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15 Julio 2024, Puebla, México.

El Roman de la Rose (El Romance de la Rosa) / Carlos Rodríguez Giacintti

Cultura | Reseña | 5.ABR.2024

El Roman de la Rose (El Romance de la Rosa) / Carlos Rodríguez Giacintti

Reseña gráfica de una maravilla

El Roman de la Rose (El Romance de la Rosa) trae a nosotros la poesía de los orígenes, las canciones de los trovadores. “El Roman de la Rose seduce.” Un canto al amor, un juego literario con empleo de metáforas, espejismos y otros recursos literarios. Una obra muy controvertida que después de tantos siglos sigue sin dejar indiferente a nadie; es un poema medieval francés que toma la forma de un sueño alegórico. El texto es un gran ejemplo de la literatura cortesana de la época.

El Roman de la Rose, se elabora con el propósito de entretener a los lectores y adoctrinarlos en el arte de amar, es un poema narrativo escrito en el siglo XIII por dos autores sucesivos (debido a la muerte prematura del primero): Guillaume de Lorris y Jean de Meun (el segundo). Se inscribe en la tradición de las "artes amatorias" inspiradas en Ovidio, y ha sido considerado uno de los textos fundadores del amor cortés. Bajo la forma de un sueño alegórico, narra la búsqueda de una rosa (una joven) por parte de un joven, desde el amor a primera vista hasta la conquista de la amada. Este largo poema aborda un tema atemporal: el amor, sus alegrías, sus trampas, las cuestiones sociales y espirituales, cuestiones como el arte de la seducción, la crudeza del lenguaje, la misoginia y el lugar del amor en el destino humano, temas que siguen siendo asombrosamente contemporáneos.

 

 

Dos autores, dos visiones del amor

La primera parte, compuesta por Guillaume de Lorris hacia 1237, es un "arte de amar" dentro de la tradición del amor cortés de los trovadores y del romance épico. Este poema se inspira en los romances de caballería en tanto que en su narración hay aventuras, búsqueda de lo inalcanzable y lugares de ensueño y que dejó inconclusa la obra en el verso 4028.

La segunda parte, escrita por Jean de Meun hacia 1270, unos cuarenta años después, se presenta de una manera más cínica y erudita y dio fin al libro en el verso 21750. 

 

Guillaume de Lorris presenta la obra como un sueño que transcurre en una sola noche. Un largo sueño premonitorio, el sueño como visión, sobre lo que había teorizado Macrobio en sus Saturnales, informaba todo un género literario, pródigo en visiones apocalípticas y en viajes al trasmundo. Guillaume de Lorris, como más tarde hará Dante, junta la visión en sueño y la alegoría con una finalidad trascendente, en nuestro caso la intención de desarrollar un arte de amar, fruto de sus lecturas y de su experiencia sentimental.

 

 

Guillaume de Loris.

 

El Poema (sinopsis; primera parte)

En su sueño, el joven poeta llega a un recinto rodeado de altas murallas que encierran un deleitoso jardín. En la parte exterior de los muros, para indicar que están excluidas de su interior, se hallan pintadas las figuras de Odio, Codicia, Avaricia, Envidia, Tristeza, Vejez, Hipocresía y Pobreza. El poeta entra en este jardín, cuyas flores describe, así como el canto de los pájaros, y es recibido por una doncella que le informa de que aquel recinto pertenece a Deleite, cuya enamorada es Alegría. En un lado estaba el Dios de Amor, y en el centro bailaban Hermosura, Liberalidad, Franqueza, Cortesía y Juventud. El Dios de Amor llama a Dulce Mirada y le ordena que tense su arco mientras va siguiendo al joven poeta, que va admirando la belleza del jardín. Llega a una fuente, que mana bajo un pino, y halla una inscripción en mármol que dice que allí murió el hermoso Narciso, el personaje mitológico, tan popular gracias a Ovidio, es presentado como un doncel, del que estaba enamorada «una alta dama» llamada Eco. El poeta se inclina a mirar la fuente, y en el fondo del agua ve reflejada una parte del jardín, en singular belleza de cristales, piedras y vegetación; pero sabido es que a quien contempla este peligroso espejo se enamorará al punto de aquello que mire, pues se trata de la Fuente de los Amores, una trampa del Dios de Amor.

En un rosal que se refleja en el agua el poeta ve una rosa de singular belleza, y alarga la mano para cogerla. Pero el Dios de Amor, que lo espía, al advertir que iba a coger la rosa «inmediatamente tomó una flecha, y cuando la cuerda estuvo bien tensa, acercó hasta la oreja el arco, que era maravillosamente fuerte, y disparó hacia mí, de tal suerte que la saeta, con gran ímpetu, se metió por mi ojo y se hundió en el corazón». Los lectores del Roman de la Rose habían escuchado de los poetas líricos infinidad de veces que el amor entra por los ojos y así se aposenta en el corazón, y ahora veían esta pura especulación metafórica convertida en una acción en movimiento.

Al recibir esta primera flecha, que se llama Belleza, el poeta cae por el suelo, sin poder arrancarla del cuerpo. Luego intenta de nuevo acercarse a la fuente, pero el Dios de Amor le dispara una segunda flecha, que se llama Cortesía; y en una tercera tentativa es herido en el corazón por la flecha Compañía. «Inmediatamente caí desmayado… Amor hará de mí un mártir…»

En efecto, el Dios de Amor lo hace su prisionero, lo convierte en su vasallo y le explica sus diez mandamientos, larga enseñanza que hace al poeta apto para emprender la difícil conquista de la rosa. El poeta se acerca a ella, y es bien recibido por Buen Acogimiento, que es hijo de Cortesía; pero tiene que contender en seres enemigos situados cerca de la rosa: Peligro, Mala Boca (la maledicencia), Miedo y Vergüenza, esta última es muy difícil de vencer, porque es hija de Razón, la sensata, la cual intenta desviar al poeta de sus intenciones.

Cuando parece que va a lograr su propósito, Celos previene a Mala Boca y envía a Vergüenza y a Miedo para que, con ayuda de Peligro (que se había dormido) expulsen al poeta de la proximidad de la rosa. Celos hace construir una torre para tener prisionero a Buen Acogimiento, y sus cuatro puertas son guardadas por Peligro, Vergüenza, Miedo y Mala Boca. Con el lamento del poeta, que ha perdido a su mejor valedor (Buen Acogimiento), se interrumpe el texto escrito por Guillaume de Lorris, en el que abundan los aciertos de expresión y que siempre mantiene un tono altamente poético.

Esta primera parte describe un proceso amoroso desde sus primeros síntomas, que entran por los sentidos y se aposentan en el corazón, hasta el conflicto pasional, fruto de estados de conciencia y de consideraciones sociales, y la lucha por la victoria final, o sea la posesión de la rosa, posesión amorosa. El ardor juvenil del poeta queda temperado por esta sabia y cortés máquina simbólica, que declaradamente quiere ser la norma moral y vital del hombre culto y aristocrático.

Especial interés tienen las enseñanzas que el Dios del Amor (sus diez mandamientos) inculca al protagonista del Roman de la Rose, en las que Guillaume de Lorris cifra las doctrinas cortesanas y sentimentales a que debe someterse todo enamorado:

  1. Huir de la villanía.
  2. Evitar la maledicencia.
  3. Ser amable y cortés con todo el mundo, y evitar cuidadosamente toda palabra grosera en el lenguaje.
  4. Respetar a las damas y defenderlas contra quien las ataque.
  5. No ser orgulloso.
  6. Cuidar de la elegancia en el vestir, con trajes bien cortados, calzado estrecho y sombrero de rosas.
  7. Llevar limpios uñas y dientes.
  8. Estar siempre alegre y contento.
  9. Saber montar a caballo e intervenir en justas caballerescas. Cantar, tañer instrumentos y bailar con gracia.
  10. No ser avaro.

 

Es uno de los manuscritos de mayor difusión en la Edad Media, por muchos considerado el mayor “Best Seller” de la Edad Media. El Roman de la Rose fue la obra profana más copiada de la Edad Media después de la Divina Comedia de Dante, y tuvo un enorme éxito, con unos 250 manuscritos conocidos. Leído, citado y admirado, sedujo a generaciones de lectores entre finales del siglo XIII y principios del XVI. La obra se imprimió a partir de 1480 y se convirtió en un libro de referencia hasta el Renacimiento, cuando cobró nueva vida y suscitó acalorados debates y controversias.

Un “bestseller” internacional y superventas medieval por excelencia: La fama del Roman de la Rose se extendió más allá de las fronteras del reino de Francia y llegó hasta los grandes poetas europeos. Geoffrey Chaucer, autor de los famosos Cuentos de Canterbury, tradujo el Roman de la Rose al inglés. Una de las alegorías del Roman, "la Vieja", inspiró al personaje de los Cuentos de Canterbury, la comadre de Bath, conocida por sus ganas de disfrutar de la vida; inclusive, dentro del contexto hispánico, al Arbre de filosofia d’amor de Ramon Llull por distintos motivos

El Roman de la Rose fue también muy famoso en Italia, sobre todo gracias a Dante, que pudo ser el autor de una de las primeras traducciones al italiano.

Las miniaturas del códice, la mayoría resaltadas en marcos arquitectónicos de un claro estilo renacentista, son un fiel reflejo de la narración en imágenes. Los personajes se caracterizan por tener unos cuerpos estilizados y a menudo en movimiento lo que, junto al moldeado de los vestidos, confiere a las escenas un gran dinamismo.

La amplia difusión del Roman de la Rose por toda la Europa medieval, su gran popularidad y su influencia en la literatura posterior desencadenó tal furor, que provocó intentos serios por continuar la obra inacabada del poeta francés Guillaume de Lorris, a quien se atribuyen fundamentalmente los primeros cuatro mil 58 versos octosílabos.

Una maravilla tanto por su poesía como por sus ilustraciones, muy poco conocida en la actualidad.

 

Roman de la Rose.

 

Roman de la Rose.

 

Roman de la Rose (ed. 1914)

 

El Jardín del Amor

 

La Dama Razón y el Amante. Le Roman de la Rose, París (Francia), siglo XV. París, Bibliothèque Nationale de France, Ms. Français 12595, fol. 33v.