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1 Diciembre 2022, Puebla, México.

La nueva, ubicua, violencia / Héctor Aguilar Camín

Sociedad | Opinión | 7.SEP.2022

La nueva, ubicua, violencia / Héctor Aguilar Camín

 

La nueva violencia

La violencia mexicana ha cambiado mucho en los últimos años. Parece venir de las mismas fuentes que la explicaron hasta ahora, en particular de la violencia del narco, del crimen organizado en general, y de sus ajustes de cuentas.

Naturalmente esas siguen siendo causas fundamentales de la violencia, pero es cada vez más certera la visión que, desde un principio, tuvo Fernando Escalante Gonzalbo respecto de nuestra violencia: es más diversa en su origen de lo que sugieren expresiones como “cárteles de la droga” o “crimen organizado” Ver aquí.

Lo que la guerra contra el narco rompió, dice Escalante, fue una especie de homeostasis de la violencia, mediante la cual estaban contenidas, acotadas, y respetadas en sus intereses, redes muy distintas de gente armada que había en el país, redes de crimen local, de negocios ilícitos que iban de la extorsión política, tipo Antorcha Campesina, a diversos tráficos ilegales como el de migrantes, mujeres, madera, protección, control caciquil, control sindical, y la actividad micro de bandas asociadas a sus respectivas complicidades con policías y ex policías, con militares y ex militares.

La batida contra el narco rompió esa homeostasis y puso a todos a defenderse y a disparar, no sólo a los narcos.

La diversidad criminal del país es mucho más extensa y más difícil de controlar hoy que la violencia del narco.

El crimen pasó poco a poco en estos años de la violencia “especializada” del narco, que lo que quiere es producir, transportar y exportar drogas, a la violencia múltiple, ubicua, a ras de pueblos y comunidades, que lo que quiere es extorsionar a la sociedad.

El nuevo crimen genérico de México no es el del narco sino el del derecho de piso, vale decir, la exacción violenta de todo lo que hay en el horizonte: negocios grandes y pequeños, puestos de los mercados públicos o vendedores ambulantes, productores de aguacate o vendedores de pollo, gobiernos locales o tortillerías, y hasta iglesias.

Enrique Serna publicó aquí en MILENIO un excelente muestrario de esa nueva diversidad criminal (“Soberanía en peligro”).

Y el diario El País ha hecho dos excelentes reportajes apuntando en la misma dirección. 

La violencia ubicua

 

En un artículo de MILENIO, que referí ayer en este espacio, Enrique Serna hizo una suma de las variedades de la violencia criminal que no pueden explicarse ya, sólo, por el narco y sus guerras.

Lo cito en extenso porque la verdad de lo que dice nace de una forma de la elocuencia literaria que es la aglomeración: 

“En Guerrero, el hampa controla el transporte público, la venta de pollo y la distribución del agua para riego. 

“En la sierra Tarahumara, El Chueco monopolizaba o monopoliza aún la venta de cerveza. 

“En Michoacán, los matones que gobiernan Aguililla han encarecido el aguacate y el limón, imponiendo a sus productores un peaje leonino. 

“En Sonora y Sinaloa, los hijos del Chapo fijan los precios del camarón y matan a quienes lo vendan a otros competidores. 

“En Morelos, los productores de barbacoa que vienen del Estado de México tienen que pagarle a la maña de cada localidad para introducir su producto. 

“Sometidos al mismo yugo, los dueños de combis y minibuses han tenido que subir los pasajes por encima de la inflación para pagar el tributo exigido por los capos locales. 

“En todos los casos, la autoridad brilla por su ausencia: o se agacha para salvar el pellejo o la nueva oligarquía ya la tiene en la nómina”.https://bit.ly/3Qjo0eK.

La mujer del propio Serna descubrió una exacción más notable aún: una casa-vecindad sin signos comerciales exteriores, donde se había refugiado a despachar el taller de computación que ella frecuentaba, junto con otros giros inesperados: un salón de belleza, una tienda de celulares, una farmacia naturista.

Venían todos huyendo del derecho de piso del crimen local, y habían pasado de un golpe a la clandestinidad y a la informalidad, pues no podían pagar el doble impuesto que se va generalizando en México: el que cobran los criminales y el que cobra el gobierno.

Esta es la violencia ubicua que ha tomado carta de infame ciudadanía en la vida diaria de México. 

Es la responsable si no de la mayoría de los homicidios, sí de la mayor cuota de miedo, inseguridad, opresión y violencia a que está sujeta la sociedad mexicana.