marzo 14, 2026, Puebla, México

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El reto opositor: pasar del malestar ciudadano a la agenda política

Diario de trabajo, 17 de Nov., 20 Hs.

  1. Un día 18 de noviembre, pero de 1910, estalló la revolución en Puebla, pero fueron los propios liberales poblanos los encargados de que abortara, al darle la espalda a Aquiles Serdán una figura, para ellos, muy echada a la izquierda y cercana a los Flores Magón, especialmente a Ricardo 2. Ayer, sábado, un intenso diálogo con miembros de Praxis Psicoanalítica, en CdM, sobre “Melancolía de la resistencia”, de Laszlo Krasznahorkai, una obra verdaderamente fascinante sobre el universo postotalitario.
  2. Allí donde deja de importar la política puede nacer lo peor, dijo Hannah Arendt. Lo primero que me llama la atención, por lo menos en el caso de Puebla, fue la relativa participación de la generación “Z” en la marcha de ayer, frente a la nutrida y variopinta participación de otros sectores de distintos rangos de edad, aunque englobados en la clase media. La ausencia o relativa participación de esa generación puede tener varias causas que tendríamos que conocer. Primero, por no sentirse parte de la convocatoria plural, sin identidad precisa, pese a la reacción de simpatizantes y miembros de MORENA; segundo, desinterés o desencanto por la esfera pública que se traducen en una forma de anomia social; tercero, una hiperfragmentación de ese grupo por intereses disímbolos entre ellos. Y, por último, la normalización y acoplamiento a la difícil realidad que les ha tocado vivir, entre empleo informal, violencia, transformación del orden familiar y, fundamentalmente, un mundo donde no hay los más elementales referentes comunes. No es extraño,tampoco, que esa generación sea la que más dudas tiene sobre la democracia y, como en el caso de Argentina, haya votado, mayoritariamente, por Milei. Una forma de acoplamiento para sobrevivir que Freud entendió muy bien en “Más allá del principio de placer” como una manifestación de la pulsión de muerte.
    Tal vez, tendríamos que empezar por cuestionar el concepto mismo de generación, que alcanzó su máxima expresión en el mundo hispano con Ortega y Gasset, y replantearlo más allá de un corte exclusivamente temporal .
    Sin embargo, esa relativa participación de jóvenes no debe restar legitimidad a la manifestación de ayer y, por el contrario, muestra que no fue la oposición formal la organizadora del evento, sino la manifestación espontánea de un sector de la sociedad al que no se puede estigmatizar por su oposición al gobierno y al que, al mismo, tiempo, mueven distintas preocupaciones, aunque el denominador común haya sido la seguridad y, el detonante, el asesinato del Alcalde de Uruapan.
    Ahora bien, tenemos que entender que una manifestación no se convierte, automáticamente, en una agenda política como tal, tarea esta, que exige mucho, pero mucho más, que la manifestación del malestar que vivimos. Y difícilmente conseguiremos por la creciente polarización del país, en el que, como ya lo he señalado, parece cada vez más difícil encontrar los más elementales referentes sobre los que podamos construir una vida en común pese a nuestras diferencias o gracias a ellas. Juan Carlos Canales