Apenas regresé de la reunión en el parque de beis en Mayorazgo. Ya expresé desde ahí que esto que llaman asamblea informativa es una falta de respecto a la ciudadanía. Diré más: una tomadura de pelo.
Asisten unos cincuenta vecinos. Encabeza la reunión un hombre que supongo representa al vecindario y es quien ha acordado con los funcionarios de gobernación llevarla a cabo en ese lugar, a todas luces inadecuado para un acto en el que se tiene que escuchar lo que los demás dicen. Imposible, la 11 Sur al otro lado de la pared que nos salva de ella lanza las ráfagas de tráfico que impiden que escuchemos lo que se dice. Él se disculpa con la gente al decir que Gobernación prometió traer equipo de audio y pantalla de presentación visual.
A mi lado, una mujer cumple con su función de provocadora y a gritos interrumpe a quienes haacen preguntas críticas. No pasa a mayores, la gente la calla.
El tipo de la empresa en su exposición resalta el hecho de la seguridad: cero eventos en cinco años que tiene de operar en la ciudad de México, dice. Pero no mucho más. Alguien le pregunta si desde las cabinas se podrá ver hacia las casas. Y ahi sí que su respuesta es muy concreta: cristales transparentes para admirar la vista a 6 kilómetros por hora.


Muy al final apareció un microfono con un audio que mal cumple con su propósito. La muchacha en la fotografía que acompaña este relato hace una pregunta simple: ¿dónde está la información escrita en la que se pueda entender lo que el gobierno pretende? A la pregunta por información precisa del proyecto que el gobierno ha resguardado por cinco años en la opacidad, por respuesta el tipo pide el auxilio del delegado de Gobernación, quien de inmediato saca para repartir los folletos como el de la fotografía. La preocupación principal que se expresa es por las consecuencias del paso del teleférico encima de sus casas.
En resumen, una hora de discusión entre un representante de la empresa austriaca acompañado por quienes supongo son de Gobernación, entre ellos el delegado del Sector 19 en la ciudad, un tipo que al final increpa al reportero Jaime López de Contramáscaras –lo acusa de generar odio en su contra en las redes sociales– y que señala al que se le pone enfrente –yo, por ejemplo, o un joven que ha grabado con mucho más sapiencia que yo el evento y ha cuestionado al representante de la empresa por la falta de información– de manipular la sesión de preguntas para que no se lograra el diálogo al que ellos venían. Le respondo: estuve presente, no ocurrió esa manipulación que dices. No hace caso y de salida estalla su furia contra Jaime López. Le pregunto algo simple: qué ocurrirá –como ha sido el caso esta tarde– si la gente en estas reuniones “informativas” rechaza el cablebús. “Estas reuniones son informativas –me dice–, para que la gente esté enterada y no se deje manipular, pero para nada más”.


El delegado de gobernación se gana el abucheo cuando afirma que la información del #Cablebús se subirá o hará pública hasta que empiece la construcción de la obra. Fue sincero. El reclamo también.
Es difícil comprender que el gobierno de Armenta sustente su proyecto con este tipo de funcionarios.
La sesión termina con el único resultado de la propuesta para una nueva reunión el viernes 25 en la explanada enfrente del mercado de Mayorazgo, por cierto, pegadita a la 11 Sur y su tráfico.
Contemplo la incertidumbre de los vecinos. No han gritado, no han faltado al respeto a los funcionarios, pero la mayoría de quienes han participado con preguntas ha expresado su rechazo al proyecto. No han recibido más que el folleto que el gobierno ha repartido en las esquinas.
Contemplo mi propia desazón: la estación que quieren poner en la zona de Mayorazgo queda a cincuenta metros del fraccionamiento donde vivo.
Y del otro lado un tipo, Armenta, que sin contemplaciones afirma, el cablebús va. Y háganle como quiera, pensará para sí.













