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17 Abril 2024, Puebla, México.

El mexicano como liberal salvaje / Héctor Aguilar Camín

Cultura /Sociedad | Reseña | 9.MAY.2023

El mexicano como liberal salvaje / Héctor Aguilar Camín

Su optimismo es invencible. Su individualismo también, lo mismo que sus ganas de salir adelante como se pueda.

 

Hace doce años, en 2011, publicamos en la revista Nexos un estudio sobre los sueños y las aspiraciones de los mexicanos.

 

El estudio, diseñado por Manuel Rodríguez Woog y realizado por las empresas GAUS SC y LEXIA, consistió en una encuesta cuantitativa y una exploración cualitativa del estado de ánimo de los mexicanos, sus actitudes ante la vida, el trabajo, el gobierno, el país.

 

El mexicano que apareció entonces ante nuestros ojos, con perfiles acentuados, fue un personaje individualista, preocupado por mejorar y resolver su vida, seguro de poder hacerlo todo solo, sin la ayuda de su comunidad, de su pueblo, de su barrio, ya no se diga de su gobierno o de su nación.

 

Apareció un personaje con una confianza invencible en sí mismo y en sus propios medios, dispuesto a lo que fuese para salir adelante, indiferente por igual a las reglas y a las leyes, al bien común o al bienestar de todos.

 

Un ciudadano mal conectado con los otros ciudadanos, desvinculado de las instituciones y del gobierno, ajeno a la noción de un “sueño nacional” y, a la vez, orgullosamente mexicano.

 

Un mexicano seguro de sí, de su capacidad de mejorar y de lograr las cosas por sí mismo, para él y para su familia.

 

Nos pareció que la etiqueta que describía bien a ese personaje era la de “liberal salvaje”, pues se concebía a sí mismo como parado sólo en su propia libertad, ajeno a reglas o solidaridades colectivas que fueran más allá de la familia.

 

Los resultados del primer estudio fueron publicados en Nexos (febrero, 2011) con el título: “El mexicano ahorita. Retrato de un liberal salvaje”.

 

Seis años después, en la inminencia de las elecciones de 2018, GAUS SC y LEXIA repitieron el estudio, que fue publicado en la edición de mayo de 2017 de la revista, bajo el título: “El mexicano hoy: igual de liberal, pero más salvaje”.

 

En noviembre de 2022, GAUS SC y LEXIA levantaron la tercera versión del estudio. Es el que ocupa la portada del Nexos de mayo: “El mexicano hoy: regreso al liberal salvaje”.

 

Es el mismo personaje que conocíamos, agravado en muchas cosas pero mejorado en otras.

 

El mexicano dual

 

El retrato del mexicano como un “liberal salvaje”, hecho por Benjamín Salmón, Marco Antonio Robles y Guido Lara (Nexos, mayo 2023), tiene rasgos estructurales acusados.

 

Se trata de un personaje “abrumadoramente individualista”, que “cree en su propio esfuerzo más que en ninguna otra variable”; que piensa “en sí mismo y en su familia por encima de cualquier noción de comunidad o nación”; que valora “como ningún otro asunto su libertad individual, su mejoría personal y familiar”.

 

Es el personaje que mira hacia su país, el gobierno y las instituciones, como hacia “unos entes distantes que afectan, pero no determinan su vida”.

 

Desde el estudio anterior de este personaje, hecho en 2017, han empeorado “visiblemente las percepciones de inseguridad personal, de corrupción pública, de deficiencias en la salud y de falta de dinero en el bolsillo para cubrir las propias necesidades”.

 

Han mejorado, en cambio, sus percepciones de que “el país ha mejorado, tiene rumbo y le queda a deber menos a sus ciudadanos”.

 

Quien encuentre contradictorias estas percepciones, nos dicen los autores, “entiende bien los hallazgos” del estudio.

 

Tal “ambivalencia, si se quiere tal esquizofrenia, es característica de nuestro ‘liberal salvaje’”, quien ve a sus conciudadanos “como seres admirables: trabajadores, libres, divertidos, capaces y, a la vez, como seres lamentables: violentos, corruptos, en los que no se puede confiar”.

 

La fase cualitativa del estudio extiende los hallazgos cuantitativos. Ahí también, en los grupos de enfoque, el mexicano se percibe como un ser “dual y contradictorio”.

 

Es el ciudadano por excelencia de la desconfianza. Si alguna patria tiene, es (sólo) su familia. Es también el libertario por excelencia. Si algo valora como nada, es su libertad.

 

Reconoce más que antes los apoyos que recibe del gobierno. Pero quiere empleos dignos y mejor pagados. Porque lo que quiere es mejorar, superarse: es más aspiracionista que clientelar.

 

Ha resentido a fondo la crisis de los servicios de salud. Vive la violencia como una pesadilla, con miedo de salir a la calle. Y la crisis económica, como falta de dinero en el bolsillo.

 

Su optimismo, sin embargo, es invencible. Su individualismo también, lo mismo que sus ganas de salir adelante como se pueda.