La periodista alemana Sandra Weiss, me hizo una entrevista para un artículo que publicó en el medio internacional Deutsche Welle (DW), que se financia con recursos del gobierno de la República Federal Alemana.
Aquí retomo parte del texto de la periodista que se encuentra en el portal de la DW (11.08.26), que a partir del caso concreto de las dificultades financieras del portal de noticias de Carmen Aristegui, aborda el tema de la viabilidad del periodismo independiente en México.
La periodista dice que a partir de los analistas consultados por DW, no se trata de un tropiezo aislado, sino de la expresión más reciente de una crisis estructural que desde hace años golpea a los medios que se atreven a ejercer un periodismo crítico frente al poder.
Para entender lo que sucede hay que remontarse a la llamada “dictadura perfecta” del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el partido que gobernó México durante siete décadas. Durante ese periodo, el reparto de la publicidad oficial —la “pauta”— se convirtió en una herramienta de control político: los medios afines recibían contratos generosos, mientras que los críticos veían cerrado el grifo del financiamiento estatal”.
El profesor en el Departamento de Comunicaciones y Ciencias Políticas de la Universidad Iberoamericana, Rubén Aguilar, considera que ese patrón, lejos de haber quedado atrás, se repite hoy bajo el gobierno izquierdista del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).
Aguilar afirma, en declaraciones a DW, que “en el Gobierno actual hemos vuelto muy atrás”, recordando la vieja consigna atribuida al presidente José López Portillo (1976-1982): “No pago para que me peguen”.
Describe cómo la actual mandataria Claudia Sheinbaum ha justificado en sus conferencias matutinas la falta de financiamiento a diarios como Reforma o El Universal con semejantes argumentos, mientras otros medios más afines a posiciones del Gobierno, como La Jornada, siguen recibiendo millones de pesos en anuncios públicos.
Aguilar sostiene que esta dependencia no es exclusiva del actual Gobierno: prácticamente todos los grandes medios mexicanos han vivido históricamente de la publicidad oficial, lo que constituye —en sus palabras— “un cuello de botella” estructural del periodismo en el país.
Sin embargo, el académico y exvocero presidencial (de 2004 a 2006) considera que, durante la primavera democrática, cuando la oposición ganó por primera vez la presidencia en el año 2000, ese presupuesto se repartía de forma más amplia, mientras ahora se concentra en un grupo reducido de destinatarios afines.
Esa dependencia económica se refleja por la tradición corporativista de la sociedad mexicana también en la publicidad del sector privado, donde Aguilar ha observado “un mecanismo de autocensura empresarial”: Los dueños de medios prefieren no “molestar” al poder en turno para no arriesgar contratos publicitarios ni licencias.
El resultado, denuncia el analista ante DW, ha sido el despido de alrededor de un centenar de comentaristas y periodistas críticos, entre ellos columnistas como el académico, autor y excanciller Jorge Castañeda, “porque los medios tienen miedo a la confrontación con el Gobierno”.