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3 Marzo 2024, Puebla, México.

Contra la violencia, construir los caminos para la paz / Javier Ávila, Sacerdote Jesuita

Justicia | Entrevista | 4.AGO.2023

Contra la violencia, construir los caminos para la paz / Javier Ávila, Sacerdote Jesuita

Entrevista a Javier Pato Ávila, misionero en la Tarahumara

Hay personas que tienen en los ojos la mirada larga, la perspectiva histórica. El sacerdote jesuita Javier Ávila, el Pato, como lo conocen por toda la Sierra Tarahumara, tiene en la suya la presencia centenaria de la Compañía de Jesús en estas montañas abismales que han guardado la vida de un pueblo milenario, el rarámuri. Sólo una mirada así puede comprender la profundidad de la tragedia que envuelve a esta tierra.

Lo encuentro en su oficina de Creel, ese pueblo mestizo tomado por el turismo, crecido al pie de la vía del Ferrocarril Chihuahua al Pacífico, en la sierra alta. Incontables crucifijos forman una colección extraordinaria y revelan la convicción de un hombre que justifica en los hechos la existencia moderna de la palabra misionero. Vive en la Tarahumara desde 1974. En 1989 fundó con el Obispo José Alberto Llaguno, la Comisión de Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos, A.C. (COSYDDHAC), y es en esa actividad en la que ha confirmado su vocación sacerdotal.

En junio de 2022 sus compañeros jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora fueron asesinados en su parroquia de Cerocahui por José Noriel Portillo, apodado "El Chueco", un delincuente denunciado dos años antes y abiertamente ante las autoridades por Javier Ávila  como el cabecilla del crimen organizado en la región. Sus muertes se suman a la larga lista de víctimas de una violencia a la que no se le ve freno. Pienso en lo ocurrido en Coloradas de la Virgen, una comunidad al sur de la sierra, en Guadalupe Hidalgo, donde más de 200 personas han tenido que huir de sus hogares. Tres hombres de la familia rarámuri Baldenegro en ese poblado han muerto asesinados por quienes les quieren arrebatar su bosque: Julio, en 1989, y sus hijos Isidro, en el 2017, y José Trinidad, en marzo de 2022.

En ellos piensa también Javier Ávila.

Valen los precipicios de la Tarahumara para comprender la profundidad del abismo en el que ha caído nuestro país en un terror insondable. De ello quiero hablar con Javier, un jesuita que ha levantado la voz para denunciar la impunidad en la que se mueve el crimen organizado pero que no cesa en su propósito de construir alternativas para la paz en México.

Ayuda mucho escuchar desde la Sierra Tarahumara a este hombre que no pierde la esperanza.

 

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Comprender la resistencia rarámuri

Sergio M: Me sorprende la capacidad de este mundo rarámuri tan profundo para resistir un acoso brutal, despojo de tierras, despojo de la voz, despojo de los dioses, y sin embargo ahí están. Sí creo que la vinculación de la Iglesia, de los jesuitas en particular con ellos, a mí me lleva a pensar en una profunda trasformación de ustedes.

Javier Ávila: Así es…

Sergio M: Entonces por ahí quiero empezar, ¿esa resistencia de dónde viene?

Javier Ávila: Mira, ellos sienten mucho. Les entran las cosas por los ojos. Ellos visten, sobre todo los hombres, las mujeres también, pero los hombres ciertas cuenta sus vestidos son de mucho colorido, hay regiones como el Barranco, regiones como La Gavilana, etc., puedo decir nombres que no significarán mucho para ti, pero son regiones donde son típicas las vestimentas tanto del hombre como de la mujer: un verde limón intenso, un rosa mexicano, un azul marino, un rojo vivo, les gustan mucho los colores muy fuertes.  Tomando tu preocupación sobre la resistencia, tú sabes que la Compañía de Jesús llegó aquí a principios de 1600, Sisoguichi es fundada en 1676, salen expulsados en el 1767 y cuando la Compañía de Jesús regresa un 12 de octubre de 1900 hay algo que les impacta mucho, y desde antes, porque regresaron antes sacerdotes de la Iglesia diocesana,  y les llamaba profundamente la atención a los misioneros de aquellos tiempos que eran también algunos franciscanos, les impresionaba mucho, cómo era posible que después de tantos años que estuvieron ajenos a cualquier pastoreo, a cualquier guía, a cualquier agente de pastoral en su comunidad, siguieran los indígenas con exactamente las mismas expresiones religiosas, los mismos ritos, que les enseñaron los jesuitas ochenta años antes. ¿Cómo es posible que ochenta años?  Y llegan los jesuitas después de ochenta años y les ven bailar lo mismo, cantar lo mismo, celebrar su fe de la misma manera. Ese es un signo de estabilidad, de permanencia y de resistencia al cambio. Cuando vino la conquista, la conquista llega al norte de México con menos agresividad que al resto del país, sin embargo hubo enfrentamientos sangrientos en la Tarahumara, pero el rarámuri, no es una gente de conflicto, si tú pisas al rarámuri va sacando poco a poco el pie y se retira, no le interesa el conflicto, como los pueblos indígenas del sur que estuvieron mucho tiempo aguantando hasta que dijeron ya basta. Entonces, sí tiene un estilo de vida, un estilo de practicar su fe, su religiosidad, una cultura muy determinada, difícilmente le vas a decir que eso está mal y que hay que hacerlo de manera diferente, porque así es el rarámuri, así es el rarámuri, a pesar de las opresiones, los desplazamientos, las marginaciones, los robos, las depredaciones, del bosque por ejemplo, el rarámuri sigue firme con su manera de vivir y de pensar, llegan a decir “qué lástima me das, que tengas que robarme para vivir”.  Se lo dice al mestizo. Su sentido comunitario es muy diferente al nuestro, tienen un sentido muy horizontal, su valor comunitario, su valor familiar, eso les da muchísima estabilidad y permanencia. Creo que en estos tiempos las juventudes, nuestras culturas, somos excesivamente agredidos por novedades.  Imagínate esto (celular), al rato ya me llega un modelo nuevo y lo deshecho, no tengo la estabilidad de mantenerlo ahí, vivimos mucho la sociedad y la cultura del desechable, todo es desechable, ya me cansó, ya busco otro. Yo lo digo a veces, que la misma vida, que el mismo compromiso, los jóvenes actualmente difícilmente hacen un compromiso, les cuesta mucho trabajo el compromiso, el mismo matrimonio es desechable. Como decía un amigo mío americano, tiene una grandísima empresa, maneja mucho los sistemas computacionales, son muy importantes para el desarrollo de su empresa, y un día me dice: “Tengo dirigiéndome, manejándome todo el sistema computacional, un genio, no llega a 30 años, pues llegó diciéndome que ya se iba. ¿Cómo, con su nivel, a quién consigo? Le doblo el sueldo, no me interesa, ya voy a buscar otra cosa”. Es un poco el signo de la falta de compromiso, difícilmente se comprometen, eso les hace ser muy inestable, las cuestiones políticas, las opciones partidistas, quisiera ser chapulín, el que salta de un lado a otro, está con un partido y mañana con otro en un puesto y mañana en otro puesto.  Eso no lo encontramos afortunadamente en el mundo rarámuri, ellos tienen más estabilidad, eso es lo que les ha ayudado a permanecer por tantos siglos y tantos años como son. Es lo que te decía yo que les llamaba mucho la atención a los misioneros jesuitas que regresan y dicen: ¿Qué es esto?  Tocan el violín como los misioneros les enseñaron, tocan la guitarra como los misioneros les enseñaron, rezan como ellos les enseñaron, hacen las vueltas y las cruces como les enseñaron los misioneros y hoy yo me meto a bailar Matachines con los rarámuris, como seguramente el padre Diego, el padre Raftai pudo haber bailado con ellos. Es una característica del pueblo rarámuri, estabilidad. 

 

¿Se puede sobrevivir a este asalto del exterior?

 

Sergio M: Pero la fuerza con que  llega el mundo moderno es incontenible, como quiera, pero ya está aquí el  aeropuerto, algún día van a aterrizar los aviones…

Javier Ávila: Por lo pronto ya lleva diez años ahí, abandonado. Dicen que tiene la maldición del Pato, porque yo siempre me opuse a ese aeropuerto.

Sergio: ¿Tú ves a la sierra, a esta sierra rarámuri, la capacidad para sobrevivir este acoso? Te lo voy a plantear yo desde otra perspectiva: la presencia del mundo mestizo, el mejor ejemplo es Creel.

Javier Ávila: Es otro el Creel que yo conocí hace cincuenta años. El rarámuri es impresionantemente selectivo, él sabe, tú le puedes ofrecer todo un menú de cosas y él te va a tomar: te lo traigo todo, ahí déjalo, te va a tomar dos o tres cosas que le sirvan, lo demás lo deshecha, no está en el mundo del consumismo, no está en el mundo del lucimiento, de la pretensión, no está en el mundo de la competencia, porque la competencia lleva a mucha inestabilidad, porque estás compitiendo con un modelo de carro, pero luego compites con otro modelo de carro, entonces la inestabilidad que se vive en nuestra sociedad, es fruto del consumismo y la competencia que existe, al rarámuri no le interesa, yo creo que son los signos de estabilidad la permanencia que ellos están viviendo.

 

La migración rarámuri

 

Sergio M: ¿Cómo explicas entonces la migración en el mundo rarámuri?

Javier Ávila: La migración con el rarámuri es por varios motivos, te digo que cuando yo llegué aquí, el rarámuri salía de su tierra de paseo, conoce otro sitio, y de repente atrae algún bien material de fuera, porque puede encontrar alguna pisca de manzana, una pisca de chile en Sonora, pisca de ajo, etc. El rarámuri termina de trabajar su tierra y la deja creciendo, ¿y mientras que hago? Me voy a ir a pasear a Chihuahua, ¿por qué no? Le ofrecen un trabajo, lo agarra. Termina y se regresa. Poco a poco la migración se va dando como un fenómeno humano, natural, el hombre es migrante, velo en el mapa universal, todos los corredores de migrantes, los países de gran poder, Estados Unidos, está hecho de migrantes, entonces la migración es algo muy humano. El rarámuri empieza a migrar un poco, parte para divertirse, conocer otros mundos, descansar y adquirir algún bien material, sin embargo la migración del rarámuri es muy pequeña, el rarámuri es muy diferente al tzeltal, al tzotzil,  que se van hasta Nueva York, tu no encuentras rarámuri en el Paso, Texas, no los encuentras, no les interesa, van a lo próximo, Cuauhtémoc, Chihuahua, Durango, Sonora, Mochis, pero no se centran en el norte, no se salen de ese espacio. Te digo no encuentras como encuentras del Sur en Nueva York, no encuentras a un rarámuri aquí al otro lado, que es Texas. Eso te sigue hablando de que no le interesa, solamente las nuevas generaciones ya van teniendo mucho acceso al mundo exterior, el celular a todo mundo nos da acceso al mundo exterior, a todo mundo.  Desde el inuit de Alaska hasta el capitalista de Manhattan, le da acceso al exterior.  A los jóvenes les empieza a gustar, llegan a Cuauhtémoc a trabajar, algunos ya a vivir, y empieza también a tener esos movimientos que les da cierta estabilidad y la buscan, y son los asentamientos rarámuri que hay en la ciudad de Chihuahua, hay en la ciudad de Cuauhtémoc, hay también en Juárez, pero en Juárez hay más indígenas de otros grupos del sur de México, que indígenas de Chihuahua. El rarámuri es más estable, se va menos por lo novedoso, busca la estabilidad en donde se asienta. Sin embargo, hay movimientos, claro, y dentro de su territorio, tienen su casa en la montaña para el verano y su casa en el barranco para el invierno, y siembran, trabajan la tierra en el invierno en el barranco y se suben en el verano.

Sergio M: ¿Eso sigue ocurriendo ahorita?

Javier Ávila: Si, sigue ocurriendo. Otras gentes se han movido con toda la familia a la ciudad de Chihuahua, allí empiezan a crecer los jóvenes y ya les atrae ese mundo y se quedan ahí.  Hay otro fenómeno que es muy notable, les llama mucho la atención, el rarámuri joven que sale a la ciudad a trabajar en las maquilas, adopta un estilo de vida de cholo, pantalones aguados, el arete, el pelo largo, pantalones debajo de la cadera, empieza mucho el consumo de droga, pero en los momentos importantes para la vida del rarámuri, como lo son las celebraciones comunitarias, año nuevo, navidad, semana santa, importantísima, llama la atención que regresa y en Semana Santa se le da un cargo que las autoridades digan: tú, siéntate aquí, te vamos a hacer capitán, te vamos a hacer soldado, y se hincan, no se puede rehusar, lo hacen soldado, o lo hacen de los pintos, y se integran al movimiento de la comunidad de una manera impresionante, con el arete,  con la mitad de la cara tapada, con los pantalones aguados,  están plenamente integrados a la comunidad, eso es signo de estabilidad. Tienen espacios en su vida, en su misma cultura, que son de aquí y se hace así, nada de que ya soy de allá.

 

Comprender la pobreza en el mundo rarámuri

 

Sergio M: Esa estabilidad,  ¿se da también para la pobreza?

Javier Ávila: Hay entender que la pobreza para nosotros es una carencia de bienes por lo general. La pobreza para ellos es limitante, pero no es absoluta como para nosotros. La pobreza es indigna, es ofensiva, pero ellos la llegan a vivir con tranquilidad y bondad.  No sé si te acuerdes que hubo un año en que hubo una campaña de una hambruna tremenda, de que los indígenas se estaban suicidando, se estaban aventando al barranco por hambre, cosa más absurda, más ridícula y falsa.

Sergio M: ¿Quién inventó eso?

Javier Ávila: ¿Quién inventó eso?  Un político, según tengo yo entendido, y otro líder, seudo líder, no indígena, pero muy pegado a los indígenas, sacaron esa idea porque cuando tu decretas un estado con hambruna viene mucho recurso del centro, entonces ese sujeto quería recursos así para campañas y otras cosas, entonces decretaron eso, que se estaban lanzando por hambre, se decretó la hambruna, y se vinieron muchos recursos no nada más de la federación, de la ciudad de México sino también de toda la república. La gente empezó a levantar los ojos y a ver a la Tarahumara con una zona de hambruna. Me acuerdo de que un rarámuri… Son irónicos, se ríen de nosotros. Estaba yo en una fiesta rarámuri y el fiestero había matado una vaca para la fiesta, entonces tenía el pedazote de carne ahí y me dice: “Mira Pato, ¿qué te parece la hambruna que tenemos? Y él se reía echando la carne al cazo donde se iba a cocer la carne. Se ríen también de nosotros, creo que esas situaciones extremas son las que no son reales. ¿Se ha vivido hambre en tarahumara?, por siempre, sí; ¿se ha vivido marginación?, por siempre; ¿se ha vivido injusticia?, siempre. ¿Qué es lo que pasa? Hoy pasan muchas cosas, Sergio, de mucho se puede hablar.  Fíjate, yo no he conocido ni un solo político, candidato a presidencia de la república, hasta el presidente municipal o alcalde, que no haga su campaña en tarahumara diciendo: “traigo la solución al problema indígena”, o sea, el indígena es problema, nunca lo hemos visto como solución, no lo hemos visto como opción de vida. No voy a ser yo como rarámuri, no lo soy, pero nunca lo hemos visto como algo que nos puede enseñar: su solidaridad, su horizontalidad, su justica, su concepto de justicia, el concepto de la familia, su concepto sobre democracia, por ejemplo, hay muchísimo que tenemos que aprender de ellos.  Entonces, sí hay pobreza, pero él sabe manejar y vivir su pobreza, a nosotros nos cuesta mucho trabajo manejar y vivir nuestra pobreza.

Sergio M: ¿Qué pasa cuando un rarámuri prospera, le va bien por alguna circunstancia, socializa su éxito?

Javier Ávila: Mira, el rarámuri por lo general, aquél que acapara y no comparte es un rusurúrame, que quiere decir egoísta. Si a ti la vida, el dios también, te ha dado maíz por una buena cosecha, tienes una responsabilidad social, tienes que compartir, tienes cuatro o cinco animales, seis vacas u ocho vacas, diez vacas, eres el fiestero de la próxima fiesta, te nombramos para que tú entregues una vaca para compartir y matarla, y lo hacen, y vas a traer el maíz y vas a traer lo necesario para la fiesta. Aquí el que acapara es egoísta, cuando a mí me va bien, yo tengo la responsabilidad social de compartir con los demás… Son enseñanzas que tanto deberíamos aprender nosotros del rarámuri.

 

Narcotráfico y violencia

 

Sergio M: En ese marco, la semblanza que nos has dado de este gran valor de la estabilidad, tengo que tratar el tema de la violencia, ha ocurrido, se nos vino encima a los mexicanos de manera arbitraria. Esta violencia no existía cuando estuve aquí hace cincuenta años. ¿Cómo la enfrenta el pueblo rarámuri?

Javier Ávila: Mira, tú sabes que llevo 49 años, pero para encontrarle sentido a tu pregunta, cuando yo llegué aquí, ya existía el narcotráfico, existía el triángulo dorado, todos sabíamos quién era quien, ¿qué tal Ricardo, cómo has estado?,  ¿cómo le va Padre? El narco ya existía, pero las cosas se hacían por debajo de la mesa, y en lo oscurito. El narcotráfico, había las siembras, había las famosas campañas, la Operación Cóndor, que hasta la fecha sigo creyendo que en ese tiempo no eran campañas para erradicar… Si eran campañas para erradicar el narcotráfico qué gobierno, qué ejército, qué autoridades tan estúpidas e ineptas tenemos que en cincuenta años no lo han podido hacer. Entonces no eran campañas para erradicar sino para controlar…

Sergio M: Un paréntesis, en 1984 fui a hacer un reportaje sobre la Operación Cóndor y la realidad de los jóvenes en la región de Badiraguato, arriba, en el pueblo de Surutato, y me acuerdo de que los chamacos nos decían, “ese destacamento y  capitán que salen a hacer un recorrido, ese va a ver a los que no están con el ejército, pero todos estamos con el ejército, y aquí el que manda es el ejército, entonces los chavos de 14 a 15 años me decían, nada más agarran al que sale del huacal…

Javier Ávila: Es el control del tráfico desde entonces, el trasiego, no era tan descarado como ahora. Me acuerdo de aquel tiempo, en algunas comunidades de aquí de la parroquia, y a lo lejos se veían unos campos preciosos, verdes, verdes y les decía a los que iban conmigo que de qué eran, es mota, me decían, pero mejor no hay que acercarnos. De pronto, con los cambios de la nueva política, hace explosión esto y se convierte en una situación excesivamente descarada, entonces así aquí ya cualquiera sin importarle traía su rifle, su arma larga colgada, su pistola visible y andaban por todas partes sin disimular, se volvió algo muy descarado.

 

Violencia, la responsabilidad del Estado

 

Sergio M: ¿Por qué ocurrió esto? ¿Qué tuvo que ver la política del Estado?

Javier Ávila: Yo creo que lo atribuyen al golpe que le dio Calderón al avispero, llegó a acabar con él, y lo único que hizo fue avivarlo más, según se iba acabar y aquello se reforzó. No había aquí, como en todo México, tal proliferación de cárteles, el de aquí, el de allá, el de más allá, etc. Entonces empieza esa lucha por el territorio y por el poder. Yo me acuerdo que cuando llegué aquí, tranquilamente yo llegaba a una comunidad, estaba con ellos en su fiesta que es bailar toda la noche Matachines, decía ya me voy porque tengo otra visita y salía una o dos de la mañana y no pasaba nada, absolutamente nada, de repente terminaba una junta en Chihuahua, ocho de la noche y llegábamos aquí a las 12 de la noche, tranquilo, nadie nos molestaba; ahorita, no conviene pasar de noche por San Juanito, pues hay que tener cuidado porque te van a parar, sobre todo si traes una camioneta nueva, buena o que no conozcan tu camioneta, por eso a mí ya no me paran. La inseguridad se ha vuelto un tema. Fíjate que Tarahumara, Tarahumara ha vivido dos años en la escena, en el escenario, ¿por qué?, por la cultura, por la lengua, por los paisajes, por la belleza, por lo misterioso y enigmático de la gente, por la marginación, por la pobreza, por todo eso ha estado en la escena, ¿no? Por muchos siglos, y de repente se conoce a la Tarahumara por la muerte y la inseguridad, la violencia y el crimen organizado, la escenografía del cartel en la Tarahumara también, y por ese motivo la inseguridad, la inseguridad provocada por la lucha de territorios, por la lucha por la tierra, por la lucha por el poder, por la lucha de las dirigencias. Yo aquí, antes no sucedía, ahora me sucede que me llegan un rarámuri que venía con frecuencia, a decirme, apenas hablaba el español a decirme: “Oye, que hago, nadie me hace caso, ya fui con la policía de allá de mi comunidad, mi municipio, fui con la policía municipal, fui con el presidente municipal y no me hacen caso” “¿Qué quieres?” “Hay un sujeto que se mete en mi tierra por Sinaloa, y toma mis cercos, me agrede, se roba mi bosque, yo tenía un maíz, me lo quitó y empezó a sembrar otras cosas,  ¿qué hago? Ya no puedo”. Y regresa y dice “Ya volvió a meterse, le puse un guardaganado y me lo quemó”. “Ten cuidado” le digo y ya salgo yo de la sierra y le digo aquí: “¿Supiste lo que le pasó a fulano?” Y me dice “¿No supiste?” “¿El que venía conmigo?” “Le llegaron a su tierra, y enfrente de su esposa y sus hijas lo degollaron”. Entonces con facilidad perdió valor la vida, perdió valor el derecho, perdió valor todo, todo… Ahora con facilidad ahora acuden a uno para todo, de abogado, de consejero matrimonial, “oiga mi esposa me está pegando mucho”, pues defiéndete,  “oiga mi marido me golpeo”, pues has una denuncia en tal oficina, etc., etc. Viene una mujer, el hijo le está exigiendo pensión alimenticia…

 

¿Cómo llegamos a esto?

 

Sergio M: Hay una pregunta que no tiene respuesta sencilla: ¿cómo llegamos a esto?

Javier Ávila: Fíjate, empieza entonces a generarse un ambiente de mucha agresión. El rarámuri no corre como nosotros, no se asusta como nosotros, pero sí es temeroso, más que nosotros, porque la mula no era arisca, la hicieron a base de palos.

Sergio M: El hombre que refieres que fue degollado frente a su familia, ¿era rarámuri?

Javier Ávila: Así es, apenas hablaba español, ya no sé qué pasó con su tierra, pero todo lo que el luchó por su familia, por su patrimonio.  Actualmente, los grupos armados circulan por toda la sierra, amenazan, agreden y llegan con el rarámuri y le dicen: quiero estas tierras, recoge tu cosecha, yo la voy a sembrar ahora, si quieres quédate a trabajar aquí, yo te ayudo a trabajar. Hay rotación de cultivo, empiezan a sembrar droga y el rarámuri puede ser que se quede ahí pues es su casa, es su tierra, puede ser que le paguen algo, o que no le paguen nada, y si acaso se atreve a reclamarle el rarámuri, algo le puede pasar, “calma, eh, tranquilo, esta ya es mi tierra”.

Sergio M: ¿Hay desplazamiento de familias rarámuri?

Javier Ávila: Se ha dado mucho en estos tiempos, eso que le llaman los desplazamientos forzados. Yo estoy manejando mucho desplazamiento del sur de aquí de la Sierra, como  Guadalupe y Calvo, zonas muy conflictivas de narcotráfico y narcosiembra. Y eso me lleva a dudar cada vez más de la guardia nacional y de todo eso porque han llegado casos, le digo, por ejemplo, que se está desplazando gente, está llegando gente armada invadiendo su comunidad, que se están asustados, están corriendo al cerro, mándenme un grupo… “Se están organizando”, me dicen. Están tan tremendamente desorganizados el ejército y la SEDENA que no pueden decir: tal desatamiento, desplácese inmediatamente, y se les olvida cuál es la obligación de ellos: defender al pueblo y no defender a un sistema corrupto, y mucho menos a un sujeto loco, se les olvida eso.

 

Violencia, el fracaso del Estado

 

Sergio: Calderón me dijiste llegó al avispero, con Calderón era la guerra, la violencia del estado contra el narcotráfico. Fracasó.

Javier Ávila: Fracasó absolutamente.

Sergio M: ¿Cómo resolver esta contradicción?

Javier Ávila: Hay otra cosa también, que es muy patente en el país, un cáncer que se llama impunidad, y eso lo vemos en cualquier nivel de gobierno y cualquier nivel de la sociedad. Lo saben perfectamente, tienen un estudio perfecto los gobiernos, de los cárteles, dónde están, qué hacen, cómo se mueven, ¿cómo es posible que no hagan nada, que no los toque nadie? Había un anuncio de alkaseltzer que decía: “Nadie sabe cómo cura, y todos saben que cura”, bueno, ¿nadie sabe quiénes son?, todos los conocemos.

Sergio M: ¿Tú puedes salir a la calle y decir con nombre y apellido quienes son los que están mandando aquí en la región?

Javier Ávila: Si, sí, sí. Fíjate, a raíz de la muerte de Javier y Joaquín, cuando matan al Chueco (el asesino de los jesuitas) y se los avientan en Sinaloa, yo les había dicho, le dije al general de la zona militar, le dije al fiscal general del estado, agárrenlo, porque se le van a matar y se los van a avenar en los pies y va a ser una vergüenza para la institución del estado, un fracaso para la justicia mexicana. A los ocho días pues eso pasó. Yo lo dije, cuando me entrevistaron, es una vergüenza para la justicia, la vergüenza para el estado, y el presidente de la república se molestó mucho. Dijo que ni es un fracaso ni es una vergüenza. La gobernadora del estado dijo: “esto es resultado, de toda la combinación que se ha dado de los diferentes niveles de gobierno del estado”, y dije: “Ah caray, ¿entonces lo mataron gracias ustedes?, ¿gracias a la organización de ustedes?” Hago dos preguntas, ¿Te acuerdas de aquella famosa Guacamaya Leaks? Ahí en eso se menciona, que el gobierno, dos años antes del homicidio de Javier y Joaquín, tenía perfectamente ubicado al jefe, sabía en donde se movía, se movían, cual eran sus áreas de acción, cuáles eran sus hechos, sus actitudes, todo lo tenían ubicado. Dos preguntas me salen, una, si lo tenían tan ubicado ¿por qué nunca lo detuvieron?; otra, que casualidad que en el momento en que vienen los homicidios, se desaparece de la escena el Chueco, ya no lo tienen localizado en ningún radar, porque nunca lo encontraron, les entregaron el cuerpo. Eso no es una injusticia. La justicia no se hace con armas.

Sergio M: Tengo la impresión Javier que inevitablemente te acercas a un precipicio en el que es el Estado el que está involucrado en todo esto, en todos los niveles, de una manera muy compleja, pero para que no se detenga al Chueco antes de que mate, aunque esté muy bien ubicado, es porque hay un involucramiento.

Javier Ávila: Algo hay. Entonces que no inventen, que no prometan y que no presuman.

 

La alternativa que propone la Iglesia en la Tarahumara

 

Sergio M: ¿Cuál es el papel que está jugando la Iglesia y la Compañía de Jesús en estos momentos?

Javier Ávila: Mira, a partir de estos dos homicidios, por una parte a nosotros nos quedó muy claro, una reconfirmación, de la misión que tenemos nosotros, de estar con el pueblo, caminar con el pueblo hasta dar la vida, y ahí lo demostramos. Estar con ellos, acompañarlos en su dolor, en su esperanza, en su lucha, en su protesta, en su trabajo, en su vida, acompañarlos. Luego de esos homicidios,  y se clarifica todavía mucho más nuestra misión. Entonces decimos, oigan, si las fuerzas públicas no están haciendo nada, si los gobiernos no están haciendo no digo nada, si no lo suficiente para zanjar este conflicto, y encontrar caminos de solución, nosotros vamos a intervenir más. Vamos a seguir señalando en donde están los errores, y donde están, pero no nada más señalando, sino dando opciones. La justicia, la paz, a lo largo del país, ya lo he dicho, no se lo dejemos a los gobiernos porque miren como nos va, necesitamos nosotros como sociedad, cada quien desde nuestra trinchera, yo tengo una trinchera que es mi fe, mi ser sacerdotal, mi ser defensor de derechos humanos, esa es mi trinchera, cada uno desde su trinchera aportemos en un diálogo horizontal, lo que podamos aportar, para reconstruir el tejido social, que tenemos tan destruido. Y  empezamos junto con la CIEN Y Comisión Episcopal Mexicana a construir caminos de paz, organizar conversatorios sobre la paz, a decir al ciudadano habla, habla, ¿qué puedes hacer?, ¿qué debes hacer?, ¿qué quieres hacer? Todos lo estamos organizando por muchos estados de la república para llegar al foro nacional que tenemos en septiembre en Puebla, en la IBERO, y decir: este es el aporte que tenemos de toda la república, estas son las voces, por donde vamos a pensar, gobierno, vamos a pensar todo en horizontal.

Sergio M: ¿Ese foro ya tiene nombre?

Javier Ávila: Es el Foro Nacional por la Paz,  el 21, 22 y 23 de septiembre  en la IBERO Puebla allá en tu patria. Diálogos sobre justicia y paz. Y creo yo que una de las cosas que nosotros podemos, queremos, ofrecemos, es el diálogo, la apertura, vamos a sumar.  Yo les digo aquí mucho a las autoridades, cualquier agente de gobierno, mi opción es de vida, la tuya es de sexenio, déjate ayudar para que las cosas te funcionen bien, déjate ayudar, yo tengo opción de vida.

Sergio M: Esta Maru, ¿cambió en algo su actitud después de los asesinatos?

Javier Ávila: No sé, porque no tengo relación con ella, porque no me puede ver, yo he sido muy exigente.

Sergio M: ¿Cómo reacciona la gente de aquí en la sierra, el mundo mestizo, es indiferente a lo que está pasando?

Javier Ávila: Mira, hay gente que te dice, qué pena, qué sufrimiento, estamos con ustedes, hasta ahí, y sigue con su ritmo de vida ordinaria, empezamos así, seguimos así, y terminamos así. Pero hay gente muy concientizada que se pregunta si podemos seguir así que dice “Nosotros caminábamos muy felices por la sierra, seguros, tranquilos… Ahorita ya no podemos, no es posible que siga habiendo tantos muertos, no es posible que siga habiendo tantos desaparecidos, no es posible que todo mundo conozcamos a los delincuentes, menos el gobierno.  Hay que hacer algo.” Hay gente de esa en la Sierra, mestizos, afortunadamente.

Sergio M: ¿Y los rarámuri?

Javier Ávila: El rarámuri tiene su estilo de reunirse, su estilo de reflexionar, muy rico, muy diferente al nuestro, y lo están haciendo. Y estamos nosotros proclamando, tal vez para agosto, una reunión con ellos, para decir, queremos oír su voz, sobre este momento y qué debemos hacer para llegar a tener un país de paz y una tierra tranquila.

Sergio: Has dicho que la perspectiva de los rarámuris no es por ejemplo la de los campesinos de Cherán, en Michoacán. ¿Ayudaría en algo que lo fuera?

Javier Ávila: No, porque eso se da con el carácter, con la cultura, con la historia. Hace tiempo, vinieron aquí los zapatistas, yo los acompañé, a explicarles cómo les iba, a hablarles del proyecto, del zapatismo. Me acuerdo de que alguno de los comandantes, no sé si era Tacho, se quejó y dijo: es que es otro mundo, es otro mundo, nos gustaría sacudirlos, decirles ¡vámonos, vámonos! Y después de toda su experiencia, dos de los rarámuris me dijeron: “Oye, después de los que vinieron y nos contaron estos, ¿no será que si tomamos las armas que nos hagan más caso? No, les dije, hay que buscar otros caminos, porque no vamos a buscar vida con la muerte, se vale fortaleciendo la vida, hay que buscar otros caminos. 

Sergio M: Te agradezco mucho esta conversación. Me sirve mucho. Estamos todos ante un abismo, pero hay que buscar esos otros caminos.