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25 Mayo 2022, Puebla, México.

El invierno silencioso -Porfirio Tepox  Cuatlayotl

Naturaleza y sociedad /Cultura | Crónica | 7.ENE.2022

El invierno silencioso -Porfirio Tepox Cuatlayotl

Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz

Ir de camino por la naturaleza/ vigésima primera crónica

David Le Breton escribe: “Caminar es también una travesía por el silencio y un disfrute del sonido ambiental”. Con este pensamiento incorporado a la mochila del senderista, iniciamos un recorrido más. Ahora ha llegado el invierno, por esto, la ruta tiene nuevos escenarios por causa de la estación gélida que ha congelado el rocío del amanecer que cubre los pastizales cobrizos.

Los que caminamos en esta estación, sabemos que el invierno es el tiempo en el que el frio arrecia, es la época que provoca un largo sueño en la naturaleza, algo así como un descanso que se manifiesta a través del silencio de los amaneceres a causa de la ausencia del canto de muchas aves en las primeras horas del día y en el atardecer. Ahora bien, antes de describir el sueño de las flores, es conveniente anotar que, aunque, en el invierno, muchos de estos seres vivos han callado su voz, existe la esperanza de que volverán a cantar en días venideros, pero hoy habitan en este largo descanso.

En cuanto a la desaparición de las fragancias y los variados colores de muchas de las amadas y exquisitas flores del bosque y de las praderas, esta ausencia en los paisajes naturales también es un símbolo de este largo reposo de la naturaleza, sabemos que volverán a florecer para embellecer el mediodía de los caminos artesanales, pero, hoy, el frío invierno y la tranquilidad del silencio las invitan a dormir, les dan la oportunidad de un descanso, para que en primavera renueven sus colores, sus fragancias y sus maravillosas formas.

Cabe señalar que, aunque hemos escrito en los párrafos anteriores, que muchos seres vivos de la naturaleza habitan en un largo sueño a causa de la estación gélida, también es conveniente anotar que, a pesar de que son escasas, algunas plantas, resistiendo los recios fríos, abren sus corolas para florecer. Sus pétalos simbolizan la presencia de alimento en el interior de la flor, si bien es mínimo, pero es muy valioso, pues es la única fuente de sustento de muchos seres vivos como mariposas, colibríes y abejas.

Como se puede leer en hasta aquí, la vida también palpita en los escenarios naturales de invierno, no obstante, de manera más serena que en las otras estaciones del año, por esto, consideramos que esta época es el momento idóneo para que el senderista vaya al encuentro con el silencio de la naturaleza, que vaya a recorrer el bosque -para decirlo con el estilo de Juan Rulfo-  a “escuchar el silencio”, el cual estará acompañado de los latidos de su corazón y del susurro del viento que viaja sin retorno entre las hojas de los árboles.

Ahora, es conveniente remarcar que a pesar de que el frio incremente en este invierno, equipado con la ropa apropiada de esta estación, el caminante no detiene sus pasos ante las bajas temperaturas, tampoco interrumpe el palpitar de su corazón, pues va en búsqueda de un paraje tranquilo en el bosque para habitar en la zona silenciosa, muchos no lo sabemos, pero él tiene una cita y un diálogo consigo mismo, pues una vez que se sitúa en la quietud del bosque “el silencio no interrumpe el hablar”- tal como lo escribe  M. F. SCIACCA citado por Pedro M. Gasparotto, y prosigue- “lo hace posible, pues el silencio está en el interior de cada palabra, el silencio nos sitúa frente a nuestra propia vida y la recapitula en el instante”. En este sentido, el silencio nos da el recogimiento anhelado para establecer el diálogo con uno mismo.

Hemos llegado al final de este recorrido a través del invierno silencioso, el cual nos ha estregado momentos de paz para la degustación de la vida. La tarde alcanza nuestros pasos, y ya casi al llegar a casa, la noche nos abraza con su misterio, esto nos hace girar la mirada hacia las constelaciones y, simultáneamente, nos invita a recordar las palabras de Stevenson citado por Frédéric Gross: “Sea como fuere, el instante es sobrecogedor: el silencio suena entonces absolutamente como música, o, más bien, es en ese momento cuando, al levantar la cabeza, oímos claramente el canto de las estrellas.”

 

 

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