septiembre 29, 2026, Puebla, México

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Elogio de una institución / Víctor Reynoso

“El problema no está en la naturaleza humana, está en la información”, ha planteado Noah Harari. Algo cierto en más de un sentido, por lo que hay que celebrar que en México haya una institución autónoma del poder político que genera información relevante sobre temas relevantes: el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI).

Los datos hechos públicos por el INEGI no son verdades reveladas. Es información generada de manera razonablemente rigurosa, pero puede haber errores en la misma. Es sensato pedir que se aclaren o se revisen las metodologías utilizadas, como lo solicitó la presidenta Sheinbaum la semana pasada.

La presidenta se refirió específicamente al dato de mexicanos víctimas del desplazamiento forzado: 1.6 millones de mexicanos. Un dato fuerte, que sería producto de la soberanía de los criminales sobre partes del territorio nacional. La brutalidad de estos grupos no han dejado opción a muchos mexicanos más que huir de los lugares que habitan, abandonando sus casas, su forma de vida y buena parte de sus pertenencias.

Hay otros datos que no dejan bien a los gobiernos mexicanos. Destaca la percepción de corrupción. Un tema relevante, pues fue una de las principales banderas con las que Morena llegó al poder en 2018. El INEGI muestra que las entidades con mayor percepción de corrupción son dos icónicas para este partido: la Ciudad de México y Tabasco.

En seguridad pública tampoco hay buenos datos. Tanto en la percepción de la inseguridad como en datos duros como las tasas de delitos. Otro tema central en la crítica de Morena a los gobiernos anteriores.

Más en general, la encuesta muestra un deterioro en la confianza ciudadana hacia los servicios públicos: salud, educación, autopistas, policía, alumbrado público.

Y desde luego, el débil crecimiento de la economía formal. Sin un crecimiento sustantivo en este ámbito, el país no es viable. Y se pone en duda la sustentabilidad de los logros incuestionables de este gobierno, como el combate a la pobreza.

El problema no está en la naturaleza humana, sino en el tipo de información que recibimos. Aplica a prácticamente todos los ámbitos de la vida humana: cónyuges, padres, amistades, directivos de instituciones… Aplica a los gobiernos.

Esperemos que los nuestros (en los tres niveles) tomen en serio esta información generada por el Estado mexicano, a través de una de sus instituciones todavía rescatables: el INEGI.

Ya lo dijo Luis Donaldo Colosio: a los morenistas no les queda bien seguir criticando al pasado; ellos ya son parte del pasado.

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