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6 Octubre 2022, Puebla, México.

La leyenda impulsa los pasos del caminante, parte 2 - Porfirio Tepox Cuatlayotl

Cultura /Naturaleza y sociedad | Crónica | 18.MAR.2022

La leyenda impulsa los pasos del caminante, parte 2 - Porfirio Tepox Cuatlayotl

Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz

Ir de camino por la naturaleza/ vigésima quinta crónica

Nuevos recorridos, a los caminantes, nos convocan a situarnos una vez más en los caminos artesanales, los parajes y las montañas. En estas caminatas, por un lado, las montañas Malintzin, Kuatlapanga, Xaltonalej, y por el otro lado, el cerro Teotón dan la bienvenida a los amaneceres; despiden a los atardeceres y nos acompañan en los anocheceres, a veces silenciosos, otros llenos de estrellas del cielo mexicano. Ahora veamos, el viaje por estas rutas, además de que ubican al caminante en el palpitar de la naturaleza, el recorrido por los senderos de estas montañas se convierte en el momento apropiado para instalarse en sus leyendas, para volver a vivir y convivir con las historias de amor que nuestros antepasados atribuyeron a Malintzin, Kuatlapanga y Xaltonalej o para conocer el relato que explica el origen del Águila Real petrificada en el cerro Teotón de san Pedro Yancuictlalpan.

Es oportuno decir también que estos relatos se convierten en un impulso y en un horizonte para cada paso del caminante, por esto sugerimos que los senderistas que recorran los caminos y veredas de estas montañas, incluyan estas leyendas entre sus provisiones como un elemento vital en su equipaje, debido a que, en su marcha, el contenido de estas narraciones favorecerá el momento idóneo para imaginar historias sorprendentes, del mismo modo le brindarán la posibilidad de caminar de un modo distinto entre la naturaleza, al sentirse situado entre seres fantásticos, asimismo, le permitirán ver y oír con otros ojos y oídos, también lo conducirán a sentir con otro corazón al saber que las montañas que recorre como es el caso de Malintzin, Kuatlapanga y Xaltonalej, algún día fueron seres humanos que fueron castigados por su proceder, o quizá, estos relatos le darán la sensación de que ha caminado más kilómetros de los recorridos, de que sus pasos han transitado por varios mundos culturales al entrar al sendero de la historia de los pueblos que transita.

Una nota más, es que, debido a la proximidad entre la leyenda y el mito, esta cercanía entre ambos géneros literarios nos permite retomar las siguientes palabras de Arturo Mota Rodríguez: “el mito nos hace visible lo invisible, nos hace presente lo intangible, patentiza lo oculto y nos enseña a comprender la realidad con un sentido. Por eso el conocimiento del mito resultaba importante por su capacidad de enseñar a vivir una realidad; por eso el mito educa”. En este sentido, la leyenda también nos entrega una comprensión de la realidad, nos hace visible lo intangible, nos permite conocer los pensamientos y los sentimientos de nuestros ancestros, con todo esto, también nos entrega lecciones de vida. Vayamos, pues, a la degustación de la lectura de las siguientes leyendas.  

Malintzin, Kuatlapanga, Xaltonalej, los enamorados hechos montaña

Decían que Malintzin era una mujer muy bonita como no ha habido otra. Por su belleza era pretendida por dos guerreros muy valerosos. Uno se llamaba Kuatlapanga; el otro guerrero, Xaltonalej. Estos guerreros un día le declararon su amor a Malintzin, pero ella les dijo a ambos que: “para elegir a quien sería su esposo, era necesario un combate entre los dos y el vencedor sería considerado su prometido”, ella presenciaría el combate. Los dos guerreros aceptaron el combate y comenzaron a prepararse. Cuando se cumplió el plazo de la fecha acordada para el combate, cada guerrero pidió protección a sus dioses. Entonces cada guerrero ofreció sacrificios a sus dioses y se presentó puntualmente al lugar del combate, los dos iban bien contentos. Malintzin ya estaba allí esperándolos, los recibió muy contenta y enseguida les dio la orden para iniciar la pelea. Los guerreros pasaron un buen tiempo “dándose bonito”, pero no se veía quien iba a ganar hasta que, ya muy tarde, ya casi al ponerse el sol, cuando ya estaban agotados, Xaltonalej atino a darle un buen golpe en la cabeza de Kuatlapanga. Este golpe lo hizo rodar al suelo; tenía una herida tan grande que ya no pudo levantarse, allí quedó, allí murió. Xaltonalej, feliz por ser vencedor, volteó hacia Malintzin extendiéndole la mano, porque desde ese momento sería su prometida; pero a los dioses no les agradó el proceder de Malintzin, por eso en ese momento convirtieron a los dos guerreros y a la misma Malintzin en las montañas que ahora vemos.  Esta leyenda ha sido retomada del libro Tzinacapan & Malintzin, El encuentro de Francisco Sánchez Conde.

Leyenda de los Xinacates (los que se pintan)  

Cuenta la leyenda que los pobladores de San Pedro Yancuictlalpan fueron castigados por su proceder, pues debido a que ya no practicaban las buenas costumbres en su comunidad, los dioses causaron daño a sus sembradíos, infestándolos con un hongo negro. A causa de esta plaga que asolaba los cultivos, los habitantes de San Pedro Yancuictlalpan, preocupados por tal calamidad, pidieron a los dioses que los perdonaran por sus malos actos. Ante estas suplicas, procedente del cielo, llegó el Águila Real, la cual les ordenó que recolectaran todo el hongo negro que pudieran y después subieran a la cima del cerro Teotón. El Águila también les indicó que una vez que estuvieran en la cima, molieran el hongo para cubrir todo su cuerpo, además les pidió que cubrieran su cara para no ser reconocidos por el mal. Así lo hicieron los pobladores de Yancuictlalpan. Ya listos, el Águila Real les ordenó que realizaran una danza para llamar el buen temporal. Una vez terminada la danza les señaló que recogieran la tierra sobre la cual danzaron y la esparcieran sobre los sembradíos. Al ir cayendo la lluvia de tierra sagrada sobre los campos, los cultivos se fueron limpiando del hongo negro, hoy conocido como Huitlacoche. Por este acontecimiento, los yancuictlalpenses se llenaron de alegría y dieron gracias a los dioses. Finalmente, para que los pobladores no olvidaran la benevolencia de los dioses y la riqueza de sus tierras, el Águila Real les pidió hacer cada año el ritual del buen temporal. Del mismo modo, los yancuictlalpenses, para no olvidar esta alianza, solicitaron y suplicaron al Águila Real que se quedara con ellos, ésta atendió sus suplicas y se petrificó. Desde entonces, una Águila de piedra situada en el cerro Teotón custodia las tierras de San Pedro Yancuictlapan y cuida de los yancuictlalpenses”. Leyenda retomada de la publicación digital “Leyendas de San Pedro Yancuictlalpan y del Estado de Puebla. Leyendas que se trabajaron para los cuadros artesanales en la FEDUYLEC 2017.

Después de caminar por los senderos de la naturaleza y de la cultura, de degustar el sonido del viento que acaricia las hojas de los árboles, de escuchar los diálogos entre Malintzin, Kuatlapanga y Xaltonalej,  de leer y releer, en cada caminata al Teotón, la alianza establecida por los dioses, el Águila Real y  los pobladores de san Pedro Yancuictlalpan; al final de esta marcha, vienen a mi memoria las siguientes palabras de Arturo Mota Rodriguez: Esto nos plantea la necesidad de buscar un sentido humano de la historia. Una historia que ayude al hombre a tener entendimiento y a tomar conciencia de sí mismo. Y es que saber cómo pensaron otros, ayuda a pensar. Saber las repuestas que otros dieron a los problemas de su tiempo, ayudará a pensar respuestas a los problemas de nuestro tiempo; problemas que, sin embargo, siguen siendo los mismos. Saber la historia no quiere decir repetir las respuestas que otros dieron, sino entender el sentido de esas respuestas, para iluminar las propias. En este sentido, la leyenda también nos ayudará a pensar algunas respuestas a los problemas del aquí y el ahora. Finalmente, sólo queremos agregar a este escrito que la leyenda invita al senderista a recorrer los caminos del ayer al estilo del humanista del que habla Gabriel Méndez Plancarte: “el humanista va al pasado, pero no se instala en el pasado. Va al pasado sólo para beber en la fuente viva que, bajo los escombros de los siglos bárbaros, sigue manando, indeficiente y eterna como los arquetipos platónicos. Va al pasado para fecundar el presente y alumbrar el porvenir”.

 

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