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12 Junio 2024, Puebla, México.

Ir a pedir riqueza y ofrecer al Tentzon el 3 de mayo / Moisés Ramos Rodríguez

Cultura /Naturaleza y sociedad | Crónica | 1.MAY.2023

Ir a pedir riqueza y ofrecer al Tentzon el 3 de mayo / Moisés Ramos Rodríguez

Las leyendas abundan en los pueblos cercanos a esta cordillera que divide la zona fría del estado con la caliente, la que se entiende hacia la Mixteca, pero todas coinciden en algunas cosas: el cerro tiene un dueño, que es el Tenzon.

A Miraceti Jiménez, por su labor editorial, por los libros.

Y pensando en Joanna de Ângelis.

 

Vello de la barba. Al menos así consignan, desde 1765 Cortés y Zedeño, la traducción al español de la palabra náhuatl tentzon: vello de la barba, es decir, barba o bigote. Y así lo consigna el Gran Diccionario Náhuatl, publicado por la UNAM en el 2012. Antonella Fagetti escribió en 1998: Tentzone, y lo traduce como “Viejo que tiene barba”.

El cerro del Tentzon, sería el cerro del Tentzone, y sería el viejo barbado, no el Cerro de la Barba, del bigote o del vello de la barba o bigote. Mejor aún: sería el Tentzonhuehue, el viejo barbado.

A ese anciano o viejo barbado los días 3 de mayo se le pide dinero, lluvia o abundancia; aquí las dos primeras palabras son equivalentes: para quienes quieren ser ricos, el dinero es la abundancia; para quienes quieren cosecha, la lluvia es abundancia.

Al pedirle tales cosas, se le ofrecen desde comida hasta personas que “trabajen” para él.    

Al señor barbado, entonces, el próximo día 3 de mayo le llegarán diversos visitantes: los pedidores de lluvia (que tienen en el sapo a un veloz competidor, como se verá), y quienes desean dinero, ganado, propiedades, riqueza, bienes materiales.

Los primeros serán los ofrendadores de comida y otros regalos. Los segundos, llevarán a una mujer o un hombre que trabaje para el dueño del cerro. Así lo consigan las leyendas.  

Hasta la Ciudad de los Ángeles, que en Huatlatlauca aún llaman en náhuatl Cuetlaxcoapan, han llegado, posiblemente desde su fundación las noticias de que al Tentzonhuehue, una cordillera cuya cara norte se puede ver desde San Miguel Acuexcomac o desde Huatlatlauca su rostro sur, se puede pedir y recibir todo lo que se quiera.

Las leyendas abundan en los pueblos cercanos a esta cordillera que divide la zona fría del estado con la caliente, la que se entiende hacia la Mixteca, pero todas coinciden en algunas cosas: el cerro tiene un dueño, que es el Tenzon.

 

 

El viejo barbado de sur a norte 

 

Fagetti, Alejandra Gámez, Samia Gabriela Badillo et al, por separado han compilado, transcrito y estudiado algunas de esas leyendas de la región de la cordillera del Tetzon. Comento aquí las que recopiló Ignacio González Osorio, originario de Huatlatlauca.

Antonella Fagetti (Tentzonhuehue. El simbolismo del cuerpo y la naturaleza, 1998 y 2002) ha escrito que, desde el norte, en Acuexcomac se puede ver claramente delineado el rostro del viejo barbado que es el Tentzon, cuyos pies llegan hasta el antiguo Itzocan, Izúcar, según le explicaron los viejos, y se puede comprobar a cierta distancia.

González Osorio, abogado que nació el 11 de agosto de 1981 en San Lucas Ahuatempan, Huatlatlauca, como es obvio por la ubicación de su pueblo, cuenta cómo se ve la cara sur del viejo barbón, que en su caso está al norte.

Cuando González Osorio publicó Leyendas de Huatlatlauca y el Tentzon (Poal di Huatlatlauca huan Tentzon), tenía veintinueve años de edad, y había sido un funcionario público al que le importaban, además de sus actividades, dos cosas: su idioma materno, el náhuatl, y las leyendas que, en esa lengua oyó desde niño.

En la solapa del texto citado, coeditado por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y el Instituto de Ciencias Jurídicas de Puebla (ICJ) en el 2011, se lee que Ignacio González se graduó precisamente en el ICJ, y que antes estudió en Tepetzizintla, pero no se da noticia de dónde y cómo aprendió a escribir en náhuatl, en cuyo trabajo resalta una característica no hallada en variantes de otros estados: el uso de la letra d al hablar y escribir el mexica.

Destaco ese hecho, porque el volumen recopilatorio de leyendas está publicado de manera bilingüe: con el texto en español a la izquierda y a la derecha en náhuatl. 

Si en el año de su publicación el texto fue presentado, parece no haber rebasado el ámbito académico de las instituciones editoras. Tal vez también lo hicieron público en San Lucas Ahuatempan y en su cabecera municipal, Santo Domingo Huatlatlauca. No tenemos noticia de ello.

Pero ahora que el día 3 de mayo está cerca, como en otros cerros, montañas y en volcanes, pedidores de lluvia subirán desde temprana hora a dejar sus ofrendas para pedir a los “dueños” de esas elevaciones agua para el ciclo agrícola que ya inició y por el cual ya debería estar lloviendo.

Pero deben ser veloces, porque el cerro les pide que lleguen primero que la lluvia a sus sembradíos, porque si ella llega antes, la recogerá. Por eso el sapo es el dueño de la lluvia, porque él en tres saltos, superó y supera a cualquier pedidor de lluvia, consigna González.   

Y leemos en el libro de González Osorio que este 3 de mayo, también estarán los que piden al anciano barbado dinero y riquezas materiales, como lo consigna la leyenda “Una noche de tres de mayo en el Tentzon (Se tlayoal di yeyi di mayo can Tetzon)”: dos compadres que iban camino a Puebla desde Huatlatlauca o desde el sur de la cordillera citada, vivieron un hecho sobrenatural, uno de los que sólo se puede vivir en la noche del 3 de mayo de cada año.

No contaré aquí la historia para que el lector curioso la lea. Agrego que, en el mismo libro, Ignacio González cuenta cómo “nació” el viejo barbado que es el Tentzon, al mismo que, unos nahuales de San Felipe la Laguna, en Izúcar de Matamoros, visitaban cada media noche del 3 de mayo, para pedirle agua de lluvia para sus cultivos.

Esta es la leyenda que más quiero destacar: el viejo Tetzonhuehue les dice a los nahuales que sí les dará lluvia, pero que lleven a un hombre con quien él pueda “jugar”. Le llevan a uno de la región del sur de la cordillera y el anciano lo rechaza, porque lo conoce y este campesino “lo despioja”. No lo puede aceptar. Los nahuales deben llevar a alguien del lugar del que llegaron para entregárselo.

No sabemos si los nahuales regresaron, pero sí nos cuenta la leyenda que “el hijo del Tetzon”, como fue reconocido por el anciano, recibió como regalo las orejas de ciertos animales que, sembradas en sus terrenos, se multiplicaron en el tipo de animal al que correspondía la oreja: caballos, burros, vacas, etcétera.

A ese hombre, el Tentzon no le pidió nada a cambio. O no lo consiga la leyenda, hecho de vita importancia, porque se infiere que, a los desconocidos el dueño del cerro sólo da si recibe una vida humana a cambio.  

Cómo se hicieron ricos los que no lo eran

 

Las leyendas que presenta Ignacio González en su libro de 2011, del que no tenemos noticia si ha hecho una reedición o una segunda edición, han sido transcritas por el autor que busca preservarlas, pues han sido transmitidas de manera oral y en ese año, él ya temía que pudieran perderse.

El autor acepta haber adaptado las leyendas, las cuales le contó principalmente su papá y gente de la región “sutilmente modificadas”, conservado cierta forma de oralidad.

Con la del origen del Tentzon y la de la petición de una persona “para jugar”, González Osorio nos presenta otras leyendas, en muchas de las cuales prevalece la noticia de que el “viejo barbado” otorga riquezas, de que los nahuales le piden lluvia y, en la madrugada, como seres voladores, pelean entre ellos para llevar agua a su cosecha.

Es insistente el tema del dinero y la riqueza, como en la leyenda de los barriles llenos de dinero, o de quienes se hicieron ricos “de la noche a la mañana”. Y uno puede decir que son leyendas. Pero ¿qué si una de las personas que tuvo que “entregar” a otra al dueño del cerro del Tentzon, nos mostrara sus riquezas y su origen por un intercambio como ese?

¿Qué si nos invitan este 3 de mayo a ofrendar al Tentzo? ¿En la mañana, comida, frutas, otros regalos para una buena lluvia? Pero ¿si la invitación es para la madrugada, y con un “invitado” que deberá quedarse con el dueño del cerro?  

Las autoras que he citado (Fagetti, Gámez Espinoza, Badillo Gámez) han estudiado desde la ciencia algunas de las leyendas y mitos aquí citados. Ignacio González Osorio los ha preservado como hablante de náhuatl que (no nos lo ha dicho), pudo haber vivido alguna de esas experiencias consideradas como “fantasías” por los más reacios. O su padre, que se las contó. Es decir, puede haber sito “testigo de vista”.  

Ahora, leyendo a González Osorio ¿quién se anima a ir la madrugada del 3 de mayo a visitar al viejo barbado y despejar la incógnita?

Los que se verán por ahí, sí o sí, son los pedidores de lluvia. Han sido meses muy secos y, de seguir así, podría no haber cosecha.

González Osorio agregó dos poemas suyos, en náhuatl y español, a su recopilación de leyendas. Deja testimonio de porqué busca rescatar su idioma, sus leyendas y su cultura. Aprovecha el saber escribir en los idiomas que presenta.      

Y lo más importante: nos recuerda que con “esplendoroso verdor en primavera y verano y semiárido en invierno” el Tentzon, el Tentzonhuehue “es el celoso guardián de Huatlatlauca”. Sólo así podemos entender que a sus hijos les dé riqueza y no pida vidas a cambio, “dicen”, “según la leyenda”.

(González Osorio, Ignacio, Leyendas de Huatlatlauca y el Tentzon (Poal di Huatlatlauca huan Tentzon) BUAP—ICJ 2011. El libro posiblemente se pueda conseguir en la Dirección de Fomento Editorial de la BUAP, en la Calle 2 Norte número 1404, o en el ICJ en la Avenida 3 Oriente 1611—B, en el barrio de Analco, ambos sitios de la Ciudad de Puebla.)