octubre 7, 2026, Puebla, México

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Binarios / Víctor Reynoso

Decía Amos Oz que el fanático no puede contar hasta dos. Hay que corregirlo: sí puede. El fanático cuenta hasta dos y ahí se queda: ellos y nosotros. Ellos, los totalmente malos (o casi) y nosotros, los totalmente buenos (o casi).

Los escuchamos y leemos cotidianamente: que la izquierda, que la derecha. Que América Latina fue gobernada por la izquierda las primeras décadas de este siglo, y que ahora está tornando a la derecha.

Como si cada nación fuera un buque, que puede girar su timón 180 grados para ir hacia un lado o hacia el opuesto.

Si vemos la realidad, poco o nada hay de esto. ¿Qué tanto cambió América Latina cuando a la mayoría de sus países los gobernaba la izquierda? ¿Cuánto cambiará ahora que están llegando gobiernos de derecha?

Afirmar lo anterior no quiere decir que cualquier gobierno dé lo mismo. Hay buenos y malos. Y muy buenos y muy malos. Pero creo que se necesitan otros criterios, más allá de la visión binaria heredada de la Guerra Fría.

Si dejamos de ver lo que dicen los gobiernos binarios y nos centramos en lo que hacen, surgen preguntas relativas al buen gobierno.

La presencia de los militares en la economía, por ejemplo. Dicen que la economía cubana, sus sectores más relevantes, están controlados por el ejército. Algo similar pasa en Venezuela. Y en México, el gobierno de López Obrador otorgó a las fuerzas armadas actividades económicas que nunca habían controlado.

¿Es este un rasgo central de la “izquierda”? ¿Es un rasgo de la “derecha” limitar a los militares a funciones militares? Preguntas absurdas, quizá, pero surgen de la realidad.

Otro rasgo que permite distinguir a los gobiernos buenos de los malos: políticas públicas bien diseñadas, con problemas públicos elegidos y definidos adecuadamente. Y con la participación de la sociedad: no de toda la sociedad, sino de los que tienen información y conocimientos sobre el tema. Sea porque son los afectados por el problema que se trata de resolver, sea porque han acumulado conocimientos sobre el mismo.

Lo contrario a políticas públicas bien diseñadas son ocurrencias, las madres de los elefantes blancos: obras muy caras y con poca o ninguna utilidad. ¿Es de izquierda o de derecha gobernar por ocurrencias y dar lugar a esos costosos elefantes?

Otro aspecto importante, la corrupción. En los hechos, ¿la combaten mejor los regímenes de la izquierda o los de la derecha? En los hechos, no en sus dichos.

Uno más, y ahí dejo la lista que puede ampliarse mucho: una política exterior que busque el multilateralismo, que incremente la presencia del país para resolver positivamente los problemas globales y regionales. ¿Es de izquierda o de derecha? O en el otro extremo, negar en los hechos las problemáticas del mundo exterior y tratar de encerrarse en el propio país, ¿a qué lugar de la geometría política corresponde?

Hay palabras que sirven para pensar, para entender mejor nuestra propia realidad. Hay otras que sirven para no pensar, para evitar entender.

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