Su adiós no solo propicia nostalgia; marca el fin de una era cultural y la reafirmación de otra
UNO. Cuando MTV salió al aire en 1981, no fue sólo el nacimiento de un canal musical: fue la irrupción de un nuevo lenguaje cultural. En un mundo todavía dominado por la televisión generalista, MTV entendió antes que nadie que la música no sólo se escuchaba: se veía, se narraba, se editaba. El videoclip se convirtió en una pieza central de la cultura juvenil global y, con él, surgió una forma distinta de contar historias en pocos minutos, con ritmo, estética y emoción.
Para las juventudes, MTV fue una ventana al mundo. En México —y también en Puebla— marcó generaciones enteras que crecieron viendo imágenes, sonidos y actitudes que no aparecían en la televisión abierta
UNO. Cuando MTV salió al aire en 1981, no fue sólo el nacimiento de un canal musical: fue la irrupción de un nuevo lenguaje cultural. En un mundo todavía dominado por la televisión generalista, MTV entendió antes que nadie que la música no sólo se escuchaba: se veía, se narraba, se editaba. El videoclip se convirtió en una pieza central de la cultura juvenil global y, con él, surgió una forma distinta de contar historias en pocos minutos, con ritmo, estética y emoción.
Para las juventudes, MTV fue una ventana al mundo. En México —y también en Puebla— marcó generaciones enteras que crecieron viendo imágenes, sonidos y actitudes que no aparecían en la televisión abierta.
Rock, pop, hip hop, grunge y música alternativa llegaron acompañados de códigos visuales, modas, gestos y discursos que ampliaron horizontes culturales. MTV no sólo difundía artistas: proponía identidades, abría debates y legitimaba una sensibilidad juvenil global que dialogaba, no sin tensiones, con lo local.
MTV también cambió la manera de mirar y entender lo social. Ya no a través de grandes explicaciones o discursos, sino mediante una sucesión vertiginosa de imágenes breves, conectadas por estilos, emociones y propuestas visuales. La lógica de lo efímero —del instante que impacta y se desvanece— encontró en MTV un espacio privilegiado. En ese sentido, el canal fue una de las expresiones culturales más visibles de una época marcada por la fragmentación, la estética y la ruptura de los grandes relatos.
Su impacto fue especialmente profundo entre los estudiantes de comunicación, cine y diseño de finales de los años ochenta y noventa. MTV enseñó —sin proponérselo— nuevas formas de producción audiovisual: edición fragmentada, narrativas no lineales, uso expresivo del montaje, primacía de la imagen sobre la palabra y una relación distinta con el tiempo televisivo. Para muchos jóvenes que estudiaban comunicación, el canal fue una escuela informal donde se aprendía a pensar la imagen como discurso, como provocación y como experiencia sensorial.
DOS. Hoy, el cierre de MTV como canal emblemático no es un hecho menor ni puramente nostálgico. Ocurre en un contexto de reconfiguración global, marcado por plataformas digitales, algoritmos y consumos hipersegmentados. En este mundo postglobal —o de nueva globalización— se fragmentan las audiencias y se diluyen los referentes culturales compartidos. La desaparición de MTV simboliza también un posible retroceso: menos espacios comunes, menos lenguajes transversales, menos experiencias culturales que conecten a distintas juventudes más allá de burbujas digitales.
MTV fue, durante décadas, una banda sonora visual de la globalización cultural. Su cierre nos obliga a preguntarnos qué estamos perdiendo —y qué estamos construyendo— en esta nueva etapa de la cultura audiovisual.