El gobernador de Puebla esta decidido a implantar un proyecto que no va a resolver la realidad cotidiana que enfrentan millones de ciudadanos con el caótico sistema de transporte que existe en la ciudad. Esa perspectiva es la que tendría que prevalecer ahora en la toma de decisión sobre el desarrollo urbano y la inversión pública en movilidad
Domingo de sol y viento frío. Día de bicicletas en la avenida Juárez hacia el zócalo. Pero también es una jornada de movilización popular contra el Cablebús de Armenta. Para un necio la masa que grita y se resiste a un proyecto aberrante. Una vez más salimos a denunciar su sinsentido.
Yo espero a los marchistas al pie de la fuente a Motolinía en el Paseo Bravo.

Las consignas contra la imposición del Cablebús y el autoritarismo de Armenta resuenen contra la fronda del parque recientemente remodelado por enésima vez por las autoridades. Ecocida y fascista retumban en el vocerío. Pero también se expresan en las mantas con las que los marchistas expresan su repudio. Retrato algunas:






Confronto las consignas contra la postura gubernamental que, por cierto, arrecia en una campaña en redes fundada en un supuesto respaldo masivo de la ciudadanía, con todo y una encuesta de la BUAP que lo favorece en un 64 por ciento. Sigo a los marchistas a todo lo largo de la inefable avenida Reforma y pienso en el hecho concreto que arrastra la decisión del gobernador de meter en su cablebús 7,600 millones de pesos que no mivilizará más del 2 por ciento peersona/viaje por día y lo que ese dinero significaría para el soporte de un veredadero transporte masivo como el metrobus, ampliado y renovado en avenidas como la 31 Oriente-Poniente, las Torres, la Recta a Cholula, el boulevard Hermanos Serdán y arterias como la federal a Hujotzingo, la federal a Tlaxcala y la federal a Tepeaca y las fugas hacia Canoa en el norte y San Andrés Azumiatla en el sur. Pero ante la necedad del poder de nada sirven los expertos en urbanismo y movilidad. Y lo que supondría si ese análisis lograra impactar al conjunto de la sociedad poblana. Pienso en el gasto que ahora mismo hace la oficina de comunicación del gobernador para imponer su narrativa. Y el regocijo que ese dinero provoca en medios y comunicadores a su servicio. El gobernador de Puebla esta decidido a implantar un proyecto que no va a resolver la realidad cotidiana que enfrentan millones de ciudadanos con el caótico sistema de transporte que existe en la ciudad. Esa perspectiva es la que tendría que prevalecer ahora en la toma de decisión sobre el desarrollo urbano y la inversión pública en movilidad.
Finalmente pasó la marcha por un mediodía de sol pleno. Resalta la acusación de ecocida contra Alejandro Armenta. Pero también la idea cada vez más sentida entro los opositores al cablebús de su sinsentido para enfrentar los graves problemas de movilidad en la ciudad de Puebla: la denuncia contra una aberrante propuesta.
Gravé en el mitin a uno de los impulsores del amparo que en la semana logró la suspensión provisional de toda acción de obra del cablebús. Sus palabras subrayan la importancia de la movilización civil para respaldar el proceso legal. Mañana en un juzgado federal se decidirá si se resuelve definitiva. Probablemente no, si vemos el sometimiento del poder judicial al ejecutivo que predomina en Puebla.
Una marcha más, entonces. El gobierno apuesta al cansancio de los opositores y confía en el sistema judicial a su servicio. La marca de su autoritarismo quedará para la historia.