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29 Enero 2023, Puebla, México.

Perspectivas para un futuro coincidente. El patrimonio universitario y la Ciudad de Puebla / Beatriz Gutiérrez Müller

Sociedad civil organizada /Cultura /Ciudad | Ensayo | 11.DIC.2022

Perspectivas para un futuro coincidente. El patrimonio universitario y la Ciudad de Puebla / Beatriz Gutiérrez Müller

Mundo Nuestro. Ponencia presentada por la Doctora Beatriz Gutiérrez Müller en el Primer Simposio Internacional: reflexiones y alcances a 35 años de la declaratoria de Puebla, Ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad, realizado en el Salón Barroco de la Benemérita Universidad Autónca de Puebla los días 8 y 9 diciembre de 2022

 

 

 

Perspectivas para un futuro coincidente. El patrimonio universitario y la Ciudad de Puebla 

Beatriz Gutiérrez Müller

 

Pocas universidades del mundo pueden jactarse de tener un patrimonio arquitectónico y cultural tan magnánimo y presumible como la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. En otros foros podemos destacar de nuestra universidad, su posicionamiento académico, la calidad de la plantilla docente, el maravilloso alumnado o la oferta educativa que atiende viejas y nuevas disciplinas. Sin embargo, en esta ocasión, por mi conducto, un grupo de investigadores quiere poner el acento en esa riqueza cultural inmobiliaria y los cuantiosos acervos artísticos, documentales y de otra índole que a su vez se encuentran en ellos: muebles, pinturas, esculturas, escaleras, pisos, domos, luminarias, bibliotecas, salones, en fin. Quienes conocen desde dentro la universidad saben que somos privilegiados.

 

Este patrimonio universitario puede dividirse en dos, para efectos prácticos: el nuevo, como el Complejo Cultural Universitario y el antiguo, que es el que nos interesa. Puebla fue la segunda ciudad más importante de la Nueva España y edificios como el Carolino, la sede de poderes eclesiásticos, congregacionales, civiles o monárquicos. El obispado de Puebla, en más de una ocasión, durante esos trescientos años de virreinato, fue el ‘justo juez’ de controversias políticas entre la Iglesia de México y autoridades novohispanas y durante la propagación de la Compañía de Jesús, también la capital del estado se conoció como cónclave de los planes arquitectónicos y misioneros de aquellos educadores, luego expulsados de territorios novohispanos en una de esas tantas tensiones que han caracterizado a la Iglesia Católica Mexicana, al Vaticano (que no es lo mismo, ¿eh?), a los poderes virreinales en su tiempo y a los poderes civiles, luego de la Independencia de México, en 1821, hasta la fecha.

 

Así pues, este conjunto arquitectónico universitario actual es testigo de acontecimientos trascendentales en la historia nacional y, como reza el dicho —y disculpen el lugar común pero es muy literal en este caso—, ‘si los muros hablaran’ podríamos recoger de ellos cientos, miles de sucesos que explican cómo nuestra nación ha arribado, cual es nuestro caso, al siglo XXI; en qué condiciones, cuáles han sido sus batallas, cómo se han adquirido derechos civiles, derechos sociales, en fin, cuál es nuestra historia cronológica y a la vez espiral o circular en donde, de nuevo, los edificios del centro de la capital. En esta zona se fue conformando el barrio histórico universitario contemporáneo, resultado de un proyecto cultural y educativo que tomó la decisión de acompañar el proceso de transformación urbana del centro histórico de la ciudad de Puebla, incrementando la presencia cultural, social y profesional de la institución en el corazón histórico de la ciudad. Estos edificios son ese pie de casa vivo, significativo, valioso y admirable y que pretendemos destacar. ¿Cómo se valora algo si no se difunde, se procura la apropiación de quienes lo habitan o visitan? ¿Cómo sabemos de nuestras riquezas históricas si no hablamos de su valor, por supuesto, no en términos monetarios, aunque los tiene?

 

 

Queremos que este conjunto arquitectónico compuesto por 45 edificios históricos del barrio mencionado obtenga la declaratoria “Patrimonio Cultural de la Humanidad” que otorga la Organización de las Naciones Unidas a través de la Unesco. La distinción en sí misma no es para nada difícil de construir y demostrar, pues cualquiera que recorra las calles lo advierte a primera vista. Lo complejo es atender los trámites, hacer las gestiones y esperar con paciencia a que tal organismo internacional emita el sello correspondiente. Tampoco vemos mayor problema; si la ciudad de Puebla fue fundada ex nihilo en 1531 y para este año es 2022, han transcurrido ya casi cinco siglos…, paciencia hay de sobra. El asunto es hasta dónde las autoridades universitarias de todos los niveles involucrados pueden y quieren lanzarse a esta aventura burocrática, apoyar la propuesta ya formulada desde hace décadas, y triunfar ante el desgano, las resistencias administrativas locales, nacionales e internacionales, la falta de esfuerzo conjunto y triunfar pues, para ganar.

 

 

¿Qué ganamos los universitarios, qué gana la ciudad de Puebla, qué gana el país y el mundo? Primero, un premio a la perseverancia, que no será menor. Hay que combatir a la burocracia en todos los frentes. Esta sería una victoria olímpica. Segundo, se ratificaría formalmente el compromiso ante el mundo de seguir cuidando este conjunto arquitectónico que, sin duda, es una obra maestra del genio creativo humano. Esta zona es testigo de “un importante intercambio de valores humanos a lo largo de un periodo de tiempo”.

 

Los expertos de la universidad y otros estudiosos del barrio histórico universitario pueden demostrar con creces por qué estas cuadras son patrimonio cultural de la humanidad aún sin haberse postulado ante la Unesco, aunque eso estamos proponiendo hoy: ahí se preservan, cuando menos, “tres paisajes históricos conformados a lo largo de trescientos años” y la sobrevivencia de un “asentamiento histórico y único en la historia de la humanidad”. Entre otros, el Archivo de Indias, de Sevilla, el Archivo Agrario Nacional y el Archivo General de la Nación, los dos últimos de México, dan de fe este modelo de poblamiento único. Dicho sea de paso, el último, el AGN, es el más importante del continente americano y tampoco cuenta, por paradójico que parezca, con tal denominación de la Unesco; solo un documento y es, si mal no estoy, el “Acta de Independencia”. El Agrario es el segundo en relevancia continental y ¡están ambos en México! ¿Verdad que, con paciencia, dedicación, buena intención y organización podríamos lograr muchas cosas más en beneficio de la cultura universal?

 

 

El centro histórico de Puebla posee el apelativo “Patrimonio cultural de la humanidad” desde 1987. El reconocimiento de la existencia del Barrio histórico universitario es distinto, pero suma a la anterior certificación. Me explico a partir de los datos e investigaciones que me han proporcionado varios colegas:

 

El barrio forma parte del centro histórico, sí, pero sale de la zona denominada por la Unesco en términos urbanos; es más amplio. Cumple perfectamente con los criterios emitidos en 2004 de la guía operacional para la implementación, que dicta la World Heritage Convention (en particular, el cuarto y el quinto criterios). Este corredor es, cuando menos, un “un ejemplo eminente de una tradición de asentamiento humano, utilización del mar o de la tierra, que sea representativa de una cultura (o culturas), o de la interacción humana con el medio ambiente especialmente cuando éste se vuelva vulnerable frente al impacto de cambios irreversibles”.

 

Nosotros queremos destacar ese conjunto arquitectónico como “el ejemplo del primer proyecto de experimentación urbana renacentista localizado en el Nuevo Mundo”. Este perímetro “representa el modelo de creación de una nueva urbe que localizada en un valle escogido de acuerdo con criterios geográficos de la época logró articular en una cuenca hídrica exorreica, al menos cuatro ecosistemas y a cuarenta poblados indígenas”. Dicho de otro modo: este barrio es el “resultado de la combinación de estas diversas interacciones humanas” a lo largo de siglos, por parte de quienes lo concibieron como un “óptimo ecosistema agro urbano inserto en la economía mundo, europea y asiática”. Fíjense: “su presencia garantizó en los siglos XVI y XVII el abasto del norte minero y los bastimentos de las flotas por los puertos de Veracruz y Acapulco” al sur, sureste, para así contribuir a la suficiencia económica de la Colonia y abastecer a su vez a la corona española lo mucho que fue extraído del antiguo México.

 

 

Puebla, y este barrio histórico fue, pues, el nodo central de “circuitos comerciales tierra adentro” de la Nueva España. Se sabe que la ciudad fue “diseñada para albergar a emigrantes españoles necesitados, pero portadores de oficios y saberes requirió de la presencia de indígenas y contingentes africanos para la erección de Puebla”. “Estos pobladores se distribuyeron de manera diversa en la naciente planimetría renacentista. El centro para población de origen ibérico. Ahí por medio de tecnología artificial llegó llego el agua dulce procedente del convento franciscano en un primer momento. Después, se adaptó al acarreo desde manantiales. El oriente, aledaños al convento franciscano se asignó para los grupos indígenas que coadyuvaron en el proceso de conquista como los tlaxcaltecas, organizados en barrios a la manera hispánica. El poniente fue el espacio de los que presentaron resistencia como los cholultecas, texcocanos y oaxaqueños; ahí el agua fue sulfurosa […], y sus asentamientos fueron a la usanza prehispánica en tlaxilacales. En zonas de extravagantes encontramos a grupos mestizados y descendencia africana que convivían entre sí. No obstante, estas diferencias, estos diversos contingentes cohabitaron la ciudad, construyéndola de acuerdo con las necesidades de cada época y lugar”.

 

 

“Para el siglo XVII se componía de cerca de 300 manzanas, 72 edificios eclesiásticos y albergaba a una población de cerca de 100 000 habitantes”. Este modelo ecosistémico urbano pervivió durante trescientos años. Los colegas expertos agregan que las alteraciones a este trazo urbano en los dos siglos siguientes, esto es, el XIX y el XX “impactaron en los flujos económicos y demográficos presentando un modelo resiliente en su arquitectura, misma que cobró los giros del barroquismo característicos del mundo occidental. En el siglo XIX volvió a enfrentar adaptaciones al estar inmersa en siete enfrentamientos bélicos locales, nacionales e internacionales y cobrar sus formas estilísticas lineamientos eclécticos y modernistas”.

testigo del proceso antes descrito. No solo eso: los preserva, los difunde, investiga sobre ellos. Muchos son sedes administrativas, otras son facultades o institutos de educación pública media superior y superior. Que la BUAP las articule como institución educativa, crea comunidad, y esto también es un tesoro. Es un pasado que viene al presente, con personas y hechos de hoy, que caminan y transitan a su vez por siglos y sucesos que esos muros parlantes expresan.

 

 

 

La BUAP tiene la custodia de 45 de esos inmuebles 

De manera más técnica, se pueden hacer las explicaciones necesarias ante la Unesco y la comisión de la World Heritage Convention. Por ahora, queremos visibilizar este inconmensurable valor, este museo vivo.

 

¿En qué beneficia obtener esa certificación de la Unesco? Mucho más de lo que cualquiera pueda imaginar. No solo es el distintivo más importante que otorga la ONU para el patrimonio de una ciudad, una nación, una cultura, sino que el obtenerlo significa refrendar el compromiso irrenunciable de seguirlo cuidando. Cuando un lugar es “patrimonio cultural de la humanidad”, nada menos que es de todos. Así como los poblanos tienen en las pirámides de Egipto un patrimonio, o los turcos en Calakmul otro patrimonio, así el mundo podría sumar otra zona más, que está en México, en donde ese museo vivo y sus corredores se pueden distinguir de entre los demás como un todo educativo, cultural, paisajístico, lingüístico y artístico. Los especialistas reconocen cuatro corredores (poner lámina corredores): el Carolino, el Jesuita, el de San José y el de Analco, donde están erigidos 41 inmuebles, más la zona de amortiguamiento que suma cuatro más. En total, repito, son 45 edificios que abarcan 154 manzanas y 315 calles. Dos son del siglo XVI, trece del XVII, seis del XVIII, catorce del XIX y diez del siglo XX. ¿Caray, qué universidad posee esto? En México solo la UNAM, pero nada más el perímetro de Ciudad Universitaria apenas este año. La categoría alcanzada incluye el primer circuito universitario, inaugurado en 1952 y edificios adyacentes de la zona nuclear que suma 176.5 hectáreas. ¿No creen que moviéndonos todos podemos lograrlo, inclusive los de la UNAM que tienen bastantes edificios históricos en custodia? Allá ellos…

 

Vuelvo a la pregunta, ¿qué beneficios nos daría el sello Unesco? La Universidad, los universitarios, la ciudad y todos sus visitantes comprenderían mejor todo el proceso aquí resumido: como un asentamiento poblacional de hace casi 500 años se va transformando y encarando su propia historia social, cultural, política y educativa. Y mucha gente que visita lugares con esta certificación podría trasladarse a visitarla.

 

En paralelo, se puede contar con el apoyo del gobierno del estado de Puebla y del gobierno federal para el cuidado, restauración y apoyo técnico y financiero. Para empezar, es muy importante que, si los 45 inmuebles no están asegurados, la Universidad contribuya con este procedimiento. Aquel asentamiento de 1531, como punto de tránsito de norte a sur y de oriente a occidentes, se erigió en una zona altamente sísmica y lluviosa en temporada de huracanes. Eso no lo tomaron en cuenta los antiguos arquitectos y albañiles, pero es una realidad de hoy. Se ha hecho un esfuerzo visible para re-erigir o restaurar lo que han sufrido estos inmuebles a causa de temblores especialmente, pero es indispensable contar con un seguro. Este, en mi opinión, también debe incluir daños o perjuicios a causa de factores eventuales que causan la destrucción parcial o total como los incendios. Hace un año, el gobierno federal intervino en el Palacio de Bellas Artes que estaba, literalmente, a punto de estallar. Con la remodelación de escenarios y camerinos, otras administraciones se olvidaron de contar con el suministro adecuado de energía eléctrica. La directora del Palacio, Lucina Jiménez López, recibía todos los días un informe de carga eléctrica del recinto pues el transformador no era el adecuado y se corría el peligro de una chispa lamentable, sobre todo los fines de semana, cuando más gente visita y se encienden todas las luces. Técnicos de la Comisión Federal de Electricidad hicieron un diagnóstico en 2021 y decidieron elaborar un transformador prototipo para ese edificio histórico. Sé de cierto que la directora volvió a dormir en paz. Y eso que no se ha resuelto aún el tema de los hundimientos de éste en la Alameda. Es elemental contar con un seguro por si ocurren estos otros fenómenos que casi redujeron a cenizas, por brindar dos ejemplos conocidos, la catedral de Notre Dame, en París, y el Museo Nacional de Brasil, en Río de Janeiro, en 2018. Fueron una tragedia.

 

Por lo tanto, más allá de obtener certificaciones internacionales, quienes nos hemos posicionado a favor de la defensa y cuidado de nuestro patrimonio artístico y cultural, pensamos que más vale prevenir que lamentar. Hay que realizar un diagnóstico no estando al límite del riesgo, sino una periódica revisión de peligros que puede realizar Protección Civil estatal o nacional: grietas, cables viejos expuestos o interiores; humedad, flora parasitaria, hundimientos y muchas otras tantas. Actualmente, el gobierno de México y el de la Ciudad de México, me consta, realizan trabajos en las torres de la Catedral Metropolitana para evitar que, a causa de los hundimientos, se inclinen más y extirpar esas ramas que se enquistan en las cúpulas, en este caso, por los sismos que también sufre la capital. ¿Por qué cuidar este inmueble religioso? ¡Es un deber! Religión aparte, credos aparte, el centro histórico de México también es “Patrimonio cultural de la humanidad” y el resto del mundo celebra y celebrará que los capitalinos cuiden mucho sus edificios y obras, sus bibliotecas, sus acervos y fondos reservados, sus hemerotecas. Todo lo que allí está es de todos. Y cuando hablo de humanidad, siguiendo los lineamientos de la Unesco, eso repito: la catedral metropolitana de la Ciudad de México es de turcos, de brasileños, de canadienses, de chilangos, de poblanos…

 

 

Además de buscar la certificación “Patrimonio cultural de la Humanidad” por lo que aquí he esbozado de manera muy breve, varios universitarios consideramos que deben realizarse otras acciones. Si la BUAP es poseedora de tal tesoro mundial, hay que contar con personal profesionalizado en cuando menos tres disciplinas: restauración de bienes muebles e inmuebles, biblioteconomía y archivística. La BUAP bien puede ser punta de lanza para abrir centros de formación de especialistas a largo plazo, de estudio y de investigación que no necesitan ser onerosos, para formar a cuadros en dichas materias. Por ejemplo: la BUAP está obligada a cumplir con lo que mandata no solo la Ley Federal de Protección Civil sino también la Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicas y la Ley Federal de Archivos. Son tres especialidades que no se le deben asignar a un oficinista sino a un experto. La última, promulgada en 2018, dicta las “bases generales para la organización y conservación, administración y preservación homogénea de los archivos en posesión de cualquier autoridad”. Hay que cumplir la ley. Les leo las cláusulas octava, novena y décima: a) Contribuir al ejercicio del derecho a la verdad y a la memoria, de conformidad con las disposiciones aplicables; b) Promover la organización, conservación, difusión y divulgación del patrimonio documental de la Nación, y c) Fomentar la cultura archivística y el acceso a los archivos.

 

Nos han robado mucho de nuestro patrimonio que termina, tristemente, en subastas… ¿Por qué no comenzamos un intenso programa de digitalización, cuando menos, de los fondos documentales? ¿Por qué no, al menos, se comienza a describir un fondo, luego lograr catalogarlo de conformidad con dicha ley y uniformar estos acervos con los criterios y estándares internacionales? Si el Barrio Histórico Universitario es el barrio de los saberes, las artes y las culturas ¿no puede contar al fin con una escuela que forme nuevos cuadros para este trabajo de restauración, de protección del patrimonio artístico y arquitectónico y de archivística y biblioteconomía? ¿Qué vamos a hacer con la Biblioteca La Fragua? ¿Seguirá siendo un espacio para dos o tres investigadores y dos o tres funcionarios o estamos dispuestos a abrirlo al mundo digital para que en todas partes se conozca, sin descuido de los derechos de autor, se estudie, se difunda, se comprenda, se valore, se admire?

 

A nombre de colegas y expertos estamos hoy haciendo esta propuesta a la universidad, a los gobiernos y al mundo. Puede haber una ruta simple: disposición de la máxima autoridad universitaria y comenzar una vinculación con otros facultados involucrados. He consultado con algunos funcionarios del Gobierno de México y este se encuentra en disposición de ayudar con asesoría para la documentación que irá a la UNESCO pero también para participar económicamente cuando menos en la intervención (restauración) de dos inmuebles que requieren urgente intervención; el INAH, institución experimentada en la gestoría de estas certificaciones, también puede acompañar a nuestra universidad; asimismo, el Archivo General de la Nación puede ofrecer asesoría para lo relacionado con archivos (dan cursos de limpieza, restauración, digitalización y otros), y una servidora, en todo ello, ofrece ser intermediara de corazón y con buena fe, en el marco de la ley, para contribuir a estas gestiones hasta septiembre de 2024.

 

Para la elaboración de esta conferencia, agradezco a los siguientes funcionarios y colegas: Rosalba Loreto, Giuseppe LoBrutto,  Francisco Vélez Pliego, Montserrat Galí, Isabel Fraile Martín, Francisco Cervantes Bello, Ana María Huerta, Emma Yanes Rizo, Alberto López Cuenca, Mariano Castellanos y Arenas, Agustín Grajales Porras, Lourdes Herrera Feria, Liliana Illades y Ambrosio Guzmán.

 Dra. Beatriz Gutiérrez  

Puebla, Pue., 8 de diciembre de 2022