Diario de trabajo, 28 de Ene.,19.00 Hs.
Denis de Rougemont
Vuelvo a “Amor y Occidente”, del que hablaré en la reunión mensual de Praxis Psicoanalítica a finales de febrero. La primera vez que lo leí fue, posiblemente, en la década del 80 del siglo pasado; lo hice en la edición de Kairós. Ahora, hago su relectura en la edición de CONACULTA, de 1993, en la colección Cien del mundo. Traducido por Ramón Xirau y revisado por su padre, Joaquín. Me pregunto si acaso el más ambicioso proyecto editorial de la 4T puede compararse con lo que se consiguió durante el periodo neoliberal en la misma tarea. Por supuesto que no. ¿En qué cajón de su escritorio tiene Taibo escondida una colección como la de los “Noventa”, en la que leímos parte de las novelas más importantes del siglo XX, de Broch a Coetzee? Cualquiera hubiera pensado que una transformación como la que presumen los gobiernos provenientes de MORENA, encontraría un renovado ímpetu cultural al centro de su propuesta política. Pero no ha sido así. La cultura ha sido una de las tareas de Estado más mermadas por dichos gobiernos. Y si a ello sumamos el daño sistemático, constante, que ha sufrido la sociedad civil, la vida cultural en México está a punto de convertirse en un páramo.
Sin embargo, la cuestión cultural no solo está amenazada por la pobreza intelectual y de un capital simbólico, igualmente pobre, de las autoridades gubernamentales, los recortes que ha sufrido o su sobreideologización; hoy, algo mucho más peligroso aparece en el horizonte de nuestra vida política : su banalización; banalización que no es exclusiva de los gobiernos mencionados, pero que alcanza en el de Claudia Sheinbaum su más patética expresión, con el asunto del grupo sudcoreano BTS, al que dedica más de 2 minutos en su conferencia matutina, en contraste a los 46 segundos que consagra al asesinato de 11 personas, más otros 12 heridos de gravedad, a manos del crimen organizado, n la ciudad de Salamanca, el pasado fin de semana.
Al mismo tiempo, parece que la posición de la presidenta alcanza las fibras más peligrosas de lo que Nietzsche llamó el “último hombre” y la llegada del nihilismo como política de Estado, igualando la vida y la muerte, según Camus, donde “vivir y morir son lo mismo” (Cfr : El hombre rebelde).
Vale la pena leer los artículos de Denise Maerker y Eduardo Rodríguez, respectivamente, publicados hoy; el primero, en Milenio, y el segundo, en e-consulta.
Tampoco puedo dejar de pensar en la idea arendtiana sobre la banalidad del mal; una idea que, en el caso mexicano, ya no se contrapone, sino que se suma a la de “mal radical” de Kant, cuando el gobierno y el estado han sido filtrados por el crimen organizado y sometidos a su lógica.
Sin embargo, subrayo, la deriva política que banaliza nuestra vida pública puede tener efectos mucho más peligrosos que la propia deriva autoritaria.
o la filtración del crimen organizado en el estado. “Caminamos hacia un precipicio del cual no habrá retorno” (Nietzsche).
Para finalizar, vuelvo a una cita de Rougemont que, me parece, sintetiza, en mucho, los caminos que pretende seguir el libro:
“Ciertos místicos hicieron algo más que confesar: supieron y explicaron. Pero sí afrontaron ‘la noche oscura’ con la más severa y lúcida pasión; es que tenían por la fe la garantía de que una voluntad personalísima y luminosa sustituiría la suya. No era el dios sin nombre del filtro, fuerza ciega de la nada que se apoderaba de su voluntad secreta, sino el dios que promete la gracia y “la llama viva del amor” que se cierne sobre los desiertos de la noche”.
Juan Carlos Canales