Hasta hace unos cuantos años, la IA era incapaz de crear imágenes anatómicamente correctas de seres humanos. Hoy, con sólo ingresar una fotografía y algunas instrucciones, se puede replicar la imagen y semejanza de cualquier persona. Esto no tardó en convertirse en una herramienta para el abuso sexual. En este texto, Karla Iñiguez habla de las implicaciones éticas de la IA. Revista Nexos
Karla Iñiguez
Gestora y promotora cultural especialista en perspectiva de género.
Hace apenas pocos años la incapacidad de la IA para crear representaciones anatómicamente correctas de los cuerpos humanos era motivo de escarnio en internet. Sin embargo, en el contexto actual, las aberraciones humanoides con decenas de dientes extra y falanges inconexas quedaron muy atrás. Ahora, con sólo ingresar una fotografía y algunas instrucciones, diversas aplicaciones de inteligencia artificial generativa tienen la capacidad de replicar la imagen y semejanza de cualquier persona.
En los primeros días del 2026, el debate en torno a las posibles implicaciones éticas de esta tecnología adquirió un sentido de urgencia para muchas personas, a raíz de la detección de una tendencia en X. Muchos usuarios utilizaron al chatbot de inteligencia artificial, Grok, para crear miles de imágenes hipersexualizadas de mujeres por hora.