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17 Enero 2022, Puebla, México.

San Juan Calmeca 1989: una historia de pobreza y muerte en el campo poblano

Del Archivo de Mundo Nuestro /Sociedad | Crónica | 22.MAY.2021

San Juan Calmeca 1989: una historia de pobreza y muerte en el campo poblano

Sergio Mastretta

La violencia como salida a la injusticia y el abandono de la sociedad rural de Puebla

 

Esta crónica fue escrita y publicada originalmente en el diario Cambio de la ciudad de Puebla el 15 de febrero de 1989. La foto de portadilla fue tomada de youtube, un fotorreportaje de  Wilhelm Karl Schepers Schaefer, y corresponde al lienzo monumental que existe en el templo de San Juan Calmeca y que reseña una peregrinación del año 1885.

 

Calmeca, el deslinde de la violencia en el sur

 

 

 Templo de San Juan Calmeca. Fotografía de Wilhelm Karl Schepers Schaefer tomada de Google Eatrth.

 

 

 

Dos caminos

 

Febrero de 1989. Dos caminos nacen al cruzar el arroyo de Calmaría, al fondo de la barranca que quiebra el pueblo y lo oculta de la mirada temerosa e inquisidora de la carretera. Uno lleva a la casa del cacique Genovevo Benítez, ejecutado por sus enemigos en noviembre de 1988 en las cercanías de Matamoros; empedrado, curvea para perderse en la parte baja del pueblo. El otro se empina y toma rumbo del oriente, hacia la casa de Antelmo Linares, el jefe de la policía de la presidencia auxiliar en manos del Partido Mexicano Socialista, asesinado en el asalto al pueblo por los policías estatales a mediados de febrero de 1988. En medio, en la punta de la loma, la iglesia de San Juan Calmeca, con su pintura inmensa sobre la aparición del santo en 1885 y su panteón sin capillas que lo adornen, con algunos de los cincuenta muertos por la violencia que impera desde 1979.

 Hay otros caminos para llegar a Calmeca. El policiaco y el social. Los dos llevan a una comunidad que sufre en el terror lo que en la ciudad leemos en la nota roja. Los dos pasan por oficios y trámites de sangre y carencias, y llevan, si las autoridades políticas y judiciales no proponen otra cosa, a la loma de las lápidas y la iglesia.

El lunes 15 de febrero de 1989, las viudas de Calmeca encabezan una marcha en el pueblo, con la presencia de pobladores de más de treinta comunidades de la Mixteca poblana, para demandar el fin de la violencia en Calmeca con la detención de los integrantes de la banda “Los Platones”, como conocen en el pueblo a los pistoleros que se hicieron a la sombra de Genovevo Benítez y a quienes acusan como responsables de los asaltos a los automovilistas en la carretera que lleva a Cuautla. Ellas cuentan esta historia de pobres, como dicen. Y para eso han invitado al líder campesino Alberto Azcona María –que encabezara en los setentas la lucha por la posesión de la tierra en Tecamachalco--, al maestro Práxedes Ramírez –dirigente de la izquierda mixteca, que morirá asesinado años después en Tehuitzingo--, al viejo Doroteo Fernández de Lara, con su memoria de rebelión campesina de los sesenta, y al diputado local Gaudencio Ruiz García, nativo de Tehuitzingo, un abogado defensor de los derechos humanos de los pobres de esta tierra. La marcha recorre Calmeca, con sus calles de polvo y su caserío de adobe, para comprobar que las estadísticas algo saben y que no reconocen el drenaje ni el agua potable, y que en la escuela se hacinan 600 niños y que son 600 ejidatarios para un cachito de tierra de monte que el sol calcina y la sed reseca.

Dos caminos a Calmeca. Pero el que se tuerce en todas las bocacalles y te arrebata es el policiaco, el de las cien órdenes de aprehensión contra los campesinos; el de turistas asaltados en la carretera apenas el viernes 11 y que ignora el comandante de la judicial de Matamoros; el de la madrugada del lunes 13, con la banda de los Platones asaltando a una comitiva de peregrinos provenientes de Chalmita, con el enfrentamiento a puñaladas y con Pedro Santos Arena, denunciado por los campesinos como integrante de la banda, acuchillado por los peregrinos; el del 14 de febrero de hace un año, con el dispositivo de madrugada por más de cien elementos de las policías de Puebla y Morelos contra la colonia Benito Juárez de Calmeca, en el que muere Antelmo Linares Cazares, enemigo de Genovevo Benítez; el del ajusticiamiento de los hermanos Michaca el 6 de enero de este año, baleados por los judiciales de Morelos a plena luz del día en Oaxtepec. Es el camino más corto en el pueblo, el policiaco. Y por su deslinde penal hay que transitar si se quiere llegar al barranco del abandono y la marginación en el sur campesino de Puebla.

No hay otro camino, dice Gaudencio Ruiz García, diputado de izquierda nacido en Tehuitzingo: “Aquí en Calmeca el problema es social, de pobreza, de abandono. Pero para atorarle hay que empezar por deslindar. Yo he propuesto en el Congreso y en Gobernación que se forme una Comisión especial para investigar los crímenes, con la participación del Gobierno Federal, Estatal y los diputados locales. Que se deslinde, pero que se acabe la matanza”.

 Y hay una pregunta simple que le hago al Comandante de la policía judicial de Matamoros: ¿Por qué no se detiene a Los Platones y se investiga?

“No están en el pueblo –me dice el policía  Marco Sánchez Campos, recién traído de Tecamachalco, en un enroque con el comandante Adolfo Merchant--, tenemos entendido que están en el norte, en el otro lado”.

Y si las viudas dicen que están en el pueblo, los judiciales afirman que eran los hermanos Michaca los responsables de los crímenes carreteros y que no hay más asunto que perseguir.

 Pero todo eso –afirma Gaudencio, abogado que reclama la defensa legal de las viudas-, mejor que se investigue. “Preferible que estén en la cárcel a que los maten”.

 Si, esa es la propuesta: que se deslinde a partir de averiguaciones, procesos y órdenes de aprensión, todo en manos de una comisión especial. Y todavía en la ruta policiaca.

 

Las viudas

 

Nunca han contado a sus huérfanos. Ni siquiera saben ellas cuántas son. Pero ahora reclaman la indemnización de las últimas, Elodia Vidal y Victoria Arenas, viudas de Prospero y Onésimo Michaca Arenas, victimados por la policía judicial de Morelos el 6 de enero de 1989, a plena luz día, en Oaxtepec. Por ello están en Puebla las autoridades de la presidencia auxiliar para hablar con el procurador Humberto Fernández de Lara, acompañados de Gaudencio Ruíz García. A él le presentan la cuenta de seis millones de pesos por concepto de trámites, traslados y entierros de sus muertos. (Nota del editor: la cifra refiere todavía a los llamados “viejos pesos”; sería hasta el 1 de enero de 1993 cuando se le quitaran tres ceros a la desvalijada moneda mexicana)  Y con esa denuncia indican el camino policiaco que conduce a Calmeca, la comunidad que hoy reclama de las autoridades justicia para terminar con el terror en el pueblo y los asaltos en las carreteras.

 El 6 de enero de1989, próspero y Onésimo mueren ametrallados en la plaza pública de Oaxtepec. Del hecho hay dos versiones: una, la de la judicial de Morelos, por la vía de la nota roja y de su jefe Antonio Nogueda, refiere que los dos muertos pertenecían a una banda de secuestradores y extorsionadores encabezada por Jacinto Baranda, acribillado también en el balneario; se encaminaban así a recoger seis millones de pesos de una señora de apellido Estudillo, a quién habían amenazado de muerte; esta narración habla de una balacera en la que muren los criminales. Nogueda afirma a la prensa que han actuado a petición de las autoridades judiciales poblanas. El comandante de Izúcar de Matamoros, Marcos Sánchez Campos, lo corrobora, pero no es capaz presentar la orden de aprensión.

La segunda versión es la de los campesinos de Calmeca, que aseguran que el hecho forma parte de la guerra declarada por los judiciales de los dos estados en colusión con la banda de asaltantes conocida como Los Platones, que asola el pueblo y la carretera Matamoros-Cuautla. Y así lo sostienen ante el procurador Fernández de Lara: “Hay una contradicción en lo que afirma Nogueda. Él dice que Próspero y Onésimo eran criminales y que debían varias muertes, pero ellos fueron detenidos en el operativo del 14 de febrero del año pasado, cuando además de que los policías mataron a Antelmo Linares en el asalto de la Colonia aquí en Calmeca, se llevaron a 62 detenidos, a los muchachos entre ellos. Entonces, Arnulfo Saldaña Ramos, que era el agente del Ministerio Público en Puebla en la mesa central, los dejó libres por falta de elementos. Sí la debían, ¿Por qué no los detuvieron entonces?”.

 Y narran lo que según ellos sucedió en Morelos: “Fue todo un operativo para matarlos, ya los iban siguiendo desde afuera de Oaxtepec. Iban en una camioneta pick-up. Dos en la caja, y Jacinto, Próspero y Onésimo en la cabina. Atrás iba el comisario ejidal de Huazulco, que ahí quedó muerto.  Iba otro muchacho, ese logro escapar. Los balean por atrás, luego los alcanzan, se apean del carro y los ametrallan. Dicen que hubo balacera, ahí están las fotos de la prensa, ¿por qué no se ve ninguna arma?”.

¿Pero entonces qué fueron a hacer Onésimo y Próspero a Oaxtepec? No hay una respuesta clara. Los campesinos dicen que iban a México, que Jacinto Baranda es de Huazulco, municipio de Zacoalpan, Morelos, y que la mujer de Onésimo es de ese lugar, que ahí se conocieron. Dicen también que esa mujer Alicia Estudillo, la que los acusó de extorsión, también es de Huazulco, pero que tiene cola que le pisen, pues es fayuquera en Cuernavaca. Todo esto está en el aire, esperando una verdadera investigación.

A Próspero y Onésimo Michaca Arenas les pidieron sus amigos que no fueran a Morelos, que no le dieran pretexto a la policía, que les querían cargar la muerte de Genovevo Benítez. A Próspero dicen que lo remataron, que le dieron el tiro de gracia. Los campesinos se preguntan por qué no le detuvieron, por qué no lo dejaron vivo. La mujer de Onésimo recuerda ese 6 de enero, un viernes soleado en el balneario de Oaxtepec: “Se fueron a comprar fantasías para vender, porque aquí el campo no da de comer. Ellos no tenían tierra, su padre, Bricio, al que también mataron hace unos años, era el ejidatario, pero mi esposo ya no le tocó sucesión, Así que rentaban tierra, y pa que vea, esta cosecha sacamos nomás dos cargas en dos hectáreas y media, pa marzo ya no hay maíz, y la renta fue de 150 mil pesos y en Calmeca se paga primero, si no, no hay renta Los dos agarraron pa México, a Tepito, a comprar fantasía, nos íbamos a ir a Veracruz a venderla, pero sucedió que lo mataron. Los denunció esa mujer, Alicia Estudillo, que es de ái de Huazulco. Yo no sé por qué se encontró a Jacinto Baranda, él iba a comprar fantasía. Ahora ya no sé qué voy a hacer, a lo mejor me voy pa México, en Tulyehualco dicen que está bien.”

Son las dos versiones, la de los judiciales de Morelos y la de los campesinos de Calmeca. Lo que sigue es una averiguación como lo demanda al Congreso estatal Jesús Cázares, presidente auxiliar del pueblo, por el Partido Mexicano Socialista, desde el día 3 de febrero al presentar el hecho como un caso de “venganza política” en contra de los ciudadanos de Calmeca: “Es parte de una política criminal que vienen llevando a cabo cuerpos policiacos del estado de Morelos, y conjuntamente con elementos de la policía judicial del estado de Puebla.”

 

Una vista deSan Juan Calmeca en el 2021 (Google Earth)

 

Genovevo Benítez, prototipo de cacique rural

 

Otra ruta es la marcada por Genovevo Benítez, ejidatario de 50 años y que se convirtió en el cacique de Calmeca. Es una verdad que lleva a desentrañar la violencia en este pueblo de pasado zapatista, ejido desde 1922, y que pasa por la muerte de Genovevo, en noviembre de 1988, en el poblado de San Martín Alchichica, a dos kilómetros de Matamoros. No se sabe quién lo mató. El diario Eco acusa a Próspero y Onésimo como los asesinos, junto con Everardo y Vidalino Jiménez. Pero en la orden de aprensión en que sustentó su acción el jefe policiaco de Morelos, Antonio Nogueda, la No. 35/988, se refiere a acontecimientos sucedidos en febrero de1988, y como ya se dijo, los dos hermanos fueron liberados por falta de elementos unos días después. Como quiera, a nadie se detuvo al morir Genovevo. En el péndulo de la guerra interna que vive Calmeca, la muerte del cacique es una encrucijada en el destino del pueblo.

 “Su padre de Genovevo –cuentan en Calmeca-, y desde su abuelo, era de los políticos fuertes aquí por parte del gobierno. Genovevo era ejidatario, como muchos de su camada que heredaron la sucesión del reparto de 1922. Pero se dedicó al proselitismo y a su cobijo se hicieron fuertes algunos de aquí, esos mentados Treviños y Platones."

Dicen que por Calmeca pasó alguna vez Genovevo de la O. De seguro pasaron los zapatistas, y no hay duda que alguna vez quemaron lo que fuera la hacienda de San Lucas Matlala, al norte de Calmeca, hoy un ranchito olvidado de nombre Michapa, con unos paredones y tecorrales viejos que en un tiempo guardaron el orgullo y la opresión porfiriana. Algún pasado zapatista habrá tenido Genovevo, como el propio presidente auxiliar pemesista, cuyo padre Pedro Cázares, murió en 1940 con el recuerdo de su nombramiento de coronel de Caballería del Ejército Liberador de Sur. Sólo que Genovevo recuperó las prácticas del hacendado: a través de una tienda, fue entablando relaciones de poder con los demás campesinos, que terminaron por sacar de la memoria aquello de las tiendas de raya. A base de deudas, empezó a controlar las tierras del ejido, a hacerse de animales y efectivo, y a empobrecer a los campesinos. Pero la memoria finalmente está a la mano: los hombres se le voltearon. Genovevo llevó armas, favoreció a algunos, y dio entrada al pistolerismo. En veinte años muchos son los muertos de los dos bandos. Jesús Cázares calcula que por lo menos 50 en los últimos diez años. A Genovevo le tocó el año pasado. “Yo pague 50 millones de pesos –le oyeron decir un día en el pueblo, cuando regresó de la cárcel hace un año y medio-. A mí la policía de Puebla me hace los mandados”.

 

Antelmo Linares y la rebelión contra Genovevo

 

Dicen de Antelmo que era un gallo fino. Le decían “El Caballo”. Cuando lo mataron, algunos diarios lo presentaron como activista político del PMS. Cuando inició el operativo policiaco que tomó la colonia Benito Juárez, al norte de la carretera, frente a Calmeca, en el amanecer del 14 de febrero de 1988, recién la gente se había acostado luego de una fiesta. A Antelmo no lo agarraron tan desprevenido. Alcanzó a correr hacia la loma y ahí se agarró a balazos. A la callada, la gente comenta que se llevó a un policía por delante. Las crónicas en la prensa no lo dicen, y como siempre, son dos versiones. El ya no vio a los 60 detenidos rumbo a las galeras de la Procuraduría en Puebla. Entonces los campesinos fueron acusados de homicidios y robos, y se justificó la acción como una medida legal, pero a la fuerza, para acabar con la ola de asaltos y violencia en la zona. Los campesinos, por su parte, denunciaron luego de ser liberados que sufrieron torturas al grado de que uno de ellos, Valentín Campos, tuvo que pasar más de treinta días en el Hospital Universitario, con una operación en el tórax que le salvó de la muerte a la que lo llevaban las fracturas múltiples de costillas provocadas por culatazos.

Antelmo no vio nada de eso. Murió, y nuevamente, como en toda historia, hubo dos relatos: la policía que lo acusaba de homicidios en Morelos, y la de sus compañeros que lo veían como un líder que los defendía del cacicazgo de Genovevo. Porque Antelmo, luego de nueve años de cárcel que pagó en Matamoros por el homicidio de Romualdo Martínez, comisariado ejidal cobijado por Genovevo, se convirtió en policía de la junta auxiliar de Calmeca controlada por el PMS, junto con otros treinta elementos armados de común acuerdo con el gobierno estatal como medida para enfrentar la violencia de los Treviños y Platones. Eso fue en 1974, la detención de Antelmo por la muerte del comisariado. Después cayeron Donaldo Campos Jiménez y Luis Treviño, medio hermano de Julio Treviño, uno de los cabecillas de la banda de asaltantes. A los dos les cargaron las muertes de Víctor Olivares, en 1976, reconocido como pistolero de Genovevo. “Si, es que los campesinos se le voltearon a Genovevo, ya no aguantaron su ley”, dicen en Calmeca. Y aquí en el enfrentamiento del cacique local contra un rebelde, esa historia policiaca empieza a lindar con el terreno de la política y de la miseria.

 

Los muertos

                                                                      

El 14 de febrero de 1988, cuando Genovevo Benítez y Bernabé (a) “El Polvorón”, señalaban con el índice a los campesinos de la colonia Benito Juárez detenidos por la policía, uno por uno, este sí, este no, hasta juntar 62, ya la gente de Jesús Cázares llevaba una lista larga de muertos denunciados con toda formalidad entre el Procurador General de Justicia de estado, desde el 2 de julio de 1987. La cuenta que hicieron esa vez alude a algunos de los crímenes que se cometieron desde 1979, pero no completa la suma de 48 que después levantaron para presentarla apenas al nuevo procurador, Humberto Fernández de Lara, en un expediente elaborado por el bufete del Partido de la Revolución Democrática, en formación. Es una cuenta larga, donde se da idea de cómo las genealogías de los pueblos no conocen bando cuando se trata víctimas y asesinos. Esta es la denuncia de Jesús Cázares, en julio de 1987:

Crisóforo y Guadalupe Campos Barranco, muertos el 15 de febrero de 1979 por Camerino Treviño Rendón.

Teófilo Palma Campos, muerto el 27 de enero de 1980 por Platón Morales Palma y Miguel Morales Gregorio.

Amando Doroteo, originario  del rancho de Ahuatlán, municipio de Tepexco, muerto el 28 de octubre de 1980 por la banda de Camerino Treviño Rendón.

Pedro Campos Treviño, muerto el 3 de mayo de 1981 por Camerino Treviño Rendón y Miguel Morales Palma.

Ubaldo Barranco, asesinado al 9 de septiembre de 1981 por Francisco Peña Pinedo y Platón Morales Palma.

Mardonio Hidalgo Campos, asesinado el 27 de septiembre de 1981 por Camerino Treviño Rendón y Platón Morales Palma.

José Grande Arenas, muerto el 4 de diciembre de 1981 por Platón Morales Palma y Francisco Peña Pinedo.

Pablo Linares Benítez, muerto el 26 de julio de 1982 por Camerino Treviño Rendón.

Bartolo Campos Rodríguez, asesinado el 9 de diciembre de 1982 por Platón Morales Palma.

Mario Mantilla Cázares, asesinado el 29 de diciembre de 1982 por Pedro santos Arenas y Camerino Treviño Rendón.

Nemesio Jiménez Arenas, asesinado por Julio Treviño Palma (detenido actualmente en Izúcar de Matamoros) y Camerino Treviño Rendón.

Santiago Balderas, asesinado el 27 de diciembre de 1984 por Platón Morales Palma y Olegario Morales Palma.

Arnulfo Jiménez, muerto el 10 de enero de 1985 por los hermanos Platón, Celso y Olegario Morales Palma.

Flora Barranco Morales, muerta por Platón Morales Palma EL 1° de noviembre de 1985; Vidal, hermano de Flor, fue baleado en el mismo hecho, pero logró sobrevivir.

Marcial Jiménez Arenas, muerto el 28 de julio de 1985 por los hermanos Morales Palma.

Gerardo Durán Morales, muerto por Camerino Treviño Rendón el 13 de noviembre de 1985.

Un hombre de apellido Domínguez Santos, muerto el 1° de enero de 1986 por los hermanos Morales Palma y por Gregorio y Camerino Treviño Rendón.

José Palma, asesinado por Camerino Treviño Rendón el 1° de enero de 1987.

Les dicen “Los Platones” y “Los Treviños”. Según la denuncia de Jesús Cázares, ellos son los responsables de los asaltos en la carretera Matamoros-Cuautla. Llevan ya muchos años engavillados. No viven ya de fijo en el pueblo, aunque sí sus familias. Se sabe que están en Atlixco. Un tiempo, recuerdan en Calmeca, fueron perseguidos, pero no por los judiciales, sino por el ejército: “Se fueron cuando los federales les quemaron sus casas”, cuentan los campesinos, “pero no los agarraron, ellos saben las salidas que tienen estas barrancas”.

Porque en Calmeca lo que sobran son barrancos y desfiladeros buenos para el venadeo. En un punto en el que el estado de Puebla se olvidó de sí mismo y apretujó la tierra y todo es un lomerío ardiente y áspero de cazahuates, pochotes, huajes y órganos y sol y polvo que los entendidos llaman simplemente paisaje mixteco, lo único que hay es monte para el pastoreo, jagüeyes y veredas y silencio roto por el cencerro y el tropel de los chivos. Y, de cuando en cuando, por el eco quebrado y reseco de los fogonazos.

Así, venadeados, murieron Crisóforo y Guadalupe Campos Barranco. Dice la viuda de Guadalupe: “Venían de matar a Crisóforo, allá por el cerro de Tananica. Me dicen ¿No has visto a tu esposo? Y yo, que se fue con la burra a traer leña. Que no, que se parece a uno que ahí por la Mesa Redonda está muerto. Y yo voy corriendo y lo veo ahí en el suelo, muerto por Camerino Treviño y Venancio Santos. Es largo de explicarse, pero todo empezó por unas vacas que les robaron a unos, y mi cuñado, Crisóforo era Agente de Paz aquí en el pueblo, así que le pidieron auxilio. Los detuvieron y llevaron a Matamoros. Pagaron y buscaron la venganza. Por eso aquí no hay Juez de Paz, ya nadie quiere ser Juez de Paz, hay miedo, no se crea, yo también tiemblo”.

Y cómo murió Flora Barranco: “La mató ese Platón Morales. El hombre se apersonó en su casa, yo doy fe, un día de muertos, le dijo a Flor que ella escondía a los hermanos Campos, y ella le dijo que pasara que buscara, pero que si no los hallaba, ella se iría contra él, y Platón no esperó, ahí le descargó la pistola, a la mera entrada de su casa. Luego entró y balaceo a Vidal, lo dejó muerto, pero se salvó”.

O la muerte de Marcial Jiménez: “Le llevaron los animales de ahí de su casa, mero cuando él llegaba de la vigilia, le robaban la yunta. No se aguantó, porque los animales eran su vida, los siguió y ahí delantito lo mataron”.

Un testimonio más: “Yo soy viuda de Primitivo Victoriano Cardoso, también por sus animales, él vio cómo le llevaban sesenta chivos, todo el trozo. Quedó muerto en el campo de Aguabrito, un ojito de agua que hay así pa abajo”.

Por todas las denuncias, uno busca la opinión del comandante de la judicial de Matamoros, Marcos Sánchez Campos, recién llegado de Tecamachalco: “Hay muchas órdenes de aprensión. El problema es que o no se encuentra la gente, andan en Estados Unidos, o no dan la cara las partes agraviadas. Si los agraviados no vienen a nosotros y muchos de los que buscamos andan afuera ¿Qué podemos hacer?”.

Qué se puede hacer entonces, según el comandante: “Es difícil hacer algo. No es un problema de apenas, es de siempre. Si la gente del pueblo dice que nosotros estamos coludidos con los criminales, que lo prueben, hay elementos que quedaron del jefe anterior, que les presenten pruebas”.

¿No tiene que ver en esto la marginación de Calmeca? Dice el comandante: “No es que estén abandonados, es que de por sí son conflictivos. No he podido checar todas las órdenes, en eso estoy. Estamos colaborando con la policía de Morelos, en el caso de los hermanos Michaca si existía orden de aprensión, allá mismo ya la tenían. No, no la tengo a la mano, es difícil, tenemos todo archivado”.

Todo archivado. Son ocho agentes judiciales para el distrito entero de Matamoros.

 

La vereda política

 

Lunes 15 de febrero de 1989, terminó la vuelta de las viudas por el pueblo. Anduvieron de la casa de presidente auxiliar, Jesús Cázares, a la iglesia del santo San Juan que desde hace un siglo no ha vuelto a hacer de las suyas y se ha quedado en las nubes, atento a la matazón de sus hijos, pero sin dar algún aviso de pretender bajar a dar un paseo por estos cerros, como en 1885, según documenta una enorme pintura retablo en el templo. De ahí a la clínica de Salud fincada por la presidencia pemesista, con su médico de la UAP recién llegado al turno vespertino con sus sueros anti alacrán, su sala de partos y sus antibióticos contra diarreas. De la clínica la colonia Benito Juárez, donde las andanzas de los policías estatales el año pasado. Una vuelta a media tarde, con los policías auxiliares al frente, para ir a tono con los rumores de que los “Platones” y “Treviños” están en el pueblo.

Ahí se encontraron las dos procesiones. La de las viudas, con sus grupos de campesinos venidos de otros pueblos, con los representantes del PRD –los del campo, Azcona, Práxedes, Fernández de Lara, José Rodríguez, Gaudencio Ruíz y los de la ciudad, los universitarios Arturo Loyola y Jorge Méndez-, y sus hombres, atentos a cualquier movimiento. Y las guadalupanas, una treintena de mujeres y niños desempacada de un camión directo desde la Villa de Guadalupe, mujeres de rebozo también, como las viudas, enfiladas por la bajada hacia la barranca con sus hijos y sus veladoras y el desde el cielo una hermosa mañana agudo, como la certeza de que regresaron al pueblo.

Suben y bajan las mujeres sobre las rutas del pueblo, viudas todas, guadalupanas todas. Cualquiera de ellas tiene apellido emparentado con la sangre, todas toman por un rumbo o por otro, hacia Genovevo Benítez o Antelmo Linares, el cacique y el rebelde, los dos muertos.

En el encruzamiento de esas muertes, la vereda de esta historia policiaca adquiere el paisaje de la política y la estructura social. Quince años de una guerra civil que uno quisiera ver como un asunto más, como una andanada de muertos del fuero común en este sur caliente. Pero aquí y allá, en cualquier recodo del camino, corren los linderos del atraso social, la marginación y la pérdida del control político. Quedan varias interrogantes en la mano: las contradicciones en torno a las muertes de Onésimo y Próspero Michaca Arenas; el estado real de las averiguaciones y órdenes de aprensión en torno a los crímenes de campesinos durante los últimos años en Calmeca; el estado de las investigaciones sobre los asaltos de la carretera a la altura de Calmeca. La judicial de Matamoros se negó a presentar las órdenes de aprensión que contra la gente de Calmeca tiene en sus archivos. La Secretaria de Gobierno en Puebla no proporcionó información sobre todo este asunto. Al final, sobresale la demanda del diputado Gaudencio Ruíz García de sacar todo esto a la vista pública con la creación de un comité especial abocado a la investigación a fondo de los crímenes en Calmeca.

Una pregunta simple: ¿Por qué Genovevo Benítez fincó su fuerza en el proselitismo? ¿Por qué tuvo que armar a un grupo de hombres para establecer su dominio sobre el pueblo? La versión campesina refiere un cacicazgo con cierto carácter de acumulación originaria: Por la vía del robo y el endeudamiento, la cimentación de un poder económico local. Por muchos años Genovevo controló el comisariado ejidal, y a través de él, el manejo de la tierra. EL descontento campesino que se echó a cuestas Antelmo Benítez con su cargo de homicidio –el del comisariado Romualdo Martínez en 1974- por el qué pago con nueve años de cárcel, sólo encontró en los primeros años la respuesta armada. Pero ha buscado otros caminos.

El 6 de julio de 1988, Calmeca fue cardenista por 600 votos contra seis de Salinas. Un año antes, el PMS había ganado la presidencia auxiliar. Entonces la oposición a Genovevo pudo armarse legalmente como policías. Antelmo, al salir de la cárcel encabezó la fuerza policiaca de la junta. Por ello la interpretación política del operativo policiaco del 14 de febrero del 88, que desmanteló al grupo de policías de Jesús Cázares. Y por tal motivo las próximas elecciones de noviembre son vitales en Calmeca, por la posibilidad de que el pueblo cardenista gane la cabecera municipal de Tepexco y revierta a su favor la relación de fuerzas políticas y militar.

Y aquí se explica el hecho de que Pascual Alamirra Vicuña, dirigente regional de la CNC, y a quién se emparenta con el difunto Genovevo, haya maniobrado en enero pasado para arrebatar el comisariado ejidal al grupo cardenista.

Al final de la historia, el recuerdo que hace Gaudencio Ruíz a los campesinos de la mixteca, en el mitin en Calmeca: “La lucha contra la violencia en Calmeca es la lucha por el respeto de los derechos humanos. La inseguridad en el pueblo, por la política del gobierno que quiere conservar el poder. Apoyan a los caciques regionales en una situación en la que la estructura priista es ya insostenible. Con el apoyo al cacique hay mayor descomposición social, por las ligas que existen entre las bandas de criminales y las policías estatales. La prueba: ¿por qué no detienen a ningún asaltante? Pero al gobierno no le importan los muertos, le importan los votos, y no tiene otro camino para lograrlo que apoyo a los caciques. Pero no es hora de lamentarse, es hora de organizarse”.

Igual de reseco y quebrado que el policiaco. Pero es otro camino, el político, para llegar a Calmeca.

 

 

 

 

 

 

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