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15 Julio 2024, Puebla, México.

IEM. Historias verdaderas 4 (Günter Petrak)

Cultura | Ficción | 3.JUN.2024

IEM. Historias verdaderas 4 (Günter Petrak)

Industria Eléctrica de México, mejor conocida como IEM, fue una compañía fundada en 1948, subsidiaria de la norteamericana Westinghouse… pero, no se preocupen, no hablaré de esa compañía, sino de IEM, mi mejor amiga de la adolescencia, la que me enseñó a tomar alcohol y con la que compartí inolvidables charlas en su Dodge Charger modelo 70. IEM eran sus iniciales, nunca le dije así, pero hoy veo la necesidad de mantener su identidad en secreto, aunque murió hace varios años. Le decíamos “la gorda”, de cariño, nunca se ofendió, era varios años mayor que yo y era lesbiana. Teníamos un ritual sencillo, una llamada telefónica, “te espero en la entrada a las 7” y cuando veía su coche, me subía en el asiento del copiloto. Ella tomaba Viejo Vergel con cocacola y a mí me tenía el six de tecates en el asiento de atrás, le encantaba escuchar las canciones de Mari Trini en la casetera de su auto (Yo no soy esa: Mari Trini - https://www.youtube.com/watch?v=4hWHZ2Zx-9E ) y contarme sus cuitas; pero también sabía escuchar y hacer bromas. Casi siempre nos estacionábamos en una privada poco transitada; a veces salíamos a dar la vuelta al centro de la ciudad o pasábamos por alguna de sus amigas. Durante los años que duró nuestra amistad me presentó a varias, todas heterosexuales. E era hermosa y muy divertida. Cuando IEM nos presentó le dijo mi nombre y ella preguntó enseguida “¿y cómo se llama mi suegra?”. Intuí lo que tal vez ustedes están pensando, ¿se me había “aventado”? Tardé varias semanas en saberlo. La personalidad se cocina con una diversidad de ingredientes, la educación en casa, las enseñanzas de la escuela y las experiencias de vida, el temperamento heredado y la influencia de las personas queridas u odiadas. Mi madre me educó con el chicote de las consignas” eso no se hace”, “a ver si aprendes”, “ya párale o te va a pesar”, “donde la pases y no donde naces”; pero también con el “a una mujer no se le daña ni con el pétalo de una rosa”, “no es no”, “compórtate como caballero” … (¿Qué pongo aquí? ¿Un “uff”, un “ay”, un “¡cielos!” o un “diablos”?). Eso me volvió tímido e inseguro, de modo que me llevó tiempo animarme a besar a E… mejor dicho, en intentar besarla. Y la respuesta fue un “no” que resonó en mi inconsciente con la voz de mi madre: “no es no”. Obedecí.
Mis citas con IEM y E se volvieron frecuentes. Nunca faltó el Viejo Vergel de IEM, mis tecates y el cuartito de tequila que E se empinaba de la botella, a traguitos largos. Oíamos música, contábamos chistes y anécdotas, hablábamos en presente, en pasado y en futuro, soñábamos. Y un día, en la radio de nuestro cómplice, el viejo Dodge de IEM, escuchamos a José Domingo entonando la canción de moda: “Motivos” y ambas se rieron al unísono. ¿De qué se ríen?, pregunté. Y me contaron que desde tiempo atrás ese era mi apodo “el Motivos”. No entendí. E fue directa: Pues mira, te la pasaste motivándome toda, siempre, como dice la canción y nada de nada… “No entiendo”, balbuceé, “me dijiste que no”.
── Ay, G, cómo te explico. Para nosotras, un “no” es un “tal vez” …
A la fecha, sigo sin entender. 
Y aquí la canción referida: https://www.youtube.com/watch?v=L1uMQTqgyUM
Dilema in-moral, ¿culpa?
Decidido a dejar de ser “el Motivos” me animé a intentarlo nuevamente con E. Ella tenía un pequeño lunar en la mejilla, muy cerca de sus labios y esa noche marte estaba muy cerca de la luna en cuarto creciente. Hacía un fresco agradable para estar afuera del coche. “Mira”, le dije señalando el cielo, “ahí están tus labios y tu lunar”. Fue ella la que me besó… y yo no opuse resistencia… Se volvieron habituales los besos y las caricias, durante unas semanas, pero no hubo más.
¿Qué es mejor, la mentira piadosa, el silencio, el abrazo que no compromete? E tenía novio y una segunda vida, oculta en parte para él, en parte para nosotros. IEM y yo fuimos sus cómplices involuntarios, como lo fueron durante años, el Dodge Charger, el Viejo Vergel, las tecates y el tequila. El asiento del copiloto siempre estuvo reservado para mí. Atrás nos acompañaban E, o L, a veces M, todas mujeres, hasta que apareció J, un médico veterinario que, como yo, quedó prendado de E tan pronto la vio. Sólo que él sí sabía que un “no” es un tal vez y su conocimiento fue bien compensado muy pronto. No sentí envidia ni celos cuando los vi besarse en el asiento trasero. Cierto día la rutina cambió. IEM dejó de pasar por J y este nos alcanzaba a nuestra calle habitual en su camioneta de trabajo. Se tomaba un trago con nosotros y se llevaba a E. Ocasionalmente nos reuníamos IEM, J y yo cuando E tenía algún “compromiso” … y J nos contaba intimidades de su relación con E. ¿Por qué no le dijimos que E tenía novio? No tengo en el alma recuerdos, ni culpas, ni dilemas sin resolver. Sólo un vacío sin dueño, una confusión de sombras injustificadas. Tal vez pensamos que le correspondía a E decirlo.
Un sábado por la tarde, IEM me llamó por teléfono: “J nos necesita”. Cuando me subí al auto, mi amiga me dijo: “hoy se casa E”. (¿Qué pongo aquí? ¿Un “ups”, un “ay”, un “qué”?). Pasamos por J y nos fuimos a la iglesia. Encontramos dónde estacionarnos casi enfrente. Permanecimos en el coche, en silencio. Vimos llegar el auto de la novia y a ella, con su vestido blanco, descender. No fuimos invitados. J comenzó a llorar. “Tranquilo”, le dije y le di una leve palmada en el hombro.
── No sabía que tenía novio ── (aquí sí cabe el “ups”).
── ¿No te lo dijo?──pregunté. IEM sólo nos miraba ──Yo sí lo sabía ── continué── pero también me duele… extrañaré sus besos.
J me miró confundido ¬── ¿la besaste?
── Sí… Antes de conocerte… y… mientras andaba contigo… al principio.
── ¡Cabrón!
¿Lo era? ¿Lo fui? Gilles Deleuze dice que la literatura es salud. Tal vez hoy estoy expiando una culpa, y tal vez esa culpa no tiene que ver con la historia referida, al fin y al cabo, la memoria inventa. Le di un abrazo fuerte a J con el que nos reconocimos como hermanos…