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12 Junio 2024, Puebla, México.

El Minotauro de Canutillo / Héctor Aguilar Camín

Sociedad | Crónica | 15.SEP.2023

El Minotauro de Canutillo / Héctor Aguilar Camín

La utopía villista

 

Es el año de Villa. Vuelvo a él:

No consta que Villa tuviera un proyecto de revolución o de gobierno nacional.

Tenía en cambio una utopía colectivista, el sueño de un país de colonias militares donde los soldados, que habían peleado por su tierra, se dedicaran a trabajarla y a convivir en una viril armonía de temibles soldados vueltos admirables rancheros.

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La encarnación de su utopía fue la hacienda de Canutillo, que le fue entregada en junio de 1920, a cambio de su pacificación, por el entonces presidente Adolfo de la Huerta.

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Canutillo, el proyecto productivo de Francisco Villa

Villa tenía una historia con Canutillo. Había extorsionado y muerto a sus dueños en 1916, para tratar de quedársela, y había tomado a sangre y fuego la hacienda de Las Nieves, parte de Canutillo, de las manos de su compadre Tomás Urbina, quien se había retirado de la guerra, afrentando a Villa, y se negaba a compartirle sus ganancias de predador. Lo mató Rodolfo Fierro con anuencia de su jefe.

Canutillo le fue entregada a Villa con una escolta de 50 dorados pagados por el gobierno para que se avecindaran ahí ochocientos villistas que entregaron sus armas y querían empezar, con sus familias, una nueva vida.

Canutillo tenía 64 mil hectáreas, mil 700 de ellas irrigadas, con ricos pastizales y dos grandes valles cruzados por el río Conchos.

Era una hacienda de haciendas. Contenía dentro de sí, en Durango, la hacienda de Las Nieves y la del Espíritu Santo; y en Chihuahua, el rancho Ojo Blanco.

Antes de la Revolución, habían llegado a pastar en Canutillo 24 mil ovejas, 4 mil chivos, 3 mil cabezas de ganado, 4 mil caballos.

Cuando Villa y sus hombres la recibieron, en 1920, los animales y la bonanza se habían ido. Canutillo había sido depredada por innumerables partidas, sobre todo villistas, y por el propio Villa y su compadre Urbina.

En sus primeros días en Canutillo, Villa reunió a sus hombres y les dijo, famosamente:

“Yo les enseñé a robar, a matar, y ahora les enseñaré a respetar y a trabajar”.

Así tomó posesión de su utopía.

(R. Mendoza: Crímenes de Villa p. 347; F. Katz: Pancho Villa, II, p.330 y ss).

 

Luz y sombra de Canutillo

 

Canutillo mejoró bajo la mano militar de Villa.

Les decía a sus avecindados: “Después de andar de revolucionarios y haberles dado manos libres, es tiempo de enseñarles a ser gente honrada”.

Advirtió desde el principio que “quien cometiera el más insignificante delito contra la propiedad, sentiría el peso del castigo” (O de la Holguín: Villa en Canutillo).

Se levantaban al alba y se dormían al anochecer. El alcohol estaba prohibido. Por tomarlo, fueron ejecutados seis peones. El hecho provocó una rebelión de los antiguos soldados.

Villa huyó de Canutillo el 23 de agosto de 1921 y se refugió en Parral, donde pidió auxilio al gobierno para someter a su propia gente.

Los hechos fueron reportados en La Patria de El Paso: “Seis trabajadores fueron ejecutados en Canutillo” (26/7/1921) y en El Heraldo de Durango: “En Canutillo, ex villistas se rebelan contra su jefe” (26/11/1921).

Canutillo mejoró.

Al empezar 1921, todo estaba caído, los techos rotos, pero el periodista Frazier Hunt vio a Villa entusiasmado ante los planos de reconstrucción del casco de la hacienda. Le mostró el lugar donde estaría la escuela, la mayor ilusión del general: un gran patio cercado por cuartos de adobe.

En 1923, otro visitante, Fred Dakin, describió una hacienda que bullía de actividad, con nuevos establos y bodegas, 25 millas de líneas telefónicas, una oficina de correo, un telégrafo, y la escuela terminada, para más de 200 alumnos (Katz, Villa, II pp. 330-332).

Canutillo mejoró, pero Villa no cambió.

El 16 de septiembre de 1922, el administrador del rancho Ojo Blanco, un compadre de Villa, Sabino Villalba, fue muerto junto con su yerno, frente al hijo menor de Sabino, acusados del robo de seis vacas de la hacienda de Torreón de Cañas (Reidezel Mendoza, Crímenes de Villa, p. 474).

Había agravios en Canutillo. También había espías pagados por Jesús Herrera Cano, hermano mayor de los generales Luis y Maclovio, el último de los Herrera de Parral, a quienes Villa juró borrar de la tierra cuando se pasaron al carrancismo en 1915.

Se cocinaba ya en Canutillo la emboscada que acabaría con Villa, precisamente en Parral, el 23 de julio de 1923.

No hay ninguna descripción de la foto disponible.Pancho Villa con Maclovio Herrera, de quien juró borrar de la faz de la tierra. 

El serrallo de Canutillo 1

 Luz Corral, la esposa revolucionaria que dedicó su vida al legado villista

 

Villa llevó a sus mujeres a Canutillo.

Llevó a su esposa Luz Corral, a la que había mandado fuera de México en 1915, cuando supo que venían días de derrota y violencia desesperada para él.

Llevó también a Soledad Seáñez, con quien se había casado en una ceremonia civil simulada, luego de matarle al novio (Katz. Villa, II, p. 340).

Cuando Luz Corral llegó a Canutillo encontró a Soledad Seáñez establecida ahí. Encontró también a la nueva mujer de Villa, Austreberta Rentería, una hermosa muchacha, hija de una familia de clase media de Jiménez, a quien Baudelio Uribe, El Mochaorejas, lugarteniente de Villa, secuestró para llevársela al jefe como trofeo.

Austreberta Rentería: La esposa de Francisco Villa que cuidó los restos del  General - El Heraldo de Chihuahua | Noticias Locales, Policiacas, de  México, Chihuahua y el Mundo

Villa no se privaba de las mujeres que le gustaban, las tomaba sin dudar, persuadido, dice Katz, de que había en él un poder que acababa rindiéndolas.

Así procedió con Austreberta: la hizo suya por la fuerza, después de lo cual, según contó Austreberta años después, no sólo ella “lloraba su desgracia, sino que el general, sentado al borde de la cama, también lloraba”.

—Me casaré contigo, Betita — le decía balbuciente el general Villa: Tú no eres como las otras mujeres (Valadés: La vida íntima de Pancho Villa, La prensa, San Antonio, 19/3/1935).

Un día, estando Austreberta en la recámara de Villa, entró Luz Corral.

Al verla entrar, refiere el mismo Valadés.

—Villa se puso de un salto en pie: “¡No te he dicho que no te quería ver más y que te fueras!”, gritó.

Luz Corral bajó la cabeza.

—“¡No te he dicho que te fueras porque ya tenía dueña esta casa!”, repitió el general.

Austreberta empezó a llorar.

Villa se volvió contra Luz Corral:

—“¿Qué le has hecho? ¿Qué le has hecho?”

—“La señora no me ha hecho nada, y solamente le ruego que salga de aquí”, contestó Austreberta.

—“Fuera de aquí”, ordenó Villa: “Y si no se me va mañana mismo de la hacienda, ya verá lo que le pasa. Y sepa usted que esta señora es mi esposa y reconózcala como mi esposa”(Katz, Villa, II, p. 342).

Austreberta fue la esposa oficial en Canutillo y hasta la muerte de Villa. Luz Corral acabó siendo la viuda histórica.

 

El serrallo de Canutillo 2

 

Además de a Luz Corral, a Soledad Seáñez y a Austreberta Rentería, Villa tuvo en Canutillo a María Arreola, una cuarta mujer.

Sabes el origen de la frase

La historia de María Arreola no empieza en Canutillo pero termina ahí. María tuvo un hijo con Villa, llamado Miguel, y vivía con él, en un rancho llamado El Barranco del municipio de El Oro, dentro de Canutillo.

Villa había insistido con María en que quería llevarse a Miguel a vivir con él a la casa grande de la hacienda, como se había llevado a otros de sus hijos y a tres de sus esposas.

Pero María Arriola no quería entregárselo, de modo que un día Villa fue a buscarlo. Junto con un su lugarteniente, Ramón Contreras, Villa subió a María Arreola a un coche y la llevó hacia los peñascos de unas alturas llamadas Las Nieves, fuera de Canutillo, pues no quería más líos en su fortaleza, la mató a su no infrecuente modo, quemándola con petróleo, y dejó su cadáver en una de las cuevas de aquellas peñas, frente al rancho El Cristo.

Al día siguiente, Villa se presentó en Canutillo llevando a su hijo Miguel de la mano y se lo encargó en crianza a Soledad Seáñez, quien refirió todo esto en el año de 1924, durante el juicio que abrió contra Luz Corral para disputarle la titularidad de la viudez de Villa.

En ese mismo juicio, Soledad Seáñez dijo que Villa le había ordenado cuidar a Miguel y le había prohibido investigar quién era su madre. No faltó en la hacienda, sin embargo, quien contara con lujo de señales quién era la madre del niño y cómo le habían quitado la vida.

Durante el mismo juicio, Soledad Seáñez describió las condiciones que imperaban en la fortaleza de Canutillo, donde su marido, ahora muerto, “siguió imponiendo su voluntad sobre personas y haciendas”.

No “se dedicó a vivir dentro de la ley, sino que siguió siendo el terror de los moradores de la región, disponiendo a su capricho de vidas y haciendas”.

“El terror que inspiraba”, concluyó Soledad Seáñez, “no era cosa ignorada”.

(Reidezel Mendoza, Crímenes de Francisco Villa: Testimonios, p. 428).

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El minotauro de Canutillo

 

El presidente Obregón observa Canutillo, la fortaleza donde vive el minotauro que ha de matar. El minotauro tiene miedo. Quiere protección y prodiga mensajes melosos.

Villa y Obregón, tesis y antítesis de la Revolución

Obregón recibe y responde mieles de Villa. En realidad lo espera, como en Celaya. Sabe dónde terminará esto. Sabe el rumbo final que tomará esta pequeña historia de dos caudillos. La pequeña historia de quién morirá.

Estamos en 1923. La Presidencia cambia en 1924. Debe haber candidato presidencial a fines de 1923. La puja es entre sonorenses. Obregón debe elegir entre su secretario de Guerra, Plutarco Elías Calles, y su secretario de Hacienda, Adolfo de la Huerta.

Villa espera que gane De la Huerta, quien lo dejará salir de Canutillo, su insoportable utopía realizada.

Obregón se opone desde el principio a la pacificación de Villa. Lo ve como a un enemigo. De la Huerta lo ve como un posible aliado.

Obregón y De la Huerta saben que la sucesión será para Calles, que De la Huerta no la aceptará, que puede haber una rebelión y que, de haberla, Villa será decisivo.

Villa prueba su lealtad: le entrega a Obregón dos generales que le proponen rebelarse.

Mientras, se arma. Cuando muere, hay en Canutillo 6 mil 400 carabinas Winchester con 250 mil cartuchos; mil 110 rifles Mauser y 800 carabinas Mauser con 300 mil cartuchos (Katz, Villa, II, 381).

En 1922, el periodista Regino Hernández Llergo va a Canutillo y entrevista a Villa. Villa le dice que estará fuera de la política mientras dure el gobierno de Obregón. Nada más.

Obregón entiende: se levantará con De la Huerta.

El 26 de marzo de 1923, Obregón recibe a Jesús Herrera Cano, el último de los Herrera de Parral.

Herrera le dice que ha organizado una emboscada para matar a Villa. No pide nada, sólo que el día de la emboscada la guarnición de Parral se ausente de la ciudad (Raúl Herrera Márquez, La sangre al río, p.11).

Eso es exactamente lo que ocurre el 20 de julio de 1923 en que matan a Villa en Parral.

En diciembre de 1923 estalla la rebelión delahuertista. Es derrotada. Calles asume la Presidencia en diciembre de 1924.

 El Siglo ganó la noticia: así se informó el asesinato de Pancho Villa | El  Siglo de Torreón