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12 Junio 2024, Puebla, México.

Cruzar el Atlántico Norte, un relato de aprendizajes / Carlos Rodríguez Giacintti

Cultura /Estilo /Mundo /Naturaleza y sociedad | Crónica | 7.SEP.2023

Cruzar el Atlántico Norte, un relato de aprendizajes / Carlos Rodríguez Giacintti

Conocí a Juan Carlos Velásquez a mediados del año pasado en Acapulco, me lo presentó su suegra. Un buen tipo, activo y deportista, por lo general un tanto reservado, muy buen papá, con una esposa encantadora y tres hijos pequeños (Julia, Lorenzo y Berni) maravillosos. Empresario, emprendedor, treintas medios, maneja un negocio por su cuenta.

Este relato trata acerca del viaje de doce personas (entre ellas Juan Carlos), navegando en un velero de “alto rendimiento”, a través del Atlántico Norte durante nueve días, en que no tenían comunicación alguna con el resto del mundo, ni los iba acompañando algún equipo de apoyo, cruzando tormentas aterradoras y sin tomar ni un descanso en toda la travesía; no había helicópteros de rescate y tampoco un plan B.

Parte del relato me lo platicó él y otro tanto su suegra, finalmente leí el artículo que él mismo escribió sobre lo que él llama las diez lecciones que le dejó esa experiencia. Mi objetivo no es repetir aquí lo que Juan Carlos señala sino lo que a mí me dejó escuchar, en boca de uno de sus protagonistas, esa experiencia poco común, que pocas personas han podido vivir y que, eventualmente, les pudo haber costado la vida.

Lo primero que hay que señalar es que el velero en el mar no era algo extraño para Juan Carlos, quien había hecho el viaje en velero de Acapulco a Zihuatanejo, con su papá u otros familiares, en varias ocasiones. Sin embargo, no es lo mismo recorrer unos cuantos cientos de millas náuticas en el Pacífico que cruzar más de 3,000 millas náuticas en el Atlántico Norte. Tener experiencia le daba cierta tranquilidad de conocer lo que es un velero en el mar pero, en el fondo (y así lo señala Juan Carlos) no tenía ni idea de lo que significaba cruzar el Atlántico Norte; como él mismo platica “esperaba una experiencia de navegación soleada y hermosas puestas de sol.”

Segundo, embarcarse en una aventura tan arriesgada teniendo otras obligaciones, esposa e hijos pequeños, para muchos es verdaderamente descabellado. Complementando el punto anterior, Juan Carlos realmente no tenía idea de los alcances de una empresa de esa naturaleza. Sin embargo, antes de decidirse, llamó a la única persona que conocía que realmente había cruzado el Atlántico y basándose en sus comentarios (y en los de nadie más) evaluó el riesgo y decidió ir.

Tercero, Erik, quien reclutó al equipo e invitó a Juan Carlos, es un gran conocedor y conformó un equipo con grandes profesionales, complementado por dos o tres un poco menos experimentados.

Muchos deportes tienen implícito un riesgo que, aun acotado, puede llevar a consecuencias catastróficas e incluso a perder la vida si no se conoce a fondo la materia. Erick está en un proyecto para competir en la regata Ocean Race alrededor del mundo; esta carrera es el equivalente a la Fórmula 1 en vela y en 50 años ni un solo mexicano ha navegado la regata, ni siquiera como tripulante. A esa fecha Erick ya había obtenido una cantidad de fondos considerable para la vuelta al mundo y la travesía de México a España era parte del entrenamiento y prueba de los diferentes equipos. 

 

 

La experiencia

En medio del Atlántico Norte tu tripulación es lo único que tienes. Si algo le sucediera a alguien de la tripulación o al barco, la única manera de sobrevivirlo es trabajar colectivamente para salir adelante del problema.

Particularmente los primeros días los vivieron privados de sueño y, por momentos, físicamente agotados, en condiciones húmedas y heladas durante días y días. Con ello el desafío físico y mental se vuelve brutal, por no mencionar el sabor de la comida “de astronauta”, la incomodidad de las literas o las complicaciones de ir al baño.

Así sucedió que en mitad de la noche, estaban cruzando una tormenta con ráfagas de viento al norte de 100km/h; el barco estaba, literalmente, volando a través del océano estrellándose violentamente contra las olas que aparecían delante. Cuando termina tu turno, bajas a dormir, pero estás acostado en tu litera, siendo arrojado de un lado al otro por el movimiento, además estás mojado dentro de tu saco de dormir y escuchando, al exterior, lo que suena como el fin del mundo.

 

 

Los aprendizajes

 

Una experiencia de vida profunda que remodelaría la forma en que Juan Carlos piensa sobre la vida.

La vida es demasiado preciosa para desperdiciarla con personas que no te desafían ni te empujan fuera de tu zona de confort. Lo valioso es estar con personas que te provocan a comenzar un nuevo esfuerzo, a iniciar un negocio, escalar una montaña, correr una maratón, leer un buen libro. Esas son las amistades que te suman en la vida.

A veces, la lejanía, las preocupaciones y las carencias nos hacen apreciar más lo que tenemos.

Aprendes el valor de tener un propósito profundo y ambicioso; cuando tienes un buen propósito, el resto (atraer fondos, formar un equipo, hacer ruido, etc.) será mucho más fácil.

La vida es una travesía, un gran viaje, en el que debes ser capaz de disfrutar del proceso de aprendizaje y apreciar cada momento porque la próxima vez que mires hacia arriba (o hacia atrás) podrías haber cruzado el océano y todo habrá terminado.

Aprendes a apreciar la belleza de la vida misma, desde las cosas más pequeñas, simples y naturales, “porque estar aquí y ahora es nuestro mayor regalo y debemos estar profundamente agradecidos.”

 

Para reflexionar.

Carlos H. Rodríguez Giacinti.

 

 

Referencia:  10 things I learned about entrepreneurship (and life) from sailing across the Atlantic | by Juan Carlos Velasquez | Medium

 

 

Más de 3.000 millas náuticas para cruzar el Atlántico.

 

 

Literas a bordo del barco.

 

 

El barco cruzando mares agitados.

 

El equipo después de haber llegado llegó a las costas españolas.