Mientras ella y su entrañable amiga, Laura Peredo (cuyos grandes ojos denotan buen humor, alegría y disposición a la sorpresa), se instalaban en el hotel, barajé dos posibilidades: recorrer las casonas de la Facultad, incluida la casa en que nació Rafael Cabrera, o visitar la exposición que se encuentra en el Museo de Arte Virreinal. Pero antes les preguntaría qué deseaban hacer, si comer, descansar, o elegir alguna de las dos posibilidades. Mientras le informaba a la maestra Tania, encargada de los eventos de la Facultad, que ya estaba instaladas, llegaron.

“Qué desean hacer” —pregunté. “Tú decide” —me respondió la doctora Quintanilla. “Vamos al museo” —fue la respuesta. Yo visitaría la exposición por tercera vez (y lo volvería a hacer).

Caminamos por la calle del Costado de san Pedro, dimos vuelta a la izquierda para encontrarnos con la iglesia del mismo nombre y luego llegar a lo que fue el viejo Hospital, hoy Museo de Arte Virreinal. Entramos, doblamos a la derecha y de ahí subimos por la imponente escalera hasta llegar a las salas que exponen una muestra sin precedentes de lo que es la pintura a lo largo del siglo XX.

Julio Ruelas, el visionario siniestro | PalabrasClaras.mx

"Autorretrato", de Julio Ruelas.

Nada más entrar y nos encontramos con el autorretrato de Julio Ruelas. De inmediato evocó la Revista Moderna, de la que Ruelas fue el ilustrador y que cobijó a los escritores modernistas y decadentista de fines del siglo XIX y principios del XX. Allí, junto a Ruelas, un par de cuadros de Saturnino Herrán; más adelante Francisco Goitia, Ángel Zárraga, Julio Castellanos, Antonio Ruiz “El corcito”, Fermín Revueltas, Diego Rivera, Angelina Beloff, Carmen Mondragón, Rufino Tamayo, Olga Costa, Jean Charlot, David Alfaro Siqueiros, Frida Kahlo, Angelina Beloff, José Luis Cuevas, Gunther Gerzso y… Más de 150 cuadros de colecciones particulares reunidos, supongo que por vez primera, en una exposición inédita en esta Puebla y de la que, para coronarla, habría que hacer el catálogo respectivo. Como la de Miguel Cobarrubias, "La entrevista imposible", qu ilustra esta crónica. El siglo XX en pinceles. No eran solo los cuadros. Eran las historias de los autores, los avatares que enfrentaron. En cinco o seis salas, recorridas morosamente, Susana Quintanilla evocó las temporalidades en que fueron realizados. Si de Diego Rivera se trataba salían de inmediato no sólo su relación con Lupe Marín, sino con la ilustradora que fue Angelina Beloff en el periodo de Vasconcelos, y luego con Frida Kahlo; inevitable hablar de Jorge Cuesta y los Contemporáneos. Si Carmen Mondragón (Nahui Olin), salía a cuenta el Dr. Atl (Gerardo Murillo), también presente con sus volcanes y el volcán que era Carmen Mondragón. Si Fernando García Ponce, saltaba la obra de su hermano Juan. Si Remedios Varo y Leonora Carrington, también presentes, el Surrealismo, y de ahí al Segundo Manifiesto, y entonces Trotsky y Rivera y Breton se hacían presentes tanto como Leonardo Padura y su El hombre que amaba a los perros. Si Siqueiros el Manifiesto 30-30 y los Estridentistas; si Orozco, Luis Cardoza y Aragón y su “Los tres muralistas son dos: Orozco”. Si José Luis Cuevas, la generación de “La ruptura”. Si Vicente Rojo, las ilustraciones de la revista ‘Plural’.

Recorrer la sala era ir de sorpresa en sorpresa. Detenerse en cada uno de los cuadros era, además de observarlos detenidamente, dar un paseo por su contexto histórico; pero dicho así suena muy chocante, muy académico.

Digamos mejor que era como entrar en un periodo de su vida en el que la intensidad estaba presente: revoluciones, guerras, exilios, el drama de la vida misma y la manera en cómo respondían a ella.

No recuerdo cuánto tiempo tardamos en recorrer la exposición, sí que los colores de las pinturas, vibrantes y a ratos de una opacidad dramática, sus trazos, en ocasiones serenos y otras casi violentos, despertaban emociones varías. Cada paso era una sorpresa y el diálogo que suscitaba, enriquecedor. Susana Quintanilla se revelaba no sólo conocedora de la historia del Ateneo de la Juventud, sino también de la pintura del siglo XX.

Terminamos. Fuimos a comer y de ahí a Profética, donde una sorpresa, ya anunciada, le esperaba. Cruzar el zócalo, ver la imponente Catedral bajo un cielo cuyo azul empezaba a despedirse, acompañados de una ópera que salía de invisibles bocinas, hizo de la trayectoria un camino agradable. Escucharla con la emoción que le despertaban las pinturas, sus personajes, los pasajes históricos, resultaba un verdadero placer. Llegamos a la casona y fuimos directo a la librería. Más de siete ejemplares de su ‘Edición crítica de ‘El águila y la serpiente’, de Martín Luis Guzmán esperaban por sus lectores’. “Pero si tienen más que la propia Academia Mexicana de la Lengua”, señaló. “Y a qué precio”. Ella, autora que es, sólo tenía el propio, Así que decidió que se llevaría dos ejemplares más.

A salto de mata. Martín Luis Guzmán en la Revolución mexicana by Susana  Quintanilla | Goodreads

Salimos al patio, nos sentamos y pedimos café y un postre. La plática se animó. Me contó, nos contó, cómo pasó de la Historia de la Educación a la Historia intelectual y su paso por la Filología. Surgieron los nombres de Carlos Illades y de Rafael Mondragón, con quienes la une una fraternal amistad. De Illades, su madurez y solidez intelectual; de Mondragón su juventud y claridad intelectual. Al día siguiente, además de su computadora, llevaría e la mano ‘Los intelectuales en el debate ideológico del siglo XX’ (2022), editado por Carlos Illades y que reúne textos de Xavier Guzmán Urbiola, Rafael Mondragón Velázquez, Beatriz Urías Horcasitas, Daniel Kent Carrasco, Rafael Rojas, la propia Susana Quintanilla, Guillermo Hurtado, y, además de la presentación, un texto de Carlos Illades. Libro que merece comentario aparte. La tarde había sido generosa con nosotros, nunca amenazó lluvia. Las dejé en su hotel pasadas las siete de la tarde. Con un abrazo sellé mi agradecimiento por haber aceptado nuestra invitación para conversar con los alumnos de historia el día siguiente. La alegría me invadió por la certeza de que sus palabras despertarían el interés de los jóvenes. No hacía frío. Caminé hacia donde alguna vez, en mi infancia, vi las aguas ya grises del río San Francisco. (JCB)

4 de septiembre 2023