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17 Enero 2022, Puebla, México.

Oficios heredados: Encuadernación en piel / Carlos Rodríguez Giacintti

Economía | Crónica | 2.DIC.2021

Oficios heredados: Encuadernación en piel / Carlos Rodríguez Giacintti

Carlos Rodríguez Giacintti

Para él es una vocación enseñar y transmitir conocimientos de los oficios que practica

La historia ha vinculado por años la sabiduría a hombres cuyo trabajo era un oficio. El perfeccionamiento, día con día, de un oficio demanda trabajo, dedicación, disciplina y no mucha ambición. Un oficio es noble y pareciera que también podemos purificarnos al ejercerlo. Por ello, hay oficios muy hermosos, en los que se encuentra la paciencia y también, quizá, la limpieza de los pensamientos como si en la repetición de las labores también se puliera el espíritu; existe la creencia de que el oficio vivifica. México está lleno de oficios que se están comenzando a perder y que, muchos de ellos, valdría la pena no dejarlos morir.

Hay trabajos que forman parte de nuestra cultura y de los que no podemos imaginarnos que un día dejen de existir. Antes de que existieran las profesiones ya existían los oficios, que son ese tipo de trabajos para los que no se estudiaba ni se podía aprender en alguna institución y menos en una universidad. Son trabajos que se aprenden haciéndolos, con la práctica, y que están relacionados con labores manuales habitualmente. Ejercer un oficio, además de ser una forma de vida, era una tradición y, muchas veces, un orgullo heredado por generaciones; una tradición familiar que se iba heredando, por lo general, de padres a hijos. Los oficios se vinculan con esos saberes de antaño y que eran muy representativos de las comunidades en las que se nacía. Varios son los oficios que distinguen a nuestra cultura y que no pueden faltar en buena parte del territorio nacional; existen muchos oficios que se remontan a la época colonial, otros más son, incluso, anteriores a ello. Estos trabajos forman parte de nuestra identidad como mexicanos, muchos de ellos oficios muy disfrutables y, a veces, hasta rentables. Muchos de los oficios son resultado de mucho trabajo, del desarrollo de habilidades, en los que se combinan la paciencia, la constancia y el arte.     

Los oficios cubren también la necesidad de encontrar nuestra propia identidad, de reconocer y descubrir lo mexicano en la representación de la vida cotidiana. Son actividades que contribuyen a difundir el gusto por lo popular. Los oficios, por lo general, están asociados a actividades que generan pocos ingresos pero, a últimas fechas, nos encontramos con excepciones a ello y también casos en el extranjero donde artesanos, jardineros, o carpinteros, por mencionar algunos, son excepcionalmente bien pagados. 

El taller de Arturo está dentro de lo que fue el barrio de San Isidro, en un extremo del Parque Reforma Social, en la Ciudad de México. Para ingresar a éste, se sube al primer piso por una escalera angosta, dentro de una sección de la casa en la que vive con su familia. Es una habitación con estantes en los extremos y mesas en el centro; trabajos que se han inician en una mesa, otros a media elaboración en otras partes, algunos modelos terminados en los estantes y, por ahí, muestras de materiales diversos y los, hoy muy raros, moldes de metal para la elaboración del grabado.

Es una actividad que requiere mucho cuidado y esmero, pero se ve que Arturo realmente la disfruta. Su primer encuentro con el taller del abuelo fue a los 14 años en la colonia Santa María la Ribera, en una casa grande con duela y olor a piel y cigarros; porque ahí es donde daba clases el abuelo de Arturo, siempre rodeado de mujeres de clase alta y por ahí pasaron algunos de los nombres de mujeres más conocidos de aquella época.

 

 

Su padre era tapicero y su abuelo encuadernador, de ambos aprendió cada uno de los oficios, los que combina para hacer diferentes trabajos pero, aclara, que lo que más le gusta es la encuadernación. Entre sus diferentes trabajos se podría decir que la actividad principal que realiza es la marroquinería, la que consistente en trabajar el cuero en sus diferentes formas y usos. Libretas, libros y álbumes, todos forrados de piel, son los principales productos que se ven en su taller, así como cajitas, alhajeros, fundas, llaveros y muchos otros artículos que elabora, algunos incluso sobre pedido. Ese día estaba terminando de tapizar una silla de madera, con cuero en el asiento. Todo ello con gran cuidado, desde la elección de los materiales, como el cuero, su resistencia, calidad, color, la preparación de éste, en su caso el teñido para darle el color deseado y, todo ello, antes todavía de iniciar la elaboración del artículo final. 

Arturo, me cuenta, estudió ingeniería en el “Poli” (Instituto Politécnico Nacional: IPN), en Zacatenco, Ciudad de México, pero nunca ejerció. Al dejar trunca su carrera de ingeniería, entró a trabajar en la SEP como profesor de encuadernación, en la escuela secundaria técnica número 17, Artes Decorativas en el centro de Coyoacán, impartiendo a los tres grados ese oficio, durante 14 años, cumpliendo su ciclo de 30 años del que se jubiló en el 2020, antes que iniciara la Nueva Reforma educativa y las nuevas tecnologías. Siempre tuvo el negocio de la encuadernación a la par de las clases y, como casi todo oficio, fue floreciendo, lleno de aprendizaje y nuevos retos, cambiando de encuadernación a “todo en piel”, por las exigencias de la gente que compraba sus productos. A Arturo también le gusta dar clases y enseñar su oficio. Para él es un gran gusto y una vocación enseñar y transmitir conocimientos de los oficios que practica. Como parte de su taller tiene un espacio que habilita como aula para dar clases, mismas que tuvo que suspender durante la pandemia y que espera pronto poder volver a retomarlas.

Mucha gente encuentra en las labores manuales, diferentes a su trabajo habitual, actividades que le ayudan a socializar, a relajarse y alejarse de las presiones de la vida diaria. Aficionarse a un oficio resulta ser muy útil para llenar esas horas de ocio en que queremos realizar una actividad que nos produzca placer, que nos ayude a relajarnos y distraernos. Es ahí donde Arturo ofrece las clases de encuadernación en piel, como complemento a su actividad en el maravilloso oficio de la marroquinería, donde nos ofrece su arte, cuidado y dedicación en cada pieza que elabora.