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2 Marzo 2024, Puebla, México.

Memoria de los oficios en el Kalinín  tutunakú/ Manuel Espinosa Sainos

Cultura | Crónica | 27.ENE.2024

Memoria de los oficios en el Kalinín tutunakú/ Manuel Espinosa Sainos

Cuando las parteras terminan de hacer su labor, un mes después del nacimiento del nuevo ser, se coloca una ofrenda en la tierra justamente donde se realizó el parto y en el altar se colocan comida, aguardiente, flores, incienso y agua, porque las parteras difuntas están aquí, con nosotros, y quieren, como antes, realizar su trabajo de cuidar al recién nacido y a la madre.
Se les ofrenda para que no se acerquen, porque aunque no tienen ninguna intención de hacernos daño, pueden provocar algún mal en el recién nacido y en la madre.
Se les respeta tanto que es por ellas que también se realiza un baile con el recién nacido junto con todos los familiares y demás pobladores para que sepan que su trabajo es valorado.
De la misma manera, cuando se inician los trabajos de telar de cintura, se rocía aguardiente en el tendido de hilos y en los palos que se colocan para tal efecto y se coloca tortilla desmoronada para que las artesanas difuntas no se acerquen, no vaya a ser que al querer ayudar descompongan el tendido de hilos, ya que si eso sucede, pueden distorsionarse las hermosas figuras que se tejen.
En realidad, tal como lo dicen las abuelas y los abuelos tutunakú, en el Kalinín o mundo de los muertos, todos los difuntos cumplen con el oficio que realizaban cuando aún vivían y cuando nos visitan tienen siempre la intención de ayudar.
Cuando alguien hace una casa, se ofrenda a la tierra y se rocía aguardiente en cada esquina donde irán los horcones o los castillos, según sea el caso, y en esas cuatro esquinas se coloca comida, para que los antiguos que se encargaban de construir las viviendas no se acerquen tanto cuando inicie la construcción, no vaya a ser que al querer ayudar descompongan el trabajo, porque aunque vivos están, ya son de otro mundo y pertenecen al Kalinín o mundo de los muertos.
Los abuelos y abuelas dicen que nuestros muertos están vivos, aquí, entre nosotros… por eso tenemos esa costumbre de honrarlos y esperarlos cada año.
© Texto y foto: Manuel Espinosa Sainos. Poeta, traductor y comunicador totonaco.