Toda elección es un reto para los aspirantes a un puesto de elección popular, pero hoy más que nunca. Los mecanismos tradicionales han cambiado; la televisión y la radio tienen menos penetración e influencia. Las redes están en todas partes, pero más del 70 por ciento de lo que ahí se publica no tiene credibilidad para los jóvenes.
Además, cerca del 50 por ciento de los contenidos no es verdad o es basura y un alto porcentaje es de tipo sexual.
Por este conducto los aspirantes son vistos, pero eso no se traduce automáticamente en confianza y mucho menos en un voto seguro.
El caso del gobernador Armenta muestra que utilizó todos estos medios pero aparte hizo campaña prácticamente seis años antes por lo menos, a flor de piso. Recorrió durante semanas, meses y años todos los municipios y juntas del Estado y con esto amarró un vínculo múltiple insuperable. Ninguno de sus competidores se le acercó siquiera.
Este precedente pone la vara muy alta para los futuros aspirantes a diputados federales y locales y presidentes municipales.
Sencillamente seis años de peinar el territorio con propaganda, pero sobre todo con lo que resulta insustituible, el contacto personal, es francamente muy difícil de igualar.
Llegó a mis manos una encuesta que resume qué es lo que el ciudadano votante buscó en los candidatos para decidir su elección, en una veintena de municipios del Estado de Puebla, incluida la capital por supuesto.
Estas son algunas de las constantes reiteradas en las consultas de opinión que se realizaron en el año 2024:
Experiencia, conocido, mejor opción-menos malo, edad, preparación y que signifique un cambio. Esto fue en el caso del municipio de Puebla.
En el caso de Tehuacán: buenas propuestas, que inspire confianza, no maleado, que sea una mejor opción, honestidad, agradable y que aporte resultados.
Para el municipio de Texmelucan: buena persona, solidario, cercano a la gente, trabajador, con buenas propuestas, popular y honesto.
En los demás municipios se reiteran en las respuestas mayoritarias: buenas propuestas, solidario, no maleado en política, que sea algo nuevo respecto de la clase política, que signifique un cambio, cumplido y responsable.
Si hemos de ser honestos, hoy en día los liderazgos naturales prácticamente han desaparecido. La crisis de los partidos eliminó a quienes tradicionalmente cultivaban una clientela ofreciendo a la gente satisfactores de diversa índole, o gestoría en sus aspiraciones de obras, servicios e incluso oportunidades de trabajo.
Otra característica es que en los últimos siete años, las banderas que de un modo u otro levantaban antes gobiernos de los tres niveles o representantes políticos (sindicatos, grupos de presión, organizaciones urbanas y rurales) y que se traducían en apoyos sociales, hoy tienen como único conducto a la federación.
Los apoyos económicos, becas, alimentos, uniformes y otros similares, ya no pasan por las manos de los “líderes”, la discrecionalidad personal que engordaba famas, multiplicaba grupos de poder y cacicazgos en las ciudades y en el campo, quedó atrás.
Consecuencia: ya no es ese el camino para construir candidaturas como antaño.
A todo esto habrá que agregar lo que viene: una reducción considerable de los presupuestos (prerrogativas) de los partidos políticos, y la disminución de cargos de elección popular tanto en las cámaras cuanto en los ayuntamientos. Y una mayor vigilancia en el origen y destino de los recursos para campañas políticas.
Total, el camino se estrecha para los aspirantes. Agréguese a lo anterior una ciudadanía con un sentido de participación menos pasivo, más crítico. Y el recurso del celular para testimoniar, documentar y difundir, con nombre y apellido o por la vía del anonimato, gran parte de lo que tiene que ver con la vida pública.
En suma, un conjunto de cambios en las circunstancias de eso que se llama hacer política.
Imagen de portadilla tomada de la revista Nexos